Skip to main content

Full text of "Antología de poetas líricos castellanos : desde la formación del idioma hasta nuestro días"

See other formats


^    UNIVERSITY  OF  ILLINOIS 
LIBRAR  Y 


Class  Book      ,¿  Volume 


OURMAHIG  mu  ROMAWOg 

jeo6-ioM       -fcwieíwees  —  • 


ANTOLOGÍA 


DE 


POETAS  LÍRICOS  CASTELLANOS 


BIBLIOTECA  CLÁSICA 

TOMO  CCXÍ 

ANTOLOGÍA 

DE 

(TOMO  X) 

ROMANCES  POPULARES 

RECOGIDOS  DE  LA  TRADICIÓN  ORAL 

CON  NOTAS  Y  OBSERVACIONES  DE 

D.  MARCELINO  MENÉNDEZ  Y  PELAYO 

De  la  Real  Academia  Española. 

(SUPLEIIENTO  Á  LA  ^  PRIMAVERA  Y  FLOR  DE  ROMANCES  >  DE  WOLF ) 


Tomo  III. 


MADRID 

LIBRERÍA  DE  HERNANDO   Y  C.^ 
Calle  del  Arenal,  núni.  ii 


1900 


4 


ES  PROPIEDAD 


Imprenta  de  HerEapdo  y  C.3,  Quintana 


SECCIÓN  PRIMERA 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


90004 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


Aunque  la  mayor  y  mejor  parte  de  los  romances  caste- 
llanos sólo  ha  llegado  á  nosotros  por  la  tradición  escrita 
(ya  en  los  pliegos  sueltos  góticos,  ya  en  los  romanceros  del 
siglo  xvi),  no  es  poco  ni  insignificante  lo  que  todavía  vive 
en  labios  del  vulgo,  -sobretodo  en  algunas  comarcas  y  gru- 
pos de  población  que,  por  su  relativo  aislamiento,  han  podi- 
do retener  hasta  nuestros  días  este  caudal  poético,  que,  al 
parecer,  ha  desaparecido  casi  completamente  en  las  regio- 
nes centrales  de  la  Península,  en  las  provincias  que  por  an- 
tonomasia llamamos  castellanas,  donde,  según  todo  buen 
discurso,  tuvo  el  romance  su  cuna,  ó  alcanzó,  por  lo  menos," 
su  grado  más  alto  de  vitalidad  y  fuerza  épica.  Las  versio- 
nes tradicionales,  si  bien  muchas  veces  aparezcan  incom- 
pletas, y  otras  veces  estropeadas  por  adiciones  modernas, 
nacidas  del  nefando  contubernio  de  la  poesía  vulgar  con 
la  popular,  merecen  alto  aprecio,  lo  mismo  cuando  son 
variantes  de  romances  ya  conocidos,  que  cuando  nos  con- 
servan temas  evidentemente  primitivos,  pero  que  no  han 
dejado  rastro  en  los  romanceros  impresos.  Así  lo  compren- 
dió Wolf,  incluyendo  en  la  Primavera  dos  romances  tra- 
dicionales recogidos  en  Cataluña  y  uno  procedente  de  An- 
dalucía. Hoy  puede  ampliarse  mucho  esta  sección,  merced 
á  los  hallazgos  y  trsibdijoa  folklóricos  de  estos  últimos  años; 


8 


LIRICOS  CASTELLANOS 


y  por  nuestra  parte  vamos  á  recoger  en  el  presente  volu- 
men todos  los  que  nos  parecen  ofrecer,  más  ó  menos  pu- 
ros, los  caracteres  de  la  genuina  poesía  popular,  y  pueden 
alternar  sin  desdoro  con  los  romances  viejos. 

El  grupo  más  considerable  y  digno  de  estudio  es  sin 
duda  el  de  los  romances  asturianos,  tanto  por  el  número 
y  variedad  de  las  versiones,  como  por  la  integridad  y  pu- 
reza con  que  generalmente  se  han  conservado.  Las  con- 
diciones geográficas  y  sociales  del  antiguo  Principado  dan 
satisfactoria  explicación  de  este  hecho.  Para  evitar  confu- 
siones que  en  esta  materia  abundan,  y  en  que  á  veces  in- 
curren personas  muy  doctas,  no  parece  superfino  advertir 
que  estos  romances  se  llaman  asturianos  por  haber  sido 
recogidos  en  Asturias  y  ser  tradicionales  allí,  pero  que 
no  deben  considerarse  como  poesía  indígena  y  peculiar 
de  aquella  nobilísima  región  española,  sino  como  restos 
de  una  poesía  narrativa  enteramente  castellana  y  no  dia- 
lectal. No  sólo  carecen  de  color  local  asturiano,  de  alusio- 
nes á  la  historia  provincial  (de  la  cual  parecen  ignorar 
hasta  los  temas  más  célebres,  como  el  de  Pelayo),  de  ves- 
tigios de  las  muy  curiosas  supersticiones  que  aun  persis- 
ten allí  como  reliquias  de  la  primitiva  mitología  ibérica, 
sino  que  están  compuestos,  sin  excepción  alguna,  en  cas- 
tellano corriente,  y  no  hay  ni  uno  solo  en  el  antiguo  y  ve- 
nerable dialecto  del  país,  llamado  hable;  si  bien  al  pasar 
estos  romances  por  las  bocas  délos  rústicos  hayan  sufrido 
y  continuamente  sufran  todas  las  alteraciones  fonéticas 
propias  de  quien  habla  en  una  lengua  y  canta  en  otra:  fe- 
nómeno que  con  caracteres  todavía  más  singulares  encon- 
traremos en  Cataluña.  No  es  esto  negar  la  posible  y  aun 
verosímil  existencia ,  en  tiempos  remotos ,  de  una  poesía 
narrativa  asturiana  por  los  asuntos  y  aun  por  el  dialecto; 
pero  la  verdad  es  que  de  esta  poesía,  si  existió,  no  quedan 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


9 


huellas.  La  poesía  bable  popular  no  ha  pasado  de  la  forma 
lírica  de  coplas  ó  cantares  sueltos;  y  el  cultivo  artístico 
del  dialecto  no  data  más  que  del  siglo  xvii,  cuando  inge- 
niosos y  agudos  versificadores  comenzaron  á  servirse  de  él 
en  parodias  clásicas,  romances  festivos  y  picantes  entre- 
meses. 

Pero  si  no  la  gloria  de  haber  engendrado  las  bellísimas 
canciones  populares  que  en  sus  valles  y  montañas  se  han 
recogido  (puesto  que  basta  leerlas  para  comprender  que 
en  algún  tiempo  fueron  comunes  á  todos  los  reinos  de  Cas- 
tilla y  León,  y  aun  pudiéramos  decir  que  á  toda  la  Penín- 
sula, como  lo  evidencian  las  versiones  similares  recogidas 
en  Audalucía  y  Portugal),  corresponde  á  Asturias  la  glo- 
ria no  menor  de  haber  conservado  los  textos  más  genuinos 
y  completos  que  la  tradición  oral  ha  revelado  hasta  ahora, 
y  de  haber  tenido  diligentes  colectores  que  muy  á  tiempo 
han  salvado  toda  esta  riqueza,  próxima  ya  á  désaparecer 
ante  la  fiera  invasión  centralista  é  industrialista  de  nues- 
tros días. 

Las  más  antiguas  noticias  acerca  de  romances  asturia- 
nos se  remontan  á  la  célebre  carta  de  Jove-Llanos  sobre 
las  romerías  de  Asturias,  octava  de  las  que  dirigió  á  don 
Antonio  Ponz  (1).  Descríbese  ^llí  la  danza  prima  en  estos 
curiosos  términos  : 

«Aunque  las  danzas  de  los  hombres  se  parecen  en  la 
forma  á  las  de  las  mujeres,  hay  entre  unas  y  otras  ciertas 
diferencias  bien  dignas  de  notarse.  Seméjanse  en  unirse 
todos  los  danzantes  en  rueda,  asidos  de  las  manos,  y  girar 
en  rededor  con  un  movimiento  lento  y  compasado,  al  son 
del  canto,  sin  perder  ni  interrumpir  jamás  el  sitio  ni  la  for- 
ma. Son  una  especie  de  coreas  á  la  manera  de  las  danzas 


(1)     Ohr((f)  de  JovellanoH  (ed.  Rivadeneyra),  II,  pág.  299. 


10 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


de  los  antiguos  pueblos,  que  prueban  tener  su  origen  en 
los  tiempos  más  remotos  y  anteriores  á  la  invención  de 
la  gimnástica.  Pero  cada  sexo  tiene  su  poesía,  su  canto  y 
sus  movimientos  peculiares,  de  que  es  preciso  dar  alguna 
razón. 

'^Los  hombres  danzan  al  son  de  un  romance  de  ocho  sila- 
bas, cantado  por  alguno  de  los  mozos  que  más  se  señalan 
en  la  comarca  por  su  clara  voz  y  por  su  buena  memoria; 
y  á  cada  copla  ó  cuarteto  del  romance  responde  todo  el  coro 
con  una  especie  de  estramhote,  que  consta  de  dos  solos  versos 
ó  media  copla.  Los  romances  suelen  ser  de  guapos  y  valen- 
tones, pero  los  estrambotes  contienen  siempre  alguna  depre- 
cación á  la  Virgen,  á  Santiago,  San  Pedro  ú  otro  santo  fa- 
mosOy  cuyo  nombre  sea  asonante  con  la  media  rima  general 
del  romance, 

»Esto  me  ha  hecho  presumir  que  tales  danzas  vienen 
desde  el  tiempo  de  la  gentilidad,  y  que  en  ellas  se  canta- 
rían entonces  las  alabanzas  de  los  héroes,  interrumpidas 
y  alternadas  con  himnos  á  los  dioses.  Lo  cierto  es  que  su 
origen  es  muy  remoto;  gue  el  depravado  gusto  de  las  jáca- 
ras es  muy  moderno,  y  que  la  mezcla  de  ellas  con  las  sú- 
plicas á  los  santos  es  tan  monstruosa,  que  no  pudieron  na- 
cer en  un  mismo  tiempo,  ni  derivarse  de  una  misma  causa. » 

Leyendo  atentamente  estos  renglones  se  ve  que  el  in- 
mortal Jove-Llanos,  adelantándose  en  esto,  como  en  tantas 
otras  cosas,  á  su  tiempo,  fijó  la  atención  en  los  desdeñados 
romances  del  vulgo,  que  había  oído  cantar  en  las  rome- 
rías asturianas;  pero  no  se  fijó  bastante  en  su  letra,  puesto 
que  aun  degenerados  como  están  ahora  (y  él  debió  de  al- 
canzarlos mucho  más  puros)  no  tratan,  por  lo  común,  de 
guapos  y  valentones,  ni  participan  del  gusto  d^  las  jácaras, 
si  bien  en  algunos  se  advierta  el  natural  contagio  de  la 
poesía  popular  por  la  vulgar. 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR  41 

Pero  no  terminan  aquí  las  noticias  del  sabio  gijonés. 
Aunque  sea  de  un  modo  algo  confuso,  y  sin  establecer  la 
debida  distinción  entre  lo  castellano  y  lo  bable,  y  entre 
los  romances  y  las  coplas,  apunta  otras  especies  que  por 
tratarse  de  un  escritor  del  siglo  xviii,  deben  ser  cuidado- 
samente recogidas,  en  obsequio  á  la  memoria  de  quien  fué 
sin  duda  uno  de  los  más  calificados  precursores  del  Folk- 
Lore  español. 

Distingue  Jove-Llanos,  y  en  su  tiempo  eran  distintas, 
las  danzas  de  hombres  y  mujeres,  y  notado  el  carácter  bé- 
lico de  las  primeras,  dice  sobre  las  segundas: 

« Su  poesía  se  reduce  á  un  solo  cuarteto  ó  copla  de  ocho 
silabas  y  alternado  con  un  largo  estrambote,  ó  sea  estribillo  ^ 
en  el  mismo  género  de  versos,  que  se  repite  á  ciertas  y  de- 
terminadas pausas.  Del  primer  verso  de  este  estrambote 
que  empieza : 

Hay  un  galán  de  esta  villa... 

vino  el  nombre  con  que  se  distinguen  estas  danzas. 

»E1  objeto  de  esta  poesía  es  ordinariamente  el  amor,  6 
cosa  que  diga  relación  á  él.  Tal  vez  se  mezclan  algunas 
sátiras  ó  invectivas,  pero  casi  siempre  alusivas  á  la  mis- 
ma pasión,  pues  ya  se  zahiere  la  inconstancia  de  algún 
galán,  ya  la  presunción  de  alguna  doncella,  ya  el  lujo  de 
unos,  ya  la  nimia  confianza  de  otros,  y  cosas  semejantes. 

»Lo  más  raro,  y  lo  que  más  que  todo  prueba  la  senci- 
llez de  las  costumbres  de  estas  gentes,  es  que  tales  coplas 
se  dirigen  muchas  veces  contra  determinadas  personas; 
pues  aunque  no  siempre  se  las  nombra,  se  las  señala  muy 
claramente,  y  de  forma  que  no  pueda  dudarse  del  objeto 
de  la  alabanza  ó  la  invectiva.  Aquella  persona  que  más 
sobresale  en  el  día  de  la  fiesta  por  su  compostura,  ó  por 
algún  caso  de  sus  amores;  aquel  suceso  que  es  más  recien- 


12 


LIRICOS  CASTELLANOS 


te  y  notable  en  la  comarca;  en  fin,  lo  que  aquel  día  ocupa 
principalmente  los  ojos  y  la  atención  del  concurso,  eso  es 
lo  que  da  materia  á  la  poesía  de  nuestros  improvisadores 
asturianos  


» Supongo  que  para  estas  composiciones  no  se  valen 
nuestras  mozas  de  ajena  habilidad.  Ellas  son  las  poetisas, 
así  como  las  compositoras  de  los  tonos,  y  en  uno  y  otro  gé- 
nero suele  su  ingenio,  aunque  rudo  y  sin  cultivo,  producir 
cosas  que  no  carecen  de  numen  y  de  gracia. » 

Cita  Jo  ve-Llanos  dos  ejemplos  de  coplas  de  cuatro  ver- 
sos, uno  y  otro  en  bable,  y  continúa  de  este  modo  su  in- 
teresante descripción : 

«Los  estribillos  con  que  se  alternan  estas  coplas,  son  una 
especie  de  retahila  que  nunca  he  podido  entender;  pero 
siempre  tienen  sus  alusiones  á  los  amores  y  galanteos,  ó 
á  los  placeres  y  ocupaciones  de  la  vida  rústica.  Los  tonos 
son  siempre  tiernos  y  patéticos,  y  compuestos  sobre  la 
tercera  menor.  Llevan  la  voz  de  ordinario  tres  ó  cuatro 
mozas  de  las  de  más  gallada  voz  y  figura,  colocadas  á  la 
frente  del  corro,  y  las  otras  van  repitiendo  ya  la  mitad  de 
la  copla,  ya  el  estribillo,  á  cuyo  compás  giran  todas  sin 
interrupción  sobre  un  mismo  circulo,  pero  con  lentos,  uni- 
formes y  bien  acordados  pasos.  Entretanto  resuena  en  tor- 
no una  dulce  armonía  que,  penetrando  por  aquellos  opa- 
cos y  silenciosos  bosques,  no  puede  oirse  sin  emoción  ni 
entusiasmo.  No  constan  estas  danzas,  como  nuestros  mo- 
dernos bailes,  de  fuertes  y  afectadas  contorsiones,  propias 
para  expresar  unas  pasiones  violentas  y  artificiosas,  sino 
de  movimientos  lentos  y  ordenados,  que  indican  las  tran- 
quilas afecciones  de  un  corazón  inocente  y  sensible.» 

Bien  se  ve  leyendo  este  pasaje  que  Jove-Llanos,  por 
excepción  singularísima  entre  los  hombres  de  su  siglo,  no 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


13 


era  insensible,  ni  mucho  menos,  al  hechizo  de  la  poesía  y; 
de  la  música  populares,  como  tampoco  lo  fué  á  la  peculiar 
belleza  de  las  construcciones  religiosas  y  civiles  de  la  Edad 
Media.  De  sus  palabras  se  deduce,  además,  que  entonces 
como  ahora  existían  en  Asturias  dos  géneros  de  poesía 
vulgar,  uno  lírico,. en  el  dialecto  del  país,  y  otro  narrati- 
vo, en  lengua  castellana.  De  la  primera  pareció  cuidarse 
más  que  de  la  segnnda :  no  son  raras  en  su  corresponden- 
cia con  el  canónigo  González  Posada  las  citas  de  coplas 
asturianas,  y  en  la  instrucción  que  formuló  como  prelimi- 
nar para  un  diccionario  bable  (1),  menciona,  entre  las  auto- 
ridades más  dignas  de  tenerse  en  cuenta,  «los  cantares 
»usados  en  las  danzas,  endechas,  esfoyazas  y  otras  juntas 
»y  diversiones  del  pueblo  de  Asturias». 

Contemporáneo  y  amigo  de  Jove-Llanos  fué  un  estra- 
falario personaje,  entre  naturalista  y  poetastro,  traductor 
de  Virgilio  y  curandero  afamado,  D.  Benito  Pérez  Val- 
dés,  farmacéutico  de  Oviedo,  que  solía  añadir  á  su  firma 
el  sobrenombre  de  El  Botánico,  con  el  cual  suelen  recor- 
darle los  pocos  que  se  cuidan  de  él.  Inflamado  de  ardor 
patriótico  durante  la  temporada  constitucional  de  1820 
á  1823,  compuso  con  pedestre  numen  el  Romancero  de  Rie- 
go,.qne  años  después  dió  á  la  estampa  en  Londres  el  ca- 
nónigo D.  Miguel,  hermano  del  infortunado  caudillo  de 
Las  Cabezas  de  San  Juan  (2).  En  este  libro,  muy  curioso 
á  pesar  de  su  exiguo  valor  poético,  no  sólo  se  habla  de 
«la  gran  danza  circular  ó  prima»,  sino  que  se  da  testimo- 
nio de  que  en  nuestro  siglo  ha  servido  para  acompañar  ro- 


(1)  ,  Obras  de  Jove-LlanoH,  11,  207. 

(2)  El  Romancero  de  Riego,  por  l).  Benito  Pérez,  llamado  *el  Botá- 
nico de  Oviedo  'y ,  publicado  por  I).  Miguel  Riego,  canónigo  de  la  Catedral 
ovetense.  En  Londres,  por  Carlos  Wood,  1842, 


44 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


manees  políticos  de  circunstancias.  «Yo  he  presenciado 
»(dice  Valdéa)  el  14  de  Septiembre  de  1819  en  Candás, 
»una  danza  de  más  de  500  mozos,  con  otra  dentro  de  mo- 
»zas,  cantando  el  romance  triste  de  la  muerte  de  Porlier, 
^composición  (creo)  del  escribano  D.  Kamón  de  Miranda- 
»liombre  nada  vulgar».  Resulta  de  esa  curiosa  noticia  que 
todavía  entonces  eran  distintos  los  corros  de  hombres  y 
de  mujeres,  y  que  el  segundo  iba  en  medio,  y  como  pro- 
tegido por  el  primero. 

No  faltaban,  como  se  ve,  algunas  indicaciones  disper- 
sas sobre  cantos  y  danzas  populares  de  Asturias,  pero  en 
el  contenido  de  los  romances  nadie  se  había  fijado  hasta 
que  en  1849,  el  eminente  estadista  y  literato  asturiano 
D.  Pedro  José  Pidal,  por  tantos  conceptos  benemérito  de 
su  patria,  comunicó  á  su  grande  amigo  D.  Agustín  Durán 
la  curiosa  nota  inserta  como  apéndice  al  discurso  prelimi  • 
nar  del  Romancero  ge?ieral  en  la  colección  de  Rivadeneyra. 
Allí  aparecieron  por  primera  vez  cuatro  romances  asturia- 
nos de  los  más  curiosos,  supliendo  ingeniosamente  Pidal, 
con  gran  sentido  de  la  poesía  popular,  algunos  versos  que 
no  recordaba  en  el  bello  romancillo  de  Don  Bueso^  que  no 
había  vuelto  á  oir  desde  su  niñez.  Entusiasmado  Durán 
con  el  hallazgo  de  estos  romances  y  la  noticia  de  que 
existían  otros  muchos,  exclamaba:  «Sus  formas  típicas, 
»su  espíritu  sencillo  y  épico,  parecen  pertenecer  esencial- 
»mente  á  la  poesía  primitiva,  aunque  su  lenguaje  esté  mo- 
»dernizado.  En  estos  romances  se  percibe  un  sabor  orien- 
»tal,  una  sencillez  bíblica  admirables...  Hay  en  ellos  un 
»lujo  de  imaginación,  pero  sencilla  y  natural;  hay  una  cul- 
»tura  inartificiosa  y  apacible  de  que  carecen  los  rudos  ro- 
»mances  viejos  históricos...  y  de  que  sólo  se  hallan  vesti- 
»gios  en  algunos  de  los  moriscos  primitivos.  ¿De  dónde 
»ha  venido  esta  clase  de  romances  puramente  hechos  en 


ADVERTENCIA  PUELIMINAR 


15 


» castellano,  y  de  que  sólo  hay  vestigios  en  Asturias,  y  en- 
»tre  la  gente  vulgar,  cuando  parecen  hechos  hasta  para 
»la  gente  culta?» 

Fácil  es  descontar  de  este  pasaje  la  parte  de  inexactitud 
y  de  hipérbole,  propia  del  estado  de  los  estudios  cuando 
Durán  escribía,  pues  lo  del  colorido  oriental  es  pura-  ima- 
ginación, y  los  romances  moriscos  nada  tienen  de  primi- 
tivos. Además,  los  temas  de  los  romances  asturianos,  que 
son  generalmente  novelescos,  pertenecen  al  fondo  común 
de  la  canción  popular  en  el  Mediodía  de  Europa;  y  por 
lo  que  toca  á  nuestra  Península,  no  sólo  se  conocen  varian- 
tes castellanas  de  algunos  de  ellos  en  otras  provincias  y 
hasta  en  boca  de  los  judíos  de  Constantinopla  y  Salónica, 
sino  que  casi  todos  se  conservan  en  portugués,  y  algunos 
hasta  en  catalán.  Pero  lo  que  importa  es  dejar  consigna- 
do el  gran  aprecio  que  tan  fino  conocedor  de  la  poesía  del 
pueblo  como  era  Durán  hizo  de  estas  canciones. 

Seis  años  después  de  la  publicación  del  gran  Romance- 
ro de  Durán,  visitó  el  Principado  de  Asturias  un  arqueólo- 
go artista,  cuyo  nombre  no  puedo  mencionar  sin  cariñoso 
respeto:  D.  José  María  Quadrado,  español  de  los  más  me- 
morables de  nuestro  siglo  en  virtud,  entendimiento  y  cien- 
cia. En  el  curso  de  su  pintoresco  viaje,  no  podía  menos  de 
tropezar  Quadrado  con  los  rasgos  de  la  poesía  popular,  y 
en  efecto,  describe  la  danza  prima,  traslada  integro  el  fa- 
moso romance  de  el  galán  de  esta  villa,  que  sirve  de  cons- 
tante acompañamiento  á  dicha  danza,  y  advierte  con  mu- 
cha verdad  que  «de  la  poesía  hable  no  aparece  vestigio 
»alguno  anterior  al  siglo  xvii:  los  romances  antiguos  y 
»tradicionales  que  parecen  más  indígenas  del  país,  como 
» desconocidos  fuera  de  sus  límites,  llevan  la  marca  caste- 
»llana  pura,  sin  el  menor  resabio  de  provincialismo.» 

Descubierto  ya  el  rico  filón  de  los  romances  asturianos, 


16 


LÍRICOS  CASTELLPNOS 


fué  el  primero  en  beneficiarle  el  sabio  historiador  de  nues- 
tras letras  en  la  Edad  Media,  D.  José  Amador  de  los  Ríos, 
el  cual  en  varias  excursiones  veraniegas  recogió,  ya  por 
sí  mismo,  ya  con  el  concurso  de  varios  aficionados  astu- 
rianos, un  pequeño,  pero  muy  selecto  ramillete  de  estas 
flores"  campesinas,  con  que  obsequió  en  1859  á  su  amigo 
Wolf,  que  le  dió  á  conocer  inmediatamente  en  el  Jarhrbuch 
für  romanische  und  englische  literatur,  siendo  reproducido 
poco  después  en  la  Revista  Ibérica,  y  también  en  un  cua- 
derno aparte.  Precede  á  la  coleccioncita  de  Amador  una 
carta  á  Wolf,  en  que  haciéndose  cargo  de  la  penuria  de 
cantos  históricos  en  Asturias,  al  mismo  tiempo  que  de  la 
existencia  de  tradiciones  orales  relativas  á  los  primeros 
tiempos  de  la  Reconquista,  emite  la  hipótesis  de  que  es- 
tas tradiciones  ( que  quizá  supone  más  antiguas  de  lo 
que  son)  dieron  acaso  materia  á  una  poesía  heroico-popu- 
lar  hoy  perdida ,  habiéndose  conservado  sólo  los  tonos  y 
danzas  que  la  acompañaban,  y  que  fueron  aplicadas  luego 
á  los  romances  castellanos  que  publica,  cuya  antigüedad 
exagera  un  poco ,  suponiéndolos ,  por  ciertas  analogías 
de  espíritu,  coetáneos  de  la  época  de  las  Cantigas  y  de  la 
Crónica  de  Ultramar,  aunque  en  el  lenguaje  hayan  sido 
modernizados.  Años  después,  en  el  tómo  VII  (y  último  que 
llegó  á  publicar)  de  su  Historia  critica  (1865),  volvió  á 
ocuparse  con  especial  cariño  en  estos  romances,  rebajando 
algo  de  la  antigüedad  que  antes  parecía  atribuirles,  y  es- 
tudiándolos en  la  época  más  remota  á  que  algunos  de 
ellos,  en  su  estado  actual,  pueden  referirse,  es  decir,  en  el 
período  de  los  Reyes  Católicos.  Por  lo  demás,  hoy  como 
entonces,  conservan  su  valor  las  siguientes  palabras  del 
sagaz  y  laborioso  crítico,  y  queda  en  pie  el  problema  que 
él  planteó,  y  que  sólo  podrá  ser  resuelto  por  un  estudio 
cabal  y  amplio  de  la  poesía  popular  en  toda  la  Península: 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR  -1  7 

«Debe  llamar  seriamente  la  atención  de  los  doctos  cómo, 
»en  medio  del  tenaz  empeño  con  que  se  han  adherido  á 
»la  localidad  las  primeras  leyendas  de  la  Reconquista, 
»han  desaparecido  de  los  valles  asturianos  los  primitivos 
» cantos  guerreros  de  los  soldados  de  Pelayo,  y  cómo  á 
»los  ecos  históricos  de  sus  maravillosas  victorias,  han  sus- 
»tituído  en  el  centro  mismo  de  las  montañas  otras  más 
»recientes  tradiciones,  nacidas  sin  duda  en  lejanas  comar- 
»cas,  é  hijas,  por  tanto,  originariamente,  de  muy  diversa 
^> cultura.  Y  sube  de  punto  la  extrañeza  que  esta  observa- 
»ción  produce,  el  considerar  que  ni  aun  siquiera  ha  sobre- 
» vivido  en  los  cantares  que  hoy  guarda  la  tradición  oral, 
^>el  dialecto  nativo  de  las  montañas  asturianas. » 

Los  curiosos  romances  recopilados  por  Amador  llama- 
ron la  atención  de  varios  folk  loristas ,  como  el  Conde  de 
Puymaigre,  que  les  dedicó  un  apéndice  en  su  libro  sobre 
Les  Vieux  Auteurs  Castillans  (t.  II.  1862).  Pero  su  em- 
presa no  tuvo  imitadores,  hasta  que  en  1885,  un  joven  y 
aventajado  escritor  asturiano,  D,  Juan  Menéndez  Pidal, 
€onocido  ya  por  felices  ensayos  poéticos,  acometió  con  los 
bríos  de  la  mocedad  y  con  el  más  ferviente  entusiasmo, 
una  exploración  metódica  del  Principado  bajo  el  aspecto 
de  la  poesía  popular,  penetrando  en  lo  más  recóndito  de 
sus  montañas,  y  soprendiendo  en  labios  de  los  rústicos  la 
canción  próxima  á  extinguirse.  Fruto  de  este  viaje  artís- 
tico fué  el  precioso  libro  que  lleva  por  título  Poesía  popu- 
lar. Colección  de  los  viejos  romances  que  se  cantan  por  los 
asturianos  en  la  danza  prima,  esfoyazas  {\)y  filandones  (2), 

(1)  Deshojas  del  maíz. 

(2)  Llámanse  asi  en  Asturias  las  tertulias  de  aldea  ea  torno  al 
¿lar.  En  la  Montaña  de  Burgos  (actual  provincia  de  Santander)  se 
denominan  h¿la>iy  y  Pereda  las  ha  descrito  en  uno  de  sus  más  admi- 
rables cuadros  de  costumbres  (Al  amor  de  los  tizonen). 

Tomo  X.  2 


48 


LIRICOS  CASTELLANOS 


recogidos  directamente  de  boca  del  pueblo.  Los  romances 
llegan  á  98,  aunque  algunos  son  variantes  del  mismo  tema^ 
y  otros  no  merecen  estrictamente  la  calificación  de  po- 
pulares. Pero  la  mayor  parte  lo  son,  sin  género  de  duda, 
y  algunos  merecen  figurar  al  lado  de  los  más  bellos  de 
las  antiguas  colecciones.  Con  el  beneplácito  del  Sr.  Me- 
néndez  Pidal,  á  quien  damos  mil  gracias  por  esta  prueba  de 
cariñosa  amistad,  reproducimos  aquí  todos  los  que,  á  nues- 
tro juicio,  presentan  rasgos  de  poesía  primitiva,  incluyendo 
no  solamente  los  impresos  en  1885,  sino  algunos  inéditos 
hasta  ahora,  que  el  mismo  colector  ha  recogido  en  pos- 
teriores excursiones  y  que  liberalmente  nos  ha  facilitado. 
Dividió  Amador  estos  romances  en  religiosos,  históri- 
cos, novelescos  y  caballerescos.  Amplía  esta  clasificación  el 
Sr.  Menéndez  Pidal  añadiendo  un  grupo,  el  de  apólogos, 
y  subdividiendo  los  romances  novelescos  en  tres  clases : 
1.^,  de  moros  y  cristianos;  2.*,  caballerescos;  3.\  puramen- 
te novelescos;  y  los  romances  religiosos  en  otras  dos: 
1/,  místicos;  2/,  sagrados.  Por  mi  parte,  me  abstengo  de 
clasificarlos,  tanto  por  no  ser  muy  numerosos  los  que  aquí 
figuran,  cuanto  por  respetar  el  carácter  esencialmente 
novelesco  que  en  su  estado  actual  tienen  casi  todos  los  que 
en  su  origen  fueron  históricos,  hasta  el  punto  de  haberse 
borrado  á  veces  los  nombres  propios  de  los  personajes  y 
casi  todas  las  circunstancias  de  lugar  y  tiempo.  Muestras 
de  otra  evolución  no  menos  curiosa,  pero  en  sentido  con- 
trario, ofrecen  los  romances  devotos,  que  son  seguramente 
más  modernos  que  todos  los  demás,  y  suelen  ser  transfor- 
mación de  viejos  romances  novelescos.  Es  un  fenómeno,  to- 
davía no  explicado,  pero  innegable,  que  la  inspiración  reli- 
giosa, á  lo  menos  en  su  forma  directa,  falta  casi  del  todo- 
en  nuestras  antiguas  canciones  narrativas,  las  cuales  son 
siempre  heroicas  ó  novelescas.  Si  algo  de  aquel  género  se 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


19 


encuentra,  ó  no  es  popular  (y  á  veces  ni  siquiera  español 
de  origen)  ó  no  se  remonta  más  allá  del  siglo  xvi,  en  que 
ciertamente  hubo  un  progreso  en  la  vida  religiosa  de  nues- 
tro pueblo.  Durante  la  Edad  Media,  la  poesía  religiosa  flo- 
rece sólo  en  la  escuela  monacal  del  mester  de  clerecía  y  en 
algunas  escuelas  de  troVadores.  Nada  tiene  de  singular, 
por  consiguiente,  que  ni  en  la  Primaverade  Wolf,  ni  en  la 
voluminosa  colección  de  Durán,  figure  ni  un  solo  roman- 
ce religioso.  Los  que  hay  en  el  llamado  Romancero  sa- 
grado de  la  Biblioteca  de  Rivadeneyra,  son  todos  artÍF- 
ticos  y  modernos.  La  tradición  oral,  en  Asturias,  Anda- 
lucia  y  otras  partes,  conserva  mayor  número  de  canciones 
de  este  género,  y  sirve  para  llenar  ésta  y  otras  lagunas 
de  los  romanceros  impresos. 

Hemos  puesto  en  la  mayor  parte  de  los  romances  bre- 
ves notas,  prescindiendo  de  la  parte  crítica  que  reserva- 
mos para  el  estudio  general,  y  limitándonos  á  apuntar  las 
correspondencias  con  otras  canciones  populares  análogas. 
Aun  en  este  punto  seremos  muy  sobrios,  puesto  que  ape- 
nas saldremos  de  los  límites  de  la  Península  Ibérica,  y 
sólo  por  excepción  citaremos  los  cantos  de  algunos  pue- 
blos que  tienen  con  nosotros  muy  estrecha  conexión  étni- 
ca é  histórica,  cuales  son  los  de  Italia  y  Mediodía  de  Fran- 
cia. Proceder  más  adelante  sería  temerario  y  hasta  pueril. 
Dado  el  creciente  progreso  de  los  estudios  folklóricos,  y 
el  enorme  número  de  materiales  publicados,  nada  más  fá- 
cil que  llenar  muchas  páginas  y  afectar  muy  varia  erudi- 
ción, registrando  á  tontas  y  á  locas  coincidencias  reales  ó 
soñadas  con  canciones  de  todos  los  pueblos  de  Europa  y 
Asia,  y  hasta  de  las  razas  bárbaras  y  salvajes  de  Africa, 
América  y  Oceanía.  El  lector  me  perdonará  que  no  haya 
seguido  este  farraginoso  procedimiento,  que  hoy  no  tiene 
utilidad  ni  excusa,  por  lo  mismo  que  está  al  alcance  de 


20 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


todo  el  mundo.  Lo  que  ahora  nos  interesa  son  las  versio- 
nes peninsulares,  y  en  esta  parte  he  procurado  llegar  á 
donde  han  alcanzado  mis  medios. 

Como  he  de  citar  con  frecuencia  romances  portugueses 
y  catalanes,  creo  oportuno  indicar,  para  evitar  repeticio- 
nes, las  principales  fuentes  á  que  he  acudido. 

Romanceiro  de  J.  B.  de  Almeida  Garrett,  (Los  tomos  se- 
gundo y  tercero,  únicos  que  para  este  caso  nos  interesan, 
tienen  la  fecha  de  1851.  Del  tomo  primero,  que  en  reali- 
dad no  pertenece  al  Romancero  tradicional,  sino  á  la  co- 
lección de  las  poesías  de  Garrett,  hay  ediciones  incomple- 
tas de  Londres,  1828,  y  Lisboa,  1843:  la  última  y  defini- 
tiva es  de  1853.) 

Esta  colección,  formada  por  un  delicioso  poeta,  que  era 
al  mismo  tiempo  hombre  de  gusto  finísimo,  no  fué  hecha 
para  los  eruditos,  sino  para  las  gentes  de  mundo,  y  tuvo  el 
mérito  de  despertar  el  gusto  por  la  poesía  popular,  com- 
pletamente olvidada  ó  desdeñada  en  Portugal.  El  Roman- 
ceiro de  Garrett  es  libro  estético  y  no  científico  :  la  mayor 
parte  de  los  textos  están  restaurados  libérrimamente,  no 
sólo  escogiendo  lo  mejor  de  las  varias  lecciones  (como 
hacía  Durán),  sino  intercalando  versos  y  aun  episodios  de 
propia  cosecha.  Comprende  37  composiciones,  no  todas  tra- 
dicionales, y  algunas  muy  sospechosas  como  las  tomadas 
délos  supuestos  manuscritos  del  caballero  Oliveira.  Garrett 
se  valió  mucho  de  los  romances  castellanos  para  llenar 
huecos  de  las  versiones  escasas  y  fragmentarias  que  pudo 
lograr.  No  parece  que  pusiese  gran  diligencia  en  su  tarea 
de  colector,  ni  sus  hábitos  y  aficiones  artísticas  lo  permi- 
tían. Las  advertencias  y  notas  que  añadió  son  de  dilettan- 
te;  pero  aunque  no  enseñen  mucho,  recrean  sobremanera, 
y  demuestran  á  veces  una  intuición  muy  delicada  del  alma 
poética  del  pueblo. 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


21 


Romanceiro  Geral,  colligido  da  tradigao  por  Theophilo 
Braga.  Coimbra,  1867. 

Comprende  61  canciones  (no  todas  romances),  fidelísi- 
mamente  recogidas  de  la  tradición  oral  en  todas  las  pro- 
vincias peninsulares  de  Portugal,  especialmente  en  la 
Beira  Baja,  y  en  Tras  os  Montes,  donde,  al  parecer,  este 
género  de  poesía  se  conserva  mejor  que  en  Extremadura 
y  en  el  Alemtejo.  T.  Braga  tiene  grandísimo  mérito  como 
colector.  En  sus  notas  hay  especies  muy  útiles,  curiosas 
comparaciones  y  algunas  ideas  originales;  pero  es  lástima 
que  estén  deslucidas  por  resabios  de  hueco  filosofismo  y 
por  una  aprensión  exagerada  del  valor  sociológico  é  his- 
tórico de  la  poesía  popular,  cuyas  genuinas  bellezas  cam- 
pean mejor  cuando  se  las  contempla  con  ánimo  sencillo 
y  sin  el  velo  de  interpretaciones  sofísticas. 

Cantos  populares  do  Archipiélago  Acoriano,  publicados  e 
annotados  por  Theophilo  Braga.  Porto,  1869. 

Contiene  82  romances  y  jácaras,  recogidos  casi  todos 
por  el  Dr.  Teixeira  Soares,  á  quien  el  libro  está  dedicado, 
y  doctamente  ilustrados  por  Braga.  Las  versiones  insula- 
res son  mucho  más  completas,  auténticas  y  primitivas  que 
las  del  continente.  Tanto  en  las  Azores  como  en  Madera, 
ha  contribuido  el  aislamiento  geográfico  á  conservar  estos 
cantos  en  forma  muy  próxima  á  aquella  en  que  hubieron 
de  importarlos  los  conquistadores.  Acaso  una  exploración 
inteligente  en  las  Islas  Canarias  (de  cuya  poesía  popular 
sabemos  tan  poco)  nos  daría  igual  resultado  respecto  de 
los  romances  castellanos,  que  es  de  presumir  se  conserven 
allí  con  más  pureza  que  en  Andalucía. 

Floresta  de  varios  Romances  colligidos  por  Theophilo 
Braga.  Porto,  1869. 

Son  artísticos,  y  tomados  de  los  poetas  de  los  siglos  xvi 
y  XVII,  casi  todos  los  romances  de  esta  coleccioncita. 


22 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Bomanceiro  do  Algarve,  por  Estado  da  Veiga.  Lis- 
boa, 1870. 

Contiene,  además  de  varias  leyendas,  26  romances.  Es- 
tado da  Veiga  siguió  el  método  de  Almeida  Garrett,  fun- 
diendo varias  versiones  en  una,  y  retocando  algo  los  tex- 
tos. Así  y  todo,  los  romances  del  Algarbe  son  curiosísimos, 
y  hay  entre  ellos  alguno  histórico. 

Bomanceiro  portuguez ,  coordinado^  annotado  e  acompa- 
nhado  urna  introducgao  e  d'um  glosario,  por  Víctor  Euge- 
nio Hardung.  Leipzig.  Brockaus,  editor.  1877.  Dos  volú- 
menes. 

Reúne,  metódicamente  clasificadas,  todas  las  versiones 
dadas  á  conocer  por  Almeida  Garrett,  T.  Braga  y  Estado 
da  Veiga,  pero  esta  compilación,  aunque  útilísima,  no 
excusa  de  recurrir  á  los  libros  originales,  porque  omite 
las  advertencias  y  comentarios  de  los  primitivos  editores. 

Bomanceiro  do  Archipelago  da  Madeira,  colligido  e  pu- 
blicado por  Alvaro  Rodrigues  de  Azevedo.  Eunchal,  1880. 

La  Madeira,  juntamente  con  las  Azores,  ha  sido  uno 
de  los  principales  refugios  de  la  tradición  poética  penin- 
sular. Algunos  de  los  lindos  romances  que  este  tomo  con- 
tiene, no  se  encuentran  más  que  en  aquella  isla. 

Cantos  populares  do  Brazil,  colligidos  pelo  Dr.  Sylvio 
Romero  (con  introducción  y  notas  de  Teófilo  Braga).  Lis- 
boa, 1883.  Dos  tomos. 

Contiene  este  florilegio  algunos  romances  tradicionales 
revueltos  con  muchas  jácaras  modernas,  pero  en  general 
se  observa  que  las  versiones  del  Brasil  son  fragmentarias 
y  algo  mestizas. 

Menos  numerosas,  pero  no  menos  importantes,  son  las 
colecciones  de  romances  catalanes  ó  entreverados  de  caste- 
llano y  catalán  (grupo  muy  curioso  que  estudiaremos  apar- 
te). Las  principales  son : 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


23 


Observaciones  sobre  la  poesía  popular  con  muestras  de 
romances  catalanes  inéditos,  por  D.  Manuel  Milá  y  Fonta- 
nals.  Barcelona,  1853.  (Traducido  en  parte  al  alemán  por 
Wolf  en  1857,  y  reimpreso  en  el  tomo  sexto  de  las  Obras 
completas  de  Milá.  Barcelona,  1898.) 

Este  libro,  cuya  parte  doctrinal  y  teórica  es  admirable 
para  el  tiempo  en  que  se  escribió,  contiene,  por  vía  de 
muestra,  un  selecto  ramillete  de  70  canciones  populares 
catalanas,  no  todas  romances. 

Bomancerillo  catalán.  Canciones  tradicionales.  Segunda 
edición  refundida  y  aumentada  por  D.  Manuel  Milá  y  Fon- 
tanals.  Barcelona,  1882.  (Es  el  tomo  séptimo  de  las  obras 
completas  de  su  autor.) 

Aunque  este  libro  se  titula  segunda  edición  por  un  ras- 
go de  humildad  propio  del  carácter  de  mi  venerado  maes- 
tro, debe  considerarse  como  una  obra  enteramente  nueva 
en  su  plan  y  método,  á  la  cual  tampoco  cuadra  el  modes- 
to titulo  de  Bomancerillo,  puesto  que  comprende,  más  6 
menos  integras,  quinientas  oche/da  y  seis  canciones,  y  gran 
número  de  variantes,  con  las  melodías  de  algunas  de  ellas. 
La  mayor  parte  de  estos  romances  fueron  recogidos  por 
Milá  y  sus  amigos  en  el  Principado  de  Cataluña,  pero  tam- 
bién hay  algunos  del  reino  de  Valencia,  de  las  Islas  Ba- 
leares, del  E-osellón  y  de  la  ciudad  catalana  de  Alguer  en 
la  Isla  de  Cerdeña.  Transcríbense  todos  con  sus  diferen- 
cias fonéticas,  que  son  notables  aun  dentro  de  una  misma 
región. 

Cansons  de  la  térra,  cants  popular s  catalans,  Barcelo- 
na, 1866-1877,  cinco  tomos. 

El  colector  fué  D.  Francisco  Peí  ayo  Briz,  catalanista 
más  entusiasta  que  docto,  pero  muy  apreciable  por  su  la- 
boriosidad. Esta  abundante  colección  de  poesías  populares 
le  honra  más  que  sus  innumerables  versos  propios  y  más 


54 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


que  las  desdichadas  ediciones  que  publicó  de  algunos  poe- 
tas antiguos  como  Jaime  Roig  y  Ansias  March. 

Romancer  popular  de  la  térra  Catalana  recullit  y  orde— 
mt  per  En  M.  Agviló  y  Fuster,  Cangons  feudals  cavalleres- 
ques.  (Barcelona,  1893.) 

Este  libro,  que  es  un  primor  literario  y  tipográfico^ 
pero  que  pertenece  al  mundo  de  la  poesía  más  que  al  de 
la  erudición,  contiene  33  romances;  todos,  á  excepción  de 
dos,  conocidos  ya  por  las  publicaciones  de  Milá  y  Briz. 
Aguiló,  que  ha  sido  el  más  profundo  conocedor  de  la  len- 
gua catalana  y  de  sus  tesoros  bibliográficos,  era  además 
un  gran  poeta  lírico,  y  el  sentimiento  estético  se  sobrepu- 
so en  él  á  la  severidad  del  método  científico.  De  todos  los 
romances  había  recogido  innumerables  versiones  en  todas 
las  comarcas  de  lengua  catalana,  pero  se  limitó  á  publicar 
una  sola,  que  naturalmente  no  corresponde  á  ninguna  de 
ellas  en  particular,  sino  que  es  una  nueva  forma  selecta  y 
artística  de  la  canción.  Que  nadie  podía  hacer  este  trabaja 
mejor  que  Aguiló  es  indudable;  pero  conviene  notar  el 
peculiar  carácter  de  su  colección;  y  además  se  ha  de  tener 
en  cuenta  que  este  tomo  es  sólo  una  pequeñísima  muestra 
de  los  materiales  que  en  cantidad  enorme  tenía  acopiados 
Aguiló  para  su  gran  Romancero,  que  continúa  inédito,  lo 
mismo  que  su  bibliografía  y  su  diccionario  y  la  mayor 
parte  de  las  obras  colosales  en  que  empleó  su  vida. 

No  hay  para  qué  suscitar  enojosas  cuestiones  de  prio- 
ridad entre  Milá  y  Aguiló,  considerados  como  colectores 
de  poesía  popular.  Toda  duda  se  resuelve  leyendo  las  fran- 
cas declaraciones  que  uno  y  otro  estamparon  en  sus  res- 
pectivos libros.  Empezaron  á  trabajar  casi  al  mismo  tiem- 
po, pero  con  entera  independencia  el  uno  del  otro,  y  si 
algún  lazo  pudo  haber  entre  ellos,  debióse  á  la  común  amis- 
tad con  Piferrer,  que  tenía  un  sentido  muy  profundo  de 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


25 


la  poesía  y  de  la  música  popular,  y  que  escribió  algo  so- 
bre melodías  catalanas.  Y  ateniéndonos  á  las  fechas,  que 
es  lo  más  seguro,  la  honra  de  haber  publicado  el  primer 
romance  catalán  (y  por  cierto  uno  de  los  más  bellos),  el 
titulado  Don  Juan  y  Don  Ramón,  se  debe  á  D.  José  María 
Quadrado,  que  en  el  penúltimo  cuaderno  de  La  Palma,  peí 
riódico  mallorquín  de  1840,  le  dió  á  la  estampa,  ponderán- 
dole en  estos  notables  términos:  «La  rapidez  del  diálogo,  lo 
misterioso  del  suceso,  lo  lúgubre  y  al  par  homérico  de  los 
incidentes,  forman  de  esta  corta  pieza  una  excelente  pro- 
ducción que  ningún  genio  pudiera  desdeñar;  y  no  creemos 
que  pierda  nada  de  su  mérito  por  los  vulgares  labios  que 
lo  repiten.»  Este  romance  fué  reproducido  por  Piferrer 
(que  además  le  tradujo  al  castellano)  en  el  tomo  de  Ma- 
llorca de  los  Recuerdos  y  bellezas  de  España,  que  se  acabó 
de  imprimir  en  1845. 

Un  año  antes  Milá  había  publicado  su  Arte  poética,  don- 
de después  de  afirmar  muy  sabiamente  que  «la  poesía  po- 
pular de  portugueses  y  catalanes  forman  sólo  dos  ramifica- 
ciones particulares  de  la  española»  (principio  que  no  debe 
olvidarse  nunca),  inserta  por  vía  de  nota  el  romance  de 
¿a  Dama  de  Aragón,  y  manifiesta  la  esperanza,  mezclada 
de  temor,  de  ver  llegar  pronto  el  día  «en  que  la  moda,  que 
»todo  lo  invade  y  todo  lo  devora,  se  apodere  también  de  la 
»inocente  poesía  de  nuestros  abuelos».  De  1853  es  la  pri- 
mera edición  del  Romancerülo,  á  cuyo  frente  se  leen  las 
consideraciones  más  profundas  que  pluma  española  hubie- 
ra escrito  hasta  entonces  sobre  la  poesía  popular:  páginas 
que  nadie,  salvo  su  propio  autor,  ha  superado  después. 

Esto  baste  por  el  momento  acerca  de  las  colecciones 
poéticas  de  pueblos  españoles  cuya  lengua  nativa  no  es 
el  castellano.  Falta  todavía,  y  es  grave  falta,  el  romancero 
gallego,  que  debe  de  parecerse  mucho  al  portugués,  aun- 


26 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


que  en  Galicia,  como  en  Asturias,  los  romances  suelen 
cantarse  en  castellano,  según  tenemos  entendido. 

De  los  libros  extranjeros  que  por  incidencia  hemos  uti- 
lizado, iremos  dando  cuenta  en  sus  lugares  respectivos. 

Los  romances  que  llevan  asterisco  son  los  que  no  figu- 
ran en  la  primitiva  colección  del  Sr.  Menóndez  Pidal,  y 
que  él  mismo  nos  ha  facilitado. 


M.  M.  Y  P. 


1. 

El  penitente.  —  I 

Yendo  yo  cuestas  abajo,— volviera  cuestas  arriba; 
y  encontrara  un  ermitaño— que  vida  santa  facía. 
—Por  Dios  le  pido,  ermitaño, — por  Dios  y  Santa  María 
no  me  niegue  la  verdad — ni  me  diga  la  mentira; 
si  el  que  trata  con  mujeres — tiene  la  gloria  perdida. 
— La  gloria  perdida  nó, — no  siendo  cuñada  ó  prima. 
— Yo  traté  con  una  hermana — y  también  con  una  prima, 
y,  para  mayor  pecado, — con  una  cuñada  mía. 
Estando  en  estas  razones, — se  oyó  una  voz  que  decía  : 
<(Con6ésalo,  el  ermitaño, — por  Dios  y  Santa  María, 
y  dale  de  penitencia — conforme  lo  merecía.» 
Confesóle  el  ermitaño;-— pena  grande  le  ponía, 
y  le  diera  penitencia— con  una  culebra  viva. 
La  culebra  era  serpiente — que  siete  bocas  tenía; 
con  la  más  chiquita  d'  ellas— á  la  gente  acometía. 
— Quien  le  quiera  ver  morir — traiga  una  vela  encendida. 
Por  deprisa  que  llegaron— ya  el  penitente  moría. 
Ya  se  tocan  las  campanas, — ;campanas,  oh  maravillal 
por  r  alma  del  penitente— que  para  el  cielo  camina. 


28 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


2. 

El  penitente.  —  II 

Allá  arriba  en  alta  sierra, — alta  sierra  niontesía, 
donde  cáe  la  nieve  á  copos — y  el  agua  menuda  y  fría, 
habitaba  un  ermitaño — que  vida  santa  facía. 
Allí  llegó  un  caballero, — desta  manera  decía  : 
— Por  Dios  le  pido,  ermitaño, — por  Dios  y  Santa  María, 
que  me  diga  la  verdad — y  me  niegue  la  mentira; 
si  hombre  que  trata  en  mujeres — tendrá  el  ánima  perdida. 
— L'  ánima  perdida  no, — non  siendo  cuñada  ó  prima. 
— lAy  de  mí,  triste  cuitado; — qu'  esa  fué  la  mi  desdichal 
pues  traté  con  una  hermana — y  también  con  una  prima. 
Confiéseme,  el  ermitaño, — por  Dios  y  Santa  María, 
y  déme  de  penitencia— conforme  la  merecía. 
— Confesar,  confesaréte, — absolverte  non  podía. 
Estando  'n  estas  razones, — se  oyó  una  voz  que  decía : 
«Confiésalo,  el  ermitaño, — por  Dios  y  Santa  María, 
y  dale  de  penitencia — conforme  lo  merecía.» 
Metiéralo  en  una  tumba — donde  una  serpiente  había 
que  daba  espanto  de  verla, — siete  cabezaá  tenía  : 
por  todas  las  siete  come — por  todas  las  siete  oía. 
El  ermitaño  era  bueno, — y  á  verlo  vá  cada  día. 
— ¿Cómo  te  va,  penitente — con  tu  biiena  compañía? 
— ¡Cómo  quiere  que  me  vaya, — pues  que  ansí  lo  merecía! 
De  la  cinta  para  abajo, — ya  comido  me  tenía; 
de  la  cinta  para  arriba — luego  me  comenzaría. 
El  que  quiera  ver  mi  muerte — traiga  una  luz  encendida. 
Cuando  llega  con  la  luz, — ya  el  penitente  moría. 
Las  campanas  de  la  gloria — ellas  de  sou  (1)  se  tanguían 
por  r  alma  del  penitente — que  pra  los  cielos  camina. 

(1)   De  sou,  provincialismo  asturiano  por  de  suyo. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  29 

Estos  dos  romances,  que  en  rigor  son  uno  solo  con  va- 
riantes, pertenecen  á  la  importante  clase  de  los  que,  siendo 
al  principio  históricos,  se  transformaron  luego  en  novelescos. 
Aunque  en  ellos  se  omite  el  nombre  del  penitente,  basta  com- 
pararlos con  el  romance  7.^  de  la  Primavera  de  Wolf  para 
comprender  que  se  refieren  á  la  penitencia  del  rey  D.  Rodri- 
go. El  asonante  es  el  mismo  en  los  tres  romances,  y  hay  bas- 
tantes versos  que  con  leve  diferencia  son  comunes  á  las  tres 
versiones.  Apuntaremos  algunos  del  texto  de  Wolf  para  que 
se  compare  con  el  de  la  tradición  asturiana : 

Porque  en  todo  aquel  desierto — solo  una  ermita  había 
donde  estaba  un  ermitaño — que  hacía  muy  santa  vida... 

No  recibas  pesadumbre,  por  Dios  y  Santa  María. 

Fuéle  luego  revelado — de  parte  de  Dios  un  día 
que  le  meta  en  una  tumba — con  una  culebra  viva... 

Aquí  acabó  el  rey  Rodrigo — al  cielo  derecho  se  iba... 

Como  rasgos  muy  primitivos  de  esta  leyenda  pueden  con- 
siderarse el  valor  simbólico  y  supersticioso  ligado  al  número 
siete;  y  el  entierro  con  la  culebra  viva,  que  á  varios  críticos 
ha  hecho  recordar  el  Edda  escandinavo,  donde  Gunnar  es 
arrojado  al  pozo  de  las  serpientes,  y  una  de  ellas  le  roe  el 
corazón. 

Ni  el  romance  de  las  colecciones  antiguas  (que  es  jugla- 
resco y  lánguido),  ni  las  versiones  tradicionales  asturianas, 
que  tienen  más  viveza  y  conservan  interesantes  pormenores 
poéticos,  pueden  considerarse  como  originales.  Unas  y  otras 
proceden,  según  toda  verosimilitud,  de  un  romance  viejo 
que  se  perdió,  y  éste,  á  sq  vez  había  salido  de  la  Crónica  no- 
velesca de  D.  Rodrigo,  escrita  por  Pedro  del  Corral  en  el  si- 
glo XV. 

Y  ya  que  se  trata  de  romances  relativos  á  la  pérdida  de 
España,  no  he  de  omitir  uno  del  Conde  D.  Julián  (llamado 


30 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


también  del  Conde  de  Ceuta),  que  sólo  se  conoce  en  portu- 
gués, y  que  trae  Estacio  da  Veiga  en  su  Romanceiro  do  Al- 
garve{p,  5): 

Dom  Eodrigp,  Dom  Rodrigo, 
rei  sem  alma  e  sem  palavra, 
com  a  vida  pagas  boje 
a  trai^ao  de  Dona  Cava  (1). 

Don  Juliano  lá  em  Ceita, 
lá  em  Ceita  a  bem  fadada, 
a  jurar  está  vingan^a 
pelas  suas  mesmas  barbas. 
Nao  estivera  elle  enfermo, 
ja  com  armas  se  voltára, 
que  onde  Juliano  chega, 
ninguem  chega  nem  chegára; 
cavalleiro  de  armadura 
nao  se  Ihe  mostré  com  armas, 
que  fadado  foi  Juliano 
para  só  vencer  batalhas! 
Sete  noites  pensa  o  conde, 
todas  las  sete  pensára 
como  poderá  vingar-se 
de  quem  tanto  o  magoára; 
quer  escrever,  mas  nao  pode, 
por  seus  servos  rebradára, 
ao  mais  velho  escrever  manda 
e  o  conde  a  carta  nota  va; 
mal  acaba  de  escrever-se, 
ao  rei  moiro  a  enviava. 
Na  carta  Ihe  dava  o  conde 
todo  o  reino  de  Granada, 
se  logo  ao  campo  mandasse 
sua  gente  bem  armada, 

(1)  Por  corruptela  popular  Dona  Clara,  según  advierte  E.  da  Veiga. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 

para  vingar  sua  filha, 
qu'  el  rei  godo  deshonrára. 
Mal  recebe  el  rei  a  cárta, 
sua  gente  aparelhava 
para  vingar  Juliano, 
para  conquistar  Granada. 

¡Triste  Hispanha,  flor  do  mundo, 
táo  nobre  e  táo  desgranada! 
Por  vinganga  d.e  un  tredor 
serás  dentro  em  pouco  escrava! 
Tuas  cidades  e  villas 
todas  te  serao  ganhadas! 
Andalusía  nao  hade 
dar-te  mais  vida,  mais  alma! 

Térras  bemditas  sao  logo 
de  perros  moiros  cercadas; 
o  triste  de  Dom  Kodrigo 
ao  campo  vai  dar  batalha, 
mas  lo  tredor  de  Dom  Oppas 
tudo  alli  Ihe  atraigoara. 
Grande  senLor  de  Moraima 
commandava  grande  armada; 
pondo  o  pe  em  térra  firme 
toda  a  térra  conquistava; 
o  sangue  ja  era  tanto 
que  todo  o  campo  ensanguava. 

Assim  perde  Dom  Rodrigo 
a  sua  grande  batalha, 
tamben  perde  Andalusia, 
e  tambem  perde  Granada; 
Guadalete  outra  nao  vira 
tíio  fera  e  tao  pelejada! 

Toda  Hispanha  se  converte 
en  poderosa  Moirama. 
Dom  Juliano  e  Dom  Oppas 
Dona  Cava  assim  vingavami 


32 


LIRIAOS  CASTELLANOS 


Este  romance,  sea  ó  no  traducción  del  castellano,  tiene 
trazas  de  ser  muy  moderno.  Su  estilo,  nada  popular,  le  hace 
altamente  sospechoso. 


3. 

Grerineldo,  —  I 

.  — Gerineldo,  Gerineldo, — paje  del  Rey  más  querido; 
i  dichosa  fuera  la  dama— que  se  casara  contigo! 
— Porque  soy  criado  suyo, — icómo  se  burla  conmigol 
— Non  me  burlo,  Gerineldo; — advierte  lo  que  te  digo  : 
á  las  doce  de  la  noche— echa  á  andar  para  el  castillo, 
desque  mi  padre  y  mi  madre — estéan  adormecidos. 
Aun  no  eran  dadas  las  doce — ya  llamaba  en  el  postigo. 
Mas  la  Eeina,  con  ser  Reina, — aun  no  se  había  dormido. 
— Levántate,  buen  Rey, — levántate  conmigo; 
ó  nos  roban  la  Infantina, — ó  nos  roban  el  castillo. 
Levantárase  el  buen  Rey— con  un  camisón  vestido; 
cogió  la  espada  en  la  mano, — y  echó  á  andar  por  el  castillo... 
Topólos  boca  con  boca— como  mujer  y  marido  : 
alzó  los  ojos  arriba,  y  dixo  :—i Válgame  Cristol 
yo  si  mato  á  la  Infantina— queda  mi  reino  perdido; 
y  si  mato  á  Gerineldo... — ¡criólo  desde  muy  niñol 
Puso  la  espada  entre  ambos: — Esta  será  buen  testigo. 
Á  otro  día  de  mañana — Gerineldo  aborrecido  (1). 
— ¿Tú  que  tienes,  Gerineldo; — tú  que  tienes,  paje  mío? 
¿Hízote  mal  el  mi  pan, — ó  te  hizo  mal  el  mi  vino?  [vino; 
— Non  me  hizo  mal  vuestro  pan, — nin  me  hizo  mal  vuestro 
falta  un  cofre  á  la  Infantina— y  á  mi  me  lo  habían  pedido., ' 
— iDese  cofre,  Gerineldo, — la  mi  espada  es  buen  testigol... 
Ó  te  has  de  casar  con  ella — ó  la  has  de  buscar  marido. 

(1)  Triste,  abatido,  pesaroso. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  33 


— Señor,  mi  padre  non  tiene— ni  para  echarla  un  vestido. 
— Echáselo  de  sayal — pues  ella  lo  ha  merecido. 


4. 

Oerineldo*  —  II 

— Gerineldo,  Gerineldo, — paje  del  Eey  más  querido; 
íquién  me  diera,  Gerineldo, — tres  lioras  hablar  contigo! 
— Como  soy  criado  suyo,— señora,  os  burláis  conmigo. 
— No  me  burlo,  Gerineldo,— que  de  veras  te  lo  digo. 
— Pues  ya  que  me  habláis  de  veras ,  —  ¿á  qué  hora  vendré  al 

[castillo? 

— De  las  once  pa  las  doce — al  cantar  del  gallo  pinto. 
De  las  once  pa  las  doce, — Gerineldo  fué  al  castillo; 
-zapatos  lleva  en  la  mano — sin  ser  de  nadie  sentido. 
Anduviera  siete  puertas —hasta  encontrar  un  postigo: 
cuando  al  postigo  llegaba,  —Gerineldo  dió  un  suspiro. 
— ¿Quién  es  ese  que  á  mi  puerta, — que  á  mi  puerta  dió  un  sus- 
— Gerineldo  soy,  señora, — que  vengo  á  lo  prometido,  [piro? 
Cogiérale  por  la  mano;— para  dentro  le  ha  metido: 
se  acostaron  los  dos  juntos— como  mujer  y  marido. 
Despertárase  el  buen  Eey — de  un  sueño  despavorido, 
«ó  Gerineldo  se  ha  muerto, — ó  hay  traición  en  el  castillo.» 
Un  paxarin  respondiera, — que  es  de  Gerineldo  amigo; 
«Ni  Gerineldo  se  ha  muerto, — ni  hay  traición  en  el  castillo; 
Gerineldo  va  en  el  baile,— porque  es  hombre  divertido.» 
Buscaba  el  Key  las  espadas, — las  espadas  de  más  ñlo : 
cogiera  el  Rey  la  dorada  —y  echó  á  andar  por  el  castillo  (1). 
Topó  con  los  dos  durmiendo — como  mujer  y  marido. 
Alzó  los  ojos  al  cielo, — y  dijo:  «¡Válgame  Cristol 

(1)   Según  otra  variante  ■ 

Corredor  tras  corredor,— f orase  onde  están  dormindo  : 
erguía  las  portas  arriba,  — \)or  no  hacer  tanto  ruido. 
Tomo  X.  3 


34  LÍRICOS  CASTELLANOS 

Yo  si  mato  á  la  Infantina, — mi  reinado  está  perdido; 
y  si  mato  á  Gerineldo... — jcrielo  desde  chiquitol 
Pondré  la  espada  entre  ambos — y  ella  será  fiel  testigo.» 
Con  el  frío  de  la  espada — la  Infanta  ha  espavorecido. 
— Levántate,  Gerineldo, — que  los  dos  somos  perdidos; 
vé  la  espada  de  mi  padre — que  entre  los  dos  la  ha  metido. 
Márchate  sin  que  te  sientan — por  el  mi  jardin  florido, 
y  escóndete  entre  las  ramas — para  no  ser  conocido. 
Con  el  buen  Eey  se  topara — en  el  medio  del  camino. 
— ¿Tú  que  tienes,  Gerineldo,— que  vienes  descolorido? 
— Perdiera  un  cofre  la  Infanta— y  á  mi  me  lo  habían  pedido, 
— Dése  cofre  que  tu  dices, — mi  espada  será  testigo... 
ó  te  has  de  casar  con  ella, — ó  la  has  de  buscar  marido. 
— Yo  casárame  con  ella; — pero  no  querrá  conmigo; 
que  mis' posibles  no  son — ni  para  echarla  un  vestido. 
— Comprálo  de  paño  pardo; — pues  así  lo  ha  merecido. 
— De  paño  pardo,  no  tal; — ¡de  terciopelo...  no  digol 


5. 

OerineldOc  —  III 

— Gerineldo,  Gerineldo,— mi  caballero  pulido; 
jdichosa  fuera  la  dama— que  se  folgara  contigol 
— Se  burla  de  mí,  señora, — porque  á  su  mandado  vivo.., 
— Non  me  burlo,  Gerineldo, — que  de  veras  te  lo  digo: 
á  las  diez  se  acuesta  el  Rey — y  á  las  once  está  dormida, 
A  eso  de  las  once  y  media, — Gerineldo  se  ha  vestido. 
Puso  zapatos  de  seda, — porque  no  fuese  sentido, 
y  al  cuarto  de  la  Infantina, — sus  pasos  ha  dirigido ; 
y  llamando  en  la  su  puerta — d'  esta  manera  la  dijo: 
— Abráisme,  señora  mía, — abráisme,  cuerpo  garrido. 
— ¿Cuál  es  el  hombre  traidor^— cuál  es  el  hombre  atrevido 
que  deshora  de  la  noche, — sube  á  rondar  mi  postigo? 
— Gerineldo  soy,  señora, — que  vengo  á  lo  prometido. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  35 

Juegos  van  y  juegos  vienen, — juegan  á  brazo  partido, 

juegos  van  y  juegos  vienen, — los  dos  se  quedan  dormidos. 

Despertárase  el  buen  Rey — con  un  sueño  que  ha  tenido: 

á  eso  de  las  cuatro  y  media— el  Rey  pidió  su  vestido; 

non  se  lo  dá  Gerineldo, — y  él  solo  se  lo  ha  cogido. 

Para  el  cuarto  de  la  Infanta — sus  pasos  se  han  dirigido... 

Hallólos  boca  con  boca— como  mujer  y  marido. 

Alzó  los  ojos  arriba,— y  dijo:  «¡Válgame  Cristol 

iSi  matare  á  la  Infantina --está  mi  reino  perdido!» 

Desenvainando  la  espada — entre  los  dos  se  ha  metido. 

Recordado  había  la  Infanta — y  la  espada  conocido. 

— Levántate,  Gerineldo,— que  los  dos  somos  perdidos; 

¡pues  la  espada  de  mi  padre — ha  servido  de  testigol 

Levantóse  Gerineldo — muy  triste  y  muy  afligido; 

para  el  cuarto  del  buen  Rey — sus  pasos  ha  dirigido. 

— ¿Dónde  vienes,  Gerineldo,  —tan  triste  y  tan  afligido? 

— Vengo  del  jardin,  señor,— de  coger  rosas  y  lirios. 

— Non  lo  niegues,  Gerineldo,  —  que  con  la  Infanta  has  dor- 

— Déme  la  muerte  buen  Rey; — ella  la  culpa  ha  tenido,  [mido. 

— Non  te  mato,  Gerineldo; — que  te  crié  de  muy  niño. 

Para  mañana  á  las  doce — seréis  mujer  y  marido. 

— Señor,  mi  padre  no  tiene — ni  para  echarla  un  vestido. 

— Echáselo  de  sayal — pues  ella  así  lo  ha  querido. 

— Yo  iré  á  la  guerra,  señor, — para  echárselo  mas  fino. 


Tres  son  las  versiones  asturianas  recogidas  hasta  aho- 
ra del  romance  de  Gerineldo,  uno  de  los  más  populares  en 
todas  las  comarcas  españolas,  y  origen  del  dicho  vulgar  más 
galán  que  Gerineldo.  Cántanse  los  amores  de  Gerineldo  en 
Asturias,  en  Portugal,  en  Andalucía,  en  Extremadura,  en  Ca- 
taluña, en  las  comunidades  judías  de  Levante,  y  también  en- 
tre los  hebreos  de  Marruecos  (1).  Durán  y  Wolf  insertaron 

(1)  Así  se  infiere  de  una  carta  firmada  con  las  iniciales  T.  de  C.  é  inser- 
ta en  la  Menaxensa  (año  3.°  núm.  3) : 

•  Ab  tot  no  m'  ha  faltat  paciensia  per  ferme  cantar  per  una  de  aquestas 


36 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


dos  versiones  (núms.  161  y  161  bis  de  la  Primavera)^  tomada 
la  primera  de  un  pliego  suelto  gótico  de  1637,  y  la  segunda 
de  otro  mucho  más  moderno.  A  estos  dos  romances  hay  que 
añadir  otro  de  la  Tercera  pajote  de  la  Silva  de  Zaragoza,  1551 
(vid.  núm.  46  del  apéndice  al  tomo  anterior).  Prosigue  impri- 
miéndose todavía,  para  uso  del  pueblo,  una  redacción  de  cor- 
del, lastimosamente  estropeada  y  vulgarizada,  que  lleva  por 
título  Canción  nueva  del  Gerineldo,  en  la  que  se  expresan  los 
amores  y  fuga  de  un  oficial  ruso  con  la  bella  Enilda,  sultana 
favorita  del  Gran  Señor. 

Las  versiones  orales  castellanas  irán  apareciendo  en  el 
curso  de  este  libro.  En  portugués  conozco  las  siguientes  : 

a  )  Versión  de  Tras-os-Montes,  publicada  por  Teófilo  Bra- 
ga {B.  G.  pp.  18-20).  Se  llama  al  paje  Gerinaldo. 

h  )  Romance  de  Gerenaldo,  tradicional  en  la  isla  de  San 
Miguel  {Azores),  impreso  en  los  Cant.  Pop,  do  Arch,  Agor, 
pp.  265-267. 

c )  Romance  de  Girinaldo,  tradicional  en  la  isla  de  San 
Jorje  [Cant.  Pop.  do  Arch.  Agor.  pp.  268-270). 

d )  Estoria  de  Gerinardo,  tradicional  en  la  isla  de  la  Ma- 
dera, publicado  por  Alvaro  Rodrigues  de  Azevedo  {Rom,  do 
Arch.  da  Mad.  pp.  63-66). 

e  )  Otra  variante  de  la  misma  isla,  con  el  título  de  Geri- 
naldo (66-68). 

/ )    Tercera  variante  del  Archipiélago  de  la  Madera  con  el 
título  de  Leonardo  (pp.  69-72). 
g  )    Beginaldo,  lección  de  Almeida-Garrett  {Rom.  II,  pp. 

íuivas  que  encara  sembla  que  conservan  esma  de  la  patria  espanyola,  lo 
romans  de  Girineldo  que  t'  envió  tan  cabal  com  he  pogut  lograrlo,  junt 
ab  la  tonada  monótona  ab  que  per  tradició  desde  '1  segle  xvi  ó  xvii  1'  acom- 
panyan  y  que  no  deixa  de  recordar  la  mateixa  ab  que  en  certa  part  del 
nostre  bon  terral  de  Cataluña...  lo  liavem  sentit  entonar  per  bocas  femeni- 
nas. Sois  que  com  veurás,  lo  que  t'  envío  es  mes  llareli  y  's  parla  en  ell  cap 
á  r  ultím  de  la  dona  María  Linares  en  qui  s'  torna  la  princesa  y  del  capitá 
general  «Conde  Niño»  com  ?i  fos  lo  mateix...  Gririnaldo  que  ha  comensat 

Cortando  paño  de  seda— para  hacer  al  rey  vestidos...» 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  37 

163-173),  que  viene  á  ser  una  taracea  de  varios  fragmentos 
procedentes  de  Extremadura,  Alemtejo,  Beira  y  Minho.  La 
última  parte  de  este  centón  nada  tiene  que  ver  con  Gerinel- 
do,  y  A.  Garrett  pudo  haberlo  advertido  hasta  por  el  cambio 
de  metro.  En  el  Algarve  se  canta  como  romance  indepen- 
diente (E.  da  V.  pp.  123-133)  y  tiene  mucha  analogía  con  el 
de  Vergilios. 

Además  de  los  nombres  que  ya  hemos  consignado,  recibe 
el  famoso  héroe  de  estos  romances,  en  el  Alemtejo,  el  de  6re- 
neraldo,  y  en  la  Beira  el  de  EginaldOj  que  parece  el  más  pró- 
ximo al  del  historiógrafo  (supuesto  yerno)  de  Carlomagno, 
Eginardo,  á  cuyos  legendarios  amores  con  Emma,  hija  de 
aquel  emperador,  aluden  estos  romances,  según  opinión  co- 
múnmente aceptada  y  muy  verosímil,  aunque  no  libre  de 
dificultades. 

Todos  estos  romances  portugueses  coinciden  en  subs- 
tancia con  los  de  Asturias,  y  tienen  el  mismo  asonante  que 
ellos,  lo  cual  indica  su  origen  común  ó  más  bien  su  identidad 
primitiva.  Por  cierto  que  este  romance  es  uno  de  los  que  más 
abiertamente  contradicen  la  caprichosa  teoría  del  Conde  Ni- 
gra,  que  pretende  clasificar  los  romances  por  sus  asonancias, 
considerando  como  indígenas  los  que  tienen  terminaciones 
llanas  y  como  de  procedencia  extranjera  los  que  las  presen- 
tan agudas.  Los  romances  de  Gerineldo,  á  pesar  de  su  indu- 
dable origen  transpirenaico,  tienen  asonantes  paroxítonos;  y 
por  el  contrario,  muchos  romances  históricos,  de  cuyo  carác- 
ter nacional  y  exclusivamente  castellano  no  duda  nadie,  es- 
tán compuestos  en  asonantes  oxítonos.  Nada  más  fácil,  pero 
nada  tampoco  más  arriesgado  que  teorizar  en  materias  de 
poesía  popular,  más  sujetas  á  incertidumbre  que  ninguna 
otra  materia  literaria. 

La  versión  publicada  por  Almeida-Garrett  difiere,  en  mu- 
chos pormenores  y  amplificaciones,  de  todas  las  demás  cono- 
cidas, pero  ya  hemos  indicado  la  poca  fe  que  merece.  En 
cuanto  á  los  demás  textos  portugueses,  asturianos,  andalu- 
ces, etc.,  las  leves  diferencias  que  entre  ellos  hay  se  explican 


38 


LÍRICOS  GASTELLAINOS 


no  solamente  por  el  natural  proceso  de  la  poesía  popular,  sino 
por  el  cruzamiento  con  los  romances  análogos  del  Conde  Cla- 
ros (1)  y  aun  con  otros  de  diverso  argumento.  Algunos  con- 
tienen rasgos  epigramáticos  que  parecen  indicio  de  una  tra- 
dición menos  pura. 

El  romance  de  Gerineldo,  como  otros  muchos  romances 
castellanos,  pasó  no  solamente  á  Portugal,  sino  á  Cataluña, 
donde  todavía  se  canta  en  castellano,  más  ó  menos  estropea- 
do. Más  adelante  reproduciremos  los  fragmentos  de  dos  ver- 
siones dadas  á  conocer  por  Milá  (núm.  269  del  Romancerillo)^ 
el  cual  habla  también  de  una  tercera  versión  más  catalaniza- 
da,  pero  no  la  inserta.  Es  muy  dudoso  que  exista  ninguna 
enteramente  catalana.  La  que  trae  Aguiló  (núm.  XXV),  ha 
de  tomarse  á  beneficio  de  inventario,  pues  tiene  todas  las 
trazas  de  ser  composición  artística  del  mismo  Aguiló  sobre 
el  tema  tradicional.  Él  mismo  la  marca  con  el  asterisco  que 
emplea  en  todas  las  canciones  de  indudable  origen  castella- 
no, de  las  cuales  dice  que  «fueron  traduciéndose  por  sí  mis- 
mas». 


6. 

El  Conde  del  ülol. 

Grandes  guerras  se  publican — entre  España  y  Portugal, 
y  nombran  á  Gerineldo — por  capitán  general. 
—Adiós,  la  Infantina,  adiós; — voime  fortuna  á  buscar; 
si  á  los  siete  años  no  vuelvo,— con  otro  podéis  casar. 
Los  siete  años  han  pasado, — Gerineldo  sin  llegar. 

(1)  T.  Braga  cita  también,  sin  indicación  de  aüo  ni  de  lugar,  un  libro 
en  prosa  donde  se  encuentra  relatada  la  historia  de  Grerineldo  :  Hora  de 
recreyo  ñas  ferias  de  maiores  estudos  a  oppressdo  de  maiores  cuidados-  A 
iuzgar  por  el  título,  debe  de  ser  alguna  colección  de  cuentos  de  fines  del 
siglo  xvii  ó  principios  del  xviii- 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  39 

Vistióse  de  romerilla — y  comenzóle  á  buscar. 

Siete  reinos  ha  corrido, — sin  que  lo  pudiese  hallar: 

en  el  medio  del  camino — encontróse  un  rabadán. 

— Vaquerito,  vaquerito, — por  la  Santa  Eternidad; 

¿de  quién  son  esos  ganados— con  tanto  hierro  y  collar? 

— De  Gerineldo,  señora,— que  se  está  para  casar. 

]Cayó  en  suelo  desmayada — las  nuevas  al  escuchar! 

— Buen  dinero  te  daré — si  me  llevas  donde  está. 

Cogiérala  por  la  mano; — llevóla  hasta  su  portal. 

Ella  pide  una  limosna; — Gerineldo  se  la  dá.  ^ 

— Romerita,  romerita, — si  hacia  Francia  camináis, 

diréis  á  la  Princesina — que  ya  se  puede  casar. 

— No  está  en  Francia,  Gerineldo, — que  delante  de  tí  está. 

— Romera,  ¿eres  demonio— que  me  vienes  á  tentar?  (1) 

— Gerineldo,  no  lo  soy; — que  soy  tu  esposa  leal. 

Las  bodas  y  los  torneos— por  Doña  Elvira  serán; 

la  Princesa  en  un  convento — su  vida  rematará. 

— Non  será  así,  Princesina; — contigo  quiero  casar. 

Ya  mandan  á  los  criados — los  coches  aparejar; 

desque  aparejados  fueron — ya  se  parten,  ya  se  van, 

para  celebrar  las  bodas— en  Francia  la  natural. 


Aunque  en  esta  variante  asturiana  (que  por  cierto  es  de 
las  más  abreviadas)  se  da  al  protagonista  el  nombre  de  Ge- 
rineldo, hemos  puesto  sin  vacilar  el  tituló  de  El  Conde  del  Sol, 
que  es  con  el  que  más  generalmente  se  conoce  este  romance, 
muy  divulgado  en  varias  partes  de  España,  especialmente  en 
Andalucía.  Ya  Durán  y  Wolf  (núm.  135  de  la  Primavera)  die- 
ron á  conocer  una  excelente  versión  de  este  origen,  y  otras 

(1)   Otras  variantes  dicen  : 

—Gerineldo,  Gerineldo,— una  limosna  dame, 
Mete  mano  en  el  su  bolso— y  dos  maravedís  dale. 
—Gerineldo,  Gerineldo,— ¡qué  poca  limosna  faces, 
parala  que  en  mi  palacio— antaño  solías  daré! 
—Pelegrina  ¿eres  el  diablo— que  me  vienes  á  tentare?  etc. 


40 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


añadiremos  en  su  lugar  respectivo.  El  trueque  del  Conde  del 
Sol  por  Gerineldo  es  capricho  de  algún  juglar  y  ejemplo  curio- 
so de  contaminación  ó  de  soldadura  de  un  romance  con  otro> 
Uno  de  los  romances  portugueses  más  populares,  tanto  en 
el  continente  como  en  las  islas,  el  de  D,  Martin  de  Azevedo 
ó  de  la  doncella  que  va  á  la  gueri^,  del  cual  se  han  publica- 
do ocho  ó  diez  versiones  por  lo  menos,  tiene  en  casi  todas- 
ellas  idéntico  principio  que  este  romance  castellano  : 

Hoje  se  apregoam  guerras 
entre  Franca  e  Aragao... 

Pero  la  semejanza  se  reduce  á  estos  primeros  versos^ 
siendo  el  asunto  completamente  distinto.  Hasta  ahora  nues- 
tro Conde  del  Sol  no  ha  aparecido  en  la  tradición  portuguesa^ 
y,  por  el  contrario,  el  romance  portugués  no  se  encuentra  en 
nuestras  colecciones  antiguas.  Y  sin  embargo,  no  puede  du- 
darse que  es  de  origen  castellano,  como  ya  lo  reconoció  leal- 
mente  Almeida  Garrett.  En  el  siglo  xvi  todavía  los  portugue- 
ses cantaban  este  romance  en  nuestra  lengua,  según  testimo- 
nio de  Jorge  Ferreira  de  Vasconcellos  én  su  Comedia  Aule- 
graphia : 

Pregonadas  son  las  guerras 
de  Francia  contra  Aragón... 
¿Cómo  las  haría  triste, 
viejo,  cano  y  pecador... 

Versos  que  conforman  admirablemente  con  estos,  de  una 
de  las  variantes  de  la  isla  de  la  Madera : 

Hoje  s' apregoam  guerras 
de  Franca  contra  Aragáo. 
jCuitado  de  mim!  Son  velho; 
guerras  ja  p'ra  mi  na  sao... 

Los  romances  castellanos,  al  difundirse  en  Portugal  y  en 
Cataluña,  se  fueron  traduciendo  por  sí  mismos;  pero  la  sepa- 
ración política  fatalmente  consumada  en  el  siglo  xvii  hizo 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  41 

que  este  proceso  de  traducción  avanzase  más  en  portugués 
que  en  catalán,  donde  todavía  los  romances  aparecen  en  una 
forma  mestiza. 

Tal  acontece  con  las  dos  canciones  que  Milá  tituló  La  boda 
interrumpida  y  La  niña  guerrera  (núms.  244  y  245  del  Román- 
cerillo).  En  su  lugar  las  transcribiremos,  bastando  advertir 
ahora  que  la  primera  corresponde  al  Conde  del  Sol,  de  la  tra- 
dición asturiana  y  andaluza,  si  bien  cambiando  el  nombre  en 
Conde  de  Burgos  y  Conde  Don  Biieso,  así  como  en  otras  ver- 
siones todavía  más  degeneradas  se  le  llama  Don  Lombardo 
Ramírez,  Don  Llamhago,  Conde  Elrico,  Conde  de  Berjulita,  et- 
cétera. 

La  segunda  canción,  también  mixta  de  castellano  y  cata- 
lán, es  el  D.  Martin  portugués,  trocado  su  nombre  en  Don 
Marcos.  Aguiló,  según  su  costumbre,  formula  ambos  roman- 
ces en  muy  buen  catalán  (núms.  XIII  y  XXII),  y  ni  siquiera 
les  pone  el  asterisco  que  debían  tener;  pero  es  muy  dudoso 
que  ni  uno  ni  otro  existan  en  tal  estado. 

Por  lo  demás,  ni  una  ni  otra  canción  son  indígenas  de  la 
Península,  sino  que  pertenecen  al  fondo  común  de  la  poesía 
popular  de  Europa.  Y  limitándonos  por  ahora  á  la  del  Conde 
del  Sol,  es  patente  su  analogía  con  la  canción  piamontesa  Mo- 
ran d'Inghilterra,  de  la  cual  ha  publicado  Nigra  dos  versio- 
nes (1)  y  Ferraro  otra  con  el  título  de  Morando j  recogida  en 
Monferrato  (2).  Situaciones  análogas  se  encuentran  en  can- 
tos populares  del  país  de  Metz,  del  Franco-Condado  y  de 
otras  provincias  francesas,  citados  por  Puymaigre  (3),  y  to- 
davía más  en  la  balada  anglo-escocesa  Susan  Pye  ó  Young 
Beichan,  que  puede  leerse  extractada  en  las  notas  del  Sr.  Me- 
néndez  Pidal  á  su  Romancero.  El  Conde  Nigra,  insigne  reco- 

(1)  Canti  popolari  del  Piemonte  pubhlicati  da  Constantino  Nigra.  To- 
rino.  1888,  pp.  263-266. 

(2)  Canti  Monferrini,  raccolti  ed  annotati  dal  Dr.  Giusseppe  Ferra- 
ro. Torino-Fiianze,  1870,  pp.  42-44. 

(3)  Chanta  populaires  du  Pays  Messin,  p-  33,  y  Petit  Romance- 
ro, p.  129. 


42 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


pilador  de  los  cantos  piamonteses,  que  fué  el  primero  en  ad- 
vertir esta  analogía,  se  inclina  á  creer  que  la  balada  inglesa 
está  fundada  en  la  leyenda  de  Gilberto  Becket,  padre  de  San- 
to Tomás  Cantuariense  (1).  Admitido  este  fundamento  histó- 
rico, puede  conjeturarse  que  la  balada  inglesa  pasó  á  Fran- 
cia, y  que  desde  Francia  transmigró  á  España  y  á  la  alta  Ita- 
lia, siendo  indicio  de  su  remoto  origen  el  nombre  de  Inglate- 
rra que  todavía  se  conserva  en  el  canto  piamontés. 

Creo  superfino  hacer  notar  que  el  argumento  de  este  ro- 
mance es  precisamente  inverso  ai  del  Conde  Birlos  (núme- 
ro 164  de  la  Primavera), 


— Galanzuca,  Galanzuca, — hija  del  Eey  tan  galán, 
iquién  te  me  diera  tres  horas, — tres  horas  á  mi  mandarl 
te  besara  y  te  abrazara— y  no  te  hiciera  otro  mal. 
— Carlos,  eres  muy  ligero  (2);— de  mi  te  vas  a  alabar. 
— Non  lo  quiera  Dios  del  cielo, — nin  su  Madre  lo  querrá; 
que  mujer  con  quien  yo  holgara — della  me  vaya  á  alabar. — 
Á  otro  día  de  mañana—  al  campo  se  fué  á  alabar. 
— Dormí  con  la  mejor  moza — que  había  en  este  lugar. — 
Míranse  unas  para  otras, — ¿quién  será?  ¿Quién  no  será? 
iSi  será  la  Galanzuca — hija  del  Eey  tan  galán! 

(1)  El  erudito  Child,  á  quien  se  debe  la  admirable  colección  que  lleva 
por  título  The  english  and  scottisch  popular  ballads  (Boston,  1882-1886), 
opina  que  la  balada  es  todavía  más  antigua  que  la  leyenda,  y,  por  consi- 
guiente, anterior  al  siglo  xiv.  Trae  ds  ella  catorce  lecciones  diversas.  (ÍI, 
454.) 

(2)  Esta  palabra  que  en  tal  sentido  no  parece  muy  popular,  quizá  ha 
sido  sustituida  por  el  colector  de  estos  romances,  pudoris  causa,  en  vez 
de  alguna  más  expresiva  que  habría  en  el  canto  popular. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 

Su  padre  desde  un  balcón— escuchando  todo  está. 
— Pues  si  con  ella  has  dormido — con  ella  te  has  de  casar 
y  si  non  casas  con  ella, — pronto  la  mando  quemar. 
—Tanto  me  dá  que  la  queme, — nin  la  deje  de  quemar; 
que  mujeres  en  el  mundo — para  mi  no  han  de  faltar. 
Si  non  lo  tienen  de  guapas,— lo  tendrán  de  habilidad. — 
Siete  criados  tenía, — leña  les  nxandó  apañar 
para  quemar  Galanzuca— hija  del  Key  tan  galán. 
Allí  pasó  un  pajecillo — que  ya  le  comiera  el  pan. 
— Escríbalo,  Galanzuca, — á  Carlos  de  Montalvan. 
— Escribir  sí  lo  escribiera; — ¿pero  quién  lo  va  á  llevar? 
— Escríbalo,  Galanzuca, — que  yo  se  lo  iré  á  llevar. — 
Cuando  vá  cuestas  arriba — non  se  le  puede  mirar; 
cuando  vá  cuestas  abajo— corre  com'  un  gavilán. 
—Aquí  le  traigo  Don  Carlos— tres  letras  de  mal  pesar: 
escríbelas  Galanzuca — que  la  diban  á  quemar. 
Confesó  con  siete  curas — ninguno  dijo  verdad. — 
Quitó  su  traje  d^  seda, — se  vistió  de  padre  Abad; 
arreó  el  caballo  blanco, — también  ensilló  el  rúan. 
Jornada  de  cuatro  días — en  uno  la  fuera  andar. 


— Confiese,  Padre,  confiese;— que  Dios  se  lo  pagará. 
— Si  tuvo  que  ver  con  hombres — casados  ó  por  casar. 
— Non  tuve  que  ver  con  hombres— casados  nin  por  casar 
si  non  han  sido  tres  horas— con  Carlos  de  Montalvan; 
una  ha  sido  de  mi  gusto— las  otras  de  mi  pesar.— 
Cogiérala  entre  sus  brazos — pusiérala  en  el  rúan. 
— Ahora  con  esa  leña— con  ella  quemar  un  can. 
En.  quemando  bien  los  huesos,— al  Rey  idlos  presentar; 
que  Galanzuca  es  mi  esposa— y  yo  la  voy  á  llevar. 
— Llévela  el  Don  Carlos,  lleve;— Dios  se  la  deje  lograr; 
mas  quiero  que  se  la  lleve— que  non  verla  aquí  quemar. 


44 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


8, 

Oalaneina. 

— Galancina,  Galancina, — hija  del  Conde  galán, 
¡quién  me  dejara  contigo — tres  noches  á  mi  mandarl 
te  abrazara  y  te  besara— y  non  t'  hiciera  otro  mal. 
— Carlos,  eres  muy  ligero; — de  mi  te  vas  á  alabar... 
— Non  lo  quiera  Dios  del  cielo— nin  la  Virgen  del  Pilar, 
que  mujer  con  quien  yo  duerma— -della  me  fuera  á  alabar. — 
Á  otro  dia  de  mañana, — Don  Carlos  se  fué  á  alabar  : 
— Dormí  con  una  muchacha — la  mejor  de  la  ciudá. — 
Dícense  unos  para  otros:— «¿Quién  será,  quién  no  será?» 
— Es  Galancina,  señores,— hija  del  Conde  galán. — 
Su  padre  desque  lo  supo, — mandárala  prisionar. 
Caballeros  de  su  casa — la  diban  á  visitar. 
— ¿No  hay  quien  le  lleve  la  nueva  — á  Carlos  de  Montalvan  (1): 
no  hay  quien  le  lleve  la  nueva — que  á  su  amor  le  van  quemar? — 
Allí  hablara  un  pajecico — tal  respuesta  le  fué  á  dar: 
— Escríbele,  Galancina,— que  yo  se  la  iré  á  llevar. — 
Las  cartas  ya  son  escritas,— el  paje  las  vá  á  llevar. 
Jornada  de  quince  dias — en  ocho  la  fuera  andar; 
que  por  las  cuestas  arriba — corre  como  un  gavilán, 
y  por  las  cuestas  abajo — no  le  pueden  divisar. 
Ha  Uegado^U  los  palacios — á  donde  el  buen  Conde  está. 
— Asómate  ahi,  Don  Carlos— si  te  quieres  asomar. 
Tráigole  malas  razones — que  á  su  amor  le  van  quemar. 
— Si  lo  dijeras  de  burla, — mandárate  prisionar; 
si  lo  dijeras  de  veras — yo  te  diera  de  almorzar. 
—Coja  la  carta  en  la  mano — y  ella  dirá  la  verdad. — 
Ya  se  partía  Don  Carlos; — ya  se  parte,  ya  se  vá. 
Jornada  de  quince  dias — en  ocho  la  fuera  andar. 
Fuese  para  un  monasterio — donde  los  frailes  están; 

(1)  En  ana  variante  de  Ribadesella  Don  Carlos  de  Montealbar. 


ROMANCES  TRADICrONALES  DE  ASTURIAS  45 

quitóse  hábitos  de  seda,— vistióse  hábitos  de  fraile, 
y  llegóse  á  las  prisiones — donde  Galancina  está. 
Cuando  Don  Carlos  llegaba — ya  la  diban  á  quemar. 
— Quítense  de  ahí,  señores,— que  la  quiero  confesar. 
Dime,  Galancina,  dime;— dime  por  Dios  la  verdad  : 
mira  que  van  á  matarte— y  te  vengo  á  confesar; 
y  en  tanto  que  te  confieso, — un  abrazo  me  has  de  dár. 
— Apártese  allá  el  traidor, — que  á  mi  non  ha  de  llegar; 
que  tengo  hecho  juramento— á  la  virgen  del  Pilar, 
de  no  abrazar  otro  hombre — ni  otro  hombre  besar 
si  no  fuera  ese  buen  Conde — Don  Carlos  de  Montalvan. 
— Pues  mírale,  Galancina, — que  delante  de  tí  está. — 
Bien  pronto  lo  conociera — desde  aquella  oscuridá; 
y  del  placer  que  sentía — mucho  comenzó  á  llorar. 
Tomóla  el  Conde  en  sus  brazos — tercióla  en  el  suo  rúan. 
Siete  guardias  dejó  muertos — por  las  puertas  al  pasar; 
y  en  aquellos  campos  verdes— ¡quién  los  vía  galopari 


Pertenecen  estos  romances  al  ciclo  carolingio  del  Conde 
Claros  de  Montalbán,  cuyo  nombre  ha  transmutado  el  vul- 
go asturiano  y  portugués  en  Don  Carlos  de  Montalbán  y  Don 
Carlos  de  Montealbar.  Reservando  para  su  lugar  propio  el  es- 
tudio de  esta  leyenda,  muy  análoga  á  la  de  Gerineldo,  y  qui- 
zá de  idéntico  origen,  basta  indicar  desde  luego  la  compara- 
ción con  el  núm.  191  de  la  Primavera,  qiie  es  de  las  antiguas 
versiones  castellanas  la  de  carácter  más  popular  y  la  que  me- 
nos se  separa  del  dato  tradicional  en  Asturias. 

Pero  son  mucho  más  análogas  las  lecciones  portuguesas, 
que  en  gran  número  se  han  recogido.  Conozco  las  siguientes: 

a  )  DoM  Claros  d'Alem-mar.  Texto  publicado  por  Almeida 
Garrett.  (II,  189-208.) 

b  )  Dom  Carlos  de  Montealbar  (la  heroína  se  llama  Silva- 
na :  no  es  el  Conde  quien  se  jacta  de  su  aventura,  sino  que 
ésta  llega  á  oídos  del  Rey  por  la  delación  de  un  paje).  Ver- 


46 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


fíión  de  Porto  y  Beira  Alta,  publicada  por  T.  Braga.  [Roman- 
ceiro,  pp.  79-83.) 

c )  Dona  Lisarda.  Variante  de  la  Beira  Baja  (se  habla  en 
ella,  como  en  casi  todas  las  restantes,  de  la  jactancia  del  Con- 
de). Apud  Braga,  pp.  83-86.  Se  advierte  en  este  romance  la 
fusión  con  el  de  Albaninna. 

d )  Dona  Averia.  Variante  de  Coimbra.  El  principio  co- 
rresponde al  romance  asturiano  de  Doña  Ausenda,  que  vere- 
mos después.  {Rom.  de  Braga,  87-89.) 

e  )  Claralinda.  Versión  de  la  isla  de  San  Jorge  ( Azo- 
res, pp.  243-246).  El  nombre  del  protaganista  aparece  cam- 
biado en  Juan  de  Gibraltar. 

/)  Dom  Carlos  de  Montealvar.  Variante  de  Ribeira  de 
Areias.  (Azores,  246-249.) 

g  )  Las  seis  variantes  descubiertas  en  la  isla  de  la  Made- 
ra (79-99),  en  una  de  las  cuales  se  confunde  al  Conde  Claros 
con  el  Conde  Alarcos,  no  son  de  la  familia  de  las  anteriores, 
sino  que  hacen  juego  con  el  núm.  190  de  la  Primavera. 

h  )  Dos  lecciones  de  Celorico  de  Basto  y  de  Peñafiel,  pu- 
blicadas por  Carolina  Michaelis  de  Vasconcellos  en  el  Zeit- 
schrift  fur  romanische  Philologie. 

i )  Tres  versiones  del  Brasil,  publicadas  por  el  Dr.  Silvio 
Eomero  (I,  pp.  13-19),  En  la  tercera  de  ellas,  procedente  de 
Sergipe,  la  Princesa  se  llama  Doña  Blanca  y  el  Conde  Don 
Duarte  de  Montealbar. 

No  menos  divulgado  que  en  las  regiones  portuguesas  está 
en  Cataluña  el  presente  romance,  de  indudable  procedencia 
castellana,  como  lo  prueba  la  jerga  híbrida  en  que  se  canta. 
Lleva  el  título  de  La  Infanta  seducida  en  el  Romancerillo  de 
Milá  (núm.  258),  que  reunió  hasta  doce  versiones.  Aguiló,  se- 
gún su  costumbre,  trae  una  sola  (núm.  32),  enteramente  ca- 
talanizada  por  un  procedimiento  artificial. 


ROMANCES  TRADICrONALES  DE  ASTURIAS 


47 


9. 

Xenderlna. 

Por  los  palacios  del  Rey— Duques,  Condes  van  entrándo  : 
allí  entrara  un  Conde  viejo— con  un  hijo  por  la  mano. 
Detrás  del  altar  mayor — Tenderina  le  ha  llamado 
— ¡Válgame  Dios,  muchachuelol— Si  fueras  de  ventiun  años, 
comieras  conmigo  en  mesa — y  durmieras  á  mi  lado. 
— Para  eso,  mi  señora, — ya  estoy  bastante  criado... 
Calla,  calla,  muchachuelo— que  te  has  de  alabar  n'  el  campo. 
— De  mujer  que  me  dió  el  cuerpo — nunca  d'  eso  yo  me  alabo. — 
Á  otro  dia  de  mañana— se  fué  á  alabar  en  el  campo. 
. — Esta  noche  dormí  en  cama — un  sueño  muy  regalado, 
que  dormí  con  Tenderina— del  Conde  Zaragozano. 
—  Calla,  calla,  muchachuelo; — cállate,  mal  educado... 
Si  dormiste  con  mujer — con  ella  serás  casado. 
— Con  esta  espada  me  maten,— con  esta  que  al  lado  traigo, 
si  mujer  que  me  dió  el  cuerpo — nunca  con  ella  me  caso. 


Es  patente  la  afinidad  del  breve  romance  de  Tenderina  con 
los  de  Gerineldo  y  con  los  de  Galanzuca  y  Galancina  (1)  6 
sea  con  los  del  Conde  Claros. 

Almeida  Garrett,  que  encontró  en  Tras-os-Montes  una  for- 
ma de  este  romance,  á  la  cual  dió  el  título  de  Albaninha 
(Rom.  III,  14-17),  dice  que  no  se  halla  rastro  de  él  en  las  co- 
lecciones castellanas.  Existe,  sin  embargo,  no  sólo  en  la  tra- 
dición popular,  sino  también  en  tres  lecciones  del  siglo  xvr 
con  los  títulos  de  Gallarda  y  Aliarda  (núms.  138  y  139  de  1 
Primavera).  Tiene  también  analogía  con  el  romance  histórica 

(1)  El  uso  frecuente  de  estos  diminutivos  familiares  y  mimosos  es  uno 
de  los  pocos  rasgos  de  asturianismo  que  pueden  encontrarse  en  estos  ro- 
mances. 


48 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


«Alabóse  el  Conde  Vélez»  (núm.  12  del  apéndice  á  la  Prima- 
vera), 

La  versión  portuguesa  es  más  completa  y  dramática  que 
la  asturiana,  pues  comprende  no  sólo  la  jactancia  del  galán, 
sino  la  venganza  de  los  hermanos  de  Albaninha,  que  también 
se  indica  en  una  de  las  variantes  castellanas  antiguas  (Pn- 
mavera,  139). 


10. 

Bernaldo  del  Carpió»  —  I 

Ibase  por  un  camino — el  valiente  Don  Bernaldo; 
todo  vestido  de  luto,  —negro  también  el  caballo  : 
por  los  cascos  echa  sangre, — y  sangre  por  el  bocado. 
Oon  la  prisa  que  traía — atrás  deja  los  criados. 
Viéralo  pasar  su  tío,— y  á  un  mesón  fuera  alcanzarlo. 
— Don  Bernaldo,  ¿dónde  vás, — que  así  vienes  preparado 
€on  una  espada  en  la  mano— y  otra  en  el  cinto  colgando? 
— Voy  libertar  á  mi  padre, — que  dicen  que  van  á  ahorcarlo. 
— Don  Bernaldo  sube,  sube; — tomaremos  un  bocado. 
— Maldita  la  cosa  quiero — hasta  verlo  libertado. — 
Entre  que  ambos  descansaban, — volvieron  ya  los  criados. 
Nadie  les  daba  razón — de  donde  estaba  su  amo, 
sinon  porque  conocieron—el  relincho  del  caballo. 
— ¿Don  Bernaldo  dónde  está? — Don  Bernaldo  está  ocupado, 
<3ue  está  comiendo  y  bebiendo— y  un  momento  descansando. 
— Dígale  que  se  dé  prisa, — que  á  su  padre  van  á  ahorcarlo, 
y  en  el  medio  de  la  plaza— hemos  visto  ya  el  tablado. — 
Oiñó  Bernaldo  la  espada — y  montóse  en  su  caballo: 
por  las  plazas  donde  pasa— las  piedras  quedan  temblando. 
Sus  ojos  echaban  fuego, — y  espuma  echaban  sus  labios  : 
por  donde  quiera  que  pasa — todos  se  quedan  mirando. 
Llegóse  al  medio  la  plaza, — y  apeóse  del  caballo; 
diera  un  puntapié  á  la  horca— y  en  el  suelo  la  ha  tirado; 


ROMANCES  TRADICIONALES   DE  ASTURIAS  49 


y  una  de  las  dos  espadas  — dióla  á  su  tío  Don  Basco  : 

— Tóme  esa  espada  mi  tío— rí jala  como  hombro  honrado; 

que  ninguno  de  mi  sangre— habrá  de  morir  ahorcado. 


11. 

Bernaldo  del  Carpió,  — II 

Preso  va  el  Conde,  preso, — preso  y  muy  bien  amarrado, 
por  encintar  una  niña — n'  el  camino  de  Santiago. 
Como  era  de  buena  gente  — gran  castigo  le  habían  dado; 
por  castigo  le  pusieron — que  habrá  de  morir  ahorcado. 
Cerráronlo  en  una  torre — tiénenlo  bien  custodiado; 
de  día  le  ponen  cien  hombres— y  de  noche  ciento  cuatro. 
— Si  estuviera  aquí  mi  primo, — el  mi  primo  Don  Bernaldo, 
no  temiera  los  cien  hombres— ni  tampoco  ciento  cuatro. — 
Inda  no  lo  hubiera  dicho, — cuando  viene  caminando; 
€n  el  medio  del  camino — el  buen  Rey  le  había  parado. 
— Suba,  suba,  Don  Bernaldo— vamos  á  jugar  un  rato.  [dado. 
—  Voy  ver  á  mi  primo  el  Conde, — que  está  en  la  cárcel  guar- 
— Si  supiera  que  es  tu  primo — yo  mandaría  soltarlo. — 
No  se  había  bien  sentado— á  la  puerta  dió  un  muchacho. 
— Baje,  baje  Don  Bernaldo,— que  van  á  ahorcar  á  su  herma- 
y  en  el  medio  de  la  plaza — he  visto  el  tablero  armado. —  [no, 
Tiró  Don  Bernaldo  el  naipe,— y  al  buen  Rey  se  lo  ha  tirado. 
— Don  Bernaldo  poco  á  poco; — que  en  la  corona  me  ha  dado. 
— No  se  me  da  por  ^1  Rey — si  en  la  corona  le  he  dado. — 
Cien  pasos  hay  de  escalones — de  un  salto  los  ha  bajado: 
sin  poner  pie  en  el  estribo — de  un  salto  montó  á  caballo; 
le  dió  un  puntapié  á  la  horca — y  la  hizo  mil  pedazos; 
dió  una  estocada  al  verdugo— la  cabeza  le  ha  cortado. 


Tomo  X 


50 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


12. 

*  Bernaldo  del  Carpió.  —  m  (1). 

Al  conde  le  llevan  preso,— al  conde  Miguel  del  Prado? 
no  le  llevan  por  ladrón,— tampoco  porque  ha  matado; 
le  llevan  porque  forzó — en  el  camino  de  Santiago 
una  niña  muy  hermosa, — cogiérala  sin  reparo. 
Era  sobrina  del  rey — y  nieta  del  Padre  Santo  : 
Por  eso  le  llevan  preso — al  conde  Miguel  del  Prado. 
Sin  tener  apelación — á  muerte  le  sentenciaron. 
Guárdanle  de  día  cien  hombres  —y  de  noche  ciento  y  cuatro. 
— Si  estuviese  aquí  mi  primo,— el  mi  primo  Don  Bernardo, 
no  temiera  yo  cien  hombres, — ni  tampoco  ciento  y  cuatro. — 
Bernardo  estaba  en  el  juego — y  á  la  puerta  le  llamaron; 
al  más  apurar  del  juego— salió  muy  bien  preparado 
con  una  espada  en  el  cinto— y  otra  desnuda  en  la  mano; 
y  del  brinco  que  pegó — doce  pasos  ha  salvado, 
poniendo  el  pie  en  el  estribo— ligero  montó  á  caballo. 
Marchó  por  la  calle  arriba, — al  rey  Alfonso  ha  topado  : 
— ¿A  dónde  vas,  caballero,—  á  dónde  vas,  Don  Bernardo? 
— A  libertar  á  mi  primo — que  ya  le  estarán  ahorcando. 
— Porque  es  un  primo  tuyo— yo  mandaré  libertarlo, 
— No  quiero  empeño  del  rey — ni  de  ningún  soberano; 
quiero  defenderle  yo — con  la  fuerza  de  mi  brazo. — 
Cuando  llegara  á  la  horca, — le  estaban  ya  predicando. 
Diera  un  puntapié  á  la  horca — la  hizo  dos  mil  pedazos, 
y  al  verdugo  en  la  cabeza— que  pronto  marchó  rodando. 
— Toma  la  espada,  mi  primo,— deféndete» por  tu  mano; 
no  quiero  que  de  mi  sangre— ninguno  muera  ahorcado. 


Precioso  cuanto  inesperado  hallazgo  para  adicionar  el  ge- 
nuino y  épico  romancero  castellano  ha  sido  el  de  estas  tre» 

(1)  Recitado  por  doña  Norberta  Rivalla,  natural  de  Bones  (Ribadesella.V 
Oviedo,  1886. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  51 

canciones,  que  conservan  rastros  de  una  forma  muy  primiti- 
va de  la  gesta  de  Bernardo.  Nos  haremos  cargo  de  ellas  al  es- 
tudiar detenidamente,  en  el  próximo  volumen,  las  vicisitudes 
de  esta  famosa  leyenda. 

El  docto  y  afortunado  colector  de  estos  fragmentos  (uno 
de  los  cuales  se  imprime  hoy  por  primera  vez)  hizo  notar  ya 
la  analogía  que  en  su  fondo  tienen  con  el  segundo  de  los  ro- 
mances del  Conde  Grifos  Lombardo,  que  comienza  «En 
aquellas  pefías  pardas*  {Primav.  137),  y  también  con  los  por- 
tugueses que  llevan  por  títiílo  :  : 

a  )  JusÜQa  de  Deus  ( Almeida  Garrett,  II,  285-294).  Confun- 
dió y  mezcló,  según  su  costumbre,  dos  distintas  versiones. 

h  )  Rorhance  do  Conde  Preso  (versión  de  Tras-os-Montes, 
en  el  Rom,  de  T.  Braga,  60^62). 

c )  Dom  Garfos.  Versión  de  la  Beira  Baja.  (En  T.  Braga, 
62-64.) 

d )  Justiga  de  Deus.  Versión  de  la  Beira  Alta.  (En  T.  Bra- 
ga, 65.67.) 

Aunque  estos  romances  están  amplificados  con  circuns- 
tancias novelescas,  en  todos  se  reconoce  la  degeneración  del 
tipo  épico,  la  cual  puede  estudiarse  en  otros  muchos  roman- 
ces de  los  que  hoy  parecen  novelescos;  por  ejemplo,  en  el 
núm.  136  bis  de  la  Primavera,  cuyo  protagonista  es  tam- 
bién el  Conde  Grifos  Lombardo,  pero  en  el  cual  se  perciben 
ciertos  vestigios  de  la  historia  que  la  Crónica  General  cuen- 
ta acerca  del  Conde  Garci  Fernández  « el  de  las  fermosas 
manos». 


13. 

Ija  peregrina* 

En  la  ciudad  de  León — (Dios  me  asista  y  non  me  falte) 
vive  una  fermosa  niña — fermosa  de  lindo  talle  (1). 


(1) 


En  las  Cortes  de  León— donde  está  la  xente  grande 


52 


LÍftIGOS  CASTELLANOS 


El  Rey  namoróse  della— y  de  su  belleza  grande  : 

aun  non  tiene  quince  años— casarla  quieren  sus  padres. 

El  Rey  le  prende  el  marido—  que  quiere  della  vengarse : 

ella  por  furtarse  al  Rey,— metióse  monja  del  Carmen. 

Allí  estuvo  siete  años — á  su  placer  y  donaire : 

desde  los  siete  á  los  ocho— á  Dios  le  plogo  llevarle. 

Por  los  palacios  del  Rey, — pelegrina  va  una  tarde, 

con  su  esclavina  ahujerada — sus  blancos  hombros  al  aire. 

Lleva  su  pelo  tendido : — parece  el  sol  como  sale. 

— ¿Donde  vienes,  pelegrina — por  mis  palacios  reales?... 

— Vengo  de  Santiago,  el  Rey,— de  Santiago  que  vos  guarde, ' 

y  muchas  más  romerías... — ¡plantas  de  mis  pies  lo  sabeni 

Licencia  traigo  de  Dios: — mi  marido  luego  dadme. 

• — Pues  si  la  traes  de  Dios— escuso  más  preguntarte. 

Sube,  sube,  carcelero, — apriesa  trae  las  llaves 

y  las  hachas  encendidas, — para  alumbrar  este  ángel. 


— Dios  vos  guarde  Condesillo, — farto  de  prisiones  tales,  [tes, 
— Dios  vos  guarde,  la  Condesa — porque  siempre  me  guardas- 
Non  pienses  que  vengo  viva;— que  vengo  muerta  á  soltarte. 
Tres  horas  tienes  de  vida; — una  ya  la  escomenzastes. 
Tres  sillas  tengo  en  el  cielo: — una  es  para  tú  sentarte  (1), 
otra  para  el  Señor  Rey — por  esta  merced  que  face  (2). 
A  Dios,  á  Dios  que  me  voy;— ya  non  puedo  más  fablarte; 
que  las  horas  deste  mundo  —son  como  soplo  de  aire. 

vivía  una  hermosa  niña— de  condición  y  linaje. 

Aun  non  tiene  quince  años— casarla  quieren  sus  padres  : 

pidenla  Duques  y  Condes- pa  con  ella  maridarse,  etc. 

Así  comienza  la  versión  que  de  este  romance  hemos  recogido  en  las 
montañas  de  Gfrado.  Aunque  poco  distinto  del  que  publicamos,  cosecha- 
do por  Amador  de  los  Ríos  en  Luarca  por  los  años  del  50  al  t)0,  preferi- 
mos éste  como  texto,  por  estar  íntegro  y  aquél  no;  sin  perjuicio  de  apun- 
tar alguna  variante  que  no  debe  ser  relegada  al  olvido.  (Nota  del  Sr.  Me- 
néndez  Pidal.) 

(1)  Otra  será  para  mí— pues  mi  alma  de  penas  sale. 

(2)  Estando  'n  estas  razones— oyera  el  gallo  cantare. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  53 

Aunque  Amador  de  los  Eíos  clasificó  este  romance  entre 
los  religiosos,  es  realmente  histórico,  y  pertenece  al  ciclo  de 
Fernán  González.  Es  el  único  que  nos  conserva  un  recuerdo 
lejano  de  la  prisión  del  Conde  de  Castilla,  en  León,  y  de 
su  libertad,  lograda  por  industria  de  la  Condesa  Doña  San- 
cha, su  mujer;  tal  como  en  la  Crónica  general  se  refiere.  Ha 
sido  admirablemente  estudiado  por  D.  Ramón  Menéndez  Pi- 
dal  en  su  monografía  sobre  todos  los  romances  de  aquel  ciclo 
(Homenaje  áM.y  P.,  1899, 1. 1,  pp.  463-465).  Advierte  este  crí- 
tico sagacísimo  que  «los  versos  1  á  8  forman  un  fragmento  in- 
dependiente del  texto,  y  deben  eliminarse,  pues  ni  el  marido 
aprisionado  de  que  en  ellos  se  habla  es  un  Conde,  como  des- 
pués se  le  llama,  ni  se  dice  que  la  mujer  muriese,  como  luego 
se  infiere  del  verso  21,  ni  el  tono  de  este  primer  fragmento  es 
semejante  al  del  segundo  :  es  vulgar  y  prosaico,  mientras  el 
del  siguiente  tiene  mucho  más  encanto  en  sus  descripciones 
y  en  sus  diálogos...  En  lo  que  el  romance  asturiano  reñeja  otro 
más  antiguo,  de  origen  épico,  es  sólo  en  los  doce  versos  en 
que  refiere  la  llegada  de  la  Condesa  á  los  palacios  del  Rey, 
diciéndose  peregrina  de  Santiago,  su  subida  á  la  cárcel  del 
Conde  y  los  saludos  que  marido  y  mujer  cambian  entre  sí». 


14. 

El  aguinaldo. 

Mañanita  de  los  Reyes, — la  primer  fiesta  del  año, 
cuando  damas  y  doncellas — al  Rey  piden  aguinaldo; 
unas  le  pedían  seda, — otras  el  fino  brocado; 
otras  le  piden  mercedes— para  sus  enamorados. 
Doña  María,  entre  todas,—  viene  á  pedirle  llorando, 
la  cabeza  del  Maestre — del  Maestre  de  Santiago. 
El  Rey  se  la  concediera;  —y  al  buen  Maestre  ha  llamado. 
Salen  criados  y  pajes,— cuando  el  Maestre  es  entrado: 


54 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Bien  venidos  caballeros — Maestre,  mal  soes  llegado, 
ca  en  tal  día  su  cabeza — mandada  está  en  aguinaldo. 
—  Quien  mi  cabeza  mandara, — ponga  la  suya  á  recabdo; 
que  cabezas  de  maestres — non  se  mandan  de  aguinaldo. 
Villas  é  cibdades  tengo — é  freyres  á  mi  mandado: 
non  me  las  dió  Key  ni  Reina — ganélas  yo  por  mi  mano.  — 
Estas  razcnes  dixiera— el  Maestre  de  Santiago, 
cuando  entra  pajes  del  Rey — entrara  en  el  su  palacio. 
E  más  sin  dubdar  fablara — como  home  bien  razonado  ; 
mas  al  sobir  la  escalera, — la  cabeza  le  han  quitado. 
Allí  la  entregan  al  Rey :  —él,  maguer  era  su  hermano, 
mandó  echarla  en  una  fuente — por  facer  el  aguinaldo. 
«Llevalda  á  Doña  María» — dixiera  á  los  sus  criados. 
Doña  María  que  la  vido, — mucho  se  ha  maravillado; 
ca  el  Rey  amaba  al  Maestre, — y  era  muy  grande  el  regalo. 
Prendióla  de  los  cabellos,— de  bofetadas  le  ha  dado : 
— Agora  me  pagas,  perro, — lo  de  aguaño  y  lo  de  antaño 
cuando  me  llamaste  puta — del  Rey  Don  Pedro  tu  hermano. — 
Prendióla  de  los  cabellos — y  lanzóla  allí  al  alano; 
el  alano  es  del  Maestre, — é  bien  conoce  á  su  amo. 
Cogióla  con  los  sus  dientes— é  Uevósela  á  sagrado: 
faz  con  las  patas  la  fuesa — do  la  cabeza  ha  enterrado. 
Bien  lo  viera  el  Rey  Don  Pedro — donde  se  está  paseando: 
bien  lo  viera  ese  buen  Rey — que  ñzo  atal  aguinaldo. 
Llega  al  balcón  y  pregunta— ¿De  quién  era  aquel  alano? 
— Ese  alano  es  del  Maestre, — del  Maestre  de  Santiago; 
que  por  facer  la  su  obsequia —está,  cual  vedes,  llorando. 
— lAy,  triste  de  mi  é  mezquino, — ay  triste  de  mi  é  cuitado: 
si  el  alano  face  aquello, — qué  ha  de  facer  un  hermano!  — 
Dormir  non  puede  el  buen  Rey — dormir  non  puede  el  cuitado: 
porque  en  medio  de  la  noche— el  Maestre  le  ha  llamado, 
viérale  todo  sangriento— sin  cabeza,  en  su  caballo; 
viérale  todo  sangriento — el  su  pecho  amenazando. 
Dormir  non  puede  el  buen  Rey, — que  yaz  todo  desvelado, 
porque  enmedio  de  la  noche— Doña  María  le  ha  llamado. 
Viérala  con  la  cabeza — que  fué  lanzar  al  alano. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  55 


Doña  María  de  Padilla— por  los  aires  va  volando; 

por  sus  buenas  fechorías— non  la  quiere  Dios  ni  el  diablo. 


Este  magnífico  romance  histórico,  que  debe  añadirse  á  los 
del  ciclo  del  Eey  D.  Pedro,  trata  el  mismo  argumento  que  el 
número  65  de  la  Primavera:  «Yo  me  estaba  allá  en  Coim- 
bra». 


15. 

Hflal  de  amores. 

¿Duque  de  Alba,  estás  casado?... — si  nón,  yo  te  casaría... 
— Estoy  casado,  buen  Rey, — casado  por  vida  mía; 
-que  tengo  palabra  dada — á  una  señora  en  Castilla. 
Aunque  viva  cincuent'  años, — yo  jamás  la  olvidaría. 


Entre  estas  palabras  y  otras — el  casamiento  se  hacía. 
Toda  la  gente  lo  sabe; — Doña  Ana  non  lo  sabía, 
si  no  es  por  una  doncella — que  anda  en  su  compañía : 
— Novedad  traigo.  Doña  Ana, — non  sé  si  le  placería; 
que  el  Duque  de  Alba  se  casa,— su  palabra  mal  cumplía. 
—Que  se  case,  que  se  vele,— ¿á  mí  que  se  me  daría? 
¡Caballeros  tien  la  corte — que  conmigo  casarían!  — 
Los  anillos  de  la  mano — por  el  medio  los  partía; 
los  pelos  de  la  cabeza— por  el  uno  los  arrinca  .. 
Subióse  en  una  ventana— de  una  sala  que  tenía; 
viólo  que  estaba  jugando— con  otros  en  compañía  : 
—¡Duque  de  Alba  de  mis  ojosi— ¡Duque  de  Alba  de  mi  vidal 
¿Cómo  tan  presto  olvidaste— á  quién  tanto  te  quería? 
Él  posó  el  naipe  n'  el  suelo,— y  corrió  á  ver  á  la  niña. 
¡En  el  medio  de  una  sala— topárala  flaquecida! 


56 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Llamara  cuatro  dolores — por  ver  de  qué  mal  moría; 
unos  dicen  que  de  susto,— y  otros  que  de  amor  moría. 


Este  afectuoso  romance,  que  aparece  aquí  incompleto  por 
flaqueza  de  memoria  de  la  anciana  que  se  le  recitó  al  Sr.  Me- 
néndez  Pidal,  alude  al  contrariado  casamiento  de  Don  Fadri- 
que  de  Toledo,  hijo  del  Gran  Duque  de  Alba,  y  ha  de  ser 
muy  poco  posterior  al  suceso  que  narra. 


16 

Don  Bueso. 

Camina  Don  Bueso— mañanita  fría 
á  tierra  de  moros— á  buscar  amiga. 
Fallóla  lavando — en  la  fuente  fría  : 
— Quita  de  ahí,  mora,— perra  judía; 
dexa  á  mi  caballo — beber  agua  fría; 
— Keviente  el  caballo — y  quien  lo  traía; 
que  yo  no  soy  mora— ni  fía  (1)  de  judía; 
soy  una  cristiana,— de  nombre  María, 
en  poder  de  moros — siet'  afíos  había. 
— Si  fueras  cristiana, — yo  te  llevaría; 
y  si  fueras  mora— yo  te  dexaría  (2). 
—Los  paños  del  moro— ¿yo  d'ellos  qué  haría? 
— Los  que  son  ruanos, — traelos,  María; 
los  que  son  de  grana — al  mar  los  echarías. — 
Montóla  á  caballo— por  ver  que  decía; 
en  las  siete  leguas — no  hablara  la  niña... 
Al  pjasar  un  campo — de  verdes  olivas, 

Contracción  de  jija. 

Te  bautizaría,  dice  una  variante  recogida  en  Navia. 


(1) 

(2) 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  57 


por  aquellos  prados— ¡que  llantos  hacía! 

—  ¡Cuando  el  Eey  mi  padre — llanto  (1)  aquí  esta  oliva, 

sentada  al  amparo — de  su  sombra  fría, 

la  Reina  mi  madre— la  seda  torcía, 

mi  hermano  Don  Bueso— los  perros  corría; 

yo,  que  era  rapaza, — las  flores  cogía!... 

— Pues  por  estas  señas— mi  hermana  serías! 

¡Abra,  la  mi  madre, — puertas  de  alegría; 

que  por  traer  nuera — traigo  la  su  fía! 

— Si  eres  la  mi  nuera,— seas  bien  venida; 

si  mi  fía  no  eres  —  ¡bien  lo  parecías! 

¡Para  ser  mi  fía — color  non  tenías! 

— ¿Cómo  quiere  madre, — color  todavía? 

si  fay  siete  años — que  pan  non  comía, 

sino  amargas  yerbas— que  en  montes  cogía! 


17. 

Don  Bóyso. 

Camina  Don  Bóyso — mañanita  fría 
á  tierra  de  Campos — á  buscar  la  niña. 
Hallóla  lavando— en  la  fuente  fría. 
— ¿Que  haces  ahí,  mora, — hija  de  judía? 
Deja  á  mi  caballo — beber  agua  fría. 
— Reviente  el  caballo — y  quien  lo  traía; 
que  yo  no  soy  mora, — ni  hija  de  judía. 
Soy  una  cristiana, — que  aquí  estoy  cativa 
lavando  los  paños — de  la  morería. 
—  Si  fueras  cristiana, — yo  te  llevaría, 
y  en  paños  de  seda — yo  te  envolvería; 
pero  si  eres  mora — yo  te  dejaría. — 
Montóla  á  caballo, —por  ver  que  decía; 
en  las  siete  leguas — no  hablara  la  niña. 

Plantó. 


58 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Al  pasar  un  campo — de  verdes  olivas, 

por  aquellos  prados — ¡que  llantos  hacía! 

— ¡Ay  prados!  ¡Ay  prados!— ¡prados  de  mi  vida! 

¡  Cuando  el  Key  mi  padre  —plantó  aquí  esta  oliva, 

él  se  la  plantara, — yo  se  la  tenía; 

la  Reina  mi  madre — la  seda  torcía; 

mi  hermano  Don  Bóyso— los  toros  corría!... 

— ¿Y  cómo  te  llamas? — Yo  soy  Rosalinda; 

que  así  me  pusieron,— porque  al  ser  nacida, 

una  linda  rosa — n'el  pecho  tenía. 

—Pues  tú,  por  las  señas, — mi  hermana  serías ! 

¡Abra,  la  mi  madre, — puertas  de  alegría; 

por  traerle  nuera, — tráigole  su  hija! 

— Para  ser  tu  hermana, — ¡qué  descolorida! 

— Madre,  la  mi  madre, — mi  madre  querida; 

que  hace  siete  años — que  yo  no  comía, 

sino  amargas  yerbas— de  una  fuente  fría, 

dó  culebras  cantan, — caballos  bebían... — 

Metióla  en  un  cuarto — sentóla  en  la  silla. 

— j  Mi  jubón  de  grana — mi  saya  querida, 

que  te  dejé  nueva — y  te  hallo  rompida! 

— Calla,  hija,  calla,— hija  de  mi  vida; 

que  quien  te  echó  esa — otra  te  echaría. 

— ¡Mi  jubón  de  grana, — mi  saya  querida, 

que  te  dejé  nueva — y  te  hallo  rompida! 

— Calla,  hija,  calla,— hija  de  mi  vida; 

que  aquí  tienes  madre, — que  otra  te  echaría. — 

Caminó  Don  Bóyso — que  partir  quería, 

á  tierra  de  moros — á  buscar  la  niña. 


Antes  de  ser  Don  Bueso  héroe  de  estos  primorosos  roman- 
cillos novelescos,  fué  personaje  épico,  enlazado  con  la  le- 
yenda de  Bernardo  del  Carpió  en  sus  más  antiguas  formas. 
La  Crónica  general  refiere  que  el  héroe  leonés  mató  á  « un  alto 
orne  de  Francia  llamado  Don  Bueso  >,  y  añade  esta  curiosa 


ROMANCES  TRADICrOXALES  DE  ASTURIAS  59 

noticia  :  «Et  dicen  algunos  en  sus  Cantares,  segund  cuenta 
»la  estoria,  que  este  francés  Don  Bueso  que  so  primo  era  de 
>Don  Bernaldo,  mas  esto  non  podríe  ser.»  Así  en  el  manus- 
crito Escurialense  y  en  todos  los  más  antiguos  y  autorizados, 
pues  la  General,  impresa  por  Ocampo,  que  es  sólo  un  mal 
compendio  del  texto  primitivo,  no  habla  de  Cantares. 

El  nombre  del  personaje  parece  francés,  pero  Milá  estima 
que  debe  tenerse  por  invención  de  los  nuestros,  pues  no  sue- 
na en  los  poemas  franceses  de  la  guerra  de  España,  y  sólo 
en  el  Grirart  de  Rossilló  figura  un  Bos  de  Escorpio  ó  de  Car- 
pión,  consejero  del  héroe. 

Quizá  su  celebridad  poética  en  los  Cantares  citados  por  la 
General  hizo  que  el  nombre.se  vulgarizase  en  España,  lleván- 
dole en  tiempo  de  Alfonso  VII  y  de  su  hijo  Don  Sancho  III 
el  Deseado,  un  merino  de  Saldaña  [Dominus  Bueso  ó  Boyso 
Majorinus  in  Saldaña)^  fundador  del  monasterio  de  Bueso, 
cerca  de  la  villa  de  Ureña,  á  donde  se  retiró  en  sus  últimos 
días  y  donde  está  enterrado  (1).  Parece  indudable  que  este 
personaje  histórico  nada  tiene  que  ver  con  el  Don  Bueso  le- 
gendario. En  tiempo  de  Don  Sancho  III  la  epopeya  castella- 
na estaba  ya  formada,  y  seguramente  existían  cantares  de 
Bernardo,  cuyas  fábulas  iban  á  penetrar  muy  pronto  en  las 
historias  latinas  del  Tudense  y  el  Toledano. 

En  los  actuales  romances  de  Bernardo,  que  son  relativa- 
mente muy  modernos,  no  se  encuentra  el  nombre  de  Don 
Bueso,  pero  la  poesía  popular  no  se  olvidó  de  él,  atribuyén- 
dole muy  varias  aventuras.  No  sabemos  qué  cosa  serían  unos 
romances  de  Don  Bueso  que  pasaban  ya  por  una  antigualla 
en  tiempo  de  Enrique  IV,  como  se  deduce  de  una  picaresca 
composición  del  ingenioso  trovador  madrileño  Juan  Alvarez 
Gato,  el  cual,  comentando  cierta  aventura  amorosa  en  la  cual 
en  vez  de  encontrar  á  la  dama  á  quien  servía  tropezó  con  una 
espantable  vieja,  se  queja  de  que  le  dieron 

(1)  Ambrosio  de  Morales,  Crónica  general  de  España^  libro  XIII,  ca- 
pítulo 49. 


60 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Por  palacios  tristes  cuevas, 
por  lindas  canciones  nuevas 
los  romances  de  Don  Bueso. 

En  el  romance  burlesco  inserto  en  el  Cancionero  de  Hijar 
(también  de  fines  del  siglo  xv)  se  da  á  un  personaje  el  pseu- 
dónimo de  Don  Bueso.  En  la  Ensalada,  de  Praga  (pertene- 
ciente á  la  colección  de  pliegos  sueltos  góticos  que  dió  á  co- 
nocer Wolf),  se  citan  los  dos  primeros  versos  de  un  romance 
que  se  ha  perdido : 

A  caza  va  el  rey  Don  Bueso, 
por  los  montes  á  cazar... 

Los  irreverentes  poetas  del  siglo  xvii  hicieron  gran  fisga 
y  matraca  del  pobre  Don  Bueso,  que  aparece  convertido  en 
héroe  de  botarga  y  entremés  en  los  dos  romances  burlescos 
que  principian 

Doliente  estaba  Don  Bueso 
de  amores,  que  non  de  fiebres... 

(Niim.  1.710  de  Durán.) 

En  la  antecámars  solo 
Del  Rey  Don  Alonso  eJ  Bueno, 
De  una  losa  en  otra  losa 
Paseando  está  Don  Bueso... 

(Nüm.  1.719  de  Durán.) 

Este  último  es  excelente  en  su  picaro  género ;  digno  del 
mismo  Quevedo,  y  acaso  sea  suyo. 

Mejor  librado,  aunque  no  siempre,  sale  Don  Bueso  en  la 
poesía  popular.  Además  de  los  romances  asturianos,  que  por 
su  versificación  hexasilábica  no  parecen  de  los  más  antiguos 
(á  pesar  de  las  ingeniosas  razones  que  alega  su  editor),  hay 
en  el  Algarve  un  romance  de  Dom  Bozo,  en  la  provincia  por- 
tuguesa del  Miño  otro  de  Dom  Bezo,  ambos  en  metro  cor- 
to (1).  Otra  variante  recogida  en  el  Brasil  con  el  título  de  Flor 

(1)  Publicó  la  versión  del  Algarve  (recogida  por  Reis  Dámaso)  Teófilo 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  6f 

do  día  omite  ya  el  nombre  del  famoso  caballero.  En  todos  es- 
tos romances  se  pinta  la  crueldad  de  la  madre  de  Don  Bueso 
con  su  nuera. 

En  Cataluña  le  llaman  Don  Guespo  (y  también  Don  Bues- 
po)^  y  cuentan  que  murió  envenenado  por  una  vengativa  don- 
cella llamada  Gudriana.  Las  tres  variantes  que  recogió  Milá 
(número  266,  La  innoble  venganza) ^  son  taraceadas  de  cata- 
lán y  castellano.  Aguiló,  según  su  sistema,  le  da  en  catalán 
solamente  (núm.  18). 

Nada  tienen  que  ver  estas  historias  con  el  encantador  ro- 
mance asturiano,  que  hasta  ahora  permanece  solitario  en  la 
poesía  de  la  Península,  aunque  dentro  del  Principado  sea  de 
los  más  repetidos  por  bocas  infantiles  ó  femeninas.  Por  lo  de- 
más, su  tema,  un  reconocimiento  de  hermanos,  es  de  los  más 
frecuentes  en  las  canciones  populares  de  todos  los  países  (1). 
Limitándonos  á  los  textos  de  nuestra  propia  casa,  le  halla- 
mos en  un  romance  catalán,  de  origen  castellano,  Los  dos  her- 
manos,  del  cual  recogió  Milá  nada  menos  que  diez  y  nueve 
versiones  (núm.  250  de  su  Romancerillo),  Es  singular  que  la 
más  completa  de  estas  versiones,  y  al  mismo  tiempo  una  de 
las  que  conservan  mayor  número  de  palabras  y  versos  caste- 
llanos, proceda  de  la  Cataluña  francesa,  es  decir,  del  antiguo 
Condado  del  Rosellón.  En  la  mayor  parte  de  estas  variantes 
aparecen  revueltas  las  reminiscencias  de  algún  romance  aná- 
logo al  de  Don  Bueso  con  otras  del  bien  sabido  de  La  Infan- 
tina, En  las  Cansons  de  la  térra,  de  Pelayo  Briz,  (t.  V,  p.  95), 
hay  otro  romance  sobre  el  mismo  argumento. 

Braga  en  sus  notas  á  los  Cantos  populares  do  Brazil  (11, 183).  En  el  tomo  I , 
páginas  25-27,  está  la  versión  brasileña. 

(1)  Tiene  especial  analogía  con  Don  Bueso  la  canción  alemana  Anne- 
lein,  citada  por  Puymaigre  (Vieux  Áuteurs  castillans,  1862,  II,  363-364). 
Wolf,  Proben  portugUsischer  und  Catalanischer  Volksromanzen,  Viena, 
1856,  cita  al  mismo  propósito  cantos  suecos  y  daneses,  la  balada  escocesa 
de  La  Bella  Aldelheid,  etc-,  etc. 


62 


LIRICOS  CASTELLANOS 


18. 

El  Conde  Flor.  -  I. 

El  moro  non  fué  á  cazar — non  cazó  como  solía; 
porque  le  encargó  la  Mora — que  le  traiga  una  cautiva 
que  non  sea  mujer  casada, — tampoco  mujer  pedida; 
que  fuese  una  buena  moza— para  hacerle  compañía. 
Encuentran  al  Conde  Flor, — que  viene  de  romería 
de  San  Salvador  de  Oviedo — y  Santiago  de  Galicia, 
de  pedir  á  Dios  del  Cielo — que  le  diese  un  hijo  ó  hija; 
y,  por  gracia  de  Dios  Padre— engendrado  lo  tenía. 
Preguntáronle  si  deja— á  la  hermosa  compañía. 
— La  compañía  que  traigo — muy  tarde  la  dejaría. — 
Mataron  al  Conde  Flor, — llevan  la  mujer  cautiva, 
la  llevan  al  mar  abajo — para  llegar  más  aina. 
Echan  cartas  á  la  Mora — porque  salga  á  recibirla; 
y  la  Mora,  muy  contenta, — salió  en  su  caballería. 
—Bien  venida,  la  mi  esclava, — bien  venida  esclava  mía;; 
si  eres  buena,  del  palacio — yo  las  llaves  te  daría; 
y  si  tú  me  eres  buena,— las  del  Moro  guardarías. 
— Non  me  hacen  falta  las  llaves— de  sus  salas  y  cocinas; 
si  non  fuera  mi  desgracia, — para  mí  llaves  tenía!... 
— Háblame  poco,  la  esclava; — háblame  poco  esclavina; 
si  tu  me  gurgutas  mucho, — tu  vida  poca  sería. — 
Encinta  estaba  la  Mora, — la  esclava  encinta  venía; 
y,  por  gracia  de  Dios  Padre, — ambas  parieron  un  día. 
Un  niño  parió  la  esclava, — parió  la  Mora  una  niña; 
la  bruja  de  la  partera — maltrocado  los  había; 
que  el  niño  diólo  á  la  Mora — y  la  niña  á  la  cautiva. 
— Diga,  diga  la  mi  esclava, — ¿cómo  ha  llamarse  la  niña? 
— Por  la  leche  que  mamaba— llamase  Doña  María; 
y  así  se  llama  una  hermana — qüe  yo  traigo  en  Morería... 
y  así  fío,  Conde  Flor, — que  ansí  le  pertenecía... 
— Diga,  diga,  ¿la  tu  hermana, — diga  que  señas  tenía? 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  6.? 

— En  el  costado  derecho— una  lunar  le  salía, 
y  con  sus  cabellos  rubios— todo  su  cuerpo  ceñía. 
— Por  las  señas  que  me  dabas, — eres  tú  la  hermana  mía! 
¡Y  si  la  mi  hermana  eres, — yo  qué  vida  te  hacer-híal 
— Mujer  pobre  y  sin  marido, — ¿con  quién  se  consolaría? 
— Con  tu  fío  Conde  Flor,— que  yo  te,  lo  volvería. 
Tú  te  levantas  agora; — hoy  fago  yo  ventiun  días; 
cuatrocientos  de  á  caballo — te  pasaran  á  Castilla.—, 


Por  aquellos  campos  verdes — ¡qué  llantos  hace  la  niña! 
— Hijo  mío.  Conde  Flor,— cuando  yo  te  criaría, 
que  ya  veo  los  palacios— donde  tu  padre  vivía. 


19. 

El  Conde  Flor.  -  II 

A  cazar  iba  el  Eey  moro,— á  cazar  como  solía; 
porque  le  encargó  la  Mora— que  le  traiga  una  cautiva, 
que  fuera  hija  de  Condes— ó  de  Keyes  de  Castilla. 
Hallaron  al  Conde  Flor, — que  viene  de  romería 
de  San  Salvador  de  Oviedo  —y  Santiago  de  Gahcia; 
y  una  hija  hermosa  que  tiene— la  trae  en  su  compañía. 
Mataron  al  Conde  Flor;  —  en  un  pozo  lo  metían, 
y  con  piedras  del  camino— todo  su  cuerpo  cubrían, 
y  una  grande  á  la  cabeza — porque  non  saliera  arriba. 
Metieron  la  hija  en  un  barco — para  llevarla  cautiva; 
y  al  mar  abajo  la  echaron, — porque  fuese  mas  aina. 
La  Mora  desque  lo  supo— salió  alegre  á  recibirla; 
montada  en  caballo  blanco, — con  mucha  caballería. 
Metiéronla  en  el  palácio, — llorando  lágrima  viva. 
En  cinta  estaba  la  Mora — la  esclava  en  cinta  venía; 
y  lo  quiso  Dios  del  cielo — que  ambas  parieran  un  día. 
La  bruja  de  la  partera,— por  pedir  al  Moro  albricias, 
usando  de  malas  mañas— cambióles  lo  que  tenían; 


Ó4 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


y  el  niño  diólo  á  la  Mora — y  la  niña  á  la  cautiva. 

La  reina  mora  contenta, — levantóse  al  otro  día  : 

la  cristiana  congojada— á  los  veinte  non  podia. 

— Levántate,  la  cristiana;  —vé  bautizar  esa  niña. 

— ;Oon  lágrimas  de  mis  ojos — la  bautizo  cada  día! 

Si  yo  estuviera  en  mi  tierra— presto  la  bautizaría; 

y  ponerle  había  el  nombre — de  una  hermana  que  tenía, 

que  se  llama  Blanca  Flor,— toda  la  flor  de  Castilla; 

y  me  la  llevaron  moros— á  tierra  de  morería. 

— Diga,  diga,  ¿la  su  hermana,— diga,  que  señas  tenía? 

— En  el  su  hombro  derecho  —una  lunar  le  salía, 

y  con  sus  cabellos  rubios — todo  su  cuerpo  cubría. 

— iPor  esas  señas,  cristiana, — eres  tú  la  hermana  míal 

Con  esto  le  echó  lo  brazos,— llorando  que  transvertía  : 

— Vete  ahí  á  la  Casa  Santa — qu3  está  en  medio  de  Turquía; 

vete  ahí  á  la  Casa  Santa,— á  bautizar  esa  niña. — 

Eespondióle  la  cristiana  : — ¡Pa  mí  remedio  no  había; 

que  ya  renegar  me  hicieron — de  mi  madre  y  mi  madrina, 

de  la  leche  que  he  mamado  —y  la  sagrada  María! 

— Yo  te  daré  barco  de  oro, — trinquete  de  plata  fina, 

y  siete  moros  mancebos— que  te  lleven  á  Castilla  : 

y  si  con  esto  no  basta— yo  dir  he  en  tu  compañía... 

En  tu  compañía  non  puedo, — porque  renegado  había; 

y  aunque  renegué  de  boca — de  corazón  non  tovía  (1). 


(1)  En  la  variante  de  este  romance  que  con  el  título  de  Las  hijas  de 
Conde  Flor  publicó  Amador  de  los  Ríos  en  la  Ilustración  Española  y 
Americana  (Septiembre  de  1870),  la  acción  es  algo  más  extensa. 

Nosotros  no  hemos  podido  encontrar  ninguna  variante  distinta  de  las 
<iue  incluímos  en  este  Romancero,  quizá  porque  el  pueblo  las  ha  olvidado. 

He  aquí  el  final  de  la  variante  á  qae  nos  referimos : 


La  reina,  de  que  esto  oyera 
fizo  grandes  alegrías: 
é  como  lo  vido  el  Rey 
deste  modo  la  decía : 
—¡Qué  avedes,  la  mi  mujer, 
que  avedes  esposa  mía! 
—Que  entendí  tener  esclava 


é  tengo  hermana  querida. 
— Casaremos  la  tu  hermana, 
que  yo  un  hermano  tenía. 
—Non  lo  quiera  Dios  del  cielo 
nín  la  virgen  lo  permita. 
Grande  vergoña  é  ludibrio 
para  mi  sangre  sería, 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  65 

Parecen  inspirados  en  la  antiquísima  novela,  de  origen 
bizantino,  Flores  y  Blanca-Flor,  popular  todavía  entre  nos- 
otros en  la  forma  de  ^üiegos  de  cordel.  Falta  este  asunto 
poético  en  los  antiguos  Romanceros,  pero  abunda  en  la  tra- 
dición oral  de  la  Península.  Ya  Wolf  incluyó  en  la  Frimave- 
ra  (núm.  130,  Las  dos  hermanas)  una  versión  enteramente  cas- 
tellana, recogida  en  Cataluña  por  el  Dr.  Milá  y  Fontanals. 
Difiere  muchísimo  de  la  de  Asturias.  El  mismo  sabio  maes- 
tro puso  en  su  Romancerillo  (núm.  242)  otras  lecciones  híbri- 
das ó  bilingües  mucho  más  próximas  á  la  nuestra. 

En  portugués  conozco  las  siguientes  : 

a  )  Rainha  e  captiva^  publicada  por  Almeida  Garrett  (II, 
179-188;,  que,  ignorando  el  origen  literario  de  este  romance, 
le  da  una  antigüedad  disparatadísima,  encontrando  en  él  xm 
fuerte  color  del  siglo  xii.  (!) 

h  )  Romance  de  Branca-Flor,  versión  de  la  Extremadura 
portuguesa,  en  el  Rom.  ger.  de  T.  Braga  (107-109). 

c )  Estoria  da  captiva  Rainha,  Lindísima  versión  de  la 
isla  de  la  Madera,  publicada  por  Alvaro  Eodrigues  de  Aze- 
vedo  (211-219). 

d )  Romance  das  duas  irmás.  Variante  del  Algarve,  mu> 


4  las  hijas  del  Conde  Flores 

maridar  en  morería! 

Dexad,  rey,  que  's  torne  luego 

:á  su  tierra  la  cativa  : 

non  querades  que  vos  mienta 

como  yo  siempre  oa  mentía, 

•ca  en  el  ruedo  de  la  saya 

traigo  la  Virgen  María, 

■que  me  amprea  y  me  defienda 

contra  las  vuestras  mentiras. 

María  á  quien  rezo  el  rosario 

una  vez  en  cada  día  : 

«so  mesmo  á  medianoche, 

■cuando  la  gente  dormía .  - 

El  rey  moro  que  lo  supo, 


mudó  el  color  de  la  ira: 
Jas  hijas  del  Conde  Flores 
en  torre  escura  metía. 
Siete  años  y  las  toviera 
siete  años  y  las  tenía; 
al  llegar  la  media  noche, 
amas  hermanas  morían. 
Al  pasar,  que  se  pasaban 
llorando  entrambas  decían : 

!    -«Virgen  Madre,  Virgen  Madre, 
que  non  oviste  mancilla, 
hed  piedad  de  los  corderos, 
que  entre  fieros  lobos  fincan : 
dad  amparo  á  nuestros  fijos 

I   que  salgan  de  morería.» 

(Nota  del  Sr.  Ménéndez  Pidal.) 


Tomo  X. 


66 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


incompleta,  dada  á  conocer  por  T.  Braga  en  sus  notas  á  los 
Cantos  populares  do  Brazil  (203-205). 

e  )  Branca  Flor.  —  Xacara  de  Flores-Bella.  Dos  variantes 
del  Brasil,  publicadas  por  Sylvio  Komero  (I,  41-44).  La  pri- 
mera no  es  más  que  un  fragmento. 

Leyendas  muy  semejantes  á  ésta,  y  probablemente  del 
mismo  origen,  hay  en  la  poesía  popular  de  varias  naciones. 


20. 

Gray  feros  • 

Estando  la  Condesina — en  su  palacio  real, 
con  peine  de  oro  en  la  mano— para  su  hijo  peinar: 
— Dios  te  encreciente,  mi  niño;  —Dios  te  deje  encrecentary 
que  la  muerte  de  tu  padre — tú  la  vayas  á  vengar; 
porque  á  traición  le  mataron,— para  conmigo  casar, 
viniendo  de  romería — de  San  Juan  el  de  Letran. — 
Estando  'n  estas  razones, — viene  el  Moro  de  cazar. 
— ¿Qué  dices  tú,  boca  negra, — ó  qué  te  pones  á  hablar? 
que  por  eso  que  tú  dices, — el  niño  ha  de  pasar  mal. — 
Ha  llamado  dos  criados,— que  al  padre  comían  pan  : 
— Id  á  matar  ese  niño— á  los  montes  de  Aguilar; 
y  por  señas  hais  traerme — el  su  corazón  leal, 
y  de  su  mano  derecha— también  el  dedo  pulgar. — 
Iba  una  perra  con  ellos, — cuidando  diban  cazar  : 

— Mataremos  esta  perra,— pues  que  Dios  la  truxo  acá  : 

corazón  de  perra  blanca — del  niño  parecerá, 

le  cortaremos  el  dedo, — por  eso  non  morirá  : 

le  dexaremos  aquí,— Cristo  le  consolará.— 

Pasára  por  allí  un  tío— que  venía  de  cazar  1 

—¿Quién  te  truxo  aquí,  sobrino, — á  los  montes  de  Aguilar? 

— Criados  del  perro  Moro, — que  me  venían  matar. — 

Ya  le  coge  entre  sus  brazos — y  le  pone  en  su  rúan; 


ROMANCES  TRADieiONALES  DE  ASTURIAS  67 

siete  años  le  ba  tenido — comiéndole  vino  y  pan. 

Al  cabo  de  los  siet'  años — el  niño  soltó  á  llorar. 

— ¿Tú  que  tienes,  mi  sobrino;— tú  que  tienes  que  estás  mal? 

¿Hízote  mal  el  mi  vino, — ó  te  hizo  mal  el  mi  pan; 

ó  te  hacen  mal  mis  criados? — Mandarélos  despachar. 

¿Ó  ves  alguna  doncella — que  non  puedas  alcanzar? 

— Non  me  hizo  mal  vuestro  vino — ni  me  hizo  mal  vuestro  pan; 

nin  me  hacen  mal  vuestros  criados, — non  los  mande  despa- 

nin  veo  doncella  alguna  —  que  yo  non  pueda  alcanzar :  [char  : 

es-la  muerte  de  mi  padre — que  la  quiero  dir  vengar. 

— Eres  niño  muy  chiquito, — pa  las  armas  menear. 

— Aunque  soy  niño  chiquito, — me  sobra  la  habilidad. 

Dadme  el  caballo  y  las  armas — que  yo  le  diré  á  vengar. 

— Tengo  jurado,  sobrino,  —alia  en  San  Juan  de  Letran, 

mis  armas  y  mi  caballo —á  nadie  las  emprestar. — 

El  niño  desque  esto  oyó, — 'n  el  suelo  va  desmayar. 

— Arriba,  garzón,  arriba,— non  te  quieras  desmayar; 

mis  armas  y  mi  caballo — estarán  á  tu  mandar: 

mi  cuerpecito  aunque  viejo,— para  el  tuyo  acompañar. — 

Quitaron  ropas  de  seda, — vistiéronse  de  sayal: 

de  día  anduvieron  monte,— de  noche  camino  real. 

A  puertas  de  la  Condesa — van  á  pedir  caridad. 

— Non  lo  quiera  Dios  del  Cielo, — nin  la  santa  Eternidad; 

que  el  Moro  me  ha  prohibido — esta  vez  y  muchas  más, 

que  á  romeros  de  otras  tierras — yo  les  diera  caridad. 

Vayanse  los  romericos — al  hospital  de  San  Juan. 

— Non  lo  quiera  Dios  del  Cielo, — nin  la  santa  Eternidad, 

caballeros  de  alta  sangre — al  mesón  vayan  cenar. 

— Daréles  pan  por  dinero,- y  vino  de  caridad... — 

Cuando  lo  estaban  comiendo — viene  el  Moro  de  cazar. 

— ¿Que  te  he  dicho,  Condesina,— esta  vez  y  muchas  más? 

Que  á  romeros  de  otras  tierras  — non  les  dieras  caridad; 

que  yo  á  romeros  maté,  —  romerillos  me  han  matar. — 

Los  dientes  de  la  Condesa, — por  la  sala  van  rodar. 

El  niño  desque  esto  vió, — al  pronto  subióse  allá, 

de  la  primer  puñalada — mató  el  romero  á  Galvan. 


68 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Vayan  con  Dios  los  romeros, — iviuda  me  hicieron  quedar! 
— ^^Si  vos  non  fuerais  mi  madre, — con  vos  hiciera  otro  tal. 
— Non  tengo  hijo  nin  hija: — sola  en  el  mundo  estoy  ya; 
porque  un  hijo  que  tenía— murió  en  montes  de  Aguilar, 
y  en  mi  cofrecito  tengo— el  su  corazón  leal, 
y  de  su  mano  derecha — también  el  dedo  pulgar. 
— El  corazón  que  tenéis — de  la  perra  es  de  Galvan 
y  ese  dedo  que  guardáis — aquí  le  veréis  faltar. — 
Al  verlo  la  Condesina,  —  comenzárale  abrazar : 
las  lágrimas  y  suspiros  —en  placer  fuera  tornar. 


Es  un  genuino  y  viejo  romance  carolingio,  variante  muy 
curiosa  de  los  dos  primeros  de  Don  Gaifero^  (171  y  172  de  la 
Primavera),  La  astucia  de  los  escuderos,  que  engañan  á  Gal- 
ván  presentándole  sólo  el  dedo  de  un  niño  y  el  corazón  de 
nna  perrita,  se  repite  mucho  en  cuentos  populares  (por 
ejemplo,  el  de  la  Ceneréntola),  y  está  ya  en  el  Román  de  Ber- 
the,  del  trovero  Adenés  (último  tercio  del  siglo  xiii),  y  en  La 
gran  conquista  de  Ultramar,  compilación  castellana  de  prin- 
cipios del  siglo  xiv,  cuyo  original  francés  no  ha  sido  descu- 
bierto todavía. 


21. 

Blanca  Flor  y  Filomena*  —I 

Por  las  orillas  del  río— Doña  Urraca  se  pasea  (1) 
con  dos  hijas  de  la  mano — Blanca  Flor  y  Filomena. 
El  Rey  moro  que  lo  supo— del  camino  se  volviera ; 
de  palabras  se  trabaron, — y  de  amores  la  requiebra. 
Pidiérale  la  mayor— para  casarse  con  ella  : 

(1)  Según  otra  versión 

Por  los  jardines  del  Rey— se  pasea  la  Reina,  etc. 


ROMANCES  T'RADICIONALES  DE  ASTURIAS  69 

si  le  pidió  la  mayor, — le  diera  la  mas  pequeña; 

y  por  no  ser  descortés — tomara  la  que  le  dieran. 

— Non  sea  cuento,  rey  Tarquillo,— que  mala  vida  le  hicieras... 

— Non  tenga  pena,  señora;— por  ella  non  tenga  pena. 

Del  vino  que  yo  bebiese, — también  ha  de  beber  ella; 

y  del  pan  que  yo  comiese,  — también  ha  de  comer  ella. 

Se  casaron,  se  velaron,  — se  fueron  para  su  tierra  : 

nueve  meses  estuvieron — sin  venir  á  ver  la  suegra. 

Al  cabo  de  nueve  meses, — Rey  Turquillo  vino  á  verla. 

— Bien  venido.  Rey  Turquillo. — Bien  hallada  sea  mi  suegra. 

— Lo  que  más  quiero  saber — si  Blanca  Flor  qreda  buena. 

Blanca  Flor  buena  quedaba; — en  días  de  parir  queda, 

y  vengo  muy  encargado  —que  vaya  allá  Filomena, 

para  gobernar  la  casa — mientras  Blanca  Flor  pariera. 

— Filomena  es  muy  chiquita— para  salir  de  la  tierra; 

pero  por  ver  á  su  hermana— vaya,  vaya  en  hora  buena. 

Llévela  por  siete  días; — que  á  los  ocho  acá  me  vuelva; 

que  una  mujer  en  cabellos—  no  está  bien  en  tierra  agena. — 

Montó  en  nna  yegua  torda, — y  ella  en  una  yegua  negra : 

siete  leguas  anduvieron — sin  palabra  hablar  en  ellps. 

De  las  siete  pa  las  ocho, — Rey  Turquillo  se  chancea; 

y  en  el  medio  del  camino,— de  amores  la  requiriera. 

— Mira  qué  haces,  Rey  Turquillo,  —  mira  que  el  diablo  las 

que  tú  eres  mi  cuñado, — tu  mujer  hermana  nuestra,  [tienta; 

Sin  escuchar  más  razones — ya  del  caballo  se  apea  : 

atóla  de  pies  y  manos  -  hizo  lo  que  quiso  della; 

la  cabeza  le  cortara, — y  le  arrancara  la  lengua, 

y  tiróla  en  un  zarzal — donde  cristiano  non  entra. 

Pasó  por  allí  un  pastor;— de  mano  de  Dios  viniera. 

Por  la  gracia  de  Dios  padre — á  hablar  comenzó  la  lengua. 

— Por  Dios  te  pido,  pastor,— que  me  escribas  una  letra: 

una  para  la  mi  madre, — ¡nunca  ella  me  pariera! 

y  otra  para  la  mi  hermana, — ¡nunca  yo  la  conociera! 

— Non  tengo  papel  ni  pluma,— aunque  serviros  quisiera... 

— De  pluma  te  servirá — un  pelo  de  mis  guedejas; 

si  tú  non  tuvieres  tinta, — con  la  sangre  de  mis  veínas: 


70  LIRICOS  CASTELLANOS 

y  si  papef  non  trajeres, — un  casco  de  mi  cabeza. — 
Si  mucho  corrió  la  carta,  —  mucho  más  corrió  la  nueva. 
Blanca  Flor,  desque  lo  supo,~con  el  dolor  malpariera; 
y  el  hijo  que  malparió, — guisólo  en  una  cazuela 
para  dar  al  Rey  Tiirquillo, — á  la  noche  cuando  venga. 
— ¿Qué  me  diste  Blanca  Flor, — qué  me  diste  para  cena? 
De  lo  que  hay  que  estamos  juntos — nunca  tan  bien  me  su- 

[piera. 

— Sangre  fué  de  tus  entrañas— gusto  de  ta  carne  mesma...; 

pero  mejor  te  sabrían — besos  de  mi  Filomenall 

—¿Quién  te  lo  dijo,  traidora;— quién  te  lo  fué  á  decir,  perra? 

ICon  esta  espada  que  traigo— te  he  de  cortar  la  cabezal 

Madres  las  que  tienen  hijas, — que  las  casen  en  su  tierra; 

que  yo,  para  dos  que  tave, — la  Fortuna  lo  quisiera, 

una  murió  maneada — y  otra  de  amores  muriera. 


22. 

Dlanca  Flor  y  Fifiomena*  —  II 

Por  esos  campos  arriba — se  pasea  una  romera 
con  dos  hijas  de  la  mano— Blanca  Flor  y  Filomena. 
El  traidor  del  Rey  Tereno — al  camino  les  saliera, 
pidiéndole  la  más  grande — para  casarse  con  ella: 
si  le  pidió  la  mayor, — diérale  la  más  pequeña. 
El  casóse  y  él  velóse, — ^^llevóla  para  su  tierra. 
Allá  estuvo  siete  años — sin  volver  á  ver  la  suegra; 
de  los  siete  pa  los  ocho — él  vino,  ¡que  no  viniera! 
— Buenos  días  suegra  mía, — Tereno,  bien  venido  sea. 
Lo  que  más  quiero  saber— si  Blanca  Flor  queda  buena. 
— Blanca  Flor  buena  quedjiba,— en  plazos  de  parir  queda. 
— Si  queda  en  esos  temores, — nunca  puede  quedar  buena. 
— Encárgame  qae  le  lleve --á  su  hermana  Filomena. 
— Llevásela,  si  por  cierto;  —pero  ten  cuidado  della. 


ROMAISGES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  71 

— Yo  tendré  el  mismo  cuidado — como  si  mi  hermana  fuera. — 

■La  cogiera  entre  los  brazos — á  caballo  la  pusiera. 

•Siete  leguas  anduvieron — sin  hablar  verbo  con  ella; 

de  las  siete  pa  las  ocho — de  amores  la  pretendiera. 

— Tate  quieto,  Eey  Tereno, — mira  que  el  diablo  te  ciega; 

que  mi  hermana  es  tu  mujer — y  yo  tu  cuñada  era. 

Abajóla  del  caballo,  — hizo  lo  que  quiso  della: 

desque  fizo  lo  que  quiso— dejóla  en  monte  señera, 

atada  de  pies  y  manos — á  sombra  d'una  olivera. 

Vino  por  allí  un  pastor — le  pareció  de  su  tierra. 

—Por  Dios  le  pido  al  pastor — por  Dios  y  la  Madalena, 

una  carta  pa  mi  madre, — la  madre  que  me  pariera. 

—  Yo  escribir  escribiría, — si  tinta  y  papel  tuviera. 

— Buen  papel  sellado  tienes, — del  paño  de  mi  cabeza, 

y  buena  tinta  será — de  la  sangre  de  mis  venas. 

El  primer  renglón  que  pongas — pónelo  de  esta  manera: 

«La  madre  que  tenga  hijas — non  las  case  en  tierra  agena; 

■que  mi  madre  tuvo  dos — ¡mala  suerte  le  tuvieran! 

Casó  una  co  '1  Rey  Tereno— y  otra  en  el  monte  muriera 

atada  de  pies  y  manos — á  sombra  de  una  olivera.»  — 

Blanca  Flor,  desque  lo  supo, — de  malos  partos  pariera  : 

los  malos  partos  que  fizo, — los  guisó  'n  una  cazuela 

para  dar  á  su  marido— á  la  noche  cuando  venga. 

—¿Qué  me  diste,  Blanca  Flor; — que  tan  dulce  me  supiera? 

— I  Mas  dulces,  traidor  serían,  —los  besos  de  Filomenal 

—¿Quién  lo  dijo,  Blanca  Flor;— Blanca  Flor,  quién  lo  dijera? 

— Díjomelo  un  pajarito — que  por  el  aire  viniera. 

— iDe  malos  fuegos  quemara, — de  malos  fuegos  ardiera, 

de  malos  fuegos  quemara— donde  la  traición  se  hiciera! — 

No  acabara  de  decirlo, — cuando  se  le  concediera. 


Estos  romances,  que  también  se  encuentran  en  Andalucía, 
son  una  transformación  del  mito  clásico  de  Progne  y  Filo- 
mena, del  cual  conservan  los  rasgos  esenciales  y  hasta  el 
nombre  del  Rey  Tereo,  trocado  en  Tereno  y  á  veces  en  Turquí- 


\ 


72  LÍRICOS  CASTELLANOS 

lio,  acaso  por  confusión  con  el  romano  Tarquino,  de  qnien 
tampoco  se  olvidó  la  poesía  popular,  y  que,  á  título  de  injus- 
to forzador,  tenía  alguna  semejanza  con  Tereo.  Hay  mezcla- 
das también  reminiscencias  de  la  horrible  fábula  de  Tieste& 
y  Atreo. 


23. 

WA  Conde  Olinos.  — I 

iConde  Olinos,  Conde  Olinos,— ee  niño  y  pasó  la  mart 
Levantóse  Conde  Olinos — mañanita  de  San  Juan  : 
llevó  su  caballo  al  agua — á  las  orillas  del  mar. 
Mientras  el  caballo  bebe — él  se  pusiera  á  cantar  : 
— «Bebe,  bebe,  mi  caballo; — Dios  te  me  libre  de  mal, 
de  los  vientos  rigurosos — y  las  arenas  del  mar». — 
Bien  lo  oyó  la  Reina  mora,— de  altas  torres  donde  está  : 
—Escuchad,  mis  hijas  todas;— las  que  dormis,  recordad  (1) 
y  oirédes  á  la  sirena — como  canta  por  la  mar. — 
Respondió  la  mas  chiquita, — (imas  le  valiera  callar!) 
— Aquello  no  es  la  sirena, — ni  tampoco  su  cantar; 
aquel  era  el  Conde  Olindos, — que  á  mis  montes  va  á  cazar. 
— Mis  morillos,  mis  morillos, — los  que  me  coméis  el  pan  (2), 
id  buscar  al  Conde  Olindos, — que  á  mis  montes  vá  á  cazar. 
Al  que  me  lo  traiga  vivo, — un  reinado  le  he  de  dar; 
el  que  me  lo  traiga  muerto— con  la  Infanta  ha  de  casar : 
al  que  traiga  su  cabeza, — á  oro  se  la  he  de  pesar. — 
Po  '1  monte  de  los  Acebos,  —  cien  mil  morillos  se  van 
en  busca  del  Conde  Olindos; — non  le  pueden  encontrar. 

(1)  Los  versos  á  que  apuntamos  esta  nota,  son  muy  parecidos  á  los  si- 
guientes del  romance  de  La  linda  Melisendra,  que  es  el  198  de  la  Prima- 
vera y  Flor  de  romances  de  Wolf : 

—Si  dormis  las  mis  doncellas— si  dormides,  recordad. 

(2)  —Moriscos,  los  mis  moriscos,  -  los  que  ganáis  mi  soldada. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  73 

Encontráronlo  durmiendo— debajo  de  un  olivar. 
— ¿Qué  haces  ahí,  Conde  Olindos?— ¿Qué  vienes  aquí  á  bus- 
Si  á  buscar  vienes  la  muerte,— te  la  venimos  á  dar,  [car?... 
si  á  buscar  vienes  la  vida — de  aquí  non  la  has  de  llevar. 
— ¡Oh,  mi  espada;  oh,  mi  espada— de  buen  oro  y  buen  metal; 
que  de  muchas  me  libraste, — desta  non  me  has  de  faltar: 
y  si  desta  me  librases,— te  vuelvo  á  sobredorar! — 
Por  la  gracia  del  Dios  Padre,— comenzó  la  espada  á  hablar: 
«Si  tú  meneas  los  brazos— cual  los  sueles  menear, 
yo  cortaré  por  los  moros— como  cuchillo  por  pan.» 
— ¡Oh  caballo,  mi  caballo;  — oh,  mi  caballo  rúan, 
que  de  muchas  me  libraste, — desta  non  me  has  de  faltar! — 
Por  la  gracia  de  Dios  Padre, — comenzó  el  caballo  á  hablar: 
«Si  me  das  la  sopa  en  vino — y  el  agua  por  la  canal, 
las  cuatro  bandas  de  moros— las  pasaré  par  á  par.» 
Cuando  era  medio  día, — no  halló  con  quien  pelear, 
sinon  era  un  perro  moro — que  non  lo  pudo  matar. 
Allí  vino  una  paloma, — blanquita  y  de  buen  volar. 
— ¿Qué  haces  ahí,  palomita; — qué  vienes  aquí  á  buscar? 
— Soy  la  Infanta,  Conde  Olinos; — de  aquí  te  vengo  á  sacar. 
Ya  que  non  queda  más  qu'  ese, — vivo  no  habrá  de  marchar. — 
Por  el  campo  los  dos  juntos —se  pasean  par  á  par. 
La  Reina  mora  los  vió, — y  ambos  los  mandó  matar  : 
del  uno  nació  una  oliva,— y  del  otro  un  olivar : 
cuando  hacía  viento  fuerte, —los  dos  se  iban  á  juntar. 
La  Reina  también  los  vió, — también  los  mandó  cortar  : 
del  uno  nació  una  fuente, — del  otro  un  río  caudal. 
Los  que  tienen  mal  de  amores — allí  se  van  á  lavar. 
La  Reina  también  los  tiene  — y  también  se  iba  á  lavar. 
— Corre  fuente,  corre  fuente,— que  en  ti  me  voy  á  bañar. 
— Cuando  yo  era  Conde  Olinos, — tú  me  mandaste  matar; 
cuando  yo  era  olivar, — tú  me  mandaste  cortar; 
ahora  que  yo  soy  fuente,— de  ti  me  quiero  vengar  : 
para  todos  correré— para  ti  me  he  de  secar, 
^ ¡Conde  Olinos,  Conde  Olinos, — es  niño  y  pasó  la  mar! 


74 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


24. 

Conde  Olinos.-— II 

¡Quién  se  del  del  Conde  Olinos,— que  niño  pasara  el  mar! 
Lleva  su  caballo  al  agua  — una  noche  de  lunar; 
mientras  el  caballo  bebe, — él  le  canta  este  cantar: 
«Bebe,  bebe,  mi  caballo;— Dios  te  me  libre  de  mal, 
de  los  peligros  del  mundo — y  de  las  ondas  del  mar; 
de  los  castillos  de  Arriba — que  me  quieren  mucho  mal,» 
La  Eeina  mora  lo  oyera —de  altas  torres  donde  está  : 
— Escuchalde,  mis  doncellas — las  que  dormis,  recordad, 
y  oirédes  á  la  serena — cómo  canta  por  el  mar. 
Respondió  la  mas  chiquita, — (¡mas  le  valiera  callar I) 
— Aquella  no  es  la  serena, — nin  tampoco  su  cantar  : 
aquel  es  el  Conde  Olinos — que  conmigo  va  á  casar. — 
La  Reina,  que  aquello  oyera,— ambos  los  mandó  matar  (1). 
Uno  lo  entierran  'n  el  coro, — y  otro  'n  el  pie  del  altar. 
D'  ella  nació  verde  oliva,— d'  el  nació  verde  olivar. 
Crece  el  uno,  crece  el  otro, — ambos  iban  á  la  par; 
cuando  hacía  aire  d'  arriba, — ambos  se  iban  á  abrazar; 
€uando  hacía  aire  d'  abajo, — ambos  se  iban  á  besar. 
La  Reina  que  aquello  vé, — ambos  los  manda  cortar  : 
d'  ella  naciera  una  fuente,— d'  el  nació  un  río  caudal. 
«Quien  tuviere  mal  de  amores — aquí  se  venga  á  bañar.» 
La  Reina  que  aquello  oyera — también  se  fuera  á  lavar. 
— Detente,  Reina,  detente, — no  me  vengas  dexobar  (1). 
Cuando  yo  era  Blanca  Flor— tú  me  mandaste  matar; 
cuando  yo  era  verde  oliva— tú  me  mandaste  cortar; 

(1)      —Si  e¿}  el  Conde  Olinos ,  hija— yo  le  mandaré  matar. 

—Non  lo  mande  matar  madre,  -non  me  lo  mande  matar  : 
si  matan  al  Conde  Olinos  -á  mi  me  han  de  degollar.— 
Uno  muriera  á  las  doce,— y  el  otro  al  gallo  cantar; 
uno  fué  enterrado  en  coro,  etc. 

(1)   Enturbiar,  ensuciar. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  75 

ahora  soy  fuente  clara, — non  me  puedes  facer  mal; 
para  todos  he  de  correr— para  ti  me  he  de  secar. 


Estos  poéticos  y  misteriosos  romances,  que  pudiéramos 
llamar  de  las  transfsrmaciones,  y  que  parecen  conservar  ras- 
tros del  paganismo  céltico,  no  proceden,  sin  embargo,  de  la 
antigua  mitología  de  la  Península  (como  pudiera  sospecharse 
-al  ver  que  sólo  se  los  encuentra  en  Asturias  y  en  Portugal), 
sino  que  se  derivan  de  los  poemas  franceses  del  ciclo  de  la 
Tabla  Redonda,  y  especialmente  del  más  célebre  de  ellos, 
Tristán  é  Iseo,  cuya  parte  maravillosa  pasó  á  estas  canciones 
nuestras,  que  en  su  estado  actual  no  han  de  ser  muy  anti- 
guas, pues  contienen  inoportunas  reminiscencias  de  otros  ro- 
mances, especialmente  de  El  Conde  Arnaldos  y  de  La  linda 
Melisenda  (153  y  198  de  la  Primavera), 

Hay  en  portugués  las  siguientes  versiones  : 

a)  Conde  Nillo  (III,  9-12  del  Romanceiro  de  Almeida 
Oarrett),  que  sospechó  ya  el  origen  extranjero  déla  canción, 
aunque  no  llegó  á  determinarle  <Da  nossa  Hespanha  é  que 
elle  nao  me  parece  oriundo», 

h  )  Romance  do  Conde  Niño,  Variante  de  Tras  os-Montes 
(T.  Braga,  Rom.  ger.,  37-40). 

c)  Dom  Diniz.  Versión  del  Algarve  (Apud.  Estacio  da 
Veiga,  64-67). 

d  )  Dom  Duardos.  Dos  variante  de  la  isla  de  San  Jorge 
(Cantos pop.  do  Archip.  Agoriano,  271-274). 

e  )  Dom  Bernal  y  Don'Aninha  (tradicional  en  la  isla  de  la 
Madera,  118  122). 

Por  supuesto,  que  el  Conde  Niño  de  estos  romances  nada 
tiene  que  ver  con  el  personaje  histórico  Don  Pedro  Ñuño, 
Conde  de  Buelna,  si  bien  la  celebridad  de  sus  aventuras 
pudo  influir  en  que  su  nombre  se  aplicase  arbitrariamente  al 
héroe  de  estos  romances,  así  como  en  el  Algarve  se  le  llamó 
Don  Diniz  por  recuerdo  del  famoso  Rey  del  mismo  nombre, 
y  en  las  Azores  Don  Duardos,  acaso  por  influjo  del  libro  de 


/ 


76 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Caballerías  Primaleón  y  Polendos  ó  de  la  tragicomedia  de 
Gil  Vicente. 

Coinciden  con  estos  romances,  pero  sólo  en  el  final,  A  Er- 
mida  no  mar,  tradicional  en  las  Azores  (274-276);  O  Cagador, 
recogido  en  la  isla  de  San  Miguel  por  Th.  Braga  (notas  á  los 
Cantos  popular-es  do  Brazil,  II,  153-168). 

Nota  el  mismo  Braga  que  el  episodio  de  los  dos  árboles  na- 
cidos en  la  sepultura  de  los  amantes  es  un  elemento  poético 
de  carácter  universal,  que  se  halla  en  el  cuento  egipcio  de 
Los  dos  hermanos,  en  tradiciones  y  leyendas  de  China,  del 
Afganistán,  de  los  cosacos  de  la  Ukrania,  etc.,  y  de  un  modo 
muy  próximo  á  nuestros  romances,  pero  mucho  menos  poé- 
tico, en  un  canto  popular  de  Normandía,  recogido  por  Beau- 
repaire  : 

Sur  la  tombe  du  gargon 
on  y  mit  une  épine, 
sur  la  tombe  de  la  belle 
on  y  mit  une  olive. 
L'épine  crut  si  haut 
qu'elle  embrassa  l'olive, 
on  en  tira  du  bois 
pour  batir  des  églises. 


24. 

Ija  esposa  de  Don  Oareía.  —  I. 

En  poder  de  moros  va,— -en  poder  de  moros  iba, 
en  poder  de  moros  va— la  esposa  de  Don  García. 


—Dios  la  guarde,  la  mi  madre,— Dios  la  guarde,  madre  mía. 
¿Por  aquí  pasó  mi  esposa,— la  mi  esposa  tan  querida? 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  77 


— Por  aquí  pasó  esta  noche  —tres  horas  antes  del  día; 
vihuela  de  oro  en  las  manos, — y  muy  bien  que  la  tanguía. 
— Andes,  andes,  mi  caballo; — guárdate  Santa  María  : 
llevarásme  á  los  palacios — donde  mi  suegra  vivía; 
que  lo  que  mi  madre  ha  dicho,— mi  suegra  revocaría. 


— Dios  la  guarde,  la  mi  suegra; — Dios  guarde  la  suegra  mía. 

¿Por  aquí  pasó  mi  esposa,— la  mi  esposa  tan  querida? 

— Por  aquí  pasó  esta  noche — tres  horas  antes  del  día; 

vihuela  de  oro  en  las  manos— de  pesar  no  la  tanguía : 

toda  vestida  de  luto— por  donde  iba  oscurecía. 

— Andes,  andes,  mi  caballo — guárdete  Santa  María; 

pasárasme  aquella  sierra, — aquella  sierra  bravia; 

si  á  aquella  sierra  llegares,— nunca  mas  aquí  volvías. 


— Dios  los  guarde  á  los  moros— y  á  toda  la  morería, 
grandes  guerras  les  armasteis — al  Infante  Don  García, 
y  le  robasteis  la  esposa  —de  los  palacios  de  usia. 
— Tomelá,  el  caballero;— por  cien  doblas  la  darían, 
si  doncella  la  trajimos, — doncella  la  volvería. — 
El  la  agarró  por  el  brazo,— y  á  caballo  la  ponía. 


=^  25. 

Eia  esposa  de  Don  Grarcía*  —  II. 

Válgame  Nuestra  Señora— y  la  sagrada  María; 
que  cayó  en  poder  de  moros — la  esposa  de  Don  García. 
Diez  mil  moros  la  llevaban— y  todos  en  romería. 
— Ande  mi  caballo,  ande, — ande  de  noche  y  de  día, 
hasta  llegar  al  palacio  —donde  está  la  madre  mía. 


— Dios  ayude  la  mi  madre. — Bien  venido  Don  García. 
— Lo  que  voy  á  preguntar — pronto  me  respondería  ; 


78 


LIRICOS  CASTELLANOS 


si  vió  por  aquí  esta  noche — mi  esposa  Doña  María. 

—Por  aquí  pasó  esta  noche— dos  horas  antes  del  día, 

vestida  de  colorado, — que  una  reina  parecía, 

vihuela  de  oro  en  sus  manos,— y  muy  bien  que  la  tangía. 

Cada  vuelta  que  le  daba,— cuernos,  cuernos,  Don  García. — 

— Ande  mi  caballo,  ande — de  noche  como  de  día, 

hasta  llegar  al  palacio—donde  estaba  la  mi  tía. 


— Dios  ayude  á  la  mi  tía. — Bien  venido,  Don  García.— 

— Lo  que  voy  á  preguntar — pronto  me  respondería  : 

si  vió  por  aquí  esta  noche— mi  esposa  Doña  María. — 

— Por  aquí  pasó  esta  noche — tres  horas  antes  del  día, 

toda  vestida  de  negro, — que  una  viuda  parecía, 

vihuela  de  oro  en  las  manos, — de  pesar  no  la  tangía; 

cada  vuelta  que  le  daba, — ¡valme,  valme,  Don  García! — • 

— Ande  mi  caballo,  ande — de  noche  como  de  día. — 

Toca  en  el  medio  del  monte — la  bocina  Don  García  : 

— Escanciador  que  da  el  vino, — escancie  con  cortesía, 

guárdeme  un  vaso  de  vino— para  aquel  de  la  bocina. 

— No  le  guardaría  uno, — como  dos  le  guardaría, 

sino  fuera  su  hermano— ó  su  esposo  Don  García.— 

—Hermano  no  tengo  yo,— y  ni  esposo  conocía; 

es  que  lástima  me  dan — los  que  andan  de  montería. 

En  estos  y  otros  comedios— allí  llega  Don  García  : 

— Dios  ayude  á  los  morillos,— morillos  de  morería. 

— Bien  venido  el  cristianillo, — que  buen  caballo  traía. 

— Yo  vengo  de  Santiago, — camino  por  Turquería. 

— Allá  vamos  todos  juntos, — iremos  en  compañía. 

— Mi  caballo  tiene  zuna — que  jamás  la  perdería, 

que  entre  tropa  de  caballos— él  delante  nunca  iría. 

— Nosotros  delante  iremos, — y  usted  detrás  quedaría. 

— Allá  abajo  hay  un  reguero, — ¿quién  ha  de  pasar  la  niña? 

— Pasarála  el  cristianillo,  — que  buen  caballo  traía. 

— Mi  caballo  tiene  zuna — que  jamás  la  perdería, 

mujer  que  no  tenga  honra— sobre  sí  no  consentía. 

—  Si  la  trae  de  su  tierra—nadie  se  la  quitaría. — 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


19 


Guando  iba  cuestas  arriba — ojos  que  lo  mirarían  : 

cuando  iba  cuestas  abajo — ni  el  diablo  lo  alcanzaría. 

— Vuelta,  vuelta,  mi  caballo,— ya  entramos  en  Turquería. 

Adiós,  adiós  los  morillos — morillos  de  Morería. 

— Adiós,  adiós  el  cornudo, — el  cornudo  Don  García  : 

esa  mujer  va  preñada — de  cuantos  moros  había. 

— Pára,  moro  perro,  pára, — yo  se  lo  bautizaría. 

Válgame  Nuestra  Señora — y  la  sagrada  María. 


Nada  podemos  conjeturar  con  fundamento  acerca  de  estos 
dos  singularísimos  romances,  que  hasta  ahora  aparecen  solita- 
rios en  la  tradición  de  la  Península,  y  que  parecen  ser  degene- 
ración de  algún  romance  histórico.  El  segundo,  inédito  hasta 
ahora,  parece  más  moderno  que  el  primero,  puesto  que  mez- 
cla con  rasgos  afectuosos  y  delicados  otros  de  una  brutalidad 
extrema,  y  desfigura,  sobre  todo  el  final,  de  un  modo  libre  y 
desvergonzado,  que  no  es  propio  de  la  genuina  poesía  po- 
pular. 

El  Don  García  de  estos  romances,  ¿será  por  ventura  el  Con- 
de de  Castilla  Garci-Fernández,  que  fué  famoso  por  sus  des- 
venturas conyugales? 


26. 

Kl  galán      esta  villa* 

¡Ay!  un  galán  d'  esta  villa — ¡ay!  un  galán  d'  esta  casa, 
;ay!  él  por  aquí  venía, — íay!  él  por  aquí  llegaba. 
—  ¡Ay!  diga  lo  qu'  él  quería, — ¡ay!  ¡diga  lo  qu'  él  buscaba! 
— ¡Ay!  busco  la  blanca  niña— ¡ay!  busco  la  niña  blanca 
que  tiene  voz  delgadina, — que  tiene  la  voz  delgada; 
la  que  el  cabello  tejía, — la  que  el  cabello  trenzaba. 
— ¡Ay!  ¿trenzadicos  traía? — ¡Ay!  ¿trenzadicos  llevaba?  [casa, 
¡  A.y!i  que  non  1'  hay  n'  esta  villa, — ¡ay!  que  non  V  hay  n'  esta 


80 


LIRICOS  CASTELLANOS 


si  non  era  una  mi  prima,— si  non  era  una  mi  hermana, 

¡ay!  de  marido  pedida,— ¡ay!  de  marido  velada... 

]Ay!  bien  qu'  ora  la  castiga, — ¡ay!  bien  que  la  castigaba, 

]ay!  con  varas  las  d'  oliva, — ;ay!  ;con  varas  las  de  malva! 

Es  la  causa  otra  su  amiga,— es  la  causa  otra  su  amada, 

que  la  tien  allá  en  Sevilla, — que  la  tien  allá  en  Granada... 

— ;Ay!  diga  á  la  blanca  niña, — ¡ay!  diga  á  la  niña  blanca, 

¡ay!  que  su  amante  la  espera, — ¡ay!  que  su  amante  la  aguarda 

al  pie  d'  una  fuente  fría, — al  pie  de  una  fuente  clara , 

que  por  el  oro  corría, — que  por  el  oro  manaba, 

donde  canta  la  culebra,— donde  la  culebra  canta. — 

Por  arriba  d'  una  peña — por  arriba  d'  una  mata, 

donde  canta  la  culebra, — donde  la  culebra  canta, 

vi  venir  una  doncella;— es  hija  del  Eey  d'  Arabia. 

¡Ay!  llegó  á  la  fuente  fría, — ¡ay!  llegó  á  la  fuente  clara. 


Ya  su  buen  amor  venía,— ya  su  buen  amor  llegaba 
por  sobre  la  verde  oliva, — por  sobre  la  verde  rama; 
por  dond*  ora  el  sol  salía, — por  dond'  ora  el  sol  rayaba, 
jay!  mañana  la  tan  fría, — ¡ay!  mañana  la  tan  clara. 
]Ay!  Antonio  se  decía, — ¡ay!  Antonio  se  llamaba; 
á  su  cuello  una  medida,— á  su  cuello  una  esmeralda. 
Perdiérala  entre  la  yerba, — perdiérala  entre  la  rama. 
Hallárala  una  doncella,— hallárala  una  zagala, 
la  qu*  el  cabello  tejía, — la  que  el  cabello  trenzaba. 
lAy!  agua  la  depedía,  —  ¡ayl  agua  la  demandaba; 
jayl  agua  de  fuente  fría, — ¡ay!  agua  de  fuente  clara. 
iAy!  ¡lo  que  allí  le  decía! — ¡ay!  ¡lo  que  allí  le  falabal 
y  celos  la  depedía,— y  celos  la  demandaba: 
— ¡Ay!  la  vinaja  dorida,— ¡ay!  la  vinaja  dorada... 
— ¡Ay!  trájola  de  Sevilla, — ¡ay!  trájola  de  Granada, 
jay!  de  mano  de  su  amiga,— ¡ay!  de  mano  de  su  amada. 
— ¡Ay!  yo  te  la  mercaría, —  ¡ayl  que  yo  te  la  mercaba; 
lay!  más  galana  y  puUda,— ¡ay!  más  pulida  y  galana, 
iay!  si  quies  mi  compañía,— ¡ay!  si  quies  la  mi  compaña. 
— ¡Ay!  sí,  por  el  alma  mía, — ¡ay!  sí,  por  la  vuestra  alma; 


ROMANCES  TRADíGíONALES  DE  ASTURIAS  81 

layl  qu'  el  que  me  dió  la  cinta, — ¡ay!  que  el  que  me  dio  lasa- 

[ya, 

layl  non  quiere  que  o  la  vista, — ¡ayl  non  quiere  que  o  la  traiga: 
iay!  quier  que  la  ponga  en  rima,— ¡ay!  quier  que  la  ponga  en 

[vara, 

la  quier  para  otra  su  amiga, — la  quier  para  otra  su  amada, 
que  la  tien  allá  en  Sevilla, — que  la  tien  allá  en  Granada. — 


jAy!  ¡cantaba  la  culebra! — ¡ay!  ¡la  culebra  cantaba! 

¡ay!  ¡voz  tiene  la  doncella!— ¡ay!  ¡voz  tiene  la  galana!... 

— ¡Ayl  ¡padre,  le  tengo  en  vida! — ¡ay!  ¡padre,  le  tengo  en  casa! 

Un  viene  á  la  romería, — un  viene  á  la  Eoma  Santa 

con  el  que  yo  más  quería,— con  el  que  yo  más  amaba. 

¡Ay!  Antonio  se  decía, — ¡ay!  Antonio  se  llamaba; 

aquel  qu*  audaba  en  la  guerra, — aquel  que  en  la  guerra  anda- 

con  espada  y  con  rodela,— con  rodela  y  con  espada!  [ba 

Él  se  fuera  y  non  venía,  -él  se  fuera  y  non  tornaba, 

muy  tiernas  cartas  me  envía, — tiernas  cartas  m'  enviaba: 

''<Non  te  me  cases,  mi  vida, — non  te  me  cases,  mi  alma; 

presto  será  mi  venida, — presto  será  mi  tornada.» 


¡Ay!  fuese  á  la  romería, — ¡ay!  fuese  á  la  Roma  Santa 
con  el  que  ella  más  quería — con  el  qu'  ella  más  amaba. 


¡Ayl  la  niña  estaba  en  cinta,— ¡ay!  la  niña  en  cinta  estaba. 

¡Ay!  llegáronse  ála  ermita,— ¡ay!  llegáronse  á  la  sala, 

¡ay!  donde  el  abad  diz  misa, — ¡ay!  dond'  el  abad  misaba; 

¡ay!  misa  en  n'  la  montiña, — ¡ayl  misa  en  n'  la  montaña  : 

¡ayl  el  molacin  1'  audiva, — ¡ay¡  el  molacin  V  audava. 

¡Ay!  vueltas  las  que  darían, — ¡ay!  vueltas  las  que  le  daban 

á  redores  de  la  ermita, — á  redores  de  la  sala; 

¡ay!  que  el  parto  le  venía, — ¡ayl  que  el  parto  le  llegaba. 

— ¡Santa  María  es  mi  madrina!— ¡Santa  María  es  mi  abogadal 

Un.  niño  en  brazos  traía, — un  niño  en  brazos  llevaba; 

Jesucristo  le  decía,  —Jesucristo  le  llamaba. 

ToxMo  X.  6 


82 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


El  Niño  rosas  traía,— el  Niño  rosas  llevaba, 

cuatro  ó  cinco  en  una  pifía, — cuatro  ó  cinco  en  una  caña. 

 De  la  caña  más  florida, — de  la  caña  más  granada, 

lay!  dale  á  la  blanca  niña, — lay!  dale  á  la  niña  blanca;  [ba.— 
¡ay!  pues  ella  estaba  en  cinta,— layl  pues  ella  en  cinta  esta- 
¡Ay!  parió  una  blanca  niña,— ¡ayl  parió  una  niña  blanca; 
bautizóla  en  agua  fría,— bautizóla  en  agua  clara; 
púsole  en  nombre  Rosina, — púsole  en  nombre  Rosaura; 
qu'  el  Niño  rosas  traía,— qu'  el  Niño  rosas  llevaba. 


lAy!  mandara  el  Rey  prenderla, — ¡ay!  mandara  el  Rey  prin- 
en  cadenillas  meterla — y  en  cadenillas  cebarla;  [darla; 
¡ay!  arriba  en  la  alta  mena, — ¡ay!  arriba  en  la  mena  alta: 
quier  que  le  sirva  á  la  mesa,— quier  que  le  sirva  á  la  tabla, 
¡ayl  con  la  taza  francesa, — ¡ay!  con  la  francesa  taza; 
que  file  paños  de  seda,  -  que  file  paños  d'  Holanda, 
con  rueca  la  de  madera, — con  rueca  la  de  su  casa; 
los  que  filaba  la  Reina, — los  que  filaba  la  Infanta, 
¡ay!  con  el  tortoriu  d*  oro, — co'l  tortoriu  de  esmeralda. 
¡Ay!  tortoriu  trae  de  piedra,— ¡ay!  ¡tortoriu,  fuso  y  aspal 
Llabra  en  él  la  seda  fina, — llabra  en  él  la  seda  clara; 
¡ay!  al  Rey  le  fay  camisa, — ¡ay!  al  Rey  le  fay  delgada, 
¡ay!  del  oro  engordonida, — ¡ay!  del  oro  engordonada. 


He  aquí  el  romance  más  famoso  y  popular  de  Asturias,  el 
que  sirve  de  tiempo  inmemorial  para  acompañar  la  danza  pri- 
ma. Ha  sido  también  el  primero  en  que  se  fijó  la  atención  de 
la  crítica.  Ya  Jovellanos  le  menciona  en  su  carta  sobre  las 
romerías.  Cuantos  le  han  oído  están  contestes  en  afirmar  el 
poético  efecto  que  causa,  á  pesar  de  lo  incoherente  de  su  con- 
tenido, ó  quizá  por  esta  misma  razón.  Sus  variantes  son  in- 
numerables, pero  la  más  completa  es  isin  duda  la  que  publi- 
ca el  Sr.  Menéndez  Pidal.  Ha  sido  impreso  en  varios  libros 
de  viajes,  y  también  en  una  hoja  suelta  que  publicó  D.  José 


ROMAiNCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


83 


Pérez  Ortiz,  antiguo  Catedrático  de  la  Universidad  Ovetense, 
con  el  estrambótico  título  que  sigue  :  El  Galán  de  esta  villa. 
Romance  antiguo,  natural  compañero  de  la  danza  propia  para 
ostentar  el  sexo  femenino  la  alegre  oficiosidad  doméstica  que  le 
corresponde  en  la  sociedad  conyugal,  y  por  cuyo  olvido  deja  de 
practicarse  aun  por  las  honestas.  Finalmente,  de  la  populari- 
dad de  este  romance  da  fe  el  verbo  asturiano  estavillar^  que 
quiere  decir  hablar  apresuradamente,  sin  tino  ni  concierto. 

Tal  como  suele  cantarse  este  romance,  parece,  en  efecto, 
una  retahila  sin  sentido;  pero  el  Sr.  Menéndez  Pidal,  reunien- 
do trozos  de  diversas  versiones,  ha  llegado  á  ofrecer  un  con- 
junto bastante  satisfactorio,  aunque  no  sin  lagunas.  Ha  de 
tenerse  en  cuenta  que  la  segunda  parte  de  cada  verso  es  re- 
petición del  octosílabo  anterior,  puesto  que  el  romance  se 
canta  por  dos  coros  :  uno  de  hombres  y  otro  de  mujeres. 


27. 

Ija  ausencia.  —  I 

Estando  yo  ante  mi  puerta — labrando  la  fina  seda, 
vi  venir  un  caballero — por  la*  alta  Sierra  Morena; 
con  las  armas  n'  el  caballo,— á  mi  marido  semeja. 
Atrevime  á  preguntarle — si  venía  de  la  guerra. 
— De  la  guerra,  no,  señora;— -pero  vengo  cerca  della.  [lia? 
¿Por  qué  lo  entruga  (1),  señora? — ¿Por  qué  lo  entruga,  donce- 
— Porque  tengo  á  mi  marido — há  siete  años  en  la  guerra : 
de  los  siete  años  que  estuvo, — nunca  me  envió  una  letra. 
Diga,  diga,  la  señora; — diga  de  qué  señas  era... 
— Era  alto  como  un  pino — y  galán  como  una  estrella; 
llevaba  un  caballo  blanco — todo  cubierto  de  seda... 
— Por  las  señas  que  me  dabais, — en  la  guerra  muerto  queda; 

(I)   Entrugar^  preguntar,  de  interrogo. 


84 


LIRICOS  CASTELLANOS 


SU  cuerpo  revuelto  en  sangre, — su  boca  llena  de  arena. 
— lAy,  triste  de  mí,  cuitada! — ¡Ay,  de  mi  suerte  tan  negra! 
¡Siempre  truje  toca  blanca, — abora  vestiréla  prieta! 
Tres  hijos  que  me  quedaron — los  criaré  en  mi  tristeza; 
y,  en  cuanto  manejen  armas, — mandarélos  á  la  guerra 
para  vengar  á  su  padre — que  le  mataron  en  ella... 
— Non  se  aflija  la  señora; — no  se  acordó  je,  mi  dueña, 
nin  vista  los  negros  paños, — que  yo  su  marido  era. 


28. 

Ija  ausencia*  —  II 

Estando  un  día  á  la  puerta — labrando  paños  de  seda, 
vi  venir  un  caballero — allá  por  Sierra  Morena. 
Atrevime  y  preguntéle  — si  venía  de  la  guerra. 
— De  la  guerra,  sí,  señora; — de  la  guerra,  sí,  doncella. 
¿Tiene  allá  algún  primo  hermano— ó  alguno  que  le  dé  pena? 
— Yo  tengo  allá  á  mi  marido; — más  hermoso  que  una  perla. 
— Déme  las  señas,  señora;— señora,  déme  las  señas. 
— Llevaba  el  caballo  blanco, — la  silla  dorada  y  negra : 
dos  criados  que  llevaba, — iban  vestidos  de  seda; 
iban  vestidos  de  luto — de  los  pies  á  la  cabeza. 
— Vuestro  marido,  señora, — en  la  guerra  muerto  queda. 
— ;Ay,  pobre  de  mí,  cuitada;— que  estoy  sola  en  tierra  ajenal 
¡Mis  pobres  hijos  queridos— quien  los  mandará  á  la  escuela; 
y  á  mi  hija  Teresina— quien  la  casará  en  su  tierral 
— Los  sus  hijos  y  los  míos— xuntos  irán  á  la  escuela, 
y  á  su  hija  Teresina — yo  la  casará  en  mi  tierra. — 
Á  otro  día  de  mañana, — madrugó  á  misa  primera: 
iba  vestida  de  luto— de  los  pies  á  la  cabeza, 
y  al  tomar  agua  bendita —co  '1  caballero  se  encuentra. 
— ¿Por  quién  trae  luto,  señora; — por  quién  trae  luto,  doncella? 
— Tráigolo  por  mi  marido, —que  se  me  murió  en  la  guerra. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  85 


— Non  llore  por  él,  señora; — señora,  non  tenga  pena, 
nin  vista  paños  de  luto, — que  yo  su  marido  era. 


Es  lugar  común  en  la  poesía  popular  el  reconocimiento 
del  marido  que  vuelve  de  la  guerra,  y  rara  vez  se  omite  la 
enumeración  de  las  señas  que  sirven  para  reconocerle.  Se  en- 
cuentra este  tema  en  los  cantos  de  la  Grecia  moderna  (1),  en 
baladas  alemanas  (2)  é  inglesas  (3),  en  las  canciones  france- 
sas Germaine  ó  Germine  y  Le  retour  dii  mari,  de  las  cuales  se 
conocen  muchas  versiones  (4),  en  La  esposa  del  Cruzado,  can- 
ción bretona  (5),  y  en  una  canción  italiana.  La  Frova,  que  se 
halla,  más  ó  menos  íntegra,  en  el  Piamonte,  en  Génova,  en 
Lombardía,  en  Venecia,  en  la  Marca  de  Ancona,  en  Ferrara, 
y  en  otras  partes  (6).  En  rigor,  el  asunto  es  humano,  y  su  ex- 
presión más  poética  y  más  antigua  está  ya  en  la  Odisea;  pero 
es  tal  la  semejanza  que  tienen  estas  canciones  en  algunos 
pormenores,  especialmente  en  lo  que  toca  á  las  señas  del  ma- 
rido, que  hacen  pensar  en  la  transmisión  directa  de  un  tema 
original,  nacido  no  se  sabe  dónde. 

(1)  Chants  populaires  de  la  Gréce  moderne  (colección  del  Conde  de 
^    Marcellus).  París,  1860,  pp.  155-102-163. 

(2)  Véase  la  titulada  Liebes  vrobe  en  el  Deutsche  Balladenhuch.  Leip' 
zig,  1858,  p.  14. 

(3)  Ya  Almeida  Garrett  mencionó  oportunamente  una  que  está  en  Per- 
cy,  Reliquies  of  ancient  english  poetry,  London,  18'23.  sect.  11^  book  i,  pá- 
gina 261. 

(4)  Chansons  popuhdres  des  provinces  de  France,  por  Champí] eury  y 
Wekerlin.  París,  1860,  p.  195.  —  Études  sur  la  poésie  populaire  en  Nor- 
mandie^  por  E,  de  Beaurepaire.  París,  1856,  p.  76.  —  Chants  et  chansons 
populaires  des  provinces  de  VOuest,  por  Bujeaud.  Niort,  1866,  II,  p.  215.— 
Chants  et  chansons  populaires  du  Pays  Messin^  por  el  Conde  de  Puy- 
maigre.  Paris,  1869,  p.  ^.—Romancero  de  Champagne,  por  Tarbé.  Reims, 
1863,  It,  pp.  2-221. 

(5)  Barzaz  Breiz:  Chants  populaires  de  la  Bretagne,  recutilUs,  traduits 
et  annotéspar  le  Vicomte  Hersart  de  la  Villemarqué.  6."  ed.  Paris,  1867, 
páginas  146-150. 

(6)  Véase  noticia  de  todas  estas  variantes  en  la  obra  monumental  de 
Nigra,  pp.  317-318. 


86 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Sin  resolver  tan  ardua  cuestión,  nos  ceñiremos  á  enumerar 
los  romances  españoles  sobre  este  argumento.  Corresponden 
á  él  desde  luego  los  dos  castellanos  que  comienzan  Caballero, 
si  á  Francia  ides  (núms.  155  y  166  de  la  Frimavera),  muy  tar- 
díos uno  y  otro  y  con  visibles  reminiscencias  de  los  viejos 
romances  carolingios  de  Gaiferos  y  Valdovinos,  y  muy  espe- 
cialmente del  que  empieza  Ñuño  Vero,  Ñuño  Vero  (núm.  168 
de  la  Primavera). 

Pertenecen  también  los  siguientes  romances  portugueses  : 

a )  Bella  Infanta.  Dos  lecciones  recogidas  por  AÍmeida 
Garrett  (IL  7-14).  El  mismo  Garrett  intercaló  este  romance 
con  mucho  efecto  dramático  en  el  acto  V  de  su  drama  O  Al- 
f ágeme  de  Santarem. 

h  )  Dona  Infanta, — Dona  Catherina.  Variantes  de  la  Bei- 
ra  Baja.  En  el  Romanceiro  de  ,T.  Braga,  1-7. 

c  )  Romance  da  Bella  Infanta.  Versión  de  la  isla  de  San 
Jorge  {Azores,  298-300). 

d )  Bella  Infanta.  Recogido  en  la  isla  de  la  Madera 
(202-204). 

e  )  Bella  Infanta.  Variante  de  la  provincia  del  Miño.  Pu- 
blicada por  C.  Michaelis  de  Vasconcellos  en  el  Zeitschrift  fur 
romanische  philologie  (III,  63).  Difiere  mucho  de  todas  las 
demás. 

/)  Dona  Infanta.  Versión  de  Río  Janeiro.  En  el  tomo  I 
de  los  Cantos  populares  do  Brazil,  1-3. 

En  Cataluña  existe  La  vuelta  del  marido  (núm.  202  del 
Romancerillo  de  Milá),  con  algunas  palabras  castellanas,  in- 
dicio evidente  de  su  origen.  La  heroína  se  llama  Blarícaflor. 
Cf.  Cansons  de  la  térra,  de  Pelay  Briz  (I,  173,  II,  191)  y  Agui- 
ló,  núm.  IX,  con  el  título  de  Blancaflor  ó  la  tornada  del  marit. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  87 
29. 

Ija  esposa  infiel* 

Estando  una  bella  dama— arrimada  á  su  balcón, 
vió  venir  á  un  caballero  —miróle  con  atención; 
de  palabras  se  trabaron, — de  amores  la  comprendió. 
—Bella  dama,  bella  dama,— con  usted  durmiera  yo. 
— Suba,  suba,  el  caballero— dormirá  una  noche  ó  dos. 
— Lo  que  temo  es  su  marido,— que  tenga  mala  intención. 
— Mi  marido  es  ido  á  caza — á  los  montes  de  León  : 
para  que  no  vuelva  nunca, — le  echaré  una  maldición  : 
«Cuervos  le  saquen  los  ojos — águilas  el  corazón, 
los  perros  de  mis  rebaños — le  arrastren  en  procesión.» — 
Estando  en  estas  palabras — el  marido  que  llegó. 
— Ábreme  la  puerta,  luna,— ábreme  la  puerta,  sol, 
que  te  traigo  un  cervatillo— de  los  montes  de  León. — 
Al  bajar  á  la  escalera, — la  color  se  le  m  :dó. 
— Tú  tuviste  calentura, — ó  dormiste  con  varón. 
— Yo  ni  tuve  calentura— ni  he  dormido  con  varón; 
solo  que  perdí  las  llaves — de  tu  puerta  del  salón. 
— Si  las  perdiste  de  hierro, — de  plata  las  haré  yo. 
— El  herrero  está  en  la  fragua, — y  el  platero  en  el  mesón... 
— ¿De  quién  es  aquel  sombrero  —  que  en  mi  cuarto  veo  yo? 
— Es  tuyo,  marido  mío; — mi  padre  te  lo  mandó. 
— Da  las  gracias  á  tu  padre; — buen  sombrero  tengo  yo, 
iCuando  yo  no  lo  tenía, — no  me  lo  mandaba,  nol 
¿De  quién  es  aquella  capa — que  en  mi  percha  se  colgó? 
— Es  tuya  marido  mío— mi  padre  te  la  envió. 
Da  las  gracias  á  tu  padre — buena  capa  tengo  yo. 
¡Cuando  yo  no  la  tenía — no  me  la  enviaba,  nol 
¿De  quién  es  aquel  caballo — que  en  la  cuadra  relinchó? 
— Es  tuyo,  marido  mío; — mi  padre  te  lo  endonó. 
Da  las  gracias  á  tu  padre;— buen  caballo  tengo  yo. 


8a 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


¡Cuando  yo  no  lo  teníí:,— no  me  lo  endonaba,  no! 
¿De  quién  es  aquella  espada — que  colgada  veo  yo? 
— Clavadla,  señor  marido; — clavadla  en  mi  corazón, 
que  bien  la  muerte  merece— quien  á  un  marido  engañó. 


No  menos  universalmente  divulgado  que  el  anterior  se  ha- 
lla este  romance,  cuyo  asunto  es  tan  viejo  como  la  flaqueza 
y  la  malicia  humanas.  Querer  enumerar  todas  las  canciones 
de  distintos  pueblos  que  tienen  argumento  análogo  sería  ta- 
rea tan  pueril  como  la  de  aquel  buen  señor  de  quien  D.  Ma- 
nuel Milá  me  refirió  que  habia  tomado  muy  á  pechos  el  de- 
mostrar que  todos  nuestros  romances  de  esposas  infieles 
castigadas  por  sus  maridos  eran  trasunto  del  episodio  de 
Francesca  de  Rímini.  ;Como  si  con  la  heroína  dantesca  se  hu- 
biese acabado  la  casta  de  las  adúlteras  más  ó  menos  senti- 
mentales! 

Más  adelante  daremos  a  conocer  otras  versiones  populares 
del  romance  asturiano.  Baste  advertir  por  ahora  que  es  una 
variante  de  los  números  136  y  136  bis  de  la  Primavera,  que 
comienzan  Blanca  sois,  señora  mía...  y  Ay  cuán  linda  que 
eres,  Alba, 

Tiene  en  portugués  las  correspondencias  siguientes  : 

a  )  Dona  Branca.  Variante  de  la  isla  de  San  Jorge.  Sólo 
en  el  final  coincide  con  el  nuestro  {Cantos  popul.  do  Archipe- 
lago  Acoriano,  233-235). 

b  )  Dom  Alberto.  —  Flor  de  Marilia.  Tradicionales  en  la 
misma  isla.  Substancialmente  idénticos  á  los  de  nuestro  ro- 
mancero (Ib.,  236  241). 

c )  Dona  Alda. — Dom  Aldonso.  Dos  romances  de  la  isla  de 
la  Madera  (103-107).  En  el  primero  el  marido  mata  al  aman- 
te, pero  se  enternece  con  la  mujer,  y  la  perdona.  En  el  se- 
gundo mata  á  los  dos  adúlteros. 

En  Cataluña  se  canta  un  romance  mestizo  (núm.  254  del 
Romancerillo,  con  el  título  de  La  adúltera  castigada)^  del  cual 
Milá  recogió  hasta  doce  versiones.  La  mejor  y  más  completa 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  89 


tiene  la  particularidad  de  que  el  marido  y  el  amante  se  ma- 
tan mutuamente  en  desafío,  quedando  la  triste  dama  sens  con- 
suelo ni  amor,  Cf.  Briz,  Cansons  de  la  térra,  tomo  IV,  Lo 
retorn  soptat,  y  Aguiló,  núm.  X,  Punido  de  la  adultra. 


30. 

Ell  caballero  burlado.  (1) 

Allá  arriba  en  aquel  monte, — allá  en  aquella  montifía, 
do  cae  la  nieve  á  copos — y  el  agua  muy  menudina; 

(1)  El  Romancero  General  dado  á  luz  por  nuestro  docto  y  buen  amigo 
el  Sr,  Durán  (Tom.  I,  pág.  152,  Madrid,  1851)  tiene  un  romance  al  mismo 
asunto,  el  cual  empieza : 

De  Francia  partió  la  niña, 
de  Francia  la  bien  guarnida,  etc. 

Ofreciendo  también  aliado  de  esta  versión  anónima  otra  de  Rodrigo 
de  Reinosa,  versificador  del  siglo  xvi.  tíl  Sr.  J)urán  opinaba,  al  dará  la 
estampa  su  Romancero,  que  este  romance  «es  de  origen  francés,  é  imita- 
ción de  alguna  trova  caballeresca». 

En  el  mismo  año  que  salía  á  luz  el  Romancero  del  Sr.  Durán,  publica- 
ba el  suyo  en  Lisboa  el  docto  Almeida  Garrett,  incluyendo  en  el  tomo  II 
otra  versión  de  este  canto  popular  en  Asturias,  y  teniéndolo,  de  igual  modo 
que  el  crítico  español ,  como  originario  de  Francia  (pág.  30). 

Fúndanse,  sin  duda,  ambos  escritores  en  los  siguientes  versos,  conser- 
vados en  una  y  otra  versión  casi  con  las  mismas  palabras : 
— Sou  filha  d'  el  rey  de  Franca 
e  da  rainha  Oonstantina. 

En  la  versión  asturiana,  que  ofrece  notables  vestigios  de  antigüedad  res- 
petable, nada  hay,  sin  embargo,  que  se  refiera  á  Francia;  el  color  local  de 
todo  el  romance,  y  la  descripción  con  que  empieza,  sobre  todo,  huelen  á 
montaña,  dando  á  entender  que  si  esta  leyenda  penetró  en  Asturias  deri- 
vándose de  la  literatura  caballeresca,  se  fundió  allí  en  el  molde  común  de 
los  cantos  populares  antes  de  que  tomase  en  Castilla  y  en  Portugal  carta 
de  naturaleza.  Las  versiones  recogidas  por  Durán  y  Garrett,  son,  en  efec- 
to, más  artísticas  que  la  asturiana,  por  vez  primera  recogida  y  dada  á  luz 
por  ^nosotros.  Durán  puso  á  este  romance  título  de  La  Infantina,  Garrett 
lo  imprimió  con  el  de  Á  Inftitic.ada— (N .  de  Amador  de  los  RíosJ 


90 


/ 

LÍRICOS  CASTELLANOS 


donde  canta  la  culebra — responde  la  serpentina, 

al  pié  del  verdoso  roble  ~  se  veye  la  blanca  niña, 

con  peines  d'  oro  en  la  mano, — conque  los  cabellos  guía 

cada  vez  que  los  guiaba— el  monte  resplandecía. 

Allá  arriba  en  aquel  monte— un  caballero  venía 

que  las  carreras  perdiera, — que  las  carreras  perdía. 

Tuvo  miedo  el  caballero, — tuvo  miedo  y  pavoría 

que  se  perdies'  en  el  monte; — e  que  osos  le  comerían. 

— Non  hayades,  señor,  miedo,  —nin  miedo  nin  pavoría; 

que  yo  cristianilla  soy, — de  las  cristianas  nacida. 

— A  cual  dello  quiere  ir, — ¿á  las  ancas  ó  en  la  silla?... 

— En  la  silla,  el  caballero;  —  que  allí  me  pertenescía.— 

Ya  camina  el  caballero; — con  la  doncella  camina: 

en  medio  de  las  carreras — de  amores  la  requería. 

— Tate,  tate,  el  caballero;— non  toquedes  ropa  mía; 

que  fija  soy  de  un  malato— y  de  una  malatofiña. 

El  home  que  me  tocara— malato  se  tornaría; 

el  campo  que  yo  trillare— nunca  otra  yerba  daría; 

caballo  que  yo  montara,— muy  sedo  reventaría. 

— Apead  vos,  apeadvos; — apeadvos  por  mi  vida, 

é  non  culpéis  á  mi  fé  -  si  fago  descortesía; 

que  si  el  caballo  revienta, — mal  ganancia  yo  tendría. — 

Estas  palabras  diciendo— de  la  montaña  salían, 

dó  las  campanas  se  oyeran — que  en  la  ciudad  se  tañían. 

A  la  salida  del  monte— á  la  entrada  de  la  villa, 

tornábase  la  doncella — con  la  su  faz  alegrina. 

Tornárase  la  doncella — calcárase  grande  risa 

y  con  falangueras  chufas — al  caballero  decía : 

— lA  fijas  del  rey  del  monte— crey estes  lo  que  decían! 

Fiz  puesta  con  mis  hermanos — cien  vasos  de  plata  fina, 

de  rondar  con  vos  el  monte, — volver  con  honra  á  la  villa. 

— Atrás,  atrás  la  señora; — atrás,  atrás,  vida  mía, 

que  en  la  fuente  dó  bebimos — quedó  mi  espada  perdida. 

— Miente,  miente  el  caballero; — ca  la  traedes  ceñida. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  91 

Aunque  imitado  de  un  fabliau  francés  según  opinión  muy 
verosímil,  el  lindo  y  picante  romance  de  La  Infantina  echó 
grandes  raíces  en  la  tradición  poética  de  la  Península,  y  se 
le  encuentra  por  todas  partes.  En  las  antiguas  colecciones, 
principiando  por  la  de  Amberes,  sin  año,  está  representado 
por  la  versión  que  comienza  «De  Francia  partió  la  niña»  (nú- 
mero 154  de  la  Primavera),  Eodrigo  de  Keinosa,  autor,  al  pa- 
recer, de  la  refundición  de  este  romance  contenida  en  un 
pliego  suelto  gótico  (154  a  de  la  Primavera)  le  amalgamó  con 
otro  de  asunto  diverso  aunque  análogo,  que  principia  «A  ca- 
zar va  el  caballero»  {Primavera,  151).  Pero  esta  contamina' 
<ñón  de  los  dos  romances  no  fué  capricho  de  aquel  ingenioso 
versificador,  puesto  que,  también  se  encuentra  en  casi  todas 
las  versiones  populares. 

Abundan  sobremanera  en  Portugal,  aunque  ninguna  de 
ellas  tiene  tantos  rasgos  de  antigüedad  como  la  asturiana.  O 
Cagador  [Romanceiro  de  Almeida  Garrett,  II,  21-24),  corres- 
ponde al  de  «A  cazar  va  el  caballero»;  pero  todos  los  demás 
que  vamos  á  citar,  son  variantes  de  La  Infantina  propiamen- 
te dicha. 

a  )  A  Infeitiqada  (Almeida  Garrett,  II,  32-35:  texto  ecléc- 
tico, según  su  costumbre).  Conserva  los  rasgos  de  hechicería 
que  hay  en  el  romance  del  Cazador,  y  tiene  un  final  muy  pa- 
recido al  del  romance  asturiano  de  D.  Bueso,  puesto  que  el 
caballero  reconoce  que  la  Infantina  es  su  hermana. 

6  )  Romances  da  Infanta  de  Franca.  Dos  versiones  reco- 
gidas por  Teófilo  Braga,  una  en  Covilham  (Beira  Baja),  otra 
en  Foz  do  Douro  [Rom.  GeraL,  26-29).  La  primera  es  muy 
análoga  á  la  de  Garrett:  la  segunda  es  muy  abreviada. 

c  )  Romance  de  D.  Almendo  (en  otras  versiones  Alberto) 
recogido  en  el  Algarve  por  Estacio  da  Veiga  {Rom,  do  Alg., 
38-44).  Difiere  mucho  de  todos  los  demás,  pero  tiene  trazas  de 
estar  retocado  por  algún  poeta  culto. 

d  )  Romance  da  filha  do  rei  de  Franga,  —  O  Cagador  e  a 
donzilla,  —  Donzella  encantada.  Tres  variantes  de  la  isla  de 
San  Jorge,  en  los  Cantos  Populares  do  Archipelago  Acoriano 


92 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


(183- 191).  En  las  dos  últimas  se  repite  la  peripecia  del  reco- 
nocimiento de  los  dos  hermanos. 

e)  La  filha  del  reí  de  Franca.  Variante  de  la  isla  de  la 
Madera  (apnd  Eodrigues  de  Azevedo,  360-363).  Termina  con 
el  reconocimiento.  Hay  también  rastros  de  La  Infantina  en 
otro  romance,  muy  novelesco  y  al  parecer  no  muy  antiguo, 
recogido  en  la  misma  isla  con  el  título  de  La  rainha  mulata 
(354-360).  Mulata  parece  ser  una  corruptela  de  la  voz  anti- 
cuada malata^  que  ya  el  vulgo  no  entiende. 

/)  O  Cacador  (versión  de  la  isla  de  San  Miguel,  impresa 
por  T.  Braga  en  sus  notas  á  los  Cantos  populares  do  Brazil, 
II,  153-155). 

En  Cataluña  no  es  desconocido  el  romance  de  La  Infanti- 
na, pero  no  debe  de  ser  de  los  más  populares,  puesto  que  ni 
Milá  ni  Briz  le  insertaron  en  sus  respectivas  colecciones,  y  el 
infatigable  Aguiló,  que  le  trae  con  el  núm.  XI,  sólo  llegó  á  re- 
coger cuatro  versiones,  dos  de  ellas  en  puntos  tan  excéntricos 
como  las  islas  de  Ibiza  y  Tormentera.  Su  lección  difiere  poco 
de  las  dos  de  la  Primavera,  y  carece,  como  ellas,  de  encanta- 
mientos, pero  coincide  con  la  mayor  parte  de  las  portuguesas 
en  el  infeliz  final  de  la  anagnorisis  de  los  dos  hermanos,  que 
indudablemente  es  un  pegote  moderno  y  basta  para  echar  á 
perder  toda  la  gracia  y  malicia  del  primitivo  romance,  tal 
como  se  estampó  en  los  romanceros  de  Amberes  y  Zaragoza^ 
y  tal  como  vive  aún  en  labios  del  pueblo  asturiano.  La  inter- 
vención, de  las  hadas  ha  de  tenerse  también  por  cosa  ajena 
y  sobrepuesta  al  donoso  y  enteramente  humano  cuento  que 
inventó  el  viejo  juglar,  francés  ó  castellano. 

Son  numerosas  las  canciones  populares  de  varios  pueblos 
que  presentan  situaciones  análogas  á  este  romance.  Puy- 
maigre  cita,  á  este  propósito,  una  canción  recogida  por  Ge- 
rardo de  Nerval  en  Norman  día,  y  que  se  canta  también  en 
Borgoña,  en  Provenza,  en  el  país  de  Metz,  en  el  Franco-Con- 
dado, en  Champagne,  en  otras  provincias  francesas,  y  hasta 
en  el  Canadá.  Existe  también  una  balada  anglo-escocesa, 
The  haffled  knight  iChilá,  IV,  479-83). 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE   ASTURIAS  93 


Sobre  el  mismo  tema  versa  una  canción  piamontesa,  de  la 
cual  Nigra  (Canti populari  del  Piemonte,  1888,  pp.  375-378)  ha 
publicado  cuatro  lecciones,  con  el  título  de  Occasione  man- 
cata,  á  las  cuales  debe  añadirse  otra  en  dialecto  de  Monfe- 
rrato,  dada  á  conocer  por  Giuseppe  Ferraro  {Canti  populari 
monferrini,  76). 

Aunque  la  más  antigua  versión  francesa  se  remonta  al  si- 
glo XV  (1),  las  españolas  no  son  trasunto  de  ella.  Puede  conje- 
turarse que  proceden  de  otra  más  antigua  que  se  ha  perdido. 


31. 

Doña  Arbola. 

Estándose  Doña  Arbola — sentadita  en  su  portal, 
guya  d'  oro,  dedal  d'  oro, — cosía  en  un  cabezal  (2). 
Entre  puntada  y  puntada, — dolor  de  parto  le  dá; 
sus  manos  blancas  retuercen, — sus  anillos  quiéen  quebrar: 
—  ¡Oh,  palacios  los  palacios, — palacios  del  Valledal: 
el  Key  mi  padre  vos  fizo— quien  fuera  parir  allá! — 
Allí  llegara  la  suegra — (¡Más  valiera  non  llegar!) 

(1)  Vieux  Auteurs  CasUllans,  II,  251.  Otras  canciones  francesas  pue- 
den verse  indicadas  en  el  Petit  Romancero  del  mismo  autor,  140,  y  en 
otro  libro  posterior  suyo  que  lleva  por  título  Folk-Lore  (París,  1885).  Una 
de  estas  poesías  populares  francesas  {yiá-Vaux  deVirede  OlivierBasselin, 
París,  1858)  que  parece  remontarse  al  siglo  xv,  tiene  evidente  semejanza 
con  nuestras  versiones  peninsulares  : 

Quand  elle  f  ut  au  bois  si  beau; 
d'  amour  y  Ta  requise : 
je  suis  la  filie  d'un  mézeau  (leproso) 
de  cela  vous  advise- 

Cf.  A.  Gasté,  Cliants  Normands  du  ^^v  siécle-.-  1866,  pág.  72. 

(2)  Otros  dicen  •. 

Con  la  su  rueca  en  la  cinta— pocas  ganas  de  filar. 


91 


LTRÍCOS  CASTELLANOS 


— ¿TÚ  que  tiene?,  Arbolita, — que  así  non  solías  estar? 

Doña  Arbola,  ¿quiés  parir? — Ve  parir  al  Valledal; 

allí  tienes  padre  y  madre — que  de  tí  se  dolerán, 

allí  tienes  tus  hermanos — que  al  niño  bautizarán. 

— ¿Y  si  mi  Don  Morcos  viene, — quién  le  dará  de  cenar? 

— Yo  le  daré  del  mi  vino, — yo  le  daré  del  mi  pan; 

de  la  caza  que  él  trújese — mandaréte  la  mitad; 

de  la  perdiz  algo  menos, — de  la  palomba  algo  mas. — 

A  eso  de  la  media  noche— da  Don  Morcos  en  portal. 

— ¿Dónde  está  mi  espejo,  madre^— donde  me  suelo  espejar? 

— ¿Qué  espejo  quieres,  mi  fijo, — el  d'  oro  ó  el  de  cristal? 

Si  quieres  el  d*  azabache — también  lo  dir  he  á  buscar. 

— Non  quiero,  madre,  el  de  oro — nin  tampoco  el  de  cristal, 

nin  tampoco  el  d*  azabache, — non  me  lo  vaya  buscar. 

¿Dónde  está  mi  esposa  Arbola, — que  es  mi  espejo  natural? 

— La  tu  esposa  Doña  Arbola  — en  fuego  deben  quemar; 

dolor  de  parto  sintiera — fué  parir  al  Valledal. 

A  mi  tratóme  de  puta, — á  ti  d'  hijo  de  rufián. 

— Ensilla  el  caballo,  mozo, — que  la  quiero  dir  buscar. — 

Sin  detenerse  un  momento — fuese  para  el  Valledal. 

Siete  vueltas  dió  al  palacio — sin  hallar  por  donde  entrar; 

el  viejo  padre  de  Arbola — asomóse  á  un  ventanal : 

— Albricias  vos  doy,  Don  Morcos — que  un  fijo  varón  tien  ya. 

— Tenga  varón,  tenga  hembra, — que  se  baje  para  acá; 

é  si  á  mandar  se  lo  vuelvo  —ha  de  ser  con  mi  puñal. 

— Si  muere  por  el  camino,— tú  ante  Dios  responderás. — 

Arbola,  desque  lo  oyera — de  la  celda  donde  está, 

besando  el  recien  nacido, — comenzara  á  suspirar. 

Sin  detenerse  un  momento, — bajóse  luego  al  portal: 

la  cogiera  entre  sus  brazos— tiróla  encima  el  rúan. 

Siete  leguas  anduvieron — en  sin  palabras  hablar. 

—¿Por  qué  no  me  hablas.  Arbola,— como  me  solías  hablar? 

— ¿Cómo  quieres  que  yo  t'  hable— si  non  puedo  respirar; 

mujer  parida  d'  un  hora,— cómo  podrá  caminar? 

Mira  estos  montes  de  Cristo — colorados  como  están: 

las  crines  de  tu  caballo — bañadas  en  sangre  van; 


ROMANCES  TRADICíONALES  DE  ASTURIAS 


95 


la  silla  de  tu  caballo— semeya  un  fino'  coral  (1). 

Entre  estas  palabras  y  otras — á  una  ermita  van  llegar 

— Bájame  aquí,  Conde  Morcos  —  que  me  quiero  encomendar. 

lEste  niño  que  aquí  llevo — me  lo  daréis  á  criar! 

No  lo  deis  á  vuestra  madre—que  ella  me  lo  ha  de  matar: 

á  mi  madre  lo  daréis; — ella  bien  lo  criará. 

Por  Dios  os  pido,  ermitaño, — que  rae  queráis  confesar. — 

Desque  la  confesión  dicha — el  alma  quiso  entregar. 

Desprende  el  niño  los  labios — por  gracia  que  Dios  le  dá: 

«mi  madre  va  por  los  cielos — yo  voy  á  la  oscuridad; 

á  mi  güela  en  los  infiernos — los  diablos  la  quemarán: 

mi  padre,  si  non  se  enmienda, — non  se  sabe  donde  h*á». 


32. 

M  arbella. 

Paseábase  Marbella — de  la  sala  al  ventanal, 
con  los  dolores  de  parto— que  le  hacen  arrodillar. 
—  ¡Si  yo  estuviera  allá  arriba, — allá  arriba  en  Valledal, 
al  lado  del  rey  mi  padre, — alguno  me  había  aliviar! — 
La  picara  de  la  suegra — que  siempre  la  quiso  mal : 
— Ve  parir  allá,  le  dijo, — non  te  lo  puedo  quitar. 
— ¿Y  si  mi  Don  Boyso  viene, — quién  le  dará  de  cenar? 
—Yo  le  daré  de  mi  vino, — yo  le  daré  de  mi  pan, 
cebada  para  el  caballo,~carne  para  el  gavilán. — 
Apenas  salir  Arbola,— Don  Boyso  entró  en  el  portal. 
—¿Dónde  está  el  espejo,  madre, — en  que  me  suelo  mirar? 
— ¿Quieres  el  de  plata  fina, — ó  quieres  el  de  cristal; 
ó  lo  quieres  de  marfil,— también  te  lo  puedo  dar? 
— No  quiero  el  de  plata  fina, — ni  tampoco  el  de  cristal, 

(1)   Otros  dicen : 

Las  ventanas  de  mi  padre— cubiertas  de  luto  están. 


96 


LIRICOS  CASTELLANOS 


ni  tampoco  el  de  marfil, — que  bien  me  lo  podéis  dar; 

quiero  la  mi  esposa  Arbola, — que  ella  es  mi  espejo  real. 

—La  tu  esposa  fué  á  parir,— fué  á  parir  al  Valledal,' 

como  si  yo  no  tuviera — pan  y  vino,  que  le  dar : 

fué  preñada  de  un  judío— y  á  ti  te  quiere  engañar. 

Sino  me  la  matas,  b.ijo,--;oh,  que  mal  hijo  serás; 

ni  conmigo  has  de  vivir — ni  mis  rentas  has  gozari 

— ¿Cómo  he  de  matarla,  madre, — en  sin  saber  la  verdad? 

—Es  tanta  verdad  hijo  mío,— como  Cristo  está  en  el  altar. 

Posa  la  muía  en  que  vienes; — monta  en  otra,  y  vete  allá. 

Por  donde  le  ve  la  gente,— poquito  á  poco  se  va; 

por  donde  no  le  ve  nadie, — corre  como  un  gavilán. 

Siete  vueltas  dió  al  palacio — sin  una  puerta  encontrar; 

al  cabo  de  las  diez  vueltas, — un  portero  vino  á  hallar. 

— Albricias  vos  doy,  Don  Boy  so; — que  ya  tien  un  mayoral. 

— Nunca  el  mayoral  se  críe— ni  la  madre  coma  pan. — 

Sube  para  el  aposento— donde  Doña  Arbola  está. 

— Levántate,  Doña  Arbola, — levántate  sin  tardar; 

y  si  no  lo  faces  presto, — tus  cabellos  lo  dirán. — 

Doncellas  que  la  vestían — no  cesaban  de  llorar, 

doncellas  que  la  calzaban— no  cesaban  de  rezar. 

— ¡Ay,  pobre  de  mí  cuitada, — vecina  de  tanto  mal; 

mujer  parida  de  un  hora— y  la  mandan  caminar! — 

Puso  la  madre  á  las  ancas— y  el  niño  puso  al  petral: 

el  camino  por  donde  iban— todo  ensangrentado  está. 

Siete  leguas  anduvieron — en  sin  palabras  hablar : 

de  las  siete  pa  las  ocho— Arbola  comienza  á  hablar. 

— Pídote  por  Dios,  Don  Boy  so, — que  *ne  dejes  descansar; 

mira  este  inocente  niño — que  finando  se  nos  va; 

las  patas  de  tu  caballo — echan  fuego  de  alquitrán, 

y  el  freno  que  las  sujeta — revuelto  con  sangre  va. 

No  me  mates  en  el  monte, — que  águilas  me  comerán; 

matárasme  en  el  camino, — que  la  gente  me  verá; 

llamárasme  un  confesor, — que  me  quiero  confesar. 

— Allá  arriba  hay  una  ermita — que  la  llaman  de  San  Juan, 

y  dentro  hay  un  ermitaño  —que  al  niño  bautizará; 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  97 


te  bajaré  del  caballo, — Jejaréte  descansar. 
Allegaron  á  la  ermita— y  él  se  comienza  á  apear; 
y  al  posarla  del  caballo— ella  principia  á  espirar. 
Por  la  gracia  de  Dios  Padre— el  niño  se  puso  á  hablar: 
<(Dicbosina  de  mi  madre,— que  al  cielo  sin  culpa  va  : 
desgraciada  de  mi  abuela, — que  en  los  infiernos  está: 
yo  me  voy  al  limbo  oscuro, — mi  padre  lo  pagará». 
Juramento  hizo  el  Conde— sobre  el  vino  y  sobre  el  pan, 
de  no  comer  á  manteles — sin  á  su  madre  matar: 
dentro  de  un  barril  de  pinchos— mandárala  prisionar 
y  echarla  po  '1  monte  abajo,  por  peor  muerte  le  dar. 


Los  dos  romances  de  Doña  Arbola  y  de  Marhella  (de  los 
cuales  el  segundo  es  muy  superior  al  primero)  son  variantes 
del  tema  de  la  perversa  madrastra,  común  en  la  poesía  popu- 
lar. No  se  encuentra  en  las  antiguas  colecciones  castellanas, 
pero  es  de  los  que  más  abundan  en  la  tradición  oral  de  va- 
rias provincias.  Almeida  Garrett  {Rom,  III,  40-47)  publicó 
una  versión  con  el  título  de  Helena,  más  moderna  sin  duda 
y  menos  poética  que  las  de  Asturias,  especialmente  en  el 
final,  que  el  refundido r  quiso  hacer  ejemplar  mediante  el 
arrepentimiento  y  penitencia  del  marido  y  el  perdón  de  la 
inocente  y  ofendida  esposa.  Mucho  más  valen  los  dos  roman- 
ces de  Doña  Helena  recogidos  en  la  isla  de  San  Jorge  {Cantos 
populares  do  Archipelago  Agoriano,  225-230);  el  de  Don  Pedro, 
versión  de  la  Beira-Baja  {apud  T.  Braga,  Bom.  Geral.  42-45), 
los  dos  de  Doña  Ouliva  y  Doña  Eurives,  procedentes  de  la 
isla  de  la  Madera  {apui  Rodrigues  de  Azevedo,  186  190). 

Se  habrá  observado  que  en  el  romance  de  iüar&eZZa  el  ma- 
rido se  llama  Don  Boy  so  {es  decir,  Don  Bueso).  Esta  circuns- 
tancia sirve  para  entroncar  este  romance  con  otro  bellísimo 
del  mismo  argumento,  que  se  canta  en  el  Algarbe,  y  cuyo 
protagonista  se  llama  Don  Bozo  (vid.  T.  Braga/ notas  á'  los 
Cantos  populares  do  Brazil,  183-184), 

Tomo  X.  7 


98 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Así  como  en  los  Algarbes  persistió  el  nombre  de  Don  Bue- 
80,  como  indicio  de  origen,  así  en  Cataluña,  adonde  este  ro- 
mance transmigró  desde  Castilla  como  tantos  otros,  se  con- 
serva en  versiones  mestizas,  de  las  cuales  Milá  recogió  hasta 
ocho  (núm.  243  del  Romancerillo,  «La  mala  suegras)  el  nom- 
bre de  Dona  Arbola,  convertido  muy  frecuentemente  en 
Doña  Arbona,  y  también  en  Doña  At-quela. 

Las  versiones  puramente  castellanas  de  Andalucía,  Alto 
Aragón,  etc.,  se  pondrán  más  adelante. 


33. 

Kl  Convite. 

— Vengo  brindado,  Mariana, — para  una  boda  el  domingo... 
— Esa  boda,  Don  Alonso, — debiera  de  ser  conmigo. 
— Non  es  conmigo,  Mariana; — es  con  un  hermano  mío. 
— Siéntate  aquí,  Don  Alonso, — en  este  escaño  florido; 
que  me  lo  dejó  mi  padre — para  el  que  case  conmigo. — 
Se  sentára  Don  Alonso, — presto  se  quedó  dormido; 
Mariana,  como  discreta, — se  fué  á  su  jardin  florido. 
Tres  onzas  de  solimán, — cuatro  de  acero  molido, 
la  sangre  de  tres  culebras, — la  piel  de  un  lagarto  vivo, 
y  la  espinilla  del  sapo, — todo  se  lo  echó  en  el  vino. 
— Bebe  vino,  Don  Alonso; — Don  Alonso,  bebe  vino. 
— Bebe  primero,  Mariana,— que  así  esta  puesto  en  estilo. — 
Mariana,  como  discreta, — por  el  pecho  lo  ha  vertido; 
Don  Alonso,  como  joven, — todo  el  vino  se  ha  bebido  : 
con  la  fuerza  del  veneno, — los  dientes  se  le  han  caído. 
— ¿Qué  es  esto,  Mariana; — qué  es  esto  que  tiene  el  vino? 
— Tres  onzas  de  solimán, — cuatro  de  acero  molido, 
la  sangre  de  tres  culebras, — la  piel  de  un  lagarto  vivo, 
y  la  espinilla  del  sapo, — para  robarte  el  sentido. 
— Sáname,  buena  Mariana, — que  me  casaré  contigo. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  99 

— No  puede  ser,  Don  Alonso, — que  el  corazón  te  ha  partMo. 
— Adiós,  esposa  del  alma, — presto  quedas  sin  marido : 
adiós,  padres  de  mi  vida, — presto  quedaron  sin  hijo. 
Cuando  salí  de  mi  casa, — salí  en  un  caballo  pío, 
y  ahora  voy  para  la  iglesia— en  una  caja  de  pino. 


Por  uno  de  los  más  felices  hallazgos  del  Sr.  D.  Juan  Menén- 
dez  Pidal  puede  tenerse  este  romance,  indisputablemente  vie- 
jo, puesto  que  uno  de  sus  versos  se  lee  ya  en  la  Ensalada  de 
Praga  (Wolf,  Sammlung  Spanischer  Romanzenj  1860)  : 

¿Qué  me  distes,  Moriana^ — qué  me  distes  en  el  vino? 

El  argumento  de  este  romance  es  análogo  al  que  publicó 
Milá  [Romancerillo^  núra.  256)  con  el  título  de  La  innoble  ven- 
ganza, taraceado  de  castellano  y  catalán.  El  protagonista  se 
llama  Don  Guespo  y  la  vengativa  mujer  Gudriana.  Aguiló, 
que  pone  dos  versiones  enteramente  catalanas,  y  algo  sospe* 
chosas  por  lo  mismo,  conserva  el  nombre  de  Gudriana,  pero 
llama  á  la  víctima  Don  Jordi  (núm.  XVIII,  La  venjanca  inno- 
ble ó  lo  despit  d'  una  metzinera). 

Hallándose  en  Asturias  este  romance,  era  difícil  que  falta- 
se en  Portugal.  Se  encuentra,  en  efecto,  no  en  la  Península, 
sino  en  la  isla  de  San  Miguel  (Azores),  y  lo  que  es  más  sin- 
gular, en  Pernambuco  y  Ceará  (Brasil).  Transcribimos  la  ver- 
sión insular  (recogida  en  Ponta -Delgada)  por  ser  la  más  bre- 
ve, la  más  próxima  á  la  asturiana,  y  seguramente  más  anti- 
gua que  las  brasileñas  : 

— Deus  te  salve,  Juliana, — sentada  no  teu  estrado! 
— Deus  te  salve  a  ti,  Don  Jorje— em  cima  do  teu  cavallo. 
— En  venho  te  convidar — se  queres  ir  ao  meu  noivado. 
— Espéra  me  ahí,  Don  Jorje  —espera- me  um  poucochinho, 
emquanto  te  vou  buscar — una  taga  de  bom  vinho. 
— ¿Qué  me  deste,  Juliana,— n'  esta  ta(;;a  com  bom  vinho? 


100 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Que  tenho  o  freio  na  mao,— nao  enxergo  o  cavallinho! 
— Ahí  servirá  de  exemplo— a  quem  o  quizer  tomar  : 
quem  deve  as  honras  alheias — consigo  irá  pagar. 
— Já  minha  madre  o  sabe — que  nao  tem  o  seu  menino! 
— Já  minha  madre  o  sabe — que  eu  que  nao  tenho  marido. 


34. 

Venganza  de  lionor.  —  I 

Por  aquellos  campos  verdes— ¡qué  galana  iba  la  niña! 
Llevaba  saya  de  grana, — jubón  broslado  traía; 
el  zapato  pica  en  verde, — las  calzas  de  lana  fina  ; 
con  los  sus  morenos  ojos— amiraba  á  quien  la  mira. 
Mirábala  un  caballero, — traidor,  que  la  pretendía, 
que  diba,  paso  tras  paso, — por  ver  si  la  alcanzaría. 
Señera  la  fué  alcanzar — al  pie  d'  una  fuente  fría. 
— ¿Adonde  por  estos  prados — camina  sola  la  niña? 
— Á  bodas  de  una  mi  hermana, — d'  una  hermana  que  tenía.  — 
Los  dos  del  agua  bebieron, — y  se  van  en  compañía. 
Él  trata  quitarle  el  honra— y  la  dice  con  falsía  : 
—Mas  abajo  do  bebiemos, — quedóme  la  espada  mía. 
— Mientes,  mientes,  caballero; — qu'  ende  la  traes  tendida. — 
Dieron  vuelta  sobre  vuelta; — derribarla  non  podía. 
Á  la  postrera  que  daban, — una  espada  le  caía. 
Trabóla  con  las  sus  manos— temblando  toda  la  niña; 
metiósela  por  el  pecho, — y  á  la  espalda  le  salía. 
Con  las  ansias  de  la  muerte,— el  caballero  decía: 
— Por  donde  quiera  que  vayas  -  non  t'  alabes,  prenda  mía, 
que  mataste  un  caballero — con  las  armas  que  traía. 
— Con  los  mis  ojos  morenos— la  tu  muerte  lloraría; 
con  la  mi  camisa  blanca  —la  mortaja  te  faría; 
á  la  iglesia  de  San  Juan— yo  á  enterrar  te  llevaría; 
con  la  tu  espada  dorada— la  fosa  te  cavaría; 
cada  domingo  del  mes  —un  responso  te  echaría. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  101 


35. 

Venganza  de  lionor*  —  II 

Por  los  campos  de  Malverde — una  muchacha  venía, 
vestida  de  colorado, — irrú  Dios,  qué  bien  parecía! 
Con  el  pie  siega  la  yerba, — con  el  zapato  la  tría  (1), 
con  el  vuelo  de  la  saya, — acá  y  acullá  la  tira.  • 
Bien  la  viera  un  caballero,— traidor,  que  la  pretendía; 
que  diba,  paso  tras  paso, — por  ver  si  la  alcanzaría : 
un  correr  y  otro  correr,— alcanzarla  no  podía. 
Trató  de  quitarle  el  honra,— y  ella  le  quitó  la  vida; 
que  á  la  salida  de  un  monte,— y  á  la  entrada  de  una  villa, 
cayó  la  espada  al  galán, — y  se  la  cogió  la  niña  : 
Se  la  metió  por  atrás — y  adelante  le  salía. 


36. 

Venganza  de  lionor.  —  UI 

Por  aquellos  campos  verdes, — por  aquellas  praderías, 
una  doncella  pasaba;— hija  es  del  Eey  d'  Hungría. 
Era  hermosa  como  un  sol; — llámase  Doña  Lucía. 
Bien  la  viera  un  caballero, — traidor,  que  la  pretendía; 
Diérase  paso  tras  paso— por  ver  si  la  alcanzaría. 
Ella  que  le  vió  venir,— mas  volaba  que  corría; 
que  por  las  cuestas  abajo— quien  la  divisar  no  había. 
Metiéronse  en  unas  peñas — donde  la  mar  trasvertía. 
— ¿Cuánto  me  da  la  doncella — por  que  la  saque  á  la  orilla? 

(1)  De  triyary  trillar  En  bable  sé  sustituye  en  muchas  ocasiones  la  II 
con  la  1/,  que  después  suelen  suprimir  en  la  pronunciación  como  en  el  pre- 
sente caso.  Así  continúan  pronunciando  los  judíos  españoles  residentes  en 
Viena.  (Nota  del  Sr.  Menéndez  Pidal  ) 


LíRíGOS  CASTELLANOS 


— Yo  non  tengo  que  le  dar,— yo  que  le  dar  non  tenía, 

sino  un  triste  cuerpecito— que  yo  conmigo  traía. — 

Descalzárase  el  galán — y  sacárala  á  la  orilla. 

—  Dame  tu  espada,  galán,— ver  como  yo  la  ceñía. — 

Metiósela  por  el  pecho, — y  á  la  espalda  le  salía. 

Con  las  ansias  de  la  muerte, — el  caballero  decía : 

— Si  te  alabas  en  tu  tierra, — non  te  alabes  en  la  mía  : 

que  mataste  un  caballero— con  las  armas  que  traía. 

— Nin  me  alabaré  en  tu  tierra, — nin  me  alabaré  en  la  mía; 

con  los  mis  ojos  menudos — la  tu  muerte  lloraría; 

con  la  mi  camisa  blanca — la  mortaya  te  faría; 

con  la  tu  espada  de  oro — la  fosa  te  cavaría. 


37; 

Vengsmz^L  de  lionor.  —  IV 

Por  aquellos  campos  verdes — una  muchacha  venía; 
viste  saya  sobre  saya— y  jubón  de  cotonía; 
con  el  vuelo  de  la  saya — todas  las  yerbas  tendía. 
Miraba  á  un  lado  y  á  otro, — por  ver  si  alguien  la  veía. 
Bien  la  viera  un  caballero,— traidor,  que  la  pretendía; 
jugando  estaba  á  los  dados— con  el  Príncipe  de  Hungría. 
Dejó  el  juego  de  los  dados— y  fué  alcanzar  á  la  niña : 
alcanzóla  en  unos  montes — los  más  desiertos  que  había. 
— ¿Adónde  va  la  doncella;— adónde  va,  vida  mía? 
— Voy  á  bodas  d'  un  hermano — que  casárseme  quería. 
— Pues  casémonos  los  dos, — é  iremos  en  compañía. 
— Yo  casarme,  caballero,— yo  casarme  no  quería. — 
Diérale  unas  siete  vueltas, — derribarla  non  podía; 
de  las  siete  pa  las  ocho, — de  oro  un  puñal  le  caía : 
fué  á  cogerle  la  doncella;  — fingiéndole  cortesía; 
xnetióselo  por  el  pecho— y  á  la  espal^j^  le  salía. 
Con  el  hervor  de  la  sangre, — el  caballero  decía  : 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  105 


— Cuando  vayas  á  tu  pueblo— no  te  alabes,  vida  mía, 
que  mataste  un  caballero — con  las  armas  que  traía. 
— Yo  alabarme,  caballero, — yo  alabarme  bien  sabría; 
donde  no  encontrara  gente, — yo  á  las  aves  lo  diría. 
Estando  en  estas  palabras — vieron  venir  la  Justicia. 
— ¿Quién  mató  este  caballero?— Señor,  yo  le  mataría  : 
él  quiso  quitarme  la  honra, — y  yo  le  quité  la  vida. — 
Todos  dicen  á  una  voz  : — «¡Viva  la  gallarda  niña; 
que  ha  matado  un  caballero — con  las  armas  que  él  traíaí)^ 


38. 

Eia  Hija  de  la  Viudina. 

Paseábase  la  Viudina— con  dos  fijas  que  ende  había; 
por  la  mano  las  llevaba — por  la  mano  las  traía. 
Por  la  mano  las  llevaba— á  la  f uent  del  agua  fría; 
más  relucientes  que  estrellas  -  como  las  rosas  garridas. 
Viéronlas  dos  caballeros — é  muy  bien  les  parecían: 
ya  se  acercan,  ya  se  llegan  ~  é  por  el  camin  decían : 
— ¿Cuál  será  la  mas  fermosa? — ¿Cuál  ha  de  ser  la  mas  linda? 
— La  de  lo  morado  es  bella,— es  bella  por  vida  mía. 
— La  que  viste  colorado — mejor  donaire  tenía. 
— Dexemos  esta  querella— que  ya  se  fenesce  el  día. 
Venir  que  vino  la  noche— fueron  en  cas  la  Viudina: 
rezando  estaba  el  rosario— como  costumbre  tenía. 
— Viudina,  ambos  le  dixeron,— ¿dónde  están  las  tus  dos  hijas? 
Mis  fijas,  los  caballeros,  — fueron  en  una  visita. 
Á  una  voz  ambos  responden:— Miente,  miente  la  Viudina; 
que  sus  fijas  son  en  casa, — eso  bien  yo  lo  sabía. 
Encendamos  una  luz, — que  yo  se  las  buscaría: 
encendamos  una  luz; — veredes  vuestra  mentira. — 
Con  el  ruido  que  ficieron,— despertara  la  más  linda. 
— Dexédesme,  caballeros,— si  lo  sois  en  cortesía, 


104 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


(lexédesme  vestir  solo— de  mi  morada  basquiña. 

— Vestir  podés.  la  señora— esa  é  cuantas  más  habría; 

vestir  podés  fasta  cuatro— é  fasta  las  cinco  ansina. — 

Ya  se  viste,  ya  se  viste, — ya  sus  sayas  se  vestía : 

é  al  salir  por  la  su  puerta, — estas  palabras  decía: 

— Adiós  quedad,  la  mi  madre;    adiós,  hermana  querida; 

que  ya  non  tornaré  á  veros — en  los  días  de  mi  vida.— 

Fuéronse  por  unos  montes, — fueron  por  una  montiña; 

en  un  robledal  fincaban — al  pie  de  una  fuente  fría. 

En  un  robledal  fincaban, — é  de  amor  la  requerían; 

é  magüer  que  estaba  sola, — su  honor  defiende  la  niña. 

— Tate,  tate,  caballeros, — non  fagades  bellaquía; 

tate,  tate,  caballeros,— que  mi  honra  en  vos  se  fía. — 

Allí  su  ruego  no  escuchan;— -quieren  hacer  villanía: 

vuelta  el  uno,  vuelta  el  otro; — un  puñal  de  oro  caía. 

Vuelta  el  uno,  vuelta  el  otro,— allí  lo  agarra  la  niña, 

é  metiólo  por  los  pechos— del  que  mas  fuerza  facía. 

Metióselo  por  los  pechos; — por  la  espalda  le  salía : 

con  las  ansias  de  la  muerte,— estas  palabras  decía: 

— Perdón  á  los  cielos  pido,— é  á  vos  mi  perdón  pedía; 

porque  perdonarme  quiera — la  Virgen  Santa  María. — 

Con  el  agua  de  la  fuente — diérale  perdón  la  niña; 

con  el  agua  de  la  fuente — sus  pecados  lavaría. 

Catando  está  el  caballero  — que  menos  fuerza  facía; 

é  de  su  boca  fablando, — estas  palabras  decía: 

— Non  te  alabes  en  tu  tierra; — nin  te  alabes  en  la  mía 

que  mataste  un  caballero— porque  fuerza  te  facía. 

— Tengo  alabarme  en  tu  tierra, — tengo  alabarme  en  la  mía 

que  di  muerte  á  un  caballero — porque  me  fiz  bellaquía. 

— Si  él  quiso  facerte  afrenta, — yo  facerla  non  quería; 

bien  lo  sabe  Dios  del  cielo; — conmigo  te  casarías. — 

Ya  cabalgan,  ya  cabalgan, — ya  salen  de  la  montiña; 

alegre  va  el  caballero, — é  mas  alegre  la  niña. 

Ya  llegaban  á  palacio, — ya  doblan  las  siete  esquinas : 

ya  con  el  Conde  se  casa — la  fija  de  la  Viudina. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  i  05 

Estos  cinco  romances  tienen  en  substancia  el  mismo  argu- 
mentó,  y  los  cuatro  primeros  pueden  considerarse  como  va- 
riantes de  uno  mismo,  que  al  parecer  es  de  los  más  populares- 
en  Asturias.  Pero  el  quinto,  ó  sea  el  de  La  hija  de  la  Viudi- 
na,  se  levanta  sobre  los  otros  por  su  Fent'do  poético  y  eleva- 
ción moral,  en  términos  tales,  qne  los  deja  bastante  mal  pa- 
rados. 

Coincide  con  estos  romances,  aun  en  la  asonancia,  uno  por- 
tugués que  se  canta  en  las  provincias  del  Miño  y  Tras  Os- 
montes,  y  del  cual  se  han  impreso  dos  versiones:  A  Romeira 
publicada  por  Almeida  Garrett  (III,  9-14),  y  A  Romeirinha 
recogida  por  T.  Braga  (Rom.  Geral.,  24-25).  Al  parecer,  no  es 
conocido  en  las  islas,  ni  tampoco  en  Cataluña. 

Es  patente,  aunque  remota,  la  analogía  de  estas  canciones,^ 
en  lo  que  toca  á  la  situación  culminante,  con  el  romance  vie- 
jo de  Rico-Franco  [Primavera^  119)  7  aun  con  el  de  Marqui^ 
líos  {Primavera,  120). 


39. 

Doña  Urgelia* 

En  mi  huerto  hay  una  yerba — blanca,  rubia  y  colorada; 
la  dama  que  pisa  en  ella, — della  queda  embarazada. 
Por  Dios  querer  ó  la  suerte, — Doña  Urgelia  la  pisara. 
Un  día  yendo  á  la  misa, — su  paire  la  reparara. 
— ¿Tu  que  tienes.  Doña  Urgelia,— -tuque  tienes  que  estás  mala? 
—  Señor,  tengo  un  mal  del  cuerpo— que  de  niña  me  quedara. 
— Si  lo  dijeras  en  tiempo,— cirujanos  te  catara. — 
Catd siete  cirujanos— de  los  mejores  de  España. 
Unos  dicen  :  «No  lo  entiendo»: — otros,  dicen  que  no  es  nada: 
el  mas  chiquitillo  de- ellos— dice  que  está  embarazada. — 
Callen,  callen,  los  señores, — callen  y  no  digan  nada:' 
Kí  el  Rey  mi  padre  lo  sabe — mi  vida  será  juzgada. 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Fuése  luego  hacia  su  cuarto— donde  cosía  y  bordaba, 
y  á  una  ventana  arrimóse— por  ver  quien  se  paseaba  (1), 
se  paseaba  un  mancebo— embozado  en  la  su  capa, 
— Suba,  suba  el  caballero; — que  le  quiero  una  palabra... 


La  palabra  que  te  quiero, — sácame  el  niño  de  casa. 
Si  encuentras  al  Rey  mi  padre, — dile  que  no  llevas  nada, 
sino  rosas  y  claveles — para  hacer  una  guirnalda. — 
Al  bajar  una  escalera,— al  Key  su  padre  encontrara. 
— ¿Qué  lleváis,  el  caballero, — n'  el  embozo  de  la  capa? 
— Llevo  rosas  y  claveles— para  hacer  una  guirnalda. 
— De  esas  rosas  y  claveles, — dadme  la  mas  encarnada. 
— La  mas  encarnada  de  ellas— tiene  una  hoja  quebrada.— 
— Téngala  que  no  la  tenga, — al  Rey  no  se  niega  nada. — 
Entre  estas  palabras  y  otras, — el  niño  varón  llorara. 
— Lleva  el  niño,  caballero, — que  le  den  salud  al  alma. 
4 Al  árbol  que  dió  ese  fruto— yo  le  cortaré  la  ramal — 
La  cogió  por  los  cabellos, — la  colgó  de  una  ventana. 
— Si  Doña  ürgeha  se  muere,  —aquí  queda  Doña  Juana. 


40, 

Doña  EliüEendra. 

Hay  una  yerba  en  el  campo — que  le  llaman  la  borraja; 
la  mujer  que  la  pisare— luego  se  siente  preñada. 
Esta  pisó  Doña  Enxendra, — por  la  su  desdicha  mala; 
un  día  yendo  á  la  misa— su  padre  la  reparara.  [mala? 
— ¿Tú  que  tienes,  Doña  Enxendra; — tú  que  tienes  que  estás 
— Señor,  tengo  un  mal  del  cuerpo— que  de  niña  me  quedara. 

(1)  Vió  venir  al  Rey  Cien -hilos— por  la  calle  emepedreada. 
—Toma,  llévame  este  niño  — á  criar  á  una  buen  ama, 
de  la  color  morenita— y  de  la  leche  delgada; 
non  te  vayas  por  la  calle, — vete  por  la  rodeada,  etc- 

(Variante  del  Espin,  Naviu.) 


ROMANCES  TRADICIONALES  D£  ASTURIAS  4  0 

— Si  lo  dixeras  en  tiempo,— cirujanos  te  cataran. — 
Llama  siete  cirujanos, — los  mejores  que  encontrara. 
Unos  le  toman  el  pulso, — otros  le  miran  la  cara; 
todos  dicen  á  una  voz: — Doña  Enxendra  está  preñada. 
— Callen,  callen  los  señores, — callen  y  no  digan  nada; 
si  el  Key  mi  padre  lo  sabe— mi  vida  será  juzgada. — 
Subióse  para  su  celda, — donde  cosía  y  bordaba; 
cada  dolor,  un  tormento, — un  dolor  cada  puntada; 
entre  dolor  y  dolor— un  niño  varón  llorara. 
Se  coge  bocina  de  oro — y  se  pone  á  la  ventana, 
en  la  vuelta  de  bocina — á  su  namorado  llama. 
— Toma  este  niño,  Don  Juan, — en  el  bozo  de  tu  capa, 
llevaráslo  á  una  mujer — que  le  dé  la  leche  clara. 
Si  encuentras  al  Key  mi  padre,— dile  que  no  llevas  nada, 
sino  rosas  y  claveles — antojos  de  una  preñada. 
Al  bajar  de  una  escalera — al  Key  su  padre  encontrara. 
— ¿Qué  llevas  ahí,  Don  Juan, — en  el  bozo  de  tu  capa? 
-Llevo  rosas  y  claveles— antojos  de  una  preñada. 
— De  esas  rosas  y  claveles— daime  lamas  encarnada. 
— La  mas  encarnada  dellas,— tiene  una  hoja  quebrada. 
— Téngala  que  no  la  tenga —al  Key  n,o  se  niega  nada. 
Estando  en  estas  razones— el  niño  varón  llorara. 
— Anda,  llévalo  de  prisa — que  le  den  salud  al  alma; 
y  el  árbol  que  dió  ese  fruto, — yo  le  cortaré  la  rama. — 
Cógela  por  los  cabellos; — n'un  aposento  la  cierra, 
donde  no  vé  sol  ni  luna— sino  por  una  ventana. 
Ya  se  añlan  los  cuchillos, — ya  se  amuelan  las  navajas; 
fuése  para  el  cuarto  della — donde  cosía  y  bordaba; 
Doña  Enxendra  que  lo  vió, — muy  presto  se  levantara. 
— Tate,  tate  Doña  Enxendra, — tate  quieta  en  la  tu  cama; 
mujer  parida  de  ha  poco — non  puede  ser  levantada. — 
Fizóla  cuatro  pedazos, — púnxola  n'una  ventana; 
cuando  venía  de  misa— su  madre  la  reparara. 
— ¡Ay  Enxendra  de  mi  vida! — ¡Ay  Enxendra  de  mi  almaí 
¡Cuantas  cosas  yo  tenía, — yo  para  ti  las  guardaba; 
y  ahora  te  veo  aquí — colgada  en  una  ventana! 


108 


LIRICOS  CASTELLANOS 


41. 

*  Eia  mala  liierba  (1). 

En  la  villa  de  Madrid, — junto  á  los  caños  del  agua, 
allí  se  cría  una  hierba— muy  viciosa  y  regalada  : 
la  dama  que  la  pisara — se  quedara  embarazada. 
Por  su  desgraciada  suerte — Doña  Eugenia  la  pisara. 
Un  día,  yendo  pa  misa, — su  padre  la  reparara. 
— ¿Tú  qué  tienes,  Doña  Eugenia, — tú  qué  tienes  que  estás  mala? 
— Tengo  un  dolor  de  cabeza — que  me  dió  boy  de  mañana. 
— Si  en  tiempo  lo  hubieras  dicho,— yo  pronto  lo  remediara. 
Buscara  siete  doctores — de  los  mejores  de  España. 
Unos  dicen  que  sí  es  algo,— otros  dicen  que  no  es  nada. 
Dice  el  más  chiquito  de  ellos  : — La  niña  está  embarazada.  — 
— Callen,  callen,  los  señores, — callen  y  no  digan  nada : 
si  el  Key  mi  padre  lo  sabe, — la  vida  tengo  juzgada. 

(1)   «Versión  recogida  en  Colunga. 

«Dos  variantes  de  este  romance  inserta  nuestro  querido  amigo  D.  Juan 
Menéndez  Pidal  en  su  notable  Romancero  asturiano  (núms.  43  y  44,  Doña 
Urgelia  y  Doña  Enxendra).  Su  lección  se  distingue  poco  de  la  nuestra  : 
en  ésta  la  dama  se  vale  de  nn  hermano  suyo  para  sacar  de  casa  el  recién 
nacido,  mientras  que  en  las  versiones  citadas  Doña  Urgelia  entrega  su  hijo 
á  un  mancebo  incógnito,  y  Doña  Enxendra 

á  su  namorado  llama 

para  que  le  preste  análogo  servicio. 

»La  variante  del  texto,  en  nuestra  humilde  opinión,  aparece  más  poética- 
en  cuanto  resulta  más  viva  la  creencia  popular  sostenida  en  el  romance,  y 
á  la  cual  se  refiere  este  cantar  *. 

En  el  campo  hav  una  hierba  ^ 

•  que  la  llaman  la  borraja;  \ 

toda  mujer  que  la  pisa  í 

luego  se  siente  preñada.  ■ 

B.  ViGÓN. 

(Este  señor  publicó  el  romance  en  un  periódico  asturiano  ) 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


109 


Subiérase  para  el  cuarto — donde  cosía  y  bordaba, 
y  entre  puntada  y  dolor,— -un  niño  varón  llorara. 
Llamara  á  su  hermano  Juan, — muy  de  priesa  le  llamara. 
Llévame,  Juan,  este  niño — embozado  en  la  tu  capa. 
Si  encuentras  al  Rey  mi  padre — dile  que  no  llevas  nada. 
Al  bajar  una  escalera, — al  embocar  una  sala, 

encontrara  al  Rey  su  padre —  

¿Qué  llevas  ahí,  Don  Juan? — ¿Qué  tengo  de  llevar?  Nada  : 

llevo  rosas  y  claveles — por  antojos  de  una  dama. — 

— De  esas  rosas  y  claveles  — dame  la  más  encarnada. — 

— La  más  encarnada  de  ellas— tiene  la  hoja  quebrada. 

En  estas  palabras  y  otras — el  niño  varón  llorara. 

— Anda,  anda,  picarón, — anda  vete  noramala, 

que  el  rosal  que  dió  esa  rosa — prontd  le  seca  la  rama. — 

Subiérase  para  al  cuarto — donde  Doña  Eugenia  estaba  : 

Doña  Eugenia  que  le  vió — de  levantarse  tratara. 

— Déjate  estar,  Doña  Eugenia,— déjate  estar  que  estás  mala; 

mujer  que  parió  ha  una  hora— no  puede  ser  levantada. 

Afilara  los  cuchillos, — afilara  las  navajas; 

hiciérala  cuarterones, — y  de  un  balcón  la  colgara. 


Estos  tres  romances,  poco  limpios,  recuerdan  desde  luego 
varios  de  las  colecciones  impresas,  especialmente  el  de  la  In- 
fanta y  Don  Galván  (Primavera,  159),  >  todavía  más  al  160 
«De  cómo  la  Infanta,  casada  á  hurto  del  Rey  con  el  Conde, 
parió.» Pertenecen  á  la  misma  familia  eiDon  Galván,hi\mgüe, 
de  la  colección  de  Milá  (núm.  268),  y  La  Infanta  y  Don  Gau- 
vany  de  Aguiló  (núm.  XIV).  Por  el  contrario,  las  versiones 
asturianas  se  parecen  mucho  más  á  las  portuguesas,  tienen 
muchos  versos  comunes,  y  el  mismo  asonante.  Pero  induda- 
blemente conservan  mejor  la  pureza  primitiva,  porque  en  to- 
das las  del  reino  vecino  hay  inoportuna  mezcla  de  otros  ro- 
mances. Así  en  Extremadura,  en  el  Alemtejo  y  en  la  isla  de 
Madera,  zurcen  un  final  tomado  del  Conde  Claros,  y  en  el  Al- 


lio 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


garbe  le  compaginan  con  el  de  Gerineldo.  Las  lecciones  pu- 
blicadas hasta  ahora  son,  por  orden  de  antigüedad,  las  si- 
guientes : 

a)    Doña  Ausenda  (Almeida  Garrett,  II,  172-178). 
b  )    Doña  Averia  (variante  de  Coimbra,  en  el  Rom,  Geral. 
de  T.  Braga,  87-89). 

c )  Doña  Aldonca  (en  el  Romanceiro  do  Algarve  de  Estacio 
da  Veiga,  75-80). 

d )  Doña  Ausenda.  —  Doña  Alberta  (en  el  Romanceiro  do 
Archipelago  da  Madeira,  de  Rodrigues  de  Azevedo,  150-158). 

La  virtud  supersticiosa  atribuida  en  estos  romances  á  la 
borraja  (en  serio  ó  en  burlas),  es  la  misma  que  se  atribuye  á 
la  azucena  en  los  romances  de  Tristán  e  Iseo  (Primavera,  146): 

Allí  nace  un  arboledo — que  azucena  se  llamaba, 
cualquier  mujer  que  la  come — luego  se  siente  preñada  : 
comiérala  Reina  Iseo — por  la  su  ventura  mala. 


42. 

Doña  Alda*— I. 

A  cazar  va  el  Rey  Don  Pedro,-— á  cazar  como  solía; 
le  diera  el  mal  de  la  muerte, — para  casa  se  volvía  : 
á  la  entrada  de  la  puerta — vió  un  pastor  que  le  decía  : 
— Albricias,  Señor  Pon  Pedro,— que  dármelas  bien  podía; 
que  Doña  Alda  ya  parió, — y  un  hijo  varón  tenía. 
— ¡Pues  si  parió  Doña  Alda,— hijo  sin  padre  sería...! 
Con  estas  palabras  y  otras, — el  Rey  subió  para  arriba. 
— Haga  la  cama,  mi  madre, — haga  la  cama  de  oliva  : 
aprisa,  aprisa  con  ella,  — que  presto  me  moriría. 
No  diga  nada  á  Doña  Alda,— á  Doña  Alda  de  mi  vida, 
que  no  sepa  de  mi  muerte — hasta  los  cuarenta  días. — 
Don  Pedro  que  se  murió — Doña  Alda  nada  sabía. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  iii 

Viniera  Pascua  de  Flores, — Doña  Alda  no  ha  oído  misa! 

— Diga,  diga  la  mi  suegra, — ¿qué  vestido  llevaría? 

— Como  eres  alta  y  delgada — lo  negro  bien  te  estaría. 

— Yo  no  quiero  llevar  luto — que  voy  de  linda  parida. — 

A  la  entrada  de  la  iglesia — toda  la  gente  la  mira. 

— Diga,  diga  D,  Melchor, — consejero  de  mi  vida, 

¿por  qué  me  mira  la  gente, — por  qué  la  gente  me  mira? 

— Diréte  una  cosa,  Alda,-  que  de  saberse  tenía  : 

Aquí  se  entierran  los  reyes— cuantos  lo  son  de  Castilla, 

y  aquí  se  enterró  Don  Pedro — la  prenda  que  mas  querías^. 

— Oh,  mal  haya  la  mi  suegra, — qué  engañada  me  traía, 

que  en  vez  de  venir  de  luto — vengo  de  linda  parida! 


43. 

Doña  Alda.  —11. 

A  cazar  iba  Don  Pedro, — á  cazar  como  solía; 
los  perros  lleva  cansados — y  el  halcón  perdido  habia. 
Dierale  el  mal  de  la  muerte; — para  casa  se  volvía. 
— ¡Non  diga  nada,  mi  madre, -~á  Doña  Alda  de  mi  vidar 
que  como  es  niña  pequeña,— de  pena  se  moriría! 
Que  non  sepa  de  mi  muerte — hasta  los  cuarenta  días. — 
Doña  Alda  estaba  de  parto, —  y  un  niño  varón  paría. 
— Diga,  diga  la  mi  suegra; — diga,  diga  suegra  mía; 
¿por  quién  tocarán  á  muerto — que  las  campanas  tañían? 

—  Son  de  la  iglesia  mayor — que  están  repicando  á  misa. 
— Oyense  cantar  responsos,— ¿á  quién  á  enterrar  irían? 

— Es  el  santo  del  patrono, — y  hay  procesión  en  la  villa. — 
Viniera  Pascua  de  Flores;— Doña  Alda  á  ofrecer  iría. 
— Diga,  diga  la  mi  suegra  :  — ¿qué  vestido  llevaría? 

—  Como  eres  blanca  y  delgada, — lo  negro  bien  te  estaría. 
— ¡Viva,  viva  mi  Don  Pedro, — la  prenda  que  mas  quería; 
que  para  vestir  de  luto— bastante  tiempo  tendría! — 


4  12 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Las  doncellas  van  de  lato, — ella  de  Pascua  Florida. 

Encontraron  un  pastor — que  tocaba  la  guacina; 

— ¡Qué  viudina  tan  hermosa;— qué  viudina  tan  pulidal 

—Diga,  diga  la  mi  suegra; — ¿ese  pastor,  qué  decía? 

— Que  caminemos,  Doña  Alda,  —  que  perderemos  la  xaisa.  — 

A  la  entrada  de  la  iglesia, — toda  la  gente  la  mira. 

— ¿Por  qué  me  mira  la  gente,— por  qué  la  gente  me  mira? 

— Dirételo,  Dofía  Alda; — pues  de  saberlo  tenías. 

Aquí  se  entierran  los  reyes,—  caballeros  de  Castilla, 

y  aquí  se  enterró  Don  Pedro,  —  la  prenda  que  más  querías... 

— ;Ay,  triste  de  mí,  cuitada, — qué  engañada  yo  vivia! 

•que  en  vez  de  venir  de  luto, — vengo  de  linda  parida, 

¡Desgraciado  de  mi  hijo,— en  mal  hora  lo  paría! 

Que  por  la  desgracia  suya, — hijo  sin  padre  sería. 


Estos  bellos  romances  de  Doña  Alda,  ó  más  bien  de  Don 
Pedro,  son  un  eco  de  la  famosa  canción  francesa  Le  Roi  Re 
naudy  tenida  por  la  joya  más  excelente  de  la  poesía  popular 
de  nuestros  vecinos.  Cuanto  pudiera  decirse  para  ilustrarla 
se  encuentra  reunido  en  un  artículo  de  G.  Doncieux,  publi- 
cado en  la  Romanía  (Abril  del  presente  año  1900).  El  erudi- 
to filólogo  enumera  hasta  sesenta  versiones  francesas  de  la 
canción  (ya  en  lengua  de  oil,  ya  en  lengua  de  oc)  y  seis  pia- 
montesas,  publicadas  por  Nigra  y  Ferraro.  Cita  además,  como 
estrechamente  emparentadas  con  ella,  la  canción  vasco-fran- 
cesa de  El  Rey  Juan,  la.  canción  veneciana  de  El  Conde  Anzo- 
Un,  el  presente  romance  asturiano,  otro  de  Extremadura,  que 
daremos  á  conocer  más  adelante,  otro  portugués  de  la  misma 
familia,  publicado  por  Leite  de  Vasconcellos  en  la  Romanía 
(tomo  XI,  1882),  y  dos  grupos  de  versiones  catalanas.  El  pri- 
mero y  más  sencillo  está  representado  por  el  célebre  roman- 
ce de  Don  Juan  y  Don  Ramón,  que  Quadrado  dió  á  conocer 
en  1842,  y  del  cual  hay  numerosas  variantes  en  los  Koman- 
ceros  de  Milá  y  Fontanals  (núm.  210),  Pelayo  Briz  (III,  171) 


RJMANGES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


M3 


y  Aguiló  (núm.  I).  Tiene  notable  analogía  con  esta  forma  la 
canción  piamontesa  Mal  ferito  (Canti  popolari  del  Fimnonte, 
149-150),  y  no  es  inverosímil  que  de  Cataluña  ó  de  Provenza 
pasara  al  Norte  de  Italia.  Piferrer,  en  el  tomo  de  Mallorca 
de  los  Recuerdos  y  bellezas  de  España,  tradujo  al  castellano 
el  romance  catalán,  y  conviene  ponerle  aquí  para  los  que  no 
le  hayan  leído  en  su  lengua  original : 

Ya  Don  Juan  y  Don  Ramón — regresaban  de  la  caza; 
Don  Ramón  cae  del  caballo, — pero  Don  Juan  cabalgaba. 
Su  madre  lo  ve  venir — por  un  campo  que  verdeaba, 
para  curar  sus  heridas — violetas  cogiendo  y  malvas. 
— ¿Qué  tenéis,  Ramón,  mi  hijo? — La  color  traéis  mudada. 
¡Ay,  madre!  Sangrado  me  he, — la  sangría  ha  sido  errada. 
¡O  mal  haya  tal  barbero — que  aquesta  sangría  os  dabal 
jAy,  madre!  íío  blasfeméis, — que  esta  es  la  postrer  vegada. 
Entre  mi  caballo  y  yo  — tenemos  veinte  lanzadas  ; 
el  caballo  trae  nueve, — y  yo  todas  las  que  faltan. 
El  caballo  hoy  morirá, — y  yo  por  la  madrugada  : 
el  caballo  lo  enterrad— en  lo  mejor  de  la  cuadra; 
á  mí  empero  me  daréis — sepultura  en  Santa  Eulalia; 
sobre  la  tumba  poned — una  espada  atravesada;  [caza)'. 
Si  demandan  quién  me  ha  muerto,— que  «Don  Juan  el  de  la 

Como  se  ve,  esta  primera  forma  del  romance  no  contiene 
más  que  el  diálogo  del  caballero  moribundo  con  su  madre, 
asunto  de  las  tres  primeras  coplas  de  Le  Roi  Renaud.  Por  el 
contrario,  los  romances  asturiano,  portugués  y  extremeño 
abarcan  la  totalidad  de  la  canción,  con  el  bellísimo  episodio 
de  la  salida  á  misa  de  la  viuda,  llamada  en  Asturias  Doña 
Alda,  en  Extremadura  Doña  Teresa  y  en  Portugal  Leonarda, 
Pero  también  en  Cataluña  se  canta  separadamente  esta  par- 
te, debiéndose  advertir,  como  en  tantos  otros  casos,  que  no 
es  indígena,  sino  mal  traducida  del  castellano,  siendo  eviden- 
te indicio  de  su  origen  las  muchas  palabras  de  nuestra  len- 
gua que  hay  en  todas  las  variantes  recogidas  por  Milá  (nú- 
mero 204  del  Romancerillo)  y  Briz  (III,  169).  Aguiló,  según 
Tomo  X.  s 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


SU  costumbre,  ofrece  un  texto  elegantemente  purgado  de  to- 
das ellas  {La  viuda  ó  La  sortida  á  missa,  núm.  2  del  Roman- 
cero); pero  no  sólo  confiesa  que  abundan,  sino  que  en  una  de 
las  variantes  recogidas  por  él  hay  otro  indicio  de  proceden- 
cia castellana  en  el  nombre  de  Don  Buesco  ó  Don  Besco  (Don 
Bueso).  Todo  induce  á  creer,  pues,  que  la  canción  del  Eey 
Renaiid,  cuyos  fragmentos  aparecen  en  Cataluña  desligados, 
llegó  al  Principado  por  dos  caminos :  directamente  por  Fran- 
cia el  trozo  de  Don  Juan  y  Don  Ramón;  indirectamente,  y  por 
Castilla,  el  romance  de  la  viuda,  que  no  sólo  coincide  con  los 
nuestros  en  la  asonancia,  sino  que  tiene  la  particularidad  de 
estar  en  versos  de  seis  sílabas,  lo  mismo  que  la  versión  de 
Extremadura.  Este  género  de  versificación  suele  ser  indicio 
de  origen  reciente,  y  de  todos  modos  estos  romances  no  pue- 
den ser  muy  antiguos,  puesto  que  la  canción  francesa  que  les 
sirvió  de  tipo  no  parece  remontarse  más  allá  de  la  primera 
mitad  del  siglo  xvi. 

Pero  esta  canción  tampoco  era  original  ni  mucho  menos, 
aunque  apareciese  muy  remozada  y  con  todos  los  caracteres 
del  ingenio  francés.  La  sagaz  erudición  de  nuestros  días  ha 
averiguado  y  establecido  perfectamente  su  genealogía.  Le 
Roí  Renaiid  es  feliz  imitación  hecha  por  un  poeta  probable- 
mente bretón  ó  nacido  en  los  confines  de  Bretaña,  de  un  gwerz 
ó  canto  popular  de  la  península  armoricana^.  El  Conde  Nann, 
del  cual  existen  hasta  diez  y  ocho  variantes,  bastando  para 
el  caso  presente  citar  como  más  obvia  l'a  que  trae  Villemar- 
qué  en  su  Barzaz-Breiz  (pp.  25-30).  Pero  hay  entre  la  canción* 
bretona  y  la  francesa  una  diferencia  profunda :  en  la  segun- 
da falta  por  completo  el  elemento  sobrenatural  que  hay  en 
la  primera,  la  venganza  del  hada  [korrigan)  desdeñada  por  el 
caballero,  y  que  lanza  sobre  él  una  maldición  ó  suerte  mor- 
tal. En  lo  demás  es  evidente  el  paralelismo  de  ambos  can- 
tos, y  algunos  versos  están  literalmente  traducidos.  Pero  tam- 
poco es  original  la  canción  bretona.  Hay  que  remontarse  más 
lejos  y  llegar  hasta  Escandinavia. 

Allí  se  encuentra,  nada  menos  que  en  sesenta  y  ocho  versio- 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  415 

lies,  danesas,  noruegas,  suecas,  islandesas  y  en  dialecto  de 
las  islas  Feroe,  la  célebre  canción  de  El  Caballero  Olaf,  víc- 
tima de  la  venganza  de  la  hija  del  Rey  de  los  Silfos.  La  ex- 
pansión de  este  canto  no  se  ha  limitado  á  las  regiones  de  len- 
gua escandinava.  De  él  proceden  una  balada  escocesa,  Clerk 
Colvill,  y  dos  canciones  eslavas,  una  de  Lusacia  y  otra  de 
Bohemia  (donde  desaparece  el  elemento  maravilloso). 

En  su  forma  escandinava  la  canción  pertenece  á  un  orden 
de  tradiciones  ó  supersticiones  muy  antiguas,  á  las  cuales  ya 
alude  Gervasio  de  Tilbury  en  sus  Otia  Imperalia^  compues- 
tos por  los  años  de  1211 :  €Hoc  scimus.,.  qiios  quosdam  hujiis- 
modi  larvarum  qiias  ufadas»  nominant  amatores  (fuisse)  audi- 
vimus,  et,  cum  ad  aliarum  feminarum  matrimonia  se  transtu- 
lerunty  ante  mortuos  qiiam  cum  superinductiSj  carnali  se  copula 
¿nmiscuerint  ^ . 

Doncieux,  cuyas  investigaciones  he  procurado  resumir,  ter- 
mina así  su  brillante  análisis  : 

«Una  misma  canción,  que  se  puede  intitular,  según  la  por- 
ción del  asunto  que  se  considere,  «La  venganza  de  la  hada»  ó 
i  La  muerte  secreta>^y  há  revestido  nueve  formas  y  ha  pasado 
á  nueve  idiomas  diversos.  Una  semilla  legendaria,  esparcida 
en  el  dominio  germánico,  y  de  la  cual  algún  grano  caído  á 
orillas  del  Rhin  había  dado  nacimiento  en  el  siglo  xiV  al  poe- 
ma de  El  Caballero  de  Stantenberg^  fructifica  en  el  terruño  es- 
candinavo, y  el  genio  de  un  poeta  danés  del  siglo  xv  ó  de 
principios  del  xvi  le  hace  germinar  en  un  canto  popular,  del 
cual  proceden  directamente  tres  ramas,  una  balada  escocesa, 
una  canción  esla\  a,  un  gwerz  armoricano.  El  gwerz  engendra 
la  canción  francesa,  de  la  cual  han  nacido  la  canción  vasca, 
la  veneciana,  la  catalana  y  los  romances  en  castellano  y  por- 
tugués». 


116 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


44. 

Kl  Conde  Atareos. 

La  Infantina  está  muy  mala, — llena  de  melancolía, 
por  nodexarla  casar— con  el  Cond'  de  Mayorguía  (1). 
— Cuando  yo  te  quis'  casar — con  el  Cond'  de  Mayorguía, 
fuísteme  decir  que  aun  eras —  para  maridar  muy  niña. 
Agora  casarte  quieres  :  — ningún  de  tu  igual  había. 
— Cáseme,  padre,  el  mi  padre, — pues  que  tengo  mucha  prisa ; 
que  otras  fembras  de  mi  tiempo  — mantienen  casa  y  famjilia. 
Mándele  á  llamar,  mi  padre, — á  comer  de  mediodía  : 
á  los  manteles  alzados — dirále  de  parte  mía 
que  mate  la  su  mujer — y  case  con  la  Infantina. — 
Mandóle  á  llamar  el  Rey— con  un  paje  que  ende  había. 
— ¿Qué  me  quería  el  buen  Rey,  —  el  buen  Rey,  qué  me  que- 

(ría...? 

— Que  mates  á  tu  mujer — y  cases  con  la  Infantina. 

— ¿Cómo  he  de  matar  yo,  el  Rey, — á  quien  tanto  me  quería...? 

— Mata  la  tu  mujer,  Conde,  — si  no  yo  te  mataría. — 

Salió  el  Conde  de  palacio, — e  para  su  casa  iba; 

salió  el  Conde  de  palacio— con  mas  pesar  que  alegría. 

Su  mujer  está  á  la  puerta— que  una  estrella  parecía. 

— ¿Qué  te  quería  el  buen  Rey,— el  buen  Rey  qué  te  quería? 

— Lo  que  me  quiere  el  buen  Rey,— á  ti  non  te  placería ; 

mándame  que  te  dé  muerte — é  case  con  la  Infantina. 

— ¿Cómo  has  de  matar  tú,  Conde,— á  quien  tanto  te  quería? 

— Está  la  sentencia  dada, — será  la  tuya  ó  la  mía. 

— Para  ser  la  tuya,  Conde, — mi  muerte  pertenescía. 

Enviárasme  á  largas  tierras,— que  padre  é  madre  tenía; 

los  camisones  de  Holanda— de  allá  te  los  mandaría, 

yo  te  amara,  Conde  amigo, — como  siempre  te  quería; 

yo  te  amara.  Conde  amigo — mejor  que  la  que  vernía, 

(1)   Otra  versión:  de  Loml>ar(iía. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  M7 


— Callédes,  mujer,  callédes, — callédes  por  la  mi  vida; 
que  la  sentencia  está  dada — é  non  me  pertenescía. 
— Dexédesme  decir,  Conde, — una  oración  que  sabía. 
— Si  la  oración  es  muy  larga,— primero  amanescería. 
— La  oración  non  es  muy  larga,— que  luego  se  acabaría.— 
Fizo  oración  la  cuitada, — fizo  su  oración  bendita; 
diciendo:  «jCielos,  val edmel»— Llegó  á  su  postrimería. 
El  Conde  le  echó  un  pañuelo,— lo  apretó  cuanto  podía; 
con  el  fervor  de  la  sangre — estas  palabras  decía: 
«¡Válgame  el  Eey  de  los  Cielos, — gloriosa  Santa  María!...» 
Non  dixera  estas  palabras— el  page  del  Rey  venía, 
f  Non  mates  la  mujer.  Conde, — que  ya  murió  la  Infantina.» 


Reservando  para  ocasión  más  oportuna  algo  de  lo  mucho 
que  puede  decirse  sobre  esta  célebre  y  patética  leyenda,  cuya 
forma  más  conocida  y  también  la  más  bella  y  conmovedora, 
aunque  con  resabios  juglarescos,  es  el  núm.  163  de  \si  Prima- 
vera, me  limitaré  á  apuntar  aquí  las  demás  versiones  españo- 
las de  que  tengo  noticia. 

En  portugués  hay  las  siguientes  : 

a  )  Conde  Janno  (Almeida- Garre tt,  II,  44-55).  Advierte  el 
colector  que  «es  generalmente  sabido  por  todo  el  reino,  y  que 
las  variantes  son  numerosas.» 

b)  Conde  Alberto,  versión  de  Oporto  (T.  Braga,  Rom.  Ger., 
r,8-71). 

c )  Conde  Alves,  versión  de  la  Beira  Baja  (T.  Braga,  Rom, 
Geral,  71-74). 

d)  Conde  Alberto,  versión  de  Vianna  do  Castello,  publica- 
da por  Harduüg  (I,  149-152).  Contiene  el  incidente  maravillo- 
no  de  la  criatura  que  habla  en  el  pecho  de  su  madre;  inciden- 
te que  está  en  el  texto  de  Almeida  Garrett,  pero  que  falta  en 
las  demás  lecciones  del  continente  portugués. 

e  )  Romance  do  Conde  Jano,  versión  de  la  Isla  de  San  Jor- 
ge {Cantos  populares  do  Archipelago  Aqoriano^  259-264). 


418 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


/)  Conde  Elarde— Conde  Alario^  dos  preciosas  variantes  re- 
cogidas en  la  isla  de  la  Madera  por  Alvaro  Eodrigues  de 
Azevedo  {Rom.  do  Archipelago  da  Madeira,  127-141). 

g)  O  Conde  de  Alado,  versión  de  la  isla  de  San  Miguel 
(Azores),  publicada  por  T.  Braga  en  sus  notas  á  los  Cantos po- 
pulares  do  Brazil,  II,  162-165. 

h)  Don  Alberto,  O  Conde  Al'belto,  versión  brasileña  (de 
Sergipe),  muy  incompleta  y  estragada  (apud  Sylvio  Eomero 
Cantos  populares  do  Brazil,  1, 11-12). 

En  catalán  existe  la  canción  de  La  cruel  Infanta,  de  indu- 
dable origen  castellano,  de  la  cual  Milá  reunió  hasta  siete 
versiones  (núm.  237  del  Bomancerillo),  todas  mestizas.  En  al- 
gunas de  ellas  se  llama  al  Conde  Alarcos  el  Conde  Floris. 


45. 

Kja  aldeana* 

En  la  mañana  de  un  lunes — madrugaba  la  aldeana 
á  lavar  ricos  pañales — al  pie  de  una  fuente  clara. 
Acabando  de  lavarlos, — también  lavó  la  su  cara. 
Viéndola  estaba  el  buen  Rey — asomado  á  una  ventana. 
— Aldeana,  aldeanita,  —  tú  has  de  ser  mi  en{?..morada. 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo, — ni  su  madre  soberana; 
que  estimo  yo  á  mi  marido— en  la  vida  y  en  el  alma. — 
La  Eeina  que  tal  oyó; — por  una  falsa  criada, 
mandara  llamar  al  Conde— para  comer  en  su  casa; 
y  acabando  de  comer, — desta  manera  le  habla  : 
— La  aldeana  mata.  Conde; — Conde,  mata  á  la  aldeana. 
— ¡No  la  mataré  yo  tal, — sin  saber  muy  bien  la  causa! 
— Toda  mi  vida  pór  ella — vivo  yo  muy  mal  casada. — 
Entre  estas  palabras  y  otras, — el  Conde  fuese  á  su  casa. 
— Ven  acá,  perra  traidora, — hoy  pagarás  tu  disfama. 
Y  antes  del  amanecer — has  de  morir  degollada; 


ROMAIKIES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  i  19 

que  el  Rey  así  lo  mandó, — y  hay  que  cumplir  lo  que  manda. 
— Si  causa  tuviere  el  Rey, — lo  que  mandó  que  se  faga. — 
De  tres  hijas  que  tenía,— llamara  la  más  galana.  [manda? 
— ¿Qué  me  quiere,  madre  mía; — qué  me  quiere,  ó  que  me 
— Quiérete,  hija  de  mis  penas, — que  me  fagas  la  mortaja; 
que  antes  del  amanecer, —he  de  morir  degollada. 
Quitarásme  la  cabeza, — presto  tú  irás  á  apañarla, 
y  entre  dos  fuentes  de  oro — al  Rey  habrás  de  entregarla. — 
Estando  el  buen  Rey  comiendo,— la  niña  al -palacio  entraba. 
— «Buenos  días,  el  buen  Rey»  — «Bien  venida,  hija  galana> 
— Vengo  á  traer  esta  trucha — que  mi  madre  le  enviaba. 
— ¡La  Reina  hallarála  dulce, — para  mí  es  triste  y  amarga! 
La  aldeana  murió  de  noche, — la  Reina  por  la  mañana  (1). 


46. 

Doo  Hf  artinos. 

Estaba  un  día  un  buen  viejo — sentado  en  un  campo  al  sol. 
— Pregonadas  son  las  guerras — de  Francia  con  Aragón... 
¿Cómo  las  haré  yo,  triste— viejo,  cano  y  pecador? — 
De  allí  fué  para  su  casa— echando  una  maldición. 
— ¡Reventáres  tú,  María, — por  medio  del  corazón; 
que  pariste  siete  hijas— y  entre  ellas  ningún  varón! — 
La  mas  chiquita  de  ellas — salió  con  buena  razón. 
— No  la  maldigáis,  mi  padre, — no  la  maldigades,  non; 
que  yo  iré  á  servir  al  Rey — en  hábitos  de  varón. 
Compraráisme  vos,  mi  padre, — calcetas  y  buen  jubón; 

(1)  Aunque  este  romance  no  es  de  los  mejores,  no  he  querido  omitirle 
porque  tiene  reminiscencias  de  El  Conde  Alaroos.  Pero  todavía  es  mayor 
su  semejanza  con  la  canción  de  La  inocente  acusada^  que  es  muy  vulí:;ar 
en  Cataluña  (versiones  bilingües,  y  aun  casi  enteramente  castellanas  en 
Milá  (núra.  248)-  Briz  la  publica  con  el  titulo  de  La  Contessa  de  Floris 
(V,  13),  Aguiló  con  el  de  Les  dues  Dianes  (núm.  Vj. 


420 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


daréisme  las  vuestras  armas, — vuestro  caballo  trotón. 

— Conoceránte  en  los  ojos,-- hija,  que  muy  bellos  son. 

—Yo  los  bajaré  á  la  tierra — cuando  pase  algún  varón. 

— Conoceránte  en  los  pechos— que  asoman  por  el  jubón. 

— Esconderélos,  mi  padre; — al  par  de  mi  corazón. 

— Conoceránte  en  los  pies,— que  muy  menudinos  son. 

— Pondréme  las  vuestras  bota?— bien  rellenas  de  algodón.., 

¿Cómo  me  he  de  llamar,  padre, — cómo  me  he  de  llamar  yo? 

— Don  Martinos,  hija  mía, — que  así  me  llamaba  yo. — 

Yera  en  palacio  del  Rey, — y  nadie  la  conoció, 

sino  es  el  hijo  del  Rey— que  della  se  namoró. 

— Tal  caballero,  mi  madre, — doncella  me  pareció. 

—¿En  qué  lo  conocéis,  hijo; — en  qué  lo  conocéis  vos? 

— En  poner  el  su  sombrero — y  en  abrochar  el  jubón, 

y  en  poner  de  las  calcetas,— imi  Dios,  como  ella  las  poní 

— Brindaréisla  vos,  mi  hijo, — para  en  las  tiendas  mercar; 

si  el  caballero  era  hembra — corales  querrá  llevar. — 

El  caballero  es  discreto  —y  un  puñal  tomó  en  la  man. 

— Loo  ojos  de  Don  Martinos — roban  el  alma  al  mirar. 

— Brindaréisla  vos,  mi  hijo,  — al  par  de  vos  acostar; 

si  el  caballero  era  hembra, — tal  convite  non  quedrá.— 

El  caballero  es  discreto — y  echóse  sin  desnudar. 

— Los  ojos  de  Don  Martinos— roban  el  alma  al  mirar. 

— Brindaréisla  vos,  mi  hijo, — á  dir  con  vos  á  la  mar. 

Si  el  caballero  era  hembra,— él  se  habrá  de  acobardar. — 

El  caballero  es  discreto, — luego  empezara  á  llorar. 

— ¿Tú  que  tienes,  Don  Martinos, — que  te  pones  á  llorar? 

— Que  se  me  ha  muerto  mi  padre, — y  mi  madre  en  eso  va : 

si  me  dieran  la  licencia — fuérala  yo  á  visitar. 

— Esa  licencia,  Martinos,— de  tuyo  la  tienes  ya. 

Ensilla  un  caballo  blanco, — y  en  él  luego  vé  á  montar. — 

Por  unas  vegas  arriba — corre  como  un  gavilán, 

por  otras  vegas  abajo— corre  sin  le  divisar. 

— Adiós,  adiós,  el  buen  Rey,-  y  su  palacio  real; 

que  siete  años  le  serví — doncella  de  Portugal, 

y  otros  siete  le  sirviera— si  non  fuese  el  desnudar. — 


/ 

ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  12t 

Oyólo  el  hijo  del  Rey — de  altas  torres  donde  está : 
reventó  siete  caballos  —  para  poderla  alcanzar. 
Allegando  ella  á  su  casa, — todos  la  van  abrazar. 
Pidió  la  rueca  á  su  madre — á  ver  si  sabía  filar. 
— Deja  la  meca,  Martines,— non  te  pongas  á  ñlar; 
que  si  de  la  guerra  vienes,— á  la  guerra  has  de  tornar. 
Ya  están  aquí  tus  amores,— los  que  te  quieren  llevar. 


Es  la  única  lección  enteramente  castellana  que  hasta  ahora 
se  ha  publicado  del  romance  de  La  doncella  que  va  á  la  gue- 
rra, vulgarísimo  en  la  poesía  popular  portuguesa  y  no  desco- 
nocido en  la  catalana,  con  la  circunstancia  de  que  una  y  otra 
le  tomaron  de  la  nuestra,  como  lo  prueba  respecto  de  la  pri- 
mera el  testimonio  de  Jorge  Ferreira  de  Vasconcellos  en  su 
comedia  Aulegraphia  (acto  III,  escena  1.®),  y  respecto  de  la  se- 
gunda las  muchas  palabras  castellanas  que  hay  en  todos  los 
textos  recogidos  por  Milá,  únicos  que  hacen  fe  para  el  caso. 
Diez  años  antes  de  publicar  Almeida  Garrett  su  Romanceiro, 
un  poeta  y  crítico  de  bastante  erudición,  José  María  da  Costa 
e  Silva,  insertó  este  romance  eñ  las  notas  de  su  poema  Isabel 
ou  a  heroína  de  Aragáo  (Lisboa,  1832).  Se  encuentran  versio- 
nes de  él  en  el  Alemtejo,  en  Extremadura,  en  el  Miño,  en 
Tras  os-Montes,  en  las  dos  Beiras,  en  Lisboa,  y  por  de  contado 
en  las  islas.  El  supuesto  nombre  de  la  disfrazada  y  guerrera 
doncella  varía  en  las  distintas  provincias,  pero  más  común- 
mente se  llama  D,  Martín  de  Acevedo  (por  corruptela  Avisa- 
do), que  coincide  perfectamente  con  el  Don  Martinos  de  As- 
turias. Las  variantes  que  andan  impresas  son  por  este  orden : 

a  )    Donzella  que  vaí  á  guerra  (Garrett,  III,  65-71). 

h )  Romance  de  D.  Martínho  de  Avízado,  versión  de  la  Bei- 
ra  Baja  (T.  Braga,  Rom.  Ger.,  8-11). 

c)  Dom  Martínho,  de  la  misma  procedencia  (Braga,  1114). 

d)  Don  Bardo,  variante  de  la  Foz  del  Duero  (Braga,  15-18). 
e  )    Romance  de  Dom  Varáo,  de  la  isla  de  San  Jorge  (Can- 
tos do  Archípelago  Agoriano,  211-215). 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


/)    Donzella  guerreira,  también  de  las  Azores  (215-219). 

g-h'i)  Dom  Martinho  —  Donzella  que  vae  á  guerra  —  Roje 
sapregóan  guerras.  Estos  tres  romances  tradicionales  en  el 
Archipiélago  de  la  Madera  han  sido  publicados  por  Alvaro 
Eodrigues  de  Azevedo  (159-170). 

En  Cataluña  D.  Martin  se  ha  convertido  en  D.  Marcos,  á 
quien  en  una  de  las  versiones  se  supone  hijo  del  Conde  Alar- 
eos.  No  se  encuentra  solamente  en  forma  de  romance,  sino 
también  de  narración  en  prosa.  Vid.  Milá  (núm.  245,  La  niña 
guerrera),  y  Aguiló  ínúm.  XXII,  Donzella  qui  va  á  la  guerra). 

El  tema  de  esta  canción  es  común  á  la  poesía  de  muchos 
pueblos.  Se  encuentra  en  cantos  griegos  é  ilí ricos,  en  un  frag- 
mento bearnés  (del  valle  de  Ossau),  y  especialmente  en  Ita- 
lia, donde  además  de  varias  lecciones  procedentes  de  Vene- 
cia,  Ferrara,  Las  Marcas,  etc.,  sólo  del  Piamonte  ha  reunido 
cinco  el  Conde  Nigra,  ilustrándolas  doctamente  (núm.  48,  La 
Guerriera^  págs.  286-295).  No  conoció  el  romance  asturiano, 
ni,  lo  que  es  más  raro,  el  catalán,  á  pesar  de  estar  impreso  en 
el  libro  de  Milá  que  con  frecuencia  cita;  pero  tiene  razón  en 
sostener  que  los  romances  portugueses,  la  canción  bearnesa 
y  las  del  Norte  de  Italia  son  idénticas  en  la  substancia  y  en 
la  forma,  y  tienen,  por  tanto,  un  solo  y  común  origen.  Este 
origen  quiere  buscarle  en  Provenza,  de  donde  supone  que  esta 
canción  fué  transmitida  á  las  dos  penísulas  itálica  é  ibérica, 
y  quizá  también  á  los  países  eslavos.  Tratándose  de  poesía 
narrativa,  más  verosímil  parece  buscar  el  origen  en  la  Fran- 
cia del  Norte  que  en  la  Francia  meridional,  sin  que  por  eso 
neguemos  que  pudo  haber  una  versión  provenzal  intermedia. 
Pero  es  cierto  que  ni  la  catalana  ni  la  portuguesa  se  derivan 
de  ella. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  423 


47. 

I^a  Oayarda*  —  I 

Estándose  la  Gayarda— en  su  ventana  dorida 
peinando  su  pelo  negro— que  paez  seda  torcida, 
vió  un  bizarro  caballero — venir  por  la  calle  arriba. 
— Venga,  venga  el  caballero, — venga  á  ver  la  mi  montisa; 
comerán  pán  de  lo  blanco, — vino  tinto  de  Castilla. — 
Al  subir  una  escalera— alzó  los  ojos  y  mira; 
reparó  cien  cabecitas— colgadas  en  una  viga. 
— ¿Qué  es  esto,  la  Gayarda;— qué  es  esto  vida  mía? 
— Son  cabezas  de  lechones — que  crió  la  mi  montisa. 
— Mientes,  mientes,  la  Gayarda, — mientes,  mientes,  vida  mía: 
la  cabeza  de  mi  padre— yo  aquí  la  conocería  (1), 
y  también  la  de  un  hermano— de  un  hermano  que  tenía. — 
La  Gayarda  pon  la  mesa, — caballero  non  comía; 
la  Gayarda  escancia  el  vino— caballero  non  bebía. 
Coma,  coma,  caballero — no  coma  con  cortesía; 
que  el  que  viene  de  camino— gana  de  comer  tendría. — 
La  Gayarda  f ay  la  cáma^ — caballero  miraría : 
en  medio  de  dos  colchones — un  puñal  de  oro  metía: 
á  las  doce  de  la  noche — Gayarda  se  revolvía. 
— ¿Qué  buscabas,  Gayarda; — qué  buscabas  vida  mía? 
— Busco  mi  rosario  de  oro, — que  yo  rezarlo  quería. 
— Mientes,  mientes,  la  Gayarda,— mientes,  mientes  vida  mía; 
que  ese  rosario  de  oro  -  en  mis  manos  volaría. — 
Metióselo  por  el  pecho  —y  á  la  espalda  le  salía. 
|0h  voces  que  al  mundo  daba, — voces  que  al  mundo  daríal  — 
Allí  vino  una  doncella — que  en  su  servicio  traía. 
— ¿De  dó  viene  el  caballero — que  en  esta  tierra  venía?... 
¡Cuántos  hijos  de  buen  padre — aquí  perdieron  la  vidal 

(1)   Miente,  miente  la  Gayarda,— y  toda  la  gallardía  : 
Que  una  era  de  mi  padre— la  barba  le  conocía; 
y  otra  era  de  mí  hermano,  -la  prenda  que  más  quería. 

(Variantes  de  Llamas,  Aller.) 


12i 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


48. 

Wjsí  Oayarda.  —  II 

Estando  un  día  Gayarda— en  su  ventana  florida, 
vió  venir  un  caballero — por  debajo  de  la  oliva. 
— Sube  arriba,  caballero;— caballero,  sube  arriba. 
No  suba,  no,  el  caballero — que  le  han  de  quitar  la  vida. — 
Al  subir  el  caballero  — alzó  los  ojos  arriba, 
y  ve  siete  calaveras— colgadas  en  una  viga. 
Gayarda  pone  la  mesa, — caballero  no  comía; 
Gayarda  trae  del  buen  pan, — del  más  fino  que  tenía; 
Gayarda  trae  del  buen  vino, — que  es  el  mejor  que  tenía; 
Gayarda  hace  la  cama,— caballero  bien  la  vía; 
entre  sábana  y  colchón,— puñal  de  oro  le  metía. 
Allá  por  la  media  noche  — Gayarda  se  revolvía. 
— ¿Tú  que  buscas  ahí,  Gayarda— que  tanto  te  revolvías? 
Si  buscas  el  puñal  de  oro— yo  en  mis  manos  lo  tenía. — 
Díérale  tres  puñaladas — de  la  menor  se  moría. 
— Abre  las  puertas,  portero; — ábrelas,  que  ya  es  de  día. 
— No  las  abro,  caballero;— Gayarda  me  mataría. 
— Abre  las  puertas,  portero; — que  Gayarda  está  ya  fría. 
— ¡Oh,  bien  haya  el  caballero —y  madre  que  le  paríal 
De  cien  hombres  que  aquí  entraron,— ningún  con  vida  salía. 


49. 

l^a  Oayarda.— III. 

Estábase  la  Gayarda— en  su  ventana  florida; 
vió  venir  un  caballero, — venir  por  la  calle  arriba. 
— Sube  arriba,  caballero; — sube,  sube,  por  tu  vida. — 
— De  subir  tengo,  señora,— aunque  me  cueste  la  vida  : 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  125 


Al  abrir  la  primer  puerta, — le  entrara  gran  pavorida  : 

viera  cien  cabezas  de  hombre— colgadas  en  una  viga; 

también  vió  la  de  su  padre, — que  muy  bien  la  conocía. 

— ¿Qué  es  aquello,  la  Gayarda,  —  que  tienes  n'aquella  viga? 

— Son  cabezas  de  lechones — criados  en  mi  montisa. 

— jVoto  al  diantre  la  montina— que  tales  lechones  cría! 

— Habla  bien,  mozo,  si  sabes; — habla  bien  con  cortesía, 

que  antes  de  la  media  noche — la  tuya  allí  se  pondría. — 

Gayarda  pone  la  mesa, — caballero  no  comía; 

Gayarda  escanciaba  vino, — caballero  no  bebía. 

Allá  para  media  noche — Gayarda  se  revolvía. 

—  ¿Qué  es  lo  que  buscas,  Gayarda,  —  que  tanto  te  revolvías? 

— Busco  mi  puñal  dorado, — que  á  mi  lado  lo  tenía. 

— Tu  puñal  de  oro,  Gayarda, — la  vida  te  costaría. — 

Metióselo  en  el  costado,— y  al  corazón  le  salía. 

— Abre  las  puertas,  portera; — ábrelas,  portera  mía. 

— í^o  abriré,  no,  caballero; — no  abriré  5^0  por  mi  vida; 

que  si  lo  sabe  Gayarda, — Gayarda  me  mataría. 

— No  tengas  miedo  á  Gayarda, — que  ya  muerta  la  tenías. 

— ;0h,  bien  haya  el  caballero,— la  madre  que  lo  paría...! 

¡Cuántos  de  los  caballeros — entraban  y  no  salían! 

Tengo  de  dirme  con  él, — servirle  toda  mi  vida. 


Estos  romances  de  Gayarda,  que  al  parecer  no  tienen  si- 
milares en  la  tradición  portuguesa,  tienen  en  cambio  cierta 
analogía  con  los  romances  extremeños  de  La  Serrana  de  la 
Vera  [Primavera,  núm.  28  del  apéndice),  que  también  pene- 
traron en  Cataluña,  como  lo  prueban  las  versiones  recogidas 
por  Milá  (núm.  259,  La  Serrana), 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


50. 

Delgadina. 

El  buen  Rey  tenía  tres  hijas  —  muy  hermosas  y  galanas; 
la  más  chiquitína  dellas, — Delgadina  se  llamaba. 
— Delgadina  de  cintura, — tú  has  de  ser  mi  enamorada. 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo, — ni  la  Virgen  soberana; 
que  yo  enamorada  fuera  —  del  padre  que  me  engendrara.  — 
El  pkdre  que  tal  oyó, — la  encerrara  en  una  sala. 
Non  la  daban  de  comer — mas  que  de  carne  salada; 
non  la  daban  de  beber,— sino  zumo  de  naranja. 
A  la  mañana  otro  día, — se  asomara  á  la  ventana, 
y  viera  á  su  madre  enbajo — en  silla  de  oro  sentada  :  [agua; 
— ¡Mi  madre;  por  ser  mi  madre,  —  púrrame  (1)  una  jarra  d' 
porque  me  muero  de  sede — y  á  Dios  quiero  dar  el  alma! 
— Calla  tú,  perra  maldita; — calla  tú,  perra  malvada; 
siete  años  que  estoy  contigo,— siete  años  soy  mal  casada. — 
A  la  mañana  otro  día,— se  asomara  á  otra  ventana  : 
vió  á  sus  hermanas  enbajo — filando  seda  labrada. 
— ¡Hermanas^  las  mis  hermanas; — purriíme  uná  jarra  d'.agua; 
porque  me  muero  de  sede — y  á  Dios  quiero  dar  el  alma! 
— Primero  te  meteríamos — esta  encina  por  la  cara. — 
Se  asomara  al  otro  día— á  otra  ventana  más  alta  ; 
vió  á  sus  hermanos  que  enbajo — taban  tirando  la  barra  : 
— ¡Hermanos,  por  ser  hermanos,  —  purriíme  una  jarra  d'agua, 
que  ya  me  muero  de  sede— y  á  Dios  quiero  dar  mi  alma! 
— Non  te  la  doy,  Delgadina; — non  te  la  damos.  Delgada; 
que  si  tu  padre  lo  sabe— nuestra  vida  es  ya  juzgada. — 
Se  asomara  al  otro  día — á  otra  ventana  mas  alta, 
y  vió  á  su  padre  que  embajo — paseaba  en  una  sala  : 
—  ¡Mi  padre,  por  ser  mi  padre,  —  púrrame  una  jarra  d'agua; 

(1)  Del  latín  porrigere,  extender,  alargar.  (Nota  del  Sr.  Menéndez  Pi- 
dal.) 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  i21 


porque  me  muero  de  sede — y  á  Dios  quiero  dar  el  alma! 
— Darétela,  Delgadina,— si  me  cumples  la  palabra. 
— La  palabra  cumpliréla, — aunque  sea  de  mala  gana. 
— Acorred,  mis  pajecicos, — á  Delgadina  con  agua; 
el  primero  que  llegase, — con  Delgadina  se  casa; 
el  que  llegare  postrero, — su  vida  será  Juzgada. — 
Unos  van  con  jarros  de  oro,— otros  con  jarros  de  plata... 
Las  campanas  de  la  iglesia—por  Delgadina  tocaban. 
El  primero  que  llegó, — Delgadina  era  finada. 
La  cama  de  Delgadina — de  ángeles  está  cercada  : 
bajan  á  la  de  su  padre, — de  demonios  coronada. 


51. 

Delgadina.— n. 

El  buen  Rey  tenía  tres  hijas  —muy  hermosas  y  galanas; 
la  más  chiquita  de  todas — Delgadina  se  llamaba. 
Un  día,  sentado  á  la  mesa, — su  padre  la  reparara. 
— Delgadina,  Delgadina; — tú  has  de  ser  mi  enamorada. 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo, — ni  su  Madre  soberana, 
que  de  amores  me  rindiera — al  padre  que  me  engendrara. — 
La  madre  qu'  atal  oyó,— n'un  castillo  la  encerrara; 
el  pan  le  daban  por  onzas — y  la  carne  muy  salada, 
y  el  agua  para  beber— de  los  pies  de  una  llamarga, 
donde  canta  la  culebra, — donde  la  rana  cantaba. 
Delgadina  por  la  sed,— se  arrimara  á  una  ventana, 
y  á  sus  dos  hermanas  viera — labrando  paños  de  grana. 
—  iPor  Dios  vos  pido,  Infantinas,  —  que  hermanas  non  vos 

[llamaba, 

por  una  de  las  doncellas — unviayme  una  jarra  de  agua; 
que  el  corazón  se  me  endulza — y  el  ánima  se  me  aparta! 
— Quítate  allá,  Delgadina; —quítate,  perra  malvada  : 
un  cuchillo  que  tuviera  —  te  tiraría  á  la  cara; 


128 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Delgadina,  por  la  sed,  —se  arrimara  á  otra  ventana; 
viera  á  los  dos  hermanos — jugando  lanzas  y  espadas. 
— Por  Dios  vos  pido,  Infantinos, — que  hermanos  non  vos  lia 

[mab 

por  uno  de  vuestros  pajes — unviayme  una  jarra  de  agua, 

que  el  corazón  se  me  endulza — y  el  ánima  se  me  aparta. 

— Quítate  allá,  Delgadina;— quítate,  perra  malvada; 

que  una  lanza  que  tuviera — yo  contra  ti  la  arrojara. — 

Delgadina,  por  la  sed, — se  arrimara  á  otra  ventana, 

viera  á  su  madre  la  Reina— en  silla  de  oro  sentada. 

— Por  Dios  vos  pido,  la  Eeina, — que  madre  non  vos  llamab 

por  una  de  esas  doncellas — unviayme  una  jarra  de  agua; 

que  el  corazón  se  me  endulza— y  el  ánima  se  rae  aparta. 

— Quítate  allá,  Delgadina, — quítate,  perra  malvada, 

que  ha  siete  años  por  tu  culpa, — que  yo  vivo  mal  casada. — 

Delgadina,  por  la  sed, — se  arrimara  á  otra  ventana, 

y  vió  á  su  padre  que  enbajo— paseaba  en  úna  sala. 

— Mi  padre,  por  ser  mi  padre, — púrrame  una  jarra  de  agua 

porque  me  muero  de  sed, — y  á  Dios  quiero  dar  mi  alma. 

— Daré  tela,  Delgadina, — si  me  cumples  la  palabra. 

— La  palabra  cumpliréla — aunque  sea  de  mala  gana. 

— Acorred,  mis  pajecicos, — á  Delgadina  dad  agua: 

el  primero  que  llegase, — con  Delgadina  se  casa; 

el  que  llegare  postrero, — su  vida  será  juzgada. — 

^ünos  van  con  jarros  de  oro, — otros  con  jarros  de  plata  : 

las  campanas  de  la  iglesia— por  Delgadina  tocaban. 

El  primero  que  llegó —Delgadina  era  finada. 

La  Virgen  la  sostenía,— anxeles  la  amortayaban; 

en  la  cama  de  su  padre — los  degorrios  se  asentaban, 

y  á  los  pies  de- Delgadina— una  fuente  fría  estaba, 

porque  apagase  la  sede  —que  aquel  cadáver  pasaba. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  I  2í> 


52. 

Delgadina.  —  III 

El  buen  Rey  tenía  una  hija  (1), — Delgadina  se  llamaba. 
— Delgadina,  Delgadina, — tú  has  de  ser  mi  enamorada. 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo— ni  la  Virgen  soberana; 
que  yo  enamorada  fuera — de  un  padre  que  me  engendrara. — 
El  buen  Rey  que  aquello  oyó — 'n  un  aposento  la  ciarra 
donde  no  ve  sol  ni  luna,— sino  por  una  ventana; 
<;uando  pide  de  comer,— le  dan  cecina  salada; 
•cuando  pide  de  beber,— le  dan  zumo  de  naranja; 
tanta  es  la  sede  que  tiene — que  se  asomó  á  una  ventana 
y  vió  venir  á  su  padre; — por  la  calle  se  paseaba. 
— Mi  padre,  por  ser  mi  padre, — apárrame  una  sed  d*  agua. 
— Yo  dártela  sí  por  cierto,— si  haces  lo  que  te  mandaba. 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo— ni  la  Virgen  soberana, 
<que  yo  namorada  fuera — de  un  padre  que  me  engendrara. — 
Tanta  es  la  sed  que  tiene, — que  asómase  á  la  ventana, 
bien  vira  vir  á  su  madre  -  de  lavar  la  fina  plata. 
— Mi  madre,  por  ser  mi  madre, — apúrrame  una  sed  d'  agua. 
— Quita  d'  ahí,  perra  traidora,  —quita  d'  ahí,  perra  malvada, 
-que  va  para  siete  años — que  por  ti  soy  mal  casada. — 
Tanta  es  la  sede  que  tiene, — que  asomóse  á  la  ventana: 
vira  vir  á  sus  hermanas — de  lavar  á  la  colada. 
— Hermanas,  por  ser  hermanas, — apurriime  una  sed  d'  agua.  * 
— No  te  la  podemos  dar, — porque  madre  nos  mataba. — 
Tanta  es  la  sede  que  tiene, — se  asomara  á  la  ventana : 
vira  estar  á  sus  hermanos— labrando  trigo  y  cebada. 

(1)  Una  preciosa  variante  recogida  á  última  hora  en  Rivadesella,  co- 
mienza así: 

En  el  jardín  de  Cupido— se  paseaba  Sildana  : 
6U  padre  la  envió  á  llamar— por  un  paje  que  tenía. 
— ¿Qué  me  quiere  mi  buen  padre mi  padre  qué  me  quería? 
—Que  te  sientes  á  mi  mesa— para  hacerme  compañía,  etc. 
Tomo  X. 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Hermanos,  por  ser  hermanos,— apurriime  una  sed  d'  agua, 
— Arriba  pajes  del  Rey, — arriba  con  jarros  de  agua. — 
Cuando  coP  agua  llegaron — Delgadina  ya  finara. 
Las  campanas  del  paraíso — ellas  de  sou  se  tocaban, 
por  r  alma  de  Delgadina — que  á  los  cielos  caminaba; 
el  alma^  del  Rey  su  padre, — pa  los  infiernos  bajara. 


Á  pesar  de  lo  brutal  y  repugnante  de  su  argumento,  ó  qui- 
zá por  esto  mismo,  puesto  que  la  casta  musa  popular  (que 
casta  es  á  su  manera)  no  suele  reparar  en  tales  melindres,  el 
romance  de  Delgadina  es  uno  de  los  más  populares  en  Espa- 
ña, hasta  el  punto  de  que  apenas  hay  región  donde  no  se  en- 
cuentre. Prescindiendo  por  ahora  de  las  demás  versiones  cas- 
tellanas, indicaré  sólo  las  catalanas  y  portuguesas. 

Milá  recogió  muchas  (casi  todas  mestizas),  aunque  por  la 
naturaleza  del  argumento  no  se  atrevió  á  ponerlas  íntegras 
todas.  En  unas  se  llama  á  la  protagonista  Margarita,  en  otras- 
Agadeta,  y  en  algunas  Silvana,  que  es  el  nombre  que  tiene 
en  casi  todas  las  variantes  portuguesas  y  en  una  asturiana  de 
Rivadesella  (véanse  los  núms.  29  y  272  del  Romancerillo). 

Almeida  Garrett,  que  ya  en  1828  había  publicado  una  pro- 
cedente de  Lisboa,  como  fundamento  é  ilustración  de  su 
Adozinda,  insertó  en  1851  en  su  Romanceiro  (II,  109-115)  otra 
más  correcta  con  el  título  de  Sylvaninha,  haciendo  notar  de 
X)aso  que  la  antigua  popularidad  de  este  romance  en  Portugal 
estaba  atestiguada  por  D.  Francisco  Manuel  de  Meló  en  su 
farsa  del  Fidalgo  Aprendiz  {Obras  Métricas,  León  de  Fran- 
cia, 1665,  pág.  247),  donde  se  citan  en  castellano  los  prime- 
ros versos : 

Paseábase  Sylvana— por  un  corredor  un  día... 

Teófilo  Braga,  en  su  Romanceiro  Geral.  (pp.  30-34  y  181-184) 
dió  á  conocer  dos  versiones,  una  de  Lisboa,  y  otra  de  Coim- 
bfra  con  el  título  de  Faustina. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  Í3l 

De  la  isla  de  San  Jorge  (Azores)  se  han  publicado  otras  tres, 
una  de  ellas  con  el  título  de  Aldina.  Pueden  verse  en  los  Can- 
tos pojMÍares  de  aquel  archipiélago  (183-200). 

No  menos  abundante  es  la  cosecha  en  la  isla  de  la  Made- 
ra, que  presenta  tres  notables  versiones  con  los  títulos  de 
Aldina,  Galdina  y  Gaudina  {Romanceiro  de  Eodrigues  de  Aze- 
vedo,  107-116).  Dos  de  estas  versiones  son  de  más  apacible 
carácter  que  las  restantes,  y  terminan  con  el  arrepentimiento 
del  padre. 

En  la  novela  bizantina  de  Apolonio  hay  algo  que  tiene  se- 
mejanza con  estos  romances  en  lo  que  toca  á  la  pasión  inces- 
tuosa del  padre,  pero  á  pesar  de  la  difusión  que  esa  leyenda 
alcanzó  en  los  tiempos  medios  y  del  poema  que  inspiró  en 
Castilla,  no  creo  que  nuestras  canciones  procedan  de  ella, 
puesto  que  difieren  en  todos  los  demás  incidentes. 

Almeida  Garrett  quiso  remozar  la  materia  de  estos  roman- 
ces en  el  poemita  Adozinda,  que  publicó  durante  su  emigra- 
ción en  Londres,  obrilla  curiosa  por  ser  la  primera  del  géne- 
ro romántico  que  se  escribió  en  portugués.  Pero,  á  pesar  de 
su  gran  talento  poético,  hubo  de  estrellarse  en  las  dificultades 
inherentes  á  tan  odioso  tema,  que  ababó  de  echar  á  perder 
con  cierto  empalagoso  sentimentalismo  ajeno  de  la  poesía 
peninsular  y  con  una  infeliz  combinación  de  los  octosílabos, 
que  da  aspecto  informe  y  desaliñado  á  la  ejecución  métrica. 
Todavía  más  terrorífico  que  Delgadina  es  el  romance  de  La 
Incestuosa  (núm.  63  de  la  colección  del  Sr.  Menéndez  Pidal) 
que  no  incluímos,  porque  su  estilo  tiene  más  de  vulgar  que 
de  popular.  El  argumento  parece  tomado  de  la  novela  del 
Dr.  Juan  Pérez  de  Montalbán,  La  mayor  confusión,  y  en  la 
novela  ó  en  el  romance  se  funda  uno  de  los  episodios  más 
notables  de  El  Drama  Universal,  de  Campoamor:  la  historia 
de  Leandra  de  Zúñiga. 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


53. 

I^a  aparición. 

I 

En  palacio  los  soldados— se  divierten  y  hacen  fiesta; 
uno  solo  non  se  ríe, — que  está  lleno  de  tristeza. 
El  Alférez  le  pregunta  : — Dime,  ¿por  qué  tienes  pena? 
¿Es  por  padre,  ó  es  por  madre,— ó  es  por  gente  de  tu  tierra? 
— No  es  por  padre,  ni  es  por  madre, — ni  es  por  gente  de  mi 
es  por  una  personita — que  tengo  ganas  de  verla.       [tierra  : 
— Coge  un  caballo  ligero, — monta  en  él  y  vete  á  verla; 
Vete  por  camino  real, — non  te  vayas  por  la  senda. — 

II 

En  la  ermita  de  San  Jorge — una  sombra  obscura  vi : 
el  caballo  se  paraba, — ella  se  acercaba  á  mí. 
¿Adonde  va  el  soldadito — á  estas  horas  por  aquí? 
—Voy  á  ver  á  la  mi  esposa,— que  ha  tiempo  que  non  la  vi. 
— La  tu  esposa  ya  se  ha  muerto  : — su  figura  vesla  aquí. 
— Si  ella  fuera  la  mi  esposa,— ella  me  abrazara  á  mí. 
— ¡Brazos  con  que  te  abrazaba, — la  desgraciada  de  mí. 
Ya  me  los  comió  la  tierra  : — la  figura  vesla  aquí! 
— Si  vos  fuerais  la  mi  esposa,— non  me  mirarais  ansí. 
—¡Ojos  con  que  te  miraba, — la  desgraciada  de  mí, 
Ya  me  los  comió  la  tierra  : — su  figura  vesla  aquí! 
— Yo  venderé  mis  caballos, — y  diré  misas  por  ti. 
— Non  vendas  los  tub  caballos, — nin  digas  misas  por  mí, 
que  por  tus  malos  amores— agora  peno  por  ti. 
La  mujer  con  quien  casares, — non  se  llama  Beatriz; 
cuantas  más  veces  la  llames, — tantas  me  llames  á  mí. 
¡Si  llegas  á  tener Tiijas, — tenias  siempre  junto  á  ti, 
non  te  las  engañe  nadie— como  me  engañaste  á  mí! 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  133 

Un  juglar  mal  avisado  zurció  sin  duda  á  este  bellísimo  y 
patético  romance  la  introducción  en  diverso  asonante,  que 
le  desfigura.  No  he  querido  suprimirla  por  respeto  á  la  tradi- 
ción, pero  la  he  separado  cuidadosamente  del  texto,  y  aconse- 
jo á  todo  lector  de  buen  gusto  que  empiece  la  lectura  por  el 
verso 

En  la  ermita  de  San  Jorge... 

Pocas  cosas  más  bellas  que  este  fragmento  pueden  encon- 
trarse en  la  poesía  popular. 

Es  romance  muy  viejo,  pero  que  por  caso  raro  no  ha  lle- 
gado íntegro  á  nosotros  en  las  colecciones  antiguas.  En  un 
pliego  suelto  gótico  de  la  Biblioteca  de  Praga  de  los  que  dió 
á  conocer  Wolf  (núm.  37  de  nuestro  apéndice  á  la  Frimavera) 
aparecen  ya  algunos  versos  de  él : 

¿Dónde  vas,  el  caballero?— ¿Dónde  vas,  triste  de  ti? 
Muerta  es  tu  linda  amiga, — muerta  es,  que  yo  la  vi : 
las  andas  en  que  ella  iba — de  luto  las  vi  cubrir. 
Duques,  Condes  la  lloraban, — todos  por  amor  de  ti. 

Luis  Vélez  de  Guevara,  en  su  comedia  Remar  después  de 
morir j  sacó  prodigioso  efecto  de  estos  mismos  versos,  hacién- 
dolos cantar  después  de  la  muerte  de  Doña  Inés  de  Castro, 
isi  bien  modificados  y  parafraseados  para  acomodarlos  al  ar- 
gumento : 

¿Dónde  vas,  el  caballero?— ¿Dónde  vas,  triste  de  ti? 
Ciue  la  tu  querida  esposa — muerta  es,  que  yo  la  vi. 
Las  señas  que*  ella  tenía — yo  te  las  sabré  decir  : 
su  garganta  es  de  alabastro — y  su  cuello  de  marfil... 

Consérvase  vivo  este  romance  en  varias  provincias  caste- 
llanas, y  ya  iremos  encontrando  otros  vestigios  de  él.  Existe 
también  en  Cataluña  (núm.  227  del  Romancerillo  de  Milá,  Xa 
Condesa  muerta).  Una  de  las  versiones  no  deja  duda  ninguna 
íicerca  de  su  procedencia  : 


434  LIRICOS  CASXfeLLANOS 

¿Dónde  vas,  el  caballero? — ¿Dónde  vá  vosté  per  quif 


Cien  hatxas  V acompañar ariy — cien  leguas  van  resplandí; 
cien  mujeres  la  lloraban, — todas  por  amor  de  ti. 

En  Portugal  este  romance  anda  revuelto  con  el  de  Bernal- 
Francez  (ó  de  la  Bella  Mal  Maridada),  cuyas  variantes  son 
tan  numerosas  (1). 

Y  por  un  fenómeno  singular  de  atavismo,  todavía  el  pue- 
blo español  se  acordó  de  este  romance,  y  le  refundió  á  su 
modo,  con  ocasión  de  la  muerte  de  la  Reina  Mercedes,  pri- 
mera mujer  de  D.  Alfonso  XII.  Todavía  oímos  cantar  en  las 
ruedas  ó  corros  de  los  niños  : 

¿Dónde  vas.  Rey  Alfohsito?— ¿Dónde  vas,  triste  de  ti? 
— Voy  en  busca  de  Mercedes,— que  ayer  tarde  no  la  vi. 
— Merceditas  ya  se  ha  muerto, — muerta  está,  que  yo  la  vi. 
Cuatro  Condes  la  llevaban— por  las  calles  de  Madrid. 
Al  Escorial  la  llevaban, — y  la  enterraron  allí, 
en  una  caja  forrada — de  cristal  y  de  marfil. 
El  paño  que  la  cubría— era  azul  y  carmesí, 
con  borlones  de  oro  y  plata— y  claveles  más  de  mil. 
;Ya  murió  la  flor  de  Mayo!  — ¡Ya  murió  la  flor  de  Abrill 
¡Ya  murió  la  que  reinaba — en  la  Corte  de  Madrid! 


54. 

El  mal  de  amor. 

Aquel  monte  arribe,  va — un  pastorcillo  llorando; 
de  tanto  como  lloraba— el  gabán  lleva  mojado. 
— Si  me  muero  deste  mal,— no  me  entierren  en  sagrado; 

(1)  Almeida-Garret  (II,  129-135).-T.  Braga  {Rom.  Gér.,  34-^7 ¡.-Cantos 
populares  do  Archipelago  A(^oriano  {202-208) Roma) (ceiro  da  Madeira 
041-150). 


ROMANCES  TRADICIONALKS  DE  ASTURIAS  4  35 

íáganlo  en  un  praderío  — donde  non  pase  ganado; 
-dejen  mi  cabello  fuera, — bien  peinado  y  bien  rizado, 
para  que  diga  quien  pase  :  —  «Aquí  murió  el  desgraciado.)) 
Por  allí  pasan  tres  damas, — todas  tres  pasan  llorando. 
Una  dijo:  ¡Adiós,  mi  primo!— Otra  dijo:  ¡Adiós,  mi  hermano! 
La  más  chiquita  de  todas  — dijo:  ¡Adiós,  mi  enamorado! 


En  el  romance  de  El  Conde  Freso,  popular  en  Tras  os-mon- 
tes,  hay  versos  muy  semejantes  á  los  que  preceden  : 

ííáo  me  enterrem  na  egreja, 
nem  tam  pouco  en  sagrado  : 
n'  aquelle  prado  me  enterrem 
onde  se  faz  o  mercado. 
Cabega  me  deixem  fóra, 
ó  meu  cabello  entran^ado; 
de  cabeceira  me  ponham 
á  pelle  do  meu  cavallo, 
que  digam  os  passageiros  : 
¡Triste  de  ti,  deg!gra(;;ado, 
morreste  de  mal  de  amores 
que  hé  un  mal  desesperado! 

(T.  Braga,  Roinanceiro  Geral.^  6i.) 

El  Sr.  Menéndez  Pidal  que  advirtió  ya  esta  coincidencia, 
nota  también  la  semejanza  que  tiene  el  estilo  del  romance 
asturiano  con  el  de  cierto  poeta  semi- popular  del  siglo  xví, 
llamado  Bartolomé  de  Santiago  (núm.  1.425  del  Romancero 
de  Durán): 

Acordarte  has,  si  quisieres, 
de  aqueste  postrero  día, 
y  en  las  tierras  do  estuvieres 
tener  has  por  compañía 
el  corazón  desdichado 
que  en  tu  servicip  moiíii. 


136 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Regarás  con  los  tus  ojos 
el  campo  do  padescía; 
poDerme  has  la  sepultura 
muy  lejos  de  compañía, 
con  un  mote  en  ella  puesto 
que  d'  esta  manera  diga  : 
«Aquí  yace  el  desdichado 
que  murió  sin  alegría... 

Tales  conceptos,  por  mucho  que  llegaran  á  popularizarse^ 
son  evidentemente  de  origen  trovadoresco. 


55. 

Amor  eterno. 

Allá  en  tierras  de  León — una  viudina  vivía; 
esta  tal  tenía  una  hija — más  guapa  que  ser  podía. 
La  niña  ha  dado  palabra — á  aquel  Don  Juan  de  Castilla; 
la  madre  la  tien  mandada — á  un  mercader  que  venía, 
que  es  muy  rico  y  poderoso... —y  mal  se  la  quitaría. 
El  Don  Juan  desque  lo  supo, — para  las  Indias  camina  : 
allá  estuvo  siete  años, — siete  años  menon  un  día, 
para  ver  si  la  olvidaba — y  olvidarla  non  podía. 
Al  cabo  de  los  siete  años,— para  la  España  venía, 
y  fuése  la  calle  abajo — donde  la  niña  vivía  : 
encontró  puertas  cerradas, — balcones  de  plata  fina; 
y  arrimárase  á  una  reja— por  vei  si  allí  la  veía. 
Vió  una  señora  de  luto, — toda  de  luto  vestida.  [vida? 
— ¿Poj  quién  trae  luto,  mi  prenda,  —  por  quién  trae  luto,  mi 
Tráigolo  por  Doña  Angela, — que  á  Doña  Angela  servía  : 
-C'on  los  paños  de  la  boda — enterraron  á  la  niña. — 
Fuérase  para  la  iglesia— más  triste  que  non  podía; 
encontróse  al  ermitaño— que  toca  el  Ave-María. 


ROMANCES.  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


137 


— Dígame  do  está  enterrada — Angela  la  de  mi  vida. 

— Doña  Angela  está  enterrada — frente  á  la  Virgen  María. 

— Ayúdeme  á  alzar  la  tumba, — que  yo  solo  non  podía. — 

Quitaron  los  dos  la  tumba, — que  es  una  gran  maravilla, 

y  debajo  della  estaba — como  el  sol  cuando  salía; 

los  dientes  déla  su  boca— cristal  fino  parecían. 

Por  tres  veces  la  llamaba, — todas  tres  le  respondía  : 

«Si  es  Don  Juan  el  que  me  llama, — presto  me  levantaría  : 

si  es  Don  Pedro  el  que  me  llama, — levantarme  non  podría.»  — 

— Don  Juan  es  el  que  te  llama  :— levántate,  vida  mía; 

Don  Juan  es  el  que  te  llama,  — el  que  tanto  te  quería. 

Levantóse  Doña  Angela  

y  dio  la  mano  á  Don  Juan  ; — «Este  bá  ser  mi  compañía, 
que  non  me  quiso  olvidar — nin  de  muerta  nin  de  viva». — 
Tomóla  Don  Juan  en  brazos,— más  alegre  que  podía; 
en  un  rúan  la  montara, — y  echa  andar  la  plaza  arriba. 
Encontró  con  el  marido — galán  que  la  pretendía. 
—Deja  esa  rosa,  Don  Juan;— que  esa  rosa  era  la  mía. — 
Armaron  los  dos  un  pleito,— un  pleito  de  chancelía, 
y  echaron  cartas  á  Roma; — non  tardaron  más  que  un  día  : 
las  cartas  vienen  diciendo— que  Don  Juan  lleve  la  niña, 
que  el  matrimonio  se  acaba — echándole  tierra  encima  (1). 


Como  casi  todos  los  romances  asturianos,  éste  de  Doña  An- 
gela (que  es  lástima  que  esté  tan  modernizado  y  estragado, 

(1)  Dice  una  variante  recogida  en  Goviendes  (Colunga) : 

Metió  la  mano  en  el  pecho,— sacó  un  puñal  que  traía,  ' 
para  matarse  con  él— y  echarse  en  su  compañía. 
Al  tiempo  de  dar  el  golpe,— el  brazo  se  detenía. 
— ^Quién  me  detiene  mi  brazo;— quien  á  mi  me  detenía^ 
—Era  la  Virgen,  Don  Juan,— era  la  Virgen  María: 
que  le  tienes  ofrecido— un  rosario  cada  día. 
—Ahora  le  ofrezco  dos— si  resucita  la  niña.— 
Oyera  una  voz  del  cielo,— que  estas  palabras  decía : 
—"Logra  la  niña,  Don  Juan,— que  para  tí  fué  nacida.* 


t38  r.íRrcos  castellanos 

porque  el  asunto  es  de  veras  poético  é  interesante)  tiene  su 
correspondiente  forma  portuguesa  en  el  romance  de  Doña 
Agueda  Mexia,  del  cual  hay  publicadas  dos  versiones,  una 
por  Almeida  Garrett  (III,  117-122),  y  otra  por  Teófilo  Braga 
(Eom.  Ger.,  53  55). 

Existe  también  en  Cataluña,  pero  se  canta  en  castellano 
(núm.  249  del  Romancerillo  de  Milá,  La  amante  resucitada). 


56. 

*  Ija  viuda  fíel. 

Estando  á  la  puerta  un  día,— -bordando  la  fina  seda, 
vi  venir  un  caballero— por  alta  Sierra  Morena; 
atrevime  y  pregnntéle— si  venía  de  la  guerra.  ' 
— De  la  guerra,  sí,  señora, — ¿á  quién  tenedes  en  ella? 
— Nella  tengo  á  mi  marido, — siete  años  ha  que  anda  nella. 
— El  su  marido,  señora, — dígame  que  señas  lleva. 
— Pues  lleva  caballo  blanco, — la  silla  dorada  y  negra, 
y  en  lo  alto  de  la  silla— retrato  de  una  doncella  : 
los  pajes  que  con  él  van — vestidos  de  seda  negra, 
y  él,  para  estremarse  dellos, — vestidos  de  negra  felpa. 
— Su  marido,  mi  señora, — muerto  ha  quedado  en  la  guerra; 
debajo  de  un  pino  verde,— túvele  yo  la  candela. 
— ¡Ay  de  mí  triste  cuitada!— ¡  A.y  de  mí  triste  la  dueña! 
¿Quién  me  va  á  calzar  de  plata?— ¿Quién  me  va  á  vestir  de 
— Venga,  si  quiere,  señora,— señora,  conmigo  venga;  [seda? 
yo  la  calzaré  de  plata, — yo  la  vestiré  de  seda; 
no  le  mandaré  hacer  nada, — sino  es  contar  moneda. 
— Vaya  con  Dios,  caballero,— vaya  con  Dios  y  non  vuelva, 
que  dos  hijos  que  quedaron— voy  ponellos  en  la  escuela, 
y  á  una  hija  que  quedó— pondréla  á  bordar  la  seda; 
voy  quitar  mi  toca  blanca;  —voy  poner  mi  toca  negra, 
lutar  puertas  y  ventanas, — y  también  las  escaleras. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  139 


Llorade,  fiyos,  Horade,— vuestro  padre  muerto  queda. 

— ¿Quién  se  lo  dijo,  mi  madre, — quién  le  dió  tan  mala  nueva? 

— Me  lo  ha  dicho  un  caballero— que  ha  venido  de  la  guerra. 

En  otro  día  de  mañana — un  hombre  á  la  puerta  llega. 

— ¿Por  quién  se  luta,  señora? — ¿Por  quién  se  luta,  mi  dueña? 

— Lútome  por  mi  marido, — que  se  me  murió  en  la  guerra. 

— ¿Quién  se  lo  dijo,  señora?— ¿Quién  le  dió  tan  mala  nueva? 

Di  jómele  un  caballero— que  venía  de  la  guerra. 

i  Permita  Dios,  si  es  mentira, — que  de  puñaladas  muera! 

—Que  no  muera,  no,  señora, — que  aquel  su  marido  era. 

—  Hiciste  mal,  mi  marido, — tentarme  desa  manera, 

que  el  juicio  de  las  mujeres — ya  puedes  saber  cómo  era  : 

es  como  vaso  de  vidrio, — que  si  se  cae,  se  quiebra. 


Recogido  én  el  concejo  de  Boal.  Es  una  preciosísima  va- 
riante del  romance  de  las  señas  del  esposo.  A  él  son  aplicables, 
por  consiguiente,  todas  las  observaciones  que  hicimos  á  pro- 
pósito de  los  dos  romances  que  el  Sr.  Menéndez  Pidal  titula 
La  ausencia. 


57. 

El  Marinero. 

Mañanita  de  San  Juan— cayó  un  marinero  al  agua. 
¿Qué  me  das  marinerito — porque  te  saque  del  agua? 
— Doyte  todos  mis  navios — cargados  d'  oro  y  de  plata, 
y  además  á  mi  mujer — para  que  sea  tu  esclava. 
— Yo  no  quiero  tus  navios,— nin  tu  oro  nin  tu  plata, 
ni  á  la  tu  mujer  tampoco, — aunque  la  fagas  mi  esclava; 
quiero  que  cuando  te  mueras — á  mí  me  entregues  el  alma. 
—El  alma  la  entrego  á  Dios,-  -y  el  cuerpo  á  la  mar  salada. 
Válgame  Nuestra  Señora,— Nuestra  Señora  me  valga. 


140 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


En  Cataluña  se  conserva  una  canción  castellana  (estropea- 
da como  todas),  de  la  cual  es  un  fragmento  el  romance  as- 
turiano : 

De  Barcelona  partimos — en  una  noble  fragata 
querer  nombre  se  decía — Santa  Catalina  Marta, 

(Niim.  34  del  Roinancerillo  de  Milá.  — 
Comp.  Pelay  Briz,  Cansons  de  la  ie- 
rra, tomo  IV,  pp.  32-33.) 

El  romance  portugués  de  la  l^au  Caiherineta,  del  cual  hay 
innumerables  redacciones  (1),  pertenece  sin  duda  á  la  mis- 
ma familia,  pero  es  mucho  más  extenso,  y  al  parecer  se  fun- 
da en  el  recuerdo  de  algún  naufragio  histórico  de  los  que  es- 
tán relatados  en  la  famosa  compilación  Historia  trágico  ma- 
rítima. Garrett  indica  como  la  fuente  más  probable  la  narra- 
ción de  la  tormenta  que  pasó  Jorge  de  Alburquerque  Coelho 
volviendo  del  Brasil  en  1565.  No  en  todas  las  variantes,  pero 
sí  en  algunas,  aparece  la  tentación  del  diablo,  que  probable- 
mente es  el  verdadero  fondo  tradicional  del  asunto  y  lo  úni- 
co que  ha  sobrevido  en  Cataluña  y  Asturias.  Así  en  la  lee- 
ccion  de  Almeida  Garrett : 

— «Capitao,  quero  a  tua  alma — para  conmigo  a  levar.» 
— «Renegó  de  ti,  demonio,— que  me  estavas  a  attentari 
A  minha  alma  é  só  de  Deus;-~o  corpo  dou  eu  ao  mar.» 
Y  en  una  de  las  versiones  de  la  isla  de  la  Madera  : 
En  t'arrenego,  diabo; — nao  me  venhas  attentar! 
Seja  minh'alma  p'ra  Deus; — fique  meu  corpo  na  mar. 

En  otro  romance  de  la  misma  procedencia  el  tentador  se 
disfraza  de  fraile. 

(1)  Garret  (IT,  8395).— T.  Braga  {Rom.  Ger.,  5S-60). —  Cantos  popula- 
res do  ÁrchipeJago  Áeoriano  (285  297).  cinco  versiones  — i2omarMJe^>o  do 
Algarve  (45-52) :  el  colector  E&tacio  da  Veiga  dice  que  reunió  hasta  once 
lecciones,  entre  las  cuales  no  había  dos  idénticas,  pero  no  publica  más  qué 
uníL—Romanceiro  da  Madeira  (238  249),  tres  versiones.— Caníos  popula- 
res do  Brazil  (I,  20-23),  dos  versiones. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  Hl 


58. 

Lia  tentación. 

— ¡Ay,  probé  Xuana  de  cuerpo  garridol 
¡Ay,  probé  Xuana  de  cuerpo  galano! 
¿Dónde  le  dexas  al  tu  buen  amigo? 
¿Dónde  le  dexas  al  tu  buen  amado? 
— iMuerto  le  dexo  á  la  orilla  del  río, 
muerto  le  dexo  á  la  orilla  del  vado! 
¿Cuánto  me  das,  volverételo  vivo? 
¿Cuánto  me  das,  volverételo  sano? 
— Doyte  las  armas  y  doyte  el  rocino, 
doyte  las  armas  y  doyte  el  caballo. 
— No  be  menester  ni  armas  ni  rocino, 
no  he  menester  ni  armas  ni  caballo... 
¿Cuánto  me  das,  volverételo  vivo? 
¿Cuánto  me  das,  volverételo  sano? 


«Este  interesante  fragmento,  ya  por  el  metro,  ya  por  la 
construcción  poética,  descubre  íntimo  enlace  con  la  poesía 
popular  gallega,  y  aun  por  el  último  título  con  la  antigua  por- 
tuguesa.» (Milá  y  Fontanals)  (1).  Está  compuesto,  en  efecto, 
en  aquel  género  de  endecasílabo  que  vulgarmente  se  deno- 
mina de  gaita  gallega  y  que  sirve  para  acompañar  el  ritmo 
de  la  muñeira,  Milá,  que  le  estudió  detenidamente,  tanto  en 
sí  mismo  como  en  sus  relaciones  con  el  verso  decasílabo,  le 
llamó  endecasílabo  anapéstico.  Su  aparición  en  la  poesía  po- 
pular castellana  es  un  fenómeno  singular,  aun  en  Asturias 
misma,  y  hasta  ahora  no  se  ha  presentado  más  ejemplo 
que  este. 

(1)  Obras  compktaSy  tomo  Y  .—Opúsculos  literarios,  segunda  serie,  pá- 
gina 339. 


142  Límeos  CASTELLANOS 

59. 

I^a  fe  del  elej^o* 

Camina  la  Virgen  pura, — camina  para  Belén, 
con  un  niño  entre  los  brazos — que  es  un  cielo  de  lo  ver : 
en  el  medio  del  camino — pidió  el  niño  de  beber. 
— No  pidas  agua,  mi  niño, — no  pidas  agua,  mi  bien; 
que  los  ríos  corren  turbios — y  los  arroyos  también, 
y  las  fuentes  manan  sangre— que  no  se  puede  beber. 
Allá  arriba  en  aquel  alto — hay  un  dulce  naranjel, 
cargadito  de  naranjas— que  otra  no  puede  tener. 
Es  un  ciego  el  que  las  guarda, — ciego  que  no  puede  ver. 
— Dame  ciego  una  naranja— para  el  Niño  entretener. 
— Cójalas  usted,  Señora, — las  que  faga  menester; 
coja  d'  aquellas  más  grandes, — deje  las  chicas  crecer. — 
Cogiéralas  d'  una  en  una,— salieran  de  cien  en  cien; 
al  bajar  del  naranjero— el  ciego  comenzó  á  ver. 
— ¿Quién  sería  esa  Señora— que  me  fizo  tanto  bien? — 
Érase  la  Virgen  Santa, — que  camina  para  Belén. 


60. 

Camino  de  Belén. 

Caminando  va  la  Virgen — en  derechura  á  Belén 
con  nn  niño  de  la  mano; — Jesucristo,  nuestro  bien. 
Como  es  camino  tan  largo, — pidió  el  niño  de  beber  : 
—Camina,  niño,  camina, — camina  que  s  nuestro  bien; 
estas  fuentes  se  secaron, — y  ya  no  pueden  correr; 
estos  ríos  van  muy  turbios, — no  son  para  ti  beber, — 
Caminaron  más  alante, — pidió  el  niño  de  comer : 
— Camina,  niño,  camina,— camina,  que  's  nuestro  bien. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS 


143 


A  las  puertas  de  Don  Diego— está  un  rico  naranjel, 
que  lo  guarda  un  pobre  ciego,— ciego  que  no  puede  ver. 
— Ciego,  dame  una  naranja — para  el  niño  entretener. 
—Entre,  señora,  en  el  huerto, — y  coja  las  que  quisiér; 
en  cogiendo  para  el  niño, — coja  para  usted  también. — 
Cuantas  más  quita  la  Virgen, — más  salen  al  naranjel. 
La  Virgen  salir  del  huerto — y  el  ciego  empezar  á  ver  : 
— ¿Quién  es  aquesta  señora — que  me  hizo  tanto  bien? 
— Es  la  madre  de  Jesús; — camina  para  Belén. 


Este  piadoso  y  delicado  romance  se  encuentra  también  en 
Andalucía  y  en  la  montaña  de  Santander. 

El  Sr.  D.  Braulio  Vigón,  que  publicó  la  segunda  variante 
asturiana  en  un  periódico,  cita  también  un  romance  portu- 
gués, que  lleva  el  número  XIV  en  el  Romanceiro  de  J.  Leite 
de  Vasconcellos. 


Ija  romera* 

Por  los  senderos  de  un  monte— se  pasea  una  romera 
blanca,  rubia  y  colorada, — relumbra  como  una  estrella. 
Vióla  el  Rey  desde  sus  torres, — y  enamorárase  della. 
— ¿Dónde  va  la  romerita— por  estos  montes  señera? 
— Non  vengo  sola,  buen  Rey, — compañía  traigo  y  buena  : 
atrás  viene  mi  marido,— más  hermoso  que  una  estrella. 
A  Santiago  de  Galicia — voy  cumplir  mi  cuarentena, 
que  me  la  ofreció  mi  madre— en  la  hora  que  naciera. 
Manda  el  Rey  poner  la  tabla, — manda  el  Rey  poner  la  mesa; 
al  medio  de  su  comida — se  acordó  de  la  romera  : 
llamara  un  paje  corriendo  :— Ve  buscar  esa  romera  : 
nin  por  oro  nin  por  plata— non  tornes  aquí  sin  ella. 


144 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Romeras  se  encuentran  muchas,— y  no  sabré  yo  cuál  era. 

— Como  aquella  romerita — non  las  hay  por  esta  tierra  : 

blanca,  rubia,  colorada, — relumbra  como  una  estrella; 

zapato  de  cordobán, — una  polida  gorgnera, 

y  una  jaca  toledana — que  tal  non  la  tien  la  Reina; 

rosario  porque  rezaba— cinco  extremos  de  oro  lleva; 

Por  el  segundo  decía  : — «Muerto  es  quien  vida  espera». 

Bajara  el  paje  corriendo; — marchó  tras  de  la  romera. 

;Bien  la  viera  relucir — en  medio  de  la  arboleda! 

La  encontrara  sentadita — en  medio  de  una  alameda. 

— Mándala  llamar  el  Rey— para  comer  á  su  mesa. 

— Anda,  paje,  di  á  tu  amo, — y  dil'e  desta  manera  : 

«Si  él  es  Rey  de  su  reinado,— yo  soy  de  cielos  y  tierra». 

— Si  eres  Reina  de  los  cielos, —yo  la  gloria  te  pidiera. 

— Pajecico,  sí  por  cierto, — y  á  cuantos  de  ti  vinieran  (1). 

(1)  Hay  una  variante  muy  inferior,  de  más  moderno  y  vulgar  estilo, 
4i\xe  comienza 

Por  los  campos  de  Castilla— se  pasea  una  romera. 

(Núm.  64  de  la  Colección  del  Sr,  Menéndez  Pidal.) 

En  esta  versión  la  romera  no  es  la  Virgen,  si  110  la  Magdalena : 

Oyó  una  voz  por  el  aire  -Que  á  los  cielos  se  subiera  : 
—Mal  año  para  los  hombres— y  el  fardo  que  Dios  les  diera, 
que  se  quieren  namorar  -na  bendita  Madalena. 

Otro  romance  de  la  Soledad  de  María  comienza  en  términos  análogos  á 
muchas  versiones  populares  del  romance  de  Silvana  : 

Por  los  jardines  del  cielo— se  pasea  una  doncella 
blanca,  rubia  y  colorada,— relumbra  como  una  estrella... 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  145 


62. 

Ija  devota* 

En  lo  alto  de  aquel  monte — un  grande  palacio  había  : 
allí  habita  un  caballero— que  tiene  una  hermosa  hija, 
llóndanla  muchos  galanes— de  noche  y  también  de  día  : 
la  niña,  como  es  discreta, — á  todos  los  despedía. 
Eosario  de  oro  en  la  mano, — tres  veces  lo  reza  al  día : 
uno  por  la  mañanita,— otro  por  el  mediodía, 
otro  por  la  media  noche, — cuando  su  padre  dormía. 
Estando  un  día  rezando, — como  otras  veces  solía, 
llegó  á  buscarla  la  Virgen — para  dir  en  romería. 
Fueron  á  ver  á  su  padre — donde  su  padre  dormía. 
— Despierte,  señor  mi  padre, — despierte  su  señoría; 
que  en  el  su  palacio  andaba— la  Santa  Virgen  María, 
que  me  viene  á  buscar — para  dir  en  romería. 
— Yo  bien  siento  que  te  vayas,— porque  otra  hija  no  tenía; 
pero  si  vas  con  la  Virgen, — vé  con  la  bendición  mía. 
Consejos  que  le  iba  dando— por  aquella  sierra  arriba  : 
consejos  que  le  iba  dando — como  una  madre  á  una  hija. 
— Cuando  hablares  con  los  hombres, — baja  los  ojos,  querida. — 
En  el  medio  de  la  sierra— hallara  Una  fuente  fría. 
— Aquí  has  de  quedar,  galana, — aquí  has  de  quedar,  querida, 
aquí  has  de  quedar,  galana,— siete  años  menos  un  día; 
ni  has  de  comer  ni  beber, — nin  hablar  con  cosa  viva. 
Las  avecitas  del  monte— serán  en  tu  compañía, 
y  una  palomita  blanca — aquí  vendrá  cada  día  ; 
en  el  pico  te  traerá— una  flor  muy  amarilla; 
por  el  olor  que  te  dé — ya  verás  quién  te  la  envía. — 
Ya  se  cumplen  los  siete  años, — siete  años  menos  un  día. 
— Ya  es  tiempo,  la  madamita, — ya  es  tiempo,  la  vida  mía^ 
ya  es  tiempo,  la  madamita,— que  mudemos  esta  vida : 
tú,  si  te  quieres  casar, — buen  marido  te  daría; 
si  te  quieres  meter  monja, — yo  también  te  metería. 

Tomo  X.  10 


146 


LIRICOS  CASTELLANOS 


— Yo  no  me  quiero  casar; — meterme  monja  quería. — 
Jesucristo  trae  el  manto, — la  Virgen  se  lo  ponía  : 
ya  se  rezan  los  rosarios, — y  nadie  los  rezaría; 
ya  se  encendían  las  velas,^ — y  nadie  las  encendía; 
ya  se  tocan  las  campanas, — y  nadie  las  tocaría. 


Esta  versión,  publicada  por  D.  Braulio  Vigón  en  un  perió 
dico  asturiano,  es  superior  en  general  á  las  dos  que  figuran 
en  el  Romancero  de  M.  P.  con  los  números  68  y  69;  pero  ca- 
rece de  un  pormenor  muy  poético  que  hay  en  una  de  ellas  : 

Cumplidos  los  siete  años— bajó  la  Virgen  María  : 
— ¿Cómo  te  va,  la  mi  esclava?-  ¿Cómo  te  va,  esclava  mía? 
— A  mí  me  va  bien,  señora, — mas  de  sede  me  moría. 
— Pues  entre  los  tus  pies  sale — una  fuente  d'  agua  fría  : 
bebe,  bebe,  la  mi  esclava,— bebe,  bebe,  esclava  mía. 


63. 

l^a,  flor  del  agust*— 1. 

Mañanita  de  San  Juan— anda  el  agua  de  alborada. 
Estaba  Nuestra  Señora — en  silla  de  oro  sentada, 
bendiciendo  el  pan  y  el  vino,— bendiciendo  el  pan  y  el  agua. 
— Dichoso  varón  ó  hembra — que  coja  la  ñor  d'  esta  agua, 
i^a  hija  del  liey  lo  oyera — de  altas  torres  donde  estaba; 
si  de  prisa  se  vestía, —más  de  prisa  se  calzaba. 
— Dios  la  guarde,  la  señora. — Doncella,  bien  seas  hallada. 
¿De  quien  es  esta  doncella — bien  vestida  y  bien  portada? 
— Soy  hija  del  Rey,  señora; — mi  madre  Reina  se  llama. 
— Para  ser  hija  de  Rey — vienes  mal  acompañada. 
— Yo  me  viniera  así  sola- por  coger  la  flor  del  agua  : 
metiera  jarra  de  vidrio— y  de  plata  la  sacara. 
— ¿Quién  he  de  decir,  señora, — que  me  regaló  esta  jarra? 


ROMAIVGES  TRADICIONALES   DE  ASTURIAS  U7 

— Que  se  la  dió  una  mujer — de  las  otras  extremada, 

y  para  mejor  decir, — Nuestra  Señora  se  llama. 

— Pues  ya  que  es  Nuestra  Señora,— diga  si  he  de  ser  casada. 

— Casadita,  sí  por  cierto, — y  muy  bien  aventurada; 

tres  hijos  has  de  tener,  — todos  cin^uirán  espada  : 

uno  ha  ser  Key  de  Sevilla, — otro  ha  ser  Key  de  Granada, 

y  el  más  chiquito  de  todos — será  Príncipe  de  España  : 

y  una  hija  has  de  tener  : — será  Eeina  coronada. 

La  niña  que  tal  oyera, — se  cayera  desmayada. 

La  coge  Nuestra  Señora— en  regazos  dé  su  saya. 

Estando  en  estas  razones,— allí  su  hijo  llegara  : 

— ¿Qué  tiene  ahí  la  mi  madre — en  regazos  de  la  saya? 

— Aquí  tengo  una  doncella— que  en  palacio  está  sentada. 

Anda,  llévala,  hijo  mío,— al  palacio  donde  estaba. 


64. 

Ija  flor  del  ugua*— 11. 

Mañanita  de  San  Juan, — mañanita  linda  y  clara, 
cuando  las  perlas  preciosas — saltan  y  bailan  en  agua, 
la  Virgen  Santa  María— de  los  cielos  abajaba 
con  un  ramo  entre  las  manos — y  un  libro  po'l  que  rezaba. 
La  Virgen,  como  es  tan  buena,— presto  behdijera  1'  agua  : 
— Dichosa  sea  la  doncella — que  coja  la  ñor  d'  esta  agua.— 
La  hija  del  Rey  lo  oyera— de  altas  torres  donde  estaba; 
muy  de  prisa  se  vistiera, — muy  de  prisa  se  calzara; 
más  de  prisa  se  pusiera  — donde  la  Virgen  estaba. 


La  Virgen,  como  es  tan  buena, — jarro  de  oro  le  prestara, 

y  lo  metiera  en  la  fuente  : — sacara  la  flor  del  agua. 

La  hija  del  Rey  que  tal  viera,— en  el  suelo  se  desmaya. 


— Recuerde  la  hija  del  Rey, — recuerde  con  mi  palabra. 
— Yo  le  (juería  decir— solamente  una  palabra  : 


H8 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


si  tengo  de  ser  soltera— ó  tengo  de  ser  casada. 
— Casadita,  sí  por  cierto, — mujer  bien  aventurada; 
tres  hijos  has  de  tener, — todos  han  regir  espada. 

é 

Hay  otras  variantes  del  mismo  romance  (núms.  70  y  71  de 
la  colección  del  Sr.  Menéndez  Pidal),  qu^e  comienzan: 

Mañanita  de  San  Juan, — cuando  el  árbol  floreaba. 
Mañanita  de  San  Juan,— cuando  el  sol  alboreaba. 


Mañanita  de  San  Juan— anda  el  agua  de  alborada. 

Pero  hemos  preferido  la  tercera  variante  del  Sr.  Menéndez 
Pidal  y  la  que  recogió  en  Colunga  D.  B.  Vigón,  que,  aun  sien- 
do incompleta,  parece  la  más  sencilla  y  primitiva.  Todas  las 
demás  tienen  extrañas  adiciones;  por  ejemplo  : 

Has  de  tener  siete  hijos,— todos  ceñirán  espada  : 
uno  ha  ser  Rey  en  Sevilla, — otro  serálo  en  Granada; 
y  has  de  tener  una  hija — para  monja  en  Santa  Clara. 

Ó  bien: 

Has  de  tener  siete  infantes, — los  siete  Infantes  de  Lara  : 
los  ha  de  matar  el  turco — un  lunes  por  la  mañana. 
Aunque  te  los  mate  todos, — non  te  llames  desdichada; 
que  has  de  tener  ana  hija — monjita  de  Santa  Clara. 
En  teniendo  aquella  hija — te  tengo  arrancar  el  alma, 
y  te  llevaré  á  los  cielos — en  silla  de  oro  sentada. 

Este  romance,  á  pesar  de  su  adaptación  cristiana,  conser- 
va los  restos  de  una  antigua  superstición  de  las  que  iban  uni- 
das con  la  fiesta  del  solsticio  de  verano  y  se  reproducen  en 
la  del  Precursor  San  Juan  Bautista.  La  llamada  flor  del  agua 
tiene,  según  la  creencia  popular,  la  virtud  de  hacer  que  se 
case  dentro  de  un  año  la  primera  doncella  que  la  recoge  en 
la  mañana  de  San  Juan. 


ROMAISCES  TRADICIONALES  DE  ASTURIAS  U9 


65. 

Kl  labrador  y  el  pobre. 

Caminaba  un  labrador— tres  horas  antes  del  día, 
y  se  encontró  con  un  pobre — que  muy  cansado  venía; 
el  labrador  se  apeaba,— y  el  pobre  se  montaría. 
Le  llevó  para  su  casa, — y  de  cenar  le  daría : 
de  tres  panes  de  centeno, — porque  de  otro  no  tenía, 
cada  bocado  que  echaba— de  trigo  se  le  volvía. 
A  eso  de  la  media  noche, — que  el  labrador  no  dormía, 
se  levantaba  en  silencio — por  ver  lo  que  el  pobre  hacía. 
Le  estaban  crucificando: — la  cruz  por  cama  tenía. 
;0h  quién  lo  hubiera  sabido!— Yo  mi  cama  le  daría  (1). 


66. 

d  cautivo* 

—  Canta,  moro,  canta  moro, — canta,  moro,  por  tu  vida. 
— ¿Cómo  he  de  cantar,  señoi'k, — si  entre  gentes  no  podía? 
— Canta,  moro,  canta,  moro, — yo  te  lo  rem.ediaría. — 

1)   Recogido  por  Y).  Ramón  Menéndez  Pidal  en  Pajares-Lena. 

Es  curioso,  porque  marca  la  transición  del  romance  novelesco  al  devoto. 

En  la  preciosa"colección  de  su  hermano  D.  Juan  hay  otros  varios  roman- 
ces que  omitimos,  en  los  cuales  se  observa  el  mismo  fenómeno;  v.  gr.,  uno 
'le  la  Pasión,  que  comienza 

Navegando  va  la  Virgen,— navegando  por  la  mar; 
los  remos  trae  de  oro,— la  barquilla  de  cristal- 
El  remador  que  remaba— va  diciendo  este  cantar: 
^Por  aquella  cuesta  arriba,— por  .aquel  camino  real, 
por  el  rastro  de  la  sangre,— á  Cristo  liemos  de  encontrar... 

Aquí  hay,  como  se  ve,  reminiscencias  de  JSi  Conde  Armaldos  y  de  uno 
do  los  romances  caballerescos  de  Durandarte. 


150 


LIRICOS  CASTELLANOS 


De  las  damas  y  doncellas— la  niña  se  despedía : 

— Adiós,  damas  y  doncellas — que  andáis  en  mi  compañía; 

y  si  os  pregunta  mi  padre— de  lo  bien  que  me  quería, 

que  el  se  ha  tenido  la  culpa — que  yo  marchosa  Turquía. 

A  eso  de  la  media  noche, — cuando  amanecer  quería, 

marchan  los  enamorados — para  el  reino  de  Turquía. 

En  los  brazos  de  Leonardo — la  niña  se  adormecía. 

— Despierta,  niña,  despierta, — despierta  por  cortesía, 

despierta,  niña,  despierta,— que  ya  vemos  á  Turquía. 

—¿De  quién  son  aquellas  torres — que  relucen  en  Turquía? 

— Una  era  la  del  Rey,  —otra  de  Doña  María, 

otra  es  la  de  mi  esposa, — de  mi  esposa  Lazandría. 

— Por  Dios  me  digas,  Leonardo, — por  Dios  y  Santa  María, 

ó  me  llevas  por  mujer— ó  me  llevas  por  amiga. 

— Por  esposa  no  por  cierto, — que  esposa  yo  otra  tenía; 

la  vida  tengo  de  hacerte— que  á  mí  tu  padre  me  hacía: 

tengo  darte  de  comer— á  donde  el  cerdo  comía; 

tengo  de  hacerte  la  cama — á  donde  el  galgo  dormía. — 

La  niña  desque  esto  oyera — ya  se  puso  de  rodillas : 

— ¡Oh,  Virgen  de  Covadonga,— Señora  adorada  mía, 

por  Dios,  señora,  te  pido — des  al  barco  aquí  otra  vía! 

Ibanse  la  mar  abajo, — vuélvense  la  mar  arriba. 

— ¡E-ema,  rema,  remador. — rema,  rema  por  tu  vida! 

— ¿Cómo  he  de  remar,  señor, — si  la  niña  maldecía? 

A  eso  de  la  media  noche,— cuando  amanecer  quería, 

se  hallan  los  enamorados — en  el  reino  de  Sevilla. 

— Ahora  canta,  moro,  canta,— que  yo  de  ti  me  reiría. — 

Nuestra  Señora  me  valga, — válgame  Santa  María  (1). 

(1)  L,  Griner  Arivau,  Folk-Lore  de  Proaza,  contribución  al  Folk-Lore 
de  Asturias,  en  el  tomo  8."  de  la  Biblioteca  del  Fofh-Lore  Español,  Ma- 
drid. 1886.  pp.  149  151. 

Hay  en  este  romance  algunas  reminiscencias  del  de  jDo»  D nardos  de 
Gril  Vicente  (núm-  288  de  Durán) : 

Al  son  de  los  dulces  remos— la  Infanta  se  adormecía. 


SECCIÓN  SEGUNDA 


ROMMCES  TRADICIOMLES  DE  AIALÍIOÍA  í  EHREMADORA 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


Aunque  la  cosecha  de  romances  castellanos,  en  ninguna 
parte  del  territorio  español  es  tan  abundante  ni  de  tan  se- 
lecta calidad  como  en  Asturias,  no  dejan  de  encontrarse 
también  en  otras  provincias,  especialmente  en  las  del  Me- 
diodía, si  bien  por  lo  común  son  versiones  menos  comple- 
tas y  más  estragadas. 

El  primero  que  fijó  la  atención  en  los  romances  tradi- 
cionales de  Andalucía  (1 )  fué  el  ingenioso,  ameno  y  castizo 
escritor  D.  Serafín  Estébanez  Calderón  (El  Solitario),  que 
á  sus  dotes  de  pintor  de  costumbres  juntaba  rara  erudi- 
ción en  cosas  españolas,  y  un  amor  sin  límites  á  todo  lo 
indígena  y  tradicional.  En  21  de  Abril  de  1839  escribía 

(1)  Alguna  vaga  indicación  hay  ya  en  los  7V//V.V  o/'  the  AlJianiJ/ra 
de  Washington  Irving,  que  son  de  1829: 

"Los  arrieros  españoles  tienen  nn  inagotable  repertorio  de  can- 
tares y  baladas  con  las  que  se  entretienen  eii  sus  continuos  viajes. 
Sus  aires  musicales  son  severos  al  par  que  sencillos,  y  consisten  en 
suaves  inflexiones.  Las  coplas  que  cantan  son  casi  siempre  referen- 
tes á  ((h/ú/i  antiguo  y  tradirioiud  roinancr  de  moros,  ó  alguna  leyenda 
de  algún  santo,  ó  de  las  llamadas  amorosas;  otras  veces,  y  esto  es 
lo  más  frecuente,  entonan  una  canción  sobre  algún  temerario  con- 
trabandista. Se  siente  una  mezcla  do  severidad  y  encanto  al  oir 
estas  estrofas  en  los  agrestes  y  salvajes  parajes  en  que  se  modu- 
lan, y  más,  yendo  acompafiadas  del  especial  retÍ7itin  de  las  campa- 
nillas de  las  muías.  ., 

{Cuciitos  de  la  Alluanl'ra ,  por  el  Caballeio 
Washinuton  Irving.  — Versión  directa  del 
inglés  por  J.  Ventura  Traveset.  Granada, 
1888,  p.  23.) 


15*  LÍRICOS  CASTELLANOS 

'lesde  Málaga  á  D.  Pascual  de  Gayaugos:  «Por  no  perder 
»tiempo,  voy  recogiendo  algunos  romances  orales  que  se 
> encuentran  en  la  memoria  de  los  cantadores  y  jándalos, 
>mis  antiguos  camaradas;  romances  que  no  se  encuentran 
»en  ninguna  colección  de  las  publicadas,  ni  antigaa  ni 
» moderna.  El  uno  es  el  romance  de  Gerineldo,  otro  es  el 
»del  Ciego  de  la  Peña,  y  me  han  prometido  cantarme  y  de- 
»jarme  aprender  otro  que  se  llama  el  de  la  Princesa  Ce- 
y>linday  que  sospecho  pueda  ser  alguno  de  los  moriscos  del 
» Romancero  general.  Si  me  preguntas  por  qué  estos  ro- 
» manees  no  se  hallan  impresos,  de  dónde  han  venido,  por 
»qué  se  han  conservado  en  esta  parte  de  Andalucía  y  no 
»en  otra  parte,  son  cuestiones  á  que  no  podré  satisfacer 
» cumplidamente.  Esto  añade  algo  al  vague,  que  tan  bien 
»sienta  á  esta  quinta  esencia  de  lo  romántico.  Por  su- 
» puesto,  que  en  estos  cantares  se  sorprenden  á  veces  ver- 
»sos  y  aun  cuartetillos  casi  íntegros  de  los  antiguos  ro- 
»mances,  lo  que  hace  conocer  que  son  todos  débris  de  una 
»propia  fábrica.  » 

En  otra  carta  de  18  de  Junio,  anadia:  «Ya  creo  que  te 
»dijequehe  reogido  cuatro  romances  desconocidos,  que 
»andaban  en  la  boca  de  los  jándalos  y  cantadores  del  país. 
»Estos  oyen  mis  tonadas  moriscas  con  sumo  gusto,  y  di- 
»cen  que  mi  estilp  es  lo  más  legítimo  que  se  oye,  y  que  el 
»canie  del  Señorito  sabe  al  hueso  de  la  fruta»  (1). 

Resulta,  en  efecto,  de  las  confidencias  de  su  ilustre  bió- 
grafo y  cariñoso  deudo  D.  Antonio  Cánovas  del  Castillo, 
que  «no  sólo  entre  jándalos  y  cantadores,  sino  entre  la 
»gente  principal  solía  echar  el  Solitario  sus  tonadas  mo- 
»riscas  en  los  patios  floridos  de  Sevilla,  aunque  no  presu- 
»mía  de  músico;  y  que  de  los  romances  moriscos,  sobre 

(1  El  Solitaria  ?/  -su.  ti*'iiipo...  por  D.  Antonio  Cánovas  dol  Casti- 
llo. Madrid,  1883,  tomo  2.**,  pp.  838  y  343. 


ADVERTEiVClA  PRELIMÍNAR  155 

»todo,  creía  poseer  auténticamente  los  tonos,  las  exactas 
»notas  y  el  aire  mismo  con  que  por  allá  se  modulaban  al 
» tiempo  de  la  rebelión  de  la  Alpujarra  y  de  la  total  ex- 
»pulsión  de  los  vencidos  de  aquella  tierra»  (1). 

Juzgúese  como  se  quiera  de  estas  que  probablemente 
s^erían  ilusiones,  es  lo  cierto  que  D.  Serafín  Calderón  tuvo 
el  mérito  de  publicar  antes  que  nadie  dos  romances  po- 
pulares de  los  mejores  y  más  genuinos,  el  de  Gerinéldo  y 
el  de  El  Conde  del  Sol,  intercalándolos  en  una  de  sus  pre- 
ciosas Escenas  andaluzas  (1847).  Por  comentario  les  puso 
estas  líneas:  «La  música  con  que  se  cantan  estos  roman- 
ices, es  un  recuerdo  morisco  todavía.  Sólo  en  muy  pocos 
»pueblos  de  la  Serranía  de  Ronda  ó  de  tierra  de  Medina  y 
»Xerez,  es  donde  se  conserva  esta  tradición  árabe,  que  se 
«va  extinguiendo  poco  á  poco,  y  desaparecerá  para  siem- 
»pre.  Lo  apartados  de  comunicación  en  que  se  encuentran 
»estos  pueblos  de  la  Serranía  y  el  haber  en  ellos  familias 
»conocidas  por  descendientes  de  moriscos,  explican  la  con- 
»servación  de  estos  recuerdos»  (2). 

D.  Agustín  Durán,  que  había  pasado  parte  de  su  juven 
tud  en  Andalucía,  insertó  en  su  gran  Romancero  general 
(1854)  los  dos  romances  publicados  por  Estébanez,  y  al- 
guno más  que  éste  le  comunicó;  haciendo  notar  que  la 
gente  del  campo  daba  á  este  género  de  romances  conser- 
vados por  tradición,  el  nombre  de  corrido  ó  carrerilla,  sin 
duda  por  el  modo  de  recitarlos. 

A  estos  eruditos  siguió,  con  menos  doctrina,  pero  con 
gran  instinto  de  la  poesía  popular,  la  admirable  mujer 
que  hizo  famoso  en  toda  Europa  el  seudónimo  de  Fernán 
Caballero.  Precisamente  la  vitalidad  de  sus  novelas  se  debe 
en  gran  parte  al  empleo  hábil  de  todo  género  de  elemen- 

(1)  El  Solitario  y  su  tiempo,  I,  802,  y  II,  122. 

(2)  E>ntenaf!  (tnialuzan...  primera  edición.  Madiid,  1847,  pág.  2tl. 


156  LÍRICOS  GASTELLAKOS 

tos  tradicioüales,  coplas,  cantares,  adivinanzas,  oracio- 
nes, cuentos  (1).  Son  varios  los  romances  que  intercaló  en 
sus  novelas,  algunos  viejos  y  genuinamente  populares;  y 
además  acertó  á  describir  con  hondo  sentimiento  el  pecu- 
liar efecto  de  su  música.  Léase  esta  página  de  La  Ga- 
viota (l^^d): 

«El  pueblo  andaluz  tiene  una  infinidad  de  cantos;  son 
Ȏstos  boleras,  ya  tristes,  ya  alegres;  el  ole,  el  fandango, 
»la  caña,  tan  linda  como  difícil  de  cantar,  y  otras  con 
»nombre  propio,  entre  las  que  sobresale  el  romance.  La 
»tonada  del  romance  es  monótona,  y  no  nos  atrevemos  á 
»asegurar  que,  puesta  en  música,  pudiese  satisfacer  á  los 
yydilettaníi  ni  á  los  filarmónicos.  Pero  en  lo  que  consiste 
»su  agrado  (por  no  decir  encanto)  es  en  las  modulaciones 
»de  la  voz  que  lo  canta;  es  en  la  manera  con  que  algunas 
»notas  se  ciernen,  por  decirlo  asi,  y  mecen  suavemente, 
»bajando,  subiendo,  arreciando  el  sonido  ó  dejándolo  mo- 
»rir.  Así  es  que  el  romance,  compuesto  de  muy  pocas  no- 
»tas,  es  dificilísimo  cantarlo  bien  y  genuinamente.  Es  tan 
»peculiar  del  pueblo,  que  sólo  á  estas  gentes,  y  de  entre 
»ellas  á  pocos,  se  lo  hemos  oído  cantar  á  la  perfección; 
»parécenos  que  los  que  lo  hacen,  lo  hacen  como  por  in- 
»tuición.  Cuando  á  la  caída  de  la  tarde,  en  el  campo,  se 
»oye  á  lo  lejos  una  buena  voz  cantar  el  romance  con  me- 
»lancólica  originalidad,  causa  un  efecto  extraordinario, 
»que  sólo  podemos  comparar  al  que  producen  en  Alema- 
»nia  los  toques  de  corneta  de  los  postillones,  cuando  tan 

(1)  Para  formar  exacta  idea  del  rico  msiterisLl  Jolk-Iórico  que  con- 
tienen las  novelas  de  Fernán  Caballero,  es  muy  útil  el  siguiente 
opúsculo  de  Fernando  Wolf : 

Biitrdge  zu.r  i^tponischen  VolJíspoesii'  mis  den  Wei-ken  Fernán  Cahallt- 
rv\s...  Viena,  1859. 

Adviértase,  sin  embargo,  que  sólo  da  cuenta  de  las  obras  publi- 
cadas jjor  la  ilustre  novelista  hasta  dicho  año,  1859. 


ADVERTENCrA  PRELIMINAR  157 

» melancólicamente  vibran,  suavemente  repetidos  por  los 
»ecos  entre  aquellos  magníficos  bosques  y  sobre  aquellos 
» deliciosos  lagos.  La  letra  del  romance  trata  generalmen- 
»te  de  asuntos  moriscos  (1),  ó  refiere  piadosas  leyendas,  ó 
»tristes  historias  de  reos.  Estos  famosos  y  antiguos  ro- 
» manees,  que  han  llegado  hasta  nosotros  de  padres  á  hi- 
»jos,  como  una  tradición  de  melodía,  han  sido  más  esta- 
»bles  sobre  sus  pocas  notas  confiadas  al  oído,  que  las  gran- 
»dezas  de  España  apoyadas  con  cañones  sostenidas  por 
»las  minas  del  Perú»  (2). 

Además  de  las  poesías  populares  intercaladas  en  sus 
novelas,  Fernán  Caballero  publicó  dos  colecciones:  Cuen- 
tos y  poesías  populares  andaluces  (Sevilla,  1859),  y  Cuentos, 
oraciones,  adivinas  y  refranes  populares  é  infantiles  (1878), 
pero  en  una  y  otra  prescindió  de  los  romances,  sin  duda 
porque  llegó  á  recoger  muy  pocos. 

No  son  muchos  tampoco  los  que  se  hallan  en  las  nu- 
merosas y  útiles  publicaciones  del  grupo  folk-lorista  de 
Sevilla,  nacidas  en  gran  parte  de  la  iniciativa  y  propagan- 
da eficaz  del  malogrado  joven  D.  Antonio  Machado  y  Al- 
varez  (Demófilo)^  á  quien  secundaron,  con  otros  varios,  el 
eminente  escritor  D.  Francisco  Rodríguez  Marín  (Bachiller 
Francisco  de  Osuna),  el  tierno  y  elegante  poeta  D.  Luis 
Montóte,  el  ingenioso  J.  A.  de  la  Torre  y  Salvador  {Micró- 
filo),  sin  contar  varios  colaboradores  de  fuera  de  Andalucía. 
Resultado  de  este  movimiento  fueron  los  doce  tomos  de  la 
Biblioteca  de  tradiciones  populares  españolas  (1883-1886), 
las  revistas  tituladas  El  Folk-Lore  andaluz  (1882),  El 

(1)  Esto  no  parece  muy  exacto,  pues  de  todos  los  romances 
andaluces  publicados  hasta  ahora,  sólo  hay  uno  que  pertenezca  al 
género  de  los  moriscos. 

(2)  Obras  completas  de  Fernán  Caballero.  (En  la  Colección  de  Escri- 
torcH  caatellanoH),  tomo  2.®,  La  Gaviota,  178-174. 


158  LÍRíGOS  CASTELLANOS 

Foík-Lore  hético  extremeño  (1883,  Frexenal)  y  el  Boletín 
Folk'lórico  español  (1885;;  las  coleccioncitas  de  enigmas  y 
de  cantes  flamencos  de  Machado,  la  segunda  de  las  cuales 
dio  ocasión  al  magistral  estudio  de  Hugo  Schuchardt  so- 
bre la  fonética  andaluza  (1880-81),  el  opúsculo  de  Micr áfi- 
lo sobre  el  Folk-Lore  de  Guadalcanal  (1891),  y  otra  por- 
ción de  trabajos  de  mayor  ó  menor  extensión,  entre  los 
cuales  debe  ocupar  el  primer  puesto  la  opulenta  colección 
de  Cantos  populares  españoles,  recogidos,  ordenados  y  doc« 
tamente  ilustrados  por  D.  Francisco  Rodríguez  Marín 
(1882-1883). 

(>omo  en  los  cinco  tomos  de  su  colección  el  Sr.  E,odi:í- 
guez  Marín  se  concreta  á  la  poesía  lírica,  quedaron  fuera 
de  ella  los  romances;  pero  no  ciertamente  por  olvido,  sino 
para  formar  una  colección  aparte,  que  muy  pronto  verá 
la  luz  pública,  según  nuestras  noticias.  Como  anuncio  de 
ella  pueden  considerarse  los  interesantes  romances  inédi- 
tos que  engalanan  las  páginas  de  este  libro,  y  que  el  se- 
ñor Rodríguez  Marín  nos  ha  facilitado  con  aquel  noble 
desprendimiento  que  tan  bien  sienta  en  los  que  saben  y 
valen  lo  que  él. 

Algunos  de  los  modernos  folk-loristas,  separándose  en 
esto  de  la  antigua  práctica  literaria,  han  transcrito  los  ro- 
mances con  su  propia  ortografía  fonética;  y  por  mi  parte, 
aunque  me  disuenan  algo  las  palabras  estropeadas,  he 
creído  que  debía  imitarlos,  porque  este  sistema  implica 
mayor  fidelidad  y  puede  dar  útiles  materiales  á  quien  se 
dedique  al  estudio  del  dialecto  andaluz,  siguiendo  las  hue- 
llas de  Schuchardt  (1). 

A  los  romances  andaluces  hemos  añadido  algunos  pro- 
cedentes de  Extremadura,  especialmente  de  la  Extrema- 

(l)     Üí<'  -CaiiUuf  f  (a  hit  neos  ^  por  H.  Scliucharclt.  Halle,  1881.  (Eu 

el  Zeít.^íhriff  /,(/■  lout.  Fhilologie,  V.) 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR  159 

dura  baja  (provincia  de  Badajoz),  región  limítrofe  y  hasta 
cieno  punto  análoga  en  lenguaje  y  costumbres  al  reino  de 
Sevilla,  al  cual  pertenecen  ahora  algunos  pueblos  como 
Guadalcanal,  que  antes  fueron  extremeños. 

Las  muestras  de  romances  andaluces  recogidas  hasta 
ahora  nos  hacen  entrever  ó  adivinar  la  existencia  de  mu- 
chos más,  que  acaso  podrían  lograrse  en  la  Andalucía 
alta  (reinos  de  Jaén  y  Granada)  que  han  sido  muy  poco 
explorados  bajo  este  aspecto,  y  que  por  sus  condiciones 
geográficas  se  prestan  más  á  la  conservación  de  tal  géne- 
ro de  poesía.  Hasta  ahora,  casi  todos  los  colectores,  desde 
Eernán  Caballero  hasta  Rodríguez  Marín,  han  sido  de 
Sevilla  ó  de  los  puertos,  donde  las  reliquias  de  la  poesía 
narrativa  tienen  que  luchar,  no  sólo  con  la  invasión  de 
los  elementos  extraños,  sino  con  el  predominio  de  una 
poesía  lírica  popular  extraordinariamente  rica  y  que  se 
renueva  de  continuo,  al  par  que  lo  épico  y  legendario,  allí 
como  en  todas  partes,  va  borrándose  de  la  memoria  del 
vulgo. 

Siendo  muchos  de  estos  romances  versiones  distintas 
de  los  que  ya  conocemos  por  la  tradición  asturiana,  son 
aplicables  á  ellos  las  notas  que  en  la  sección  anterior  pu- 
simos, y  sólo  advertiremos  algo  que  peculiarmente  se  refie- 
re á  las  variantes  de  Andalucía. 


ROMANCES  TRADICIONALES 


DE 


1. 

Romance  de  Crerineldo.  —  I 

«Gerineldos,  Gerineldos, — mi  camarero  pulido, 
>  ¡quién  te  tuviera  esta  noche — tres  horas  á  mi  servicioU 
— «Como  soy  vuestro  criado,— Señora,  burláis  conmigo». 

—  «No  me  burlo,  Gerineldos, — que  de  veras  te  lo  digo». 
—«¿A  cual  hora,  bella  Infanta — complireis  lo  prometido?» 
— «Entre  la  una  y  las  dos,  cuando  el  rey  esté  dormido». 
Levantóse  Gerineldos, — abre  en  secreto  el  rastrillo, 
calza  sandalias  de  seda— para  andar  sin  ser  sentido. 
Tres  vueltas  le  da  al  palacio  —y  otras  tantas  kl  castillo. 
— «Abraisme,  dijo,  señora, — abraisme,  cuerpo  garrido». 

— «¿Quién  sois  vos  el  caballero— que  llamáis  así  al  postigo?» 

—  «Gerineldos  soy,  señora, — vuestro  tan  querido  amigo 
Tomáralo  por  la  mano,— á  su  lecho  lo  ha  subido, 

y  besando  y  abrazando— Gerineldos  se  ha  dormido. 

Recordado  había  el  rey — del  sueño  despavorido, 

tres  veces  lo  había  llamado  -  ninguna  lo  ha  respondido. 

«Gerineldos,  Gerineldos,— mi  camarero  pulido, 

¿si  me  andas  en  traición — trátasme  como  á  enemigo? 

Tomo  X.  11 


LÍRICOS  CASTELLAx\OS 


Ó  con  la  Infanta  dormías — ó  el  alcázar  me  has  vendido». 

Tomó  la  espada  en  la  mano, — con  gran  saña  va  encendido, 

fuérase  para  la  cama — donde  á  Gerineldos  vido. 

Él  quisiéralo  matar,  — más  crióle  desde  niño. 

Sacar^  luego  la  espada, — entre  entrambos  la  ha  metido, 

para  que  al  volver  del  sueño— catasen  que  el  yerro  ha  visto: 

recordado  hubo  la  Infanta  —  vió  la  espada  y  dió  un  suspiro. 

«Recordar  heis,  Gerineldos, — que  ya  érades  sentido; 

que  la  espada  de  mi  padre — de  nuestro  yerro  es  testigo». 

Gerineldos  va  á  su  estancia— le  sale  el  rey  de  improviso. 

«¿Dónde  vienes,  Gerineldos, — tan  mustio  descolorido?» 

— «Del  jardín  vengo,  señor,  de  coger  flores  y  lirios, 

y  la  rosa  más  fragante— mis  colores  ha  comido.  [mido, 

— «Mientes,  mientes,  Gerineldos, — que  con  la  Infanta  has  dor- 

testigo  de  ello  mi  espada, — en  su  filo  está  el  castigo»  (1). 


2. 

€)reriiieldo«—  II 

(Variante  de  Osuna.) 

— Gerineldo,  Gerineldo, — paje  del  rey  más  querido, 
iquién  te  cogiera  una  noche — tres  horas  á  mi  albedrío! 
— Gomo  soy  vuestro  criado, — señora,  burláis  conmigo. 
— No  me  burlo,  Gerineldo, — que  de  veras  te  lo  digo. 
— ¿A  qué  hora,  gran  señora,— se  cumple  lo  prometido? 
— Entre  las  doce  y  la  una, — cuando  el  rey  esté  dormido, 
con  alpargates  de  8eda*(2); — porque  no  seas  sentido, 
das  tres  vueltas  á  palacio— y  otras  tres  das  al  castillo. 
— ¡Traición,  traición  en  palacio!— ¿Quién  ha  sido  el  atrevida 

(1)  Variante  del  núm.  161  a  de  la  Primavera,  pero  muy  abreviado  Pu- 
blicó esta  lección  Y).  Serafín  Estébanez  en  aus  Escenas  andaluzas,  214-215. 

(2)  En  otra  lección  : 

«Calza  zapato  de  seda». 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  163 


que  se  arrima  á  tai  aposento— sin  pedir  permiso  mío? 
— No  se  asuste  usté,  señora,  —que  es  Gerineldo  pulido, 
que  entre  las  doce  y  la  una — viene  á  lo  prometido. 
Entablaron  una  lucha — los  dos  á  brazo  partido, 
á  eso  de  la  media  noche  — el  sueño  los  ha  rendido. 
A  eso  de  la  madrugada,— procura  el  rey  sus  vestidos. 
— ¡Gerineldo,  Gerineldo, — paje  del  rey  más  queridol 
Unos  dicen:  no  está  en  casa.— Otros  dicen:  ha  saUdo. 
Tiró  el  rey  de  la  espada, — al  cuarto  'e  la  infanta  ha  ido; 
los  ha  cogido  durmiendo— como  mujer  y  marido. 
Tiró  el  rey  de  la  su  espada; — entre  los  dos  1'  a  metido; 
al  resfrior  de  la  espada— despierta  despavorido. 
— ^Gerineldo,  Gerineldo, — paje  del  rey  más  querido, 
que  la  espada  del  mi  padre — entre  los  dos  ha  dormido. 
— ¿Dónde  me  iré,  gran  señora, — que  no  sea  conocido? 
— Retírate  á  ese  jardín — cogerás  ñores  y  lirios. 
— Gerineldo,  Gerineldo, — paje  del  rey  más  querido, 
¿dónde  vienes  Gerineldo,— tan  triste  y  descolorido? 
No  te  mato,  Gerineldo, — que  te  crié  desde  niño, 
y  si  mato  á  la  Princesa, — queda  er  palacio  perdido  (1). 


3. 

Gerineldo — III 

(Variante  de  Guadalcanal.) 

— Gerinerdo  Gerinerdo, — mi  camarero  pulido, 
¡quién  estubiera  'sta  noche— tres  horas  en  tu  arbedrío! 
— Como  soy  buestro  criado, — burlarse  queréis  cormigo. 
— No  es  mentira,  Gerinerdo,— que  de  beras  te  lo  digo. 
Han  dado  las  doce  y  media f — Gerinerdo  en  er  castiyo, 
con  arpagatas  de  seda, — para  no  ser  sentidiyo. 

(1)   J)e  hx  colección  manuscrita  de  D.  Francisco  Rodríguez  ALuín. 


LIRICOS  GASTtíLL4N0S 


Cada  escalón  que  subía — le  costaba  un  suspiriyo. 

Ar  subir  el  úrtimo  escalón — la  Princesa  lo  ha  sentido. 

— ¡Oh!  ¿quién  será  'ste  aleboso?  —  ¡Oh!  ¿quién  será  'ste  atre- 

— Señora,  soy  Gerinerdo, — que  bengo  á  lo  prometido,  [bido? 

Lo  ha  agarrado  por  la  mano, — en  su  cama  lo  ha  metido: 

entre  juegos  y  deleites — los  dos  se  quedan  dormidos. 

Ha  despertado  el  rey — dos  horas  del  sol  salido : 

ha  subido  la  escalera, — los  ha  encontrado  dormidos. 

— No  te  mato,  Gerinerdo, — que  te  crié  dende  niño, 

y  si  mato  á  la  Princesa  — dejo  ar  palacio  perdido  : 

pondré  mi  espada  por  medio — pa  que  sirva  de  testigo.  — 

Despierta  la  Princesa, —tres  horas  del  sol  salido : 

— Lebántate,  Gerinerdo, — mira  que  somos  perdidos» 

que  la  espada  de  mi  padre —sirbiendo  está  de  testigo. 

— ¿Por  dónde  me  iré  yo  ahora — para  no  ser  sentidiyo? 

— Por  los  jardines  del  rey, — cogiendo  rosas  y  lirios. 

El  rey,  como  lo  sabía, — al  encuentro  le  ha  salido : 

— ¿D'  aonde  bienes,  Gerinerdo,— tan  triste  y  tan  aburrido? 

— Bengo  del  jardín,  güen  rey,— de  coger  rosas  y  lirios; 

la  fragancia  d'  una  rosa  — er  color  me  lo  ha  comido. 

— Es  mentira,  Gerinerdo, — con  la  Princesa  has  dormido. 

— Oáme  la  muerte,  güen  rey,  —  que  bien  me  la  he  meresido. 

— Del  jardín  vengo,  señor, — de  coger  flores  y  lirios; 

la  fragancia  de  una  rosa— el  color  me  habrá  comido. 

— No  lo  niegues,  Gerinerdo, — que  con  la  infanta  has  dormido. 

— Máteme  usted,  gran  señor, — que  delito  he  cometido. 

— No  te  mato,  Gerinerdo,^ — que  te  crié  dende  niño, 

y  si  mato  á  la  Prinsesa — queda  mi  reino  perdido. 

Yo  vos  pondré  en  una  casa — como  mujer  y  marido  (1). 

(1)  Publicado  por  D.  J.  A.  Torre  (Micrójiló)  en  su  curioso  opúsculo  Un 
capítulo  de  Folk-Lore  Guadalcanalense  (Sevilla,  1891),  pá?.  93. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCIA  Y  EXTREMADURA    4  65 


4. 

£1  Conde  del  ^ol.  —  I 

(Variante  de  Osuna.) 

Se  publicaron  las  guerras — que  de  Francia  á  Portugal 
nombra  al  conde  Gerineldo,— su  capitán  general. 
La  reina  como  es  tan  niña, — no  hace  más  que  llorar. 
—  ¿Cuántos  días,  cuántos  meses  —  hombre  ha  de  echar  por 
. — Si  á  los  siete  no  viniere, — niña,  te  puedes  casar.  [allá? 
Ya  los  siete  van  pasados — camino  de  ocho  va: 
le  pidió  licencia  al  padre, — para  salirlo  á  buscar. 
El  padre  como  es  tan  niña, — no  se  1'  a  querido  dar; 
se  vistió  de  pelegrino — y  le  ha  salido  á  buscar. 
En  una  montaña  oscura, — se  ha  encontrado  una  vacá. 
— Vaquerito,  vaquerito, — por  la  santa  Trinidad, 
que  me  niegues  la  mentira— y  me  digas  la  verdad. 
¿De  quién  son  tantos  ganados— con  tanto  hierro  y  señal? 
— Son  del  conde  Gerineldo— que  ya  está  para  casar. 
—•Toma  este  doblón  de  oro,— vaquerito,  y  ponme  allá. 
La  ha  agarrado  de  la  mano — y  la  puso  en  el  portal. 
Fué  pidiendo  una  limosna — por  la  Santa  Trinidad. 
Salió  el  conde  Gerineldo — y  se  la  ha  salido  á  dar. 
— ¿Eres  Roberto,  señora,— que  me  ha  salido  á  buscar? 
— No  soy  Roberto,  señor, — que  soy  tu  esposa  estimá. 
Toma  este  puñal  dorado — y  dame  de  puñalás. 
— ¿Cómo  quieres  que  te  mate, — si  eres  mi  esposa  estimá?  (1). 

(1)   De  ia  colección  manuscrita  de  l).  Francisco  Rodríguez  Marín. 


166 


LIRICOS  CASTELLANOS 


5.  ^ 

El  Conde  del  Sfol.-II 

Grandes  guerras  se  publican — entre  España  y  Portugal; 
y  al  Conde  del  Sol  le  nombran — por  capitán  general. 
La  Condesa,  como  es  niña,— todo  se  la  va  en  llorar. 

—  «Dime,  Conde,  cuantos  años, — tienes  de  echar  por  allá». 

—  «Si  á  los  seis  años  no  vuelvo,— os  podréis,  niña,  casar». 
Pasan  los  seis  y  los  ocho, — y  los  diez  se  pasarán, 

y  llorando  la  Condesa — pasa  así  su  soledad. 

Estando  en  su  estancia  un  día, — la  fué  el  padre  á  visitar. 

— «¿Qué  tienes,  hija  del  alma,— que  no  cesas  de  llorar?» 

— «Padre,  padre  de  mi  vida, — por  la  del  Santo  Grial  (1), 

que  me  deis  vuestra  licencia— para  el  Conde  ir  á  buscar». 

— Mi  licencia  tenéis,  hija; — cumplid  vuestra  volnntad». 

Y  la  Condesa  á  otro  día, — triste  fué  á  peregrinar. 

Anduvo  Francia  y  la  Italia — tierras,  tierras  sin  cesar. 

Ya  en  todo  desesperada — tornábase  para  acá, 

cuando  gran  vacada  un  día— halló  en  un  ancho  pinar. 

— «Vaquerito,  vaquerito, — por  la  Santa  Trinidad, 

que  me  niegues  la  mentira, — y  me  digas  la  verdad  : 

¿de  quién  es  este  ganado — con  tanto  hierro  y  señal?* 

— «Es  del  Conde  el  Sol,  señora,  —  que  hoy  está  para  casar)^. 

— «Buen  vaquero,  buen  vaquero,  —  ¡así  tu  hato  veas  medrarl 

que  tomes  mis  ricas  sedas  —y  me  vistas  tu  sayal, 

y  tomándome  la  mano— á  su  puerta  me  pondrás, 

á  pedirle  una  limosna, — por  Dios,  si  la  quiere  dar». 

Al  llegar  á  los  umbrales, — veis  al  Conde  que  allí  está, 

cercado  de  caballeros,— que  á  la  boda  asistirán. 

—«Dadme,  Conde,  una  limosna.» — El  Conde  pasmado  se  ha 

—«¿De  qué  país  sois,  señora?»  — «Soy  de  España  natural». 

(1)  Este  rasgo  erudito,  y  que  en  ninguna  otra  versión  se  halla,  fué  se- 
guramente añadido  por  El  Solitario. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALüCrA  Y  EXTREMADURA  107 


—  «¿Sois  aparición,  romera, — que  venisme  á  conturbar? 
— «No  soy  aparición,  Conde, — que  soy  tu  esposa  leal*. 
Cabalga,  cabalga  el  Conde,— la  Condesa  en  grupas  vá, 
y  á  su  castillo  volvieron, — sanos,  salvos  y  en  solaz. 


(Publicado  por  D.  Serafín  Estébanez  Cal 
derón  en  sus  Escenas  andaluzas,  1847, 
pp.  209-211.  Es  variante  muy  abrevia 
da  del  niím,  135  de  la  Pj-imcTcra .) 


(). 

Del^adina.  —  I 

Tenía  una  vez  un  rey —tres  hijas  como  una  plata; 
la  más  chica  de  las  tres — Delgadina  se  llamaba. 
Un  día  estando  comiendo,  -  dijo  al  Rey  que  la  miraba: 
— Delgada  estoy,  padre  mío — porque  estoy  enamorada. 
—Venid,  corred,  mis  criados,  — á  Delgadina  encerradla  : 
si  os  pidiese  de  comer,  dadle  la  carne  salada; 
y  si  os  pide  de  beber, — dadle  la  hiél  de  retama. — 
Y  la  encerraron  al  punto — en  una  torre  muy  alta. 
Delgadina  se  asomó^por  una  estrecha  ventana, 
y  á  sus  hermanas  ha  visto— cosiendo  ricas  toballas. 
— jHermanas!  jsi  sois  las  mías...  —  dadme  un  vasito  de  agua, 
que  tengo  el  corazón  seco, — y  á  Dios  entrego  mi  alma! 
— Yo  te  la  diera,  mi  vida,— yo  te  la  diera,  mi  alma; 
mas  si  padre  Rey  lo  sabe— nos  ha  de  matar  á  entrambas. 
Delgadina  se  quitó— muy  triste  y  desconsolada. 
A  la  mañana  siguiente — asomóse  á  la  ventana, 
por  la  que  vió  á  sus  hermanos — jugando  un  juego  de  cañas. 
—¡Hermanos!  ¡si  sois  los  míos... — por  Dios,  por  Dios,  dadme 
que  el  corazón  tengo  seco— y  á  Dios  entrego  mi  alma!  [agua, 
—Quítate  de  ahí,  Delgadina,  que  eres  una  descastada: 
si  mi  padre  el  Rey  te  viera, — la  cabeza  te  cortara. 
Delgadina  se  quitó— muy  triste  y  desconsolada. 


^68  LIRICOS  CASTELLANOS 

A  otro  día  apenas  pudo— llegar  hasta  la  ventana, 

por  la  que  ha  visto  á  su  madre  —  bebiendo  en  vaso  de  plata. 

— ¡Madre!  ¡si  es  que  sois  mi  madre,  —  dadme  un  poquito  de 

que  el  corazón  tengo  seco— y  á  Dios  entrego  mi  alma,  [agua! 

— Pronto,  pronto,  mis  criados,— á  Delgadina  dad  agua, 

unos  en  jarros  de  oro, — otros  en  jarros  de  plata. — 

Por  muy  pronto  que  acudieron, — ya  la  hallaron  muy  postrada* 

A  la  cabecera  tiene — una  fuente  de  agua  clara; 

Los  ángeles  la  rodean— encomendándole  el  alma, 

la  Magdalena  á  los  pies — cosiéndole  la  mortaja, 

el  dedal  era  de  oro,— y  la  aguja  era  de  plata. 

Las  campanas  de  la  gloria— ya  por  ella  repicaban: 

los  cencerros  del  infierno — por  el  mal  padre  doblaban. 

(Variante  andaluza  publicada  por  Fernán 
Caballero  en  su  diálogo  Cos¿^  cudi- 
plida...  sólo  eii  la  otra  vida.  Madrid, 
1857,  págs.  16-18.  Wolf,  Beitráge  zur 
spariischen  Volkspoesie  aus  den  Wer- 
ken  Fernán  Caballero's,  Viena,  1859, 


7. 

Algarina  (Delg^adina).  —  II 

Tres  hijas  tiene  el  Eey  Moro— más  bonitas  que  la  plata, 
y  la  más  rechiquitita, — Algarina  se  llamaba. 
Un  día  estando  en  la  mesa, — su  padre  la  recreaba: 
—  Algarina,  anda  á  comer. — Padre,  si  no  tengo  gana. 
— Acudid  todos  los  mozos, — para  que  sea  encerrada 
en  el  cuarto  más  ozcuro, — que  hubiera  en  toda  la  casa  : 
y  si  pide  de  comer, — dadle  carne  muy  salada; 
y  si  pide  de  beber,  —dadle  sumo  de  retama. 
Se  entró  Algarina  llorando, --llorando  que  reventaba, 
con  lágrimas  de  sus  ojos— toda  la  sala  regaba; 
con  las  trensas  de  su  pelo, — toda  la  sala  esteraba. 
Al  otro  día  siguiente, — se  ha  asomado  á  una  ventana; 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  1G9 


vio  á  su  hermano  en  el  jardín,— jugando  á  broches  de  plata. 

— Hermano,  si  eres  mi  hermano, — dadme  una  poca  de  agua, 

(jue  el  corazón  me  lo  pide — y  á  Dios  le  entrego  mi  alma. — 

—Yo  te  la  diera,  Algarina, — yo  te  la  diera,  mi  alma, 

pero  si  padre  se  entera — á  tí  y  á  mí  nos  mataba. 

Se  entró  Algarina  llorando, — llorando  que  reventaba ^ 

con  lágrimas  de  sus  ojos  —toda  la  sala  regaba; 

con  las  trensas  de  su  pelo, — toda  la  sala  esteraba. 

Al  otro  día  siguiente, — se  ha  asomado  á  la  ventana; 

ve  á  su  hermana  en  el  jardín, — y  de  este  modo  le  habla: 

— Hermana,  si  eres  mi  hermana,— dame  una  poca  de  agua, 

(jue  el  corazón  me  lo  pide, — y  á  Dios  le  entrego  mi  alma.  — 

— Yo  te  la  diera,  Algarina, — yo  te  la  diera,  mi  alma, 

pero  si  padre  se  entera — á  tí  y  á  mí  nos  matara. 

Se  entró  Algarina  llorando ,  — llorando  que  reventaba, 

con  lágrimas  de  sus  ojos — toda  la  sala  regaba; 

con  las  trensas  de  su  pelo,— toda  la  sala  esteraba. 

Al  otro  día  siguiente, — se  ha  asomado  á  la  ventana; 

ve  á  su  padre  en  el  jardín, — sentado  en  sillón  de  plata. 

—  Padre,  si  usted  es  mi  padre, — déme  unii  poca  de  agua, 

que  el  corazón  me  lo  pide, — y  á  Dios  le  entrego  mi  alma. — 

— Entrate,  só  recochina, — éntrate,  só  avergonzada, 

que  no  quisistes  hacer— lo  que  tu  padre  mandaba. — 

Se  entró  Algarina  llorando,— llorando  que  reventaba, 

con  lágrimas  de  sus  ojos,— toda  la  sala  regaba; 

con  las  trensas  de  su  pelo,  —  toda  la  sala  esteraba. 

Al  otro  día  siguiente, — se  ha  asomado  á  la,  ventana; 

ve  á  su  madre  en  el  jardín, — sentada  en  sillón  de  plata. 

— Madre,  si  usted  es  mi  madre, — déme  una  poca  de  agua, 

(jue  el  corazón  me  lo  pide, — y  á  Dios  le  entrego  mi  alma. — 

— Acudid  todos  los  mozos,—  á  darle  á  Algarina  agua, 

y  el  que  llegase  primero, — con  Algarina  se  casa. — 

Unos  con  jarros  de  oro, — otros  con  jarros  de  plata, 

por  muy  pronto  que  acudieron, — Algarina  muerta  estaba. 

A  los  pies  la  Magdalena  —cortándole  la  mortaja, 

y  á  la  cabecera  tiene— una  pila  de  agua  clara. 


170  LIRíGOS  C4STELLAN0S  \ 

Los  cencerros  del  infierno, — para  su  padre  tocaban : 
las  campanas  de  la  gloria, — por  Algarina  doblaban  (1). 


8. 

Delgadina*  —  III 

(Versión  de  Guadalcanal.) 

Este  era  un  hombre  muy  rico — que  tenía  tres  hijas, 
y  la  más  chica  de  todas — se  y  amaba  Dergadina. 
Un  día  estando  'n  la  mesa — su  padre  la  requebraba  : 
— Padre,  ¿qué  tengo  yo, — que  mira  tanto  mi  cara? 
—Que  si  fueras  mi  mujer— fueras  la  reina  de  España. 
— No  lo  permitan  los  cielos — ni  la  hostia  consagrada. 
— Subir  todos  mis  criados — y  enserrarla  'n  una  sala; 
y  si  pide  de  beber — darle  sumo  de  retama, 
y  si  pide  de  comer,— carne  de  perro  salada; 
y  si  pide  de  corchón — los  ladrillos  de  la  sala. — 
Ar  cabo  d'  unos  tres  días,— y  también  d'  una  semana, 
Dergadina  s'  ha  asomado— por  una  bentana  arta, 
y  bido  á  sus  agüelitas — peinándose  ricas  canas: 
—Agüelas,  si  seis  agüelas, — por  Diog,  una  poca  d'  agua, 
que  'r  corasón  se  me  seca — y  la  vida  se  m'  acaba. 
— Quítate,  perra  judía,— quítate,  perra  marbada, 
que  si  padre  rey  nos  hiera — la  cabeza  nos  cortaba. 
Dergadina  s'  ha  metido — muy  triste  y  desconsolada; 
con  lágrimas  de  sus  ojos—toda  la  sala  regaba; 
con  la  sangre  de  sus  benas— las  paderes  charpicaba. 
Ar  cabo  de  unos  tres  días, — y  también  d'  una  semana, 
Dergadina  s'  ha  asomado — po'  una  bentana  mág  arta, 
y  bido  á  sug  hermanitas  —bordando  ricas  tohayas : 
— Hermanas,  si  seis  las  mías,  —  por  Diog,  una  poca  d'  agua, 
que  er  corasón  se  me  seca — y  la  bida  se  m'  acaba. 

(1)   De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA    il  I 


— Quítate,  perra  judía, — quítate,  perra  marbada, 

que  8i  padre  re}'^  nos  hiera — la  cabeza  nos  cortaba.— 

Dergadina  s'  ha  metido — muy  triste  y  desconsolada; 

ron  lágrimas  de  sus  ojos — toda  la  sala  regaba; 

con  la  sangre  de  sus  benas — las  paredes  charpicaba< 

Ar  cabo  d'  unos  tres  días, — y  también  d'  una  semana, 

Dergadina  s'  asomado— po'  'otra  bentana  mág  arta, 

y  bido  á  su  padre  rey, — sentado  en  siyón  de  plata  : 

— Padre  rey,  si  usté  es  mi  padre, — por  Dios,  una  poca  d'  agua 

que  V  corasón  se  me  seca — y  la  bida  se  m'  acaba. 

— Yo  te  la  daré,  si  jases— lo  que  padre  rey  te  manda. 

Dergadina  s'  ha  metido— muy  triste  y  desconsolada; 

con  lágrimas  de  sus  ojos — toda  la  sala  regaba; 

con  la  sangre  de  sus  benas— las  paderes  charpicaba. 

Ar  cabo  d'  unos  tres  días, — y  también  d'  una  semana, 

Dergadina  s'  ha  asomado— po'  'tra  bentana  mág  arta, 

y  bido  á  su  madre  reina — en  siyón  d'  oro  sentada : 

— Madre  reina,  si  es  mi  madre, — por  Diog,  una  poca  d'  agua, 

que  mág  de  sé  que  de  jhambre— á  Dios  le  entriego  mi  arma. 

— Subir  todos  mis  criados, — y  echarle  á  mi  hija  agua, 

unos  con  basos  d'  oro— y  otros  con  basos  de  plata. 

Ar  subir  por  la  'scalera— Dergadina  que  espiraba, 

y  á  la  cabesera  tiene — una  fuente  que  le  mana, 

con  un  letrero  que  dice :  — «Murió  pór  farta  de  agua». 

Las  campanas  de  la  gloria— por  Dergadina  doblaban; 

las  campanas  del  infierno — por  su  padre  repicaban  (1). 

(l)  Un  capítulo  del  Fofk-Lore  Guadalcanalense  por  Micrójilo  (J.  A.  de 
la  Torre  y  Salvador).  Sevilla,  1891,  págs.  78-82.  Dice  que  «ha  escogido  en- 
tre varias  la  versión  del  texto  por  ser  la  más  completa  de  cuantas  copió 
de  la  tradición  oral  .  Añade  que  en  algunas  de  ellas  la  heroína  se  llama 
Doña  Elvira^  y  que  en  el  final  intervienen,  ya  San  José  y  Santa  Ana,  ya 
la  Magdalena . 

San  José  tiene  la  vela, 
Santa  Ana  la  amortajaba  .. 

La  Magdalena  á  los  pies 
haciéndole  la  mortaja, 
con  agujitas  de  oro 
y  dedalito  de  plata. 


472 


LIRICOS  CASTELLANOS 


9. 

HeSgadina  (0ergardlna)«  —  1\ 

Un  padre  tenía  tres  hijas, — más  bonitas  que  la  plata, 
y  la  más  rechiquitita, — Bernardina  se  llamaba. 
Bergardina  se  pasea — por  una  sala  cuadrada, 
ijon  gargantilla  de  oro — y  el  pelo  que  le  arrastraba. 
Estando  un  día  comiendo,  su  padre  la  retrataba, 
y  le  dijo  —Bergardina, — tú  has  de  ser  mi  enamorada. 
— No  lo  permita  Dios,  padre, — ni  la  Virgen  consagrada. 
— Vengan  pronto  los  criados — y  á  Bergardina  encerrarla 
en  un  cuarto  muy  profundo  -  que  en  este  palacio  haiga,— 
Ella  se  metió  pá  dentro  —con  las  lágrimas  saltadas, 
con  lágrimas  de  sus  ojos — todo  el  cuarto  lo  regaba. 
—Y  si  pide  de  comer — darle  carne  muy  salada, 
y  si  pide  de  beber— darle  zumo  de  retama. — 
Al  otro  día  siguiente  —por  un  balcón  se  asomaba, 
y  vió  á  sus  dos  hermanitos —jugando  al  juego  de  damas. 
— Hermano,  por  ser  mi  hermano,  —  dame  una  poca  de  agua, 
que  tengo  más  sed  que  hambre  ~y  á  Dios  le  entrego  mi  alma. 
— Calla,  puerca,  deshonesta, — cochina,  desvergonzada, 
que  no  quisistes  hacer — lo  que  el  Eey  padre  mandaba. 
Al  otro  día  siguiente— por  un  balcón  se  asomaba, 
y  vió  á  su  madre  venir — peinándose  puras  canas. 
— Madre,  por  ser  vos  mi  madre, — dadme  una  poca  de  agua, 
que  tengo  más  sed  que  hambre  ~y  á  Dios  le  entrego  mi  alma. 
— Hija  de  mi  corazón, — te  la  diera  de  buena  gana; 
pero  si  padre  se  entera,— el  pescuezo  me  cortara. 
Al  otro  día  siguiente— se  asomó  por  otra  ventana, 
y  vió  á  su  padre  sentado — en  sillón  de  rica  plata. 
— Padre,  por  ser  vos  mi  padre, — dadme  una  poca  de  agua, 
que  tengo  más  sed  que  hambre,  —  y  á  Dios  le  entrego  mi  alma. 
— Vengan  pronto  los  criados— y  á  Bergardina  con  agua, 
unos  con  jarros  de  oro— y  otrós  con  jarros  de  plata; 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCIA  Y  EXTREMADURA    4  73 


el  que  venga  más  primero, — con  Bergardina  se  casa. — 
A  la  vuelta  los  criados— á  Bergardina  encontraron 

con  ángeles  á  la  cabecera    

y  á  los  pies  la  Magdalena — que  tristemente  lloraba. 
Repiquen  las  campanas  de  la  gloria — por  Bergardina  que  ha 
y  para  su  padre,  —  las  campanas,  del  infierno  (1).  [muerto. 


10. 

Ilelgadina  (i^n^eliiia).  —  V" 

Rey  moro  tenía  tres  hijas— bonitas  como  la  plata, 
la  más  bonita  de  todas— Angelina  se  llamaba. 
Un  día  estando  en  la  mesa— su  padre  que  la  miraba. 
— ¿Qué  me  miras,  padre  mío,— qué  me  miras  á  la  cara? 
—Yo  te  miro,  hija  mía, — que  has  de  ser  mi  soberana.— 
— No  lo  permita  \ni  Dios — ni  mi  Virgen  soberana, 
que  sea  madre  de  mi  madre — y  madre  de  mis  hermanas. 
Mandó  el  padre  la  encerrasen— en  una  sala  cuadrada. 
Si  pidiera  de  comer,— carne  de  perro  salada. 
Para  dormir  le  pusieron— un  montoncito  de  paja. 
A  los  tres  días  se  ha  asomado  —Argelina  á  una  ventana, 
y  vió  á  su  querido  hermano— que  á  la  pelota  jugaba. 
—  Hermano,  si  eres  mi  hermano,  —  dame  una  poca  de  agua, 
que  el  corazón  tengo  seco— y  á  Dios  entrego  mi  alma. — 
— Métete  para  adentro  —cochina  desvergonzada, 
que  no  quisistes  hacer, — lo  que  tu  padre  mandaba.— 
Se  mete  Angelina  dentro, — llorando  que  reventaba. 
A  los  tres  días  se  ha  asomado — Angelina  á  otra  ventana, 
y  vió  á  su  hermana  querida— bebiendo  en  jarro  de  plata. 
— Hermana,  si  eres  mi  hermana,  —  dame  una  poca  de  agua, 
que  el  corazón  tengo  seco — y  á  Dios  quiero  dar  el  alma. 

(l)  Versión  de  Bormujos  (provincia  de  Sevilla),  publicada  por  Machado 
y  Alvarez,  en  el  Folk-Lore  andaluz  (p.  320). 


174 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Métete  para  adentro— cochina,  desvergonzada, 

que  no  quisistes  hacer —lo  que  padre  te  mandaba. — 

Se  mete  Angelina  dentro— llorando  que  reventaba, 

con  lágrimas  de  sus  ojos —toda  la  sala  regaba. 

A  los  tres  días  se  ha  asomado— Angelina  á  otra  ventana, 

y  vió  á  su  querida  madre — peinando  sus  ricas  canas. 

— Madre,  si  eres  mi  madre, — dame  una  poca  de  agua, 

que  el  corazón  tengo  seco  — y  á  Dios  pienso  dar  mi  alma.  — 

— Yo  te  la  quisiera  dar, — pero  si  padre  se  entera 

las  dos  moriremos  juntas    

Se  mete  Angelina  dentro — llorando  que  reventaba. 

Con  el  pelo  que  tenía— toda  la  sala  barría, 

con  las  lágrimas  que  echaba — toda  la  sala  regaba. 

A  los  tres  días  se  ha  asomado —Angelina  á  otra  ventana, 

y  vió  á  su  querido  padre— que  en  su  trono  descansaba. 

—  Padre,  si  eres  mi  padre,— dame  una  poca  de  agua, 

que  el  corazón  tengo  seco  —  y  á  Dios  pienso  dar  el  alma. — 

Ha  mandado  á  sus  ministros  —  con  jarros  de  oro  y  de  platu, 

y  el  que  llegara  primero — con  Angelina  se  éasa. 

Todos  han  llegado  juntos, — Angelina  muerta  estaba, 

los  ángeles  le  cantaban — con  clarines  y  guitarras, 

y  al  cielo  se  la  llevaban  (1) 


11. 

Oelgadina.  —  VI 

(Versión  de  Zafra.) 

Este  era  un  rey  con  tres  hijas— más  hermosas  que  la  plata, 
A  la  más  rechiquetita  — Delgadina  la  llamaban. 
Estando  un  día  merendando— su  padre  el  rey  Ja  miraba. 

(1)  Versión  de  Sevilla,  publicada  por  A.  Machado  y  Alvarez  en  El  Folk- 
Lore  Andaluz  {p-dg  32J;. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCIA  Y  EXTREMADURA  175 


— ¿Qué  me  mira  usté  mi  padre, — qué  me  mira  usté  á  la  cara? 
— Que  antes  de  salir  el  sol — has  de  ser  mi  enamorada: 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo — ni  la  reina  soberana, 
del  padre  que  me  engendró — sea  yo  la  enamorada. — 
Mandó  á  los  cuatro  criados, — los  que  trajo  de  Granada, 
([ue  la  lleven  á  matar, — la  encierren  en  una  sala, 
y  si  pide  de  comer — le  den  sardinas  saladas, 
y  si  pide  de  beber— le  den  zugo  de  retama. 
Ya  se  va  la  Delgadina, — ya  se  va  la  desgraciada; 
con  lágrimas  de  sus  ojos— toda  la  sala  regaba. 
Al  cabo  de  ocho  días— s'  ha  asomado  á  una  baranda, 
y  ha  visto  á  sus  hermanitos— jugando  un  juego  de  cañas. 
— Mi  hermano,  por  ser  mi  hermano, — que  me  des  una  sed  de 

[agua; 

que  no  la  pido  por  vicio,— que  á  Dios  le  entrego  mi  alma, 

que  se  me  seca  la  boca — y  el  aliento  se  m*  acaba. 

— Yo  te  la  diera,  alma  mía,— yo  te  la  diera,  mi  hermana; 

pero  si  padre  lo  sabe — la  cabeza  nos  cortara. — 

Ya  se  va  la  Dplgadina,- ya  se  va  la  desgraciada; 

con  lágrimas  de  sus  ojos — todas  las  salas  regaba. 

Al  cabo  de  ocho  días  — s'  h'  asomado  á  otra  baranda, 

y  ha  visto  sus  hermanitas— haciendo  medias  caladas,  [agua; 

— Mi  hermana,  por  ser  mi  hermana, — que  me  des  una  sed  de 

que  no  la  pido  p^r  vicio,— que  á  Dios  le  entrego  mi  alma, 

que  se  me  seca  la  boca — y  el  aliento  se  m  acaba. 

— Yo  te  la  diera,  alma  raía, — yo  te  la  diera,  mi  hermana; 

Pero  si  padre  lo  sabe — la  cabeza  nos  cortara. 

Ya  se  va  la  Delgadina, — ya  se  va  la  desgraciada; 

con  lágrimas  de  sus  ojos— toda  la  sala  regaba. 

Al  cabo  de  ocho  días — s'  h'  asomado  á  otra  baranda, 

y  ha  visto  su  madrecita — alisándose  las  canas. 

— Mi  madre,  por  ser  mi  madre,— que  me  des  una  sed  de  agua; 

que  no  la  pido  por  vicio, — que  á  Dios  le  entrego  mi  alma, 

que  se  me  seca  la  boca— y  el  aliento  se  m'  acaba. 

— Yo  te  la  diera,  hija  mía, — yo  te  la  diera,  mi  alma; 

Mas  si  tu  padre  lo  sabe  -  la  cabeza  me  cortara. 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Ya  se  va  la  Delgadina,— ya  se  va  la  desgraciada; 

con  lágrimas  de  sus  ojos— toda  la  sala  regaba. 

Al  cabo  de  ocho  días — s'  h'  asomado  á  otra  baranda 

y  ha  visto  al  rey,  su  padre,— sentado  en  sillón  de  plata. 

— Mi  padre,  por  ser  mi  padre,-— que  me  des  una  sed  de  agua 

que  no  la  pido  por  vicio,— que  á  Dios  le  entrego  rai  alma, 

Que  se  me  seca  la  boca, — y  el  aliento  se  m'  acaba. 

— Yo  te  la  diera,  hija  mía,— yo  te  la  diera,  mi  alma, 

pero  h*  hecho  juramento — sobre  la  cruz  de  mi  espada, 

de  no  darte  de  beber — á  no  ser  mi  enamorada. 


Ya  murió  la  Delgadina— ya  murió  la  desgraciada. 


Las  Campanas  de  la  Gloria— por  Delgadina  doblaban; 
Las  Campanas  del  Infierno— por  su  padre  repicaban  (1). 


12. 

Xias  tres  Cautivsis» 

A  la  verde,  verde,— á  la  verde  oliva, 
donde  cautivaron — á  mis  tres  cautivas. 
El  picaro  moro — que  las  cautivó, 
á  la  reina  mora— se  las  entregó. 
¿Qué  nombre  tienen — estas  tres  cautivas? 
—La  mayor  Constanza, — la  menor  Lucía, 
á  la  más  pequeña,— t/aman  Rosalía. 
— ¿Qué  oficios  daremos — á  estas  tres  cautivas? — 
Constanza  amasaba, — Lucía  cernía, 
y  la  más  pequeña — agua  les  traía. 
Diendo  un  día  por  agua — á  la  Fuente  Fría, 
se  encontró  un  anciano — que  d'  ella  bebía, 

(1)  Publicó  esta  notable  versión  D.  Sergio  Hernández  en  El  Folk-Lon 
Bético- Extremeño  (Fregenal  1883),  pp.  125-127. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  ill 

— ¿Qué  hace  usté  ahí,  buen  viejo— en  la  Fuente  Fría? 

—Estoy  aguardando — á  mis  tres  cautivas. 

— Pues  usté  es  mi  padre— y  yo  soy  su  hija; 

voy  á  darle  parte — á  mis  hermanitas. 

— Ya  sabes,  Constanza, — ya  sabrás,  Lucía, 

como  he  visto  á  padre — en  la  Fuente  Fría. 

Constanza  yoraba, — Lucía  mía, 

y  la  más  pequeña — así  les  decía : 

— No  yoreSf  Constanza, —no  gimas,  Lucía; 

que  en  viniendo  el  moro— larga  nos  daría. 

La  picara  mora— que  las  escuchó, 

abrió  una  mazmorra — y  ayi  las  metió. 

Cuando  vino  el  moro— de  ayí  las  sacó, 

y  á  su  pobre  padre — se  las  entregó  (1). 


13. 

Don  Pedro. 

(Versión  de  Zafra.) 


Ya  viene  D.  Pedro — de  la  guerra  herido; 
viene  con  el  ansia— de  ver  á  su  hijo. 
—Cúreme  usté,  madre, — estas  tres  heridas, 
que  me  voy  á  ver — la  recién  parida. 
— ¿Cómo  estás,  Teresa, — de  tu  feliz  parto? 
—Yo  buena,  D.  Pedro, — si  tú  vienes  sano. 
— Acaba,  Teresa, — con  esas  razones; 
que  m'  está  aguardando— el  rey  en  la  corte. 

(1)  Folk-Lore  Bético- Extremeño,  128-129.  El  colector  D.  Sergio  Hernán- 
dez pone  esta  nota  antes  de  los  dos  últimos  versos:  «Hasta  aquí  llega  la 
«canción  tal  como  la  aprendimos  en  Zafra  cuando  pequeños;  posteriormen- 
te la  hemos  oído  cantar  á  unaaiiña  en  El  Monti jo,  y  á  lo  ya  referido,  agre- 
»gaba,  como  conclusión,  la  última  cuarteta».  Por  el  metro  y  por  el  estilo, 
€sta  linda  canción  recuerda  la  de  Don  Bueso* 

Tomo  X.  12 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Al  salir  del  cuarto — don  Pedro  que  espira; 

se  quedó  la  madre — triste  y  afligida. 

Tocan  las  campanas; — vienen  por  don  Pedro, 

se  quedó  la  madre — haciéndole  el  duelo. 

— Madre,  la  mi  madre,— la  mi  siempre  amiga, 

pero  ¿esas  campanas— por  quién  las  repican? 

— Por  tí,  la  mi  alma, — por  tí  la  mi  vida; 

son  juegos  de  cañas — porque  estás  parida. 

— Madre,  la  mi  madre, — la  mi  siempre  amiga, 

¿qué  saya  me  pongo— para  ir  á  la  misa? 

— La  negra,  mi  alma,— la  negra,  mi  vida; 

yeva  la  de  sarga— que  te  convenía. 

Al  entrar  en  misa — la  gente  decía: 

— La  viudita  honrada, — la  viudita  linda; 

¡qué  saya  me  trae — pa  venir  á  misal 

Trae  la  de  sarga — que  le  convenía. 

— Madre,  la  mi  madre, — la  mi  siempre  amiga, 

¿pero  esas  palabras — por  quién  las  dirían? 

— Por  tí,  la  mi  alma, — por  tí,  la  mi  vida, 

que  don  Pedro  es  muerto, — tú  no  lo  sabías. 

Se  metió  en  su  sala, — corrió  las  cortinas. 

— Si  don  Pedro  es  muerto, — no  es  razón  yo  viva  (1). 

(1)  Esta  preciosa  variante  recogida  en  Zafra,  ha  sido  publicada  por  don 
Sergio  Hernández  en  El  Folk  Lore  Bélico- Extremeño^  pp.  129-130.  En  la 
misma  revista  (182-183)  publicó  D.  Antonio  Machado  y  Alvarez  algunos  frag- 
mentos de  otras  versiones  menos  puras  del  mismo  romancillo,  procedentes 
de  Badajoz,  Montánchez  (provincia  de  Cáceres)  y  Constan  tina  (provincia  de 
Sevilla). 

Compárese  con  los  romances  asturianos  que  llevan  los  números  42  y  43. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  179 


14. 

Eia  esposa  infiel. — I 

Estando  un  caballerito— en  la  isla  de  León, 
se  enamoró  de  una  dama — y  ella  le  correspondió. 
Que  con  el  aretín, — que  con  el  aretón  (1). 
— Señor,  quédese  una  noche,— quédese  una  noche  ó  dos; 
que  mi  marido  está  fuera— por  esos  montes  de  Dios. 
Estándola  enamorando, — el  marido  que  llegó  : 
— Abreme  la  puerta,  cielo, — ábreme  la  puerta,  sol. 
Ha  bajado  la  escalera, —quebradita  de  color; 
— ¿Has  tenido  calentura? — ¿ó  has  tenido  nuevo  amor? 
— Ni  he  tenido  calentura,— ni  he  tenido  nuevo  amor; 
me  se  ha  perdido  la  llave— de  mi  rico  tocador. 
— Si  las  tuyas  son  de  acero,— de  oro  las  tengo  yo. 
¿De  quién  es  aquel  caballo— que  en  la  cuadra  relinchó? 
— Tuyo,  tuyo,  dueño  mío, — que  mi  padre  lo  mandó, 
porque  vayas  á  la  boda— de  mi  hermana  la  mayor. 
— Viva  tu  padre  mil  años, — que  caballos  tengo  yo. 
¿De  quién  es  aquel  trabuco— que  en  aquel  clavo  colgó? 
— Tuyo,  tuyo,  dueño  mío, — que  mi  padre  lo  mandó, 
para  llevarte  á  la  boda— de  mi  hermana  la  mayor. 
— Viva  tu  padre  mil  años,— que  trabucos  tengo  yo. 
¿Quién  ha  sido  el  atrevido — que  en  mi  cama  se  acostó? 
— Es  una  hermanita  mía, — que  mi  padre  la  mandó, 
para  llevarme  á  la  boda  -  de  mi  hermana  la  mayor. 
La  ha  agarrado  de  la  mano, — al  padre  se  la  llevó : 
— Toma  allá,  padre,  tu  hija, — que  me  ha  jugado  traición. 
— Llevátela  tú,  mi  yerno,— que  la  iglesia  te  la  dió. 
La  ha  agarrado  de  la  mano, — al  campo  se  la  llevó. 
Le  tiró  tres  puñaladas, — y  allí  muerta  la  dejó. 
La  dama  murió  á  la  una — y  el  caballero  á  las  dos  (2). 

(1)  Este  estribillo  se  repite  en  todas  las  coplas  del  romance. 

(2)  Fernán  Caballero  publicó  este  romance  en  La  Gaviota  (Madrid,  1858) , 


180 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


15. 

Eia  esposa  infiel.— II 

(Versión  de  Guadalcanal.) 

Mañanita,  mañanita, — mañanita  e  San  Simón, 
estaba  una  señorita— sentadita  *n  su  balcón, 
muy  peinada  y  muy  lavada, — los  ojitos  d*  arrebol. 
Ha  pasad'  un  cabay ero,— hijo  del  emperador, 
con  la  guitarra  en  la  mano — tocándol'  el  estrebol. 

tomo  págs.  12S-131.  No  dice  dónde  le  recogió:  probablemente  en  algu- 
no de  los  pueblos  de  la  Bahía  de  Cádiz. 

Fernán  Caballero  intercaló  en  sus  libros  otras  poesías  populares,  que 
por  el  metro  no  son  enteramente  romances,  pero  sí  por  su  origen.  Tal  es 
la  siguiente  canción  que  trae  en  su  novela  ¡Pohre  Dolores!  (1857?  pági- 
nas 210-11),  y  que  seguramente  es  uaa  forma  degenerada  del  Romance  de 
una  gentil  dama  y  un  rústico  pastor  (núm.  45  de  la  Primavera)  y  de  la 
glosa  de  Alonso  de  Alcaudete  : 

Llámabale  la  doncella 

y  dijo  el  vil : 

al  ganado  tengo  de  ir. 

—Pastor,  que  estás  en  el  campo— de  amores  tan  retirado, 
yo  te  vengo  á  proponer— si  quisieres  ser  casado. 
—Yo  no  quiero  ser  casado,— responde  el  villano  vil : 
'     tengo  el  ganado  en  la  sierra  :— adiós,  que  me  quiero  dír. 
—Tú,  que  estás  acostumbrado— á  ponerte  esos  sajones. 
Si  te  casaras  conmigo— te  pusieras  pantalones. 
—No  quiero  tus  pantalones,— responde  el  villano  vil : 
tengo  el  ganado  en  la  sierra  :— adiós,  que  me  quiero  ir. 
—Tú,  que  está¿  acostumbrado— á  ponerte  chamarreta, 
si  te  casaras  conmigo— te  pondrías  tu  chaqueta. 
—Yo  no  quiero  tu  chaqueta,— responde  el  villano  vil : 
tengo  el  ganado  en  la  sierra  :  —adiós,  que  me  quiero  ir. 
—Tú,  que  estás  acostumbrado— á  dormir  entre  granzones, 
si  te  casaras  conmigo -durmieras  en  mis  colchones. 
—Yo  no  quiero  tus  colchones,— responde  el  villano  vil : 
tengo  el  ganado  en  la  sierra  :— adiós,  que  me  quiero  ir. 
—Te  he  de  poner  una  fuente— con  cuatro  caños  dorados, 
para  que  vayas  á  ella— á  dar  agua  á  tu  ganado. 
—Yo  no  quiero  tu  gran  fuente,— responde  el  villano  vil : 
ni  mujer  tan  amorosa— yo  no  quiero  para  mí. 


ROBIANGES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  181 

— ¡Quien  durmiera  con  ti,  lunal — ¡quién  durmiera  con  ti,  sol! 

— Mi  marido  no  'stá  en  casa; — benga  usté  una  noche  ó  dos; 

mi  marido  no  está  en  casa, — que  está  en  montes  de  León: 

y  para  que  no  biniere  —le  'charé  una  mardisión. — 

A  eso  de  benir  er  día, — er  marío  que  yamó : 

—Ábreme  la  puerta,  luna,— ábreme  la  puerta,  sol, 

que  te  traigo  un  pajarito — de  los  montes  de  León. — 

Se  ha  levantado  la  niña, — mudadita  de  color : 

— ¿Has  tenido  calentura,— ó  has  tenido  mal  d'  amor? 

— Ni  he  tenido  calentura  —  ni  he  tenido  mal  d'  amor; 

me  s'  ha  perdido  la  yabe  —de  tu  hermoso  tocador. 

— Si  la  yabe  era  de  jhierro, — de  plata  te  T  haré  yo; 

que  'r  jherrero  está  'n  la  fragua, — y  er  platero  'n  er  mesón. 

Estando  en  estas  rasones  — er  cabayo  relinchó: 

— ¿De  quién  es  ese  cabayo— que  'n  la  cuadra  relinchó? 

— Tuyo,  tuyo,  cabayero, — mi  padre  te  lo  compró, 

— Biba  tu  padre  mir  años,  —  que  'n  bida  lo  heredo  yo. 

— ¿De  quién  es  esa  escopeta— que  'n  er  rincón  beo  yo? 

— Tuya,  tuya,  cabayero,— que  mi  padre  te  la  dió, 

pa  que  caces  los  sirgueros— de  los  montes  d^  León. 

— ¿De  quién  es  ese  capote— que  'stá  ensima  ese  siyón? 

— Tuyo,  tuyo,  cabayero, — mi  padre  te  lo  compró. 

— ¿De  quién  es  aquer  sombrero— que  en  la  siya  beo  yo? 

— Tuyo,  tuyo,  cabayero,— que  mi  padre  te  lo  dió. 

— ¿Y  las  botas  qu'  hay  debajo,— que  desd'  aquí  beo  yo? 

Tuyas,  tuyas,  cabayero, — mi  padre  te  las  compró. 

Y  la  agarra  de  la  mano — y  en  la  arcoba  la  metió. 

— ¿Quién  es  aquer  cabayero — qu'  en  la  cama  veo  yo? 
Es  er  novio  de  mi  hermana... — de  mi  hermana  la  mayor. 

Y  la  coje  de  la  mano— y  á  su  padre  la  yebó: 

— Tío,  tenga  'sté  su  hija — y  enséñela  'sté  mejor. 
— Que  la  enseñe  su  marío— que  tiene  la  obligación. 

Y  la  coje  de  la  mano — y  á  los  montes  la  yebó. 


La  niña  murió  á  la  una — y  er  caballero  á  las  dos  (1). 

(1)   Micrójilo  (Tone),  FoIk  Lore  Guadakanalense,  75-78. 


lÍRICOS  CASTELLANOS 


16. 

Ija  Esposa  Infiel.  —  III 

Mañanita,  mañanita, — mañanita  del  Señor, 
estaba  una  bella  dama— sentadita  en  su  balcón, 
muy  peinada,  muy  lavada, — su  poquito  de  arrebol. 
Ha  pasado  un  caballero— hijo  del  emperador; 
con  la  guitarra  en  la  mano— una  coplita  le  echó  (1). 
— Abreme,  cara  de  luna, — ábreme,  cara  de  sol. — 
— Mi  marido  está  cazando— en  los  montes  de  León, 
y      que  no  vuelva  más— le  echaré  una  maldición : 
cuervos  le  saquen  los  ojos — y  águilas  el  corazón, 
y  los  perros  con  que  caza — lo  arrastren  en  procesión  (2). 
— ¿Dónde  pongo  este  caballo? — En  la  cuadra  lo  metió. 
— ¿Dónde  pongo  esta  escopeta? — En  un  rincón  la  dejó. 
— ¿Dónde  pongo  esta  chaqueta? — En  la  percha  la  colgó. 
-^¿ Dónde  pongo  estos  calzones? — En  la  silla  los  dejó. 
Estando  en  estas  razones — su  marido  que  llamó : 
— Abreme  la  puerta,  luna, — ábreme  la  puerta,  sol. — 
Ha  bajado  Margarita— mudadita  de  color. 
— ó  tú  tienes  calentura- ó  tú  tienes  mal  de  amor. 
-^Yo  no  tengo  calentura —ni  tampoco  mal  de  amor, 
me  se  ha  perdido  la  llave  -  de  tu  rico  comedor. 
— Si  la  tuya  era  de  plata, — de  oro  la  traigo  yo. — 
Entraron  más  adelante, — y  un  perrito  que  ladró. 
—¿De  quién  es  ese  perrito — que  en  mi  casa  veo  yo? 
— Tuyo,  tuyo,  caballero, — que  mi  padre  te  lo  dió 

(1)  En  otra  variante . 

Le  ha  cantado  una  canción. 

(2)  También  hay  en  Andalucía  una  copla  que  dice,  con  visible  reminis- 
cencia del  romance : 

Cuervos  te  saquen  los  ojos— y  águilas  el  corazón, 
y  serpientes  las  entrañas— por  tu  mala  condición. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  183 


para  que  fueras  de  caza— á  los  montes  de  León. 

— Viva  tu  padre  mil  años; — muchos  perros  tengo  yo, 

y  cuando  no  los  tenía, — no  me  los  mandaba,  no. — 

Entraron  más  adelante, — y  un  caballo  relinchó. 

— ¿De  quién  es  aquel  caballo — que  en  mi  cuadra  veo  yo? 

— Tuyo,  tuyo,  caballero, — que  mi  padre  te  lo  dió, 

'pa  que  vayas  á  la  boda — de  mi  hermana  la  mayor. — 

— Viva  tu  padre  mil  años, — caballos  no  quiero  yo, 

cuando  yo  no  los  tenía,— tu  padre  no  me  los  dió. — 

Entraron  en  una  sala— y  una  escopeta  allí  vió. 

— ¿De  quién  es  esa  escopeta — que  en  mi  casa  veo  yo? — 

— Tuya,  tuya,  dueño  mío, — que  mi  padre  te  la  dió, 

para  que  fueras  de  caza — á  los  montes  de  León. — 

— Viva  tu  padre  mil  años, — que  escopeta  tengo  yo; 

cuando  yo  no  la  tenía — tu  padre  no  me  la  dió. — 

Entraron  más  adelante, — y  en  la  percha  se  fijó. 

— ¿De  quién  es  esa  chaqueta— que  en  mi  percha  veo  yo? 

— Tuya,  tuya,  caballero, — que  mi  padre  te  la  dió. — 

— ¿De  quién  es  aquella  sombra — que  va  por  el  corredor? 

— La  sombra  será  mi  muerte, — que  bien  la  merezco 'yo. — 

La  ha  cogido  por  la  mano, — á  su  casa  la  llevó. 

— Aquí  tiene  usté  á  su  hija, — sin  honra  ni  estimación. — 

— Si  mi  hija  no  tiene  honra, — con  honra  te  la  di  yo. — 

La  ha  cogido  por  la  mano — y  al  campo  se  la  llevó, 

y  allí  le  ha  dado  la  muerte, — y  con  eso  concluyó  (1). 

(De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín.) 

(1)   En  otra  variante  : 

Le  tiró  tres  puñaladas— y  allí  muerta  la  dejó. 

La  dama  murió  á  la  una— y  el  galán  murió  á  las  dos. 


484 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


17. 

Blanca  Flor  y  Filomena.  —I 

(Versión  de  Osuna.) 

Por  las  calles  de  Morón — se  pasean  dos  donseyas; 
una  era  Branca-Fró — y  la  otra  Filomena; 
se  pasea  un  cabayero— con  mucho  candar  y  hasienda, 
se  enamoró'  e  Branca-Fró — no  despresió  á  Filomena. 
Dispusieron  su  bodita; — marcharon  hasia  su  tierra; 
á  eso  de  los  nuebe  meses — yega  Taquino  á  la  puerta. 
— Madre,  sabe  usté  que  bengo — por  mi  cuñá  Filomena. 
— Hombre,  no  te  lo  consiento, — porque  es  mosita  y  donseya. 
— No  le  ha  de  pasar  nada, — apuesto  con  mi  cabesa, 
y  si  no  apuesto  con  eso, — con  mi  casiya  y  hasienda. 
— Pues  si  eso  es  asin,  Taquino, — á  Filomena  te  yebas. — 
A  la  subida  de  un  serró, —á  la  bajá  de  una  güerta, 
s'echó  abajo  der  cabayo,— logró  su  gusto  con  eya. 
Biba  le  sacó  los  ojos, — biba  le  arrancó  la  lengua. 
S'  ha  aparesido  un  pastó— qu'  embiado  de  Dios  era; 
traía  tinta  y  papé— metidiyo  en  la  montera: 
— La  pluma  se  me  ha  quedao — en  los  cerros  de  Guinea, 
Mi  lengua  sirba  de  pluma; — mis  ojos  de  tinta  negra  (1). 

(1)  De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  185 


18. 

Blanca  Flor  y  FilomeBia*  —  II 

(Variante  de  Guadalcanal.) 

Por  la  corte  de  Madrí— se  pasean  dos  donseyas: 
la  una  era  Blanca-Flor — y  la  otra  Filomena. 
Se  pasea  un  cabayero  -  con  grande  caudiá  y  hasienda. 
Er  pretende  á  Blanca  Flor— sin  despreciar  á  Filomena. 
En  este  mismo  momento — Tarquino  se  jhué  á  la  guerra, 
á  la  benida  pa  cá  — se  entró  en  casa  de  su  suegra: 
— Güeñas  noches  tenga  'sté, — yo  no  las  tengo  mu  güeñas, 
sólo  por  Blanca- Flor— -qu*  en  bísperas  de  parir  queda. 
Sab'  usté  que  soy  benido— por  mi  cuñá  Filomena. 
— Yo  mi  hija  no  la  doy, — porque  es  mosita  y  donseya. 
— Apuesto  con  mi  caudiá — y  la  mitá  de  mi  hasienda, 
y  si  no  tengo  bastante  — respondo  con  mi  cabesa. 
— Con  estos  cargos  la  doy, — con  estos  cargos  la  yebas, 
con  estos  cargos,  Tarquinó, — Tarquino,  mira  por  eya. — 
Tarquino  montó  á  cabayo, — Filomena  en  una  yegua. 
— Quedarse  con  Dios,  muchachas, — que  mi  cufiado  me  yeba. — 
A  la  salía  der  pueblo  — d'  amores  me  la  requiebra; 
á  la  bajá  d'  un  arroyo — á  la  subía  d'  nna  cuesta, 
allí  se  bajó  Tarquino; — cumplió  su  gusto  con  eya. 
Después  d'  haberlo  cumplido  —  jhiso  un  jhoyito  en  la  tierra: 
medio  cuerpo  le  dejó  drento  —y  medio  le  dejó  jhuera. 
— ¡Si  biniera  un  pastorsito, — mandado  de  Dios  venga, 
para  escribirle  una  carta, — á  Blanca-Flor  que  la  lea! 
Disiendo  estas  palabras — el  pastorsito  que  llega. 
—  Yo  traigo  tinta  y  papel, — y  papel  de  mi  montera, 
para  escribirle  una  carta — á  Blanca-Flor  que  la  lea... 
Ha  recibido  la  carta, — de  mar  parto  murió  ella, 
y  el  mar  parto  que  tubo — lo  friyó  en  una  casuela, 
para  darle  de  señar — á  Tarquino  cuando  venga. 


LÍRíGOS  CASTELLANOS 


Apartándolo  der  fuego, —Tarquino  yama  á  la  puerta: 

— Abreme  la  puerta,  sol, — ábreme  la  puerta,  reina. 

¿Tenemos  argo  que  señar? — Y  le  plantaron  la  mesa. 

— lAy  qué  riquito  está  er  cardo! — más  rica  'starán  las  presas. 

— Más  rico  estará  el  olor— de  mi  hermana  Filomena, 

que  la  dejaste  enterrada — en  los  montes  de  Gilena. — 

Tarquino  cuando  oyó  esto— cayó  amorcesido  en  tierra. 

Se  levantó  Blanca-Flor — como  una  leona  fiera. 

Le  ha  dado  de  puñaladas, — le  ha  sacado  la  lengua, 

le  ha  puesto  por  las  esquinas — para  que  escarmiento  sea, 

pa  que  ningún  atrevido — desgonsare  á  una  donseya  (1). 


19. 

Don  Manuel. 

{Versión  de  Guadalcanal.) 

Una  noche  muy  oscura, — de  relámpagos  y  agua, 
ha  salido  Don  Manuel — á  visitar  á  su  dama. 
Tres  plumas  en  su  sombrero, — una  verde  y  dos  moradas. 
El  pasage  que  le  dieron, — hundirlo  de  puñaladas, 
donde  se  vino  á  encontrar— en  la  puerta  de  su  dama: 
— Abreme,  Polonia  mía, — ábreme,  Polonia  hermana, 
que  yo  vengo  muy  herido,— y  las  heridas  son  malas. 
Polonia,  si  yo  me  muero,— no  me  entierres  en  sagrado; 
entiérrame  en  un  pradito — donde  no  paste  ganado, 
y  á  la  cabecera  pongas — un  Cristo  crucificado, 
con  un  letrero  que  diga:— «Aquí  murió  un  desdichado; 
no  ha  muerto  de  mal  de  amor,*— ni  de  dolor  de  costado,  ; 
que  ha  muerto  de  calenturas — de  la  justicia  matado»  (2).  • 

{^Folk'Lore  Guadalcanalense ,  gi-g2.) 

(1)  Torre  {Micrójilo),  Folk-Lore  GuadaJmnalense,  71-75. 

(2)  Compárese  con  el  romance  asiriano  núm.  5i  y  con  los  que  se  citan 
en  la  correspondiente  nota. 


ROMANCES  TIl\D.  01:  AITBALLCXA  Y  ILKTBEMADV&A  4S1 


20. 

El  Cid  y  el  Conde  Ijozano. 

En  el  tiempo  que  reinaba — el  santo  rey  D.  Fernando, 
primo  de  aqnel  alevoso— nuestro  rey  que  fué  D.  Sancho, 
mandó  hacer  un  pendón, — con  seda  todo  labrado 
y  en  el  medio  una  cruz  roja— del  apóstol  Santiago, 
y  cuando  lo  tuvo  hecho,— en  la  corte  se  ha  plantado. 
«¿Hay  alguno  entre  vosotros— de  los  míos,  mis  vasallos, 
que  me  guarde  este  pendón, — que  me  lo  tenga  guardado, 
pá  que  cuando  se  lo  pida— sea  hombre  para  darlo?» 
Levantóse  de  su  asiento — uno  de  los  más  ancianos: 
«Déme,  buen  rey,  el  pendón, — que  yo  bien  sabré  guardarlo. 
Tres  hijos  mancebos  tengo, — en  armas  aventajados, 
pá  que  cuando  lo  pidáis— sean  hombres  para  darlo.» 
Levantóse  de  otro  asiento — ese  que  llaman  Lozano; 
le  ha  pegado  un  bofetón, — diciendo:  «¡Vaya  el  villano! 
porque  hay  hombres  en  la  corte — más  capaces  de  guardarlo». 
Se  fué  el  buen  viejo  á  su  casa, — corrido  y  avergonzado; 

 -  — la  mujer  le  ha  preguntado. 

Dióle  en  callar  la  respuesta — y  ha  sus  tres  hijos  llamado; 
vino  el  mayor,  luego  vino— el  que  era  de  edad  mediano 
y  también  vino  el  muy  chico,  —  con  el  sombrero  en  la  mano. 
Lo  agarró  por  la  muñeca,— lo  más  delgado  del  brazo; 
tres  veces  le  dijo:  «¡Suelta!»— y  viendo  que  no  ha  soltado, 
ha  sacado  de  la  cinta— un  puñal  y  así  le  ha  hablado: 

«   — juro  por  el  cielo  santo 

que  el  no  quitaros  la  vida— es  porque  me  habéis  criado. 
¿Es  posible,  padre  mío, — es  posible,  padre  amado, 
que  habéis  perdido  el  sentido — Ú  os  ha  la  razón  faltado?» 
— Ni  yo  he  perdido  el  sentido,— ni  la  razón  me  ha  faltado; 
La  honra  sí,  que  me  hizo  afrenta — ese  conde  de  Lozano. 

¿Sabes  lo  que  siento,  hijo? —  

El  verme,  como  me  veo, — viejo  y  cargado  de  años, 


488 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


síq  atreverme  á  salir — con  ese  traidor  al  campo. 
— No  sienta  la  pesadumbre; — siéntese  y  tome  un  bocado. 
Mientras  el  padre  comía, — el  muchacho  se  fué  armando; 
corrió  salas  y  aposentos — y  vió  colgada  de  un  clavo 
una  espada  ya  mohosa  —y  estas  palabras  le  ha  hablado : 
«Bien  sé  que  te  correrás — de  verme  niño  muchacho; 
pero  confío  en  tu  cruz — que  he  de  volver  bien  vengado». 
Y  montándose  en  Babieca, — que  es  un  ligero  caballo, 
hacia  la  corte  camina — y  pregunta  por  Lozano. 

El  rey  le  mandó  á  decir —  

«Deten,  Eodrigo,  batalla — por  término  de  dos  años». 

Eodrigo  dijo  que  no: — «Dos  horas  le  doy  de  plazo». 

El  Conde,  como  es  valiente, — en  cólera  se  fué  armando: 

Apriesa  cogió  la  silla; — apriesa  cogió  el  caballo; 

con  una  mano  lo  enfrena; — con  la  otra  lo  fué  ensillando; 

con  los  dientes  de  su  boca — la  cincha  le  fué  apretando, 

y  sin  poner  pie  en  estribo — montó  en  el  veloz  caballo, 

saltó  por  medio  de  todos, — corriendo  y  galopando, 

y  las  damas  le  decían — que  no  le  hiciera  agravio, 

porque  es  Rodrigo  muy  niño— y  no  era  razón  matarlo. 

Rodrigo  dijo  que  fuertes — eran  su  lanza  y  su  brazo, 

y  al  Conde  enciende  la  rabia  —  y  ambos  caminan  al  campo. 

— Ven  acá,  rapaz, —le  dijo. — ¿Me  andas  amenazando? 

Corre,  vé  y  dile  á  tu  padre  —y  también  á  tus  hermanos, 

que  con  ellos  y  contigo— haré  batalla  en  el  campo. 

— Eso  no.  Conde  atrevido; — eso  no.  Conde  villano; 

que  lo  que  yo  no  hiciere — no  lo  han  de  hacer  mis  hermanos. 

El  Conde  tiró  su  lanza, — que  iba  los  vientos  rajando; 

Rodrigo  tiró  la  suya, — mas  no  la  tiró  jugando; 

que  atravesó  cota  y  pecho, — silla,  y  alcanzó  al  caballo. 

También  dicen  los  escritos — que  pasó  la  tierra  un  palmo. 

Viéndose  el  Conde  así  herido, —se  ha  apeado  del  caballo; 

Rodrigo  que  vido  esto— también  del  suyo  ha  saltado, 

y  echan  mano  á  las  espadas—y  el  combate  se  ha  trabado. 


Y  le  cortó  la  cabeza;— también  le  cortó  la  mano. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA    i  89 

En  la  punta  de  su  lanza — por  bandera  la  ha  clavado 
y  ufano  á  la  corte  llega, — estas  palabras  hablando: 
«¿Hay  alguno  entre  vosotros, — primos,  parientes  ó  hermanos, 
que  salgan  á  la  demanda? — aquí  para  el  campo  aguardo». 
Viendo  que  nadie  salía, — á  su  casa  ha  caminado, 
y  á  su  padre  le  presenta — la  cabeza  con  la  mano: 
«Este  es  Rodrigo  Ruy  Díaz  (sic\—el  sin  igual  castellano, 
hijo  de  Diego  Lainez,— que  mató  al  Conde  Lozano»  (1). 


21. 

Romatice  de  la  Princesa  Celinda. 

Por  las  puertas  de  Celinda — galán  se  pasea  Zaide, 
aguardando  qne  saliera — Celinda  para  hablalle. 
Salió  Celinda  al  balcón  —más  hermosa  que  no  sale 
la  luna  en  escura  noche — y  el  sol  entre  tempestades. 
— Buenos  días  tengáis  mora.— A  tí,  moro,  Alá  te  guarde. 
— Escucha,  Celinda,  atenta,  —  si  es  que  quieres  escucharme. 
¿Es  verdad  lo  que  le  han  dicho— tus  criados  á  mi  paje, 
que  con  otro  hablar  pretendes— y  que  á  mí  quieres  dejarme, 

(1)  Casi  completado,  entre  unos  fragmentos  que  D.  Juan  Quirós  de  los 
Ríos  aprendió,  siendo  niño,  en  Antequera,  de  boca  de  un  pariente  de  su 
abuelo,  llamado  José  González,  y  otros  fragmentos  que  recogí  en  Osuna, 
por  los  años  de  1876  ó  77,  de  un  viejo  pordiosero  de  la  Alameda  (Málaga) 
que  pedía  limosna  recitando  porción  de  romancillos  populares,  casi  todos 
religiosos. 

(Nota  del  Sr.  Rodríguez  Marín.) 

Es  un  tipo  muy  curioso  de  romance  juglaresco  moderno,  compuesto  por 
un  poeta  semi  letrado  que  había  leído  el  Romancero  de  Escobar  ó  había 
visto  representar  la  comedia  de  Guillen  de  Castro,  y  que  refunde  el  tema 
poético  con  cierta  originalidad  y  no  sin  brío.  La  rareza  de  los  romances  his- 
tóricos en  la  tradición  oral,  le  hace  todavia  más  apreciable,  pues  del  Cid 
no  sabemos  que  se  canten  actualmente  otros  que  éste  en  Andalucía,  y  otro 
portugués  en  la  Isla  de  Madera,  también  juglaresco  y  centonarlo,  que  ve- 
remos más  adelante. 


190 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


por  un  turco  mal  nacido,— de  las  tierras  de  tu  padre? 

IJ^  quieras  tener  oculto — lo  que  tan  claro  se  sabe. 

¿Te  acuerdas  cómo  dijiste— en  el  jardín  la  otra  tarde 

«tuya  soy,  tuya  seré, — y  tuya  es  mi  vida,  Zaide?» 

De  verse  reconvenida — la  mora  en  enojos  arde, 

y  cerrando  su  balcón— al  turco  deja  en  la  calle. 

El  galán  soberbecido — pisotea  su  turbante, 

y  con  rabiosas  fatigas — ha  cantado  estos  cantares: 

—  c¿Quieres  que  vaya  á  Jerez,  —  por  ser  tierra  de  valientes, 

y  te  traiga  la  cabeza — del  moro  llamado  Hamete?; 

¿Quieres  que  me  vaya  al  mar — -y  las  olas  atropelle? 

¿Quieres  que  me  suba  al  cielo— y  las  estrellas  te  cuente, 

y  te  ponga  á  tí  en  la  mano — aquella  más  reluciente?» 

La  estrella  sale  de  Venus— al  tiempo  que  el  sol  se  pane, 

y  la  enemiga  del  día — su  negro  manto  descoge  (1). 


22. 

Ejucas  Barroso. 

Allá  va  Lucas  Barroso, — baquero  de  gallardía; 
lleva  las  bacas  cansadas  —de  subir  cuestas  arriba, 
de  pelear  con  los  moros— dos  ó  tres  beses  ar  día, 
una  bes  por  la  mañana, — otra  bes  ar  medio  día, 
y  otra  bes  ayá  á  la  tarde, — cuando  er  sor  se  trasponía. 
— Suba,  suba,  mi  ganado — por  las  cañadas  arriba, 
que  si  argún  daño  jisiere, — mi  amo  lo  pagaría 

(1)  Publicado  por  D.  Agustín  Durán,  múmero  5i  de  su  Romancero  ge- 
eral,  con  esta  nota. 
*Este  romance,  que  tal  como  está  parece  una  mezcla  inconexa  de  varios 
trozos  de  los  romances  moriscos  impresos,  da  una  idea  de  otros  muchos  que 
con  iguales  circunstancias  se  cantan  tradicionalmente  en  la  Serranía  de 
Ronda  por  los  jóvenes  aldeanos  y  campesinos...  Me  lo  comunicó  el  Señor 
D.  Serafín  Calderón». 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCIA  Y  EXTREMADURA  191 

con  er  mejor  beserriyo— qii*  hubiere  en  la  baquería, 

hijo  der  toro  Pintado — y  la  baca  Girar  Jiya: 

la  crió  Dios  tan  ligera, — que  bolaba,  y  no  corría  (1). 

  (Osuna.) 


23. 

Carmela. 

(Versión  de  la  Puebla  de  Cazalla.) 

Carmela  se  paseaba — por  una  sala  adelante, 
con  los  dolores  de  parto,— qu'  er  corasón  se  le  parte. 
— íAy,  Dios  mío,  quién  tubiera — una  sala  en  aqner  baye 
y  por  compaña  tubiera — á  Jesucristo  y  su  madre! 
La  suegra  que  la  escuchaba— qu'  era  dina  d'  escucharse  (aref) 
— Carmela,  coge  tu  ropa; — hete  á  parí  en  cá  e  tu  madre; 
si  á  la  noche  biene  Pedro, — yo  le  daré  de  sená; 
si  me  pide  ropa  limpia, — yo  le  daré  pá  mudá. — 
A  la  noche  viene  Pedro: — ¿Mi  Carmela,  donde  'stá? 
—Carmela  está  con  su  madre;  —  que  m'  ha  tratado  muy  má; 
que  m'  ha  puesto  de  tunanta — hasta  el  último  linaje. — 
Monta  Pedro  en  su  cabayo— con  su  moso  por  delante; 
á  la  salida  der  pueblo— s'  ha  encontrado  á  la  comadre. 
— Bien  benido  seas,  Pedro; — ya  tenemos  un  infante; 
del  infante  gosaremos; — de  Carmela,  Dios  la  sarbe. 
— Lebántate,  mi  Carmela  — ¿Cómo  quiés  que  me  lebante? 
De  dos  horas  de  parida — no  hay  mujer  que  se  lebante. 
— Lebántate,  mi  Carmela, — no  buerbas  á  replicarme. — 
S'  ha  lebantado  Carmela— con  su  moso  por  delante; 
han  andado  siete  leguas — uno  y  otro  sin  hablarse. 
— ¿Por  qué  no  hablas,  Carmela? — ¿Cómo  quieres  que  te  hable, 
si  los  lomos  der  cabayo — han  bañados  en  mi  sangre? 
— Confiésate,  mi  Carmela;  —  qu'  á  mí  me  confesó  un  padre, 

(1)  De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín. 


492 


LÍRÍCOS  CASTELLANOS 


que  detrás  de  aqueya  ermita  —  hago  intensión  de  matarte. — 
Las  campanas  d'  aquer  pueblo— eyas  solas  se  combaten. 
— ¿Quién  s'  ha  muerto,  quién  s'  ha  muerto? — La  princesa  de 

[Olibares. 

— No  s'  ha  muerto,  no  s'  ha  muerto; — que  1'  ha  matado  mi 
por  un  farso  testimonio— qu'  han  solido  lebantarle.  [padre, 
Una  agüela  que  yo  tengo,— rebiente  por  los  hi jares. 
— M'  espanta  qu'  hable  este  niño— tan  chiquito  y  de  pañales  (1). 

(De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín. 


24. 

I^a  Aparición. 

(Variante  de  Osuna.) 

— ¿Dónde  ba  usté,  cabayero? — ¿Dónde  ba  usté  por  ahí? 
— Boy  en  busca  de  mi  esposa— que  hace  años  que  la  bi. 
— Su  esposa  de  usté  s'  ha  muerto— y  yo  la  bidé  enterrar; 
las  señales  que  yebaba — yo  se  las  puedo  explicá. 
La  cara  era  de  sera  —y  los  dientes  de  marfí, 
y  er  pañuelo  que  yebaba— era  rico  carmesí; 
la  yebaban  cuatro  duques, — cabayeros  más  de  mí. 
— Haya  muerto  ó  no  haya  muerto,  —  á  su  casa  m'  he  de  ir. — 
Ar  subir  las  escaleras — una  sombra  bidé  ayí; 
mientras  más  me  retiraba,— más  s'  acercaba  hasia  mí. 
— Siéntese  usté,  cabayero; — no  te  asustes  tú  de  mí, 
que  soy  tu  querida  esposa, — que  base  un  año  que  morí. 
Los  brasos  que  te  abrasaban — á  la  tierra  se  los  di; 
la  boca  que  te  besaba — los  gusanos  dieron  fin. 
— Cásate,  buen  cabayero, — cásate  y  no  andes  así; 

(1)  Compárese  con  los  romances  de  Doña  Arbola  y  Marhella  (núme- 
ros 31  y  32j. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  193 


la  primer  hija  que  tengas  — ponle  Rosa  como  á  mí, 

pá  cuando  á  llamarla  fueras, —  que  te  acuerdes  tú  de  mí  (1). 

(De  la  colección  de  Rodríguez  Mari», 
que  le  recogió  en  1880.) 


25. 

C^anción  de  una  gentil  dama  y  un  rústico 
pastor. 

— Pastor,  que  estás  en  el  campo, — de  amores  tan  retirado, 
yo  te  vengo  á  proponer— si  quisieres  ser  casado. 
— Yo  no  quiero  ser  casado, — responde  el  villano  vil: 
tengo  el  ganado  en  la  sierra: — á  Dios,  que  me  quiero  ir. 
— Tú  que  estás  acostumbrado  —  á  ponerte  esos  sajones; 
si  te  casaras  conmigo — te  pusieras  pantalones. 
— No  quiero  tus  pantalones, — responde  el  villano  vil: 
tengo  el  ganado  en  la  sierra:— á  Dios,  que  me  quiero  ir. 
— Tú,  que  estás  acostumbrado— á  ponerte  chamarreta; 
si  te  casaras  conmigo, — te  pondrías  tu  chaqueta. 
— Yo  no  quiero  tu  chaqueta, — responde  el  villano  vil: 
tengo  el  ganado  en  la  sierra: — á  Dios,  que  me  quiero  ir. 
— Tú,  que  estás  acostumbrado —á  comer  pan  de  centeno; 
si  te  casaras  conmigo, — lo  comieras  blanco  y  bueno. 
— Yo  no  quiero  tu  pan  blanco, — responde  el  villano  vil: 
tengo  el  ganado  en  la  sierra  :  — á  Dios,  que  me  quiero  ir. 
— Tú  que  estás  acostumbrado — á  dormir  entre  granzones; 
si  te  casaras  conmigo, — durmieras  en  mis  colchones. 
— Yo  no  quiero  tus  colchones, — responde  el  villano  vil; 
tengo  el  ganado  en  la  sierra: — á  Dios,  que  me  quiero  ir, 
— Si  te  casaras  conmigo, — mi  padre  te  diera  un  coche, 
para  que  vengas  á  verme —los  sábados  por  la  noche. 
— Yo  no  quiero  ir  en  coche, — responde  el  villano  vil: 

(!)   Uompárese  coa  el  romance  asturiano  ndm.  53. 

Tomo  X.  13 


194 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


tengo  el  ganado  en  la  sierra: — á  Dios,  que  me  quiero  ir. 
— Te  he  de  poner  una  fuente — con  cuatro  caños  dorados^ 
para  que  vayas  á  ella— -á  dar  agua  á  tu  ganado. 
— Yo  no  quiero  tu  gran  fuente, — responde  el  villano  vil: 
ni  mujer  tan  amorosa — no  quiero  yo  para  mí  (1). 


.  ftj£t  Iiifaiitieida.— I 

(Versión  de  G  u  a  dale  anal .) 

Est'  era  un  probé  mansebo — casao  con  una  dama, 
que  lo  cuar  tenía  un  hijo— que  de  esta  cuenta  le  daba. 
— Padre,  mir'  usté  qu'  han  bisto — qu'  el  arféres  entra  en  casB. 
y  s'  acuesta  con  mi  madre— entre  sábanas  d'  holanda. — 
Er  padre  no  jiso  caso— de  lo  qu'  er  niño  declara. 
La  madre,  de  que  oyó  esto — bibito  lo  degoyaba; 
la  carne  la  echó  en  adobo, — la  cabesa  la  salaba, 
la  lengüita  entre  dos  platos— al  arféres  se  la  manda. 
17  arféres  la  conosió— y  á  los  perros  se  la  echaba; 
los  perros  son  tan  humirdes, — del  suelo  no  la  alebantan.. 
De  r  asaura  der  niño— ha  jecho  una  gran  fritada, 
pá  cuando  biniera  er  padre — tenérsela  preparada. 
Apartándola  der  fuego,— er  padre  á  la  puerta  yama, 

(1)  Es  derivación  popular  del  núm.  145  de  la  Primavera  : 

Estase  la  gentil  dama-  paseando  en  su  vergel, 

y  del  villancico  que  glosó  Alonso  de  Alcaudete : 

Llamábalo  la  doncella, 
y  dijo  el  vil : 
al  ganado  tengo  de  ir. 

Publicó  esta  variante  andaluza  Fernán  Caballero  en  su  cuento  iPohrt 
Dolores!  (Madrid,  1857,  pp.  210-211).  Otra  lección  menos  completa  ha  re- 
cogido en  Sevilla  Rodríguez  Marín. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  195 

procurando  por  su  hijo —querido  de  sus  entrañas. 

t)oña  Inés  le  respondió, — le  respondió  sin  tardansa  : 

— Como  chiquito  y  pequeño — en  los  mandaos  se  tarda. — 

Al  echar  la  bendisión, — er  niño  en  el  plato  habla: 

— Padre,  no  comas  tú  eso,— que  comes  de  tus  entrañas; 

que  esta  madre  que  yo  tengo — merecía  degollarla 

con  un  cuchiyo  d'  acero — que  le  traspasara  '1  arma. — 

Doña  Inés,  de  que  oyó  esto,—  en  u^  cuarto  s*  enserraba. 

yamando  ar  demonio  á  boses, — que  biniera  por  su  arma. 

— Doña  Inés,  ¿qué  tiene  usté?  —  ¿Qué  tiene  que  tanto  yama? 

— Que  me  quites  d'  este  mundo— y  me  lleves  á  tu  casa. 

(Torre,  Folk-Lore  Giiadalcanalense ,  pp.  69-71.) 


27. 

Eia  Infanticida* — II 

(Versión  de  la  Puebla  de  Cazalla.) 

Un  padre  tenía  un  hijo — y  le  cuenta  lo  que  pasa : 
— Escucha,  padre  querido,— escucha,  padre  del  arma,  [castx 

 — que  la  fiera  (sic)  ha  entrado  en 

y  se  ha  acostado  con  madre — en  su  regalada  cama, — 
El  padre  no  se  hacía  caso— de  lo  que  el  niño  le  hablaba; 
se  le  ha  ofrecido  un  viaje— de  Cádiz  para  Granada, 
por  una  poca  de  seda — de  aquella  más  encarnada. 
Mientras  qu'  er  padre  fué  y  bino — ar  niño  lo  degoyaba, 
con  un  cuchiyo  de  asero — que  le  traspasaba  el  arma, 
y  le  sacaba  la  lengua — y  á  los  perros  se  la  echaba; 
los  perros  son  tan  humirdes,— der  suelo  no  la  lebantan. 
De  las  entrañas  der  niño — hiso  una  gran  casolada, 
pá  cuando  biniera  er  padre— el  lunes  por  la  mañana. 
Al  otro  día  temprano— er  padre  á  la  puerta  yama, 
lo  primero  que  pregunta — por  su  hijo  de  su  arma. 


<96 


LIRICOS  CASTELLANOS 


—Siéntate,  Francisco,  y  come,— que  er  niño  en  la  caye  anda 

y  como  es  tan  pequeñito, — en  los  mandados  se  tarda. 

Echando  la  bendisión,— la  carne  en  er  plato  habla. 

— Detente,  detente,  padre,— que  comes  de  tus  entrañas; 

que  esta  madre  que  yo  tengo— meresía  degoyarla 

con  un  cuchillo  de  asero — que  le  traspasara  el  arma. — 

Oyendo  la  madre  esto — se  ha  enserrado  en  una  sala, 

yamando  ar  demonio  á  boses— que  la  saque  de  su  casa. 

Er  demonio  es  tan  astuto— que  tras  de  la  puerta  estaba: 

¿Qué  quieres,  mujer  de  bien, — que  tan  aprisa  me  yamas? 

— Que  me  agarres  por  los  pelos — y  me  arrastres  por  la  sala 

y  me  yebes  al  infierno, — que  ayí  penará  mi  arma. 

La  ha  agarrado  por  los  pelos, — 1'  ha  arrastrado  por  la  sala, 

cuando  bino  la  justisia— se  jayó  aún  cuerpo  y  arma; 

en  una  sarta  e  pimientos— donde  eya  se  recreaba, 

en  una  siyita  chica — donde  er  niño  se  sentaba  (1). 


Altamare  (famar). 

Er  rey  moro  tenía  un  hijo — que  Taquino  le  yamaban; 
s'  enamoró  de  Artamare — qu'  era  su  querida  hermana, 
Biendo  que  no  podía  ser, — malito  cayó  en  la  cama, 
y  fué  er  padre  á  bisitarlo— un  lunes  por  la  mañana. 

(1)  De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín. 
Este  bárbaro  romance,  que  recuerda  con  circunstancias  todavía  más 
atroces  la  cena  de  Tiestes,  pertenece,  en  opinión  de  algunos,  á  la  categoría 
de  los  mitos  solares,  como  el  de  Osiris.  Idéntico  sentido  tiene  el  cuento 
popular  de  Ursuleta,  del  cual  se  han  publicado  variantes  recogidas  en  el 
Mediodía  de  Francia,  en  Escocia  y  en  Alemania,  y  una  española,  de  üUde- 
cona  (provincia  de  Tarragona)  transcrita  y  doctamente  analizada  por  el 
profesor  D.  Manuel  Sales  Ferré  en  El  Folk-Lore  Andaluz  (1882).  Véase 
también  el  libro  de  Husson  La  Chame  Traditionnellc  (París,  1874,  pági- 
nas 19  y  20). 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  197 


— ¿Qué  tienes,  hijo  Taquino?— ¿Qué  tienes,  hijo  del  arma? 
— [Mi]  padre,  una  calentura — que  me  ha  traspasado  el  arma. 
— ¿Quieres  que  te  guise  un  bicho — d'  esos  que  se  crían  en  casa? 
—Guísemelo  usté,  mi  padre; — que  me  lo  traiga  mi  hermana; 
y  si  mi  hermana  biniere, — benga  sola  y  sin  compaña. — 
[Y]  como  era  en  berano — 1'  ha  mandado  en  naguas  blancas. 
Apenas  1'  ha  bisto  entrar, — como  un  león  se  le  abansa; 
r  h'  agarrado  de  la  mano— y  la  echó  sobre  la  cama; 
gosó  d'  este  hermoso  lirio— y  d'  esta  rosa  temprana. 
— Benga  castigo  der  sielo — ya  qu'  en  la  tierra  no  hay(ga). 
— Que  castiguen  á  mi  padre, — qu'e'  'r  que  ha  tenido  lacausa(l). 

(Osuna,) 

29. 

El  Ciego. 

Huyendo  del  fiero  Herodes — que  al  niño  quiere  perder, 
hacia  Egipto  se  encaminan — María,  su  hijo  y  José. 
En  medio  de  aquel  camino— pidió  el  niño  de  beber. 
— No  pidas,  agua,  mi  niño, — no  pidas  agua,  mi  bien, 
que  los  ríos  vienen  turbios — y  no  se  pueden  beber. 
Andemos  más  adelante — que  hay  un  verde  naranjél, 
y  es  un  ciego  que  lo  guarda,— es  un  ciego  que  no  ve. 
— Ciego,  dame  una  naranja — para  callará  Manuel. 

(1)  Publicado  por  Rodríguez  Marín  en  el  Boletín  Folklórico  Español- 
Es  el  único  romance  popular  que  conozco  sobre  asuntos  del  Testamento 
Viejo  (II,  Samuel,  XIIl,  1-15).  Puede  ser  obra  de  algún  judío  ó  morisco, 
como  parece  indicarlo  la  anteposición  del  artículo  Al  al  nombre  de  Ta\ 
mar.  La  sustituci 'n  de  Anión  por  Taquino  ó  Tarquino  (¿el  forzador  de  la 
romana  Lucrecia?)  es  un  caso  de  contaminación  muy  singular  entre  dos 
temas  poéticos  :  uno  de  Oriente  y  otro  de  Occidente.  Ya  hemos  visto  que 
el  nombre  de  Tarquino  (en  Asturias  Turquillo)  sustituye  también  al  de 
Tereo  en  los  romances  de  Blanca  Flor  y  Filomena.  Existe  en  Andalucía 
la  comparación  vulgar  Más  malo  que  Taquino  (vid-  Rodríguez  Marín,, 
Quinientas  comparaciones  andaluzas.  Osuna,  1884,  núm.  286j. 


498 


LIRICOS  CASTELLANOS 


—Coja  usted  las  que  usted  quiera— que  toditas  son  de  usted. 

— La  Virgen  como  es  tan  buena— no  ha  cogido  más  que  tres: 

una  se  la  dió  á  su  niño, — y  otra  se  la  dió  á  José, 

otra  se  quedó  en  la  mano — para  la  Virgen  oler. 

Saliendo  por  el  vallado— el  ciego  comenzó  á  ver. 

— ¿Quién  ha  sido  esta  Señora— que  me  ha  hecho  tanto  bien? 

será  la  Virgen  María— que  al  que  es  ciego  le  hace  ver  (1). 


30. 

üianta  Catalina*— I 

(Versión  de  Osuna.) 

Por  las  barandas  der  cielo — se  pasea  una  sagala 
bestida  de  azur  y  blanco — que  Catalina  se  yama. 
Su  padre  era  un  rey  moro, — su  madre  una  renegada; 
todos  los  días  qu'  amanece — su  padre  la  castigaba. 
— No  me  castigue  usté,  padre,  —que  con  Cristo  estoy  casada. — 
Mandó  haser  una  rueda— de  cuchiyos  y  nabajas; 
estando  la  rueda  en  punto— un  marinero  bogaba. 
— ¿Qué  me  das,  marinerito, — y  te  saco  de  esas  aguas? 
— Te  doy  mis  tres  nabíos — yenitos  d'  oro  y  de  plata. 
— No  quiero  tus  tres  nabíos — yenitos  d'  oro  y  de  plata; 
lo  que  quiero  es  que  en  muriendo  — á  mí  m'  entregues  el  arma. 
- — El  arma  es  para  mi  Dios, —  que  la  tiene  bien  ganada, 
y  er  cuerpo  para  los  peses— qu'  están  debajo  del  agua; 
los  guesos  pá  'r  campanero — que  repica  las  campanas  (2). 

(1)  Cuentos  y  p  oebías  populares  andaluces  coleccionados  por  Fernán 
Caballero.  Sevilla,  1859,  pp.  421-22. 

En  la  misma  colección  se  hallan  otros  romances  piadosos  La  Pastora 
dé  Belén,  El  Nacimiento  de  Diosy  El  Niño  perdido,  que  no  reproduzco 
por  no  encontrar  en  ellos  el  genuino  carácter  de  la  poes'a  popular,  aunque 
5Í  algunos  rasgos  de  ella.  Pertenecen,  como  otros  muchos  versos  devotos, 
al  género  de  la  poesía  artística  popularizada. 

(2)  De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín. 


ROMANCES  TRAD.  DE  ANDALUCÍA  Y  EXTREMADURA  499 


31. 

üfanta  Catalina*  —II 

Por  la  baranda  del  cielo— se  pasea  una  zagala, 
vestida  de  azul  y  blanco,— que  Catalina  se  llama. 
.*Su  padre  era  un  perro  moro, — su  madre  una  renegada; 
todos  los  días  del  mundo— el  padre  la  castigaba. 
Mandó  hacer  una  rueda — de  cuchillos  y  navajas, 
para  pasarse  por  ella — y  morir  crucificada. 
Y  bajó  un  ángel  del  cielo — con  su  corona  y  su  palma 
y  le  dice:  —Catalina, — toma  esta  corona  y  palma 
y  vente  conmigo  al  cielo — que  Jesucristo  te  llama. 
Subió  Catalina  al  cielo— como  una  buena  cristiana.  ^ 
A  eso  del  mismo  punto— ha  caído  una  borrasca 
llena  de  aires  y  centellas— que  al  mundo  atemorizaban; 
los  marineros  del  mar — de  pecho  se  van  al  agua.  ' 
— ¿Qué  me  das  marinerito — porque  te  saque  del  agua? 
— Te  doy  mis  tres  navios— cargados  de  oro  y  de  plata, 
y  mi  mujer  que  te  sirva— y  mi  hija  por  esclava. 
— No  quiero  tus  tres  navios  -  ni  tu  oro  ni  tu  plata; 
ni  tu  mujer  que  me  sirva — ni  tu  hija  por  esclava:  [alma, 
lo  que  quiero  es  que  en  muriendo  —  que  me  se  entregues  el 
— El  alma  es  para  mi  Dios— que  se  la  tengo  mandada, 
y  lo  demás  que  me  queda — pa  la  Virgen  soberana. 
Santa  Catalina— cabellos  de  oro, 
mataste  á  tu  padre— porque  era  moro. 
Santa  Catalina, — cabellos  de  plata, 
mataste  á  tu  madre— porque  era  falsa  (1). 

(1)  De  la  colección  manuscrita  de  Rodríguez  Marín.  Compárese  con  el 
romance  asturiano  de  El  marinero  {n\xm.  57)  y  con  los  romances  portu- 
gueses de  La  Ñau  Catherineta. 


200 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


32. 

El  mendigo. 

Un  labrado  mny  piadoso, — tres  horas  antes  der  día^ 
caminaba,  caminaba, — aonde  su  apero  tenía. 
Ayí  se  le  puso  er  só,— á  su  casa  se  gorbía, 
y  en  er  camino  encontró—  un  probé  que  le  decía 
que  si  quería  recogerlo, — que  Dios  se  lo  pagaría. 
Le  daría  de  cená;— de  tres  mantas  que  tenía 

,   .—la  mejó  1'  escogería. 

A  eso  de  la  media  noche —  

se  lebantó  er  labrado —  

á  echarle  pienso  á  la  muía, — á  be  si  er  pobre  dormía. 
S'  encontró  con  Jesucristo;— la  crus  por  cama  tenía; 

le  contestó  er  labradó:  —  

Si  yo  lo  hubiera  sabio  -  la  compaña  que  tenía, 
hubiera  puesto  una  cama — de  oro  y  de  prata  fina. 
Te  imprometo,  labradó, — pan  para  toda  tu  bida, 
y  á  ^  hora  de  tu  muerte— tendrás  la  groria  cumprida(l). 

(1)  Es  variante  fragmentaria  del  romance  asturiano  núm.  26.  Oída  por 
Rodríguez  Marín  á  un  mendigo  de  Alameda  (Málaga),  que  la  solía  recitar 
pidiendo  limosna,  si  bien  prefería  por  más  corto  el  romancillo  que  empieza 

A  tu  puerta  llega  un  pobre. 


/ 


SECCIÓN  TERCERA 


ROMANCES  TRADICIOMLES  DE  VARIAS  PROVINCIAS 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS 


I.  Fuera  de  Asturias,  de  Andalucía,  de  Portugal  y  de 
Cataluña,  existen  también  romances  tradicionales,  y  puede 
asegurarse  sin  recelo  de  equivocación,  que  en  ninguna  pro- 
vincia de  España  faltan,  aunque  no  todas  hayan  sido  ex- 
ploradas. Las  especies  sueltas  que  vamos  á  consignar  no 
llevan  más  propósito  que  el  modestísimo  de  llamar  la  aten- 
ción de  los  eruditos  locales  sobre  estos  filones  que  ellos 
pueden  beneficiar  mejor  que  yo,  pues  confieso  que  no  so}'' 
Jolk-lorista  de  profesión,  y  que  la  poesía  popular  me  inte- 
resa principalmente  por  lo  que  tiene  de  poesía,  ni  más  ni 
menoS'que  me  acontece  con  la  poesía  artística  y  erudita, 
que  vale  para  mí  más  ó  menos,  no  en  consideración  á  su 
valor  social  é  histórico,  sino  en  relación  á  su  valor  estéti- 
co. Si  esto  es  error  ó  falta  de  criterio  científico,  confesado 
está  desde  luego,  y  la  sinceridad  me  salve. 

Por  espíritu  de  mal  entendido  regionalismo,  han  llega- 
do doctos  é  ingeniosos  escritores  (1)  á  negar  en  términos 

n)  Así  D.  Manuel  Murguia  en  su  Historia  de  Galicia{Lugo,  1865), 
tomo  I,  p.  256: 

Aquí  en  este  país,  en  donde  abundan  las  leyendas...  puede  de- 
soírse que  carecemcs  del  verdadero  romancey  como  si  se  quisiese  de- 
»cir  de  esta  manera  que  á  nuestro  pueblo  algo  de  jyrofundo  é  insw 
operable  le  separa  del  resto  de  la' nación...  Casi  podemos  asegurar 
*que  no  se  conoce  en  Galicia  el  romance...  Parece  que  hacia  la  parte 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


])oco  menos  que  absolutos  la  existencia  de  romances  en 
Galicia;  como  si  fuera  timbre  de  gloria  para  ningún  pue- 
blo de  nuestra  península  el  carecer  de  un  género  tan  po- 
pular y  tan  hermoso.  Tal  afirmación  podía  negarse  á  priori 
por  el  solo  hecho  de  estar  colocada  Galicia  entre  dos  re~ 
giones  afines,  Asturias  y  Portugal,  que  son  cabalmente  las 
que  mayor  número  de  romances  poseen  y  las  que  mejor  los 
han  conservado.  Pero  afortunadamente  hay  pruebas  di- 
rectas de  la  existencia  en  Galicia  de  romances  gallegos,  y 
también  de  romances  castellanos.  Y  para  que  se  entienda 
que  hablamos  de  verdaderos  romances,  es  decir,  de  roman- 
ces octosilábicos,  prescindiremos  de  los  romancillos  ó  já- 
caras en  versos  de  seis  sílabas,  como  el  del  Ciego  y  el  de 
Sancta  Irena,  publicados  por  Murguía  (1)  y  de  los  cuales 
existen  también  variantes  portuguesas. 

Don  Manuel  Milá  y  Pontanals,  en  su  importante  estu- 
dio De  la  poesía  popular  gallega  (inserto  en  la  Romanía^ 
de  París,  tomo  VI,  1877,  y  reproducido  en  el  tomo  V  de 
sus  Obras  completas,  1893,  pp.  363-399),  dió  á  conocer 
una  variante  en  gallego  del  romance  del  Conde  Alarcos^ 
llamado  aquí  el  Conde  de  Algalia 

Indo  doña  Sil  vela— por  un  corredor  arriba, 
-  tocando  n-unha  vigüela— n'  a  calle  de'  a  Figuría... 

y  además  fragmentos  del  romance  de  la  adúltera  castiga- 
da, del  de  la  aparición,  y  del  burlesco  de  Don  Gato,  del  cual 

»de  Asturias,  en  Rivadeo  y  Vega  de  Castropol,  se  conservan  algu  ; 
»nos  escritos  en  una  de  esas  variedades  del  gallego,  natural  á  núes-  i 
ji>tros  pueblos  fronterizos...  Nosotros  podemos  decir  que  á  pesar  del  , 
agrande  empeño  que  en  ello  hemos  puesto,  nos  ha  sido  imposible> 
2» adquirir  en  gallego  un  romance  de  regulares  dimensiones  » 

(1)  Ibidem,  pp.  257  y  579.  D.  Manuel  Milá  publicó  otra  versión  en 
©1  trabajo  que  mencionaré  inmediatamente. 


ROMANCES  TRADIGíONALES  DE  VARIAS  PROVINGíAS  205 

se  conoce  también  una  variante  andaluza  publicada  por 
Fernán  Caballero.  En  uno  de  estos  romances  se  ponen  en 
boca  de  la  adúltera  algunos  versos  enteramente  castella- 
nos, que  en  opinión  de  Milá  «son  de  un  poeta  malicioso  y 
»no  enteramente  lego» : 

¡Quién  te  me  diera,  marido  -  tendido  en  aquella  sala, 
con  las  piernas  amarillas, — la  cara  desfigurada, 
y  yo  vestida  de  luto, — llorando  de  mala  gana, 
y  los  vecinos  que  digan ahí  llora  la  cautivada», 
y  los  curas  á  la  puerta — diciendo  «que  salga,  salga»! 

Trae  también  Milá  dos  romances  castellanos  de  asunto 
religioso,  recogidos  de  la  tradición  oral  en  Galicia : 

I 

Caminando  va  José — caminando  va  María, 
caminan  para  Belén— para  llegar  con  el  día. 
Cuando  llegan  á  Belén — toda  la  gente  dormía. 
— Abre  las  puertas,  portero, — portero,  de  portería. 
Abre  las  puertas,  portero, —  á  José,  amáis  á  María. — 
— Estas  puertas  no  se  abren— en  cuanto  no  viene  el  día. — 
Cuando  fué  la  media  noche — la  Virgen  parida  sia, 
con  su  niño  en  los  brazos — lloraba  cuando  podía; 
-echó  mano  á  los  cabellos— á  un  lienzo  que  tenía, 
lo  puso  en  tres  pedazos  —y  al  niño  envolvió  María, 
vienen  ángeles  del  cielo, — ricos  pañuelos  traían. 
Los  unos  eran  de  lino, — otros  de  la  lana /¿a, 
luevo  volvieron  á  ir— cantando  el  Ave  María. 

II 

Era  la  hija  de  un  rey  moro — que  otra  hija  no  tenía, 
rezaba  cinco  rosarios, — todos  cinco  era  en  un  día. 
Uno  era  por  la  mañana— y  otros  dos  al  mediodía, 
y  dos  en  la  media  noche — cuando  su  padre  dormía. 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Cuando  rezaba  el  rosario — vino  la  Virgen  María : 
— ¿Qué  haces  aquí,  mi  devota, — qué  haces,  devota  mía? 
— Estoy  rezando  el  rosario— que  ofrecéroslo  quería. — 
— Si  tú  quisieres  ser  monja — ser  monja  de  monjería, 
¿ó  quieres  subir  al  cielo  — con  tan  buena  compañía? 
— Que  yo  no  quiero  ser  monja, — tampoco  de  monjería; 
que  quiero  subir  al  cielo — con  tan  buena  compañía. 

Del  primero  de  estos  romances  hay  también  versión 
gallega,  más  completa  al  principio,  más  truncada  al  fin, 
publicado  por  el  docto  portugués  Adolfo  Coelho  en  lai2o- 
mania  (1873,  p.  270),  juntamente  con  otro  romance  de  A 
morte  de  Xesus: 

Juebes  santo,  juebes  santo— tres  días  antes  de  Pascoa» 

Apoyado  en  estos  retazos,  y  en  la  noticia  de  otros,  y  en 
la  persistencia  del  metro  en  poesías  vulgares  de  época  mo- 
derna, escribió  Milá  estas  palabras  tan  discretas  y  pru- 
dentes como  todas  las  suyas;  «Si  juzgamos  por  las  mues- 
»tras  que  hemos  reunido,  no  abundan  los  romances  en 
» Galicia;  mas  no  por  esto  admitimos  que  haya  en  ese  pue- 
»blo  una  repugnancia  innata  hacia  un  género  tan  natural 
»y  difundido.  Acaso  se  introdujeron  ó  se  compusieron  en 
» Galicia  en  menor  número  que  en  Portugal  y  en  Asturias; 
»pero  basta  para  explicar  la  actual  carestía  la  decadencia 
»del  espíritu  tradicional  y  la  mayor  afición  á  otros  géne- 
»ros  más  enlazados  con  la  música  y  la  danza». 

Desde  1877,  fecha  de  este  escrito  de  Milá,  su  demos- 
tración ha  sido  confirmada  por  nuevos  datos,  á  tenor  de 
los  cuales  parece  imposible  negar  la  existencia  en  Galicia 
de  un  romancero  muy  copioso,  aunque  todavía  inédito  en 
su  mayor  parte.  La  Sociedad  de  El  Folk-lore  gallego,  esta- 
blecida en  la  Coruña  en  1883,  publicó  dos  años  despué.^ 
un  interesante  Cuestionario,  donde  se  da  un  extenso  ca- 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  207 

tálogo  de  romances  que  al  parecer  se  cantan  todavía,  si 
bien  algunos  de  ellos  quizá  estén  propuestos  como  meros 
temas  de  investigación,  sugeridos  por  las  colecciones  por- 
tuguesas. Reproduciré  esta  lista,  porque  el  folleto  en  que 
está  impreso  (1)  ha  circulado  muy  poco,  como  todas  las- 
publicaciones  de  su  género.  Conservo  la  numeración  del 
Cuestionario,  que  acaso  envuelva  un  sistema  de  clasifica- 
ción, aunque  sus  fundamentos  no  se  expresan : 

«95.  Romances  tradicionales.  Versiones  locales  délos 
de  Alhuela,  Sylvaniña,  Guirinelda,  O  Segador j  O  conde  Yano, 
O  Duque  cegó,  O  Conde  Nilo,  Bu  fina  hermosa. 

»96.  Idem  de  los  de  A  Bella  Infanta,  O  Cazador,  A 
Enfeitizada,  O  Conde  d'  Alemana,  Albaniña,  Don  Aleixo, 
Noite  de  San  Joan,  Bernal-Francés,  Reginaldo,  Doña  Ausen- 
da,  Reina  e  captiva,  Don  Claros,  Claralinda,  Don  Beltrán, 
Don  Gaiferos,  Justiza  de  Deus, 

»97.  Id.  de  los  de  A  Romeira,  A  Pelegrina,  Don  Joan, 
A  Morena,  Doncela  que  vai  á  guerra,  O  captivo,  A  ñau  Ca- 
trineta,  A  Noiva  rayana,  Doña  Guiomar,  Don  Duardos, 
Avalor,  Marcelino,  O  ¡ai!  da  mal  casadd,  O  Corddo  d'ouro, 
Gerineldo,  Rosalinda,  Miragaya,  Soldadim, 

»98.  Id.  de  los  de  O  gato  do  convento,  A  Nena  de  quin- 
ce anos,  Gran  Torpinos,  A  Flor  da  auga,  O  Férvellas,  O 
Ceo  en  aracos,  Martín-Conde,  ¡Quén  fora  galgo!,  Testamen- 
to do  Rey  de  Francia,  etc. 

»99.  Música  con  que  algunos  de  estos  romances  y  otros 
se  recitan. 

» 100.    Romances  religiosos,  versiones  locales  de  los  de 

(1)  Cuestionario  del  Fulk-Lore  Gallego  establecido  en  la  Coruña  el 
dia,  29  de  Diciembre  de  IbSB.  Madrid,  E,.  Fe,  1885.  Fueron  redactorest 
de  este  decumento,  según  al  fin  de  él  consta,  D.  Cándido  Salinas^ 
D.  Antonio  de  la  Iglesia  y  D.  Francisco  de  la  Iglesia. 


208 


LíRrCOS  CASTELLANOS 


O  Nadales,  O  Anibon,  Os  bos  Beis,  A  fúgida,  A  Pasión, 
O  Calvar  o.  Por  los  caminos  del  cielo,  Santa  Catalina,  etc., 
y  música  usada  con  cada  uno  en  la  localidad. 

»101.  Romances  jocosos.  Versiones  locales  de  los  de 
O  sin  ver  que  7i  andaba,  O  Xastre  da  Lomba,  O  Testamen- 
io  do  Gato,  O  Testamento  do  Galo,  O  Testamento  do  An- 
troido,  etc. 

»102.  Romances  infantiles.  Versiones  locales  de  los 
«de  Cántáron  o  Mayo,  De  Francia  vengo,  señora,  etc.,  y  su 
música. » 

De  toda  esta  riqueza  hemos  visto  hasta  ahora  muy  po- 
€as  muestras.  En  el  Cancionero  popular  gallego  de  Pérez 
Ballesteros  (1),  sólo  se  inserta,  además  de  los  recogidos 
por  Milá,  una  variante  muy  curiosa  de  Doña  Arbola  (aquí 
Doña  Albuela),  cuyo  hijo  conserva  algo  alterado  el  nombre 
de  Don  Bueso  (Don  Berso) : 

¡Quién  me  dera  estar  agora — no  palacio  de  meu  pai... 

Don  Berso  é  calador,— no  monte  val  á  cazar, 
cando  don  Berso  viñer— ¿quién  lie  porá  de  xantar? 


En  publicaciones  periódicas  se  habrán  impreso,  sin  duda, 
otros,  pero  no  hemos  llevado  más  adelante  la  indagación, 
porque  las  versiones  dialectales  no  entran  por  ahora  en 
nuestro  plan  más  que  á  título  de  comparación.  Y  cierta- 
mente que  ha  de  presentar  muchas  el  romancero  de  Gali- 
<íia,  si  alguna  vez  llega  á  imprimirse,  porque  es  el  eslabón 
que  falta  entre  el  castellano  y  el  portugués. 

II.    Completamente  afines  á  los  romances  asturianos 

(1)  Cancionero  popular  gaUego^  y  en  particular  de  la  provincia 
de  La  Corana^  por  D.  José  Pérez  Ballesteros.  Madrid,  R.  Fe,  1883. 
Tomo  III,  pp.  255-269. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  209 

•son  los  que  se  cantan  en  la  vecina  Montaña  de  León  y  en 
la  de  Burgos  (actual  provincia  de  Santander).  De  la  pri- 
mera proceden  los  dos  interesantísimos  romances  que  por 
primera  vez  se  imprimen  á  continuación,  recogidos  uno  y 
otro  en  sus  excursiones  por  nuestro  generoso  amigo  don 
Juan  Menéndez  Pidal.  El  primero  es  la  única  forma  po- 
pular que  en  España  ha  aparecido  hasta  ahora  de  la  fa- 
mosa y  universal  leyenda  que  dramatizó  Tirso  de  Molina 
en  El  Burlador  de  Sevilla, 


I 

Don  Juan. 

Pa  misa  diba  un  galán — caminito  de  la  Iglesia, 
no  dfba  por  oir  misa— ni  pa  estar  atento  á  ella, 
que  diba  por  ver  las  damas  —las  que  van  guapas  y  frescas. 
En  el  medio  del  camino — encontró  una  calavera, 
mirárala  muy  mirada — y  un  gran  píuntapié  le  diera; 
arregañaba  los  dientes— como  si  .ella  se  riera. 
— Calavera,  yo  te  brindo— esta  noche  á  la  mi  fiesta. 
— No  hagas  burla,  el  caballero;— mi  palabra  doy  por  prenda. — 
£1  galán  todo  aturdido — para  casa  se  volviera. 
Todo  el  día  anduvo  triste— hasta  que  la  noche  llega: 
de  que  la  noche  llegó  —mandó  disponer  la  cena. 
Aún  no  comiera  un  bocado — cuando  pican  á  la  puerta. 
Manda  un  paje  de  los  suyos— que  saliese  á  ver  quién  era. 
— Dile,  criado,  á  tu  amo, — que  si  del  dicho  se  acuerda. 
— Dile  que  sí,  mi  criado, — que  entre  pa  cá  norabuena. — 
Pusiérale  silla  de  oro, — su  cuerpo  seutara  'n  ella; 
pone  de  muchas  comidas — y  de  ninguna  comiera. 
— No  vengo  por  verte  á  tí,— ni  por  comer  de  tu  cena; 
vengo  á  que  vayas  conuiigo  —  á  media  noche  á  la  Iglesia. — 
A  las  doce  de  la  noche— cantan  los  gallos  afuera, 
A  las  doce  de  la  noche— van  camino  de  la  Iglesia. 

Tomo  X.  14 


210 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


En  la  Iglesia  hay  en  el  medio— una  sepultura  abierta. 

— Entra,  entra,  el  caballero, — entra  sin  recelo  n'  ella; 

dormirás  aquí  conmigo,  -  comerás  de  la  mi  cena, 

— Yo  aquí  no  me  metel'é, — no  me  ha  dado  Dios  licencia. 

— Sino  fuera  porque  hay  Dios  —  y  al  nombre  de  Dios  apelas^ 

y  por  ese  relicario — que  sobre  tu  pecho  cuelga, 

aquí  habías  de  entrar  vivo  -  quisieras  ó  no  quisieras. 

Vuélvete  para  tu  casa, — villano  y  de  mala  tierra, 

y  otra  vez  que  encuentres  otra — hácele  la  reverencia, 

y  rézale  un  pater  noster, — y  échala  por  la  huesera; 

así  querrás  que  á  ti  t'  hagan — cuando  vayas  des  ta  tierra  (1), 

II 

líenla. 

En  casa  del  Rey  mi  padre — un  traidor  pide  posada; 
mi  padre,  como  era  noble, — muy  luego  se  la  mandaba. 
De  tres  hijas  que  tenía— le  pidió  la  más  galana; 
pero  él  le  dice  que  no, — que  no  la  tien  pa  casarla, 
que  la  tien  pa  meter  monja — de  la  orden  de  Santa  Clara. 
No  se  la  sacó  por  puertas, — ni  tampoco  por  ventánas; 
la  sacó  por  un  balcón— á  favor  de  una  criada; 
en  ancas  de  su  caballo — llevósela  cautivada. 
En  el  medio  del  camino — el  traidor  le  preguntara: 
— ¿Cómo  te  llamas,  la  niña; — cómo  te  llamas,  la  blanca?... 
— En  casa  del  Rey  mi  padre— doña  Ilenia  me  llamaban, 
hora  por  tierras  ajenas— Ilenia  la  desgraciada. — 
Sacó  un  cuchillo  el  traidor — la  cabeza  la  cortaba, 
la  tira  n  un  pedregal — donde  andaban  cosas  malas; 
della  salió  una  hermitica— muy  blanca  y  muy  dibujada; 
(le  los  cascos,  las  paredes, — la  teja  para  tejarla. 
V'anse  días,  vienen  noches — y  el  traidor  por  allí  pasa. 

(1)  Recitado  por  Josefa  Fernández,  vecina  de  Curueña,  E.iello' 
(León), 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  211 


— Decidme,  los  pastorcillos, — donde  el  ganado  repasta, 
de  quién  es  esa  hermitica— tan  blanca  y  tan  dibujada? 
— Esta  hermitica  es  de  Ilenia,— n'  el  monte  fué  degollada. 
—Si  esta  hermitica  es  de  Ilenia, — vamos  todos  á  adorarla. 
Perdóname  ti'i  Ilenica,--por  ser  el  tu  amor  primero. 
— No  te  perdonaré  yo— ni  tampoco  el  Rey  del  cielo. 
Vete  á  aquel  altar  mayor — y  enciéndeme  un  candelero. — 
Mientras  que  la  vela  ardía— el  traidor  iba  muriendo; 
la  figura  queda  allí,— cuerpo  y  alma  pa  el  infierno  (1). 

De  esta  leyenda  hagiográfica  se  conocen,  además,  una 
versión  gallega  publicada  por  D.  Manuel  Murguia  con  el 
título  de  Romance  de  Santa  Irene,  y  las  siguientes  leccio- 
nes portuguesas : 

a)  Romance  de  Iria  a  Fidálga.  Recogida  en  Santarem 
por  Almeida  Garret  y  publicada  en  sus  Viagens  na  minJia 
térra  (t.  II,  p.  35). 

b)  Santa  Iria,  variante  de  Covilham  (Beira  Baja)  en 
el  Romanceiro  General  de  Teófilo  Braga  (p.  125). 

c)  Sancta  Helena,  variante  del  Miño.  En  Braga  Rom. 
Ger,  (p.  126),  tomada  por  él  con  cierta  desconfianza  de  la 
Revista  Universal  Lisbonense  (III,  329). 

Estos  tres  romances,  lo  mismo  que  el  de  Galicia  y  los 
de  las  islas,  están  en  versos  de  seis  sílabas. 

d)  Dona  Iría,  variante  del  Algarve,  en  el  Rom,  de  Es- 
tacio  da  Veiga  (179-184).  En  octosílabos  como  la  de  León 
y  con  el  mismo  asonante. 

e)  Versión  de  la  isla  de  San  Jorge,  en  los  Cantos  Po- 
pulares do  Árchipelago  Acor  ¿ano  (p.  3G4). 

f)  Estoria  de  Sancta  Irena. — Morte  de  Sancta  Iria,  Dos 
variantes  de  la  isla  de  la  Madera  en  el  Romanceiro  de  Ro- 
drigues de  Azevedo  (17-20).  ^ 

(1)  Recitado  por  Josefa  Fernán<lez,  de  4S  años,  viula,  vecina  de 
Curueña,  Riello  (León},  1HS9. 


212 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


g)  Sancta  Iria,  versión  de  Celorico  de  Basto,  publica- 
da por  C.  Michaelis  en  el  Zeitschrift  filr  romanische  FJii- 
lologie. 

h)  Iria  a  fidalga,  fragmento  de  Río  Janeiro,  en  los 
Cantos  populares  do  Brazil,  de  Sylvio  Romero  (1,  23). 

Es  uno  de  los  pocos  romances  cuyo  origen  portugués 
es  indudable,  puesto  que  se  refiere  á  la  patrona  de  Santa- 
rem,  cuya  leyenda,  tomada  de  un  antiguo  Breviario  de 
Evora,  puede  leerse  en  el  tomo  XIV  de  la  Esparta  Sagrada 
(389-391).  En  las  provincias  de  lengua  castellana  no  pa- 
rece que  está  muy  difundida:  yo  solamente  conozco  esta 
versión  leonesa. 

III.  La  vecindad  de  Asturias,  tan  rica  en  romances, 
y  la  frecuente  emigración  de  los  montañeses  á  Andalucía, 
donde  también  abundan,  induce  á  pensar  que  nuestra  pro- 
vincia no  ha  de  ser  de  las  últimas  en  la  conservación  de 
este  género  de  poesía  popular;  pero  la  verdad  es  que  hasta 
ahora  se  han  publicado  muy  pocas  muestras  de  él  (1).  El 
inmortal  pintor  de  las  escenas  montañesas,  en  uno  de  sus 
más  deliciosos  cuadros  de  género,  en  el  que  se  intitula 
Al  amor  de  los  tizones  (obra  maestra  de  un  realismo  sano, 
alegre  y  poético),  ha  descrito  la  hila  montañesa,  análoga 
á  los  filandones  de  Asturias.  Uno  de  los  entretenimientos 
de  aquellas  rústicas  tertulias  es  la  recitación  de  roman- 

(1)  El  erudito  P.  Sota,  historiador  montañés,  á  quien  ha  desacre- 
ditado su  ciega  adhesión  á  los  falsos  cronicones,  pero  que  en  cosas 
más  modernas  merece  sor  leido  y  estudiado  con  atención,  cita  en  su 
Crónica  de  los  Principes  de  Asturias  y  Cantabria  (Madrid,  1681, 
p.  444),  al  tratar  del  linaje  de  los  Rosales,  el  principio  de  un  roman- 
ce genealógico  que  se  cantaba  en  su  tiempo,  y  que  de  fijo  no  seria 
el  único  de  su  clase  : 

«Y  en  la  Montaña  de  Castilla  la  Vieja,  donde  es  su  primitivo  so- 
»lar,  se  canta  vulgarmente  en  coplas  antiguas^'. 

¿Conocistes  los  Rosales  —  gente  rica  y  principal... 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  213 

ees,  de  los  cuales  Pereda  cita  expresamente  dos,  aunque 
no  da  su  texto;  el  de  Don  Argüeso  (nombre  que  en  la  Mon- 
taña (1)  lleva  Don  Bueso),  y  el  (Je  El  Soldado  que,  á  juz- 
gar por  su  principio,  es  el  tan  conocido  de  la  esposa  infiel: 

Estaba  una  señorita— sentadita  en  su  balcón; 
pasó  por  allí  un  soldado — de  muy  buena  condición...  (2). 

Existe  en  la  Montaña  un  largo  romancillo  petitorio  lla- 
mado de  las  marzas,  que  suelen  cantar  los  mozos  de  los 
pueblos  á  las  puertas  de  las  casas,  y  que  tiene  cierta  ana- 
logia  extraña,  pero  indudable,  con  el  chelidonismos  6  can- 
ción de  la  vuelta  de  las  golondrinas,  que  entonaban  los 
niños  de  Rodas,  y  que  nos  ha  conservado  el  sofista  Ate- 
neo (3).  Son  innumerables  las  variantes  de  este  romance; 
pero  la  más  completa  que  conozco  es  la  siguiente,  recogi- 
da en  el  Puente  de  San  Miguel  por  el  admirable  escritor 

(1)  Argüeso  es  nombre  geográfico  y  también  apellido  antiguo  en 
el  país. 

(2j  Tipos  y  Paisajes^  segunda  serie  de  Escenas  MontañesaSy  por 
D.  José  Maria  de  Pereda.  Madrid,  1871,  p.  367. 

(3)  Véase  la  traducción  del  distinguido  helenista  alavés  D.  Fe- 
derico Baráibar: 

Ven,  golondrina  —  de  blancas  alas, 
ojos  brillantes, — pechuga  blanca. 
Trae  del  buen  tiempo — las  horas  gratas. 
¿Querré  del  fértil — campo  las  plantas? 
A  ella  le  guíitan — tortas  doradas, 
y  vino,  y  queso, — puesto  en  canastas. 
¿Nos  darás  algo,  vecino, — ó  no  vas  á  darnos  nada? 
si  algo  nos  regalas,  bueno, — pero  si  no,  guarda,  guarda. 
Que  nos  hemos  de  llevar— la  puerta  de  tu  morada, 

más  la  mujer  que  tienes  —  y  lo  que  dentro  recatas. 
No  nos  costará  trabajo,  —  que  está  bien  poco  medrada, 
á  ti  quisiera  llevarte, — si  das  cosa  que  lo  valga. 
Abre,  abre  &  la  golondrina  — las  puertas  de  tu  morada, 
Abre,  que  no  son  ancianos, — sino  niños  los  que  llaman. 


214 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


que  se  oculta  con  el  seudónimo  de  Juan  García  (D.  Amos 
de  Escalante) : 

Ni  es  descortesía — ni  es  desobediencia, 
en  casa  de  nobles — cantar  sin  licencia; 
si  nos  dan  licencia, — señor,  cantaremos; 
con  mucha  prudencia — las  marzas  diremos. 
Escuchen  y  atiendan, — nobles  caballeros, 
oirán  las  marzas — compuestas  de  nuevo, 
que  á  cantarlas  vienen— los  lindos  marceros 
en  primera  edad — y  en  sus  años  tiernos, 
como  las  cantaron — sus  padres  y  abuelos, 
y  hacemos  lo  mismo — para  no  ser  menos. 
A  lo  que  venimos, — por  no  ser  molestos, 
no  es  á  traer, — y  así  llevaremos 
de  lo  que  nos  dieren, — torreznos  y  huevos, 
nueces  y  castañas, — y  también  dinero 
para  echar  un  trago,— porque  el  tabernero 
no  nos  acredita  — si  no  lo  tenemos. 
Ni  era  la  mayore — ni  era  la  menore, 
que  era  doña...  (1) — ramito  de  flores, 
y  también  su  esposo — porque  no  se  enoje. 
Salga  doña...  (2) — la  del  pelo  largo. 
Dios  la  dé  buen  mozo — y  muy  bien  portado, 
con  el  cuello  de  oro — y  el  puño  dorado, 
y  también  su  hermano—muchos  años  goce, 
&u  padre  y  su  madre — que  los  arrecogen, 
también  sus  criados — porque  no  se  enojen. 


Con  Dios,  caballero,— hasta  otro  año... 
á  los  generosos — líbrelos  de  daño. 
Angelitos  somos, — del  cielo  venimos, 
bolsillos  traemos, — dinero  pedimos. 

(1)  Aquí  el  nombre  de  la  señora  de  la  casa. 

(2)  Aquí  el  nombre  de  la  señorita. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  215 

Las  marzas  se  recitan  en  ronda  nocturna,  «con  voz  pía- 
»ñidera,  sin  acompañamiento  alguno  y  en  un  ritmo  senci- 
»llo  de  dos  frases,  parecido  al  canto  llano  de  la  liturgia»  (1). 

Las  marzas,  á  pesar  de  su  nombre,  que  es  indicio  claro 
de  su  origen,  no  se  cantan  exclusivamente  en  las  tibias 
noches  del  mes  de  Marzo.  Hay  una  variante  para  la  noche 
-de  Navidad,  que  comienza : 

En  Belén  está  la  Virgen— que  en  un  pesebre  parió, 
parió  un  niño  como  un  oro — relumbrante  como  un  sol... 

y  termina  con  estas  palabra^: 

A  los  de  esta  casa; —Dios  le  dé  victoria, 
en  la  tierra  gracia — y  en  el  cielo  gloria... 

Esta  copleja  tiene  (según  Pereda)  esta  otra  variante, 
que  los  marzantes  suelen  usar  cuando  no  se  les  da  nada,  ó 
<juando  se  los  engaña  con  morcillas  llenas  de  ceniza : 

A  los  de  esta  casa — sólo  les  deseo 
que'sarna  perruna— les  cubra  los  huesos  (2). 

Romances  religiosos,  propiamente  dichos,  conozco  dos, 
publicados  uno  y  otro  por  J uan  García,  el  primero  en  su 
-artículo  La  Montañesa,  el  segundo  en  su  bellísima  novela 
Ave,  Maris  Sfella.  Uno  y  otro  son  análogos  á  otros  que 
hemos  visto  ya  en  Asturias  y  Andalucía.  Dicen  así  estas 
versiones : 

(1)  Costas  y  Montañas  ( Libro  de  un  caminante),  por  Juan  Grarcia. 
Madrid,  1871,  pp.  506-509. 

(2)  Escenas  Montañesas,  Madrid,  1864,  pp .  109-110. 

Análogos  á  los  marzas  son  los  cantares  de  bodas,  de  que  Pereda 
ha  dado  varias  muestras  recogidas  en  Tudanca  (Vid.  Homenaje  á 
M.  P.,  tomo  II  al  fin). 


216 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


I 

La  Virgen  se  está  peinando — debajo  de  una  palmera; 
los  peines  eran  de  plata, — la  cinta  de  primaveras. 
Por  allí  pasó  José;  —le  dice  desta  manera : 
¿Cómo  no  canta  la  Virgen? — ¿Cómo  no  canta  la  bella? 
— ¿Cómo  quieres  que  yo  cante, — sólita  y  en  tierra  ajena, 
si  un  hijo  que  yo  tenía, — más  blanco  que  una  azucena, 
me  lo  están  crucificando— en  una  cruz  de  madera? 
81  me  lo  queréis  bajar, — bajádmelo  en  hora  buena; 
os  ayudará  San  Juan, — y  también  la  Magdalena, 
y  también  Santa  Isabel — que  es  muy  buena  medianera  (1). 

II  / 

El  Ciego» 

Camina  la  Virgen  pura— de  Egipto  para  Belén; 
en  la  mitad  del  camino —el  niño  tenía  sed. 
Allá  arriba,  en  aquel  alto — hay  un  viejo  naranjel: 
un  viejo  le  está  guardando, — ¡qué  diera  ciego  por  ver! 
— Ciego  mío,  ciego  mío, — ¡si  una  naranja  me  dier, 
para  la  sed  de  este  niño — un  poquito  entretener! 
— Ay,  señora,  sí  señora, — tome  ya  las  que  quisier. — 
La  Virgen,  como  era  Virgen,— no  cogía  más  de  tres: 
el  niño,  como  era  niño, — todas  las  quiere  coger. 
Apenas  se  va  la  Virgen — el  ciego  comienza  á  ver. 
¡Quién  ha  sido  esta  señora — que  me  hizo  tal  merced! 
— Ha  sido  la  Virgen  pura, — que  va  de  Egipto  á  Belén  (2). 

(1)  Vid.  La  Tertulia,  rovista  publicada  en  Santander,  en  1876^ 
pp.  82-83. 

(2)  Ave,  Maris  Stella^  historia  montañesa  del  siglo  X  VIJ^  por  Jua» 
García  (Madrid  1877),  p.  429. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  217 

rinalmente,  en  un  modesto,  pero  muy  curioso  opúsculo^ 
publicado  en  1897  por  D.  Ramón  Ortiz  de  la  Torre  y  Fer- 
nández de  Bustamante,  encuentro  una  excelente  versión  de 
Las  Hijas  del  Conde  Flores  (por  otro  nombre  Reina  y  Cauti- 
va) y  fragmentos  de  otros  cuatro  romances,  Délgadina, 
Doña  Arbola,  Gelinos  y  el  Conde,  El  Cautivo,  recogidos  to- 
dos en  el  pueblo  de  Bejorís  (Valle  de  Toranzo).  Bien  pare- 
ce, y  contenta  el  ánimo,  que  del  solar  de  D.  Francisco  de 
Quevedo  hayan  salido  estas  primicias  de  la  poesía  popu- 
lar montañesa. 

I 

Lias  Iiijas  del  Conde  F'lores* 

— Sal  á  cazar,  el  rey  moro, — á  cazar  como  solías; 

y  traerásme  una  cristiana — de  gran  belleza  y  valía. — 

Ya  se  saliera  el  rey  moro— á  las  carreras  salía, 

y  á  la  hija  del  buen  conde — allí  ficiera  cautiva. 

Ya  la  lleva,  ya  la  lleva — camin  de  la  Morería, 

la  hija  del  conde  moro— de  su  esposo  estaba  en  cinta. 

Ya  la  presenta  á  la  reina  — que  hace  muy  grande  alegría. 

— Bien  venida  la  mi  esclava  —  la  gentil  esclava  mía, 

tengo  de  hacer  contigo — lo  que  con  otra  no  haría. 

Tengo  de  darte  las  llaves — de  todo  cuanto  tenía. 

—  No  quiero  tus  llaves,  mora,— tus  llaves  yo  non  quería, 
pues  las  tuyas  son  de  fierro  — las  mías  de  plata  fina. 
Quiso  Dios  y  la  fortuna — que  ambas  parieran  un  día; 

la  cristiana  parió  un  niño, — parió  la  mora  una  niña: 
las  parteras  son  traidoras — y  por  haber  las  albricias, 
llevan  el  niño  á  la  mora— y  á  la  cristiana  la  niña. 
No  tardara  mucho  tiempo,— que  dentro  del  tercer  día, 
fué  la  mora  á  ver  su  esclava — por  ver  qué  cama  tenía. 

—  ¿Cómo  está  así  la  mi  esclava, — la  gentil  esclava  mía? 
— ¿Cómo  queréis  que  yo  esté?... — como  una  mujer  parida. 
— Daráisme  mi  niño,  mora, — que  yo  le  bautizaría, 


218 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


y  pondríale  «.Conde  Floresy>— que  así  le  pertenecía. 

— Si  eso  decís,  la  cristiana,— ¿qué  pondrías  á  la  niña? 

— Si  yo  estuviese  en  mi  tierra— y  la  niña  fuera  mía, 

pondríala  Blanca-Flor,— y  rosa  de  Alejandría, 

que  así  llamaba  mi  padre— á  una  hermana  que  tenía; 

me  la  cautivaron  moros— acá  dentro,  en  Morería, 

me  la  cautivaron  moros — día  de  Pascua  Florida. 

— Si  eso  decís,  la  cristiana, — tú  eres  la  hermana  mía. — 

Esto  que  oyera  el  rey  moro — de  la  alta  torre  venía: 

— ¿Qué  tiene  la  mi  mujer? — ¿qué  tiene  la  mujer  mía, 

pues  cuando  menos  lo  espero — hace  tantas  alegrías? 

— Que  entendí  tener  esclava — y  dulce  hermana  tenía. 

— Callad,  callad,  mi  mujer,— callad,  callad,  mujer  mía; 

que  de  tres  hijos  que  tengo — el  mejor  escogería, 

y  por  haceros  merced, — con  ella  le  casaría. 

— No  lo  quiera  Dios  del  cielo — ni  la  sagrada  María, 

dos  hijas  del  Conde  Flores  —maridar  en  Morería. 

Válgame  Nuestra  Señora, — válgame  Santa  María. 

II 

Fragmentos  de  Delgadina. 

Tres  hijas  tenía  el  rey — todas  tres  como  una  plata, 
la  más  pequeñita  de  ellas— Delgadina  se  llamaba. 


— Delgadina,  Delgadina,— tú  has  de  ser  mi  enamorada. 
— No  lo  quiera  Dios  del  cielo — ni  su  Madre  Soberana. 


Unas  van  con  jarras  de  oro — otras  con  jarros  de  plata; 
por  muy  pronto  que  llegaron — Delgadina  ya  finaba. 

III 

Fragmento  de  Doña  Arbola. 


— ¿Cómo  non  fablas  mi  esposa, — cual  me  solías  fablare? 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  219 

— ¿Cómo  he  de  fablaros,  conde, — si  non  puedo  respirare? 
Los  campos  por  dó  pasamos — regados  con  sangre  vane. 


IV 

Fragmento  de  Celinos. 


Pelea  el  uno,  pelea  el  otro,— Celinos  debajo  cae, 

— Por  Dios  te  pido,  buen  conde,  no  me  acabes  de  matar. 


Cortárale  la  cabeza — en  la  mitad  del  umbral  (?), 

cógela  de  los  cabellos — y  á  la  condesa  la  trae. 

— Mal  fecistes,  el  buen  conde— al  buen  Celinos  matar; 

si  lo  saben  sus  parientes, — ellos  te  podrán  matar, 

y  si  ellos  no  lo  supieran — yo  les  mandaré  llamar. 

— Estas  palabras,  condesa, — la  vida  te  han  de  costar  (1). 


Y 

Fragmento  de  El  Cautivo* 

Me  cautivaron  los  moros — entre  la  paz  y  la  guerra, 
me  llevaron  á  vender — á  Jerez  de  la  Frontera. 
No  había  moro  ni  mora — que  por  mí  una  dobla  diera, 
si  no  es  un  perro  moro-~(malas  puñaladas  fuera) 
que  á  la  primera  palabra — por  mí  cien  doblas  diera. 
Me  daba  una  vida  mala — me  daba  una  vida  perra, 
de  noche  majando  esparto— de  día  moler  cibera. 
Quiso  Dios  y  la  fortuna — que  tenía  el  ama  buena. 


(1)  Sospecha,  no  sin  alguna  verosimilitud,  el  Sr.  Ortiz  de  la  To- 
rre, que  este  romance  pueda  aludir  á  los  amores  de  la  condesa  de 
Castilla,  madre  de  Sancho  Garcia 


220 


LIRICOS  CASTELLANOS 


qae  cuando  el  moro  iba  á  caza  — me  espulgaba  la  cabeza, 
todos  los  días  decia :— «Cristiano,  vete  á  tu  tierra. 
Si  lo  haces  por  caballo — yo  te  daré  una  yegua, 
si  lo  haces  por  dinero — yo  te  daré  algunas  perlas. 


Es  lástima  que  el  colector  de  estos  romances  no  los  re- 
cordara enteros,  porque  son  versiones  antiguas  y  bue- 
nas (1). 

IV.  Afírmase  generalmente,  pero  no  parece  creíble, 
que  en  las  provincias  castellanas  por  excelencia  (la  de  San- 
tander lo  es,  pero  difiere  geográficamente  de  las  restan- 
tes) apenas  se  conservan  romances.  Una  reciente  excur- 
sión de  D.  Ramón  Menéndez  Pidal  por  las  provincias  de 
Burgos  y  Soria,  ha  demostrado  que  en  mayor  ó  menor 
número  existen,  aunque  hasta  ahora  les  han  faltado  colec- 
tores. 

«Una  mrjer  de  Aranda  de  Duero  recordaba  versos  suel- 
tos de  romances  que  había  cantado  cuando  niña.  He  po- 

(1)  Recuerdos  de  Cantabria.  Libro  de  Bejoris,  por  Ramón  Ortiz 
de  la  Torre  y  Fernández  de  Bustamante.  1897.  Falencia,  Imprenta 
y  librería  de  Elias  Heredia  á.^'-SS  pp. 

Transcribe  también  una  variante  de  las  Marzas,  tal  como  se  can- 
tan en  Toranzo: 

Marzas  floridas  —  seáis  bien  venidas. 
Florido  Marzo — seáis  bien  llegado, 
á  las  cuarentenas — santas  y  buenas. 
Tengan,  señores,  —  muy  nobles  cenas. 
En  esta  casa  habrá — un  rey  y  una  reina, 
de  los  dos  saldrán — doce  hijas  hembras  (!), 
las  seis  serán  monjas,  —  monjas  y  abadesas, 
y  las  otras  seis, —  por  ser  las  más  bellas, 
Duques  y  Condes — casarán  con  ellas. 
Angelitos  somos,— del  cielo  venimos, 
bolsillos  traemos, —  dinero  pedimos. 
Si  no  nos  le  dan, —  con  Dios,  que  nos  fuimos. 


ROMANCES  XaADlClONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  221 

dido  identificar  los  siguientes :  Delgadina,  Las  señas  del 
esposo  (sabía  sólo  dos  versos 

En  el  puño  de  la  espada— lleva  las  armas  del  Rey); 

Santa  Catalina,  El  Falmero 

¿Dónde  vas  pobre  soldado, — dónde  vas  triste  de  ti... 

y  El  Conde  del  Sol.  Otros  breves  fragmentos  me  eran  des- 
conocidos : 

Paseaba  un  capitán,  — una  mañana  serena 
con  cuatrocientos  caballos — debajo  de  su  bandera... 


Voces  corren,  voces  corren, — voces  corren  por  España, 
que  don  Juan  el  caballero — está  malito  en  la  cama». 

Además  de  esta  nota,  el  Sr.  Menéndez  Pidal  me  ha  co- 
municado una  variante  de  Doña  Arbola,  recogida  en  el 
Burgo  de  Osma,  muy  imperfecta  sin  duda,  pero  curiosa 
por  su  procedencia  (cf.  el  núm.  23  de  los  romances  anda- 
luces^. Véase  á  continuación: 

Carmela* 

(Versión  del  Burgo  de  Osma.) 

La  Carmela  se  pasea— por  una  sala  adelante, 
la  da  un  dolor  de  parto — que  la  hace  arrodillarse; 
la  suegra  la  estaba  oyendo— daba  gAsto  el  escucharla. 
— Anda,  vete  de  áhi,  Carmela, — á  parir  á  en  casa  de  tu  madre, 
que  á  la  noche  vendrá  Pedro, — yo  le  daré  de  cenar, 
yo  le  daré  ropa  limpia, — yo  le  daré  de  mudarse. — 
A  la  noche  vino  Pedro.— La  Carmela,  ¿dónde  está? — 
— La  Carmela,  hijo  mío,— nos  ha  tratado  muy  mal, 
de  putas  y  de  ladrones— hasta  el  último  linaje. — 


222 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Monta  Pedro  en  su  caballo — con  dos  criados  delante, 
al  entrar  por  una  entrada, — se  encuentra  con  la  comadre, 
— Bien  venido  sea  Pedro,  -  ya  tenemos  un  infante. 
El  infante  Dios  le  cría — y  la  madre  Dios  lo  sabe. 
— ¿Quién  es  ese  caballero— que  tan  buenas  nuevas  da? 
Y  si  es  mi  marido,  madre, — que  se  pase  por  acá, 
Beberá  del  rico  vino, — comerá  del  rico  pan. — 
— Ni  quiero  tu  rico  vino, — ni  quiero  tu  rico  pan; 
te  digo  que  te  levantes, — bien  te  puedes  levantar, 
otra  vez  que  te  lo  diga, — te  he  de  dar  con  un  puñal. — 
Las  monjas  que  la  vestían— no  dejaban  de  llorar, 
los  perritos  en  la  calle—no  dejaban  de  ladrar, 
los  caballos  en  la  cuadra— no  dejan  de  relinchar. 
Ya  la  ha  montado  á  caballo, — la  Carmela  ya  se  va. 
Andaron  como  seis  leguas — sin  el  uno  al  otro  hablarse. 
—¿Cómo  no  me  hablas,  Carmela? — ¿Cómo  quieres  que  yo  te 
si  las  ancas  del  caballo — van  bañaditas  de  sangre?  [hable, 
— Confiésate,  mi  Carmela, — que  yo  se  lo  diré  á  un  fraile, 
que  en  llegando  á  aquella  ermita^— tengo  ánimo  de  matarte. — 
Las  campanas  se  repican — sin  que  las  tocara  nadie. 
— *¿Quién  se  ha  muerto,  quién  se  ha  muerto?  —  La  Carmela  de 

[Olivares. — 

— No  se  ha  muerto,  no  se  ha  muerto, — que  la  ha  matado  mi 
por  un  falso  testimonio — que  ha  solido  levantarle,  [padre, 
y  una  abuela  que  tenía— reviente  por  los  hi jares. 

(Otro  anadia.) 
El  hijo  subió  al  cielo— juntamente  con  su  madre, 

su  abuela  á  el  infierno —  

y  su  amante  al  purgatorio— á  purgar  lo  qué  Dios  mande. 

V.  Es  de  suponer  que  en  aquella  parte  de  las  Provin- 
cias Vascongadas  donde  predomina  de  antiguo  la  lengua 
castellana  (Encartaciones  de  Vizcaya,  provincia  de  Ala- 
va,  etc.),  hayan  penetrado  nuestros  romances,  como  en  las 
demás  regiones  de  la  Península.  Es  más :  parecen  haber 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  223 

influido  en  la  misma  pof^sía  éuskara,  pues  el  más  antiguo 
fragmento  que  de  ella  se  ha  citado  hasta  ahora  con  carac- 
teres de  autenticidad,  es  á  saber,  el  que  se  refiere  á  la  ba- 
talla de  Beotivar,  ganada  por  los  Guipuzcoanos  á  los  Na- 
varros en  1321;  el  Beoiibarco  Giuluay  que  Esteban  de  Ga- 
ribay  publicó  en  su  Compendio  Historial,  suena  á  lo  me- 
nos en  nuestros  oídos  profanos  como  un  fragmento  de  ro- 
mance, nombre  que  ya  le  dió  Argote  de  Molina : 

Mila  urte  igarota— ura  bere  bidean, 
guipuzcoarrac  sartu  dirá— gazteluco  etcheaii, 
nafarraquin  batu  dirá — beotibarren  pelean  (1). 

La  curiosa  erudición  del  venerable  Argote  de  Molina^ 
en  su  Discurso  sobre  la  poesía  castellana  (1575)  ligó  ya  esta 
poesía  histórica  con  las  nuestras:  «Es  romance  de  una  ba- 
»talla  que  Gil  López  de  Oña,  señor  de  la  Casa  de  Larrea^ 
»dió  á  los  Navarros  y  á  Don  Ponce  de  Moren  tana,  su  ca- 
»pitán,  caballero  francés...,  cuya  significación  en  castella- 
»no  es  que,  aun  pasados  los  mil  años  va  el  agua  su  ca- 
»mino  y  que  los  Guipuzcoanos  habían  entrado  en  la  casa 
»de  Gaztelu  y  habían  rompido  en  batalla  á  los  Navarros 
»en  Beotibar». 

Nuestra  absoluta  ignorancia  del  vascuence  nos  impide 
averiguar  si  esta  influencia  castellana  se  percibe  también 
en  aquellas  poesías  fúnebres,  endechas  ó  cantos  de  duelo, 
que  se  componían  en  eJ  siglo  xv,  y  de  que  el  mismo  Ga- 
ribay  (2)  nos  dejó  tan  curiosas  noticias  en  sus  Memorias, 
Sólo  sé  que  este  género  de  poesía  plañidera  (análoga  á  lo& 

(1)  Vid.  F.  Michel,  Le  Pays  Basque,  París,  1857,  p.  243;  y  Man- 
terola  (José),  Cancionero  Vasco,  seguiida  serie.  San  Sebastián,  1878^ 
pp.  67-72. 

(2j  Memorial  histórico  español:  Colección  de  documentos,  opúscu- 
los y  antigüedades,  que  publica  la  Real  Academia  de  la  Historia. 
Tomo  7.^.  Madrid,  1854. 


224  LÍRICOS  CASTELLANOS 

voceri  de  Córcega)  existía  también  entre  nosotros  por  el 
mismo  tiempo  y  acompañado  de  iguales  costumbres,  y 
de  él  son  muestras  bellísimas  las  endechas  á  la  trágica 
muerte  de  los  Comendadores  de  Córdoba,  y  las  del  fu- 
neral de  Hernán  Peraza,  muerto  en  la  conquista  de  Cana- 
rias. De  todos  modos,  las  noticias  de  Garibay  son  tan 
curiosas  para  la  historia  de  la  poesía  popular,  y  están  to- 
davía tan  poco  divulgadas,  que  me  parece  conveniente  po- 
nerlas juntas  aquí,  suprimiendo  los  versos,  porque  ni  los 
entiendo,  ni  sé  siquiera  si  están  transcritos  con  la  exacti- 
tud debida. 

En  Mayo  de  1464,  los  banderizos  de  la  parcialidad  oña- 
cina  mataron  á  Martín  Báñez  junto  al  caserío  de  Ibarreta, 
en  el  camino  de  Mondragón  á  Zaragarza:  «Doña  Sancha 
»Ochoa  de  Ozaeta  hizo  gran  llanto,  muy  usado  en  este  si- 
»glo,  por  la  desgraciada  muerte  de  Martín  Báñez  su  ma- 
»rido  y  soledad  suya  y  de  sus  hijos,  y  cantó  muchas  ende- 
»chas,  que  en  vascuence  se  llaman  <.<ey€siac»y  y  entre  ellas 
»se  conservan  hoy  día  algunas  en  memoria  de  las  gentes, 
» en  especial  estas :  Oñetaco  lurrau,  etc.  Su  significación 
»es  que  la  tierra  de  los  pies  le  temblaba  y  de  la  misma 
» manera  las  carnes  de  sus  cuatro  cuartos,  porque  Martín 
»Báñez  era  muerto  en  Ibarreta,  y  había  de  tomar  en  la 
»una  mano  el  dardo,  y  'en  la  otra  una  hacha  de  palo  en- 
»cendida  y  había  de  quemar  á  toda  Aramayona.  Esta  es 
xla  substancia  de  estos  versos,  dando  á  entender  en  los 
»tres  primeros  el  gran  sentimiento  de  la  desgraciada  muer- 
»te  de  su  marido,  y  en  los  otros  tres  restantes  su  vengan - 
»za»  (pp.  46-47). 

.  Habiendo  fallecido  moza  Doña  Emilia  de  Lastur,  natu- 
ral de  Deva,  entendióse  que  su  marido  Pero  García  de 
Oro  quería  contraer  segundas  nupcias  con  Doña  Marina  de 
Arrazola.  «Hizo  mucho  sentimiento  dello  una  hermana  de 


KOMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  225 

»Doña  Emilia,  y  venida  de  Deva  á  Mondragón,  cantó  las 
» endechas  siguientes  en  cierto  día  de  sus  honras,  cosa 
»muy  usada  en  este  siglo:  Cer  ete  da  andra,  etc. 

»E1  sentido  de  estos  versos  es  que  ella,  hablando  con 
»su  hermana  Doña  Emilia,  recién  fallecida,  llamada  Milia 
»en  esta  lengua,  da  á  entender  no  haber  sido  bien  tratada 
»del  marido,  y  que  estaba  ya  debaxo  de  la  tierra  fría,  te- 
»niendo  encima  su  losa,  y  era  menester  que  la  llevasen  á 
i^Lastur,  pues  su  padre  baxaba  gran  hato  de  ganado  para 
»sus  funerarias,  y  su  madre  adrezaba  la  sepultura;  de  don- 
»de  se  sigue  que  los  padres  eran  vivos  cuando  falleció  ella 
»moza.  Dize  más  en  los  últimos  versos,  exclamando  mu- 
»cho  su  muerte,  que  del  cielo  había  caído  una  piedra  y  ha- 
»bía  acertado  á  dar  en  la  Torre  nueva  de  Lastur,  y  había 
» quitado  la  mitad  á  las  almenas,  y  había  menester  ir  ella 
ȇ  Lastur  y  otras  razones,  haciendo  sentimiento  del  casa- 
» miento  que  se  entendía  quería  hazer  con  la  dicha  Doña 
»Marina  de  Arrazola. 

»A  estas  cosas  respondió  Doña  Sancha  Ortiz,  hermana 
»de  Pero  García  de  Oro,  los  versos  siguientes:  Ec  dauco, 
» etcétera.  Quieren  decir  que  Pero  García  de  Oro  no  tuvo 
»culpa  en  lo  que  ella  le  oponía,  sino  que  fué  mandamiento 
»del  cielo,  y  que  con  mucha  grandeza  había  sido  ella  mu- 
»jer  de  un  hombre  pequeño  y  bien  hQcho,  y  así  se  refiere 
»dél  haber  sido  de  estatura  pequeña,  pero  de  rostro  her- 
»moso  y  bien  proporcionado  en  sus  miembros .  Dize  más, 
»que  sola  ella  vivir  en  portal  ancho,  significándolo  por  su 
»casa  grande,  y  que  había  sido  señora  de  grande  esquero 
»de  llaves,  por  significar  por  ellas  su  mucha  riqueza,  y 
»sustentada  en  mucha  honra  por  el  marido . 

»Hay  otras  coplas  sobre  lo  mismo,  que  también  las 
»quiero  poner  aquí,  cantadas  por  la  dicha  hermana  de  Doña 
»Emilia :  Arren  ene  andra,  etc. 

Tomo  X.  1  r> 


226  LIRICOS  CASTELLANOS 

^Hablando  con  la  misma  Doña  Emilia,  quieren  dezir, 
»que  el  mensajero  no  lo  había  hecho  bien  y  que  del  cielo 
»habia  caído  un  poste,  y  dado  en  la  Torre  alta  de  Lastur, 
»y  se  había  llevado,  por  dezir  muerto,  al  señor  y  señora 
»de  esta  casa,  al  uno  primero  y  á  la  otra  después,  y  habían 
» enviado  una  carta  al  cielo  para  que  la  diesen  á  esta  se~ 
»ñora.  Dize  más  que  estaba  indignada  contra  Mondragón, 
»porque  había  tomado  mal  á  las  mujeres  de  Guipúzcoa, 
»de  las  cuales  nombra  tres...  Son  endechas  de  mujeres, 
»que  por  conservación  de  esta  vejez  las  he  querido  refe- 
»rir  aquí»  (pp.  178-180). 

Juzgando  estos  versos  con  los  ojos,  puesto  que  desco- 
nozco la  pronunciación,  el  metro  parece  octosílabo  y  la 
forma  predominante  un  tetrástrofo  monorrimo,  aunque 
también  se  notan  pareados,  y  series  de  cinco  ó  seis  versos 
con  la  misma  rima.  De  todos  modos,  la  forma  del  romance 
está  menos  caracterizada  en  estas  improvisaciones  que  en 
el  canto  de  Beotivar. 

VI,  No  he  visto  ningún  romance  procedente  de  Na- 
varra ni  de  la  Rioja,  pero  sé  por  el  respetable  testimonio 
de  Amador  de  los  Ríos  (Lit,  Esp.^  tomo  VII,  445),  que 
existe,  por  lo  menos,  el  de  Delgadina,  del  cual  bien  puede 
afirmarse  que  se  canta  en  todas  las  regiones  de  la  Penín- 
sula. 

Del  Alto  Aragón  ha  coleccionado  varias  poesías  popu- 
lares el  Sr.  D.  Joaquín  Costa,  en  quien  la  originalidad 
del  pensar  se  junta  con  la  más  vasta  y  selecta  erudición. 
En  El  Folk-Lore  Andaluz  (Mayo  de  1882)  publicó  una  no- 
table variante  del  romance  de  la  suegra  perversa,  llamada 
comúnmente  Doña  Arbola : 

Se  pasea  la  Carmona — por  sus  salas  arrogante, 
con  dolores  de  parir — que  el  corazón  se  le  parte. 


ROMANCES  TRADíCrONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  227 


Entre  dolor  y  dolor — Carmona  reza  una  salve. 
Ya  se  asoma  á  la  ventana — por  ver  si  corría  el  aire; 
desde  allí  ha  visto  el  palacio, — el  palacio  de  sn  madre. 
' — ^¡Oh,  quién  tuviera  una  casa, — una  casa  en  aquel  valle! 
tendría  por  compañera — á  la  Virgen  y  á  mi  madre. 
— Vete,  Carmona,  á  parir — al  palacio  de  tu  madre. 
— Y  Don  Bueso,  cuando  venga, — ¿quién  querrá  me  lo  hospe- 

— Yo  te  lo  hospedaré,  yo, —   [daré? 

con  perdices  y  capones, — y  otros  manjares  más  grandes. 

— Ya  ha  llegado  Don  Bueso; — le  ha  preguntado  á  su  madre: 

— ¿Dónde  está  la  mi  Carmona, — que  á  recibirme  no  sale? 

— Tu  Carmona  se  ha  marchado — al  palacio  de  sus  padres, 

y  me  ha  dicho  «puta  vieja»— y  á  ti  hijo  de  malos  padres. 

— A  delicias,  conde  mío,  — á  delicias  pienso  hablarle, 

ha  parido  la  Carmona— un  hijo  primer  infante. 

— Que  ni  el  infante  lo  goce — ni  ella  de  allí  se  levante. 

— Albricias,  albricias,  conde, — albricias,  que  pienso  hablarte, 

que  ha  parido  la  Carmona — un  hijo  primero  infante. 

— Que  ni  el  infante  lo  goce — ni  ella  de  allí  se  levante. 

—¿Quién  es  ese  caballero—tan  descortés  en  hablare? 

— Es  tu  marido,  Carmona, — que  por  ti  ha  de  preguntare. 

— Levántate  de  esa  cama— antes  que  yo  te  lévante. 

— Hombre,  de  una  hora  parida,  — ¿cómo  quieres  me  levante? 

— Levántate  de  ahí,  Carmona,  —  antes  de  que  yo  me  enfade. 

Aprisa  pide  vestirse — y  aprisa  pide  calzarse, 

las  doncellas  que  la  visten  van  bañaditas  en  sangre. 

— ¿Dónde  quieres  ir,  Carmona,— en  las  ancas  ó  delante? 

— En  las  ancas,  caballero, — que  no  quiero  deshonrarte. 

— ¿Cómo  no  me  hablas,  Carmona,— de  lo  que  solías  hablarme? 

— Hombre,  de  una  hora  parida,— ¿cómo  quieres  que  te  hable? 

las  ancas  de  tu  caballo — van  bañaditas  en  sangre, 

y  el  camino  que  traemos — no  hay  peor  para  igualarle. 

— Ya  hemos  llegado,  Carmona,— al  sitio  donde  matarte. 

— ¡Ah!  ¡qué  delicia  la  mía— si  el  recién  nacido  hablare! 

—Quieto,  quieto,  padre  mío,— quieto,  quieto,  mío  padre : 

culpas  que  debe  mi  abuela, —¿quieres  que  pague  mi  madre? — 


228 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Alzó  los  ojos  al  cielo: — ¡ah,  qué  delicia  tan  grande; 
niño  de  una  hora  nacido— ya  le  ha  habladito  á  su  padre! 

VII.  Noticias  recientemente  publicadas,  inducen  á 
creer  que  en  el  fértilísimo  reino  de  Murcia  hay  cosecha 
de  romances,  y  no  solamente  novelescos,  sino  histórico - 
fronterizos,  lo  cual  es  singularidad  muy  apreciable,  por- 
que los  temas  históricos  son  hoy  muy  raros  en  la  tradición 
oral.  El  erudito  investigador  D.  Pedro  Díaz  Cassóu,  en 
un  opúsculo  sobre  literatura  popular  murciana  (1),  dice 
haber  coleccionado  varios  de  este  género  y  nos  da  sus 
principios : 

Fumarea,  fumarea, — que  sale  del  Almenar 


tantos  de  cristianos  matan — que  es  dolor  de  lo  mirar,,. 


El  famoso  Don  Luis— que  se  apellida  Faxardo 


(refiérese,  como,  los  anteriores,  al  Marqués  de  los  Vélez.) 
Guardas,  guardas,  pues  lo  sodes —esas  puertas  bien  guardallas. 


En  el  gran  reino  de  Muróla — ilustre  pompa  de  España... 


(Canta  las  hazañas  de  Lisón,  comendador  de  Aledo.) 

Medio  día  era  por  filo — em  día  de  verano 


(Romance  de  moros  y  cristianos.) 

(1)  El  'Cancionero  Panocho,  coplas,  cantares^  romances  de  la  Huer 
tí\  de  Murcia.  Madrid,  Fortanet,  1900,  p.  85  y  ss. 


ROMAx\CES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  229 

Es  lástima  que  el  Sr.  Díaz  Cassóu  se  limite  á  esta  indi- 
cación en  materia  tan  importante,  y  no  dé  íntegro  el  texto 
de  dichos  romances,  acaso  por  seguir  con  demasiado  rigor 
la  distinción  que  establece  entre  la  poesía  de  la  ciudad  y 
la  de  la  huerta.  Tales  escrúpulos  de  clasificación  no  deben 
ser  obstáculo  para  salvar,  con  cualquier  pretexto,  estas  ve- 
nerables reliquias  de  la  poesía  tradicional,  más  interesan- 
tes á  nuestros  ojos  que  las  coplas  y  cantares  á  que  princi- 
palmente atienden  los  folk-loristas. 

VIII.  Ya  he  indicado  la  sospecha  de  que  en  Canarias 
puedan  existir  viejos  romances  llevados  allá  en  el  siglo  xv 
por  los  conquistadores  castellanos  y  andaluces.  Si  se  en- 
contrasen sería  buen  hallazgo,  porque  en  casos  análogos 
se  observa  que  las  versiones  insulares  son  más  arcaicas  y 
puras  que  las  del  Continente,  como  sucede  en  Mallorca  con 
relación  á  Cataluña,  en  Madera  y  las  Azores  con  relación 
á  Portugal.  ^ 

De  poesía  histórica  relativa  á  Canarias  no  conozco  más 
que  las  célebres  endechas  que  en  Lanzarote  se  cantaron 
por  los  años  de  1443,  á  la  muerte  del  sevillano  Guillén 
Peraza.  Los  recogió  en  1632  de  la  tradición  oral  («cuya 
memoria  dura  hasta  hoy»)  el  franciscano  Abreu  Galindo, 
y  de  él  las  han  copiado  los  demás  historiadores  del  Archi- 
piélago. Dicen  así : 

Llorad  las  damas, — si  Dios  os  vala. 
Guillén  Peraza — quedó  en  la  Palma, 
la  flor  marchita — de  la  sú  cara. 
No  eres  Palma, — eres  retama, 
eres  ciprés — de  triste  rama, 
eres  desdicha, — desdicha  mala. 
Tus  campos  rompan— tristes  volcanes, 
no  vean  placeres — sino  pesares, 
cubran  tus  flores — los  arenales. 


230 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Guillén  Peraza, — Giiillén  Peraza, 

¿do  está  tu  escudo?— ¿do  está  tu  lanza? 

todo  lo  acaba — la  mala  andanza  (1). 

Este  romancillo  pentasilábico,  notable  por  la  intensidad 
del  sentimiento  poético,  consta,  como  se  ve,  de  cuatro  se- 
ries asonantadas  de  seis  versos  cada  una,  siendo  patente 
su  analogía  con  los  cantos  fúnebres  vascongados  que  cita 
Garibay. 

En  ritmo  análogo  al  de  las  endechas  de  Guillén  Pera- 
za está  compuesto  el  célebre  cantar  de  los  Comendadores 
de  Córdoba  (núm.  1902  del  Romancero  de  Durán),  cuyo 
estudio  reservamos  para  otro  lugar.  A  imitación  suya  se 
compuso  luego  el  de  la  muerte  de  D.  Alonso  de  Aguilar : 

«¡Ay  Sierra  Bermeja — por  mi  mal  os  vi!^ 

Y  finalmente  de  la  poesía  popular  pasó  este  metro  á  la 
erudita,  conservando  el  mismo  nombre  de  endechas,  que 
luego  se  aplicó  á  otras  composiciones  análogas  por  el  pen- 
samiento, aunque  diversas  por  la  versificación. 

IX.  ¿Se  cantan  romances  viejos  en  la  América  que 
fué  española?  Podemos  afirmar  que  sí,  nada  menos  que 
con  el  testimonio  del  colombiano  D.  Rufino  José  Cuervo, 
que  es  al  presente  el  primer  filólogo  de  nuestra  raza:  «En 
»un  desconocido  valle  de  los  Andes  he  oído  á  un  inculto 
»campesino  recitar  los  romances  de  Bernardo  del  Carpió 
»(que  él  llama  Bernardino  Alcarpió)  y  de  los  infantes  de 
»Lara»  (2). 

(1)  Historia  de  la  Conquista  de  las  siete  islas  de  la  Gran  Canaria^ 
escrita  por  el  Reverendo  Padre  Fray  Juan  de  Abreu  Galindo.  Año 
de  1632.  Santa  Cruz  de  Tenerife,  1848  (Biblioteca  Isleña),  pp.  63-64. 

(2)  Anuario  de  la  Academia  Colombiana.  Año  de  1874.  Bogotá. 
Página  225. 


ROMANCES  TRADICIONALES  DE  VARIAS  PROVINCIAS  234 

Tal  indicación,  y  viniendo  de  tal  autor,  despierta  desde 
luego  la  curiosidad,  que  él  puede  satisfacer  mejor  que 
nadie.  En  los  libros  americanos  que  he  registrado,  nada 
encuentro  que  me  dé  luz  sobre  el  asunto,  salvo  estas  pa- 
labras del  malogrado  y  simpático  D.  José  María  Verga- 
ra  (1),  hablando  de  los  llaneros  de  San  Martin  y  de  Ca- 
sanare:  «Sus  composiciones  favoritas  son  largos  romances 
»consonantados  (?)  que  llaman  galerón,  y  que  cantan  en  una 
» especie  de  recitado  con  inflexiones  de  canto  en  el  cuarto 
» verso.  Es  el  mismo  romance  popular  de  España,  y  contie- 
»ne  siempre  la  relación  de  alguna  grande  hazaña,  en  que 
»el  valor,  y  no  el  amor,  es  el  protagonista :  el  amor  es  per- 
»sonaje  de  segundo  orden  en  los  dramas  del  desierto.  In- 
» dudablemente  tomaron  la  forma  de  metro  y  la  idea  de 
»los  romances  españoles;  pero  desecharon  luego  iodos  los 
> originales,  y  compusieron  romances  suyos  para  celebrar 
»sus  propias  proezas». 

La  cita  de  Cuervo  prueba  que  no  desecharon  {olvidaron, 
estaría  mejor)  todos  los  antiguos,  pero  los  brevísimos  frag- 
mentos que  transcribe  Vergara  y  que  tienen  mucha  seme- 
janza con  las  canciones  gauchescas  de  la  Pampa  Argenti- 
na, pertenecen  realmente  á  la  poesía  vulgar  de  jaques  y 
valentones,  más  bien  que  á  la  popular.  Sólo  puede  hacerse 
una  excepción  en  favor  de  los  siguientes  versos  que  co- 
rresponden al  romance  asturiano  núm.  54,  y  á  otros  anda- 
luces y  portugueses  que  se  citan  en  nuestra  colección : 

Por  si  acaso  me  mataren — no  me  entierren  en  sagrao, 
entiérrenme  en  un  llanito— donde  no  pase  ganao  : 
un  brazo  déjenme  ajuera — y  un  letrero  colorao, 
pa  que  digan  las  muchachas: — «Aquí  murió  un  desdichao; 

(1)  Historia  de  la  literatura  en  Nueva  Granada^  por  José  María 
Vergara  y  Vergara.  Bogotá,  1867 y.  pp.  518-522. 


232 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


no  murió  de  tabardillo,— ni  de  dolor  de  costao; 

que  murió  de  mal  de  amores— que  es  un  mal  desesperaos. 

A  juzgar  por  la  muestra,  nuestros  romances  deben  de 
andar  algo  desmedrados  en  América;  pero  valgan  lo  que 
valieren,  será  útil  reunirlos,  sobre  todo  si  los  poetas  líri- 
cos, que  allí  abundan,  no  caen  en  la  tentación  de  retocar- 
los, sino  que  los  dejan  en  su  primitiva  rusticidad. 


SECCIÓN  CUARTA 
ROMANCES  PORTÜGlfESES  DE  ORIGEN  CASTELLANO 


ROMANCES  PORTUGUESES  DE  ORIGEN  CASTELLANO 


Recorriendo  las  copiosas  y  bien  ordenadas  colecciones 
que  debemos  á  los  eruditos  del  reino  vecino,  apenas  se 
halla  romance  alguno  que  con  certeza,  ni  siquiera  con  ve- 
rosimilitud, pueda  considerarse  como  portugués  de  origen. 
Los  novelescos  y  caballerescos,  que  son  los  que  más  abun- 
dan, se  encuentran  también  en  versiones  castellanas,  y  fre- 
cuentemente con  los  mismos  asonantes,  en  todos  los  rinco- 
nes de  la  Península  adonde  la  investigación  ha  llegado;  y 
otros  figuran  en  los  antiguos  romanceros  impresos.  Algu- 
nas de  estas  variantes,  por  ejemplo  las  de  Asturias,  pre- 
sentan carácter  más  arcaico  que  las  portuguesas,  cuyo  rela- 
tivo pulimento  artístico  las  hace  sospechosas  de  elabora- 
ción posterior.  Los  romances  castellanos  penetraban  allí 
como  en  Cataluña,  y  se  fueron  traduciendo  insensiblemen- 
te. En  el  siglo  xvi  se  cantaban  todavía  en  castellano,  á  juz- 
gar por  las  referencias  de  los  poetas  artísticos.  En  caste- 
llano cita  Gil  Vicente  los  de  «En  París  está  Doña  Alda...» 
«Los  hijos  de  Doña  Sancha...»  «Mal  me  quieren  en  Casti- 
lla...» y  la  canción  de  La  Eella  Malmaridada.  En  castella- 
no cita  Camoens  en  sus  comedias  y  en  sus  cartas  el  «Afue- 
ra, afuera,  Rodrigo»,  el  «Riberas  de  Duero  arriba — cabal- 
gaban zamoranos»,  el  «Ya  cabalga  Calaínos — á  la  sombra 
de  una  oliva»,  el  «Mi  padre  era  de  Ronda — y  mi  madre  de 
Antequera»,  el  «Mi  cama  son  duras  peñas  —  mi  dormir 
siempre  velar».  En  castellano  puso  Jorge  Ferreira  de  Vas- 


236 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


concellos  en  su  Comedia  AnlegrapMa  el  principio  del  ro- 
mance de  Don  Martín  :  «Pregonadas  son  las  guerras — de 
Francia  contra  Aragón».  En  castellano  D.  Francisco  Ma- 
nuel de  Meló  (ya  bien  entrado  y  aun  mediado  el  siglo  xvii) 
el  de  «Á  cazar  va  el  caballero»,  y  el  de  «Paseábase  Silva- 
na — por  un  corredor  un  día»,  que  es  hoy  de  los  más  vulga- 
rizados en  la  tradición  portuguesa  (]). 

Admitiendo,  como  boy  admite  todo  crítico  sensato,  que 
en  arte  y  en  literatura  no  hubo  fronteras  entre  Portugal 
y  Castilla  hasta  el  siglo  pasado,  hay  que  estimar  el  ro- 
mancero portugués  como  un  apéndice  valiosísimo  del  cas- 
tellano. Su  carácter  nada  indígena  se  revela  en  la  absolu- 
ta falta  de  temas  históricos.  Los  únicos  romances  que  se 
han  compuesto  sobre  tradiciones  portuguesas  (con  la  sola 
excepción  del  romance  devoto  de  Santa  Iria)  están  en  cas- 
tellano, y  figuran  en  nuestras  colecciones,  hasta  el  núme- 
ro de  unos  veinte,  entre  populares  y  artísticos.  Así  los  de 
D.*  Isabel  de  Liar,  los  de  Inés  de  Castro,  los  de  la  muer- 
te del  duque  de  Guimaraens  y  de  la  duquesa  de  Bragan- 
za.  Es  muy  probable  que  alguno  de  ellos  fuera  primiti- 
vamente compuesto  en  la  lengua  del  país  donde  aconte- 
ce la  escena;  pero  el  hecho  de  haberse  perdido  todos  los 
originales,  si  es  que  existieron,  indica  que  el  caso  sería 
excepcional  y  sin  más  importancia  que  una  mera  imitación. 
Castilla  pagó  á  Galicia  y  Portugal  comunicándoles  su  poe- 
sía narrativa  la  deuda  que  con  ellas  tenía  por  haberle  co- 
municado en  los  albores  de  su  literatura  las  formas  líri- 
cas. Sólo  dos  indicios  hay  de  que  en  muy  remotos  tiempos 
existiera  en  la  parte  occidental  de  la  Península  algún  gé- 
nero de  poesía  épica. 

(1)  Véanse  reunidas  éstas  y  otras  indicaciones  análogas,  que  por 
brevedad  omitimos,  en  el  prólogo  de  Teófilo  Braga  á  su  libro  Flo- 
resta de  voriofi  romanees  (Porto,  1869). 


ROMANCES  PORTUGUESES  DE  ORÍtíEN  CASTELLANO  237 

Perdida  en  el  gran  Cancionero  galaico  de  la  Bibliote- 
ca del  Vaticano,  se  encuentra  con  el  núm.  466  un  frag- 
mento de  cantar  de  gesta,  que  lleva  el  nombre  de  Ayras 
Nunes  Clérigo,  que  acaso  no  sería  el  autor,  sino  el  mú- 
sico que  asonó  la  canción.  Son  diez  y  ocho  versos  (nin- 
guno de  ellos  en  la  combinación  8  -|-  8),  distribuidos  en 
seis  grupos  monorrimos,  de  tres  versos  cada  uno.  Pare- 
cen haber  sido  extraídos  de  un  poema  que  se  refería  á  lo 
menos  en  parte  á  D.  Fernando  el  Magno,  primer  rey  de 
Castilla.  ¿Este  poema  estaba  en  castellano  como  los  de- 
más de  su  género  que  conocemos  hoy  {Cid,  Infantes  de 
Lar  a,  Crónica  Rimada,  etc.),  y  como  parece  que  exigía  su 
asunto,  ó  fué  compuesto  originalmente  en  la  lengua  en  que 
se  halla?  Desde  luego  la  versificación,  aunque  no  entera- 
mente regular  en  cuanto  al  número  de  sílabas  de  los  he- 
mistiquios, que  unas  veces  son  de  seis,  otras  de  siete  síla- 
bas, tiene  cierta  disposición  simétrica  que  indica  la  mano 
de  un  poeta  artístico  (probablemente  el  mismo  Ayras  Nu- 
nes) que  refunde  un  texto  más  bárbaro  y  primitivo,  y  pro- 
cura acomodarlo  á  los  hábitos  de  la  poesía  culta.  Pero 
tampoco  es  inverosímil,  de  ningún  modo,  que  un  juglar 
gallego  y  aun  un  clérigo  como  Ayras  Nunes,  haya  podi- 
do componer,  á  imitación  de  los  cantares  de  gesta  caste- 
llanos, uno  en  su  lengua.  De  todos  modos,  el  trozo  que  te- 
nemos es  tan  breve,  que  por  sí  solo  no  puede  resolver 
cuestión  alguna,  aunque  suscite  muchas.  Dice  así,  según 
la  hábil  restauración  de  T.  Braga  (1): 

Desfiar  enviarom— -ora  de  Tudela 
filhos  de  Doin  Fernando — d'  el  rey  de  Gástela; 
e  disse  el-rey — logo  : — «Hide  alá  Dom  Vela». 

(1)  Cancioneiro  Portugw'Z  da  Vaticana,  Edi^ao  critica  restituida 
sobre  o  tevto  diplomático  de  Halle.,,  Lisboa,  187B,  pág.  88. 


238 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


«Desfiade  e  mostrade — por  mi  esta  razom, 
se  quiseretn  per  talho — do  reino  de  Leom, 
filhem  por  en  Navarra — ou  o  reino  d'  Aragom. 
»Ainda  Ihes  fazede — outra  preitesia 
dar-lhes  ey  per  talho— quanto  ey  en  Galicia, 
e  aquesto  Ihe  fa^o— por  partir  perfía. 
»E  fa^o  grave  dito — cá  mens  sobrinhos  som, 
se  quiserem  per  talho— do  reino  de  Leom, 
filhem  por  en  Navarra— ou  o  reino  d'  Aragom. 
»E  veed'  ora,  amigos — se  prend'  en  engaño; 
e  fazede  de  guisa— que  ja  sem  meu  daño, 
se  quiserem  tregoa — dade  Ih'  a  por  un  anno. 
»Outorgo  a  por  mi— e  por  eles  dom, 
c'  as  tem  se  quizerem  -per  talho  de  Leom, 
filhem  por  en  Navarra — ou  o  reino  d'  Aragom». 

Hay  en  el  mismo  Cancionero  una  poesía  burlesca  con  el 
siguiente  título  (núm.  1080):  «Aquí  sse  comega  a  gesta, 
que  fez  Don  Affonso  Lopes  a  Don  Meendo  e  a  seus  vassa- 
líos,  de  mal  diser».  Es  en  estilo  y  metro  una  parodia  de  los 
cantares  de  gesta,  hecha  en  tres  series  monorrimas  bas- 
tante largas  (una  de  ellas  de  24  versos),  repitiéndose  al 
fin  de  cada  una  el  pneuma  Eoy.  Pero  esta  parodia  sólo 
prueba  que  en  Galicia  y  en  Portugal  eran  conocidas  las 
gestas  castellanas  y  francesas,  hecho  que  nadie  pone  en 
duda. 

Gil  Vicente  en  el  Auto  da  Luzitania  (Obras,  edición  de 
Hamburgo,  tomo  III,  pág.  270)  trae  este  fragmento  de  un 
romance  del  Cid  traducido  al  portugués  (1): 

Ai  Valen^a,  guai  Valen^a, — de  fogo  sejas  queimada, 
primero  foste  de  Mouros — que  de  Christianos  tomada. 

(1)    Cf.  el  original  castellano  que  es  el  que  principia  : 
Hélo,  hélo,  por  do  viene  —  el  moro  por  la  calzada. 


ROMANCES  PORTUGUESES  DE  ORIGEN  CASTELLANO  239 

Alfaleme  na  cabera, — en  la  mano  una  azagaya. 

Guai  Valenga,  guai  Valenga, — como  estás  bem  assentada; 

antes  que  sejam  tres  días— de  Moiros  serás  cercada. 

En  la  tradición  oral  portuguesa  se  han  conservado  dos 
romances  históricos  de  asunto  castellano,  y  uno  del  ciclo 
carolingioi  Creo  necesario  reproducirlos  aquí,  tanto  por 
ser  indudable  su  origen,  cuanto  por  completar  los  ciclos 
respectivos. 

El  primero,  ó  sea  el  del  paso  de  Eoncesvalles,  del  cual 
publicó  Almeida  Garret  (II,  245)  una  versión  procedente 
de  Tras-os-montes,  es  una  hermosa  variante  del  núm.  185 
de  la  Primavera  «Por  la  matanza  va  el  viejo»  y  del  185  a 
«En  los  campos  de  Alventosa». 

El  segundo,  que  lleva  el  título  de  D.  Rodrigo,  no  se  re- 
fiere al  último  rey  de  los  godos,  como  pudiera  creerse,  sino 
que  está  compuesto  con  reminiscencias  de  los  romances  re- 
lativos á  la  partición  de  los  reinos  hecha  por  D.  Fernando 
el  Magno,  y  al  cerco  de  Zamora.  Debe  de  ser  bastante  mo- 
derno, como  lo  prueba  lo  anti-histórico  de  los  nombres 
(D.  Ramiro,  D.  Gaiferos,  D.a  Almansa,  el  conde  Losada, 
padre  de  Ximena  Gómez)  tomados  de  otros  romances  ó 
de  historias  posteriores;  pero  á  pesar  de  esta  degenera- 
ción, el  fondo  épico  persiste.  Este  romance  no  se  encuen- 
tra más  que  en  el  Algarve.  Le  ha  publicado  Estacio  da 
Veiga  (Romanceiro  do  Algarve,  págs.  16-22)  que  obtuvo 
dos  versiones  poco  diversas,  una  oída  á  una  mendiga 
de  la  ciudad  de  Tavira ,  otra  á  una  pobre  mujer  de 
Puzeta. 

El  tercero  es  un  curiosísimo  romance  del  Cid,  que  se 
canta  en  la  isla  de  la  Madera,  y  ha  sido  publicado  por 
A.  Rodrigues  de  Azevedo  en  su  Romanceiro  (204-211). 
Pertenece  al  mismo  período  de  degeneración  que  el  ante- 


240 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


rior,  y  en  él  se  mezclan  con  reminiscencias  de  los  roman- 
ces del  Cid,  otras  de  los  romances  fronterizos  (Cí.  Prima- 
vera,  núms.  55  y  56). 

L— nomance  do  Passo  de  Itoneesval* 

'Versión  de  Trás-os-Montes). 

— «Quedos,  quedos,  cavalleiros — que  el-rey  os  manda  con- 
Oontaram  e  recontaram,— só  un  Ihe  vinha  a  faltar;  [tar!» 
-era  esse  Dom  Beltráo, — táo  forte  no  batalhar; 
nunca  o  acharam  de  menos — senao  n'  aquello  contar, 
-senao  ao  passar  do  rio— nos  portes  do  mal  pasear; 
deitam  sortes  á  ventura — a  qual  o  ha  de  ir  buscar; 
que  ao  partir  fizeram  todos — preito  homenagem  no  altar  : 
o  que  na  guerra  morrese — dentro  en  Franca  se  enterrar. 
Sete  vezes  deitam  sortes — a  quem  no  ha  de  ir  buscar; 
todas  sete  Ihe  cahiram  — ao  bom  velho  de  seu  pai. 
Volta  rédeas  ao  cavallo,— sem  mais  dizer  nem  fallar... 
Que  Ih'  a  sorte  nao  cahira, — nunca  elle  havía  ficar. 
Triste  e  só  se  vae  andando, — nao  cessava  de  chorar; 
de  día  vae  pelos  montes, — de  noite  vae  pelo  val, 
aos  pastores  perguntando— se  viram  allí  passar 
•cavalleiro  de  armas  brancas, — seu  cavallo  tremedal. 
— «Cavalleiro  de  armas  brancas, — seu  cavallo  tremedal, 
por  esta  ribeira  fóra, — ninguem  nao  n'  o  viu  passar». 
Vae  andando,  vae  andando, — sem  nunca  desanimar, 
chega  áquella  mortandade— dónde  fora  Eoncesval : 
os  bra90S  ja  tem  cansados — de  tanto  morto  virar. 
Viu  a  todos  os  francezes, — Dom  Beltrao  nao  pode  adiar. 
Volta  atrás  o  vélho  triste, — volta  por  um  areal, 
viu  estar  um  perro  mouro— em  um  adarve  a  velar  :  [nar 
— «Por  Déos  te  pego,  bom  mouro,— me  digas  sem  me  enga- 
cavalleiro  de  armas  brancas. — se  o  viste  por'  qui  passar, 
honten  á  noite  sería, — horas  d'  o  gallo  cantar, 
se  entre  vos  está  cativo— a  oiro  o  hei  de  pesar». 


ROMANCES  PORTUGUESES  DE  ORIGEN  CASTELLANO  244 

—  «Esse  cavalleiro,  amigo,— diz' -me  tu  que  signaes  traz?» 

— «Brancas  sao  as  suas  armas, — o  cavallo  tremedal, 

na  ponta  da  sua  lan^a — levaba  um  branco  sendal, 

que  Ih'  o  bordou  sua  dama — bordado  a  ponto  real». 

— «Esse  cavalleiro,  amigo, — morto  están'  essepragal, 

<íom  as  pernas  dentro  d'  agua, — o  corpo  no  are^gX, 

Sete  feridas  no  peito, — a  qual  será  mais  mortal : 

por  una  Ihe  entra  o  sol, — por  outra  Ihe  entra  o  luar, 

pela  mais  pequeña  d'  ellas — um  gaviáo  a  voar». 

— «Nao  torno  a  culpa  á  meu  filbo — nem  aos  mouros  de  o  ma- 

tórno  a  culpa  ao  seu  cavallo — de  o  nao  saber  retirar»,    [tar : 

Milagre!  quem  tal  diría,— quem  tal  poderá  contar! 

O  cavallo  meio  morto— allí  se  poz  a  fallar  : 

— «Nao  me  tornes  essa  culpa, — que  m'  a  nao  podes  tornar; 

tres  vezes  o  retirei, — tres  vezes  para  o  salvar; 

tres  me  deu  de  espora  e  rédea, — co'  a  sanba  de  pelejar, 

tres  vezes  me  apertou  silbas, — me  alargou  o  peitoral... 

A  tercera  fui  á  térra -d'  esta  ferida  mortal  (1). 


(1)  Á  este  romance  puso  Almeida  Garrett  la  siguiente  nota  : 
<  Con  ser  este  um  dos  mais  bellos  que  tem  o  romanceiro  de  Cas  • 
tella,  eu  acho-o  mais  bonito  em  portuguez,  mais  repassado  d'  aque- 
lla melancholia  e  sensibilidade  que  faz  o  character  da  poesía  do 
nosso  dialecto,  e  que  principalmente  o  distingue  dos  outros  todos 
de  Hespanlia. 

« O  cavallo  moribundo  que  se  levanta  deante  do  pae  de  seu  senhor, 
para  se  justificar  de  seu  procedimento  na  batallia,  de  como  fez  tudo 
para  o  salvar  —  ó  digno  da  Iliada  e  nao  desdiz  do  mais  grandioso 
de  nenbuma  poesía  primitiva  >. 

Confieso  que  este  elocuente  caballo,  que  en  ninguna  otra  versión 
aparece  (puesto  que  T.  Braga  se  limita  á  reproducir  la  de  Almeida 
Garrett),  me  infunde  algunas  sospechas  de  invención  artística  y 
moderna,  nada  inverosímil  en  Garrett,  único  que  parece  haber  oído 
este  romance,  y  que  acaso  no  hizo  más  que  imitarle  de  las  coleccio- 
nes castellanas,  añadiéndole  este  lindo  final,  de  su  cosecha. 


16 


242 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Dom  Rodrigo. 

(Versión  del  Algarve). 

Enfermo  el-rei  de  Castella— em  cama  de  prata  estava; 
des  que  seu  mal  o  tnrgira, — sete  doutos  consultava, 
qual  d'  elles  de  mais  sabenga,~quasi  todos  de  Granada. 
Uns  e  outros  Ihe  diziam — que  o  seu  mal  nao  era  nada, 
mas  o  mais  velho  de  todos — outras  falhas  Ihe  fallava: 
— «Confessai  vos,  Dom  Rodrigo,— fazei  bem  por  vossa  alma; 
sete  horas  tendes  de  vida,— e  urna  ja  quasi  passada». 

—  «Fazer  quero  testamento — n*  esta  hora  atribulada; 
deixo  a  Dom  Ramiro  o  burgo,— a  Dom  Gaifeiros  a  barra; 
a  Dona  Aimansa,  a  formosa, — minha  riqueza  contada». — 

A  iste  acode  a  princeza — muito  triste  e  magoada:  [nada, 

—  «Que  Deus  vos  salve,  ó  meu  pae,— e  a  mim,  filha  abando- 
que  assim  daes  a  minha  heranga — a  quem  si  vos  nao  é  nada! 
Uma  só  filha  que  tendes, — bem  que  a  deixaes  desherdadal 
Ai,  pobre  de  minha  vida, — pobre  de  mim,  malfadadal 

Para  as  portas  de  Sevilha — irei  demandar  pousada, 
ganharei  com  triste  pranto— para  ser  alimentadal» 
— «Mulher  que  taes  fallas  resa, — devéra  ser  degollada; 
eu  só  te  deixo  em  Zamora — uma  torre  por  contada; 
e  a  quem  lá  fór  procurar -te— sej a  a  cabera  cortada  (1). 
Nao  tenho  mais  que  deixar— a  uma  filha  deshonrada». 
Ao  romper  do  novo  día— Zamora  estava  cercada.  [pada, 
— «Que  parta  já  Dom  Ramiro,  —  leve  em  punho  a  minha  es- 
que  parta  ja  Dom  Gaifeiros, — commandando  a  minha  arma- 
6  que  en  Zamora  nao  fique — uma  torre  alevantada».  [da, 
— «Lesto,  lesto,  Dom  Ramiro, — com  vossa  real  espada; 
lesto,  lesto,  Dom  Gaifeiros,— com  a  vossa  nobre  armada; 


(1)    En  otra  versión: 

Que  minha  maldicáo  haja. 


ROMANCES  PORTUGUESES  DE  ORIGEN  CASTELLANO  243 

que  nao  fique  urna  só  torre,— Zamora  fique  arrazada! 
DoEQ  Ramiro,  avante,  avante, — con  vosso  ca vallo  e  malha; 
minha  mae  vos  deu  vestidos, —  meu  pae  davos  sua  espada, 
e  eu  vos  dou  esporas  de  ouro,— pendao  de  seda  encarnada 
que  de  um  lado  leva  o  sol,— de  outro  a  lúa  prateada. 
Vencei  com  esta  bandeira — por  minha  mao  só  lavrada; 
de  ha  muito  que  eu  vol-a  déra, — se  essa  mao  nao  fora  dada... 
Hoje  é  de  XiAena  Gomes,  —  filha  do  conde  Lousada. 
Nao  m*  importara  que  o  fóra, — se  me  nao  devesseis  nada^. 
—  «Pois  como  assim  é,  senhora,-  vai  ella  ser  degollada.» 
— «Nao  o  queira  Deus  bendito,  nem  a  virgem  consagrada, 
que  uniáo  que  o  ceu  permitte,  — seja  por  mim  apartada! 
Adiante,  ó  Dom  Ramiro, — com  vossa  real  espada, 
que  já  lá  vai  Dom  Gaifeiros — commandando  nobre  armada. 
Eu  só  nascí  n'  este  mundo— para  infanta  desgranada». 

Ruy  Cid. 

(Versión  de  la  isla  de  la  Madera). 

Pol  la  veiga  de  Granada — el  rei  moiro  passeiava, 
de  sua  lan^a  na  mao,-  com  que  passaros  matava  : 
na  Ihe  dava  pol  los  pés  — nem  pol  las  azas  Ihe  dava; 
dava-lhe  certo  no  bico,— que  logo  los  derreava. 
E,  nisto,  Ihe  cbegam  novas, — qu'  Alfama  Ih'  era  tomada. 
— «Ai,  Alfama,  minh'  Alfama,— que  m'  estavas  mal  guardada! 
Ainda  hontem,  dos  moiros; — hoje,  dos  christoes  ganhada! 
Ai,  Alfama,  minh'  Alfama,— a  fogo  sejas  queimada, 
s'  ámanha  lo  sol  raiar— sem  de  moiros  ser  c'  roáda!» 
E  chamou  por  seus  moiricos. — que  Ihe  andavam  na  lavrada: 
na  Ihe  vinham  um  a  um; — quatro,  cinco,  de  manada. 
— Quem  é  lo  aventoroso— que  me  ganh'  esta  jornada?» 
I    Repondeu  Ih'  um  moiro  velho, — de  cem  annos,  menos  nada : 
—Esta  batalha,  bom  rei,— só  por  vós  será  ganhada; 
e  lo  perro  de  Ruy  Cid— lo  tereis  pela  barbada; 


244 


LÍRrCOS  CASTELLANOS 


la  sua  Ximena  Gomes— será  vossa  captivada; 
sua  filha  Don'  Urraca — será  vossa  mancebada; 
e  la  outra,  mais  chiquita, —p'  ra  vos  servir  descalcada». 
Kuy  Cid,  que  estav'  ouvindo— da  torre,  sua  morada, 
logo  chamou  sua  filha — dona  Urraca  chamada. 
— «Veste,  filha,  teus  brocados — d'  ir  á  festa  mais  honrada; 
de  chapins  d'  oiro,  nao  prata  — vem,  tu  filha,  bem  calcada; 
^  já,  já,  poe  te  á  janella, — ao  caminho  defrontada. 
Em  quanto  vou  cavalgar — e  cingil  la  minha  'spada, 
detem-me  tu  lo  rei  moiro,— que  ha  de  passar  na  estrada. 
Vae  tu  palavr'  era  palavra, — cada  qual  bem  demorada; 
cada  una  dellas  todas — que  seja  d'  amor  tocada». 
*  —  «Como  Ih'  hei  fallar  d'  amor, — se  d'  amor  eu  na  sei  nada? 
— «Falia  lhe  desta  maneira  —urna  falla  bem  fallada  : 
«Bem  appar'  cido  rei  moiro, — nesta  hor'  aben<;pada! 
Ha  sept'  annos,  já  sept  annos,— que  de  vós  sou  namorada; 
já  vae  correndo  nos  oito; — quero  m'  ir  por  vós  fartada». 
Vestida  de  seus  brocados, — de  chapins  d'  oiro  calcada, 
'stá  Urraca  de  janella — ao  caminho  defrontada; 
e  deitando  olhos  ao  longo,— vé  lo  rei  que  vem  na  estrada. 
E  lo  moiro,  que  la  viu, — la  saudou,  bem  cortejada  : 
— «Alá  vos  guarde,  senhora,— nesta  hor'  afortunadal:«> 
ÉIL  entao,  desta  maneira— fallou  falla  bem  fallada; 
e  de  palavr'  em  palabra— cada  qual  bem  demorada, 
cada  uma  d'  ellas  todas  — era  do  amor  tocada*. 
— «Bem  appar'  cido,  rei  moiro — nesta  hor'  aben^oada! 
Ha  sept'  annos,  ja  sept  annos,— que  de  vós  sou  namorada; 
já  vae  correndo  nos  oito; — quero  m'  ir  por  vós  furtada». 
— «Senhora,  n'  isso  que  qu'  reis,— andaos  bem  aconselhada: 
de  tantas  mulheres  qu'  en  tenho, — só  vos  sois  de  mim  amada; 
seréis  rainha  dos  moiros, — en  grandes  festas  c'  roada; 
de  duzentos  mil  vassallos — tereis  vossa  mao  beijada». 
Éll  entao  Ihe  diz,  com  pena, — já  tal  vez  enamorada  : 
— «I-vos  d'  aquí,  meu  rei  moiro; — na  me  cuidéis  refalsada. 
Assomar  vi  cavalleiros, — que  lá  vem  de  mao  armada 
Com  meu  pae,  lo  Dom  Kuy  Cid, — a  correr  á  desfilada». 


ROMANCES  PORTUGUESES  DE  ORIGEN  CASTELLANO  245 


— «Na  me  temo  de  Ruy  Cid, — nem  de  sua  gent'  armada; 
só  temo  lo  seu  Babieca, — filho  da  minh'  egiia  baia : 
perdi-lo  n  uma  batalha — bem  Ihe  siato  la  patada». 
E  lo  moiro  lá  se  vae — de  carreira  desfechada, 
por  meio  d'  uma  courella — ja  do  arado  cortada : 
— «Mal  baja  lo  lavrador, — que  fez  tamanha  lavrada!> 
Lo  moiro  sempre  correado— de  carreira  desf echada, 
vae  a  caminho  do  rio, — á  barc'  ahí  costumada  : 
— «Tambem  mal  bajas,  barqueiro,~que  tens  la  barca  varada!» 
E  na  sua  egua  baia, — de  carreira  desfechada, 
logo  se  metteu  ao  rio, — que  na  ha  qu'  esp*  rar  nada. 
— «La  mulher  mae  d'  um  só  filho, — ai,  que  mae  tao  desastra- 
Espora,  que  delle  caía,  —por  ninguem  será  tomada!  [da! 
Que  lo  firam,  que  lo  matem  , — na  tem  la  morte  vingada! 
Mas,  se  desta  me  vou  salvo, — oh,  que  desforra  tirada!» 
No  cómenos,  vem  Ruy  Cid, — vé  lo  moro  ir  a  nado; 
e,  de  raivoso.  Ib'  atira — um  dardo  bem  apontado. 

—  «Guardae-me  lá,  genro  meu,~este  dardo  bem  guardado». 
E  no  corpo  do  rei  moiro, — ñcou  lo  ferro  cravado. 

—  «Como  guardarte-te,  Ruy  Cid, — esse  dardo  traigoado, 
se  me  vae  a  dentro  d'  alma,— no  corpo  atravessado? 
Mas  na  morra  desta  feita,— que  te  prometto,  sagrado, 
varar  te  c'  um  cento  delles, — sem  precisar  ser  rogado». 


SECCIÓN  QUINTA 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRADICIONALES  EN  CATALIA 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


La  poesía  popular  catalana,  mucho  más  original  que  la 
portuguesa,  posee  un  considerable  número  de  canciones 
novelescas  y  de  costumbres  que  son  enteramente  indíge- 
nas ó  locales,  y  otras  que  tienen  más  analogía  con  las  de 
Provenza  y  el  Norte  de  Italia  que  con  las  de  Castilla.  En- 
tre estas  canciones  hay  algunas  de  grande  hermosura  y 
de  antigüedad  indisputable,  como  la  del  Gompte  Arnau,\si 
de  la  Dama  d! Avagó,  la  de  La  Gentil  Porquerola,  etc.  Hay 
también  muchas  vulgarfes  y  prosaicas,  compuestas  en  los 
siglos  XVII  y  XVIII,  pero  enteramente  catalanas  por  la  len- 
gua y  por  las  alusiones. 

La  existencia  de  esta  poesía  regional  no  ha  sido  estorbo 
para  que  desde  el  siglo  xvi  hasta  nuestros  días,  los  ro- 
mances castellanos  hayan  penetrado  y  dominado  en  todas 
las  comarcas  de  lengua  catalana  (sin  exceptuar  el  Rose- 
llón  y  la  ciudad  sarda  de  Alguer)  con  el  mismo  imperio 
y  señorío  que  en  todo  lo  restante  de  la  Península.  Y  no  se 
entienda  que  esto  ha  pasado  principalmente  en  el  bilin- 
güe reino  valenciano:  al  contrario,  de  esta  procedencia 
conocemos  muy  pocos  romances.  En  cambio,  la  tradición 
oral  del  Principado  de  Cataluña  conserva,  más  ó  menos 
estragados,  no  sólo  los  que  á  continuación  ponemos  como 
muestra,  escogiendo  una  sola  versión  entre  las  innúmera- 


250  LÍRICOS  GÁST£LLANOS 

bles  que  de /ellos  corren,  sino  otros  menos  importantes  ó 
menos  primitivos.  Y  como  quiera  que  este  género  de  poe- 
sía no  es,  por  su  índole,  ciudadana,  sino  campesina,  y  no 
ha  sido  recogida  en  las  calles  de  Barcelona,  sino  en  las  co- 
marcas más  apartadas  y  montañosas,  donde  apenas  se  co- 
noce el  castellano  mán  que  como  lengua  oficial;  ni  podre- 
mos dudar  del  origen  de  estos  romances,  ni  maravillarnos 
tampoco  del  forzoso  desgaste  que  en  ellos  ha  producido 
su  continua  recitación  por  gente  de  distinta  lengua  y  pro. 
sodia.  La  poesía  popular  se  transmite  en  alas  de  la  música: 
se  canta  á  veces  lo  que  no  se  entiende:  las  palabras  expe- 
rimentan siempre  mayor  degradación  que  los  tonos,  y  por 
eso,  á  juicio  de  los  inteligentes,  es  posible  distinguir  to- 
davía en  Cataluña  las  melodías  que  acompañan  á  estos  ro- 
mances importados,  de  las  genuinamente  catalanas,  aun- 
que es  de  creer  que  muchas  veces  habrán  acompañado  in- 
diferentemente á  uno  ú  otro  género  de  canciones. 

Greneralmente  hablando,  todos  estos  romances  castella- 
nos y  semi-castellanos  recogidos  en  Cataluña  tienen  pa- 
radigmas en  la  tradición  popular  de  Asturias,  de  Portu- 
gal, de  Andalucía  ó  de  los  judíos  de  Levante:  suelen  co- 
incidir en  las  asonancias  (aunque  muchas  veces  están  de- 
formadas por  la  introducción  de  voces  catalanas),  y  pre- 
sentan continuamente  no  sólo  frases,  sino  versos  enteros 
casi  iguales.  Su  aspecto  no  es  muy  antiguo :  de  seguro  nin- 
guno de  ellos  se  remonta  más  allá  de  fines  del  siglo  xvi, 
y  aun  creo  que  son  pocos  los  que  alcanzan  esta  fecha.  Son, 
por  lo  común,  versiones  degeneradas,  si  se  las  compara 
con  las  asturianas  y  portuguesas,  pero  no  en  relación  con 
las  que  hasta  ahora  se  ha  encontrado  en  otras  partes  de 
España.  Sorprende,  además,  su  número,  y  hay  que  agra- 
decer al  verdadero  pueblo  catalán,  tan  español  siempre,  el 
cariño  y  la  tenacidad  con  que  ha  conservado  esta  parte  de 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR  251 

nuestro  tesoro  poético,  mostrándose  en  esto  más  castellano 
que  los  castellanos  mismos. 

A  la  sabiduría  y  honradez  crítica  de  D.  Manuel  Milá  y 
Fontanals  se  debe  el  hallazgo  y  publicación  de  estos  ro- 
mances, que  nunca  cayó  en  la  tentación  de  refundir  ha- 
ciéndolos pasar  por  canciones  catalanas,  como  luego  han 
hecho  otros.  Ya  en  las  Ohservacioim  sobre  la  poesía  popu- 
lar (1853)  insertó  tres  muy  notables:  el  de  ¡oh  falencia!, 
¡oh  Valencia!,  el  de  Flores  y  Blanca-flor  y  el  de  La  aman- 
te resucitada  (1)  y  dió  razón  de  la  existencia  de  otros  mu- 
chos, añadiendo  esta  nota: 

«Creemos  que  los  romances  castellanos  empezarían  á 
hacerse  tradicionales  en  Cataluña  á  últimos  del  siglo  XV 
y  durante  el  siguiente,  ya  por  raedio  de  juglares,  ya  por 
medio  de  personas  ó  familias  residentes  en  nuestro  Prin- 
cipado, ó  ya  por  medio  de  Romanceros,  ó  más  bien  de  plie- 
gos sueltos  como  los  del  Marqués  de  Mantua  y  del  Conde 
Alarcos,  que  todavía  se  expenden.  Acaso  algunos  de  los 
romances  impresos  entonces  se  recogieron  ya  en  Cataluña 
como  los  que  aquí  insertamos.  De  los  ya  impresos  hemos 
oído  recitar  el  del  Conde  Albertos  y  el  de  Doña  Isabel 
de  Liar.  Aun  algún  romance  del  Cid,  como  el  de  San  Pedro 
de  Cárdena,  se  conserva  tradicionaimente  en  Barcelona,  Pero 
generalmente  no  son  de  los  primitivos  y  sueltos,  y  se  reci- 
tan todos  con  un  lenguaje  muy  corrupto». 

Los  romances  castellanos,  según  Milá,  alternan  indis- 
tintamente en  la  tradición  con  los  provinciales,  y  aun  mu- 
chos de  los  últimos  están  salpicados  de  palabras  del  habla 
nacional;  pero  esta  mezcolanza,  las  más  veces  accidental 
y  arbitraria,  y  no  constante  en  todas  las  versiones  de  una 

(1)  Omitimos  aquí  los  dos  primeros,  porque  ya  Wolf  los  copió 
en  la  Primciw-ra  (núms.  23  y  24). 


252  LÍRICOS  CASTELLANOS 

misma  composición,  se  debe  principalmente  al  deseo  de 
dar  á  los  relatos  un  aire  heroico  y  peregrino.  Debe  esti- 
marse, pues,  como  síntoma  de  influencia,  pero  no  de  de- 
rivación. De  estas  canciones,  genuinamente  catalanas,  no 
tratamos  ahora :  tienen  un  sello  peculiar  que  impide  con- 
fundirlas con  los  romances  castellanos,  por  muy  estro- 
peados que  se  presenten.  Estos  son  los  únicos  que  recla- 
mamos. 

Nada  podemos  decir  por  falta  de  experiencia  y  de  com- 
petencia acerca  de  las  melodías  que  acompañan  á  estas 
canciones.  Piferrer  (1)  y  Milá  las  admiraban  con  entusias- 
mo y  escribieron  sobre  el  asunto  páginas  bellísimas.  El 
segundo,  todavía  en  1853  las  tenía  por  enteramente  origi- 
nales é  hijas  del  país.  Pero  en  los  preliminares  que  dejó 
escritos  para  la  segunda  edición  del  Romancerillo  (2),  pro- 
cede con  más  cautela  y  hace  salvedades  muy  oportunas, 
que  conviene  transcribir  ahora  que  con  tanto  afán  se  bus- 
ca por  todas  partes  música  popular : 

«]\jayor  indigenismo  ofrecen,  al  parecer,  los  tonos  ó 
aires  de  música  que  la  letra  de  las  canciones.  No  es  ma- 
teria para  ser  tratada  de  paso  y  por  un  profano  en  la  cien- 
cia musical  la  del  carácter  nacional  de  las  melodías  popu- 
lares. Es  obvio  que  este  carácter  existe  y  es  fácil  distin- 
guirlo en  ciertos  casos,  como,  por  ejemplo,  si  se  compara 
tal  melodía  germánica  con  otra  andaluza  ó  romana.  Mas 
no  es  menos  cierto  que  se  notan  singulares  analogías  en- 
tre las  diversas  músicas  populares,  y  también  se  ha  de 
decir  en  este  punto  que  no  todo  lo  que  conviene  á  un  pue- 
blo deja  de  convenir  á  otro,  y  pueden  ser  comunes  á  va- 
rios ciertas  delicadas  armonías  entre  el  modo  de  sentir  y 
la  música,  entre  la  expresión  hablada  y  la  cantada,  entre 

(1)  Estudios  de  critica  (Barcelona,  1859),  p.  196. 

(2)  Vid.  Obras  completas,  tom.  6.**,  pág.  199. 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


253 


la  construcción  gramatical  y  el  corte  de  la  frase  melódica. 
De  suerte  que  es  cosa  muy  hacedera  que  un  autor  catalán 
se  apropie  una  melodía  venida  de  fuera,  modificando,  es 
verdad,  la  vocalización  y  el  acento.  Sin  embargo,  no  suele 
ser  así,  y  letras  catalanas  poco  menos  que  idénticas  á  otras 
francesas  ó  pro  vénzales  llevan  diferentes  melodías». 

Tampoco  sobre  la  originalidad  de  la  poesía  popular  ca- 
talana se  mostraba  Milá,  en  sus  últimos  años,  muy  afir- 
mativo. «Desde  luego  puede  asegurarse  (dice)  que  el  in- 
»digenismo  de  nuestras  canciones  es  menos  general  de  lo 
»que  á  primera  vista  se  creyera.  El  que  fija  la  atención  en 
»la  poesía  de  su  país,  sin  atender  á  las  de  los  demás,  halla 
»que  las  ideas,  los  sentimientos,  la  versificación  y  el  len- 
»guaje  convienen  en  gran  manera  á  lo  que  entre  lo  suyos 
»ha  observado,  y  no  recuerda  que  hay  cosas  que  convie- 
»nen  á  todos  los  hombres,  otras  á  muchas  naciones  y  al- 
agunas á  pueblos  de  igual  procedencia  y  de  costumbres  y 
»lengua  semejantes.  De  suerte  que  en  nuestra  poesía  po- 
»pular  hay  cosas  que  son  catalanas,  pero  no  exclusivamen- 
»te  catalanas.  De  algunas  canciones  es  indudable  la  pro- 
»cedencia  de  adentro  España  ó  de  ultrapuertos,  sin  que 
»valga  en  contra  tal  ó  cual  variante  más  feliz  que  se  note 
»en  nuestras  versiones.  Otras,  que  no  traen  pruebas  intrín- 
»secas  de  aquella  procedencia,  se  hallan  tan  derramadas 
»en  Oteos  pueblos,  que  sería  temerario  sostener,  á  no  me- 
»diar  una  razón  especial,  que  todos  las  aprendieron  de 
»nosotros.  Mas  quedan  no  pocas,  especialmente  entre  las 
» históricas  (1)  y  las  de  costumbres,  cuyo  origen  catalán 

(1)  Entiéndase  que  estas  históricas  son  todas  de  asunto  moder- 
no, y  no  hay  ningana  anterior  al  siglo  xvii.  Inclúyense  en  este 
número  las  de  bandidos,  y  algunas  relativas  á  la  guerra  de  Suce- 
sión, á  la  de  la  Indepenrlcncia  y  á  las  contiendas  civiles  de  nuestro 
siglo. 


254  LÍRICOS  CASTELLANOS 

»es  indisputable,  no  obstante  una  que  otra  voz  castellana 
»6  francesa,  usada  por  los  cantores  por  efecto  de  hábitos 
» contraídos  al  recitar  las  de  origen  forastero». 

De  la  seguuda  edición  del  libro  de  Milá  (1882)  hemos 
entresacado  las  principales  canciones  bilingües  que  no  de- 
jan duda  en  cuanto  á  su  procedencia  castellana,  omitiendo 
otras  que  sinceramente  creemos  del  mismo  origen,  pero 
que  por  estar  más  catalán  izadas  pueden  prestarse  á  con- 
troversia. Reproduzco  sólo  la  versión  que  Milá  escogió 
como  tipo,  por  estar  más  completa  ó  por  ser  de  más  valor 
estético.  Las  restantes  pueden  verse  en  las  notas  del  Bo- 
mancerillo. 


ROMANCES  CASTELLANOS 


aTRADICIOMAIvES    KM  CATALUÑA 


1. 

fSanta  Catalina* 

(Núm.  24  de  Milá.) 

Aquí  dalt  en  estos  montes — y  en  tierras  muy  regaladas, 
rC  hi  nasqué  una  criatura — que  Catalina  se  llama. 
Su  padre  es  un  rey  moro, — su  madre  una  renegada. 
La  varen  doná  á  cria — á  una  dida  cristiana. 
La  dida  (1),  la  hona  dida, — la  doctrina  ni  ensenyava. 
El  dia  que-ho  va  sabésn  padre  la  atormentaba, 
Que  en  deixés  la  Iley  de  Cristo— qu  en  prengués  la  luterana. 
Ella  dice  que  no  puede — que  á  un  Dios  estaba  donada. 
Son  pare  manda  los  criados, — para  más  atormentarla, 
que  guarnesquian  una  rueda— de  cuchillos  y  navajas. 
Cuando  la  rueda  está  al  punto — la  santa  está  aparejada; 
ya  baja  un  ángel  del  cielo — con  la  corona  y  la  palma. 
cSube,  silbe,  Catarina, — que  Dios  del  cielo  te  manda 
que  te  n  has  de  doná  comte — de  la  teva  vida  santa. 
Tres  cadiras  hay  al  cielo, — Catalina,  pgr  sentarte, 
y  altres  tres  al  purgatorio— por  tus  germans  y  germanes, 
y  altres  dos  en  el  infierno— por  tu  padre  y  por  tu  madre. 

(1)   Dida,  ama  de  cría. 


256 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


La  una  ya  n  es  de  fuego— ^er  tant  que  t'  atormentaren, 
y  V  altre  ya  n  es  de  punxas—per  lo  tant  que  te  punxaren 
A  las  doce  de  la  noche — Catalina  ya  finaba, 
ya  V  en  baixam  á  busca — amh  una  custodia  d'  angels. 
Aquella  cansó  cantarás— todos  los  viernes  del  año, 
Treurás  un  alma  de  pena — la  tuya  si  está  en  pecado  (1). 


2. 

Margarita» 

(Núm.  29  de  Milá.) 

Tres  hijas  tenía  el  Eey — todas  tres  como  oro  y  plata, 
el  rey  se  enamora  de  una, — Margarita  se  llamaba. 
— «Margarita,  tú  has  de  ser — lo  que  tu  padre  rey  manda». — 
— «No  lo  quiera  Dios  del  cielo— ni  la  Virgen  soberana, 
que  sea  mujer  del  Rey, — madrastra  de  mis  hermanas». 
— «Prontos,  prontos  mis  criados, — encerrarla  en  una  cambra, 
que  no  vea  sol  ni  luna, — ni  claror  per  habitarla^). 
— «Margarita,  Margarita, — treu  el  cap  á  la  ventana, 
que  verás  tus  heYmamtos—qiiam  pilota  d'  or  jugavan : 

—  «Hermanitos  de  mi  vida, — hermanitos  de  mi  alma, 
os  pido  por  caridad — que  me  déis  un  vaso  íZ'  aygiia». 
— «No  la  beberás,  traidora,— traidora,  falsa  y  malvada, 
porque  no  has  querido  ser — lo  que  tu  padre  rey  manda». 

—  «Margarita,  Margarita, — treu  el  cap  á  la  ventana, 

que  verás  tus  hermanitas,— que  en  tambores  d'  or  brodavam. 

—  «Hermanitas,  hermanitas, —hermanitas  de  mi  alma, 
os  pido  por  caridad — que  me  déis  un  vaso  d'  aygua^. 
— «No  beberás,  traidora, — traidora,  falsa  y  malvada, 
porque  no  has  querido  ser — lo  que  tu  padrq  rey  manda >. 

(1)   Hay  otras  ocho  variantes  más  ó  menos  catalanizadas. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  257 


— «Margarita,  Margarita, — treu  el  cap  á  la  ventana, 

que  verás  tu  padre  rey — qW  en  mesa  de  oro  dinava». 

— <;Ay  padre  rey  de  mi  vidal — ;ay  padre  rey  de  mi  alma! 

Os  pido  por  caridad, — que  me  déis  un  vaso  d'  aygua», 

— «Pronto,  pronto,  mis  criados, — que  la  traigan  á  matarla». 

Mientras  él  está  comiendo —  V  ánima  al  cel  s  en  pujava. 


Agadeta. 

(Versión  de  Alguer  ciudad  de  lengua  catalana  en  la  isla 
de  Cerdeña). 

Tres  hijas  tenía  el  mal  Eey — todas  tres  como  una  plata, 
la  más  que  estimaba  el  Eey — Agadeta  se  llamaba. 
— «; Agadeta  de  mi  vida!  — ¡Agadeta  de  mi  alma! 
¿Quieres  ser  mi  mujer— y  mi  linda  enamorada?» 
— «No  agrada  á  Dios  del  cielo— ni  á  la  Virgen  soberana, 
el  ser  mujer  de  mi  padre, — madrastra  de  mis  hermanas>. 
— «¿Qué  me  dices,  Agadeta? — mira  que  te  doy  la  muerte, 
mira  que  te  doy  la  muerte», — y  en  esto  tomó  la  espada. 
— «Más priesto  quiero  la  muerte— y  no  vivir  deshonrada». 
Llama,  llama  el  camariero — «encerrádmela  en  una  cama  (sic). 
No  le  donieu  de  comer,— sino  de  la  carne  salada. 
No  le  donieu  á  beber, — sino  del  aygua  malvada. 
Pasa  un  día  y  pasan  dos, — se  ponía  en  la  ventana : 
— «Alzame,  ó  Rey  mi  padre— álzame  un  pichen-  de  agua; 
todo  tiempo  de  mi  vida,  -seré  vuestra  enamorada». 
Y  después  de  haber  bebido,— cayó  en  tierra  desmayada. 
—  «No  siento  yo  de  Agadeta,— siento  no  ser  confesada». 

— Responde  un  ángel  del  cielo—  

— «Confiérate  tú  mal  Rey, — que  ella  está  ya  confesada, 
Tomo  ^,  17 


258 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


porque  ella  de  cuando  es  nada, — está  en  el  cielo  sentada, 
y  tú  de  cuando  naciste— estás  en  lo  infierno  asentado  >  (1). 


4. 

El  üiarlnero* 

(Núm.  34  de  Milá). 

De  Barcelona  partimos— en  una  noble  fragata, 
que  per  nombre  se  decía, — Santa  Catarina  Marta. 
Al  ser  en  medio  del  mar— marineros  se  espantaban, 
reclamaba  un  San  FráVicisco — y  un  San  Antonio  de  Pádua. 
El  dimoni  li  responde — de  V  altra  parte  de  V  aygua: 
— «¿Qué  me  darás,  marinero, — que  yo  te  trauré  de  V  ayguaf» 

—  «Yo  te  donaré  un  navio — cargado  de  oro  y  de  plata». 

—  «Yo  no  quiero  tu  navio, — ni  tu  oro,  ni  tu  plata, 

sino  quant  te  morirás  —que  me  entregues  la  tev^  ánima». 
— «L'  ánima  la  entrego  á  Dios — y  el  cuerpo  á  la  mar  salada. 
Y  un  Padre  Santo  hi  ha  á  Roma — que  perdona  los  pecados, 
que  me  los  perdonará  á  mí, — yo  qu'  en  tengo  de  tan  grandes. 
Desho7irí  yo  una  doncella— en  medio  de  mi  palacio... 
Ella  va  parí  tres  hijas — todas  tres  como  una  plata,  - 
todas  tres  las  he  ahogado — sin  darles  el  agua  santa». 
En  haixa  un  ángel  del  cel—ab  la  corona  y  la  palma: 
Vina  ensá,  bon  marinero, — que  7  Rey  del  cel  te  demana, 
que  f  en  vol  fé  dona  comtes — de  la  tu  vida  pasada»  (2). 

(1)  Además  de  estas  dos  variantes  de  Dolgadina,  se  han  publicado  otras 
ocho,  más  catalanizadas  en  el  lenguaje.  Trata  asunto  análogo,  pero  con 
más  repugnante  aspecto,  el  romance  de  Silvana  (núm.  272  de  Milá). 

(2)  Hay  otras  cuatro  versiones,  todas  con  muchas  palabras  castellanas. 
Cf.  El  Marinero  (núm.  57  de  los  romances  asturianos  y  el  30  y  31  de  los 
andaluces.) 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALlfÑA  259 


5. 

L<a  Viuda. 

(Núm.  204  b¿s  de  MUá.) 

Al  cuarto  de  don  Francisco — galans  plós  y  dols  hi  havia^ 
y  al  cuarto  de  doña  Ana, — galans  bailadas  ni  havia, 
Sa  sogra  n'  entrava  al  quarto—molt  fellona  y  molt  trista  : 
— <¿Qné  tiene  la  mía  madre, — de  que  n  estaba  tan  trista'í» 
« Tinch  uh  únele  capelJá, — s'  ha  muerto  á  la  morería». 

—  ^ No  plore,  la  mía  madre, — d'  úneles  altres  n*  hi  havia^. 

L'  enterra  sense  campanas,— perqué  no  haje  sentida,  [co?> 
— i(¿M'  en  diría,  la  mía  madre,  — donde  estaba  don  Francis- 
— « Don  Francisco  está  á  la  corte,  —  que  el  rey  mandado 

[r  había  >. 

—  tM'  en  diriay  la  mía  madre,  —  cuánto  tiempo  allá  estaría?» 
— «Unos  hi  están  un  año, — otros  un  any  y  den  días», 

— s<¿No  'm diría, mío,  madre, — gwawí  tiempo  estaré  á  eixímissaf* 
— «Unas  hi  están  un  mes, — otras  están  quince  días, 
otras  están  tres  semanas,— otras  un  any  y  un  día. 
Vos,  como  doña  Ana  hermosa, — cumpliréis  V  any  y  deu  dias» . 
— «Non  diría,  la  mía  msidre,—de  quin  coló  van  vestidas?» 

—  «  Unas  hi  van  de  domás^altras  de  tapicería, 
otras  hi  varen  de  perlas, — otras  de  luto  vestidas; 

vos,  como  doña  Ana  hermosa,— de  luto  hi  iréis  vestida». 

Al  exime  de  la  puerta, — toda  la  gente  decía: ; 

— «Ahora  ix  la  linda  hermosa, — ahora  ix  la  linda  viuda». 

— '<¿No  'm  diría,  linda  madre— qu'  es  lo  que  la  gente  dice?» 

— «No  lo  dice  por  tí,  Ana, — sólo  por  mí  lo  decía». 

Al  entrantne  de  la  Iglesia— toma  del  agua  bendita: 

— «Agua  bendita,  te  tomo, — por  un  año  y  por  un  día». 

Ella  vegié  una  tomba—qne  de  luto  está  vestida, 

ella  se  pone  á  leer — trova  qu'  es  lo  seu  marido. 

Quant  doña  Ana  ha  visto  esto  —cau  en  térra  esmortuida; 


260  ^  LÍBICOS  CASTELLANOS 


no  la  pueden  retornarla, — vino  blanco  y  malvasía, 

si  no  son  tres  parauletas — que  sá  sogra  li  decía  : 

— €Alc€uvos,fló  de  las  flós^ — alcemos,  floretas  mías, 

capellá  qu  es  al  altá—ya  pasaba  ara  la  misa». 

Al  exintne  de  la  Iglesia, — toma  del  agua  bendita. 

—  «Agua  bendita,  te  tomo, — por  un  año  y  por  un  día». 

Don  Francisco  murió  al  mars^  —  doña  Ana  al  maig  moría  (1). 


6. 

Ija  cruel  Infanta. 

(Núm.  237  de  Milá.) 

Aquí  está  la  hija  del  rey — qu'  ella  la  fresca  ^rm¿a 
y  viene  muy  descontenta — de  las  novas  que  corrián. 
Dona  la  culpa  á  su  padre — porque  no  era  casadita. 
Su  padre  se  lio  escuchó  —de  la  cambra  ahont  vivía: 
-— (í¿De  qué  lloras  la  infanta, — de  qué  lloras  y  suspiras?  » 
— -«  Vosté  li  diré,  mi  padre, — qu'  á  un  altre  no  lo  diría  : 
de  las  niñas  de  mi  tiempo — todas  casadas  ya  sigan, 
y  yo  como  á  hija  vuestra — casadita  aún  no  siga. 
Ya  podría  ser  casada — con  el  conde  de  Sevilla, 
sino  por  Don  Juan  de  Lorca— que  su  fe  me  prometía. 
Padre,  fassi  'n  un  diná — y  convideV  hi  un  día, 
mentren  estará  dinand0,'^párleli  de  parte  mía. 
Dient  aquestas  palabras — el  comte  per  casa  arriva. 
— »¿No'  vías  promés,  el  comte, — casarte  con  la  meva  hija?» 
—  cYo  bien  li  h avía  ^romes, — pero  no  li  mantenía», 
— «Mata  ta  mujer,  el  compte, — antes  que  no  venga  el  día». 
Posa  la  sella  al  cavall^—casa  seva  se  volvía, 
condesa  lo  veu  vení — á  recibirlo  salía. 

(1)  Cántase  también  el  mismo  asunto  en  un  bello  romance  de  seis  síia 
bas,  mucho  más  catalanizado.  Cf.  el  romance  asturiano  de  Doña  Alda 
(núms.  42  y  43)  y  el  romance  extremeño  núm.  13.  ^ 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  264 

—  ^  Aparta  t  de  mí,  condesa, — apartat  por  vida  mía». 
Posa  los  hijos  á  íawía,— todos  tant  com  ne  tenia. 

De  tant  que  lloraba  el  comte, — toda  la  mesa  corría. 

— «¿De  qué  lloras  tu,  hon  comte,  —  de  qué  lloras  y  suspiras?» 

—  «Ya  yo  f  ho  diré,  condesa, — quant  serem  á  la  cambrilla». 
El  comte  dice  que  té, — hont  la  comtessa  áormÍB.: 

la  traidora  de  V  infanta—d'  amores  1'  en  requería. 

—  «Yo  te  tengo  de  matar — antes  que  no  vinga  el  día»,  [rian^ 

—  «Tórname  á  casa  mis  padres,  —  que  muy  bien  m'  aplega- 
— «No  puede  ser,  no,  condesa, — que  descubierto  sería». 

— i<Pórtam  en  amh  un  convento, — que /are  moZí  santa  vida>. 
— «No  puede  ser,  no,  condesa, — que  dos  mujeres  tendría». 

—  »Portani  en  amh  un  hosquito^qiV  eís  perros  me  comerían». 
— «No  puede  ser,  no,  condesa, — que  esto  también  se  sabría. 
¿Qué  P  estimas  mes,  condesa, — la  tu  mort  ó  la  mía?» 

— «La  mía  m'  estimo,  comte— per  los  amors  que  ws  tenían; 
pasam  un  mocado  al  coll — que  'm  mate  de  garrotillo>. 
De  tant  que  llora  7  ho  comte, — mes  estrenye  no  podía. 

—  ^Estrenya,  estrenya,  7  hon  comte  —  que  no  *m  fassi  tan  pa- 
Estant  en  aquest  instant—un  criat  del  rey  arriva:  [time», 
«Detente,  detente,  el  comte, — detente  por  vida  mía, 

que  V  infanta  ya  está  muerta — y  el  rey  también  se  moría». 

— Yo  no  perdono  al  rey— ni  menos  la  seva  filia, 

y  al  comte  si  que  '1  perdono— per  que  mal  no  hi  mereixia^  (1)  • 

7. 

Kl  Preso. 

(Núm.  239  de  Milá.) 

Mes  de  Mayo,  mes  de  Mayo, — n*  es  tiempo  de  grans  calo- 

cuando  la  cebada  grana— los  trigos  n'  están  en  flores.  -  [res, 

I 

(1)  Cita  Milá  otras  siete  variantes  del  Conde  A  tarcos  ( Conde  Florispán  > 
Conde  de  Floris...J,  todas  con  mezcla  de  palabras  castellanas. 


262  LIRICOS  CASTELLANOS 

Los  condes  y  caballeros — van  á  ver  á  sus  amores, 

y  yo,  pohret  de  mí— m'  en  estich  en  duras  prisiones, 

sin  saber  quant  es  de  día— ni  tampoch  quant  es  de  noche, 

sino  por  dos  pajaritos — que  volan  sobre  la  torre; 

lo  uno  n'  hi  marca  lo  día,—/'  otro  n'hi  marca  la  noche. 

Los  cabellos  de  mi  cabeza — m'  en  redondean  els  talones, 

los  pelos  de  mia  barba — m'  en  redondean  els  genoUos, 

las  uñas  de  mias  manos — parecen  uns  tajadores  (1). 


lia  Muerte* 

(Núm.  240  de  Mílá.) 

Aquesta  nit  he  somiat — somiava  y  no  dormía, 
somiava  V  amor  meu—qu'  ais  meus  brassos  la  tenía. 
Veig  entrar  una  senyora — molt  blanca  y  descolorida, 
— «¿Pr'  Jiont  n'  ets  entrat,  V  amor  meu, — pr*on  n  ets  entrat. 
Las  puertas  están  cerradas — ventanas  y  xelosias.  [amor  mía?» 
— «No  soy  V  amor,  caballero :— la  Muerte  que  Dios  t'  envía». 
— «Ay  muerte  tan  rigorosa— dame  un  día  más  de  vida, 
per  confessá  y  combregá — y  per  veure  mi  querida, 
que  si  no  V  anava  á  veure— -mi  alma  se  condenaría». 
— «No  puede  ser,  caballero, — no  más  que  una  hora  de  vida». 
En  un  momento  *s  calsava — en  un  momento  's  vestía, 
y  ya  se  va  por  la  calle— donde  habita  su  querida. 
Ya  la  llamaba  á  la  puerta: — «Baja  á  abrir,  querida  mía; 
la  Muerte  me  está  buscando, — puede  que  no  me  hallaría». 
— «No  puede  ser,  caballero, — gran  pena  fuera  la  mía; 

(1)  Es  variante  del  núm.  114  de  la  PHmavera,  El  Prisionero,  del  cual 
se  lee^a  un  fragmento  en  el  Cancionero  general  de  Hernando  del  Castillo 
(1511)  y  el  texto  íntegro  en  el  Cancionero  de  Romances  de  Amberes,  sin 
año,  anterior  á  1550. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  263 

mi  padre  va  por  palacio,— no  duerme  la  madre  mía; 

yo  te  enviaré  un  cordón— que  sea  de  seda  fina». 

— «Si  la  seda  fuera  delgada — el  cordón  se  rompería». 

—«Menfre  están  en  estas  páranlas — la  Muerte  també  hi  arrivá», 

— «Vamos,  vamos,  caballero, — que  la  hora  ya  está  cumplida». 

agafan  mano^er  mano — y  se  van^er  un  camino. 
Pasan 2?er  una  montaña— que  /¿¿había  una  hermita, 
hi  había  un  hermitá — que  feya  una  santa  vida. 
— «Hermitá,  bon  hermitá — que  haces  de  la  santa  vida,  [dida?» 
los  hombres  que  d'  amores  mueren— si  tendrán  su  alma  per- 
— «No  ho  sé  per  cert,  caballero, — que  Deu  del  cel  ho  sabría: 
el  mal  que  usted  tiene  ahora — también  lo  tuve  algún  día, 
cortejando  una  gran  dama, — dama  noble  de  Sevilla. 
Ella  se  ha  hecho  monja, —  yohermitaño  de  esta  hermita»  (1). 


9. 

El  Conde  Preso» 

(Núm.  241  de  Milá.) 

Al  palau  del  Rey — hi  falta  un  caballo. 
El  Rey  dice  al  comíe— si  1'  había  hurtado; 
Comte  no  lo  ha  hecho, — ni  menos  pensado. 
Ya  r  en  puso  preso— y  encarcelado, 
que  no  vea  el  sol, — ni  la  luna  clara, 
si  no  un  carpintero— cómo  carpintaba. 
— «Carpintero  noble, — ¿per  qui  son  las  f oreas?» 

(1)  Milá  dice  haber  regularizado  la  versificación  de  este  romance,  cata- 
lanizando  alpunas  palabras.  Cita  algunos  versos  de  otras  tres  versiones. 

Tiene  analogía  este  fantástico  romance  con  las  curiosímas  Coplas  de  la 
Muerte  cómo  llama  d  un  poderoso  caballero,  composición  impresa  en  un 
pliego  suelto  gótico  sin  lugar  ni  año.  (Vid.  núm.  195  del  Catálogo  de  la 
Biblioteca  de  Salvá^  y  tomo  6.°  de  esta  Antología,  p.  383  ) 


264. 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— «Per  vos  soD,  el  comte—per  vostra  persona». 

— «Feu  que  sean  altas, — altas  y  espayosas, 

no  coman  los  perros — de  mis  carnes  dolsas, 

T'  en  daré  un  diamante — costa  cien  doblones; 

el  Key  me  lo  ha  dado — día  de  mis  bodas. 

¿Qué  dirán  los  hijos? — me  han  visto  en  prisiones. 

¿Qué  dirán  los  grandes? — me  han  visto  en  grillóles». 

El  Rey  y  la  Eeina — de  sus  miradores, 

y  los  caballeros — de  sus  altas  torres, 

cridan  al  verdugo, — que  despinje  al  conde, 

—  ^Afluixa,  verdugo, — afluixa  la  soga». 

Respon  el  verdugo — que  ya  no  n'  es  hora, 

qu'  el  comte  ya  es  muerto, — que  Dios  lo  perdone»  (1). 


10. 

I^as  dos  hermanas. 

(Núm.  242  de  Milá.) 

Moro,  si  vas  á  la  España,— j?oríams  una  cautiva; 
no  sea  blanca  ni  fea, — ni  gente  de  villanía, 
no  sea  mujer  del  Rey, — sino  del  Princep  de  Castilla. 
Ved  venir  el  comte  Floris — que  viene  de  romería, 
viene  de  prega}'  á  Dios, — que  le  diese  un  hijo  ó  hija. 
— «Comte  FÍoris,  comte  Floris,— tu  mujer  será  cautiva». 
— «No  será  cautiva,  no, — aunque  me  cueste  la  vida». 
Mataron  al  comte  Floris,— queda  su  mujer  cautiva. 
— «Aquí  traigo,  Reina  mora, — una  cristiana  muy  linda, 
que  no  es  blanca  ni  fea,— ni  gente  de  villanía, 

(1)  Hay  otras  cinco  variantes.  Tiene  alguna  remota  analogía  con  los  ro- 
mances asturianos  de  Bernardo  del  Carpió  (núm.  10-11-12)  y  con  los  por- 
tugueses que  citamos  en  la  nota  correspondiente. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  265 

ni  es  la  mujer  del  Rey, — es  del  princep  de  Castilla». 

—  «Doscientas  esclavas  tengo,— tú  serás  la  más  querida, 
¿Quina  tomará  las  llaves — para  hacer  la  mi  cocina?» 

— «Yo  las  tomaré,  Señora, — pues  tan  gran  dicha  es  la  mía. 
La  Reina  estaba  preñada, — la  cautiva  estaba  en  cinta, 
volgué  Dios  y  la  fortuna, — las  dos  parieron  un  día. 
La  Reina  parió  en  el  trono, — la  esclava  en  tierra  paría; 
un  hijo  parió  la  esclava,— la  Reina  una  hija  paría; 
les  llevadores  (1)  son  falses —les  criatures  cambien, 
donen  el  hijo  á  la  Reina — y  á  V  esclava  dan  la  hija». 
Un  día  quant  la  volcave  (2) — estas  palabras  decía: 
— «No  llores,  hija,  no  llores, — hija  mía  y  no  parida, 
que  si  fuese  á  la  mi  tierra, — muy  bien  te  hatejaria. 
Yo  te  pondría  por  nombre^— María,  flor  de  Castilla, 
que  yo  tenía  una  hermana— que  este  nombre  se  decía; 
que  yo  tenía  una  hermana, — de  moros  era  cautiva; 
que  7s  moros  la  cautivaron — una  mañanita  fría, 
cogiendo  rosas  y  flores — en  un  jardín  que  tenía>. 
La  Reina  se  ho  escóltave— del  quarto  q'  ella  dormíe, 
ya  r  enviaba  á  busca— per  un  negro  que  tenie: 

—  «¿Qué  dices,  la  linda  esclava? — ¿qué  dices,  linda  cautiva?» 
— «Lo  que  decia  la  Reina, — 5^0  también  te  lo  diría. 

No  llores,  hija,  no  llores, — hija  mía  y  no  parida». 

— «Si  aixófos  veritat — las  dos  germanas  seriem^^. 

— «Aixó  es  veritat  y  señora, — como  el  día  en  que  nacía». 

— «Ya  s'  abrassaven  las  dos— con  un  gran  llanto  qii'  hi  havie^. 

Lo  rey  moro  lo  sentie — del  quarto — qu*ell  escrivie, 

ya  r  enviaba  á  busca — per  un  negro  que  tenie. 

— «¿Qué  lloras,  la  meva  prenda? — ¿qué  lloras,  regalo  mío?» 

—  «¿Si  'f  donen  pena  los  moros, — los  moros  de  la  marina?» 
— «No  'm  donen  pena  los  moros, — los  moros  de  la  marina». 
¿^Si  f  dome  pena  la  esclava, — que  yo  la  castigaría?» 

—  «No  m'  done  pena  la  esclava — qu'  es  una  germana  mía», 
— »Gracias  li  dono,  Señora,— con  lo  mejor  de  Turquía». 

(\)   Las  comadres  ó  parteras. 
(2)   La  mecía  ó  acunaba. 


266 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Ya  w  respondía  la  Keina, — estas  palabras  decía :  [tos». 
— <No  quiero  que  la  mi  sangre — vaya  á  estos  perros  maldi- 
Un  día  mientras  paseaban — con  su  hijo  y  con  su  hija, 
echan  convenio  las  dos— y  á  su  tierra  se  volvían  (1). 


11. 

Ija  mala  suegra. 

(Núm.  243  de  Milá.) 

Don'  Arbona  se  paseja — por  una  sala  muy  grande, 
los  pensamens  qu'  ella  feya—no  eran  buenos  ni  malos  : 
ella  n'  estaba  dient—dient  aquestas  páranlas : 
— tSi  pogués  ana  ápari—á  casa  la  meva  mare, 
allí  sería  servida — de  criats  y  de  criadas». 
Sa  sagra  s'  está  al  baleó — que  de  tot  se  ha  escoltava : 
— <  Ves-hi,  ves-hij  Don  'Arbona, — a  parí  á  casa  ta  mare, 
que  allí  serás  bien  servida — de  criats  y  de  criadas; 
Quant  Don  Alonso  vindrá — promte  li  diré  que  lii  vaji*, 
Quant  Don  Alonso  arrivá — Don  'Arbona  demana  va :  ^ 
— cDon  'Arbona  es  á  parí — á  casa  la  seva  mare; 
si  sabias,  el  meu  ñll—com  nos  ha  despreciado! 
Á  mí  me  ha  tratado  de  hifa  (sic) — y  á  ti  hijo  de  un  mal  fraire». 
Promte  mana  los  criats — que  gurnissen  lo  caballo, 
no  el  que  'nés  corriendo, — sino  el  que  'nés  volando. 
A  cada  cantó  de  sella — hi  ha  fet  posa  un  punyalo. 
De  tant  que  7  cavall  covñsi — Isis  pedras  van  fogueando.. 

(1)  Hay  otras  cinco  lecciones,  y  otra  variante  (núm.  242  bis  de  Milá) 
mucho  más  catalanizada,  pero  que  todavía  conserva  rastros  de  su  origen 
en  las  palabras  castellanas  intercaladas. 

Es  el  romance  de  Flores  y  Blanca-Flor  ó  de  la  Reina  y  la  Cautiva,  uno 
de  los  más  sabidos  y  decantados  en  toda  España.  La  lección  catalana  se 
parece  mucho  á  las  de  Asturias. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA 


267 


Quant  es  arrivat  allí— ya  n'  encentra  una  criada, 

li  dona  la  enhorabuena — del  hijo  que  Dios  le  ha  dado. 

No  n  esiich  per  norabuenas— del  hijo  que  Dios  mo  ha  dado, 

no  n'  estich  per  norabuenas, — Don  'Arbona  que  devalli». 

—€¿Com  devallará  r Arbona— si  tot  ella  va  de  sangre?» 

Sa  mare  ya  T  en  vestía— y  sas  germanas  la  calsaban, 

per  dissimulá  la  cosa — li  posan  vestit  de  grana. 

Y  r  engafa  per  un  hras — y  se  V  en  munta  á  caballo. 

Diez  y  seis  leguas  caminan— sewse  dirse  cap  páranla; 

cabadas  las  diez  y  seis  leguas — Don  Wrbona  s'  hi  esmayava 

— «¿Qué  me  darás,  Don  AXonm—per  fer  (ne)  passá  el  desma- 

— Dona  las  tetas  al  hijo, — que  te  tengo  de  matarte.  [yo?» 

— «¿Qué  t'  hi  fet  yo,  Don  Alonso, — qu'  a  mí  m'  hajis  de  ma- 

—  «Hijo  mío  del  meu  cor, — ¿n'  obrarías  un  miracle?^  [tarme?» 
— «Que  se  detengui  mi  padre,— no  mati  la  meva  mare», 
«Por  la  llenga  de  su  madre — tres  mujeres  ya  ha  matado». 

—  «¡Válgame  Dios  de  los  cielos— y  la  Virgen  soberana, 

que  un  hijo  de  tan  pocas  horas— me  diga  á  mí  estas  palabrasi 
¿Me  dirías j  el  meu  fill, — quin  cástich  mereix  ton  áviaf*\ 
— tEl  cástich  qu*  ella  mereix — un  Dios  del  cielo  lo  sabe.» 
Quant  arriba  á  casa  seva — troha  sa  mare  'squrtarada  (1). 


12. 

Wjsí  boda  Interrumpida. 

(Núm.  244  de  Milá.) 

Las  guerras  son  publicadas— las  de  Fransa  y  Portugal, 
el  fill  del  conde  Don  Burgos — 1'  han  cridatper  General. 
La  trista  de  la  condesa — no  feya  sino  llorá. 

(1)  Tan  popular  como  el  anterior  es  este  romance,  que  no  falta  ni  siquie- 
ra en  las  provincias  donde  hasta  ahora  se  ha  recogido  menor  copia  de  can 
ciones  populares.  Es  natural  que  en  Cataluña  abunde :  Milá  obtuvo  hasta 
nuevd  versiones. 


268 


LIRICOS  CASTELLANOS 


— ¿De  qué  lloras  tú,  condesa— no  solías  jpas  lloráf^  [anáf> 

—  «¿No  tinch  que  llorar,  el  Conde,- si  veig  que  f  entena 

—  «Si  al  cap  de  set  anys  no  torno, — Condesa,  torna  f  á  casáy, 
— «No  lo  manda  Dios  del  cielo — ni  la  Santa  Trinidad, 

que  mientras  el  Conde  visca, — Condesa  's  torni  á  casáy>. 

Los  siete  afíos  son  pasados, — los  ocho  corriendo  van. 

Un  día  estando  á  la  mesa  -  su  padre  la  va  llama, 

— «¿Perqué  no*  t  casas,  Condesa? — ¿com  tardas  tant  á  casáf'» 

— «Com  me  casaré,  V  mi  padre, — si  lo  Conde  viii  está? 

Dónenme  la  bendición, — que  yo  V  aniré  á  hmcáy?. 

Caminando  ciento  leguas— romerita  *s  va  cansa, 

Retir a{8)  tras  d'  una  torre — en  un  palacio  que  hi  ha, 

Quant  es  detrás  de  la  torre— pagecitos  veupassá : 

— «¿xlquesta  caballería — per  qué  la  quieren  ensellá?»  [posm, 

—  '<Pelfill  del  Conde  Don  Burgos — qu'  esta  nit  se  quiere  es- 

—  «¿Aquet  senyó  que  m'  nomena—hont  el  podría  encontrá?» 
— «  Veji  dalt  d'  aquella  sala, — romerita,  7  trovará». 

Li  demana  una  limosna— 2?er  amor  y  caritat: 

— «Que  vengo  de  la  Italia— no  hi  dut  res  pera  gastá», 

— «Si  tu  vens  de  la  Italia, — quina  nova  hay  allá? 

Mujer  del  Conde  Don  Bueso, — ¿si     es  morta  ó  que  fá?» 

—  Questa  dama  que  *m  nomenas—¿qiiin*  ensenya  'f  donará?» 
— El  faldelli  qne  portava — el  día  de  Vesposá, 

Más  de  cien  doblas  valían— las  guarniciones  que  hi  ha, 

y  altras  tantas  ne  valdría — si  ara  V  podría  ensenyá». 

Se  quita  7  guant  de  la  mano — son  anell  d'or  li  mostrá, 

se  quita  lo  guardapié — son  faldelli  li  ensenyá, 

¡Ay  qué  lloros,  ay  qué  lloros, — por  aquel  palacio  hi  ha! 

Que  las  primeras  mujeres — may  se  poden  olvidé, 

s'  engafan  mano  per  mano — y  á  sa  casa  van  aná  (1). 

(I)  Es  el  romance  de  El  Conde  del  Sol,  tan  conocido  en  Asturias  y  en 
Andalucía.  Hay  otras  siete  variantes  catalanas. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  269 


13. 

Ija  niña  guerrera. 

(Núm.  245  de  Milá.) 

— Maldita  seas,  comtesa, — y  la  teva  generado, 
de  siete  hijas  qu  has  parida — no  has  parit  ningún  varó; 
ara  cap  á  mas  vellesas — hay  d'aná  á  serví  7  senyó. 
Ya  respon  la  mes  pequeña  : — «Padre,  ya  hi  aniré  yo. 
Pare,  deixem  les  tiretes, — les  tiretes  y  el  layó, 
com  me  llamo  Doña  Amalia — Don  Marcos  me  diré  yo». 
Siete  años  aná  'n  campaña— wm^w  no  la  conoció, 
sino  el  hijo  de  la  reina — deis  ojos  se  enamoró  : 
— «Mare  regna,  mare  regna, — de  amores  me  muero  yo,  , 
que  los  ojos  de  Don  Marcos— son  de  dama,  y  hombre  no». 

—  «Hijo  mío,  convidarlo— un  día  á  diná  am  vos, 
las  dames  com  son  discretes —totes  fan  lo  vergonyós», 
Don  Marcos  com  era  cuerdo — ell  todo  se  lo  pensó; 
lo  milló  bocí  del  plat— Don  Marcos  se  r  emportó. 

— <í.Mare  regna,  mare  regna,— amores  me  muero  yo, 
que  los  ojos  de  Don  Marcos — son  de  dama  y  hombre  no». 
— «Hijo  mío,  convidarlo— un  día  á  nadá  am  vos, 
que  si  Don  Marcos  es  dóna—he  ho  coneixerieu  vos», 
Don  Marcos  com  era  cuerdo— cíZ  todo  se  lo  pensó; 
calsotets  y  camisola  —  aixó  no  se  lo  llevó. 
— (f. Mare  regna,  mare  regna, — de  amores  me  muero  yo, 
que  los  ojos  de  Don  Marcos — 6on  de  dama  y  hombre  no». 

—  «Hijo  mío,  convidarlo— un  día  á  dormí  am  vos, 
que  si  Don  Marcos  es  dona, — be  ho  coneixerieu  vos^/. 
Don  Marcos  com  era  cuerdo— eZZ  todo  se  lo  pensó, 
calsotets  y  camisola — aixó  no  ee  lo  llevó. 

—  «ilífare  regna,  mare  regna,— de  amores  me  muero  yo, 
que  los  ojos  de  Don  Marcos— son  de  dama  y  hombre  no»., 
— «Hijo  mío,  convidarlo — un  día  al  jar  di  am  ios, 


270 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


les  (lames  com  son  discretes — totes  corren  á  lafió^. 

De  cap  fió  d'  aquel  jardi — ell  no  s'  en  enamoró, 

Al  capdevall  del  jardí—hi  havia  un  gran  llimó  : 

— «¡Ay  qué  lindas  los  limones, — que  lindos  limones  son». 

—  «Más  lo  son  estas  palabras— que  salen  del  corazón»  (1). 


14. 

El  Quintado* 

(Núm.  246  de  Milá.) 

A  la  vora  de  la  mar, — á  la  vora  de  V arena, 
ya  n'  hi  ha  dos  mil  soldados — compañía  noble  y  bella; 
los  un  mil  son  voluntarios, — r  altre  mil  forzados  eran. 
Si  n'  hi  havia  un  trist  forzado — que  llora  la  sua  pena. 
El  capitán  ho  ha  entendido,— capitán  que  los  gobierna. 
— «¿Qué  lloras  tú,  trist  forzado, — qué  lloras  que  te  da  pena? 
¿Que  te  dan  pena  los  grillos— ó  las  pesantes  cadenas, 
o  te  tratan  mal  los  cómits—6  te  azotan  que  no  debas, 
ó  te  quitan  la  ración — ó  no  te  la  dan  entera?» 
— No  me  dan  pena  los  grillos— ni  las  forzadas  cadenas, 
no  me  tratan  mal  los  cómits—ni  me  azotan  que  no  deben, 
ni  me  quitan  la  ración, — que  ya  me  la  dan  entera. 
Pues  que  vosté  me  lo  manda— yo  li  contaré  mi  pena. 
El  día  que  me  quintaron — eran  mis  bodas  y  fiestas. 
Vaig  deixá  la  mía  esposa— casada,  viuda  y  doncella. 
Yo  ya  la  dejé  casada, — porque  m'  esposé  con  ella, 
yo  doncella  la  dejé, — porque  no  hi  dormit  amb  ella, 
Yo  viudeta  la  dejé, — porque  me  atrevo  por  ella». 
— '<¿Em  diría,  mi  quintado, — si  era  bonita  ó  fea?» 

(1)  Hay  otras  ocbo  variantes,  Es  el  romance  asturiano  y  portugués  de 
Don  Martirios  (núm.  46). 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALüÑA  271 


— «Más  linda  qu'  el  sol  quant  sale— brillante  com  las  estrellas, 
ya  la'  n  traigo  retratada— á  la  copa  del  sombrero». 
Quant  el  capitán  V  ha  visto— promte  se  enamora  de  ella. 
— «  Vaji,  vaji,  mi  quintado,— mjí,  vaji,  con  su  dueña, 
que  li  dará  de  mi  parte — cien  mil  abrazos  y  un  beso». 
'Al  punt  de  la  media  noche— ya  li  trucan  á  la  puerta. 
— ({.Tornen  demá  la  mañana — que  la  porta  ohri  no  puedo. 
De  la  noche  els  gats  son  pardos — per  enganyá  las  mujeres. 
— Baixa,  baixa  á  ohri,  señora — que  soy  tu  marido  y  dueño. 
— Ay,  no  es  mi  dueño,  nó, — que     es  pres  á  la  galera, 
— Baixa,  baixa  la  senoyra—obri  la  porta  y  no  tema, 
sois  per  la  teva  hermosura — m'  han  donado  la  llecencia. 


15. 

'  Ija  inocente  acusada* 

(Núm.  248  de  Milá.) 

La  Diana  está  en  el  jardín, — en  el  jardín  de  su  padre, 
cogiendo  rosas  y  flores— y  violetas  boscanas. 
En  medio  de  aquel  jardín — había  una  fuente  grande, 
había  cuatro  cañones,— todos  cuatro  van  rajando. 
Del  uno  raja  oro  fino, — del  otro  la  fina  plata, 
del  otro  raja  el  cristal, — del  otro  el  agua  más  clara; 
alrededor  d'  aquel  bulto — había  un  serpiente  grande. 
— «(Válgame  Dios  de  los  cielos — y  la  Virgen  soberana, 
estos  son  pecados  míos — ó  la  vida  se  me  acaba!» 
— «No  f  espantis,  nó,  Diana — que  soy  un  rey  encantado 
que  para  servirte  á  ti — seis  años  que  estoy  penando. 
Si  quieres  venir  conmigo, — serás  rica  y  estimada, 
serás  reina  de  Castilla — y  princesa  de  Granada». 
— «No  quiero  venir  contigo,— buen  marido  Dios  me  ha  dado>. 
— «Mira  que  te  mataré— con  esta  cruel  espada». 


272 


LIRICOS  CASTELLANOS 


—«Más  vale  morir  con  honra — que  no  vivir  deshonrada». 
La  traidora  de  la  Eeina— del  balcón  se  lo  escuchaba, 
escucha  qué  dice  el  Rey,— nó  que  responde  Diana. 
Un  día  que  el  Rey  fué  fuera, — fué  fuera  de  su  palacio, 
ya  manda  hacer  un  pregón — por  Castilla  y  por  Granada  : 
todos  los  condes  y  duques— han  de  comer  en  su  casa, 
también  el  conde  de  Floris,— marido  de  la  Diana. 
Cuando  fueron  á  la  mesa — buen  provecho  les  ha  dado : 
— «Con  licencia,  caballeros, — voy  decir  cuatro  palabras. 
Todos  los  que  son  aquí — tienen  la  mujer  honrada, 
menos  el  conde  de  Lara, — marido  de  la  Diana, 
Que  n  es  la  maja  del  Rey — y  le  sirve  de  enamorada, 
de  día  para  la  mesa,— de  noche  para  la  cama». 
Todos  dicen  á  la  una  :  «Diana  no  te  tal  fama». 
Cuando  el  conde  escuchó  esto— muy  pronto  bajo  la  escala, 
ya  'n  desensilla  la  muía, — ya  ^'ensillaba  el  caballo. 
Cuando  Dianá  el  veu  vení — á  recibirlo  anava 
con  los  brazos  extendidos — y  la  rialla  en  la  cara  :  [vada. 
— <LFuigm'  en  de  aquí,  tú  traidora,— /w¿^m'  en  de  aquí  tu  mal- 
que  en  el  palacio  del  Rey — hoy  por  ti  me  han  afrontado  : 
que  eres  la  maja  del  Rey— y  le  sirves  de  enamorada, 
de  día  para  la  mesa,— de  noche  para  la  cama». 
—«Quien  te  ha  dicho  esto,  el  conde, — la  verdad  no  te  ha  con- 
— «Mira  que  te  mataré— con  esta  cruel  espada».  [tado». 
—  «Más  vale  morir  con  honra— que  no  vivir  deshonrada». 
De  tres  hijas  que  ella  tiene —ya  llamaba  la  más  grande  : 
— i<Quant  tu  padre  me  habrá  muerto — y  la  cabeza  quitado, 
me  peinarás  el  cabello— y  m  en  rentarás  la  cara, 
y  irás  á  hacer  un  presente — á  la  Reina  muy  honrada. 
Quant  arribarás  allí— que  n'  arribis  hen  parlada, 
que  no  f  tinguessin  de  (¿i.-— «Mal  hija  qui  V  ha  criada? y> 
Enpujant  de  V  escalera— ya  troha  7  Rey  que  dinava, 
— «Buen  provecho  tenga  el  Rey». —  «Dios  te  salve,  la  hija  in- 

[fanta». 

— «Aquí  vengo  á/e  un  present — á  la  Reina  molt  honrada». 
—«Destápalo,  buena  hija,— destápalo,  buena  infanta». 


\ 

ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  273 


— «Destápelo  iistedbuen  Rey, — que 7  mete  cor  no  m'hi  abasta», 
— «Por  los  dientes  me  parece— la  cabeza  de  Diana». 
— «¿Quién  ha  hecho  aquesta  muerte?— ¿quién  la  ha  hecho  y 

[la  ha  mandado?» 

— «Mi  padre  la  ha  hecho,  el  Rey,  —  y  la  Reina  la  ha  man- 
— La  Reina  será  quemada — y  tu  padre  soterrado,  [dado». 
y  tú  serás,  la  Adriana, — lo  que  había  de  ser  tu  madre  (1). 


16. 

Klja  amante  resucitbada* 

(Núm.  2á9  de  Milá.) 

La  ciudad  de  Barcelona — es  muy  noble  y  muy  antigua. 
Allí  había  un  caballero, — el  cual  Don  Juan  se  decía, 
cerca  habitaba  una  dama, — se  llama  Doña  María, 
y  los  dos  se  quieren  mucho — corazón  y  alma  unidos. 
Un  día  estando  en  su  puerta— casarse  se  prometían, 
mas  el  padre  de  la  dama — otros  inteiífos  tenía,  { 
que  la  quería  casar, — que  casarla  la  quería, 
casarla  á  un  mercader, — un  mercader  de  Sevilla, 
que  era  rico  y  poderoso — ó  que  esta  fama  tenía. 
Don  Juan  entonces  se  fué,— á  Perpiñán  se  volvía 
para  ver  si  olvidará— los  amores  que  tenía. 
No  los  podía  olvidar,  olvidarlos  no  podía. 

(1)  Milá  llegó  á  reunir  hasta  diez  versiones  de  esta  canción,  que,  á  pe- 
sar de  ser  tan  castellana,  no  aparece  en  nuestras  colecciones.  Aguiló  dice 
de  ella:  <'L'  interés  tragich  que  desperta  e.jta  narració,  la  manté  viva  en 
'da  memoria  del  poblé  axi  en  Catalunya  com  á  les  i^alears.  Estesa  segles 
»fa  en  llengua  castellana,  no  está  encora  del  tot  connaturalisada  entre 
«nosaltres;  ses  versions,  que  abundan,  mostran  pocli  ó  molt  sa  proceden- 
»cia,  ab  les  castellanades  que  les  cauiperoles  hi  barrejan  {Romancero  Po- 
putai\  p.  375). 

Tomo  X.  IS 


274 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Ya  se  vuelve  á  Barcelona — donde  está  Doña  María; 

halla  la  puerta  cerrada,  ventanas  y  celosía, 

una  criada  á  la  puerta — que  de  luto  va  vestida. 

— «¿De  dó  has  sacado  esa  ropa— tan  triste  y  adolorida?» 

— «Doña  María,  Don  Juan, — por  usted  perdió  la  vida.» 

Cuando  él  oyó  estas  palabras — desmayado  ya  caía. 

Pasando  estaban  tres  frailes— de  la  religión  francisca; 

les  pide  de  confesar,  — de  confesión  le  servían; 

después  de  haber  confesado — de  la  iglesia  se  volvían. 

En  la  iglesia  no  hay  ninguno,  — ninguno  en  la  iglesia  había, 

sino  un  pobre  sacristán — que  por  la  iglesia  transita. 

— «Dígasme,  buen  sacristán, — dígasme  por  la  tu  vida  : 

¿En  dónde  estaba  encerrada— aquella  Doña  María?» 

— «Debajo  de  aquella  tumba — ella  pienso  que  estaría.» 

— «Ayúdamela  á  sacar— que  yo  te  lo  pagaría». 

Los  dos  alzaron  la  tumba — con  gran  triunfo  y  ufanía. 

Cuando  fué  la  tumba  alzada— dentro  Don  Juan  se  metía  : 

— «¿Dónde  estás,  bien  de  mi  alma?  —  ¿Dónde  estás,  bien  de 

Quiere  darse  puñaladas— para  hacerle  compañía,  [mi  vida?» 

mas  la  Virgen  del  Remedio— su  mano  le  detenía  : 

— «Yo  no  quiero  que  se  pierda — devoto  que  yo  tenía». 

Cada  día  que  el  sol  saW— me  reza  el  Ave-María, 

de  día  reza  el  Rosario. — de  noche  el  Ave-María». 

Mira  á  la  dama  Don  Juan— y  encuentra  la  dama  viva. 

Se  cogen  mano  por  Diano — y  á  su  casa  se  volvían; 

encuentran  el  mercader, — el  mercader  de  Sevilla, 

que  era  rico  y  poderoso  — ó  que  esta  fama  tenía. 

— «¿Dime  tú,  Don  Juan  de  mi  alma, — dime  tú,  por  la  tu  vida, 

de  dó  has  sacado  esta  dama — tan  triste  y  adolorida? 

Si  no  que  la  mía  es  muerta— diría  que  era  la  mía». 

— «Tuya  era,  mercader,— tuya  era,  ahora  es  mía». 

Se  cogen  mano  por  mano — y  se  van  á  la  justicia. 

— «Que  dé  lamanoá  Donjuán— que  muy  bien  lo  merecía»  (1). 

(1)  Cf.  el  romance  asturiano  de  Doña  Angela  (núm.  55)  y  el  portugués 
de  Doña  Águeda  Mexia.  Es,  como  se  ve,  una  situación  análoga  á  la  de 
Romeo  y  Julieta. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA 


275 


17. 

EiOs  dos  liermanos* 

(Núm.  250  de  Milá.) — (Variante  del  Rosellón.) 

El  día  de  San  Joan — es  festa  per  tot  lo  día, 
fanfesta  los  cristians—y  'Is  moros  de  morería. 
En  cautivan  una  dama — la  mes  linda  de  Castilla, 
fan  un  present  á  la  reyna—la  reyna  mora  d^Ungria. 
~  ^ Reyna  mora,  reyna  mora, — veli  aquí  linda  cautivay^ 
— «Tórnala,  tórnala,  7  moro— del  campo  d'  hont  V  has  traída? 
que  si  7  rey  moro  la  veya—aV  ella  se  enamoraría, 
ella  sería  la  reina,— yo  sería  la  cautiva». 
— «Deuli  ofici,  señora, — deuli  ofici  per  viure, 
FássiV  aná  á  rentá  7s  paños, — á  vora  de  la  marina, 
FássiV  aná  á  sol  y  á  viento — sos  colors  blancos  perdría». 
Un  día  rentando  'Is  paños,— mirando  7  sol  d'  hont  eixíá, 
veu  venir  un  caballero,— caballo  blanco  traía; 
am  r  ayre  del  caballero — cristiano  li  apareixía, 
— i<Deu  lo  guart,  la  linda  dama,— caballero  bien  venido». 
— «  Vol  veni,  la  linda  dama,— voZ  veni  ab  ma  companyia?» 

—  «No  j?er  cert,  lo  caballero— que  fiada  no  hi  sería». 
— «Tan  fiada,  linda  dama, — com  si  f os  hermana  mía». 
— ^íDels  pañuelos  de  la  reina — dime  lo  que  yo  'n  faría'h? 
— (.<.Els  que  son  de  seda  y  plata — tirarlos  á  la  marina; 
els  que  son  de  seda  y  oro— tirarlos  dalt  de  la  silla». 

— «  Vol  aná  á  gropa,  la  dama,— á  la  gropa  ó  á  la  silla?» 
— «Á  la  gropa,  caballero, — por  más  honra  vuestra  y  mía». 
Siete  leguas  caminaron, — palabra  no  se  decían, 
y  á  cap  d'  aqueixas  set  lleguas — la  dama  ya  se  reía. 

—  «¿Qué  te  ríes,  linda  dama, — qué  te  ríes  dama  mía? 
¿Te  ríes  de  mi  caballo— ó  la  silla  mal  guarnida? 

—  «No  'm  río  de  tu  caballo— ni  la  silla  mal  guarnida, 
que  'm  río  del  caballero— que  la  espuela  n  ha  perdida». 


276 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


—«Atrás,  atrás,  linda  dama,— á  ver  si  la  trovarían. 

Si  la  espuela  era  de  &ron2:o^— d'oro  fino  la  tindríam». 

Diciendo  estas  palabras, — descubrían  Camp-d'  olivas : 

— <.<Camp  d' olivas,  camp-d' olivas, — allí  hont  so  nada  y  filia!» 

— «Me  dirías,  noble  dama, — de  quina  casa  sou  filia?» 

— «Mi  padre  se  llama  Don  Juan, — mi  madre  Doña  María». 

— «Si  aixó  es  veritat— loa  dos  hermanos  seriam  (1)». 


18. 

Dpn  Ola  1*  do* 

(Núm.  251  de  Milá.) 

Por  las  calles  de  Madrid — de  cuando  lo  Rey  vivía, 
si     hi  ha  una  linda  dama— se  llama  Doña  María, 
ün  cavallé  la  festeja, — Don  Olardo  se  decía, 
Z'  enviá  que  V  en  vaji  á  veure  —aquesta  noche  venida, 
que  no  hi  vajipas  tot  sol — que  hi  vaji  ben  percibido. 
Á  las  once  de  la  noche— Don  Olardo  se  vestía, 
saliendo  de  lo  seu  cuarto — una  visión  li  ha  eixida : 
—  «Que  no  hi  vajis,  el  promés, — mira  que  te  matarían, 
ocho  mancebos  ti  aguardan — y  los  tres  f  escometrian, 
altres  te  irán  al  detrás — usarán  de  cobardía». 
Al  entrando  del  portal — tivQji  pedras  asesmas  : 
— «No  iixém  pedr as j  bellacos — qu'  es  usá  de  cobardía, 
tinch  V  espasa  entre  mis  manos— ^:)er  quant  mi  defensaría», 
A  las  dotse  de  la  noche — dotse  cents  morts  hi  havía, 
la  dama  se  está  al  balcón — molt  trista  y  molt  afligida : 
— «Ao  vuy  sapigué  res  pus  —en  aquesta  trista  vida, 
me  vuy  posá  en  un  conuení— usaré  de  santa  vida»  (2). 


(1)  Compárese  con  los  romances  asturianos  de  Don  Bueso  (núms.  16 
y  17). 

(2)  Cf.  el  romance  andaluz  D.  Manuel  (núm.  19). 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  277 


19. 


Doña  Isabel. 


(Núm.  253  de  Milá.) 


Doña  Isabel  se  pasea — en  su  palacio  real, 
mirando  sus  campos  verdes — romeritos  ve  pasar. 
No  n  van  á  pie  los  romeros, — en  buenos  caballos  van; 
los  rosarios  que  ellos  traen— son  cabezas  de  metal, 
las  calabazas  del  vino — llenas  de  pólvora  van. 
Isabel  ya  los  ha  visto —  las  puertas  manda  cerrar. 
Manda  á  la  centinela — que  no  los  dejen  entrar; 
la  centinela  no  es  pronta,— ya  los  ha  dejado  entrar. 

—  €Deu  la  guarty  Doña  Isabel». —  «Caballero,  bien  vengáis». 

—  «No  dirá.  Doña  Isabela, — si  'n  coneixeria  cap?* 

—  «Yo  conozco  á  Don  Rodrigo  — que  viene  para  mi  mal; 
es  hermano  de  la  Reina, — primer  hermano  carnal». 

—  Venim  de  jMrt  de  la  Reina— que  la  habemos  de  matar». 

—  «¿Qué  r  hi  hecho  yo  á  la  Reina— que  á  mi  me  haya  de  ma- 

—  i- Perqué  vusté  tiene  hijos— y  la  Reina  no-n  té  cap*,  [tar?» 

—  «Si  yo  del  Rey  tengo  hijos— sabe  Dios  pef^que  me  7s  da, 
si  la  Reina  no  té  hijos— sabe  Dios  si  7s  hi  dará. 
Escuche  usté,  Don  Rodrigo, — li  voy  á  decir  verdad. 
Cuando  era  chica  y  pequeña — muchacha  de  poca  edad, 

el  rey  pide  mis  amores, — yo  no  los'hi  quise  dar, 
se  los  demana  á  mi  madre, — mi  madre  se  puso  á  llorá, 
se  los  demana  á  mi  padre — resposta  no  li  'w  torna. 
Me  meten  en  un  convento — para  más  disimular». 

—  «Déjese,  Doña  Isabel,— déjese  de  tanto  hablar, 
que  lo  dia  se  'ns  escursa — y  7  sol  á  la  posta  va». 
Aquí  tiene  el  confesore—si  se  quiere  confesa, 
aquí  tiene  el  notari—si  7  testament  vol  firmá, 
aquí  tiene  lo  verdugo — que  la  tiene  de  matá». 

—  «¡Mis  hijos  de  mis  entrañas — sin  madre  habéis  de  quedál» 


2^8 


LÍRíGOS  CASTELLANOS 


Aunque  quedéis  sin  madre — padre  no  os  faltará». 
Set  canas  á  sota  térra— ya  la  varen  enterrá. 
Están  en  estas  razones  —el  Eey  ya  va  arriba, 
al  bajo  de  la  escalera— Don  Rodrigo  va  trova  : 
.  — €  ¿Donde  viene  Don  Eodrigo, — qu'  está  tan  acalorat?^ 
Ya  pregunta  á  los  criados  : — «Doña  Isabel  dónde  está?» 
— «Doña  Isabela  n  es  muerta, — Don  Eodrigo  la  matá». 
Muerte  de  Doña  Isabela — vintinou  ne  va  costá  (1). 


20. 

JLsí  £idiilter£i  castigada* 

(Núm.  254  de  Milá.) 

Un  día  por  la  mañana, — mañana  de  VAscensió, 
troba  la  puerta  enramada — de  linda  flor  de  limón. 
— «¿Qui  ha  enramado  la  puerta, — la  puerta  qui  l'enramó? 
¿Si  la  ha  enramado  Don  Buelo,— el  hijo  de  nn  labrador?» 
—  «No  la  "ha  enramado  Don  Buelo, — el  hijo  de  un  labrador, 
la  ha  enramado  un  caballero, — hijo  del  emperador». 
Per  aqui  sen  pasejava  —cantando  esta  canción  : 
— «Eosavera,  Eosavera, — rosa  de  mucho  coló, 
qiiant  jo  te  podía  aymarte — no  te  sabía  ayynar  jo, 
ahora  que  V  aymaria^— tienes  otro  servidó  (2). 
Qui  pogués  dormí,  señora, — una  noche  sens  temó, 
en  una  cambt^a  daiirada,~en  un  Hit  cubert  de  flós>y, 
— «.Una  y  dugas,  caballero,— wwa  y  dugas  tres  y  tot. 

(1)  Procede,  aunque  con  grandes  alteraciones,  de  los  romances  de  Doña 
Isabel  de  Liar  (núms.  103,  104  y  105  de  la  Primavera).  Siete  versiones 
más  recogió  Milá  en  Cataluña. 

(2)  Versos  tomados  casi  literalmente  de  la  bella  canción  <^ Rosa  fresca^ 
rosa  fresca»,  que  probablemente  formó  parte,  al  principio,  del  romance 
de  La  esposa  adúltera. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  279 

Don  Jardín  es  á  la  cassa — a'  n  els  monts  de  Leó, 
Ya  se  li  menjés  el  perro — aquell  animal /aZco^ 
nn  río  corriendo  d'aygua — se  li  meni  el  caballo, 
un  río  corriendo  cZ'  aygua — se  li  meni  ah  ell  y  tot». 
Dient  aquestas  paralelas— Don  Jardín  Unica  á  la  tor,  ¡ 
ah  las  mans  truca  á  la  porta— y  ab  la  llansa  á  n  el  baleó». 
— <^<¿Qui  es  aqueix  caballero— tal  hora  truca  al  baleó?» 
— «Don  Jardin,  rosa  florida, — Don  Jardin,  la  mía  amor». 

—  «Ay  trista  de  mí,  mes  trista — esta  nit  moriré  yo». 
— «Báixali  obri  la  porta, — báixali  obri  sens  temó», 
Al  baixant  de  la  escalera — ya  tremolava  áepó, 

al  obrintre  de  la  puerta— ya  trasmudaba  els  colós, 

— «¿Qué  tienes,  la  gentil  dama,— qué  tienes,  la  mía  amor? 

¿Si  w'  ets  tocada  del  vino — ó  tienes  altres  amors?» 

—  «No  so  to(jada  del  vino— ni  tengo  altres  amors, 
que  so perdudas  las  llaves — del  más  alto  mirador». 

— «No  f  espantis,y  gentil  dama, — no  f  esp antis  per  aixó, 

si  las  llaves  son  de  plata  — íZ'  or  fi  las  faréfer  yo». 

— «De  qui  es  aquell  caballo — que  es  ai  estable  majóf» 

— «De  vosté,  marido  mío, — que  'l pare  li  envió». 

-^«iVb  sentó  grat  á  ton  'pare — buen  caballo  tengo  yo», 

— «¿Z)e  qui  es  aquella  brida — que  la  reyneta  n  es  d^  or?» 

— <í.De  vosté,  marido  mío, — que  'l  pare  li  envió». 

•—i<No  sentó  grat  á  ton  pare— hnen^  brida  tengo  yo». 

— «¿De  qui  es  aquesta  espasa — que  gasta  tanto  brilló?» 

— «De  vosté,  marido  mío,— que  'Ipare  li  envió». 

— «Aquella  espasa  es  de  Don  Carlos— agweZZ  malahit  traydó». 

Ya     en  puja  á  la  escalera — dret  adalt  del  miradó,  [dó?» 

—  i<¿Dos  que  fas  aquí,  Don  Carlos?— ¿áos  que  fas  aquí  tray- 

—  «  Vinch  veure  la  sua  senyora — si  m'  en  vol  doná  V  amor». 
Don  Carlos,  j?oría  V  espasa  :—quepeleyarem  los  dos. 

Don  Carlos  moría  á  las  quatre — á  las  cinch  Don  Jardin  mor; 
va  queda  la  gentil  dama— sens  consuelo  ni  amor  (1). 


(1)  Once  versiones  más  apunta  Milá  de  este  romance,  que  se  encuentra 
oon  igual  abundancia  en  todos  los  rincones  del  territorio  español,. 


280 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


21. 


¡L<a  mujer  perversa» 


I  (Núm.  255  de  Milá.) 


— «Ya  n'  lú  trucan  á  \a  porta     ola,  ola,  qui  va  assí? 
Sahés  que  f os  Don  Francisco— luego  1'  anida  obrí, 
Sabes  que  f os  mi  marido  — primero  calsá  y  vestíy>. 
— «Don  Francisco  soy,  señora, — el  que  V  en  solía  serví». 
En  ohrintre  de  la  puerta— ya  li  apago  lo  candil. 
— «Válgame  Dios  de  los  cielos— y  lo  gloriós  San  Gil». 
— «No  V  espanUs,  Marieta, — no  f  espantis p>€ra,  mí». 

agafan  manojper  mano— los  dos  s'  en  van  á  dormí. 
En  sent  á  la  media  noche — ell  ne  ilansa  un  gran  suspir : 
— «¿Qué  suspira,  Don  Francisco, — que  no  ho  solía  fe'  xi?» 
— «Y  ahora  estaba  pensando — quants  hijos  tienes  de  mí.» 
— «Todos  vuestros,  Don  Francisco, — tan  el  gran  com  el  me» 
menos  aquell  mifjanet — que  es  del  traydó  del  marit>\  [xich^ 
— «No  digas  mal  del  marido — que  ahora  le  tienes  aquí. 
Yo  ahora  estaba  pensando — de  que  't  faria  un  vestit, 
Un  vestit  de  tela  blanca, — y  en  el  coll  un  carmesh^, 
— «Antes  que  tú  no  me  matis—la  finestra  vuy  eixí, 
donzellas,  viudas,  casadas,-— preñez*  exemple  de  mí»  (1). 


Aquí  está  la^udriana— en  son  jar  di  delicado, 
cullintne  lindas  floretas—per  su  lindo  enamorado. 

(1)  Romance  análogo  al  anterior.  Hay  de  él  otras  nueve  versiones  de 
procedencia  catalana. 


22. 


l^a  innoble  venganza. 


(Núm.  256  de  Milá.) 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  281 


Mientras  las  está  cullendo—Don  Guespo  n'  es  arribado. 

— «Deu  la  guart,  la  Gudriana».—  «Don  Guespo,  hen  arribado». 

— «Domingo  en  som  de  bodas  — aquí  vinch  á  convidarla». 

—  «Que  se  senti  aquí,  Don  Guespo, — en  estapedra  picada, 

tomará  un  bocadito — y  en  beurá  una  vegada. 

Quant  Don  Guespo  ho  que  begut—ya  no  vega  el  seu  caballo, 

«¿Qué  m'  as  dat  la  Gudriana — que  no  veo  mi  caballo?» 

— «jL'  hi  dada  una  medicina — que  el Doeío  ñola  ha  ordenado». 

— «Si  tingués^ape  y  tintevo— per  escriure  una  carta, 

a'  la  trista  de  mi  madre, — que  no  'm  veurá  torná  á  casa». 

A'  diez  horas  de  la  noche— Guespo  malo  ya  n  estaba, 

a'  las  doce  de  la  noche — Guespo  muriendo  ya  n  estaba, 

la  punta  del  alba  clara— Guespo  enterrado  estaba, 

ya  portan  la  Gudriana— que  lañaran  á  cremarla  (1). 


23.  i 

I^a  infanta  isedueidst. 

*  (Núm.  258  de  Milá.) 

La  infanta  estaba  á  la  mesa— sondare  se  la  miraba  : 
— «¿De  qué  mira  el  Rey  mi  padre, — de  qué  tanto  me  miraba?» 

—  «Be  tinch  que  niirá,  la  infanta, — me  parece  que  estás  mala; 
los  vestits  te  son  ja  curts, — la  camisa  no  f  hi  basta». 

—  «Aixó  ho  ha  fet,  pare  rey, — lo  beure  de  la  mass'  aygua». 

—  «  Vinguin  mefjes  y  barbés — los  de  Sevilla  y  Granada», 
i'  uns  la  Tcúx^n  pels polsos, — altres  la  miran  ^er  V  aygua; 
lo  un  metje  din  á  V  un  —  V  altre  metje  diu  á  Valtre  : 

— «El  mal  que  la  hija  té—ab  non  mesos  es  curada». 
Per  no  doná  \m  pesa  al  rey — «la  infanta  com  una  plata». 
El  rey  n  es  escoltado,— que  tot  aixó  s'  escoltara  : 

(3)  Es  análogo  al  roraance  asturiano  núm.  32  El  Convite,  y  á  los  portu- 
gueses que  citamos  en  la  correspondiente  nota. 


282 


Líateos  CASTELLANOS 


— «No  me  engañarán  harhés,—tampoch  mefjes  de  Granada, 

que  si  aixó  es  veritat —molt promte  será  curada». 

Fromte  mana  á  sos  criats—á  tancarla  en  una  cambra, 

en  una  presó  molt  fosca — que  no  Id  viven  sino  lladres; 

ayguet  fins  á  cintura —jpe?-  ferli  pudrí  las  carnes 

y  de  cintura  en  amunt — cadena  y  grillons  porta  va. 

—  ^Quant  demani  de  menjá—doneuli  lierbas  amargantas, 

Y  quant  demani  del  beure — aygua  de  la  mar  salada». 

Siete  semanas  pasaron — sens'  abrirli  la  ventana. 

Ningú  no  /'  anava  á  veure—caballers  y  nobles  damas, 

y  també  hi  han  añadas — las  monjas  de  Santa  Ciara. 

Hi  va,  ana  una  criada — del  palacio  de  su  madre  : 

— íEm  dirías,  Catalina, — quinas  novas  corren  ara?* 

— «Las  noticias  gw'  ara  corren,-— luego  aniré  á  explicarlas, 

las  noticias  qu'  ara  corren — que  vosté  ha  de  ser  cremada, 

tiene  tres  horas  de  tiempo, — una  y  media  n  es passada> . 

— «A  mi  no  'm  raca  7  morí — ni  tampoch  el  ser  cremada, 

em  raca  la  criatura — sé  filia  de  tan  bon  pare». 

Si  trovás  un  pajarito — qu  anés  corriendo  5^  volando 

enviaría  una  carta— al  caballero  Don  Carlos». 

Mentres  n'  está  dient  aixó — un  pajarito  volaba  : 

— «Sí  que  hi  aniré,  señora, — sí  que  hi  aniré  volando». 

Ab  la  sangre  de  sus  venas— ya  ni  ha  escrita  una  carta  : 

— «iVo  V  ensenys  á  mn^w,— sino  en  sus  propias  manos». 

Quant  arriba  al  palacio,— al  palacio  de  Don  Carlos  : 

— «  Veliaqui  aquesta  carta— que  la  infanta  me  la  ha  dado», 

Al  sobrescrit  de  la  carta — ell  el  coló  trasmudaba, 

al  descobrirne  la  carta — llágrimas  al  cielo  llansava. 

— ^Entornaf  en,  pajarito, — digas  que  no  esiich  de  marxa, 

que  no  hi  puch  anar-hi,  nó, — que  tinch  la  mare  molt  mala, 

que  en  téforta  calentura — c^wq prou  la  ^npensa  matarla!» 

Promte  mana  á  sus  criados— que  li  ensillen  un  caballo; 

quant  li  han  ensillat  un, — diu  que  li  ensillin  un  altre. 

Promtament  pren  el  cami—dret  á  un  convent  defrares, 

Quant  es  arrivat  allí — el  Pare  Frió  demana, 

— ^El  Pare  Prió  no  hi  es— no  tardará  en  arribarney>. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  DE  CATALUÑA  283 


Quant  están  dient  aixó — el  Pare  Frió  arrivaha. 

— «  Yo  li  vincli  á  demaná — si  m  volvía  deixá  uns  Jiáhits», 

— -^El  hábitsjo  ' s  jicaré  —y  tot  quant  al  convent  hi  haji^, 

Quant  li  ha  deixat  los  uns, — diu  si  lo  vol  deixa  v.ns  altres, 

s  en  torna  penre  cami  —  dret  á     aquell  foch  anava; 

tot  á  vora  d'  aquell  foch — hi  había  treinta  damas. 

Quant  es  arrivat  allí -demana  per  confesarla, 

las  calderas  van  cremant, — las  trompetas  van  tocando. 

—  «Válgame  Dios  de  los  cielos — y  la  Virgen  soberana. 
Set  anys  ha  que  la  confeso — y  ara  no  jpuch  confesarla?» 

—  «La  confessi,  diu  el  Rey— que  la  vida  se  li  acaba». 
Per  la  Ilicencia  donada — ho  fa  dintre  d'  una  cambra, 
Passa  al  sisé  manament : — <¿Ah  quant  homes  has  pecado?» 
— «No  he  pecat  sino  ab  wn— que  s'  anomena  Don  Carlos». 
-^t¿El  coneixerías  tu— cas  que  tu  7  vejesis  ara?» 

—  «No  pot  se,  bon  pare,  nó— que  tinch  la  vista  entelada. 
Ab  els  rostros  y  meneyos— si  mipareix  á  Don  Carlos». 

—  «Cata  aquí,  la  buena  infanta, — cata  aquí  tms  d'  aquests  há- 
y  om'  en  he  posal  els  uns  -tu  f  en  posarás  els  altres,  [bits, 
quant  pasen  la  sentinella— no  te  7  miris  á  la  cara, 
passarém  devant,  ton  pare -no  fassis  sino  un  acato». 
Despres  la  gent  tothoni  deya  : — «¿Qué  se  n'  es  fet  de  la  Infan- 
Admirábase  tothom — d'  aná  á  parells  loa  frares  (1).  [ta». 


24. 

Ija  serrana. 

(Núm.  259.) 

A  la  montaña  de  Oro, — allí  dentro  de  una  cueva 
n  hi  había  una  serrana— blanca  y  rossa  y  no  es  morena. 

(1)  Véanse  los  romances  asturianos  de  Galanzuca  y  Galancina  (8  y  9) 
y  los  portugueses  que  se  citan  en  la  nota  correspondiente.  El  principio  de 
la  variante  catalana  recuerda  el  famoso  romance  viejo  « Tiempo  es  el  caba- 
llero—tiempo es  de  andar  de  aqui  fnúm.  158  de  la  Primavera)- 


284 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Trae  el  cabello  crespado — y  con  una  rica  trenza, 

Cuando  quiere  hallar  un  hombre— ya  se  va  por  la  ribera. 

Veu  veni  un  gallardo  mozo  : — «Gallardo  mozo,  detente». 

S\  en  preñen  mano  germano — y  sen  van  dalt  de  la  cueva; 

la  cueva  ñera  voltada — de  cabezas  de  hombres  muertos  : 

— <rSon  los  hombres  que  yo  he  muerto  — allí  haix  á  la  ribera, 

lo  mismo  será  de  ti — cuando  mi  voluntad  fuera... 

De  tans  besos  y  ahrassadas—X^  serrana  s'  en  aduerme, 

yo  me  vuy  á  poco  á  poco — yo  me  vuy  apartar  de  ella. 

Siete  leguas  caminaba — sense  girarme  enderrera. 

Ya  veig  veni  la  serrana — venía  tota  correnta, 

ah  un  perro  al  costado — que  feya  mes  pó  que  ella. 

— «Detente,  gallardo  mozo, — gallardo  mozo,  detente, 

que  f  en  vuy  dona  una  carta— per  la  gent  de  la  ribera, 

sino  V  escrich  de  mi  sangre — ya  F  escriuré  de  la  teva^. 

—  <a^o  pot  ser,  linda  serrana,— que  yo  ya  seré  á  mi  tierra. 

— «Ay  trista  de  mí,  mes  trista — ahora  seré  descubierta». 

De  tanta  rabia  y  malicia — la  serrana  se  reventa»  (1). 


25. 

Ij»  guardadora^  de  un  muerto. 

(Núm.  260  de  Milá.) 

Siete  años  que  lo  tinch  muerto— y  tancat  dins  de  ma  cam- 
Yo  li  mudo  la  camisa— todas  las  festas  del  año,  [bra. 

(1)  Es  el  romance  extremeño  de  la  Serrana  de  la  Vera  (núm.  28  de  nues- 
tro primer  apéndice  á  la  Primavera,  de  "Wolf),t  rasplantado  á  Cataluña, 
donde  Milá  recogió  otras  cinco  versiones.  J3ada  su  antigüedad,  pudo  ser- 
vir de  tipo  á  otras  canciones  de  bandidos,  que  abundan  en  la  poesía  po- 
pular catalana,  por  haber  sido  Cataluña  en  el  siglo  xvii  la  tierra  clásica 
del  bandolerismo,  como  después  lo  fué  Andalucía.  Algunas  de  estas  can- 
ciones penetraron  á  su  vez  en  Castilla  é  inspiraron  varias  obras  dramá- 
ticas, como  JEl  Catalán  SerraUonga,  de  Rojas,  Coello  y  Vélez  de  Guevara. 
Cervantes  había  hecho  la  sublime  idealización  del  bandido  generoso  en 
Roque  Guinart. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  285 

yo  li  n  rentava  su  rostro — con  rosas  y  vino  blanco; 

veig  qu'  els  ossos  se  dessossan^áe  aquellas  carnes  tan  blancas. 

¡Que  hi  furia  yo  mesquina — trista  de  mí,  desgraciada! 

Si  lo  digo  á  mi  padre— dirá  que  es  mi  namorado, 

si  lo  digo  á  mi  madre — sempre  viurá  con  cuidado, 

si  lo  digo  á  mi  hermana — de  amores  no  entiende  nada, 

si  lo  digo  á  mi  hermano  — es  hombre  para  matarme, 

si  lo  digo  á  la  justicia — de  ella  seré  castigada  : 

vale  más  que  no  lo  diga— que  me  lo  sufra  y  lo  calle. 

Un  día  estando  al  balcón — á  mi  ventana  asomada 

veig  pasar  un  cazador — que  por  nuestras  peñas  caza  : 

— «Cazador,  buen  cazador, — escúchame  una  palabra: 

voldria  enterrar  un  muerto? — te  será  muy  bien  pagado. 

No  será  pagar  en  cuartos, — sino  con  oro  y  con  plata». 

Bajando  de  la  escalera— dos  mil  besos  li  ha  dado  : 

— «Adiós,  bien  de  mi  vida, — adiós,  bien  de  mi  alma, 

no  trigará  mucho  tiempo — que  yo  vendré  á  visitarte. 

Además  de  estos  romances  castellanos,  publica  Milá 
fragmentos  de  otros  varios.  Los  principales  son  los  si- 
guientes : 

Oerineldo. 

(Núm.  269.) 

Aquí  estaba  Gerineldo— junto  á  una  ventana  fría, 
limpiando  ropón  de  seda — por  andar  el  rey  vestido. 
Por  aquí  pasa  la  infanta — de  amores  lo  requería. 


jC'  endemá  á  la  matinada—e\  rey  pide  su  vestido. 
Ó  es  muerto  Gerineldo — ú  ofende  mi  Castillo. 


Si  yo  mato  á  Gerineldo — tanto  tiempo  me  ha  servido, 
si  yo  mato  á  mi  hija, —  mi  estirnada  y  querida. 
Mejor  será  que  los  casi, — nada  ningú  no  sabría. 


286 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Otra  variante* 

Arinello,  Arinello, — Arinello  Pampolino... 
Por  tres  veces  lo  llamó— y  nadie  le  ha  respondido... 
Al  despertar  la  infanta — encuentra  la  espada  fina... 
«Esta  espada  es  de  mi  padre — que  mucho  la  conocía...» 
— «Buenos  días  tenga  el  rey))  — «Arinello,  bien  venido. 
Eres  preso  ó  eres  muerto — ó  traidores  te  han  traído.,.)) 
«No  era  preso  ni  era  muerto — ni  traidores  me  han  traído. 
Estaba  en  el  camarín — á  coger  rosas  floridas, 
á  coger  rosas  y  flores — rosavera  y  satalia)\ 
Mentr'  están  en  estas  ^arawZas — 1'  infanta  també  hi  arriba. 
— «Buenos  días  tenga,  mi  padre». — «Bien  venida  sea  mihija)). 
— aEl  don  que  le  pido,  padre, — no  sé  si  me  7  concediríay) , 
— «¿Qué  es  lo  que  pides,  infanta, — -infanta,  qué  es  lo  que  pi- 
—  «El  don  que  le  pido,  padre, — Arinello  por  marido)),  [des? o 
— «¿Com  te  lo  puedo  donar — si  tú  ya  te  lo  has  prendido?» 
Pues  te  lo  has  tomado  tú  — que  te  lo  dé  no  es  preciso. 
Mejor  es  cásar  los  dos — pues  tanto  ya  se  querían. 

Filomena* 

(Núm.  270.) 

Al  orilla  de  la  mar— 's  hi pasejava  una  reina 
con  dos  hijas  al  cosíaí— con  Blancajió  y  Filomena. 
Ya  ha  pasado  Don  Tarquín, — dientli  de  esta  manera: 
«Don  Tarquín, ^er^we  no  'í  casas? — cómo  vas  de  esta  manera? 
— Prou  me  casaría  yo — si  'm  diese  la  Filomena^). 
—Cásate  con  Blancafló, — Filomena  es  muy  pequeña. 
Es  deshonra  por  los  reyes — de  casar  la  más  pequeña. 
Fassa  avant  el  matrimonio — y  se  la  lleva  á  su  tierra. 
Al  cabo  de  nueve  meses— Don  Tarquín  se  fué  á  la  guerra. 
No  se  va  á  la  guerra,  nó,— que  se  va  á  eiiganyá  su  suegra... 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRÁD.  EN  CATALUÑA  287 

El  resto  del  romance  refiere  los  crímenes  de  D.  Tar- 
quino,  la  lengua  cortada  de  Filomena,  y  el  horrible  ban- 
quete que  su  hermana  sirve  al  criminal  haciéndole  comer 
á  su  hijo  recién  nacido.  En  otras  versiones,  todavía  más 
degeneradas,  se  dice  Falomera  en  lugar  de  Filomena  y 
D.  Arlaquin  en  vez  de  D.  Tarquín,  Otras  empiezan : 

En  la  ciudad  de  Granada... 
Por  las  calles  de  Madrid... 

Copia  también  Milá  (núm.  271)  los  primeros  versos  de 
un  romance  catalán,  que  parece  tener  análogo  argumento: 

A  la  vora  de  la  mar— n  hi  ha  tres  doncellas; 
ha  vingut  un  cavallé— ha  vingut  de  llunyas  térras, 
s'  enamora  de  la  gran  —  después  de  la  minjanceta... 

Ealta  lo  demás. 

El  Cautivo. 

(Núm.  267.) 

Mi  padre  era  de  Burgos— y  mi  madre  de  Antequera. 


Se  embarca  á  los  catorce  años.  Es  cautivado  y  vendido  ^ 
á  un  renegado  que  es  natural  de  mi  tierra  : 

De  día  m'  fápicá  esparto— y  á  la  nit  sucre  y  canyella. 
M*  en  posa  un  mos  á  la  boca— ^er^^we  no  giMi  d'  ella. 

La  nuera  (¡)  le  afloja  la  cadena  cuando  está  fuera  el 
moro : 

M  en  dona  del  pan  blanco— y  del  vi  que  'Is  moros  beuhen. 
Los  dos  quitan  al  moro  la  arquimesa  y  sacan  cien  es- 


288  LÍRICOS  CASTELLANOS 

cudos  para  el  rescate.  Dice  al  moro  que  los  ha  recibido  de 
su  padre : 

Maldito  sea  tu  padre— y  tu  madre  si  la  tienes. 

Hay  otras  dos  variantes,  de  que  Milá  sólo  cita  breves 
frases. 

Es  romance  seguramente  antiguo,  puesto  que  ya  le  citó 
Luis  de  Camoens  con  el  primer  verso  ligeramente  alterado: 

Mi  padre  era  de  Eonda— y  mi  madre  de  Antequera... 

Existe  en  la  tradición  oral  de  la  provincia  de  Santan- 
der (p.  219  de  este  tomo). 

Kja  msidre  perversa* 

(Núm.  67  de  Milá.) 

A  Barcelona  hi  ha  una  dama — va  vestida  d'  oro  y  seda... 

Su  hija  avisa  al  padre  que 

A  casa  viene  Don  Pedro— capitán  de  la  bandera. 

La  madre  corta  á  la  niña  la  lengua,  la  cuece  y  se  la  sir- 
ve al  padre.  Al  tiempo  de  dar  él  la  bendición  oye  una  voz 
que  le  dice  : 

No  menjes  d'  aqéesta  carn—qu!  es  de  las  entranyas  tevas. 

La  madre  invoca  á  diez  mil  demonios.  Estos  llaman  á 
la  puerta,  baja  ella,  la  cog.en  y  la  despedazan. 

Milá  dice  haber  recogido  varias  versiones  contradicto-* 
rias,  en  algunas  de  las  cuales  hay  dos  versos  de  la  canción 
de  Blanca  ñor  y  Filomena. 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  289 


Es  el  mismo  romance  andaluz  de  La  Infanticida,  re- 
presentado en  nuestra  colección  por  dos  versiones:  26  y  27. 

Don  Cralván. 

(Núm.  268). 

Bien  se  pensaba  la  reina — que  buena  hija  tenía. 
De  buena  no  la  té  buena, — de  buena  no  la  tenía. 


La  infanta  es  acusada  por  una  dama,  criada  de  su  ser- 
vicio. La  reina  la  llama: 

— «Dáme  licencia,  mi  madre, — por  ana  á  mi  cambreria, 
A  las  criadas  que  hrodan — oro  ó  plata  7s  faltaría». 
— «Si  '1  oro  ó  plata  7s  faltase — la  culpa  sería  mía». 
Ella  munta  á  la  ventana — ver  Don  Galván  si  venía. 
En  tren  el  guante  de  la  mano — ella     envía  un  signo, 
Don  Galvano  hombre  discreto — de  pronto  Jio  ha  entendido. 
— (i Ara  pararás,  Galvano, — el  paño  de  tu  capilla. 
Vesfiremlo  d'  oro  y  seda — passaremlo  á  morería, 
de  morería  á  Flandes— de  Flandes  á  Loinbardía; 
de  LoQibardía  mes  lluny — allí  hont  amas  se  crían». 


Don  Galván  encuentra  al  rey,  y  le  dice  que  trae  unas 
manzanillas : 

— «Si  m'en  queres  donar  una — d' aquestas  lindas  manzanas. 
— 1^0 per  cert,  el  señor  rey — que  me  las  tienen  contadas». 
Diciendo  estas  palabras — las  manzanillas  lloraban. 

Además  de  los  romances  propiamente  populares,  han 
penetrado  en  la  tradición  oral  de  .Cataluña  algunos  ro- 
mances vulgares  castellanos,  como  el  núm.  274  de  Milá, 
Dona  Antonia: 

Alto  y  soberano  cielo, 
en  tí  pongo  la  memoria 
Tomo  X.  l'J 


290  LÍRICOS  CASTELLANOS 

para  contar  y  decir 

lo  que  sucedió  en  Lisboa... 

y  el  275,  Melchor  y  Laurencia  : 

Murallas,  fuertes  murallas 
combaten  el  mar  soberbio... 
el  mejor  puerto  de  mar 
que  tiene  el  Rey  en  sus  Reinos... 
— «ádios,  Málaga,  le  dice, 
adiós,  mi  patria  bella; 
adiós,  madre  de  mi  vida, 
voy  que  los  moros  me  llevan...»  ^ 

En  la  colección  de  Milá  se  lee  también  un  romance  re- 
ligioso (núm.  15)  Confesión  de  Nuestra  Señora,  casi  ente- 
ramente castellano,  pero  siendo  prosaico  y  seguramente 
moderno,  le  omitimos.  Por  estar  muy  incompletos  y  no 
ser  tampoco  enteramente  populares,  excluímos  igualmente 
el  60  La  Virgen  aguardando  á  su  hijo  (que  tiene  algunos 
versos  muy  alterados  de  la  canción  que  principia  For  el 
rastro  de  la  sangre),  el  61  niño  perdido^  el  62  La  Virgen 
Gloriosa,  con  reminiscencias  de  los  romances  de  Silvana. 
como  puede  juzgarse  por  el  principio  : 

Por  la  escalera  del  cielo— se  pasea  una  doncella, 
vestida  toda  de  blanco. — toda  la  gloria  está  en  ella.... 

Pertenecen  á  la  poesía  vulgar  el  65,  La  venta  de  un 
Crucifijo : 

Allí  á  la  plaza  de  ArgeJ — hay  un  Cristo  figurado, 
y  el  66,  La  Cautiva: 

ó  gran  Reina  de  los  cielos— Madre  de  Dios  soberana... 
Historia  muy  lastimosa  — que  se  ha  escrito  y  se  canta. 

Considero  también  como  de  origen  castellano  induda- 
ble, aunque  ya  se  canta  en  catalán  ó  poco  menos,  el  núm.  4 


ROMANCES  CASTELLANOS  TRAD.  EN  CATALUÑA  291 

Duda  de  San  José  (donde  aun  persisten  las  palabras  mau' 
sana  y  mansané;  compárase  el  romance  asturiano,  núm.  60, 
el  andaluz  núm.  29,  y  el  montañés,  pág.  216  de  este  tomo); 
La  vuelta  del  marido  (núm.  202,  similar  de  los  romances  as- 
turianos 27  y  28,  y  de  otros  más  antiguos);  el  204,  La  viu- 
da (que  conserva  las  palabras  hijo  y  marido :  romance  aná- 
logo, hasta  en  el  metro,  al  Don  Pedro  que  se  canta  en  Ex- 
tremadura, núm.  12>)\  q\  Don  Luis  de  Montalván  (nú- 
mero 206)  que  empieza  con  el  verso  tradicional: 

La  vida  de  la  galera — es  muy  larga  de  Xíontar; 

el  207,  El  poder  del  canto;  el  213,  La  niña  encantada,  que 
es  una  variante  de  La  Infantina;  el  217,  El  Caballero  de 
Málaga;  el  219,  La  Peregrina;  el  227,  La  Condesa  muerta 
(hay  una  variante  que  delata  su  origen  desde  el  principio: 

¿Dónde  vas  el  caballero? — ¿Dónde  va  vasté  per  qué?); 

el  247,  Don  Gayferos;  y  el  257,  La  Princesa,  que  por  ser 
breve  y  muy  lindo  transcribiremos  aquí : 

Un  castillo,  dos  castillos — una  princesa  hi  havía, 
hi  havía  dotse  comptes— que  tots  casara'  hi  volían, 
n'  hi  havía  un  escuder-qu'  en  son  servey  ne  servía. 
— «Escuder,  bon  escuder, — molta  merced  ne  f arias 
de  portar  aquesta  carta — al  caballero  de  Encina; 
que  si  'm  venía  ell  a  veure— els  passos  li  pagaría 
ab  vestits  tots  bordats  d'  or — tots  d'  or  y  de  plata  fina; 
si  d'  aixó  no  se  contenta—  altre  cosa  li  daría. 
Li  daría  dos  castells — que  tinchvora  la  marina, 
á  cada  cap  de  castell— cent  soldats  armats  hi  havía. 
Teñen  socorro  pagat — per  un  any  y  per  un  día. 
Si  d'  aixó  no  's  contentés — yo  mateixa  me  hi  daría. 

Es,  como  se  ve,  un  eco  del  antiguo  romance  de  Monte- 
sinos y  Eosaflorida  (núm.  179  de  la  Primavera], 


SECCIÓN  SEXTA 


Romances  castellanos  tradicionales  entre  los  judíos  de  Leyantc. 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


Peregrino  cuanto  importante  hallazgo  para ''completar 
el  romancero  peninsular  es  el  de  los  cantos  que  tradicio- 
cálmente  se  conservan  entre  los  numerosos  hebreos  de 
origen  español  que  hablan  y  escriben  nuestra  lengua  en 
Turquía,  en  Marruecos,  en  Argelia,  en  Túnez,  en  la  Bulga- 
ria Ramelia,  etc.  No  se  ha  hecho  cabal  estadística  de  este 
contingente  nada  despreciable  de  nuestro  dominio  filoló- 
gico, pero  sabemos  que  en  Salónica  asciende  el  número  de 
estos  judíos  españoles  á  sesenta  mil  (es  decir,  á  la  mitad 
de  la  población),  divididos  en  treinta  sinagogas,  tantas 
€omo  mezquitas;  que  en  Constantinopla  hay  cincuenta  mil, 
y  quince  mil  en  Andrinópolis.  Estos  hispano-judíos  tie- 
nen una  literatura  bastante  copiosa,  profana  y  sagrada; 
tienen,  no  sólo  libros  de  devoción  é  historias,  sino  cuen- 
tos y  novelas;  conservan  romances  viejos,  en  formas  á  ve- 
ces más  arcaicas  que  las  que  han  podido  recogerse  de  la 
tradición  oral  de  la  Península;  y  han  publicado  hasta  la 
hora  presente  más  de  treinta  periódicos  en  lengua  caste- 
llana, pero  con  caracteres  hebreos,  á  excepción  de  uno 
sólo,  El  Luzero  de  la  Pudenda,  que  apareció  en  Rumania 
desde  1885  á  1889  en  caracteres  latinos. 

El  castellano  actual  de  las  sinagogas  de  Levante  es  su- 
mamente impuro  y  lleno  de  solecismos,  como  no  podía  me- 
nos de  sucader  dados  los  heterogéneos  é  irreductibles  ele- 


296 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


mentos  coü  quien  ha  estado  en  contacto  (turco,  árabe,  per- 
sa, griego  moderno,  lenguas  eslavas,  etc.),  amén  de  lo» 
italianismos  y  galicismos  que  andan  revueltos  en  la  lengua 
franca  del  Mediterráneo :  á  todo  lo  cual  hay  que  añadir  la 
completa  incomunicación  literaria  en  que  esta  población 
ha  vivido  y  vive  respecto  de  España.  Las  diferencias,  sin 
embargo,  entre  el  castellano  de  Oriente  y  el  de  España, 
en  lo  que  toca  á  la  pronunciación,  acaso  no  sean  tan  pro- 
fundas como  pudiera  creerse  en  vista  de  la  transcripción 
fonética  que  usan.  Como  difieren  tanto  los  dos  alfabetos, 
ha  sido  necesario  añadir  al  hebreo,  para  transcribir  el 
nuestro,  cinco  caracteres  nuevos;  y  por  el  contrario,  cinca 
letras  hebreas  han  quedado  sin  uso,  por  no  tener  corres- 
pondencia en  los  sonidos  castellanos. 

La  tradición  popular  conservada  por  los  judíos  tiene 
excepcional  valor,  puesto  que,  exceptuando  muy  pocos  ro- 
mances modernos  tomados  del  Antiguo  Testamento  ó  de 
ritos  y  ceremonias  de  su  ley,  que  fácilmente  se  distinguen 
de  los  demás,  los  restantes,  es  decir,  los  novelescos  y  pro- 
fanos, puede  creerse,  si  se  atiende  sólo  al  núcleo  poético, 
que  se  remontan  á  la  grande  emigración  de  1492,  siendo 
prueba  de  antigüedad  para  cualquier  tema  su  existencia 
actual  entre  los  judíos.  Pero  esto  ha  de  entenderse  con 
ciertas  salvedades.  Los  romances  actuales  están  corrom- 
pidísimos,  abundan  en  voces  exóticas,  en  contradiccione» 
é  incongruencias,  y  suelen  ser  centones,  á  veces  sin  senti- 
do común,  de  fragmentos  muy  diversos.  Es  evidente  que  el 
pueblo  que  los  canta  ha  perdido  la  clave  de  estos  roman- 
ces, aunque  los  repita  por  el  prestigio  de  la  música,  y  los 
venere  como  reliquia  de  sus  mayores.  Aparece,  pues,  la 
poesía  judaico-hispana  en  un  estado  informe,  degradado  y 
bárbaro,  pero  que  por  lo  mismo  nos  guarda  grandes  sor- 
presas. 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


297 


Ha  de  tenerse  en  cuenta,  además,  que  durante  los  si- 
glos XVI  y  XVII  fué  continua,  aunque  parezca  do  poco  mo- 
mento, la  emigración  de  judíos  peninsulares  (principal- 
mente portugueses)  que  huyendo  de  los  rigores  de  la  In- 
quisición buscaron  asilo  en  Holanda,  Alemania,  Francia 
é  Inglaterra,  y  algunos  también  en  las  comunidades  de 
Levante.  Estos  nuevos  desterrados,  entre  los  cuales  no 
faltaban  cultivadores  de  la  poesía  artística,  pudieron  re- 
novar también  el  fondo  de  la  poesía  tradicional,  importan- 
do nuevos  romances  ó  componiéndolos  ellos  mismos.  Pero 
tal  influjo  debió  de  alcanzar  en  muy  pequeña  escala  á  las 
sinagogas  de  Turquía,  muy  remotas  y  aisladas,  perdidas 
entre  bárbaros,  y  pobladas  á  la  sazón  de  gente  pobre,  in- 
culta y  abatida,  que  en  nada  semejaba  á  los  opulentos  y 
refinados  mercaderes  hebreos  de  Venecia  y  Amsterdam. 

Por  otra  parte,  la  simple  lectura  de  estos  romances  bas- 
ta para  probar  que  son  de  los  más  viejos,  aunque  sean 
también  de  los  más  alterados.  He  reunido  en  esta  colec- 
cioncita  todos  los  que  me  parecen  de  carácter  primitivo,  y 
doy  también  algún  otro  más  moderno,  como  muestra  de  la 
poesía,  ya  religiosa,  ya  profana,  que  actualmente  cultivan 
los  hebreos  oriundos  de  España. 

Hay  entre  estos  romances  algunos  inéditos,  y  no  son 
por  cierto  los  menos  curiosos.  Me  los  envió  desde  Constan- 
tinopla  en  1885  mi  difunto  amigo  el  malogrado  é  ingenio- 
sísimo escritor  D.  Carlos  Coello  y  Pacheco,  que  los  había 
recibido  de  Salónica.  Pertenecen  á  este  grupo  los  diez  pri 
meros  romances  de  nuestra  colección:  Tarquinos  y  Lucre- 
za,  Gian  Lorenzo  y  el  rey  de  Portugal,  El  Conde  Alimán 
con  la  hija  de  la  reina,  El  Conde  Amadí^  El  hijo  del  rey  en 
Ferismena,  Andarleto,  La  esposa  de  Don  Gaiferos,  El 
Conde  Velo  y  el  Gran  Duque,  Parisi  y  las  tres  hermanas, 
Miraibella. 


298 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Por  lo  que  mis  noticias  alcanzan,  creo  poder  asegurar 
que  fué  Carlos  Coello  el  primer  colector  de  romances  ju- 
díos, y  en  general  sus  textos  me  parecen  mejores  que  los 
que  luego  ha  publicado  Mr.  Danon,  aunque  la  colección 
de  éste  sea  mucho  más  copiosa. 

Para  hacer  fácil  la  lectura  de  estos  diez  romances  he- 
mos modificado  la  ortografía  especial  de  la  copia  que  los 
contiene.  Esta  usa  casi  siempre  ch  en  lugar  de  nuestra  qu^ 
que  rara  vez  aparece;  escribe  siempre  cia,  ció,  ci,  ce,  por 
nuestro  cha,  cho,  chi,  che;  emplea  ni  por  nuestra  ñ  y  li  por 
nuestra  II  (alguna  vez  por  y:  lio,  lia,  talio)\  escribe  scia, 
seto  y  rara  vez  sho  donde  hemos  puesto  xa,  xo;  en  las  ter- 
minaciones verbales  arcaicas  -ades  -edes  pone  -ash  -esh, 
que  hemos  transcrito  por  -ais  -eis,  La^,  que  no  escribe 
más  que  en  homhre,  y  la  t;,  y  las  escribimos  según  la 
ortografía  académica. 

En  el  Boletín  de  la  Real  Academia  de  la  Historia  (tomo 
XVI. — Junio  de  1890)  publicó  nuestro  docto  compañero 
y  amigo  D.  Antonio  Sánchez  Moguel,  el  romance  Yo  me 
estando  en  la  mi  pesca,  acompañado  de  un  interesante  co- 
mentario filológico.  Da  la  noticia  de  que  Mr.  Ha-Lévy, 
sabio  israelita,  profesor  de  la  Ecole  des  Hautes  Etudes  de 
París,  que  le  facilitó  copia  de  dicho  romance  y  de  otro  de 
carácter  lírico,  había  reunido  en  un  volumen  algunos  can- 
tos populares  de  sus  hermanos  israelitas. 

No  parece  que  esta  colección  se  haya  publicado  has- 
ta ahora,  pero  otra  muy  importante  ha  visto  la  luz  pú- 
blica en  la  Revue  des  études  juives^  de  París  (1896). 
Consta  de  45  romances  (así  los  llama  el  colector,  auDque 
no  todos  lo  son  en  rigor  estricto),  acompañados  de  tra- 
ducción francesa,  introducción  y  notas,  debido  todo  á  la 
erudición  y  diligencia  de  Mr.  Abraham  Danon,  residente 
en  Andrinópolis. 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


299 


La  mayor  parte  de  estos  romances  proceden  de  la  tra- 
dición oral  recogida  así  en  aquella  ciudad  como  en  Saló- 
nica, en  Constan tinopla,  en  Bulgaria  y  en  otras  partes, 
donde  todavía  se  cantan  estos  romances  conservados  como 
reliquias  de  generación  en  generación.  Otros  fragmentos 
se  han  transmitido  por  el  camino  más  inesperado ,  es 
decir,  por  el  de  la  literatura  litúrgica.  Mr.  Danon  hace 
constar  que  estos  romances  de  origen  profano  han  ejerci- 
do notable  influjo  en  los  poetas  hebreos  de  decadencia, 
hasta  el  punto  de  excitar  los  recelos  de  los  rabinos  más 
ortodoxos.  Así  Menahem  Lonsano  reprueba  las  poesías 
religiosas  que  comienzan  con  palabras  imitadas  del  caste- 
llano; por  ejemplo,  un  canto  compuesto  sobre  el  aire  de 
estos  versos 

«Muérome,  mi  alma — ay,  muérome>, 

«cuyo  autor  ignoraba  que  este  procedimiento  es  abomina - 
»ble,  porque  despierta  en  el  que  canta  estos  versos  recuer- 
»dos  lujuriosos». 

A  pesar  de  este  anatema,  el  célebre  poeta  neo -hebraico 
Israel  Nagara,  que  florecía  á  principios  del  siglo  xvii,  no 
tuvo  escrúpulo  en  adaptar  á  sus  himnos  religiosos  los  aires 
de  canciones  griegas,  turcas,  árabes  y  españolas,  y  hasta 
de  imitar  sus  palabras  mediante  el  procedimiento  de  la  ali- 
teración. Como  al  frente  de  estas  composiciones  suele  in- 
dicarse la  melodía  de  ellas,  conocemos  asi  los  principios 
de  varios  romances  cuyo  texto  no  se  conserva. 

iPara  completar  la  lista  de  los  restos  del  Romancero 
español  (dice  Mr.  Danon)  me  he  servido  igualmente  de  las 
colecciones  de  letanías  rimadas  que  existen  entre  nosotros 
bajo  el  título  de  Jwwcos/ inéditos  todavía,  y  que  sirven  de 
tiempo  inmemorial  para  que  los  asistentes  de  nuestros  mi- 
nistros oficiantes  se  ejerciten  todos  los  sábados  por  la  ma- 


300 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


ñaña,  en  la  sinagoga  portuguesa,  la  más  importante  de 
Andrinópolis,  en  cantar  verses,  á  título  de  ejercicio  mu- 
sical, conforme  á  las  modulacionés  árabes  llamadas  maka- 
mat  (sesiones).  Para  este  uso  se  emplean  principalmente 
los  poemas  de  Nagara,  con  adición  de  otros  cantos  poste- 
riores». 

De  uno  de  estos  manuscritos,  copiado  ya  en  1641,  y  el 
más  antiguo  de  los  que  hasta  ahora  se  conocen,  ha  entre- 
sacado el  Sr.  Danon  muchos  principios  de  romances,  y  con 
ocasión  de  ellos  exclama: 

«Cuando  se  ve  á  nuestros  poetas  hebreos  de  la  última 
época  volver  á  estas  fuentes  vivas  de  la  antigua  melodía, 
no  puede  sorpi;endernos  el  irresistible  atractivo  que  el 
falso  Mesías  Sabbatai  Cevi  ejercía  sobre  sus  fieles,  cantan- 
do con  alusiones  místicas  el  romance  de  Melisenda,  la  hija 
del  Emperador». 

Advierte,  finalmente,  el  discreto  colector,  que  muchos 
de  estos  poemas  se  hallan  truncados;  que  á  veces  hay  so- 
lución de  continuidad  en  las  partes  que  restan;  que  otras 
veces  las  estrofas  están  confundidas  y  revueltas  de  un 
modo  inextricable,  y  que  con  frecuencia  las  ancianas  que 
son  las  que  principalmente  conservan  y  repiten  estos  can- 
tos, por  olvido  de  alguna  palabra  ó  de  algún  verso  sustitu- 
yen otro  de  su  propia  composición.  Hay  también  reminis- 
cencias y  transposiciones  de  frases  de  un  romance  á  otro. 

«Aparte  de  estas  modificaciones,  nuestros  romances  han 
recibido  del  medio  ambiente  muchas  palabras  turcas,  ára- 
bes, persas,  griegas  y  hebreas.  Contienen  también  mu- 
chos idiotismos  propios  de  nuestra  jerigonza  (el  ladino 
ludesmo  ó  lengua  sefardí),  que  á  pesar  de  ^\x  forma  caste- 
llana, no  se  encuentran  en  los  diccionarios,  ó  se  encuentran 
con  una  acepción  diferente.  Este  cambio  de  formas  y  pa- 
labras anticuadas  por  otras  equivalentes  estaba  en  la  na- 


ADVERTENCIA  PRELIMINAR 


301 


turaleza  de  las  cosas.  Conforme  se  alejaban  del  tiempo 
del  éxodo  español,  nuestros  abuelos,  no  pudiendo  apreciar 
ya  todos  los  matices,  todas  las  delicadezas  de  la  lengua 
castellana,  encontraron  natural  emplear  otras  palabras 
que  ellos  comprendían.  Además,  han  introducido  en  al- 
gunos romances  ideas  religiosas,  que  parecen  en  ellos  en- 
teramente inoportunas.  Por  otro  lado,  es  fácil  encontrar 
en  estos  romances  expresiones  y  giros  arcaicos,  y  que  han 
persistido  igualmente  en  las  versiones  clásicas  de  la  Bi- 
blia que  todavía  se  usan  en  nuestras  escuelas». 

En  la  transcripción  de  estos  romances,  el  Sr.  Danon  ha 
adoptado  los  caracteres  latinos,  respetando  en  todo  lo  po- 
sible la  pronunciación  local,  sin  olvidar  la  clásica.  A  su 
texto  va  ajustado  el  mío,  salvo  alguna  ligerísima  corrección. 


ROMANCES  CASTELLANOS 


TKADICIONALES  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE 


1. 

Tarquines  y  LéUcreza* 

Aquel  rey  de  los  romanos, — que  Tarquinos  se  llamaba, 
se  enamoró  de  Lucreza, — la  noblesa  de  romana, 
que  para  durmir  con  ella — grande  ambisión  trababa: 
se  hiso  hombre  de  camino, — por  su  puerta  le  pasara; 
Lucreza  que  lo  vido — como  rey  le  dió  posada, 
le  metió  gaína  (1)  en  sena, — cama  de  oro  que  se  echara. 
Al  fin  de  la  media  noche — Tarquinos  se  despertara, 
se  fuera  para  la  cama — ande  está  la  noblesa  echada, 
le  metió  puñal  en  pecho — por  ver  si  despertara. 
Despertóse  desfavorida — con  favor  (2)  desganada. 
— Tus  amores,  Lucreza, — me  hasen  penar  al  alma; 
si  tú  á  mi  me  otorgas, — serás  reina  de  Granada; 
si  tú  á  mi  no  me  otorgas,— te  mataré  con  esta  espada,, 
te  mataré  á  tí,  Lucreza, — y  al  viejo  de  tu  casa. 
— Más  vale  morir  con  honra,  —  que  non  vevir  desfamada. — 
Desvainó  la  su  espada, — en  su  vientre  la  afincara  (3). 

(1)  Gallina. 

(2)  Es  frecuente  en  estos  romances  el  cambio  de  p  por  /;  despavorida 
por  despavorida,  favor  por  pavor, 

(3)  Romance  de  asunto  histórico  romano,  único  hasta  ahora  en  la  tra- 
dición popular,  pero  que  ha  dejado  vestigios  en  el  nombre  de  Tarquino 
dado  al  forzador  en  algunos  de  los  romances  de  Blanca  jlor  y  Filomena, 
(núms.  17  y  18)  y  en  el  de  AUama/re  Inúm.  28). 


304 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


'  2. 

Oian  Ijoreftizo  y  el  rey  de  Porlugal* 

¡Gian  Lorenzo,  Gian  Lorenzo, — quen  te  biso  tanto  mal! 
— Por  tener  rüujer  hermosa — el  rey  me  quere  matar. 
Yo  estando  en  la  mi  puerta— con  la  mi  mujer  real, 
taniendo  la  mi  vigüela, — mis  hijos  al  son  bailar, 
alsí  mis  ojos  en  lexos, — quanto  más  los  pude  alsar, 
en  los  campos  de  Arzuma — grande  gente  vide  baxar; 
el  corason  me  lo  diera — que  era  el  rey  de  Portugal, 
que  viene  por  los  mis  hijos — y  la  mi  mujer  real. 
Echí  mi  manto  en  mis  hombros — y  lo  fuera  á  encontrar: 
— Estéis  en  buen  ora,  buen  rey. — Gian  Lorenzo,  en  mal  ven- 

[gades. 

— Me  oigáis,  el  Dio  del  sielo,— que  es  padre  de  piadad. — 

Yo  le  hablaba  con  buenas,  ~él  me  respondía  mal. 

— Si  vos  piase,  oh  buen  rey, — de  me  vinir  á  vijitar? 

— ¿Y  para  toda  esta  gente  — qué  les  daréis  á  ermorsar? 

— Para  toda  esta  gente — vacas  y  carneros  hay; 

para  mí  y  Vos,  buen  rey, — pichonicos  con  agrás,        [siar. — 

en  mientrés  que  ordenan  mesas— vamos  á  la  güerta  á  espa- 

En  la  güerta  de  Gian  Lorenzo— hay  cresido  un  buen  rosal, 

arrancó  de  ahí  una  rosa — y  una  rosa  del  rosal, 

á  la  mujer  de  Gian  Lorenzo — á  ella  la  fuera  dar: 

— Tomárais  esta  rosa, — esta  rosa  de  el  rosal, 

y  de  aquí  en  quinse  días— seréis  reina  de  Portugal. 

— No  matéis  á  Gian  Lorenzo, — ni  lo  quij erais  matar; 

desterraldo  de  sus  tierras, — que  de  ellas  non  coma  pan, 

que  es  padre  de  los  mis  hijos, — marido  de  mi  mosedad. — 

Yoraba  Gian  Lorenzo  —  lágrimas  de  voluntad. 

—Non  yoréis,  Gian  Lorenzo, — ni  quijerais  yorar; 

en  forma  de  carbonero — me  verneis  á  vijitar, 

mataré  yo  al  buen  rey— y  vos  asento  en  su  lugar  (1). 

(1)  Curiosísimo  romance  histórico,  de  asunto  portugués.  Se  refiere,  sin 


ilOMANGES  TRAD.  ENTAE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  305 


3. 

El  liijo  del  rey  en  Ferlsmena* 

Muerto  va  el  hijo  del  rey, — muerto  va  por  Ferisraena. 
ün  día  estando  en  la  mesa— sintió  apregonar  guerras; 
ya  tomó  muía  y  caballo, — se  iba  para  la  guerra, 
á  la  tornada  que  torna — se  echó  por  ande  la  esfuegra  (1), 
la  esfuegra  desque  lo  supo,— á  resibirlo  saliera. — 
—  Qué  hasiais,  la  mía  esfuegra?— El  mi  yerno,  bien  vinierais^ 
que  asin  la  mi  hija, — la  mi  hija  Miraibella, 
priñada  está  de  ocho  meses, — solo  está  en  tierras  ajenas. 
— Muncho  me  arrogó  y  me  dixo — si  puedía  venir  ella; 
si  ella  non  puedía, — que  me  diera  á  Ferismena. 
— De  dar  vo  la  do,  el  mi  yerno, — como  hija  mía  y  vuestra; 
con  esta  espada  lo  corten, — si  traisión  le  hisiera. — 
Ya  la  viste,  ya  la  endona, — adelante  se  la  lleva; 
por  en  medio  del  camino — amores  1'  acometiera. 
— Vos  uerco  (2)  sois,  mi  cuñado,— oh  que  uerco  paresierais. — 
Se  echó  del  caballo  abaxo,— le  cortó  la  media  elvuenga  (3), 
quanto  mas  corre  el  caballo— mas  muncho  corría  ella; 
tanto  fué  su  corritina — que  cayó  en  tierras  ajenas. 
Por  allí  pasó  un  pajico, — conosido  suyo  era, 

duda,  á  los  amores  del  rey  D.  Fernando  I  de  Portugal  con  Dofia  Leonor 
Téllez,  mujer  de  Juan  Lorenzo  de  Acuña,  llamado  el  di  los  cuernos  de  oro, 
porque  los  ostentaba  en  la  corte  de  Castilla,  después  que  se  refugió  en  ella, 
habiéndole  robado  el  Rey  su  esposa.  Versa  sobre  este  argumento  la  comedía 
de  Rojas,  (Joello  y  Vélez  de  Guevara,  También  la  afrenta  es  veneno,  y  tam- 
bién se  enlaza  con  tal  asunto  la  novelita  de  A.  Herculano  Arrhas  por  foro 
de  Hespanha. 

Hay  evidente  parentesco  entre  este  romance  y  los  de  Dofia  Isabel  de 
Liar  (núms.  103  y  104  de  la  Primavera)' 

(1)  Es/negra,  suegra. 

(2)  Uerco  (¿de  Orco,  tirtaro  ó  infierno,  en  el  sentido  de  hombre  perver- 
so, demonio  encarnado?). 

(3)  Eluenga,  lengua. 

Tomo  X.  20 


306 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


que  de  señas  le  hablaba, — que  de  sefías  le  hisiera, 
que  le  diera  papel  y  tinta, — una  carta  le  escribiera 
para  mandar  al  rey  su  padre— que  la  quitara  de  aquellas  tie- 

[rras  (1). 


4. 

Andarleto* 

El  rey,  que  muncho  madruga,— por  ande  la  reina  se  ha  an- 
topó  á  la  reina  en  cabello, — en  cabello  destrensado;  [dado, 
el  rey  por  burlar  con  ella — tres  dadicas  (2)  le  ha  dado. 
— Estate,  estáte,  Andarleto, — el  mi  lindo  namorado, 
dos  hijos  tuyos  tengo, — y  dos  del  rey,  que  son  cuatro; 
dos  tuyos  comen  en  mesa — y  los  del  rey  apartado, 
los  tuyos  suben  en  muía— y  los  del  rey  en  caballo. — 
Voltóse  á  mano  derecha,— topó  el  rey  á  su  lado. 
— Perdón,  perdón,  el  buen  rey, — que  esfueño  me  ha  soñado. 
— Ya  vos  perdono,  la  reina, — con  un  lardan  colorado  (3). 


5. 

(Variante  de  A.  Danon.) 

El  rey  que  mucho  madruga,— -donde  la  reina  se  iba. 
La  reina  estaba  en  cabellos,— en  cabellos  destrenzados. 
Tomó  espejo  en  la  mano, — mirándose  su  buen  lindado, 
dando  loores  al  de  en  alto — que  tan  linda  la  ha  creado. 

(1)  Es  el  romance  de  Blanca  Flor  y  Filomena  (21-22  de  los  asturianos, 
17  y  18  de  los  andaluces),  aunque  muy  abreviado  y  estropeado. 

(2)  Golpecitos. 

(3)  lardan  dyerdan  es  palabra  persa  que  quiere  decir  collar  (A.  Danon). 
El  sentido  es  *te  ahorcaré  mañana  con  un  cordón  colorado». 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  ^07 

El  rey,  por  burlar  con  ella, — con  verga  de  oro  le  daba. 
— ¿Qué  me  dais,  qué  me  dais, — mi  primer  enamorado? 
Dos  hijos  vuestros  tengo — y  dos  del  rey  que  son  cuatro. 
Los  vuestros  van  á  carroza, — los  del  rey  van  á  caballo. 
Los  vuestros  van  á  la  huerta — ios  del  rey  van  á  la  guerra. 
Los  vuestros  comen  pescado, — los  del  rey  sorben  el  caldo. 
Estas  palabras  diciendo, — ella  que  lo  atinaría: 
— Perdón,  perdón,  mi  señor  rey, — sueño  me  ha  soñado. 
— Amanecerá  la  mañana — os  lo  soltaré  un  buen  soltado, 
 — con  un  yerdan  colorado  (1). 


6. 

El  Conde  Allmán  con  la  liija  de  la  reina» 

En  el  vergel  de  la  reina — cresía  un  buen  rosal, 
en  la  ramica  mas  alta — un  rusción  (2)  sentí  cantar. 
La  reina  estaba  labrando, — la  hija  durmiendo  está. 
— Alevanteis,  la  mi  hija,— de  vuestro  dulse  folgar, 
sentiredes  como  canta — la  serenica  de  la  mar. 
— Non  es  la  serena,  mi  madre, — si  non  es  el  Conde  Alimán, 
que  el  Conde  es  niño  é  muchacho, — con  mi  quijo  burlar. 
— Si  esto  es  verdad,  mi  hija, — yo  lo  mandaré  á  matar. 
— Non  lo  matéis,  la  mi  madre, — ni  mandéis  á  matar; 
que  el  Conde  es  niño  é  muchacho, — el  mundo  quere  gosar; 
si  lo  matas,  la  mi  madre, — á  mí  y  á  él  embarabar  (3). — 
La  reina,  que  de  el  mal  tenga, — presto  los  mandó  á  matar. 

(1)  Estas  dos  versiones  (en  la  segunda  de  las  cuales  se  ha  perdido  el 
nombre  de  Andarleto ) ,  corresponden  al  romance  de  asunto  merovingio 
Latidarico  (núm.  36  de  nuestro  Apéndice  á  la  Primavera  de  Wolf). 

(2)  Ruiseñor. 

(3)  Embarabar  acaso  quiera  decir  enterrar  juntos;  en  francés  hay  bieret 
ataúd,  y  en  italiano  bar  a,  andas. 


308 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


7. 

(Versión  de  A.  Danon.) 

Un  hijo  tiene  el  buen  conde, — un  hijo  tiene  y  no  más. 
Se  lo  dió  al  señor  rey — por  deprender  y  por  embezar. 
El  r^y  lo  quería  mucho — y  la  reina  más  y  más. 
El  rey  le  dió  un  caballo, — la  reina  le  dió  un  calzar. 
El  rey  le  dió  un  vestido, — la  reina  le  dió  media  ciudad. 
Los  consejeros  se  zelaron — y  lo  metieron  en  mal: 
que  lo  vieron  con  la  reina, — en  hablar  y  platicar. 
— Que  lo  valgan  que  lo  maten, — que  lo  lleven  á  matar. 
— Ni  me  maten,  ni  me  toquen, — ni  me  dejo  yo  matar, 
sino  iré  donde  mi  madre— dos  palabras,  tres  hablar. 
( — Buenos  días  la  mi  madre. — Vengáis  en  buena,  mi  rejal  (1). 
Aséntate  á  mi  lado, — cántame  una  cántica 
de  las  que  cantaba  tu  padre— en  la  noche  de  la  Pascua)  (2). 
Tomó  tacsim  (3)  en  su  boca — y  empezó  á  cantar. 
Por  alli  pasó  el  señor  rey — y  se  quedó  oyendo. 
Preguntó  el  rey  á  los  suyos: — Si  ángel  es  de  los  cielos 
ó  sirena  de  la  mar?— Saltaron  la  buena  gente  : 
— Ni  ángel  es  de  los  cielos — ni  sirena  de  la  mar, 
sino  aquel  mancebico— que  lo  mandasteis  á  matar. 

(1)  La  palabra  turca  rejal,  derivada  del  árabe,  designa  á  los  grandes 
dignatarios  del  Estado;  pero  los  judíos  la  usan  en  el  sentido  de  hidalgo  ó 

caballero . 

(2)  Variante. 

Ó  que  hijo,  ó  que  hijo!— Fn  noche  de  Pascua 
me  venisteis  visitar.— Ó  que  madre,  ó  que  madre! 
Al  hijo  tiene  en  la  lanza,— le  demanda  la  cuestión. 

Otro. 

Porque  con  mi  madre,— os  cantaré  un  cantar. 

(3)  Mr.  Danon  interpreta  esta  palabra  en  el  sentido  de  melodía,  y  la  de- 
riva de  una  voz  árabe  que  significa  división,  repartición;  pero  más  bien  pa- 
rece designar  algún  instrumento  músico. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  309 


— Ni  lo  maten,  ni  lo  toquen, — ni  lo  dejo  yo  matar. 
Tomólo  de  la  mano,— y  junto  se  fué  al  serrallo  (1). 


8. 

El  Conde  Amadí. 

Aquel  Conde  y  aquel  Conde, — que  en  la  mar  sea  su  fin, 
armó  naves  y  galeras — echólas  en  el  sanguí; 
el  sanguí  como  era  strecho, — non  las  puedía  regir, 
— Atrás,  atrás,  los  franseses, — non  le  deis  virguensa  al  Sir; 
si  el  gran  Conde  lo  sabe, — á  Fransia  non  vos  dexa  ir, 
non  vos  da  para  comer — ni  con  las  damas  dormir. — 
En  la  tornada  que  tornan — mataron  sincuenta  mil, 
aparte  de  chiquiticos  —que  non  hay  cuenta  ni  fin. 
Grandes  bodas  hay  en  Fransia, — en  la  sala  de  París, 
que  casa  el  hijo  del  rey — con  la  hija  de  Amadí, 
Bailan  damas  y  doncellas, — caballeros  mas  de  mil, 
el  que  regía  la  taifa — era  una  dama  gentil; 
mirando  la  está  el  buen  Conde, — aquel  Conde  de  Amadí. 
— Qué  miráis  aquí,  buen  Conde, — Conde,  qué  miras  aquí? 
ó  mirabais  á  la  taifa — ó  me  mirabais  á  mí? 

(1)  Estos  dos  romances  son  de  diverso  asunto,  pero  tienen  comunes  los 
versos  en  que  se  habla  del  canto  de  la  sirena.  E{i  el  segundo  romane*,  es" 
tos  versos,  como  ha  notado  el  Conde  de  Puymaigre  (a)^  corresponden  casi 
exactamente  á  los  de  un  romance  portugués  {Cantos  popucmres  do  Ar chipe- 
lago  Aforiano,  págs.  249  y  252): 

O  rei  que  ia  passeando— cavallo  mandou  parar: 

—Qué  vozes  do  ceo  sao  estas— que  eu  aqui  OU90  cantar? 

Ou  sao  09  anjos  no  ceo,— ou  as  sereias  no  mar? 

—Nao  sao  os  anjos  no  ceo,— nem  as  sereias  do  mar, 

É  dom  Pedro  Pequenino— que  meu  pae  manda  matar. 


{a)  En  una  interesante  carta  á  Mr.  Moisés  Schwab  en  la  Revue  des  Éiu- 
dts  Juives,  Octubre-Diciembre  de  3896. 


310 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Yo  non  miro  á  la  taifa, — ni  menos  te  miro  á  tí; 
miro  á  este  cuerpo  que  es — tan  galano  y  tan  gentil 
— Hora  era,  el  caballero, — de  me  ir  yo  con  tí, 
que  el  mi  marido  está  en  guerra, — tarda  inda  de  venir; 
una  esfuegra  vieja  tengo, — mala  está  para  morir, 
los  hijicos  chiquiticos — no  se  lo  saben  desir. — 
Embrujóla  (1)  en  un  mansil  d'  oro, — de  afuera  le  quedó  el 
á  la  salida  de  la  puerta — encontró  con  Amadí:  [chapín; 
— Qué  lleváis  aquí,  buen  Conde,— Conde,  que  lleváis  aquí? 
— Llevo  un  pajo  de  los  míos, — que  malo  está  para  murir. 
— Este  pajico,  el  Conde,— me  esfuele  á  servir  á  mí, 
el  día  para  la  mesa, — la  noche  para  dormir; 
non  la  conose  en  el  garbe, — ni  menos  en  el  vestir, 
la  conose  en  el  chapín  de  oro, — que  ainda  ayer  se  lo  merquí. — 
Esto  que  sentió  el  buen  Conde, — dexó  todo  é  se  echó  á 

[fuir  (2). 


9. 

Ija  esposa  de  Don  Oaifero. 

Cativa  estaba,  cativa, — la  esposa  de  don  Gaifero, 
pensando  está  que  le  escriba— uno  de  sus  mesajeros. 
Aparóse  una  ventana, — vido  venir  un  caballero, 
todo  cubierto  de  arma, — en  atarse  de  hombre  guerrero. 
— [Caballero,  así  logrades — y  así  tengades  ventura  en  armas! 
si  para  Francia  ibas — y  á  Gaiferos  conoscades, 
disilde  que  á  la  su  esposa — se  la  queren  desposar, 
con  un  tambunico  el  moro,  — que  mora  al  gal  (3)  de  la  mar, 
muchas  son  las  sus  hasiendas — y  la  su  soberbia  grande; 

(1)  Envolvióla. 

(2)  Aunque  muy  estragado  este  romance,  conserva  una  lección  más  com- 
pleta del  núm.  157  de  la  Primavera:  «Bodas  hacían  en  Francia «. 

(3)  Gal  (¿de  cai^  qnai,  cayos,  en  bajo  latín  caium^ 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  3M 

más  quería  ya  ser  mtierta — y  non  con  moro  bateare. 

— Si  vos  piase,  la  Miliselda, — de  arriba  vos  echáreis, 

yo  vos  arresibiré  en  mis  brasos— como  amiga  caronale. — 

Ansi  se  echó  la  Miliselda — como  quen  se  echa  en  la  mare, 

ansí  la  resibió  Gaifero — como  amiga  caronale. 

De  la  giúma  (1)  sale  el  moro,— de  la  giúma  al  medio  día, 

con  trescientos  caballeros — que  lleva  su  compañía; 

non  los  llevaba  por  miedo,— ni  por  temor  que  tenía, 

sinon  porque  digan  la  gente: — ¡oh,  qué  gran  caballería! 

La  toca  que  el  moro  lleva— es  una  rica  romanía, 

en  la  punta  de  la  toca — lleva  una  piedra  safira; 

el  caballo  que  el  moro  lleva— sien  doblas  y  más  valía, 

lo  que  arrastra  por  esfuelo— sien  pobes  ricos  hasía  (2). 


10. 

El  conde  Velo  y  el  Oran  Duque* 

Alabóse  el  conde  Velo,— en  sus  cortes  s'  alabó, 
que  non  hay  ni  mosa  ni  casada— que  a  enconora  d'  amor. 
Allí  se  topó  el  Gran  Duque, — el  hijo  del  emperador; 
— Si  tú  venses  á  la  enfanta,  —  sien  siodades  te  do; 
si  non  la  venserás, — vos  quitaba  el  corazón. 
— Malaño  á  tus  siodades, —voló  quito  yo  á  vos. — 
Ya  se  parte  el  conde  Velo,— ya  se  parte,  ya  s*  andó, 
camino  de  quinse  días — en  siete  los  allegó; 
por  enmedio  del  camino— una  de  sus  esclavas  topó, 
á  poder  de  muchos  dineros— señas  de  su  vergel  le  dió: 
— Tres  salas  tiene  Parisi, — una  y  otra  más  mejor, 
la  una  durme  Parisi, — la  otra  el  emperador, 
la  otra  durme  la  enfanta, — durme  con  el  gran  Siñor. — 

(1)  ¿Aljama,  mezquita? 

(2)  Pertenece  al  ciclo  de  los  romances  carolingios  de  Gaiferos  (cf-  nú- 
mero 173  de  la  Primavera). 


312 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Arrodeó  por  el  castillo  entero, — por  ande  entrar  no  topó; 
echó  sus  ojos  en  alto— una  de  sus  esclavas  topó, 
á  poder  de  muchos  dineros— señas  de  su  cuerpo  le  dió: 
— Debaxo  del  pecho  estiedro  (1) — tiene  un  lunar  d'  amor^ 
en  la  su  cabesera  tiene— que  le  canta  un  rusción  (2). 


11. 

Parisi  y  las  tres  Iiermanas. 

Durmiendo  está  Parisi — de  esfueño  que  le  venía, 
el  maso  de  las  sus  flechas— por  cabesera  él  tenía, 
el  caballo  tenía  atado — al  pie  de  una  graviina, 
las  armas  tiene  colgadas — en  una  mata  enñorida; 
tres  damas  lo  están  velando — todas  tres  en  una  porñdia; 
una  le  peina  el  cabello, — otra  la  sudor  V  alimpia, 
la  más  chiquitica  de  ellas — el  esfueño  le  traía. 
— ¿Fin  á  aquí  los  mis  pecados — á  seguir  me  vienen? 
¿ó  son  ángeles  del  sielo, — ó  la  mi  madre  es? 
— Ni  son  ángeles  del  sielo, — ni  la  vuestra  madre  es,  [nieron, 
sinon  son  las  tres  hermanas  —  que  en  vuestra  busquedad  vi- 
De  allí  saltara  la  grande — con  gran  favor  que  tenía : 
— Tómame  á  mí,  Parisi,— de  dádivas  que  os  daría; 
vos  daré  una  bolsa  de  oro, — que  otra  en  el  mundo  non  había: 
siempre  que  metriais  la  mano— vasía  non  la  tornaríais. — 
De  allí  saltó  la  segunda— de  grasia  que  ella  tenía : 
— Tómame  á  mi,  Parisi, — de  dádivas  que  vos  daría; 
vos  daré  espada  de  oro— que  otra  en  el  mundo  non  había, 
que  siempre  que  saliis  en  guerra— la  guerra  la  venseríais. — 
De  allí  saltó  la  chiquitica— de  grasia  que  ella  tenía: 

(1)  Estiedro,  izquierdo. 

(2)  Está  emparentado  con  el  romance  12  de  nuestro  Apéndice  á  la  Pri* 
mavera :  «Alabóse  el  Cond€  Velez». 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDIOS  DE  LEVANTE  313 

— Tómame  á  raí,  Parisi, — de  dádivas  que  vos  daría;  [había, 
vos  daré  una  mansana  de  oro  —  que  otra  en  el  mundo  non 
con  amores  fué  sembrada, — con  amores  fué  cogida, 
con  amores  será  dada — de  vuestra  mano  á  la  mía, 
—Esta  es  la  que  yo  amaba,— esta  es  la  que  yo  quería  (1). 


12. 

Afiralbella» 

Estaba  la  Miraibella — asentada  en  su  portal, 
con  dolores  de  parir — que  se  quería  matar. 
—  ¡Quen  estuviera  pariendo— en  el  vergel  de  mi  padre, 
tenerla  por  visina — á  la  condesa  mi  madrel 
cuando  me  asento  á  parir — que  demande  piadades. 
De  allí  la  oyó  la  esf negra— de  altas  torres  ande  estaba: 
— Andavos,  la  mi  nuera, — á  parir  ande  vuestra  madre: 
si  vuestro  marido  viene, — yo  le  daré  de  señare, 
le  daré  sebada  á  la  muía,— carne  cruda  al  gavilane, 
le  daré  vuesos  al  perro — que  non  vos  vaya  detrase.— 
Ya  se  parte  Miraibella, — ya  se  parte,  ya  se  andaré, 
en  cada  paso  que  daba— una  dolor  le  trababa, 
entrando  por  la  puerta — un  hijo  á  partorare. 
Estas  palabras  digiendo, — el  buen  rey  que  arribare: 
— ¡A  todos  veo  en  medio,— á  la  mía  esposa  non  veol 
— La  vuestra  esposa,  mi  hijo,— se  fué  á  parir  ande  la  madre; 
á  mí  me  llamó  puta,— á  tí  hijo  de  mal  padre. 
— Con  esta  espada  lo  corten — si  non  la  iré  á  matare. — 
Por  el  medio  del  camino — habergís  le  arribare:  [dre. 
— Buen  siman  (2)  vos  sea  el  hijo,— se  cree  con  padre  y  ma- 

(1)  Este  curiosísimo  romance  es  una  transformación  del  tema  clásico 
del  juicio  de  Paria. 

(2)  Señal. 


314 


LIRICOS  CASTELLANOS 


—Mal  siman  le  sea  el  hijo, —que  arróyente  con  la  madre, 

á  mi  madre  llamó  puta,— á  mí  hijo  de  mal  padre. 

— Si  tal  dixo  la  mi  hija, — de  esta  cama  non  se  alevante. 


-  í 

13. 

Asentada  está  la  reina,— asentada  en  su  portal. 
Dolores  de  parir  tiene — que  no  los  pode  soportar. 
— Quién  tuviera  por  vecina — á  la  reina  de  mi  madre; 
cuando  me  toma  el  parto, — que  me  tenga  piedad. — 
Saltó  la  suegra  y  la  dijo — como  palabras  de  madre ; 
— Andaos,  mi  nuera  mía, — al  serrallo  de  vuestro  padre; 
cuando  os  toma  el  parto, — que  os  tenga  piedad. 

Si  es  por  mi  hijo, —  

Yo  le  doy  gallinas  enteras — y  pichones  á  almorzar. — 

Estas  palabras  diciendo, — el  hijo  que  llegaba; 

— A  todos  veo  en  casa — ¿la  mi  esposa  dónde  está? 

— La  tu  esposa,  mi  hijo, — se  fué  al  serrallo  del  padre, 

cuando  le  tomó  el  parto — que  le  tenga  piedad. 

Á  mí  dijo  zona  y  puta— á  ti  hijo  de  mal  padre.  — 

Esto  que  oió  el  hijo — á  su  esposa  fué  á  matarla. 

(La  suegra  le  dijo: — Un  hijo  os  ha  nacido 

como  la  leche  y  la  sangre— un  señal  sea  este  hijo. — 

— Que  revente  con  la  madre. — Saltó  la  creatura  y  dijo: 

— Si  mi  madre  dijo  tai  cosa, — de  la  cama  que  no  se  levante. — 

Esto  que  oió  el  padre, — á  su  madre  fué  á  matarla  (1). 

(1)  Tanto  este  romance,  como  el  anterior,  son  variantes  del  conocidísi- 
mo de  «Doña  Arbola»  (asturianos  31  y  32»  andaluz  23,  etc.),  y  el  primero 
conserva  el  nombre  de  Miraldella,  que  es  Marbella  en  una  de  las  varian- 
tes de  Asturias. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDIOS  DE  LEVANTE  3^5 


14. 

Estábase  la  reina  Isabela — con  su  bastidor  labrando, 
agujeta  de  oro  en  mano — y  un  pendón  de  amor  labrando. 
Por  allí  pasó  Parisi,— su  primer  enamorado  : 
— Estéis  en  buena  ora,  la  reina. — Parisi,  en  bien  venierais. 
— Si  vos  placía,  la  reina,— de  venir  vos  á  visitarnos. 
— Placer  me  place,  Parisi,— placer  y  voluntad, 

por  ese  cuerpo,  Parisi —  

¿Qué  oficio  tenéis,  Parisi? — ¿Qué  oficio  habéis  tomado? 
— Mercader  soy,  mi  señora, — mercader  y  escribano. 
Tres  naves  tengo  en  el  puerto, — cargadas  de  oro  brocado. 
Las  velas  son  de  seda — las  cuerdas  de  ebrijín  (l)  morado, 

 — el  dumen  (2)  un  cristal  blanco. 

En  la  nave  que  yo  tengo — hay  un  rico  manzano, 

que  echa  manzanás  de  oro — invierno  y  verano. 

— Si  vos  placía,  Parisi,— de  veniros  á  visitar. 

— Vengáis  en  buen  ora,  la  reina, — vos  y  vuestro  reinado — . 

Ya  se  toca,  ya  se  afeita, — ya  lo  va  á  visitar. 

Cuando  entró  la  reina, — él  levantó  gancho,  abrió  velas. 

( — ¿Dónde  está  el  manzano,  Parisi, — que  echa  manzanas  de 

invierno  y  verano? — Yo  soy  el  rico  manzano  [oro 

que  echa  manzanas  de  amores — invierno  y  verano  (3). 


15. 

Un  mancebo  había, — muy  angelicado, 
de  una  dama  hermosa— se  habia  enamorado. 
— Por  la  calle  paso— y  me  despedazo, 

(1)  Ebrij'im,  palabra  persa  que  quiere  decir  hilo  de  seda  (A.  Danon). 

(2)  Dumen,  palabra  turca  que  significa  el  timón  fA.  Danon). 

(3)  Este  romance  se  refiere  al  asunto  clásico  del  rapto  de  Elena  por  Pa- 
rís, y  tiene  analogía  co  el  núm.  109  de  la  Primavera, 


316 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


de  veros  labrando — en  el  cedazo. 

De  batir  la  puerta, — ya  no  me  quedó  brazos. 

Abréis,  mi  galana, — haremos  un  trato. 

— Mancebo,  mancebo, — alto  y  delicado 

que  por  una  moza— vais  embelecado, 

tomad  mi  consejo, — andados  á  Belgrado. 

Allí  toparéis — lo  que  vos  queréis, 

que  de  mí,  en  tanto — provecho  no  tenéis. 

—  Majo,  majo,  dama, — agua  en  el  mortero, 

no  hay  quien  se  apiade — de  este  forastero. 

Esto  es  muy  amargo — más  que  la  oliva. 

Y  decidme  un  sí — que  ya  me  cansí 

(de  ver  vuestro  garbo — yo  me  hice  así)  (1). 

— Mancebo,  mancebo, — dejad  esta  merequía  (2), 

porque  os  trais — en  días  de  etiquía  (3). 

Tomad  mi  consejo,~andados  á  Francia. 

— Dodona,  dodona  (4),— mi  cara  de  luna, 

vos  que  estáis  en  quince, — ¿yo  que  mal  os  hice? 

— A  Hebrón  me  vo— y  aquí  os  dejo, 

con  vida  y  salud— yo  ya  me  alejo 

y  decidme,  ¿qué  haré? — ¿Cómo  lo  rellevaré 

yo  en  este  mundo? —  

Si  os  encampatéis  (5),— ya  podéis  decirlo; 

más  mal  es  el  mío, — que  de  encubrirlo. 

De  los  cielos  vino, — cale  recibirlo. 

— Yo  ya  te  quería — más  que  mi  hermano; 

no  tienes  remedio — en  este  verano. 

Buscados  remedio, — ni  tarde  ni  temprano. 

— Ay!  vos  sois  una  rosa — que  nunca  se  amurcha  (6). 

(1)  Variante. 

Que  de  vuestros  fuegos— yo  ya  me  así. 

(2)  Melancolía. 

(3)  Tisis. 

(4)  Parece  término  corrompido  de  dueña, 
(6)  ¿Os  encubrís? 

(6)  Marchita. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  317 


16. 

Andando  por  estas  mares,— navegando  con  la  fortuna, 
caí  en  tierras  ajenas — donde  no  me  conocían, 
donde  no  cantaba  gallo — ni  menos  canta  gallina, 
donde  crece  naranja — y  el  limón  y  la  cidra, 
donde  hay  sacsis  (1)  de  ruda — guardián  de  creatura. 
;Ay!  Julián  falso  y  traidor,— causante  de  los  mis  males, 
te  entrastes  en  mis  jardines — y  me  eugañastes. 
í  Ay!  acogistes  la  flor  de  mí, — la  acogistes  á  grano  á  grano. 
¡Ayl  con  tu  hablar  delicato, — y  me  engañastes. 
jAy!  seendo  hija  de  quien  soy, — me  casaron  con  Juliano, 
hijo  de  un  hortelano— de  la  mi  huerta. 
lAy!  Julián,  vamos  de  aquí, — de  este  mundo  sin  provecho. 
Lluvia  caiga  de  los  cielos — y  mos  moje. 


17. 

El  rey  de  Francia— tres  hijas  tenía, 
la  una  labraba, — la  otra  cosía, 
la  más  chiquitica — bastidor  hacía. 
Labrando,  labrando, — sueño  la  vencía  : 
— No  me  harvéis  (2)  madre, — ni  me  harvariais, 
sueño  me  soñí— de  bien  y  de  alegría. 
Me  aparí  al  pozo, — vide  un  pilar  de  oro, 
Con  tres  pajaritos— picando  al  oro. 
Me  aparí  al  armario,— vide  un  manzanario, 
con  un  bulbulico  (3)— picando  al  manzanario. 
Detrás  de  la  puerta,— vide  la  luna  entera; 

(1)  Palabra  turca  que  sií?niíica  vaso  de  flores. 

(2)  El  verbo  hervar,  en  la  jerigonza  liispano-judaica,  equivale  á  herir. 

(3)  Diminutivo  persa  que  quiere  decir  ruiseñor  pequeño. 


318 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


alrededor  de  ella, — sus  doce  estrellas, 
— El  pilar  de  oro —  es  el  rey  to  novio. 

Y  los  tres  í)ajarit08 — son  tus  entenadicos. 

Y  el  manzanario, — el  rey  tu  cuñado. 

Y  el  bulbulico, — hijo  de  tu  cuñado. 

Y  la  luna  entera, — la  reina  tu  suegra, 

Y  las  doce  estrellas, — sean  tus  doncellas. 
Estas  palabras  diciendo, — coches  á  la  puerta, 
ya  me  la  llevan — á  tierras  ajenas. 

A  los  nueve  meses, — parir  quería. 

— Levantéis,  conde, — levantéis,  monde, 

que  la  luz  del  día— parir  quería. 

Llamadla  á  mi  madre — que  me  apiade. 

Tomó  jarros  de  rosas  en  su  mano — y  bogos  (1)  de  fajadura. 

En  medio  del  camino. — mizva  (2)  vería  llevar. 

— ¿Qué  es  esto  mi  conde? — Vuestra  hija  verdadera 

se  tornó  á  casa — triste  y  amarga  (3). 


18. 

Estrellas  no  hay  en  los  cielos — el  lunar  no  ha  esclarecido, 
cuando  los  ricos  mancebos — salen  á  caballería. 
Yo  estando  en  mi  barco, — pescando  mi  provería, 
vide  pasar  tres  caballeros  —  haciendo  gran  polvaría. 
Un  baque  dieron  en  la  agua, — entera  se  estremecía. 
Echí  ganchos  y  gancheras — por  ver  lo  que  sería, 
vide  un  duque  educado — que  al  hijo  del  rey  parecía. 
Un  paívand  (4)  lleva  en  el  brazo, — cien  ciudades  y  más  valía. 

(1)  En  el  dialecto  de  los  judíos,  ¿ogo  quiere  decir  paquete. 

(2)  Voz  turca,  de  que  se  sirven  los  judíos  de  Turquía  para  designar  el 
ataúd,  y  aun  todo  el  cortejo  fúnebre. 

(8)  Tanto  por  el  metro  como  por  el  contenido,  recuerda  este  romancillo 
los  que  suelen  cantar  los  niños  en  sus  corros. 
(4)  Del  v^x^^  pabend,  cadena. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  3i9 

Un  anillo  lleva  en  el  dedo, — mil  ciudades  más  valía. 
Camisa  llevaba  de  Holanda, — cabezón  de  perlería. 
En  mi  buena  de  ventura, — salió  el  rey  de  Constantina. 
Recogí  la  mi  pesca, — al  lugar  la  tornaría. 
Yo  mi  camino  en  mano, — al  serrallo  del  rey  me  iría. 
Vide  puertas  cerradas, — ventana  que  no  se  abría. 
Batía  la  puerta,— demandí  quien  había. 
Bajad,  mi  señor  rey,— os  contaré  lo  que  vide : 
Yo  estando  en  mi  pesca, — pescando  mi  provería, 
vide  pasar  tres  caballeros — haciendo  gran  polvaría. 
Un  bulto  llevaba  en  su  hombro  —que  de  negro  parecía. 
Un  baque  dieron  en  la  agua, — y  la  mar  estremecía. 
Las  estrellas  de  los  cielos — y  el  lunar  se  obscurecía. 

 — De  ver  tala  manzía, 

echí  la  mi  pesca — por  ver  lo  que  había,  etc.  (1) 


19. 

Yo  estando  en  mi  pesca, — pescando  mi  pobrería, 
vide  pasar  tres  cabayeros — aziendo  gran  polvería. 
Un  bulto  yevavan  en  un  hombro— que  de  negro  paresía: 
un  báqui  dieron  en  la  mar, — que  lá  mar  estremisía. 
Eché  las  mis  pescas — por  ver  lo  que  abía. 
Vide  un  duque  educado— que  al  ijo  del  rei  paresía; 
Un  aniyo  yevaba  en  un  dedo— que  mil  ciudades  y  más  valía. 
Camisa  yeva  de  holanda, — cabesón  de  perlería. 
Arrecoxí  la  mi  pesca,— al  lugar  la  tornaría. 
Tomí  camino  en  mano, — al  sarai  (2)  del  rei  me  iría. 
Vide  puertas  cerradas, — ventana  que  no  se  abría. 

(1)  Este  romance  se  deriva  seguramente  de  los  que  se  compusieron  á  la 
muerte  del  duque  de  Gandía  (núms.  26  y  27  de  nuestro  Apéndice  á  la  Prí- 

7nnvera). 

(2)  Sarai,  en  persa  y  turco  palacio. 


320 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Batí  la  puerta, — demandé  quien  abía. 

Abaxa,  mi  señor, — vos  contaré  lo  que  vía. 

Yo  estando  en  mi  pesca, — pescando  mi  probería, 

vide  pasar  tres  cabayeros — aziendo  gran  polvería; 

un  bulto  yevavan  en  un  hombro— que  de  negro  paresía. 

Un  báqui  dieron  en  la  mar, — que  la  mar  estremisía, 

las  estreyas  de  los  cielos,— y  el  lunar  se  escondía, 

  — de  ver  tal  amansía. 

Eché  las  mis  pescas— por  ver  lo  que  abía  (1). 


20. 

(Nochebuena,  nochebuena, — noches  son  de  enamorar. 
Cuando  las  doncellas  dormen,— el  lunar  se  va  encerrar. 
Allí  estaban  diez  doncellas, — todas  las  diez  á  un  metal. 
Saltó  la  vieja  de  ellas— (vieja  era  de  alta  edad) : 
— Dormais,  dormais,  doncellas; — si  dormides,  recordad, 
mañana  os  hacéis  viejas— y  perdéis  la  mocedad). 
Se  iba  la  Melisselde, — para  la  caja  (2)  se  iba. 
Se  emborujó  en  un  manto  de  oro— por  f altura  de  brillar. 
Allá,  en  medio  del  camino,— alguaciles  fué  á  encontrar : 
— ¿Qué  buscáis,  Melisselde? — ¿Qué  buscáis  por  este  lugar? 
— Vo  ir  donde  una  hacina  (3),— mala  está  de  no  sanar. 
Dadme  este  cuchillo, — el  cuchillo  de  cortar, 
que  quero  echar  estos  perros — que  no  me  valgan  detrás. 
Alguaciles,  con  bondades,— se  lo  dieron  el  cuchillo  por  el  cor- 
Milisselde,  con  malicia, — se  lo  encajó  por  el  cortar  (4).  [tar. 

(1)  Es  una  variante  del  romance  anterior,  publicada  con  observaciones 
lingüísticas  por  D.  A.  Sánchez  Moguel  en  el  Boleim  de  la  Real  Academia 
de  la  Historia  (tomo  XVi). 

(2)  ¿Calle? 

(3)  En  dialecto  judaico-español,  eiifenna. 

(4)  Hay  otra  variante  de  este  romance,  de  la  cual  Danon  copia  los  ver- 
sos que  siguen : 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDIOS  DE  LEVANTE  321 


21. 

— ¿Dónde  os  vais,  caballero? — ¿Donde  os  vais  y  me  dejáis? 
Tres  hijicos  chicos  tengo,— lloran  y  demandan  pan. 
— Os  dejo  campos  y  viñas, — y  por  más  media  ciudad. 
— No  me  basta,  caballero, — no  me  basta  para  pan.» 
Echó  la  su  mano  al  pecho,— cien  doblones  le  daba  ; 
— Si  á  los  siete  no  vengo, — al  ocheno  os  casáis.» 
Esto  que  oió  su  madre, — maldición  le  fué  echar. 
Pasó  tiempo  y  vino  tiempo, — escariño  la  venció. 
Aparóse  á  la  ventana, — á  la  ventana  de  la  mar. 
Vido  naves  galeonas, — navegando  por  la  mar  : 
— Si  vierais  al  mi  hijo, — al  mi  hijo  el  caronal? 
— Ya  lo  vide  al  vuestro  hijo,— al  vuestro  hijo  el  caronal. 
La  piedra  poE  cabecera, — por  cubierta  el  arenal. 

Por  demás  tres  cuchilladas, —  

por  la  una  entra  el  sol, — por  la  otra  el  lunar, 

por  la  más  chiquitica  de  ellas — entra  y  sale  un  gavilán. 

Esto  que  oió  su  madre, — á  la  mar  se  fué  echar. 

— No  os  echéis,  la  mi  madre, — que  soy  vuestro  hijo  carnal. 

Una  vez  que  sois  mi  hijo,— ¿qué  señal  dabais  por  mí? 

— Bajo  la  teta  izquierda, — tenéis  un  benq  (1)  lunar. 

(Tomaron  mano  con  mano, — junto  se  echaron  á  volar.)  (2) 

Noche  buena,  noche  buena— noches  son  de  enamorar. 

¡Oh  qué  noche,  la  mi  madre!— no  la  puedo  soportar, 

dando  vueltas  por  la  cama -como  pescado  en  la  mar. 

Tres  hermanicas  eran  ellas— todas  las  tres  en  un  andar. 

Saltó  la  más  chiquitica  de  ellas:— Yo  relumbro  como  el  cristal. 

Dormais,  dormais,  mis  doncellas,— si  dormides,  recordad. 

Mientras  que  sois  muchachas— guardados  la  mocedad. 

Mañana  en  casando— no  os  la  dejarán  gozar. 
En  su  primera  forma,  el  romance  judío  recuerda  el  de  «Rico  Franco» 
{Prii7invera,  119),  y  los  asturianos  «Venganza  de  honor»  y  «La  hija  de  la 
Viudina»,  (34-38). 

(1)  Mr.  Danon  deriva  esta  palabra  del  turco  y  dice  que  significa  maji- 
cha.  ¿No  podría  ser  más  bien  corruptela  del  adjetivo  bel  (bello)? 

(2)  Este  romaiíce  tiene  reminiscencias  del  185  de  la  Primavera:  «Por  la 

Tomo  X.  21 


322 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


22. 

Una  fuente  hay  en  Sofía — corriente  de  agua  fría. 
Quien  bebia  de  aquel  agua,— al  año  preñado  venía. 
Por  su  negra  ventura, — la  infanta  bebería. 
Parida  está  la  infanta,— parida  está  de  una  hija. 
Por  encubrirlo  del  rey, — hízose  de  la  hacina  (1), 
Envió  llamar  al  conde, — al  conde  que  ella  quería. 
El  conde  que  haiga  oido, — no  retardó  su  venida. 
Camino  de  quince  días — en  cinco  le  tomaría. 

— Estéis  en  buen  hora  infanta.  Bien  venido  el  conde. 

Toméis  esta  hija, — en  puntas  de  vuestras  faldas. 
A  la  entradfe  de  la  puerta, — con  el  rey  se  encontraría. 
El  rey  demandó  al  conde  : — (—¿qué  lleváis  en  punta  de  las 

[faldas. 

— Almendricas  verdes  llevo, — gnstizo  de  una  preñada. 
— Dadme  á  mi  unas  cuantas, — para  mi  hija  la  infanta.» 
Estas  palabras  diciendo, — la  creatura  lloraba. 
El  rey  demandó  á  los  suyos, — qué  consejo  le  daban. 
Unos  dicen  que  los  mate— otros  dicen  que  los  case, 
(al  rey  mucho  le  place) —  (2). 


23. 

(Ya  se  asentaron  los  dos  reyes,— y  el  moro  blanco  tres, 
y  la  blanca  niña  con  ellos. 
Ya  se  asentan  al  juego, — al  juego  de  ajedres. 
Juga  el  uno,  juga  el  otro, — jugan  todos  los  tres.)  (3) 

matanza  ya  el  viejo»,  y  todavía  más  de  la  variante  portuguesa  de  Tras  os- 
Montes,  que  publicó  Almeida-üarret  (pag.  240  de  este  tomo). 

(1)  Se  fingió  enferma. 

(2)  Es  una  mala  variante  de  los  romances  asturianos  de  «Doña  Urgelia» 
y  «jjoña  Enxendra»  (38-41),  del  portugués  de  «Doña  Ausenda»,  etc. 

(3)  Hay  también  esta  variante  citada  por  Danon  : 

Tre.3  palomas  van  volando— en  el  palacio  del  rey. 
Volan,  volan  y  posan— en  el  palacio  del  rey. 
La  jugó  el  rey  su  padre  —al  j  uego  de  ajedrés. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JÜDÍOS  DE  LEVANTE  323 

Ya  la  gana  el  moro  blanco, — de  una  vez  hasta  tres. 

— ¿De  que  lloráis,  blanca  niña?  —De  que  lloráis  blanca  flor? 

Si  lloráis  por  vuestro  padre, — carcelero  mío  es. 

Si  lloráis  por  vuestra  madre — guisandera  mía  es. 

Si  lloráis  por  los  tres  hermanos — ya  los  maté  á  los  tres. 

—  Yo  no  lloro  ni  por  mi  padre  ni  por  mi  madre — ni  por  mis 

si  no  que  yo  lloro — por  mi  ventura  cuala  es.  [hermanos  tres; 

— Vuestra  ventura,  mi  dama, -al  lado  la  tenéis. 

— Una  vez  que  sois  mi  ventura—dadme  el  cuchillico  de  ciprés; 

lo  mandaré  á  mi  madre— que  sé  guste  de  mi  bien. 

El  moro  blanco  se  le  dió  derecho, — la  blanca  niña  lo  tomó  á 

se  lo  encajó  por  el  bel  (1).  [través, 


24. 

— Dicho  me  hablan  dicho — que  mi  amore  está  en  Venecia, 
asentado  en  una  mesa— con  una  linda  Francesa. 

Madre,  dadme  la  licencia, 

¿Cuando  vo  ir  á  servir 

á  mi  marido  gentil? 
— Hija  mia  si  te  vas— hace  bien  parar  mentes. 
En  la  ciudad  que  irás, — no  has  primos  ni  parientes. 

A  los  ajenos  hace  parientes, 

no  te  hagas  aborrecer, 

hija  de  buen  parecer. 
— Mi  madre  cuando  morió, — morió  con  su  buen  tino. 
A  los  amigos  encomendó  —que  me  den  un  buen  doctrino. 

Ellos  me  dieron  un  espino, 

no  me  dejaron  gozar; 

casadica  quero  estar. 
— Quien  quiere  ser  casada,— no  conviene  ser  morena, 

(1)  Bel,  palabra  turca  que  quiere  decir  los  ríñones  ó  los  lomos,  según 
A.  Danon  — Este  romance  pare oe  derivarse  del  de  « Rico  Franco »  (núme- 
ro 119  de  la  Primavera). 


324 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


sino  blanca  y  colorada, — redonda  como  la  perla; 
no  debe  ser  morena, 
no  debe  ser  picuda, 
sino  harif  (1)  y  aguda, 
menuda  como  la  ruda  (2). 


25. 

( — ¿De  que  lloras,  blanca  niña? — ¿De  que  lloras,  blanca,  flor?) 
— Lolóro  que  perdi  las  llaves,— las  llaves  de  mi  cajón. 
— De  plata  las  perdites, — de  oro  te  las  hago  yo. 
— Ni  de  oro  ni  de  plata— las  mis  llaves  quero  yo? 
— ¿De  quien  eran  estas  armas — que  aqui  las  veo  yo? 
— Vuestras  son,  el  mi  señor  rey,— vuestras  son,  mi  señor, 
que  os  las  trujo  mi  señor  padre — de  las  tierras  de  Aragón. 
— ¿De  quien  es  este  caballo? — que  aqui  lo  veo  yo? 
— Que  os  lo  mandó  mi  hermano — de  las  tierras  de  Aragón. 
— ¿De  quien  es  este  cauq  (3) — que  aqui  lo  veo  yo? 
Que  os  lo  mandó  mi  padre— de  las  tierras  de  Aragón. 
— Merced  á  tu  padre, — que  mejor  lo  tengo  yo  (4). 


Tres  hijas  tenia  el  rey, — tres  hijas  cara  de  plata. 
La  mas  chiquitica  de  ellas— Delgadilla  se  llamaba. 
Un  día  de  los  dias, — se  asentaron  en  la  mesa. 
En  comiendo  y  bebiendo  :  — 

— ¿Que  me  mira,  señor  padre? — ¿Que  me  mira  que  me  mata? 

(1)  Palabra  talmúdica,  que  quiere  decir  ingetiiosa. 

(2)  Es  canción  lírica  y  moderna. 

(3)  Palabra  turca  que  quiere  decir  gorra  tle  paño. 

(4)  Casi  inútil  parece  advertir  que  este  romance  es  el  popularísimo  de 
«La  esposa  infiel  >,  del  cual  se  lian  recogido  tantas  versiones  tradicionales 
en  España. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  325 

—¿Que  te  miro,  la  mi  hija? — Que  te  miro  y  que  me  enamoro. 

— No  lo  quere  ni  el  Dio  ni  la  gente — ni  la  ley  santa  y  bendita, 

ser  comle8a(l)  de  mi  madre — y  madrastra  de  mis  hermanas. 

— Remata  Delgadilla, — remata  perra  mala. 

Si  el  rey  de  la  tierra  quiere, — por  espada  sois  pasada. 

Allá,  en  medio  del  camino, — que  le  fragüen  (2)  un  castillo, 

ni  puerta  ni  ventana— para  Delgadilla. 

¿Que  comida  le  darian?  — carne  cruda  bien  salada, 

que  se  muera  de  sed  de  agua. — Allá  fin  de  quince  días, 

allá  fin  de  tres  semanas, — un  día  por  la  mañana, 

se  asentó  en  la  ventana, — vido  pasar  á  sus  hermanas. 

— Hermanas  mías  queridas, — hermanas  mías  amadas, 

deisme  un  poco  de  agua, 

que  de  sed  y  no  de  hambre— al  Dios  vo  dar  la  alma. 
— Vate  de  aqui  Delgadilla, — vate  de  aqui,  perra  mala, 
el  rey  tu  padre  si  lo  sabe— por  espada  sois  pasada. 
Allá  fin  de  quince  días, — allá  fin  de  tres  semanas, 
un  día  por  la  mañana— se  asentó  en  la  ventana, 
vido  pasar  á  su  padre  :  — Padre  mío,  muy  querido, 
padre  mío,  muy  amado,— deisme  un  poco  de  agua, 
que  de  sed  y  no  de  hambre  — al  Dios  vo  dar  la  alma. 
— Remata  Delgadilla,— remata,  perra  mala, 
si  el  rey  tu  padre  quere — por  espada  sois  pasada. 
Allá  fin  de  quince  días, — allá  fin  de  tres  semanas, 
un  día  por  la  mañana — se  asentó  en  la  ventana, 
vido  pasar  á  su  madre  :— Madre  mía,  mi  querida, 
madre  mía,  mi  amada, — deisme  un  poco  de  agua, 
que  de  sed  y  no  de  hambre— al  Dios  vo  dar  la  alma. 
— Presto  que  le  traian  agua, — de  las  aguas  destilladas, 
para  Delgadilla. — Hasta  que  trujeran  agua, 
Delgadilla  dió  la  alma  (3). 

(1)  Combleza,  manceba. 

(2)  Fabriquen. 

(3)  Es  una  nueva  y  bastante  apreciable  versión  de  «Delgadina»,  que 
debe  añadirse  á  las  numerosas  que  en  esta  colección  hemos  recopilado. 


320 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


27. 

Traisió  la  Duvergiui— por  el  palacio  del  rey. 
Vestida  iba  de  pretos,— de  su  cabeza  á  los  pies. 
El  rey  estando  en  la  miFa,—  vido  pasar  una  mujer; 
vestida  iba  de  pretos,— de  su  cabeza  á  los  pies. 
Preguntó  el  rey  á  los  suyos  :  — Quién  es  esta  mujer? 
—Madre  de  Duvergini-  que  en  preso  lo  tenéis. 
Siete  años  anduvo,  siete — que  en  preso  lo  tenéis. 
— Saliremos  presto  de  la  misa — y  lo  iremos  á  ver. 

—Buenos  días,  Duvergini  ^Bienes  me  tenga,  señor  rey. 

Siete  años  anduvo,  siete — que  en  preso  me  tenéis. 
Ya  me  crecieron  las  uñas— de  un  palmo  hasta  tres. 
Ya  me  crecieron  los  cabellos—  de  un  palmo  hasta  seis. 
Ya  me  crecieron  las  pestañas — que  ya  no  puedo  ni  ver. 
—Presto  que  la  quiten  á  Duvergini. — 
y  que  lo  lleven  al  baño,— al  baño  que  bañó  el  rey. 
Que  lo  vtstan  el  vestido, — vestido  que  vestió  el  rey. 
Que  lo  suban  á  caballo,— caballo  que  caballó  el  rey  (1). 


28. 

Arboleda,  arboleda, — arboleda  tan  gentilj 
en  la  rama  de  más  arriba — hay  una  boJisa  (2)  d'Amadi, 
peinándose  sus  cabelles  — con  un  peine  de  marfil; 
la  raiz  tiene  de  oro,— la  cimenta  de  marñl. 
Por  allí  pasó  un  caballero  -  caballero  tan  gentil  : 
— ¿Qué  buscáis,  la  mi  bolisa? — ¿qué  buscáis  vos  por  aquí? 
— Busco  yo  á  mi  marido, — mi  marido  D'Amadi. 
— ¿Cuánto  dabais  la  mi  bolisa,— que  os  le  traigan  aquí? 
— Daba  yo  los  tres  mis  campos— que  me  quedaron  de  Amadí. 

(1)   Es  el  romance  de  «Vergilios»  fnúm.  111  de  la  Primavera J. 
/2)   Dama,  ¿egúli  la  interpretación  de  A.  Tanon. 


ROMANCES  TRAD.  ENTUE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  327 

El  uno  araba  trigo — y  el  otro  zengefil  (1), 

el  mas  chiquitico  de  ellos — trigo  blanco  para  Amadí. 

—¿Mas  que  dabais,  la  mi  bolisa,— que  os  lo  traigan  aquí? 

— Daba  yo  mis  tres  molinos— que  quedaron  de  Amadí. 

El  uno  moliaclavo-y  el  otro  zengefil, 

el  mas  chiquitico  de  ellos  —harina  blanca  para  Amadí. 

— ¿Mas  que  dabais,  la  mi  bolis^,— -que  os  le  traigan  aqui? 

— Daba  yo  las  tres  mis  hijas— que  me  quedaran  de  Amadí. 

La  una  para  la  mesa, — la  otra  para  servir, 

la  mas  chiquitica  de  ellas — para  holgar  y  para  dormir. 

— Dados  á  vos,  la  nú  bolisa,— que  os  la  traigan  aquí. 

— Mal  año  tal  caballero — que  tal  me  quijo  decir. 

— ¿Qué  señal  dais,  la  mi  bolisa — que  os  la  traigan  aquí? 

— Bajo  la  teta  izquierda — tiene  un  benq  maví  (2) 

—  No  maldigáis  la  mi  bolisa— yo  soy  vuestro  marido  Amadí. 

Echados  vuestro  trenzado, — me  subiré  yo  por  allí. 

(Tomaron  mano  con  mano— y  se  fueron  á  holgar)  (3). 


29. 

Ya  vienen  los  cautivos— con  todas  las  cautivas. 
Dentro  de  ellas — hay  una  blanca  niña. 
¿Para  que  la  traen— esta  blanca  nina, 
que  el  rey  Dumbélo— se  enamoraría? 
—  Cortadle,  señora, — el  beber  del  vino, 
que  perde  colores^ — que  cobra  suspiros. 
— Cuanto  mas  le  corto— el  beber  del  vino, 
mas  se  le  enciende- su  gesto  valido, 
— Cortadle,  señora, — el  beber  del  clarOj 
que  perde  colores, — que  cobra  desmayos. 

(1)  Jengibre. 

(2)  Un  lunar  azul. 

(3)  El  principio  de  este  roniance  recuerda  el  de  la  «Infantina».  Lo  de- 
más difiere  y  se  asemeja  más  bien  al  de  las  señas  del  esposo. 


328 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Cuanto  más  le  corto — el  beber  del  claro, 

mas  se  le  enciende — su  gesto  galano. 

— Mandadla,  señora, — á  lavar  al  rio, 

que  perde  colores — que  cobra  suspiros. 

— Cuanto  más  la  mando — á  lavar  al  rio, 

mas  se  le  enciende — su  gesto  valido». 

Ya  amaneció  el  dia, — ya  amanecería, 

cuando  la  blanca  niña — lavaba  é  tendía, 

¡oh!  qué  brazos  blancos — en  el  agua  fría. 

— Mi  hermano  Dumbelo — por  aqui  si  pasaría. 

— ¿Que  hago,  mi  hermano—  las  ropas  del  moro  franco? 

— Las  que  son  de  seda— echadlas  al  nado: 

Las  que  son  de  sirma  (1) — encima  de  mi  caballo. 

—Abriréis,  madre, — puertas  del  palacio, 

que,  en  lugar  de  nuera,— hija  yo  os  traigo. 

— Si  es  la  mi  nuera— venga  á  mi  palacio, 

si  es  la  mi  hija— venga  en  mis  brazos. 

— Abriréis,  mi  madre, — puertas  del  cillero, 

que,  en  lugar  de  nuera, — hija  yo  os  traigo. 

— Si  es  la  mi  nuera — venga  en  mi  cillero, 

si  es  la  mi  hija — venga  en  mis  pechos  (2). 


30. 

Levanteisos  vos  toronja — del  vuestro  lindo  dormir. 
Oiréis  cantar  hermoso — á  la  sirena  de  la  mar. 
— Sirena  de  mar  no  canta — ni  cantó  ni  cantará, 
sino  que  es  un  raancebico — que  me  quere  alcanzar. 
Si  lazrará  (3)  dia  y  noche, — no  me  podrá  alcanzar. 

(1)  Palabra  turca  que  quiere  decir  filigrana,  según  A.  Danon;  pero  na 
parece  que  viene  aquí  muy  al  caso. 

(2)  Es  una  preciosa  variante  del  romance  asturiano  de  'Don  Bueso» 
(núms.  16  y  17  de  nuestra  colección). 

(3)  Los  judíos  usan  el  verbo  anticuado  lazrar  ó  lazdrar,  en  significación 
de  procurar  con  ansia  alguna  cosa. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  329 

Las  olas  de  mar  son  muy  fuertes — no  las  puedo  navegar. 
Esto  que  oió  el  mancebo,  —  á  la  mar  se  fué  á  echar. 
—No  os  echéis  vos,  mancebo, — que  esto  fué  mi  mazal  (1). 
(Echó  su  lindo  trenzado — y  arriba  lo  subió) 
Ella  se  hizo  una  toronja— y  él  se  hizo  un  toronjal. 
{Tomaron  mano  con  mano — y  se  echaron  á  volar) 
(Volan,  volan;  ¿donde  posan? — en  el  castillo  del  rey). 
Esto  que  oió  su  padre— maldición  le  fué  echar. 
— No  maldigáis,  vos  mi  padre, — que  esto  fué  mi  mazal. 
(Tomaron  mano  con  mano — y  se  fueron  á  volar) 
(Volan,  volan;  ¿donde  posan?— en  el  serrallo  del  rey) 
(Tomaron  mano  con  mano — y  se  fueron  á  casar). 


31. 

— Abridme,  cara  de  flor, — abridme  la  puerta. 
Desde  chica  erais  mía; — en  demás  ahora. 
Bajó  cara  de  flor — abrirle  la  puerta; 
toman  mano  con  mano, — junto  se  van  á  la  huerta. 
Bajo  de  un  rosal  verde, — allí  metieron  la  mesa. 
En  comiendo  y  bebiendo, — junto  quedaron  dormiendo. 
Al  fin  de  media  noche, — se  despertó  quejando  : 
— Dolor  tengo  en  el  lado — que  me  responde  al  costado. 
— Os  traeré  médico  valido— que  os  vaiga  mirando. 
Os  daré  dinero  en  bolsa— que  os  vaiga  gastando. 
Os  daré  fodolas  (2)  frescas— que  vaigais  comiendo. 
— Después  que  matáis  al  hombre— miráis  de  sanarlo. 

(1)  Mi  destino.  Mazal  es  palabra  hebrea. 

(2)  Palabra  turca  que  quiere  decir  panes. 


330 


LIRICOS  CASTELLANOS 


32. 

Ya  quedaron  preñadas,— todas  las  dos  en  un  día, 

la  reina  con  la  cautiva. 
Ya  cortaron  fajadura,— todas  las  dos  en  un  día, 

.la  reina  con  la  cautiva. 
La  reina  corta  de  sirma, — la  cautiva  de  china, 
y  hicieron  los  dulces— todas  las  dos  en  un  día, 

la  reina  con  la  cautiva. 
La  reina  hizo  de  azúcar,— la  cautiva  enjuagadura. 
Ya  Ies  toman  los  partos,— todas  las  dos  en  un  día, 

la  reina  con  la  cautiva. 
La  reina  colcha  de  sirma;— la  cautiva  estera  pudrida. 
Ya  parieron— todas  las  dos  en  un  día, 

la  reina  con  la  cautiva. 
La  reina  páre  á  la  hija, — la  cautiva  páre  al  hijo. 
Las  comadres  son  ligeras,— trocan  á  las  creaturas. 
La  reina  en  la  camareta, — la  cautiva  en  la  cocina. 
Allá,  en  medio  de  la  paridura— cántica  la  cantaba  : 
— Lálo,  lálo,  tu  mi  espacio  (1), — lálo,  lálo,  tu  mi  vista; 
si  tu  eras  la  mi  hija, — ¿que  nombre  te  metería? 
Nombre  de  una  hermana  mía — que  se  llamaba  Vida. 
Lálo,  lálo,  tu  mi  alma,— lálo,  lálo,  tu  mi  espacio; 
si  tu  eras  la  mi  hija— ¿que  hadas  te  hadaría? 
El  rey  por  alli  pasara, — las  palabras  oiría  : 
— ¿Que  habla  la  mi  cautiva?— ¿que  dice  la  mi  cautiva? 
— Si  queréis  saber,  mi  rey,— mi  estado  enriba  la  estera  pu- 
Las  comadres  fueron  ligeras— trocaron  á  las  creaturas.  [drida. 
Tomó  el  rey  con  su  mano— trocó  á  las  creaturas. 
Tomó  el  rey  hadas  grandes,— hadaría  á  la  cautiva; 

arriba  la  subiría; 
y  á  la  reina— á  fondo  la  echaría  (2). 

(1)  Es  decir:  «tú  cine  dilatas  mi  corazón  de  alegría». 

(2)  Es  el  tan  conocido  romance  de  «Flores  y  Blanca  Flor»,  tradicional 
en  Asturias,  Montaña  de  Santander,  Cataluña  y  otras  partes. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEV^A^TE  331 


33. 

Levantíme,  madre,  — un  lunes  por  Ja  mañana; 
me  laví  las  manos,— también  mi  linda  cara. 
Me  asentí  en  la  ventana, — vide  pasar  un  mancebico. 

 —alto  era  como  el  pino. 

Se  lo  demandí  d  mi  padre— que  me  lo  diera  por  marido. 

Mi  padre  por  no  descontentarme-— presto  atorgó  conmigo. 

Lo  demandí  á  mis  hermanos— que  me  lo  dieran  por  marido. 

Mis  hermanos,  por  no  descontentarme— presto  atorgaron  con- 

Lo  demandí  á  mi  madre— que  me  lo  diera  por  marido,  [migo. 

Mi  madre  por  contentarme — presto  atorgó  conmigo. 

A  la  entrada  de  la  puerta, — me  pareció  un  cirio  encendido. 

A  la  subida  de  la  escalera, — me  pareció  un  cirio  florido. 

A  la  entrada  de  la  sala, — me  pareció  una  almenara. 

A  la  entrada  de  la  cama,— me  pareció  un  viudo  entendido. 

Si  se  lo  digo  á  mi  padre — me  dice  :  tu  te  lo  quijistes. 

Si  se  lo  digo  á  mis  hermanos— me  lo  toman  por  mal  hadado. 

Si  se  lo  digo  á  mi  madre, — luego  se  mete  á  llorar  conmigo. 

(Ahora  por  mis  pecados, — me  lo  llevo  yo  conmigo). 


34. 

Enfrente  veo  venir— como  un  grano  de  granada. 
Le  preguntí  al  mocico  :— ¿casada  era  ó  muchacha? 
—  Casada,  por  mis  pecados; — siete  maridos  ha  tomado, 
á  todos  los  siete  los  ha  matado. — Y  vos  si  sois  el  mi  marido, 
mi  encendéis  una  candela.— Hasta  que  encendió  la  candela, 
le  regió  la  linda  cena  — de  alacranes  y  culebras. 
— Y  vos  si  sois  el  mi  marido,— coméis  de  esta  linda  cena. 
Hasta  que  comió  la  linda  cena— le  regió  la  linda  cama 

 —  de  cuchillos  y  espadas. 

— Vos  si  sois  el  mi  marido, — os  echáis  en  esta  linda  cama. 


332 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


ün  botón  desabotonaba,— ciento  y  uno  abotonaba. 
Hasta  fin  de  media  noche— sueño  lo  vencía. 

 — en  la  pierna  se  le  echaba. 

Desenvainó  la  su  espada — la  cabeza  le  cortaba  (1). 


35. 

Asentada  está  la  reina, — asentada  en  su  kiojé  (2), 
labrando  un  destemel  (3), — la  labor  del  menekjé  (4). 
Allá,  fin  de  media  noche, — la  puerta  se  le  batía. 
¿Quien  es  que  bate  la  puerta? — Yo  soy,  la  mi  bolisa, 

 — abridme,  la  mi  bolisa. 

— No  te  abro,  mi  mezquino, — si  no  viene  mi  señor. 

— Tu  señor  lo  mataron  Moros, — el  haber  te  truji  yo. 

Si  no  te  crées,  la  mi  bolisa, — el  chapéo  lo  llevo  yo. 

Tomó  el  candil  en  su  mano, — presto  bajó  y  abrió. 

A  la  entrada  de  la  puerta— el  candil  se  le  amató. 

¿Que  es  esto  mi  mezquino,— que  vuestra  usanza  no  es  así? 

— Tengo  los  ojos  marchitos— que  no  los  puedo  abrir. 

Ya  le  da  á  lavar  piés  y  manos — con  agua  de  jabón. 

Ya  le  da  la  tobaja  (6)— de  sirma  y  clavedon. 

— ¿Que  comida  le  daremos?— Una  toronja  y  un  salmón. 

La  toronja  le  vino  dulce — el  salmón  le  amargó. 

En  comiendo  y  bebiendo, — (en  la  pierna  se  le  echó. 

Desenvainó  la  su  espada,— y  la  cabeza  le  cortó). 

Por  la  ventana  la  mas  alta— por  alli  lo  arrojó. 

— Tu  muerto  en  el  callejón  (6). 

(1)  Este  romance  parece  de  origen  judaico,  y  está  compuesto  con  remi- 
niscencias del  Libro  de  Tobías  y  del  Libro  de  Judit. 

(2)  Palabra  persa  que  equivale  á  camarín. 

(3)  Un  pañuelo.  Destemél  es  palabra  persa. 

(4)  De  color  de  violeta:  voz  persa  también. 

(5)  Toalla. 

(6)  El  principio  de  este  romance  recuerda  el  de  <Yo  me  era  mora  Mo- 
raima».  Lo  demás  difiere. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEV4NTE  333 


36. 

En  la  ciudad  de  Marsilia,— una  linda  dama 
se  tocaba  y  se  afeitaba — (y  en  la  ventana  se  asentaba. 
Por  alli  pasaba  un  mancebico); — vestido  iba  de  malla. 

De  besarlo  me  dió  gana  : 
— Ven  aqui  tu,  pastor  lindo, — gozarás  de  los  mis  bienes. 
Comerás  y  beberás— y  hacerás  tu  lo  que  queres. 
— Yo  no  oio  á  mujeres, 

—Le  dijo  Sel  vi— 
que  yó  con  mi  galána 
me  quiero  ir. 
— Si  tu  vias  mis  cabellos  —tan  rubios  y  tan  bellos. 
— Va,  ahórcate  con  ellos, 

— Le  dijo  Selví — 
que  yo  con  mi  galana 
me  quiero  ir. 

— Si  tu  vias  las  mis  manos — con  mis  dedos  alheñados. 
Cuando  paso  por  la  plaza,— todos  se  quedan  mirando. 
— En  el  fuego  sean  quemados 

—le  dijo  Selví — 
que  yo  con  mi  galana 
me  quiero  ir. 

— ¿Pastor  malo  en  mi  que  vites— que  á  mi  no  me  quijites? 
Los  ángeles  de  los  cielos — ya  te  vieron  lo  que  hizites. 
— Ni  con  esto  me  vencites 

— le  dijo  Selví— 
que  yo  con  mi  galana 
me  quiero  ir. 

— Allá  valgas,  pastor  lindo, — allá  valgas  y  no  tornes; 
tus  hijicas  huerfanicas — tu  mujer  venga  en  mi  mesa. 

— Maldición  de  puta  vieja 

no  me  alcanza  á  mi 
— le  dijo  Selví — 


33i 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


que  yo  con  mi  galana 
me  quero  ir  (1). 


37. 

Mal  año  tripa  de  madre— que  tanta  hija  parió  sin  un  hijo 
Saltó  la  más  chica  de  ellas :  [varón. 
— No  maldigáis  señor  padre — que  yo  parezco  varón. 

HacedQie  un  jubón  de  seda —  

— Tienes  los  pechos  grandes—  no  los  puedes  encubrir. 

— Hacedrae  un  jubón  de  seda— que  yo  los  puedo  encubrir. 

— Tienes  cabellicos  rubios,— no  pareces  á  varón. 

— Hacedme  un  cauq  (2)  ancho — que  parezca  á  varón. 

Arma  muías  y  caballos— y  á  la  guerra  ya  se  va. 

A  la  ida  de  la  guerra— á todos  daba  selam  (3). 

En  la  primera  batalla, — tres  cabezas  ya  apuntó. 

En  la  segunda  batalla, — el  cauq  se  le  caió 

El  buen  rey  que  lo  vido, — caió  y  se  desmayó. 

Ni  con  vino  ni  vinagre,— el  buen  no  se  retornó. 

Mujdegis  (4)  que  han  venido— que  la  hija  ya  tornó. 

 — y  la  guerra  ya  venció. 

La  recibió  el  su  padre:  —que  ya  pareces  á  varón. 
 —Y  el  romance  se  acabó  (5). 

(1)  Es  una  graciosa  variante  del  romance  «De  una  gentil  dama  y  un  rús- 
tico pastor  »  (núm.  145  de  la  Primavera),  que  también  existe  en  la  tradi- 
ción popular  de  Andalucía. 

(2)  Gorro. 

(3)  Saludo. 

(4)  Palabra  árabe  que  quiere  decir  los  emisarios  que  trasmiten  buenas 
noticias. 

(5)  el  romance  de  «Don  Martinos  ó  de  la  doncella  que  va  á  la  gue- 
rra», popular  en  Asturias,  Portugal  y  Cataluña. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  335 


38. 

— Una  ramica  de  ruda — di,  mi  hija,  ¿quiéa  te  la  dió? 
— Me  la  dió  nn  inancebico— que  de  mí  se  enamoró. 
— Hija  mía,  mi  querida, — no  te  eches  á  perdición. 
Más  vale  un  marido  más, — que  una  nueva  amor. 
— El  mal  marido,  mi  madre, — el  pellizco  y  la  maldición; 
el  nuevo  amor,  mi  madre, — la  manzana  y  el  limón. 
Me  demanda  una  demanda— que  me  hace  morir. 
Me  demanda  baño  en  casa, — ventanas  par  él  yalí  (1). 
Los  muslukes  (2)  sean  de  oro,— las  pilas  de  fagfurí  (3). 
¿Qué  demanda  me  demanda — que  me  hace  tresalir  (4)? 


39. 

Siete  años  anduví — por  una  linda  dama; 
no  me  la  dejan  ver— ni  por  puertas  ni  ventanas. 
Híceme  un  Eomero— de  la  Koma  santa. 
Fui  á  la  su  puerta, — demanda  le  demandaba 
(la  madre  cosía — la  hija  labraba): 
— Levantéis,  bolisa,— del  vuestro  labrado; 
le  deis  la  limosna — á  este  Romero. 
—Madre,  la  mi  madre,— ¿qué  es  este  mal  Romero? 
Yo  le  dó  la  limosna, — él  me  apreta  el  dedo. 
— No  pecáis,  la  mi  bolisa,— que  él  allá  es  un  ciego. 
— A  tientas,  á  tientas, — os  apretí  el  dedo. 
Mostradme,  bolisa, — ¿por  dónde  es  el  camino? 

(1)  Palabra  turca  que  quiere  decir  la  playa. 

(2)  Grifos  del  baño  (en  turco^. 
(3-  Porcelana  (en  árabe). 

(4)  J)e  tresaillir,  francés.  En  otra  variante,  estremecerse. 

Me  parece  notar  parentesco  entre  este  romance  y  el  «de  la  gnimaldade 
rosas»  (núm.  144  de  la  Primavera), 


336 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Yo  OS  daré  á  vos — anillo  de  oro  fino. 
Mostradme,  bolisa,— ¿por  dónde  dó  el  paso? 
Yo  os  daré  á  vos —anillo  de  oro  (¿en?)  mano. — 
Estas  palabras  diciendo — al  hombro  se  la  echó. 
Pregoneros  salían— por  todas  las  vías. 
¿Quién  vido  á  la  ñor— y  la  florería? 
— ¿Quién  vido  al  Romero— que  bulto  llevaría? 
(—Si  es  la  mi  hija, — traédmela  al  lado. 
Si  es  la  mi  nuera,— llevadla  al  palacio)  (1). 


40. 

Una  dama  muy  hermosa— que  otra  mejor  no  hay. 
Sayo  lleva  sobre  sayo, — un  jubón  de  clavedón. 
Camisa  lleva  de  Holanda, — sirma  y  perla  el  cabezón.) 
La  su  frente  reluciente, — sus  cabellos  brilles  (2)  son. 
La  su  ceja  muy  nacarada, — los  sus  ojos  almendras  son. 
La  su  nariz  pendolica, — las  sus  caras  yules  (3)  son. 
La  su  boca  muy  redonda,— sus  dientes  perlas  son. 
La  su  garganta  delgada, — sus  pechos  nares  (4)  son. 
El  su  bel,  muy  delgado, — y  su  boy,  selví  boy  (5). 
A  la  entrada  de  la  misa,— la  misa  (6)  se  relumbró. 
El  tañedor  que  la  vido — de  rodillas  se  asentó. 
— Tañed,  tañed,  desdichado, — que  por  vos  me  vine  yo. 
Y  por  el  quien  vine  yo—no  está  en  la  misa,  no. 

Cl)  Á  propósito  de  esta  canción  cita  Puymaigre  el  romance  portugués 

«O  CQgO^^  {^omancezro  £-enera¿  de  ^rSigSL,  pág.  149. — Cancos  pop,  do  Ar- 
chipelago  agoriano,  pág.  373. — Cantos poptilares  do  Brazil^  I,  349). 

(2)  Oropel,  en  dialecto  judaico-hispano. 

(3)  Rosas.  Es  palabra  persa. 

(4)  Granadas.  También  es  voz  persa. 

(5)  Esta  jerigonza,  entre  turca  y  persa,  quiere  decir,  según  Danon,  que 
el  cuerpo  de  la  muchacha  es  alto  y  esbelto  como  el  ciprés. 

(6)  Misa  está  aquí  por  iglesia. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  337 

Siete  años  hay  que  espero— como  mujer  de  honor. 
(Si  al  ocheno  no  viene — al  noveno  me  caso  yo.) 
Me  toma  el  rey  de  Francia — ó  el  duque  de  Stambul. 
Í3i  el  duque  no  me  quiere, — me  toma  el  tañedor; 
que  me  taña  el  día  y  la  noche, — que  me  cante  el  albor. 
Tomaron  mano  con  mano — y  juntos  se  fueron  los  dos.) 


41. 

Quien  se  casa  con  amores, — simpre  vive  con  dolores. 
Ella  una  mujer  pomposa; — él,  un  hombre  gastador. 
— Gastí  mi  hacienda  y  la  suya — y  la  que  su  padre  le  dió. 
Ahora,  por  mis  pecados, — vine  á  ser  un  cardador. 
Yo  cardo  mi  oquita  (1); — mi  mujer,  hiladla  vos. 
Hiladla  muy  bien  delgada, — que  así  quijo  el  patrón. 
Tengo  los  ojos  marchitos, — de  meldar  (2)  la  ley  de  Dios. 
— Más  y  más  yo  los  tenía — de  labrar  en  el  bastidor. 
Traedme  seda  de  Brusa, — clavedón  de  Stambul. 
Os  labraré  el  sol  y  la  luna, — y  las  estrellas  cuantas  son. 
Que  se  lo  mandéis  donde  mi  padre — que  sepa  de  mi  dolor. 
Si  preguntan  mis  hermanos,— les  decís  que  no  lo  hice  yo. 
Si  pregunta  la  mi  madre,— le  decís  que  lo  abrí  yo, 
 — que  llore -ella  y  lloro  yo. 


42. 

Ir  me  quero,  la  mi  madre, — ir  me  quero,  y  me  iré, 
Y  las  yerbas  de  los  campos— por  pan  me  las  comeré. 

(1)   Oca,  peso  otomano  de  400  dracmas;  312  dracmas  eauiv^alen  á  un  kí- 
logramo. 
^2)   Leer  ó  aprender. 

Tomo  X.  •  22 


338 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Las  lágrimas  de  los  ojos, — por  agua  me  las  beberé. 

(Y  en  medio  del  camino, — una  kulé  (l)  fraguaré.) 

Por  adentro  kauli-katil  (2) — por  afuera  serrallo  del  rey. 

Todo  quien  pasa  y  torna, — arriba  los  llamaré. 

Ellos  que  canten  sus  males^ — más  y  más  yo  les  cantaré. 

Si  los  suj^os  salen  los  muchos, — á  paciencia  yo  los  tomaré. 

Si  los  míos  salen  más  muchos, — á  la  mar  me  echaré. 


43. 

Horicas  de  tarde— el  Chélébi  (3)  venía, 
toma  el  pico  y  la  chapa— á  cavar  se  iría. 
Ella  ya  sabía — detrás  se  le  iría, 
vía  que  se  entraba— donde  la  nueva  amiga. 
Entró  más  adentro, — por  ver  lo  que  había, 
vido  mesas  puestas  —con  ricas  comidas. 
Pesquir  (4)  de  Holanda,— salero  de  plata, 
sal  de  la  Valaquia.— El  vaso  le  daba, 

 — saludar  se  saludaba. 

— De  hija  que  os  nasca — con  la  nueva  amiga. 
Entrí  más  adentro— por  ver  lo  que  había, 
vide  camaretas — con  ricas  cortinas. 
Él,  en  camisica, — ella,  en  jaquetica, 
lo  oí  que  le  dice:  —Mi  alma  y  mi  vida. 
(Tornóse  á  su  casa— triste  y  amarga.) 
Cerra  á  su  puerta — con  siete  aldabas; 
toma  la  cuna  delante— al  que  más  quería  : 
— Dormite,  mi  alma, — dormite,  mi  vida, 
que  tu  padre  estaba— donde  la  blanca  niña. 

(1)   Palabra  árabe  que  quiere  decir  torre. 

(2  Palalabras  turcas  que  A.  Danon  interpreta  nn  repaire  cVhommes  de 
sac  et  de  cor  de. 

(3)  El  amo  ó  el  dueño:  palabra  turca. 

(4)  Servilleta,  en  turco. 


ROMANCES  TRID.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  3 


(Allá  á  media  noche— la  puerta  le  batía): 

— Abridme,  mi  alma, — abridme,  mi  vida, 

que  vengo  cansado— de  cavar  las  viñas. 

— No  venis  cansado — de  cavar  las  viñas, 

sino  que  veníais— de  la  nueva  ami^a. 

No  es  más  hermosa — ni  más  colorida; 

carica  encalada, — cejica  teñida. 

— Si  es  por  cadenas, — os  haré  manillas. 

— No  quero  cadenas  —ni  quero  manillas, 

donde  estuvisteis  de  prima,— estados  hasta  el  día 


44. 

Mi  padre  era  de  Francia, — mi  madre  de  Aragón; 
se  casaron  junto— para  que  nasca  yo. 
Él,  come  el  pescadico,— las  espinicas  yo; 
él,  come  la  franzelica  (1),— los  mendrugos  yo. 
Él,  bebe  el  vino  puro  —y  la  agüita  yo; 
él,  se  echa  en  cama  alta, — en  la  esterica  yo. 
Allá  fin  de  media  noche, —agua  le  demandaba; 
agua  no  había  en  casa;— á  la  fuente  la  enviaba; 
la  fuente  era  longe. — Sueño  la  vencía; 
por  allí  pasó  un  mancebo — tres  palabras  le  echó. 


45. 

Por  esta  calle  que  vó, — me  dicen  que  no  hay  salida. 
Yo  la  tengo  que  pasar, — aunque  me  cóste  la  vida. 

La  vida  me  alargáis, 

La  olor  me  retornáis. 
Paróse  á  la  ventana  —  cara  de  lindo  papel : 


(1)   Palabra  turca,  que  equivale  á  rau  de  flor. 


340 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


— Dadme  un  poco  de  agua-  -que  yo  me  muero  de  sed. 

— No  tengo  taza  ni  jarro — ni  con  qué  daros  á  beber. 

— Dadme  con  vuestra  boquita — que  es  mas  dulce  que  la  miel. 

La  vida  me  alargáis. 

La  olor,  etc. 
Por  esta  calle  que  vó— echan  agua,  crece  ruda. 
Esta  la  pueden  llamar, — la  calle  de  las  agudas. 
Ocho  y  ocho  diez  y  seis, — veinte  y  cuatro  son  cuarenta  (l); 
la  moza  que  me  quere  bien — déjeme  la  puerta  abierta. 

La  vida  me  alargáis. 

La  olor,  etc. 
Yo  á  vos  mucho  quería — y  no  á  otra  amarilla; 
de  veros  día  por  día, — 

La  vida  me  alargáis. 

La  olor,  etc. 

¿Hasta  cuando  me  dais  pena? — Vos  sois  blanca  y  no  morena; 
me  metéis  en  preso  y  cadena. 

La  vida  me  alargáis. 
La  olor  me  retornáis  (2). 


46. 

Vos  venid,  mi  dama, — por  la  mañana  : 
beberéis  raki  (3)— con  naranjada, 

(1)  Danon  explica  estos  números  diciendo  que  hay  ocho  días  de  bodas, 
y  ocho  desde  el  día  del  parto  hasta  el  de  la  circuncisión. 

(2)  Esta  composición  y  casi  todas  las  que  siguen  no  son  romances,  sino 
canciones  líricas,  de  varias  formas,  pero  se  incluyen  aquí  tanto  por  su 
analogía  métrica  con  el  romance  propiamente  dicho,  como  por  dar  mues- 
tras de  los  diversos  géneros  populares  que  actualmente  cultivan  los  he- 
breos oriundos  de  España.  Esta  canción  y  las  tres  siguientes  son  de  las  que 
suelen  entonarse  en  los  regocijos  de  las  bodas. 

(3)  Raki,  palabra  turca  con  que  se  designa  una  especie  de  aguardiente. 
El  principio  de  esta  canción  recuerda  una  sabida  letrilla  de  Góngora- 

Y  las  mañanas  de  invierno 
Naranjada  y  aguardiente, 
Y  ríase  la  gente. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDIOS  DE  LEVANTE  341 

Hablaremos,  burlaremos, 

bodas  haremos. 
Vos  venid,  mi  dama, — por  entre  el  día; 
haremos  la  boda  -  con  alegría. 

Venid,  mi  dama, 

hablaremos,  etc., 

bodas,  etc. 
;Ohl  que  caminado — á  paso  á  paso! 
El  que  os  creó — es  el  de  en  alto. 

Venid,  etc., 

hablaremos,  etc., 

bodas,  etc. 
¡Oh!  ¡que  relustror — de  cara  y  de  frente! 
Vos  me  parecéis — la  luna  creciente. 

Venid,  mi  dama, 

hablaremos,  burlaremos, 

bodas  haremos. 


47. 

Me  ven  chiquitica, — pensan  que  soy  chica. 
Las  de  mi  edad — mandan  hijos  á  moldar  (1). 
Me  ven  jugar  coches, — pensan  que  es  de  doces. 
Mi  madre,  ¿cuando  ya? 
No  puedo  soportar. 
Me  ven  jugar  dados, — pensan  que  es  ducados. 
Mi  madre,  etc. 
No  puedo,  etc. 
Hijas  de  quince  años— hijos  en  los  brazos 
Yo  de  veinte  y  cuatro — sin  casar  y  sin  gozar. 
Mi  madre,  ¿cuando  ya? 
No  puedo  soportar. 

(1)  En  dialecto  judaico-hispano,  leer.  Danon  la  deriva  de  la  palabra 
meliodare,  que  por  8u  forma  parece  latina,  pero  (lue  no  consta  en  el  glosa- 
rio de  Ducaage. 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


48. 

Hablar  yo  os  quero  laquirdi  (1)  secreto, 
porque  yo  me  topo  en  grande  apretó, 
de  ver  vuestra  ceja  y  el  ojo  preto... 
Vos  sois  mi  amiga  mas  y  mas  que  hija, 
dadme  un  consejo  como  que  me  rija. 
No  topí  muchacha  que  os  asemeja, 
sois  muy  convenible  como  la  oveja. 
Vuestros  cumplimientos  no  son  cosa  poca, 
se  desmayan  gentes  cuando  abréis  boca. 
Me  echáis  palabras  que  en  la  alma  tocan. 
Quien  fuera  poUico  y  vos  ser  la  clueca. 
Decidme  mi  doña,  en  que  me  determino. 
Si  es  que  hay  provecho,  mostradme  camino, 
porque  no  me  pasa  ni  agua  ni  vino. 
No  me  deis  en  mano  de  médico  ni  adevino. 

Hoy  ó  mañana  espero  respuesta, 
por  acompañaros  junto  en  la  fiesta. 
Mi  vida  sin  vos  nada  no  apresta; 
si  me  dais  á  mano,  yo  estó  alesta. 
(-  Provecho  no  tenéis  ni  este  verano, 
mirados  remedio  tarde  ó  temprano) 
(Ya  me  apiado  mas  que  un  hermano), 
no  estoy  en  tiempo  de  daros  á  mano  (2). 


49. 

Ya  vino  el  niño, — ya  vino  el  niño; 
y,  de  los  cielos  altos,— el  patrón  del  mundo, 

(1)  Palabra,  en  turco. 

(2)  Composición  interesante  por  su  forma  métrica,  que  tiene  analogía 
con  el  romance  a>-.turiano  núm.  58,  y  con  varias  poesías  populares  de  Ga- 
licia, antiguas  y  modernas. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  343 


«el,  que  haga  este  mandado,— ogurli  (1)  bien  estrenado. 

íAyI  de  la  romería. —  

Con  sí  trae  el  niño — toda  la  pedrería. 

En  bien  sea  venido. — lAyl  toda  la  ley  santa. 
Nuestro  padre  es  el  bueno — y  un  midrás  (2)  le  fragua. 
En  bien  sea  venido. — Y  un  midrás  le  fragua 
■en  piedras  preciosas, — y  ricas  esmeraldas, 
la  menora  de  oro — y  de  la  fina  plata. 
Aceite  de  oliva — la  oliva  clara. 

En  bien  sea  venido. — Y  digaisle  :  el  hizo  á  los  cielos. 
Gentes  bajaban, — malahim  (3)  subían. 
Y,  en  la  su  boca, — le  echó  una  llavezica. 
Cuando  el  señor  del  mundo— licencia  le  daría, 

con  bien  lo  querería. —    

Y,  en  las  sus  plantas, — tres  ramas  traía, 
para  guardar  al  niño  — y  á  la  bien  parida  (4). 


50. 

¡Ay!  ¡que  mañanica  clara — amanecía  por  aquí! 
iAy!  ¡que  ventura  la  nuestra— hoy  nos  trujo  por  aqui! 
— Por  mandado  vine  aqui— en  que  fui  muy  arrojado. 
De  hoy  en  tres  años  mejorado. — 

Se  levantó  señor  parido— en  una  mañanica  clara, 
A  la  puerta  de  la  esnóga  (5). — ¡Ayl  alli  se  le  alborearía, 

(1)  En  turco,  buen  agüero. 

(2)  Escuela. 

(3)  Angeles,  en  hebreo. 

(4)  Esite  romance,  en  v  iado  á  Mr.  Danon  desde  Salónica,  pertenece  al 
género  de  los  que  se  cantan  en  la  noche  que  precede  al  día  de  la  circunci- 
sión, noche  que  los  judíos  pasan  en  vela  para  preservar  al  recién  nacido  de 
las  asechanzas  de  los  e3píritus  de  las  tinieblas- 

(5)  Sinagoga. 


344 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


libro  de  oro  en  la  su  mano. — ¡Ay!  buenas  berahot  (1)  cantaba, 
donde  le  nace  un  bien  venido. — Que  los  muchos  años  le  pa- 
ira (2). 


51. 

Cantar  quero  una  farsa  (3) 
que  nos  sea  por  membranza, 
contar  todo  lo  que  pasa 

por  la  cabeza  del  hombre. 
Desde  que  nace  el  chico, 
hasta  años  cuatro  cinco, 
como  se  crea  el  pellico 

asi  se  crea  el  hombre. 
Quien  lo  abraza  y  quien  lo  besa; 
alegría  de  la  mesa; 
cuando  hablar  ya  se  envesa  (4), 

de  verlo  se  gusta  el  hombre. 
En  los  brazos  de  su  padre 
y  en  los  pechos  de  su  madre, 
como  la  rosa  que  se  abre 

asi  asemeja  el  hombre. 
Dicen :  ¡si  verais  su  gracia, 
cual  os  sea  la  ganancial 
Ni  en  Venecia  ni  en  Francia 

(1)  Bendiciones,  en  hebreo. 

(2)  Esta  especie  de  romance  puede  servir  de  muestra  de  los  que  se  can- 
tan para  festejar  el  nacimiento  de  un  niño.  Los  versos  3  y  4  están  puestos 
sin  duda  en  boca  del  recién  nacido.  Con  la  extraña  frase  de  Señor  parido 
se  designa  al  padre  de  la  criatura.  Este  romance  procede  de  Salónica  coma 
el  anterior. 

(3)  Esta  composición  humorística  es  seguramente  muy  moderna,  é  in- 
dica la  triste  decadencia  á  que  ha  llegado  la  musa  judaico- castellana  en 
las  comunidades  de  Turquía.  Parece  que  de  estos  versos  con  chistes  como 
de  almanaque  se  componen  todavía  bastantes. 

(4)  Se  aveza,  se  acostumbra. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  345 

no  lo  vido  ningún  hombre. 
Cuando  tiene  los  diez  años, 
todos  sus  hechos  son  daños, 
de  destruir  y  romper  paños 

que  no  abastece  el  hombre. 
Lo  que  quere  habla  y  dice 
y  no  hay  quien  le  avise. 
Dicen  :  tiendrá  años  quince, 

de  suyo  se  hace  hombre. 
Cuando  ya  va  por  los  veinte 
se  hace  un  león  fuerte. 
En  casar  su  tino  mete 

por  entrar  en  cuenta  de  hombre. 
Ya  casó  como  puedía, 
alcanzó  lo  que  quería. 
Esto  es  toda  su  alegría 

que  ha  de  alegrarse  el  hombre. 
Antes  que  pase  la  añada, 
la  mujer  le  queda  preñada. 
Si  son  dos  una  entrada, 

mala  lo  encampa  el  hombre. 
Y  va  todo  de  dolores, 
huiendo  de  los  deudores. 
Se  le  perde  las  colores 

de  la  cara  del  hombre. 
Se  quema  como  la  brasa, 
empeza  á  vender  de  casa  (1). 
De  aqui  empeza  la  causa 

de  atemarse  (2)  el  hombre. 
Huie  en  aquel  instante, 
le  demanda  casa  aparte. 
Aqui  empeza  el  combate 

de  la  mujer  con  el  hombre. 

(1)  Es  decir,  los  muebles  de  la  casa. 

(2)  Extenuarse  ó  consumirse. 


346 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Cuidados  por  muchas  bandas 
empezan  con  las  demandas  : 
halebís  (I)  puntas  y  randas 

que  lo  destruían  al  hombre. 
Cuando  tiene  los  cincuenta, 
tiene  dolores  sin  cuenta. 
La  vejez  que  lo  apreta 

y  gobiernos  del  hombre. 
De  sesenta  ya  empeza 
á  trocársele  la  fuerza. 
Ya  tiene  el  pie  en  la  fuesa. 

¿Qué  espera  mas  el  hombre? 
De  setenta  como  loco 
todos  lo  toman  en  poco. 
Se  le  aflaquece  el  meollo 

de  la  cabeza  del  hombre. 
Se  le  doblan  los  enojos, 
se  le  nublan  los  ojos. 
Empeza  á  buscar  anteojos 

para  atinar  al  hombre. 
Cuando  tiene  los  ochenta, 
en  un  cantón  se  asenta. 
De  nada  le  hacen  cuenta 

ni  lo  contan  mas  por  hombre. 
Los  noventa  de  en  mentó, 
ni  en  ciienta  os  lo  meto. 
Ya  se  conta  como  muerto, 

no  se  conta  mas  por  hombre. 
Si  todo  esto  sabemos, 
¿en  que  nos  lo  contenemos? 
Si  en  riqueza  diremos, 

no  lo  escapa  (2)  al  hombre. 
Quien  quiere  escapar  de  penas 

(1)  Gorros  de  Alepo. 

(2)  Es  decir:  no  le  libra,  no  le  salva  de  morir. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVA.\TE 

haga  bien  con  manos  llenas. 
Téjuba  (1)  y  hechas  buenas 

es  lo  que  escapan  al  hombre. 
Y  todo  esto  no  cabe 
en  hombre  que  ya  sabe. 
Cuanto  mas  viejo  es,  mas  sabe; 

cuanto  mas  viejo  mas  hombre. 
Cuanto  mas  se  envejece, 
mas  y  mas  en  séhel  (2)  crece. 
De  ver  sus  caras,  parece 

malahim  (3)  en  forma  de  hombre. 
No  os  rabeis  (á)  tan  presto, 
porque  hablo  deshonesto; 
por  mi  hablo  todo  esto, 

no  lo  dije  por  ningún  hombre. 


52. 

Cuando  el  rey  Nemrod  al  campo  salía, 
miraba  en  el  cielo  y  en  la  estrellería. 
Vido  luz  santa  en  la  Judería, 
que  había  de  nacer  Abraham  abinu  (5). 
Luego  á  las  comadres  encomendaba 
que  toda  mujer  que  preñada  quedaba 
la  que  pariere  hijo  que  lo  matara, 
que  había  de  nacer  Abraham  Abinu. 
La  mujer  de  Terah  quedo  preñada. 
De  día  en  día  le  preguntaban  : 
—¿De  que  tenéis  la  cara  mudada? 
Ella  ya  sabía  el  bien  que  tenía. 

Ij  En  hebreo,  penitencia. 

2)  En  inteligencia:  es  voz  hebrea. 

(3)  Angel. 

(4)  Rabiéis  ú  os  enojéis. 

(5)  Patriarca.  Del  hebreo. 


348  LÍRÍGOS  CASTELLANOS 

En  fin  de  nueve  meses  parir  quería. 

Iba  caminando  por  campos  y  viñas. 

A  su  marido  tal  no  le  descubría. 

Topó  una  meara  (1),  alli  lo  pariría. 

En  aquella  hora  él  hablaba  : 

— Andados  de  mi  madre,  de  la  meara, 

yo  aqui  topo  quien  me  hablara, 

porque  soy  creado  del  Dio  bendito. 

En  fin  de  veinte  días  lo  fué  á  visitar. 

Lo  vido  de  enfrente  mancebo  saltan  (te) 

mirando  al  cielo  >  bien  atentan  (te) 

para  conocer  al  Dio  bendito. 

— Madre  la  preciada  ¿que  buscáis  aqui? 

— Un  hijo  preciado  pari  yo  aqui. 

Vine  á  buscarlo  si  está  por  aqui, 

si  es  que  está  vivo  me  consolo  yo. 

— Madre,  la  mi  madre,  ¿que  hablas  habláis? 

un  hijo  preciado  ¿como  lo  dejais? 

En  fin  de  veinte  dias  ¿como  lo  visitáis? 

yo  soy  vuestro  hijo,  creado  del  Dio. 

Mirad  la  mi  madre  que  el  Dio  es  uno, 

el  creó  los  cielos  uno  por  uno. 

Decidle  á  Nemrod  que  perdió  su  tino, 

porque  no  quere  creer  en  el  verdadero. 

Lo  alcanzó  á  saber  el  rey  Nemrod  ésto. 

Dijo  :  que  lo  traigan  ahina  y  presto 

antes  que  desreinen  (2)  á  todo  el  resto, 

y  dejen  á  mi  y  crean  en  el  verdadero. 

Ya  me  lo  trujeron  con  grande  albon  (3). 

Trabóle  de  la  silla  un  buen  trabón. 

— Di,  raja  (4),  ¿porque  te  tienes  tu  por  Dios? 

¿Porque  no  queres  creer  en  el  verdadero? 

(1)  En  hebreo,  caverna. 

(2)  Destronen. 

(3)  Con  muchos  ultrajes.  Del  hebreo. 

(4)  Fn  hebreo,  impío. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  349 

— Encended  un  fuego  bien  encendido, 

Echadlo  presto  porque  es  entendido. 

Llevadlo  con  trabuco  porque  es  agudo. 

Si  Dios  lo  escapa  es  verdadero. 

Echándolo  al  horno,  iva  caminando, 

con  los  malahim  iva  paseando. 

Los  leños  fruto  iban  dando. 

De  alli  conocemos  al  Dios  verdadero. 

Grande  zehut  (1)  tiene  el  señor  Abraham  abinu, 

que  por  él  conocemos  al  Dios  verdadero. 

Grande  zehut  tiene  el  señor  parido 

que  afirma  la  mizva  (2)  de  Abraham  abinu. 

Saludemos  ahora  al  señor  parido  : 

que  le  sea  besiman-tob  (3)  este  nacido. 

EUahu-Hanabi  (4)  nos  sea  aparecido, 

y  daremos  loores  al  verdadero. 

Saludemos  al  compadre  y  también  al  moel  (6). 

Que  por  su  zehut  nos  venga  el  goél  (6) 

y  rihma  (7)  á  todo  Israel. 

Cierto  loaremos  al  verdadero  (8). 


53. 

A  Yerusalaim,  ciudad  estimada, 
serrallos  y  mulkes  (9)  y  vicios  dejaba. 

(1)  En  hebreo,  mérito. 

(2)  Prescripción. 

(3)  De  buen  a/?üero. 

(4)  El  profeta  Elias. 

(5)  Al  que  circuncida. 

(6)  El  Mesías. 

(7)  Redima. 

(8)  Poesía  religiosa  de  carácter  semílitúr^ico.  Ei  una  mezcla  de  diver- 
sos Midraschim. 

(9)  En  árabe,  inmuebles. 


350 


LTRíGOS  CASTELLANOS 


Sueños  de  mis  ojos  de  mí  se  tiraba. 

Allí  daremos  loores  y  alabaciones. 
A  Yerusalaim  la  ida  sin  vuelta. 
Parece  á  la  gente  que  es  á  la  vuelta. 
Sabedlo  que  es  una  gran  revuelta. 

Allí,  etc. 
A  Yerusalaim  la  luz  de  mis  ojos. 
Con  ello  dejamos  los  nuestros  enojos. 
Con  vida  y  salud  vean  nuestros  ojos. 

Allí,  etc. 

A  Yerusalaim  lo  vemos  de  enfrente. 
Parece  á  la  luna  cuando  está  creciente. 
Con  ello  dejamos  primo  y  pariente. 

Allí  darémos  loores  y  alabaciones  (1). 


54. 

(Un  lunes  me  levantí, — un  lunes  por  la  mañana). 
Tomí  areo  en  mi  mano  —y  ordení  esta  cántica, 

también  de  la  madrugada. 
— Así  viva  el  nikokiri  (2)  —que  vaiga  por  la  plaza; 
que  me  merque  harina  blanca— para  hacer  el  pan  de  casa, 

también  de  la  madrugada». 
El  marido  por  la  puerta, — el  enamorado  por  la  ventana  : 
— Abridme,  mi  blanca  niña, — abridme,  mi  blanca  dama, 

también,  etc. 

Los  pies  tengo  en  la  nieve, — la  cabeza  en  la  helada. 

— lAh!  mujer,  la  mi  mujer, — ¿á  quién  dais  tanta  palabra? 

También,  etc. 
— Al  mozo  del  panadero —(que  los  malos  años  haga). 


(1)  Se  cantaba  probablemente  en  la  víspera  de  la  partida  de  un  pere- 
írrino  para  Jerusaléa  (A.  Danon). 

(2)  Voz  corrompida  de  la  griega  ohoy.vqr,^ :  el  amo  de  la  casa. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDIOS  DE  LEVANTE  354 


Harina  no  tengo  en  casa, — levadura  me  demanda, 
también,  etc. 

¿Dónde  te  escondo,  mi  alma? — ¿Dónde  te  escondo,  mi  vida?» 
Lo  escondió  en  una  caja,— la  caja  era  de  pimienta, 
también,  etc. 

El  marido  que  viniera, — el  enamorado  que  estornudara  : 
—  ;Ah!  mujer,  la  mi  mujer, — ¿quién  estornuda  en  esta  caja? 

También,  etc. 
— El  gato  de  la  vecina — que  á  los  ratones  alcanza». 
Tomó  la  balta  (1)  en  su  mano— y  rompió  la  linda  caja, 

también,  etc. 

— lAh!  mujer,  la  mi  mujer, — yo  no  vide  gato  con  barba, 
mostachico  retorcido— y  zapatetica  trabada. 

También,  etc. 
Tomó  la  balta  en  su  mano, — la  cabeza  le  cortaba. 
Quien  tiene  mujer  hermosa, — que  la  tenga  bien  guardada. 
Se  la  llevan  de  la  cama — y  se  queda  él  sin  nada, 

también  de  la  madrugada  (2). 


55. 

Vos  venid,  mi  dama,  mi  cara  de  luna, 
yo  os  diré  coplas  ventiuna, 
os  las  cantaré  una  por  una  : 

Como  me  kidearon  (3)  á  llevar  el  pato. 
El  pato  tenía  vedijas  de  gordura. 
Me  topí  fajando  á  la  creatura, 
en  año  de  hambre  y  mucha  secura. 

Como,  etc. 

(1)  El  hacha:  es  voz  turca. 

(2)  Es  una  nueva  forma  del  romance  de  «La  esposa  infiel  >.  Parece  mo- 
derna, y  tomada  de  la  décima  novela  de  la  quinta  jornada  de  Boccacio, 
quien  á  su  vez  la  hahía  imitado  de  Apulej'o  (Metnmorphoseon,  IX). 

(3j   Es  un  verbo  turco  que  significa  forzar  ú  obligar. 


352 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


El  pato  tenía  plumas  de  colores; 
por  donde  pasaba  dejaba  olores, 
yo  me  lo  creí  con  muchos  dolores. 

Como,  etc. 
El  pato  tenía  pluma  amarilla, 
yo  me  lo  creí  con  mucha  alegría, 
yo  por  este  pato  quedí  sin  manilla. 

Como,  etc. 
El  pato  tenía  pico  colorado, 
ya  se  lo  comieran  con  vino  delgado. 
¿Quién  le  culpa  esto?  Lo  culpa  mi  cuñado. 

Como,  etc.  • 
Un  día  me  fui  para  la  Castoría. 
Vide  mucha  gente,  me  torní  vacía. 
No  tuví  moneda,  vendí  la  manilla. 

Como,  etc. 
Un  día  me  fui  para  la  plaza, 
vide  un  morico  con  un  pático. 
No  tuví  moneda,  vendí  el  librico. 
Por  este  pecado  no  comí  un  pedazico. 

¿Cómo  me  kidearon  á  llevar  el  pato?  (1) 


56. 

Oid  coplas  nuevas  por  el  mal  de  Francia, 
Escritas  con  fuego  de  alma  y  con  mucha  ansia. 
Todo  quien  las  oie,  cierto  se  enfastia. 
Roghemos  al  Dio,  hermanos,  que  el  es  nuestro  padre, 
Se  apiáde  de  sus  hijos  y  no  se  retarde. 

(1)  No  es  fácil  adivinar  el  sentido  de  esta  macarrónica  composición,  que 
parece  un  juego  de  palabras  para  divertir  á  los  niños.  Infiérese  de  ella  que 
los  judíos  españoles  usan  la  frase  llevar  el  pato,  en  significación  de  ser  en- 
gañado ó  cJiasqiieado,  lo  cual  no  diñere  mucho  de  nuestra  expresión  fami- 
liar pagar  el  Pato. 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE     35  3 


Bendito  su  nombre  grande  y  alabado. 
En  los  cielos  y  en  la  tierra  uno  es  mentado. 
El  que  dá  la  llaga,  dá  su  cura  al  lado. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Grande  milagro  es  este  que  no  se  entendía : 
Un  reinado  bueno  que  había  y  se  perdía. 
;Ay!  que  todo  toca  á  la  Judería. 

Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Desde  que  este  mundo  fué  acimentado, 
no  se  tiene  oido  ni  visto  tal  desbaratado. 
De  vez  que  la  pénso  quéro  ser  atado. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
¡Ah!  que  este  mundo  fué  en  nuestra  suerte! 
Con  mézonot  (1)  no  se  burla,  que  es  cosa  muy  fuerte. 
Quien  se  embeza  bueno  le  viene  la  muerte. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Veneciano  es  este  que  está  en  desparte. 
-  El  Turco  no  tiene  ni  arte  ni  parte. 

El  Francés  con  todos  está  en  el  combate. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Zaruret  (2)  muy  grande  estámos  llevando. 
Mercaderes  y  corredores  y  el  esnaf  (3)  llorando. 
El  gaste  pujado,  los  kiares  (4)  cortádos. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Hébrot  (6)  por  afueras  es  cosa  muy  fuerte. 

(1)  En  hebreo,  subsistencia. 

(2)  Miseria,  en  árabe. 

(3)  Gremios  ó  corporaciones.  Es  voz  árabe. 

(4)  Beneficios.  Es  palabra  turca. 

(5)  En  hebreo,  sociedad.  Entiéndase  aquí  comercial. 

Tomo  X.  23 


354 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Va  y  viene  y  jara  que  ya  se  mantiene, 
y  el  que  no  tiene,  el  Dio  lo  sostiene. 
Roghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Todo  el  que  no  tiene  en  Galata  (1)  hecho, 
va  y  viene  á  casa,  se  escupe  en  el  pecho. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Cuando  ya  le  sube  la  sangre  á  la  cabeza, 
Va  y  viene  á  casa,  á  vender  empeza. 
Sale  como  loco,  no  sabe  lo  que  pensa. 
Eoghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Lágrimas  me  corren  como  es  un  rio. 
Cien  mil  gracias  oigo  al  dia,  ni  de  una  rio. 
¡Ay!  que  todo  esto  es  un  desvarío. 
Roghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Mirad  que  estamos  en  un  mundo  falso. 
Cuando  os  veis  uno  al  otro,  alargad  el  paso 
Dejad  los  zapatos  y  huid  descalzo. 
Roghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
No  nos  conviene  hablar  de  este  modo, 
porque  todos  queremos  comer  á  un  modo, 
todos  nos  queremos  vestir  á  un  modo. 
Roghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Salud  que  nos  dé  el  Dio  por  rellevarlo. 
Dános  la  vida  segura  para  soportarlo. 
Dánoá  el  bien  presto,  el  mal  olvidado. 
Roghemos,  etc. 
Se  apiade,  etc. 
Azúcar  y  paño  no  se  mete  en  tino. 

(1)   Arrabal  de  Constan tinopla,  que  es  el  centro  del  comercio 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  I>E  LEVANTE  3o5 


Kermes  y  ropas  finas  subieron  al  pino. 

Esta  mala  guerra  cerra  el  camino: 

Roghemos  al  Dio,  hermanos,  que  él  es  nuestro  padre, 

Se  apiade  de  nosotros  y  no  se  retarde  (1). 

Además  de  estos  romances,  consta  la  existencia  de  otros 
muchos  entre  los  hebreos  españoles  de  las  comunidades  de 
Levante.  Algunos  estarán  ya  olvidados  sin  duda,  pero  se 
han  conservado  sus  principios  por  la  circunstancia  de  ha. 
ber  sido  acomodadas  sus  melodías  á  otros  himnos  religio- 
sos en  hebreo,  á  pesar  del  ceño  con  que  siempre  han  mira- 
do esta  aplicación  los  más  severos  rabinos.  En  una  de  las 
colecciones  de  letanías  rimadas  que  se  conocen  con  el 
nombre  de  juncos  (del  persa  jonq^  harpa),  manuscrito  que 
posee  A.  Danon,  y  que  contiene  muchos  versos  inéditos  de 
Israel  Nagara,  poeta  neo -hebraico  de  principios  del  si- 
glo XVII,  se  ven  notados,  siempre  con  letras  hebreas,  los 
aires  y  las  palabras  de  las  canciones  turcas,  árabes,  grie- 
gas y  españolas,  cuyas  melodías  adapta,  procurando  á  ve- 
ces imitar  la  rima,  y  valiéndose  otras  del  procedimiento  de 
la  aliteración.  De  este  manuscrito,  que  se  remonta  á  1641, 
ha  entresacado  Danon  numerosos  principios  de  romances, 
algunos  de  los  cuales  (los  que  indicamos  de  letra  cursiva) 
corresponden  á  textos  conocidos  : 

No  sé  qué  iré,  á  dónde  iré... 
Estábase  la  infanta,.. 

Siempre  procuráis^  madre,  de  engañarme... 
Si  os  juro,  el  mi  amor,  que  no  tengo... 

(1)  Esta  canción  histórica,  en  que  un  judío  se  queja  de  lo  mal  (lue  an- 
daban sus  negocios  mercantiles  fué  compuesta,  al  parecer,  en  tiempo  de 
la  revolución  ñ-ancesa  ó  de  las  guerras  de  Napoleón.  Procura  remedar  la 
forma  acróstica  de  algunos  salmos,  pero  no  resulta  completo  el  alefato  he- 
braico, sin  duda  por  haberse  perdido  varias  estrofas. 


356 


-LÍRICOS  CASTELLANOS 


¡Oh  qué  lindo  amor  que  hay  en  esta  villa... 
Dama,  así  es  la  razón... 
Morenica,  morenica,  galana  y  bella... 
Espera,  espera... 

Los  ojos  de  la  blanca  niña  — no  hacen  sino  llorar. 

Doliente  estaba  Alejandro,., 

Barberico,  sácasme  esta  muela... 

En  copos  de  rama... 

Par  de  la  mar  mis  amores... 

Morenica,  qué  te  pone... 

Soy  triste  amador... 

Ya  que  en  estas  tierras — hay  una  doncella... 

Yo  estando  en  la  mi  puerta... 

Adobar,  adobar,  caldero  adobar... 

La  vida  de  los  galeas — yo  os  la  quiero  contar,,. 

Ea,  digáis  los  veladores... 

Alma  mía,  luz  del  día... 

Yo  amara  una  doncella... 

Desde  que  perdí  el  mi  amor,  penas... 
Hermano  mío  querido — de  qué  lloráis  y  de  qué  vais  perdido 
— el  tino?— Lloro  yo  y  me  afino — que  me  aso  y  me  traspaso, 
y  á  mi  dama  no  alcanzo— la  llamo,  no  me  responde— la  busco 
y  se  me  esconde — y  ahora  no  sé  á  dónde— toparé  yo  á  mi... 

Vente  aquí,  la  mi  dama... 

Ay,  ay,  cómo  haré... 

A  quien  iré  á  contar... 

No  puedo,  mi  alma, — no  puedo,  mi  vida... 

Ay,  ay!  un  pajarico... 

Malo  estaba  el  pastorico... 

De  la  vuestra  linda  novia... 

¿Quién  me  conoce,  quién  me  conoce... 

Yo  me  levantara  un  lunes... 

Ea,  llamábalo  la  doncella.,. 

Yo  en  este  mundo  mucho  caminaba— no  sopí  otro  cpmo 

[tí... 

Viejo  malo  en  la  mi  cama — á  la  fin  no  dormirá... 


ROMANCES  TRAD.  ENTRE  LOS  JUDÍOS  DE  LEVANTE  337 


A  las  huertas  donde  nacen  las  rosas... 
Fuera  va  de  tino — el  triste  amador... 

En  la  colección  de  los  poemas  de  Nagara  impresa  con 
el  título  de  Semiroth  Israel  (Venecia,  1600),  se  registran 
también  los  siguientes  principios  de  canciones  españolas: 

Pase  abajo,  Silvana... 
Ahora  lo  negáis,  señora... 
Partisteis,  amigo... 

Pártome  de  amor, — que  no  lo  puedo  entender... 

Gritos  daba  la  pava  por  aquel  monte... 

A  las  montañas,  mi  alma, — á  las  montañas  me  iré... 

Ay!  decid,  galana  y  bella... 

Linda  era  y  hermosa... 

En  sueño  soñí,  mis  dueñas... 

Alba  y  bicia,  graciosa... 

TJn  hijo  tiene  la  condesa... 

Dulce  sueño... 

Alto  y  ensalzado... 

Pregonadas  son  las  guerras... 

Ya  se  va  el  invierno — y  viene  el  verano... 

Madre ^  un  mancehico... 

Ya  se  parten  las  galeas... 

Unas  pocas  de  palabras. 

Del  dialecto  y  literatura  de  los  judíos  de  origen  espa- 
ñol han  tratado  modernamente  Kayserling  en  su  Biblio- 
teca Española- Portugueza- Judaica ,  Strasburgo  ,  1890 
(vid.  una  leve  indicación  sobre  los  romances,  pp.  X — XII, 
y  una  amplia  colección  de  refranes  al  fin  del  libro),  y 
M.  Grünbaun,  Judisch-Spanische-Chrestomaikie  (Frank- 
furt,  J.  Kauffmann,  1896). 


APÉNDICE 


I.  El  Sr.  Menéndez  Pidal  (D.  Ramón)  acaba  de  des- 
cubrir UD  nuevo  romance  fronterizo,  en  un  manuscrito  de 
la  Biblioteca  de  Palacio,  que  lleva  la  signatura  2 — H — 4, 
y  dice  en  el  tejuelo  Romances  ynanuscritos.  Es  copia  del 
siglo  XVII,  que  perteneció  á  un  D.  Erancisco  de  Henao 
Monjaraz,  y  contiene,  además  de  muchas  poesías  en  di- 
versos metros,  una  regular  colección  de  romances,  todos 
artísticos  ó  eruditos  á  excepción  del  presente : 

Romance  de  la  pérdida,  de  Ben  Zulema* 

De  Granada  partió  el  moro — que  se  llama  Ben  Zulema, 
allá  se  fuera  hazer  salto— entre  Osuna  y  Estepa. 
Derribado  ha  los  molinos — y  los  molineros  lleva, 
y  del  ganado  vacuno— hecho  había  grande  presa, 
y  de  mancebos  del  campo — lleva  las  trayllas  llenas; 
por  hacer  enojo  á  Narváez — pásalos  por  Antequera; 
los  gritos  de  los  cristianos — hacían  temblar  la  tierra. 
Oído  lo  había  Narváez — qu'  está  sobre  la  barrera, 
y  como  era  buen  cristiano, — el  corazón  le  doliera. 
Hincado  se  ha  de  rodillas— y  aquesta  oración  dixera  : 
«Señor,  no  me  desampares — en  esta  ympresa  tan  buena; 
que  por  te  hazer  servicio— dejo  yo  sola  Antequera». 
Mandó  apercebir  su  gente, — quanta  en  la  villa  hubiera, 
y  por  un  xaral  que  él  sabe — al  encuentro  le  saliera. 


360 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Quinientos  eran  los  moros,— sólo  nno  se  les  fuera, 
que  era  el  aicayde  de  Loxa — que  buen  caballo  truxera. 
Con  la  presa  y  cabalgada— vuélvese  para  Antequera. 

El  Sr.  Menéndez  Pidal,  al  publicar  este  romance  en  el 
Homenaje  á  Almeida- Oarrett  (Génova,  1900)  le  ha  ilus- 
trado con  oportunas  indicaciones  históricas.  Es  de  los 
romances  fronterizos  que  tratan  sucesos  más  antiguos, 
punto  que  se  refiere  á  una  batalla  acaecida  en  1.^  de  Mayo 
de  1424.  El  Narváez  á  quien  se  refiere  es  el  alcaide  de 
Antequera  Rodrigo,  célebre  por  su  cortesía  con  el  moro 
Abindarráez,  tema  de  tantas  narraciones  poéticas.  De  la 
hazaña  que  se  decanta  en  este  romance  hace  larga  rela- 
ción el  Licenciado  Alonso  García  de  Yegros,  en  su  His- 
toria de  Antequera  (manuscrita  todavía)  que  terminó  en 
1609;  y  advierte  que  «esta  vitoria,  cómo  tan  famosa,  fué 
»por  los  christianos  muy  celebrada  en  Antequera,  y  hoy 
» aquella  ciudad  haze  grandes  fiestas  todos  los  años  el  día 
»de  San  Eilipe  y  Santiago  en  memoria  della.  En  aquel 
»tiempo  hizieron  unos  versos  que  están  en  el  archivo  de 
»lá  ciudad  de  Antequera.  Por  estas  coplas  ó  versos,  aun- 
»que  torpes,  se  puede  notar  los  trabajos  que  la  gente  de 
» Antequera  padecía  en  defensa  de  la  ciudad». 

Estos  versos,  que  Yegros  transcribe  y  de  los  cuales 
puede  decirse  que  es  un  trasunto  su  narración  en  prosa, 
son  unas  coplas  de  arte  mayor,  compuestas  por  un  Juan 
Galindo,  vecino  de  Antequera,  y  soldado  jinete  que  asis- 
tió á  aquella  jornada  (1).  Su  congruencia  con  el  romance 
indica  que  éste  también  es  muy  antiguo  y  contemporáneo 
del  hecho  que  narra,  lo  cual  acrecienta  su  interés. 

(1)  Pueden  verse  parte  de  estas  coplas  en  el  tomo  IV  del  Ensayo  de  Ga- 
llardo (col.  1.183). 


APÉNDICE 


361 


II.  Como  nada  de  lo  que  se  refiere  á  los  romances  viejos 
puede  ser  indiferente,  y  conviene  reunir  el  mayor  número 
de  lecciones  posibles  de  ellos,  juzgo  cosa  útil  dar  aquí  no- 
ticia de  un  pliego  suelto  gótico  de  la  Biblioteca  Nacional, 
que  no  ha  sido  utilizado  hasta  ahora,  que  yo  sepa,  y  que 
contiene  con  variantes,  más  ó  menos  felices,  los  romances 
de  Z>.  Tristcm,  de  la  gentil  dama  y  el  rústico  pastor,  de 
Rosa  fresca;  y  el  de  El  Palmero,  que  Wolf  excluyó  sin 
razón  de  la  Primavera,  siguiendo  el  erróneo  dictamen  de 
Durán,  que  le  tuvo  por  semialegórico  y  trovadoresco, 
cuando  es  tan  popular  que  todavía  algunos  de  sus  ver" 
sos  se  repiten  por  el  vulgo  más  indocto  en  campos  y  pla- 
zas (vid.  núm.  37  de  nuestro  primer  apéndice  á  la  Prima- 
vera,  núm.  53  de  los  romances  asturianos,  núm.  24  de  los 
romances  andaluces).  El  pliego  suelto  de  la  Biblioteca  Na- 
cional da  mejor  texto  que  el  de  Sepúlveda,  úuico  que  cita 
Durán,  y  mucho  más  completo  que  el  del  pliego  suelto  de 
Praga  descrito  por  "Wolf. 

Aquí  comiencan  diez  maneras  de  roynances  co  sus  villan- 
cicos :  é  aqueste  primero  fué  hecho  al  co7ide  Oliva. 
a)   Yo  me  partí  de  Valencia — para  yr  en  Almería... 
(Romance  lírico,  estilo  de  trovadores), 
b  )    Eomance  de  D,  Diego  de  Acuña  : 

Alterado  el  pensamiento — de  ejercicio  enamorado.., 
c  )    «Este  romance  añadió  Quirós  desde  donde  dize :  ¿qué 
es  de  ti,  señora  mía'^yy 

Triste  estaba  el  caballero— triste  y  sin  alegj'ía... 

d  )    Villancico  : 

Cuydado,  no  me  congoxes, 
pues  no  dura 

la  vida  do  no  hay  ventura. 


362 


LIRICOS  CASTELLANOS 


e  )  Otro  romance  viejo  hasta  donde  dize  «mi  vida  quie- 
ro hazer»,  y  de  ahí  adelante  hizo  Quirós. 

Amara  yo  una  señora — y  améla  por  más  valer... 

f)  Villancico. 

g  )  Este  romance  fizo  Quirós  al  Marqués  de  Cénete  por 
los  aníiores  de  la  señora  Fonseca: 

Mi  desventura  cansada — de  los  males  que  hazía... 

h  )    Canción  por  deshecha, 

i )    Otro  romance  de  D.  Tristán  de  Leonis: 

Herido  está  Don  Tristán— de  una  mala  lanzada, 
diera  se  la  el  rey  su  tío — con  una  lanza  herbolada, 
dió  se  la  dende  una  torre — que  de  cerca  no  osaba, 
tan  mal  está  Don  Tristán — que  á  Dios  quiere  dar  el  alma: 
va  se  lo  á  ver  Doña  Yseo — la  su  linda  enamorada 
cubierta  de  paño  negro— que  de  luto  se  llamaba. — 
— «Quién  vos  hirió,  Don  Tristán —heridas  tenga  de  rabia, 
y  que  no  hallasse  hombre— que  hubiesse  de  sanalla. — 
Tanto  están  boca  con  boca — como  una  missa  rezada, 
llora  el  uno,  llora  el  otro — la  cama  toda  se  baña, 
el  agua  que  de  allí  sale— una  azucena  regaba, 
toda  mujer  que  la  bebe — luego  se  haze  preñada, 
que  assí  hize  yo  mezquina — por  la  mi  ventura  mala, 
no  más  que  della  bebí — luego  me  hize  preñada, 
empreñé  me  de  tal  suerte — que  á  Dios  quiero  dar  el  alma. — 
Allí  murió  Don  Tristán— y  su  linda  enamorada. 

j  )  Otro  romance  de  un  caballero,  cómo  le  traen  nuevas 
que  su  amiga  era  muerta : 

En  los  tiempos  que  me  vi — más  alegre  y  plazentero, 
yo  me  partiera  de  Burgos— para  yr  á  Valladolid, 
encontré  con  un  palmero  — él  me  fabló  y  dixo  assí : 
— ¿Dónde  vas  tú,  desdichado? — ¿Dónde  vas,  triste  de  tí? 
;0h  persona  desdichada — en  mal  punto  te  conocí. 


APÉNDICE 


363 


muerta  es  tu  enamorada — muerta  es  que  yo  la  vi, 

las  andas  en  que  la  llevan— de  negro  las  vi  cobrir, 

los  responsos  que  le  dizen — yo  los  ayudé  á  dezir, 

siete  condes  la  llevaban — caballeros  más  de  mil, 

lloraban  las  sus  donzellas  —llorando  dizen  assi  : 

— ¡Triste  de  aquel  caballero— que  tal  pérdida  perdi. — 

De  que  aquesto  oyera  mezquino — en  tierra  muerta  cayó  (sic). 

desde  aquellas  dos  horas — no  tornara  triste  en  mí, 

desque  me  hube  retornado — á  la  sepultura  fui, 

con  lágrimas  de  mis  ojos — llorando  dezia  assi : 

— Acoge  me,  mi  señora, — acoge  me  á  par  de  ti. — 

Al  cabo  de  la  sepultura — una  triste  voz  oí : 

— Vive,  vive,  enamorado — vive,  pues  que  yo  morí. 

Dios  te  de  ventura  en  armas — y  en  amores  assi, 

que  el  cuerpo  come  la  tierra — y  el  alma  pena  por  tí. 

r  )  '  Otro  romance  como  un  caballero  pregunta  á  su  pen- 
samiento, y  de  la  respuesta. 

Dezi  vos,  pensamiento — dónde  mis  males  están... 
Deshecha. 

El  día  de  alegría 
al  que  es  triste 
de  mayor  dolor  le  viste. 

1 )  ¡Siffuese  un  romance  de  una  gentil  dama  y  un  rústico 
pastor. 

Estase  la  gentil  dama — paseando  en  su  vergel, 
los  pies  tenía  descalzos— que  era  maravilla  ver, 
hablara  me  desde  lexos,— no  le  quise  responder, 
respondíle  con  gran  saña:— ¿Qué  mandays,  gentil  mujer?— 
Con  una  voz  amorosa — comenzó  de  responder  : 
— Ven  acá,  el  pastorcico — si  quieres  tomar  plazer, 
siesta  es  de  medio  día — y  ya  es  hora  de  comer, 


364 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


si  querrás  tomar  posada — todo  es  á  tu  plazer. 

— No  era  tiempo,  señora — que  me  haya  de  detener, 

que  tengo  mujer  é  hijos — y  casa  de  mantener, 

y  mi  ganado  en  la  sierra — que  se  me  iba  á  perder, 

y  aquellas  que  lo  guardan — no  tenían  que  comer : 

— Vete  con  Dios,  pastorcillo — no  te  sábes  entender, 

hermosuras  de  mi  cuerpo — yo  te  las  hiciera  ver, 

delgadita  en  la  cintura — blanca  so  como  el  papel, 

la  color  tengo  mezclada — como  rosa  en  el  rosél, 

las  teticas  agudicas— que  el  brial  quieras  hender, 

el  cuello  tengo  de  garza— los  ojos  de  un  esparver, 

pues  lo  que  tengo  encubierto — maravilla  es  de  lo  ver. — 

— M  aunque  más  tengáis,  señora, — no  me  puedo  detener. 

m  )    Romance  de  rosa  fresca, 

Eosa  fresca^  rosa  fresca, — tan  crescida  con  amor, 
cuando  yo  os  tuve  en  mis  brazos — no  vos  supe  servir,  no, 
y  agora  que  os  serviría — no  vos  puedo  aver,  no. 
Vuestra  fué  la  culpa,  amigo, — vuestra  fué  que  mía  no, 
embiastes  me  una  carta — con  un  vuestro  servidor, 
y  en  lugar  de  recaudar — él  dixera  otra  razón, 
que  érades  casado,  amigo, — allá  en  tierra  de  León, 
que  teneya  mujer  hermosa — é  hijos  como  una  flor. — 
— Quién  vos  lo  dixo,  señora, — no  vos  dixo  verdad,  no, 
que  yo  nunca  entré  en  Castilla — ni  en  tierras  de  León, 
sino  quando  era  pequeño —que  no  sabía  de  amor. 


III.  Entre  las  canciones  genuinamente  catalanas  cité 
(página  249)  la  de  la  Dama  (T  Aragó  (núm.  218  de  Milá). 
Examinándola  ahora  más  atentamente,  y  fijándome  en  lo 
que  de  ella  escribió  Wolf,  que  la  da  por  versión  del  caste- 
llano, reconozco  que  aunque  enteramente  catalanizada  en 


APÉNDICE  365 

el  lenguaje,  corresponde  al  muy  lindo  romance  que  á  prin- 
cipios del  siglo  XVI  glosó  Antonio  Euiz  de  Santillana. 

«En  Sevilla  está  una  liermUa — cual  dicen  de  San  Simón», 


IV.  De  intento  omití,  al  tratar  de  los  romances  tradi- 
cionales de  las  Montañas  de  Burgos  y  León,  uno  genea- 
lógico que  puso  Durán  con  el  núm.  1.894  con  este  título: 
«Querellase  el  señor  de  Linares  de  que  á  sí  et  á  sus  fijos 
»les  non  atiende  et  fase  tuerto».  Basta  leerle,  en  afecto, 
para  comprender,  como  ya  insinuó  Durán,  que  se  trata  de 
uno  de  tantos  pedestres  y  tardíos  abortos  de  la  musa  he- 
ráldica y  linajuda,  compuesto  en  lenguaje  afectadamente 
arcaico  y  lleno  de  anacronismos.  Pero  es  tan  singular  el 
modo  y  forma  en  que  este  romance  ha  llegado  á  nosotros, 
y  tanto  el  aprecio  que  sin  razón  han  hecho  de  él  muy  doc- 
tos escritores,  que  á  título  de  curiosidad  quiero  consignar- 
le, copiándole  de  un  manuscrito  inédito,  que  poseo,  del  gran 
investigador  montañés  D.  Rafael  Floranes  y  Vélez  de  Ro- 
bles, señor  del  despoblado  de  Tavaneros.  Su  texto  difiere 
en  muchísimas  cosas  del  que  Amador  de  los  Ríos  comu- 
nicó á  Durán :  las  variantes  de  éste  van  apuntadas  al  pie. 

«Por  complemento  de  esta  materia  (dice  Floranes  en 
»sus  observaciones  sobre  la  colección  de  poetas  anteriores 
»al  siglo  XV  que  formó  D.  Tomás  A.  Sánchez)  pondré  aho- 
»ra  un  monumento  de  poesía  perpetuado  en  forma  de  ins- 
»cripción  en  las  piedras  de  la  fachada  de  la  antiquísima 
:&hermita  de  San  Pelayo,  del  barrio  de  este  nombre,  en  el 
» Concejo  de  Varo,  de  la  provincia  de  Liébana,  mi  Patria, 
»y  poco  más  de  tres  quartos  de  legaa  del  lugar  de  mi  na- 
y.cimiento  (Tanarrio).  El  estilo  y  fineza  de  la  dicción  pa- 
»rece  mostrar  haberse  compuesto  en  el  Reynado  de  Al- 


366 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


»fonso  XI  (i),  aunque  introduciendo  el  poeta  en  la  escena 
»personas  y  acciones  antiquísimas  del  tiempo  del  Rey 
»Mauregato,  contra  cuya  veleidad  y  mal  gobierno  son  las 
» querellas  del  caballero  de  la  casa  de  Linares  (siempre 
»Patrona  de  esta  hermita)  en  cuya  cabeza  y  nombre  se 
» exponen,  no  sabemos  si  porque  antiguamente  estuviesen 
»así  escritas  en  latín,  y  en  alguna  renovación  del  edificio, 
»cuando  ya  dominaba  la  lengua  castellana,  se  tradujeron. 
»Es  pieza  acéfala :  faltan  los  dos  ó  más  primeros  versos, 
»por  haberse  por  allí  consumido  las  piedras  y  la  letra,  eata 
»sin  duda,  de  la  antigüddd  que  hemos  dicho  (*?).  Los  demás 
» dicen  como  se  sigue,  aunque  sin  división  de  renglones, 
»que  aquí  va  hecha  como  corresponde.  Por  su  antigüedad, 
» elegancia  y  porción  de  historia  que  envuelve,  no  parece 
»pieza  indigna  de  merecer  algún  lugar  en  la  colección  de 
»poesías  de  su  género  que  trae  entre  manos  el  señor 
»  Sánchez: 

Non  vos  tengo  merescido — el  tan  menguado  favor  (1), 
non  me  deis  mezquino  sueldo, — que  heme  comunal  no  soy  (2). 
He  años  ochenta  é  cinco— y  en  ellos  sabedes  vos  (3)  [tió. 
cuanta  (4)  sangre  este  mío  cuerpo— por  el  vuestro  amor  ver- 
Non  me  fallé  en  Cobadonga, — más  el  mío  Padre  se  halló  (5) 
cuando  por  el  suo  (6)  Pelayo— peleó  el  mío  Señor. 
Por  ende  le  fizo  en  Cangas — el  suo  merino  mayor, 
con  que  á  las  morismas  haces  (7) — llevaba  vuestro  pendón. 
Y  apenas  el  pelo  en  barba — tuviera  é  sabedes  vos 

(1)  Falta  este  primer  verso  en  Durán. 

(2)  So. 

(3)  En  anos  ochenta  fizo,— en  ellos  sabedes  vos. 

(4)  Cunta. 

(5)  Mi  padre  se  halló. 
(6j  So. 

(7)  Y  entre  las  morismas  lides. 


APÉNDICE 


367 


cuantas  valentías  fice— en  las  huestes  de  Almanzor  (1) 
4  quince  (2)  valientes  moros — en  el  cerco  de  León 
por  un  portillo  sifiero — la  entrada  defendí  yo  (3). 
Corrí  las  mesnadas  moras — con  los  míos  fillos  dos, 
y  algunos  míos  escuderos — hasta  la  puesta  del  Sol  (4). 
Y  entre  las  morismas  haces  (5)— una  águila  me  guió, 
despeinándome  sus  alas, — me  la  dieron  por  blasón. 
En  batalla  en  Cobadonga— mío  padre  ganó  el  honor 
de  la  su  empinada  torre — como  fuerte  guerreador  (6), 
é  quando  en  mi  mancebía — tan  alto  volaba  yo  (7), 
el  águila  me  llamaron — que  en  fijo  (8)  miraba  el  Sol. 
Lo  que  yo  miraba  en  fijo— los  Reyes  pasados  son, 
porque  non  cegó  mis  olios  (9)— el  suo(lO)  lindo  resplandor. 
Mas  agora  mis  (11)  fazañas — cuido  que  ciegan  á  vos  (12), 
porque  non  temáis  (?)  en  mientes — el  daylos  (sic)  buen  galar- 

[dón(13). 

Negasteis  á  los  míos  fillos  —  el  vuestro  real  pendón, 
y  ficisteis  vuestro  alférez — otro  (14)  que  es  menos  que  nos. 
Mandastes  (15)  que  los  casase — muy  alueñe  (16)  de  su  honor, 
que  mayores  (17)  infanzones— non  fincan  dentro  en  León. 
Mas  antiguos  que  el  de  Mier — tan  nobles  como  Quirós, 

(1)  Este  verso  y  el  anterior  faltan  en  Durán,  y  además  los  cuatro  que 
hablan  de  Covadonga  y  de  Cangas  están  antepuestos  á  Jos  de  años  ochenta. 

(2)  Estos  moros  no  son  más  que  siete  en  el  texto  de  Durán. 
•(3)  La  entrada  por  el  Portillo— señero  defendí  yo. 

(4)  Fasta  las  crestas  del  Sol. 

(5)  -  Porque  á  las  morismas  lides. 

(6)  Este  verso  y  el  anterior  faltan  en  Durán. 

(7)  También  falta  este. 

(8)  Fito. 

(9)  Que  nunca  cegó  á  mis  güeyos. 

(10)  So. 
íll)  Mías. 

(I2j  Creo  que  ciegan  á  vos. 

(13)  Pues  que  no  tenéis  en  mientes— el  dalles  su  galardón. 

(14)  Áotro. 

(15)  Mandasteis. 

(16)  Muy  á  luefto. 

(17)  Míchores. 


3G8 


^LÍRICOS  CASTELLANOS 


tan  ricos  como  Quiñones — nobles  (1)  como  Estrada  son. 
Lindeza  (2)  de  fidalguía — la  Montaña  nos  llamó 
magüer  que  nunca  la  rueda — nos  miró  con  un  favor  (3). 
Mandaisme  vuelva  á  la  casa — que  el  pasado  me  fundó 
cuando  se  fundó  Trasmiera, — ¡lucido  quedaba  yo! 
Bien  sé  yo  cuando  jDudiera — la  mía  mucho  mejor 
ser  la  primera  del  mundo — que  otras  que  agora  lo  son, 
magüer  que  las  mías  partes — podían  ser  Reys  de  León 
por  las  fazañas  tan  grandes—que  tan  conocidas  son  (4), 
yo  vos  fago  pleytesía — magüer  que  mandares  vos  (5) 
cabo  era  cuando  pude  (6) — facerme  rey  de  León, 
la  mía  bondad  honrosa — nunca  lo  tal  consintió  (7), 
aunque  si  lo  consintiera  (8) — cuydo  non  fuera  traidor. 
A  los  servicios  tan  leales — que  fizo  mi  padre  y  yo, 
nunca  creí  que  tuvieran — tan  menguado  galardón. 
Ficisteis  (9)  treguas  con  moros — non  vos  fago  mengua,  non, 
que  cuando  fincáis  sin  lides — los  buenos  non  son  de  pró; 
asaz  tenéis  consejeros— tan  mancebos  como  vos  : 
finquen  con  vos  en  solaz— que  yo  á  la  mía  torre  voy  (10). 

»Á  poca  distancia  de  la  hermita  se  conserva  la  antiquí- 
»sima  torre  de  que  aquí  habla,  y  todavía  en  posesión  de 
»los  caballeros  Linares  de  aquella  provincia,  aunque  hace 
» tiempo  no  viven  en  ella,  sino  en  otros  lugares  donde  tie- 
»nen  mayorazgos». 

(1)  Buenos. 
(2j  Nobleza. 

(3)  Con  deseo  y  con  favor . 

(4)  Este  verso  y  los  siete  que  le  anteceden  faltan  en  Durán. 

(5)  Magüer  non  lo  dudáis  vos. 

(6)  Cá  hobo  era  en  que  yo  pude. 

(7)  Mas  la  mía  bondad  honrosa— nunca  lo  tal  amañó . 

(8)  Y  aunque  lo  tal  amañara . 

(9)  Fecisteis. 

(10)  El  texto  de  Durán  añade  dos  versos  al  fin: 

De  Linares.  Esto  dijo— aquel  anciano  señor 
■    al  nieto  de  Don  Pelayo,— primero  rey  de  León. ^ 


APÉNDICE  369 

El  número  de  variantes  que  arroja  la  copia  de  Floranes, 
comparada  con  la  que  enviaron  de  Liébana  á  Amador  de 
los  Ríos  es  inverosímil  tratándose  de  un  texto  grabado  en 
piedra  y  que  no  podía  leerse  de  tan  distintas  maneras, 
pero  puede  explicarse  sin  superchería  de  nadie  por  haber 
desaparecido  la  inscripción  original  que  todavía  existía  en 
tiempo  de  Floranes  (á  cuyo  texto  me  atengo),  y  quedar 
otras  copias  más  ó  menos  alteradas  y  retocadas. 

A  Floranes  las  letras  le  parecieron  del  siglo  xiv:  á  Da- 
rán le  dijeron  que  eran  de  mediados  ó  fines  del  xv;  pero 
el  estilo  del  romance,  afectado  y  contrahecho,  desmiente 
tal  antigüedad,  y  parece  que  le  coloca  en  los  últimos  años 
del  siglo  XVI,  en  que  algunos  romanceristas  eruditos  y 
autores  de  comedias  comenzaron  á  escribir  en  la  jerigon- 
za que  llamaban  fabla  ó  lenguaje  antiguo.  El  «non  es  de 
sesudos  homes»,  y  algunos  otros  romances  del  Cid  que 
tuvieron  inmerecida  boga  á  costa  de  los  populares  y  pri- 
mitivos, pueden  servir  de  tipo  de  este  ridículo  género,  ver- 
dadera caricatura  de  la  poesía  nacional. 

V.  No  es  romance,  pero  sí  poesía  lírico-narrativa,  de 
carácter  esencialmente  popular  y  de  metro  muy  afín  al  de 
los  romances,  el  lúgubre  Cantar  de  los  Comendadores  de 
Córdoba,  que  es  la  más  preciosa  muestra  que  tenemos  de 
las  endechas  ó  cantos  fúnebres  usados  en  el  siglo  xv.  No 
debemos  omitirle,  por  consiguiente;  y  á  continuación  va, 
conforme  al  texto  de  Durán  (núm.  1.902),  que  tuvo  á  la 
vista,  además  del  pliego  suelto  gótico  intitulado  Lamen- 
iaciones  de  amor,  el  Cancionero  llamado  Flor  de  enamora- 
dos  de  Juan  de  Linares  (Barcelona,  1573)  y  un  códice  del 
siglo  XVI.  Sobre  la  espantosa  historia  que  sirve  de  argu- 
mento á  este  cantar  he  escrito  largamente  en  los  prolegó- 
menos al  tomo  XI  de  las  Comedias  de  Lope  de  Vega  re- 
cientemente publicado  por  la  Academia  Española. 

Tomo  X.  24 


LIRICOS  CASTELLANOS 


Cantar  de  los  Comendadores. 

«¡Los  Comendadores, — por  mi  mal  os  vi! 
Yo  vi  á  vosotros, — vosotros  á  mi». 
Al  comienzo  malo — de  mis  amores 
convidó  Fernando  -  los  Comendadores 
á  buenas  gallinas — capones  mejores. 
Púsome  á  la  mesa — con  los  señores  : 
Jorge  nunca  tira — los  ojos  de  mí. 

«¡Los  Comendadores, — por  mi  mal  os  vi!» 
Turbó  con  la  vista— mi  conoscimiento  : 
de  ver  en  mi  cara — tal  movimiento, 
tomó  de  hablarme— atrevimiento. 
Desque  oí  cuitada — su  pedimiento, 
de  amores  vencida — le  dije  que  sí. 
«Los  Comendadores,  etc. 
Los  Comendadores — de  Calatrava 
partieron  de  Sevilla — á  hora  menguada, 
para  la  cibdad — Córdoba  la  llana, 
con  ricos  trotones— y  espuelas  doradas. 
Lindos  pajes  llevan— delante  de  sí. 
«Los  Comendadores,  etc. 
Por  la  puerta  del  Kincón — hicieron  su  entrada, 
y  por  Sancta  Marina— la  su  pasada. 
Vieron  sus  amores — á  una  ventana  : 
á  Doña  Beatriz — con  su  criada. 
Tan  amarga  vista— fuera  para  si. 

«Los  Comendadores,  etc. 
Luego  que  pasaron — d'  esta  manera, 
ante  que  llegasen— á  la  Corredera, 
le  vino  de  presto— la  mensajera  : 
dice  que  Fernando— estaba  en  la  Sierra; 
qu'  en  los  quince  días  —no  verná  de  alií. 
«Los  Comendadores,  etc. 


Apéndice 


374 


Desque  ellos  oyeron — aquella  nueva, 
la  respuesta  dieron —  desta  manera  : 
—Idos,  madre  mía, — en  hora  buena; 
que  la  noche  es  larga — y  placentera  : 
cenaremos  temprano, — iremos  dormir. 
«Los  Comendadores,  etc. 

Cenan  los  señores — y  se  dan  prisa, 
llegan  donde  amores — los  atendían. 
Acuéstase  Jorge — con  la  su  dama, 
también  el  su  hermano— con  la  criada, 
y  los  cuatro  gozan— de  gustos  sin  fin. 
«Los  Comendadores,  etc. 

Entre  mil  regalos — Jorge  se  durmió, 
pero  sueño  malo  — dicen  que  soñó; 
consigo  puñaba — y  se  dispertó 
temiendo  la  muerte,— que  cierta  halló. 
Cubrióse  su  rostro — de  frío  sudor, 
guarecerse  quiso — de  Doña  Beatriz, 
«Los  Comendadores,  etc. 

Aun  la  media  noche — no  era  llegada, 
ya  subía  Hernando— por  una  escala, 
y  entra  muy  feroz — por  la  ventana, 
un  arnés  vestido  —y  espada  sacada. 
— Caballeros  malos, — ¿qué  hacéis  aquí? 
«Los  Comendadores,  etc. 

Y  luego  en  entrando — sólo  á  una  cuadra, 
vido  con  sus  ojos— su  afrenta  clara. 
Pasó  el  pecho  á  Jorge— de  una  estocada, 
y  á  Beatriz  la  mano— dejóla  cortada, 
y  luego  furioso — se  salió  de  allí. 
«Los  Comendadores,  etc. 

Habló  el  hermano: — «Aquí  me  tenéis; 
mi  señor  Hernando, — vos  no  me  matéis  : 
á  mi  hermano  Jorge — ya  muerto  le  habéis. 
La  suya  os  perdono — si  dejáis  á  mí. 
«Los  Comendadores,  etc. 

a 


372 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Dijo  la  cuitada — con  gran  recelo  : 
— Vos,  amores  míos, — tenedme  duelo, 
pues  ya  veis  mi  mano — por  ese  suelo. — 
La  triste  tendida — sobre  su  velo, 
bien  junta  con  Jorge— degollóla  allí. 
«Loá  Comendadores,  etc. 

Después  de  haber  muerto — cuantos  allí  son, 
anda  por  la  casa — muy  bravo  león. 
Vido  un  esclavo — detrás  un  rincón  : 
— Tú,  perro,  supiste — también  la  traición, 
por  lo  cual,  malvado, — morirás  aquí. 
«Los  Comendadores,  etc. 

Jueves  era,  jueves, — día  de  mercado, 
y  en  Sancta  Marina — hacían  rebato, 
que  Fernando  dicen, — el  que  es  veinticuatro, 
había  muerto  á  Jorge — y  á  su  hermano, 
y  á  la  sin  ventura — Doña  Beatriz. 

«Los  Comendadores — por  mi  mal  os  vi». 

VI.  La  precedente  Lamentación  debe  de  ser  muy  poco 
posterior  al  trágico  suceso  que  refiere,  acaecido  en  1448. 
Consta  que  era  ya  muy  popular  en  1503,  pues  con  ocasión 
de  la  heroica  muerte  de  D.  Alonso  de  Aguilar  se  escribie- 
ron aquel  año  unas  Coplas  sobre  lo  acaescido  en  la  Sierra 
Bermeja  y  de  los  lugares  perdidos :  tiene  la  sonada  de  los 
Comendadores.  (Pliego  suelto  gótico  de  la  Biblioteca  Na- 
cional de  Lisboa.  —  Reimpreso  en  Sevilla,  por  D.  José 
Vázquez  Ruiz  en  1889.)  Esta  especie  de  trova  ó  parodia 
no  tiene  gran  valor  poético,  pero  por  su  interés  histórico, 
y  por  enlazarse  con  varios  romances  fronterizos  (núms.  95 
y  96  de  la  Primavera)  he  creído  que  no  debía  omitirla, 

Ay  Sierra  Bermeja — por  mi  mal  os  vi, 
que  el  bien  que  tenía — en  tí  lo  perdí. 
En  tí  los  paganos— hallaron  ventura. 


APENDICE 


tú  de  los  cristianos — eres  sepultura, 

tinta  tu  verdura — de  su  sangre  vi, 

y  el  bien  que  tenía— en  tí  lo  perdí. 

Mis  ojos  cegaron — de- mucho  llorar, 

cuando  lo  mataron— aquel  d'  Aguilar, 

no  son  de  callar — los  males  de  tí, 

que  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdí. 

Es  notorio  á  todos — el  crescido  mal 

deste  que  á  los  godos — hallan  ser  igual, 

¡oh  mundo  final! — ¿Qué  diré  de  tí? 

que  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 

Muchos  caballeros— con  él  se  quedaron, 

de  sus  escuderos— pocos  escaparon, 

todos  acabaron — las  vidas  en  tí, 

y  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 

Pues  de  los  peones — no  bastaba  cuento, 

hechos  dos  montones — pasaban  de  ciento, 

si  Dios  fué  contento— que  pasase  así, 

ay  Sierra  Bermeja— por  mi  mal  os  vi. 

En  tí  los  mataban — sin  ser  socorridos, 

el  cielo  rasgaban — con  sus  alaridos, 

de  arneses  lucidos —cubierta  te  vi, 

y  el  bien  que  tenia — todo  lo  perdí. 

En  tí  se  arrastraron — mil  caras  lucidas, 

las  despedazaron — con  dos  mil  heridas, 

las  vidas  perdidas — quexarán  de  tí, 

que  el  bien  que  tenia— todo  lo  perdí. 

jOh  qué  gran  quebranto — de  tal  noche  escura, 

á  do  creció  tanto — dolor  é  tristura, 

do  la  desventura — hizo  presa  en  mí, 

y  el  bien  que  tenía — en  ti  lo  perdí. 

Mis  barbas  mesadas— con  tales  contralles 

vi  tus  albarradas— hechas  de  caballos  : 

¿Quién  podrá  contallos  —los  daños  que  vi? 

Que  el  bien  que  tenía— en  tí  lo  perdí. 

¿Qué  memoria  ruda— podría  olvidalla? 


LÍRICOS  CASTELLANOS 


Pelea  tan  cruda— sin  haber  batalla, 
es  para  lloralla— y  decir  así: 
«Ay  Sierra  Bermeja, — por  mi  mal  te  vi». 
Mas  dexando  esto—  que  es  para  doler, 
con  turbado  gesto— diré  lo  de  ayer. 
¿Quién  podrá  creer — lo  que  pasó  allí, 
que  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí? 
Sin  traer  reguarda — ni  tener  socorros 
dieron  por  Monarda — cuatrocientos  moros 
señores,  con  lloros — ayudad  á  mí, 
aquel  bien  que  tenía — en  tí  lo  perdí. 
Habed  gran  dolor — de  tamaño  estrago, 
yo  con  disfavor— mis  lágrimas  trago, 
día  de  aciago— para  muchos  vi, 
yo  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdí. 
Nuevas  sin  placeres— para  doloridos, 
niñas  y  mujeres— daban  alaridos, 
todas  sus  maridos — llevan  ante  si, 
el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 
Á  Axobrique  fueron — ninguna  dexaron, 
tres  se  defendieron— allí  los  mataron, 
todo  lo  ^levaron — luego  van  de  allí, 
y  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 
La  fortuna  aviesa — como  sea  vil, 
llevólos  apriesa — á  Gin  Alguazil, 
y  aun  de  Setenil — muchos  van  allí, 
y  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 
Dicha  se  les  da— á  los  moros  presta, 
Abenaheda—ip2L8&n  luego  desta, 
sin  armar  ballesta — sacan  los  de  allí, 
y  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdí. 
Sin  más  reparar— salen  de  poblado, 
á  Benestepar— presto  han  arribado, 
todo  lo  han  robado— cristianos  sentí, 
que  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdí. 
Con  el  alegría— hacen  maravillas, 


APÉNDICE 


375 


ya  bien  alto  el  día — dieron  en  RotillaSy 
puestos  en  traillas — todos  van  de  allí, 
y  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdí. 
De  Benarraha — salen  muy  aina, 
y  con  estos  va— luego  Tristelina, 
pera  muy  contina — será  para  mí, 
pues  si  bien  tenía—  todo  lo  perdí. 
No  fué  menester — llegar  á  prendellos, 
debéis  de  creer — que  se  van  con  ellos, 
á  Dios  mil  querellas — de  tal  cosa  di, 
que  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdí. 
Presto  son  salidas — con  gran  afición, 
siendo  descreídos— desde  su  nación, 
;oh  mortal  pasión— ésta  para  mí, 
que  el  bien  que  tenía — todo  lo  perdíl 
Van  por  la  mar — juntos  mil  y  tantos, 
¡con  qué  blasfemar — rasgaban  los  sanctos! 
Sean  hechos  llantos — por  ser  esto  así, 
que  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 
A  la  mar  allegan — con  poco  revés, 
cuatrocientos  llevan— y  más  veinte  tres, 
señores,  vereys — tal  dolor  sentí, 
que  el  bien  que  tenía — en  tí  lo  perdí. 
¡Oh  tristes  litijos — para  recontallos, 
ver  madres  é  hijos — aginchineallos  (sic), 
viendo  aporreallos— van  diziendo  así : 
«Ay  Sierra  Bermeja— por  mi  mal  te  vi». 
A  tales  industrias — los  moros  atentos 
entran  en  las  fustas — mil  é  ochocientos, 
sin  contralles  vientos— partieron  de  aUí, 
y  el  bien  que  tenía— todo  lo  perdí. 
No  les  valió  Ronda,— Marbel la  é  Xhuena, 
van  por  la  mar  honda— cresciendo  su  pena, 
muerte  será  buena  -  á  ellos  é  á  mí, 
que  la  negra  Sierra — por  mi  mal  la  vi. 


DE  LOS  ROMANCES  VIEJOS  CASTELLANOS 


ÍNDICE  GENERAL 


TOMO  I 

Páginas. 

Advertencia   i 

Introducción   xiii 

Romances  relativos  á  la  historia  y  tradiciones  de  Es- 
paña  1 

>  del  rey  D.  Rodrigo   2 

»        de  Bernardo  del  Carpió. .   15 

»        del  Conde  de  Castilla  Fernán  González. . .  28 

>  de  los  siete  Infantes  de  Lara   37 

del  Cid   55 

>  del  Rey  D.  Alonso  X,  llamado  el  Sabio   119 

»        del  Rey  D.  Pedro  I  de  Castilla,  llamado  el 

Cruel   124 

»        fronterizos     141 

»        sobre  la  historia  particular  de  los  reinos  de 

Navana,  Aragón  y  Nápoles.  .    200 

»        novelescos  y  caballerescos  sueltos   221 

TOMO  II 

Romances  caballerescos  del  ciclo  Carlovingio   7 

>  sobre  el  Marqués  de  Mantua,  Valdovinos  y 

Carloto   2Ü 


378  LIRICOS  CASTELLANOS 

Páginas. 

Eomances  de  Gaiferos   67 

>  de  Montesinos     73 

>  de  Durandarte   104 

»        de  la  batalla  de  Roncesvalles   108 

>  de  Reinaldos   115 

»        del  Conde  Claros   132 

»        de  Calaínos   149 

Indicación  por  números  de  los'  romances  ordenados 
según  las  tres  clases  características  en  que  se  han 

intentado  establecer   169 

Apéndices  á  la  «Primavera  y  Flor  de  Romances». 

Advertencia  del  Sr.  Menéndez  y  Pelayo   173 

Apéndice  I. — Romances  procedentes  de  manuscritos, 
de  pliegos  sueltos  ó  de  colecciones  antiguas   175 

Apéndice  II. — Romances  que  se  han  conservado  por 
medio  del  teatro.   259 

Apéndice  III. — Bibliografía  y  variantes  de  los  primi- 
tivos romanceros   281 

TOMO  III 

Sección  jprimera. 

Advertencia  preliminar   7 

Romances  tradicionales  de  Asturias   27 

Sección  segunda. 

Advertencia  preliminar   153 

Romances  tradicionales  de  Andalucía  y  Extremadura.  161 

Sección  tercera. 
Romances  tradicionales  de  varias  provincias   201 


ÍNDICE  379 

Páginas . 

Sección  cuarta. 

Romances  portugueses  de  origen  castellano   233 

Sección  quinta. 

Romances  castellanos  tradicionales  en  Cataluña   247 

Sección  sexta. 

Advertencia  preliminar    295 

Romances  castellanos  tradicionales  entre  los  judíos  de 

Levante   303 

Apéndice   359 


ERRATAS  QUE  SE  HAN  NOTADO 


Página  16,  línea  24,  dice  rasgos,  léase  rastros 
>      304,     »       5,    >    real,       »  7'eaL